dictamen - Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha

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DICTAMEN N.º 59/2014, de 26 de febrero*
Expediente relativo a reclamación de responsabilidad patrimonial de la Administración tramitado por el
Ayuntamiento de Sonseca (Toledo) e incoado a instancia de D.ª T, por razón de los daños padecidos por su hijo a
consecuencia de una caída sufrida en un juego infantil emplazado en un parque municipal.
ANTECEDENTES
Primero. Reclamación.- El procedimiento sometido a dictamen tiene su origen en una reclamación formulada por
D.ª T y presentada el día 7 de octubre de 2013 ante el Ayuntamiento de Sonseca (Toledo), en virtud de la cual se insta de
dicha entidad local el pago de una indemnización, de cuantía indeterminada, compensatoria de los perjuicios
experimentados por su hijo X a consecuencia de una caída sufrida el día 4 de octubre anterior, cuando hacía uso de un
tobogán, que se encontraba roto, instalado en el Parque de “Los Curas”.
Aporta la interesada junto a su reclamación copia del informe médico relativo a la atención sanitaria recibida por su
hijo a causa del percance en el Servicio de Urgencias del Hospital H, donde consta que este sufrió fractura en “rodete de
radio distal”, por la que se le instauró inmovilización con férula de yeso por espacio de tres semanas.
Segundo. Informe de la Secretaría del Ayuntamiento.- En cumplimiento de lo dispuesto por la Alcaldía, con fecha
10 de octubre posterior se emitió informe por la Secretaria General de la Corporación Municipal consultante, donde se
analizan los elementos caracterizadores del instituto de la responsabilidad patrimonial de la Administración y la tramitación
a seguir en los procedimientos desarrollados como consecuencia de las reclamaciones presentadas para su exigencia.
Tercero. Admisión a trámite de la reclamación.- Seguidamente, se dictó resolución por el Alcalde del
Ayuntamiento de Sonseca, datada a 14 de octubre ulterior, ordenando la admisión a trámite de la reclamación presentada
por D.ª T, así como el nombramiento de instructora para el correspondiente procedimiento de responsabilidad patrimonial
de la Administración.
Cuarto. Informe de la Policía Local.- A iniciativa de la instructora del procedimiento, con fecha 22 de octubre de
2013 fue emitido informe por el Jefe de la Policía Local del Ayuntamiento de Sonseca, en relación con el hecho lesivo que
motiva la reclamación.
En dicho documento se confirma la existencia de irregularidades en el juego infantil implicado en el accidente,
significando sobre el mismo: “[…] En la inspección realizada se observó que el referido juego carecía de base, no
obstante por el lado que dicho juego tiene una escalera de subida, existían todavía dos cintas de Policía Local, parte de
una en el acceso a la escalera y la segunda en el final de la misma. [ ] Según averiguaciones realizadas el menor se
encontraba jugando en el parque, próximo a la vivienda de sus padres, sin que estos se encontraran con él, siendo
informados de la caída por otros vecinos. Se mantuvo una entrevista con los vecinos, que habían visto la caída,
manifestando que "estaban todos los niños jugando en el parque y subían corriendo por las escaleras del juego y de
pronto, el menor se cayó por la zona donde faltaba la base, recogiendo al niño y llevándolo a casa de su madre […]"”
Finalmente, agrega la fuerza policial informante: “Este juego infantil fue señalizado para impedir su utilización con cinta
de balizamiento de Policía Local, por dos veces, con sus correspondientes comunicados de desperfectos”.
Quinto. Informe de los Servicios Municipales.- Dos días después fue emitido informe por parte del personal de los
servicios de mantenimiento del Ayuntamiento de Sonseca, donde se señala: “[…] el tobogán situado en el Parque
conocido como “Los Curas” en el verano de 2013 estaba deteriorado por lo que se desmontaron piezas para su
reparación, por parte de la empresa contratada a tal efecto por el Ayuntamiento, quedando señalizado "prohibido su uso"
con cinta de señalización de la Policía Local. Desconociendo si el día que se produjo el accidente se encontraba
señalizado. A fecha de hoy se encuentra vallado”.
