COLOR Generacion 27

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La Generación del 27
cumple 80 años
Aníbal Álvarez
En 2007 se cumplen 80 años de la denominada
Generación del 27, nombre con el que se conoció la
pléyade de autores que se reunieron en Sevilla con
motivo de la celebración del tricentenario de la muerte
del poeta barroco Luis de Góngora, por quien todos
ellos sentían una especial admiración.
Luis de Góngora (1622), de Velázquez.
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Poetas de la Generación del 27 reunidos en el Ateneo de Sevilla invitados por Ignacio Sánchez Mejías.
El homenaje
a Góngora
Renovar el lenguaje
poético
La alta consideración poética en que tenían los que acudieron a
Sevilla al gran poeta cordobés, en torno a cuya memoria se unirían tras la publicación del libro Antología poética en honor de
Góngora, de Gerardo Diego, fraguó un homenaje que celebrarían con un entusiasmo que los llevó a enfrentarse públicamente
a una crítica oficial y académica que juzgaba negativamente los
grandes poemas barrocos del vate andaluz. En las famosas fotografías que se obtuvieron de ese renombrado grupo (formado
estelarmente por quienes se dieron cita el 16 de diciembre de
1927 en el Ateneo de Sevilla, invitados por Ignacio Sánchez Mejías para participar en un homenaje que, sin embargo, se celebraría en el salón de actos de la Real Sociedad Económica de
Amigos del País, ubicada en la calle Rioja), no estaban todos los
que eran ni eran todos los que estaban, pues algunos faltaban y
otros sobraban, pero el año elegido por los integrantes de ese
grupo para homenajear al gran poeta cordobés, 1927, le sirvió a
los estudiosos para darle nombre a
un grupo irrepetible de poetas: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Federico
García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Luis
Cernuda, Manuel Altolaguirre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, todos
ellos colaboradores de la revista Litoral, uno de cuyos números, con
portada de Juan Gris, fue dedicado a
Góngora. No todos ellos prestaron
su imagen para la fotografía incompleta del grupo irrepetible de poetas
que pasarían a la historia como Generación del 27.
Si bien el grupo no estaba completo y en la imagen obtenida por
el fotógrafo del diario La Unión figuraban algunos personajes sin
relevancia intelectual alguna, se trataba de la representación visible de una nómina de intelectuales que con el transcurrir de los
años sería alargada por historiadores y estudiosos de la literatura, algunos de los cuales han hecho figurar hasta 48 nombres,
partiendo para ello de la proximidad del nacimiento e inscribiendo en esa lista a escritores, comediógrafos y poetas nacidos entre 1881 (tal es el caso de Fernando Villalón) y 1910, año del nacimiento de Miguel Hernández. A quienes todavía siguen empeñados, puede que con razón, en alargar esa nómina, se unen
quienes no acaban de aceptar lo de “Generación del 27”, muchos
de los cuales nos hablan de “Generación de la Dictadura”, “Generación de 1925” e incluso de “Generación de las vanguardias” o
“Generación de la amistad”. Intentos vanos por rebautizar lo que
había sido bautizado y querer cambiar, acaso buscando una mayor precisión, una concreción más acorde con la existencia e importancia literaria de quienes no estuvieron en la famosa foto sevillana pero tenían voz y voto en la poesía española, una denominación de origen que se resiste a perder una identidad que nadie
logra apear del pedestal semántico donde fue colocada años después de las célebres instantáneas, pues el grupo de intelectuales
que homenajeó al gran poeta cordobés estaba llamado a pasar a
la historia de la literatura como Generación del 27. De modo que
no mareemos más la perdiz y dejemos así lo que así está. Y pasemos página, porque lo esencial es que todos ellos iban a rescatar
la poesía y la música tradicionales y populares empleando métodos y recursos propios de las vanguardias, con predominio de
versos libres y métrica y rima irregulares, combinando tradición
y modernidad. A todos los unía un anhelo: renovar el lenguaje poético a partir del amor a la poesía.
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1927, le sirvió a los estudiosos para
darle nombre a un grupo irrepetible
de poetas:
Jorge Guillén
Emilio Prados
Pedro Salinas
Luis Cernuda
Federico García Lorca
Manuel Altolaguirre
Rafael Alberti
Dámaso Alonso
Vicente Aleixandre
Gerardo Diego
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La influencia
de Juan Ramón
Y al aceptar el término Generación del 27 como definición, pasamos página como hemos dicho, y nos encontramos con la insoslayable presencia de un Juan Ramón que, desde la Residencia de
Estudiantes, con su estímulo y su indiscutible genio poético —tal
vez sin pretenderlo—, refuerza las ilusiones y las pasiones poéticas de quienes estaban llamados a insuflar de vigor y aires vanguardistas a la poesía, de
quienes habían elegido a un Góngora
denostado por la oficialidad académica, para hacer una declaración de principios en pos de una poesía que buscaba los nexos comunes entre la tradición literaria culta y popular española
con los aires vanguardistas que soplaban en Europa y en nuestro país. Y de la
renovación del lenguaje poético sabía
mucho Juan Ramón, un hombre que
estaba llamando a revolucionar y mover los cimientos de la poesía, cuyo influjo se dejó sentir sobre el grupo a través de su alto magisterio poético y de su búsqueda apremiante y febril de esa poesía pura que
en expresión de Jorge Guillén “es todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado de él todo lo que no es poesía”,
frase que tiene su respuesta mejor y más hermosa en el célebre
verso juanramoniano, No le toques ya más, que así es la rosa, toda una declaración de intenciones, una referencia difícilmente
superable a la necesidad de dar por acabada la obra bien hecha
que lo dice todo de las ansias de perfección poética del vate de Moguer, cuya necesidad de perfección y exigencia estética rayaba en
lo patológico. Esa perfección que Juan Ramón se exigía a sí mismo sería compartida por los integrantes del grupo poético del que
se dispone más información en España.
La Residencia
de Estudiantes
Para los integrantes de la Generación del 27, la mayoría de los
cuales tuvieron la oportunidad de contactar con la tradición literaria en el Círculo del Centro de Estudios Históricos que dirigía
Ramón Menéndez Pidal, la Residencia de Estudiantes, institución
inspirada en el krausismo de la Institución Libre de Enseñanza
que dirigía Alberto Jiménez Fraud, tuvo una importancia nuclear
—de lugar de estudio y encuentro, de relación entre personas de
aspiraciones afines, de centro ideal para el intercambio de ideas y
anhelos, de catapulta y tribuna pública— que nadie cuestiona.
Ahí confluyeron la tradición, la vanguardia, el surrealismo y el ingenio de un grupo que no fue en modo alguno monolítico ni homogéneo, subdividido por historiadores en neopopularistas, como
Rafael Alberti y Federico García Lorca, o surrealistas, como Vicente Aleixandre o Luis Cernuda. Pero no hablemos de las tendencias ni de las corrientes poéticas en las que por fuerza habría
que inscribir a los miembros de la Generación del 27 si esto fuera un estudio y no, como es, un reportaje escrito a vuelapluma para honrar a una generación poética a la que le movió, al margen de
todo estilo, una voluntad común: renovar el lenguaje poético, insuflarle aires nuevos a partir de una actitud que les llevó a buscar
una perfección formal y conceptual que le diese frescura y alas a
la expresión poética. Y la historia se ha encargado de demostrar
que ese objetivo fue cumplido.J
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