Sexto. Proposición de prueba.- En respuesta al emplazamiento realizado al efecto por la instructora del expediente,
la reclamante ha presentado un escrito de proposición de prueba, en fecha 4 de noviembre posterior, mediante el que
adjuntó varias fotografías del juego infantil implicado en el accidente y el mismo informe médico ya aportado con la
reclamación. Asimismo, propuso la práctica de pruebas testificales respecto de dos vecinas de su localidad, “testigos
presenciales de los hechos, […] que se encontraban a cargo de mi hijo por la confianza existente”, y quienes atendieron al
menor tras sufrir la caída.
Séptimo. Prueba testifical.- Tras las actuaciones y notificaciones oportunas, consta en el expediente la declaración
ofrecida por una de las dos personas identificada como testigo por la reclamante, domiciliada en su misma calle, quien el
día 29 de noviembre posterior compareció en dependencias municipales para manifestar sobre el hecho lesivo objeto de
indagación: “que el día 4 de octubre me encontraba en el parque denominado de "Los Curas o Huerto Quintín" […] junto
con mi hija […] y dos nietas, cuando observamos que el menor X, hijo de T, una vecina, subió al tobogán instalado por la
escalera que sirve de acceso el cual se encontraba sin base, plataforma o suelo de madera que paralela sirve para acceder
*
Ponente: Enrique Belda Pérez-Pedrero
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a la parte superior del citado tobogán que se encuentra al otro lado de la citada escalera lo que provocó su caída al vacío
o al suelo, […] el tobogán llevaba mucho tiempo con esa deficiencia y aunque existía una cinta se encontraba rota desde
mucho tiempo”. Concluye la declarante significando que su hija -segunda testigo propuesta por la reclamante- no puede
acudir a prestar declaración al encontrarse ausente de la localidad por razones laborales.
Octavo. Trámite de audiencia.- Mediante comunicación cursada a la reclamante con fecha 5 de diciembre de 2013,
se procedió al ofrecimiento del trámite final de audiencia, por espacio de 15 días, conminando simultáneamente a la
interesada para que en el plazo conferido procediera a concretar la evaluación económica del daño por el que pide
indemnización.
Noveno. Alegaciones.- En uso del trámite antedicho, la reclamante ha presentado un escrito de alegaciones por el que
reitera su exigencia de responsabilidad a la Administración, que considera justificada por los hechos acreditados mediante
las pruebas practicadas durante la instrucción. En cuanto a la cuantificación de la indemnización solicitada, la sitúa en
2.727,03 euros, indicando que dicha suma ha sido calculada mediante la aplicación del sistema de baremación operativo en
el ámbito de los accidentes de tráfico, ofreciendo al efecto el siguiente desglose:
- 21 días impeditivos, a 58,24 euros diarios: 1.223,04 euros.
- 21 días no impeditivos, a 31,34 euros diarios: 658,14 euros.
Secuelas tasadas en 1 punto -limitación movilidad de muñeca-: 845,85 euros.
Décimo. Informe-Propuesta de resolución.- Por último, el expediente concluye con la incorporación de un informepropuesta emitido por su instructora el día 7 de enero de 2014, donde se propugna el reconocimiento de la responsabilidad
patrimonial instada, señalando sobre la suma a abonar como indemnización cuál es el planteamiento expresado por la parte
reclamante, según lo reflejado en el antecedente noveno.
En tal estado de tramitación V. E. dispuso la remisión del expediente a este Consejo Consultivo, en el que tuvo
entrada con fecha 30 de enero de 2014.
A la vista de dichos antecedentes, procede formular las siguientes
CONSIDERACIONES
I
Carácter del dictamen.- El procedimiento objeto de dictamen tiene origen en una reclamación conceptuada
acertadamente como exigencia de responsabilidad patrimonial a la Administración, razón por la cual queda sometido a las
reglas formales aplicables a dicho instituto jurídico, regulado sustancialmente por la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de
Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, en cuyo artículo 142.3
-versión resultante de la modificación operada por la disposición final cuadragésima de la Ley 2/2011, de 4 de marzo, de
Economía Sostenible-, se dispone que “para la determinación de la responsabilidad patrimonial se establecerá
reglamentariamente un procedimiento general […] [en el que] será preceptivo el dictamen del Consejo Estado o, en su
caso, del órgano consultivo de la Comunidad Autónoma cuando las indemnizaciones reclamadas sean de cuantía igual o
superior a 50.000 € o a la que se establezca en la correspondiente legislación autonómica”.
Por su parte, el artículo 54.9.a) de la Ley 11/2003, de 25 de septiembre, del Gobierno y del Consejo Consultivo de
Castilla-La Mancha, dispone que el Consejo Consultivo deberá ser consultado, entre otros asuntos, en los expedientes
tramitados por la Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha referidos “a reclamaciones de
responsabilidad patrimonial por cuantía superior a seiscientos un euros”, estableciendo también el artículo 57 de la misma
Ley que “Las Corporaciones Locales de Castilla-La Mancha solicitarán el dictamen del Consejo Consultivo, a través de la
Consejería de Administraciones Públicas, cuando preceptivamente venga establecido en las leyes”.
Este Consejo, en sesión celebrada el día 25 de enero de 2012, estableció como criterio interpretativo determinante de
la preceptividad de su dictamen en los procedimientos de responsabilidad patrimonial de la Administración tramitados por
las corporaciones locales de la Región, que tal dictamen debe ser solicitado cuando la cuantía reclamada sea superior a
seiscientos un euros.
En virtud de lo anterior, como durante el desarrollo del procedimiento la reclamante ha situado en 2.727,03 euros la
suma pedida como indemnización, procede emitir el presente dictamen con carácter preceptivo.
II
Examen del procedimiento tramitado.- Las normas aplicables a los procedimientos tramitados como consecuencia
de reclamaciones de responsabilidad patrimonial formuladas a la Administración se encuentran plasmadas,
primordialmente, en el Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, aprobatorio del Reglamento de los Procedimientos de las
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Administraciones Públicas en Materia de Responsabilidad Patrimonial, disposición mediante la que se produjo el desarrollo
reglamentario expresamente previsto en el citado artículo 142.3 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre.
Partiendo de estos referentes normativos, tras el examen de las actuaciones desarrolladas en el curso de la instrucción,
que ya han sido descritas en los antecedentes, no cabe hacer observaciones sobre carencias o irregularidades que hayan
tenido incidencia para el conocimiento de las principales cuestiones suscitadas por la reclamación o que afecten a la
posibilidad de dictar válidamente una resolución que ponga fin al procedimiento.
Procede señalar, no obstante, que la propuesta de resolución estimatoria finalizadora de las actuaciones no goza de
suficiente concreción respecto a la suma propugnada como indemnización, ya que el apartado segundo de la misma, que
aborda este aspecto de la reclamación, se limita a reflejar cuál es el planteamiento de la peticionaria, sin añadir
consideración alguna que clarifique si el reconocimiento de responsabilidad previamente declarado implicaría aceptar
plenamente su pretensión económica o solo parte de la misma.
El expediente se halla adecuadamente ordenado con arreglo a un criterio cronológico y dispone de un índice
descriptivo de los elementos que lo conforman, aunque no ha sido foliado, deficiencia esta que puede comportar
incertidumbre acerca de la completitud de su contenido.
Dicho lo anterior, procede pasar a analizar el resto de cuestiones suscitadas por la consulta.
III
Presupuestos normativos y jurisprudenciales para la exigencia de la responsabilidad patrimonial.- La
responsabilidad patrimonial de la Administración es una institución jurídica que goza en nuestros días de rango
constitucional, con reflejo en los artículos 9.3 y 106.2 de la Constitución, el último de los cuales establece que “los
particulares, en los términos establecidos por la Ley, tendrán derecho a ser indemnizados por toda lesión que sufran en
cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea consecuencia del
funcionamiento de los servicios públicos”.
Los presupuestos caracterizadores de la responsabilidad patrimonial de la Administración tienen su principal
formulación legal en los apartados 1 y 2 del artículo 139 y 1 del 141 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen
Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, en los que se establece que los
particulares tienen derecho a ser indemnizados por las Administraciones Públicas correspondientes de toda lesión que
sufran en cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea consecuencia
del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos; que, en todo caso, el daño alegado habrá de ser efectivo,
evaluable económicamente e individualizado con relación a una persona o grupo de personas; y que sólo serán
indemnizables las lesiones producidas al particular provenientes de daños que este no tenga el deber jurídico de soportar de
acuerdo con la Ley.
A partir de las notas legales antedichas, la copiosa jurisprudencia existente sobre la materia ha estructurado una
compacta doctrina, según la cual “los requisitos exigibles para imputar a la Administración la responsabilidad patrimonial
por los daños y perjuicios causados a los administrados son los siguientes: en primer lugar, la efectiva realidad de un
daño material, individualizado y económicamente evaluable; segundo, que sea consecuencia del funcionamiento normal o
anormal de los servicios públicos en una relación directa y exclusiva e inmediata de causa a efecto, cualquiera que sea su
origen (Reglamento, acto administrativo, legal o ilegal, simple actuación material o mera omisión); por último, que no se
haya producido por fuerza mayor y que no haya caducado el derecho a reclamar por el transcurso del tiempo que fija la
Ley” -Sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha de 23
de febrero de 2004 (Ar. JUR 2004,83545, FJ 2º) y de 13 de octubre de 2006 (Ar. JUR 2006,293842), entre otras muchas, o,
en parecidos términos, Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de marzo de 1989 (Ar. RJ 1989,1986, FJ 3º)-. A la relación
de requisitos precitados cabría agregar también, como elemento de singular significación para apreciar la referida
responsabilidad patrimonial, que el reclamante no tenga el deber jurídico de soportar el daño producido.
El sistema de responsabilidad extracontractual aplicable a nuestras Administraciones Públicas ha sido calificado por la
doctrina como de carácter objetivo. Este rasgo ha sido perfilado por nuestra jurisprudencia señalando que “al afirmar que
es objetiva se pretende significar que no se requiere culpa o ilegalidad en el autor del daño, a diferencia de la tradicional
responsabilidad subjetiva propia del Derecho Civil, ya que se trata de una responsabilidad que surge al margen de cuál
sea el grado de voluntariedad y previsión del agente, incluso cuando la acción originaria es ejercida legalmente, y de ahí
la referencia al funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos en la dicción del artículo 40 [de la Ley de
Régimen Jurídico de la Administración del Estado, hoy 139 de la Ley 30/1992], pues cualquier consecuencia dañosa
derivada de tal funcionamiento debe ser, en principio, indemnizada, porque de otro modo se produciría un sacrificio
individual en favor de una actividad de interés público que, en algunos casos, debe ser soportada por la comunidad”
-Sentencias del Tribunal Supremo de 26 de septiembre de 1998 (Ar. RJ 1998,6836) o de 28 de noviembre de 1.998 (Ar. RJ
1998,9967)-.
Ahora bien, aun cuando la responsabilidad de la Administración ha sido calificada por la Jurisprudencia como un
supuesto de responsabilidad objetiva, esta también nos señala que ello no convierte a la Administración en responsable de
todos los resultados lesivos que puedan producirse por el simple uso de instalaciones públicas o que tengan lugar con
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ocasión de la utilización de los servicios, sino que es necesario que esos daños sean consecuencia directa e inmediata del
funcionamiento normal o anormal de aquella.
Así mismo, la responsabilidad patrimonial de la Administración se asienta en el criterio objetivo o concepto técnico
de lesión, entendida esta como daño o perjuicio antijurídico que quien lo sufre no tiene el deber de soportar. Dicho deber
existe cuando la medida impuesta por la Administración constituye una carga general que todos los administrados afectados
por su esfera de actuación están obligados a cumplir, y puede venir determinado por la concurrencia de una concreta
imposición legal o por otros factores vinculados ordinariamente a la propia situación o actitud del perjudicado, con
incidencia sobre la entidad del riesgo generado por el actuar de la Administración.
La carga de la prueba de los hechos en que se base la reclamación de responsabilidad patrimonial recae
necesariamente sobre el sujeto que la plantea, lo que incluye la acreditación de la relación causal invocada, de los daños
producidos y de su evaluación económica. Es esta una formulación enunciada sistemáticamente por nuestra jurisprudencia,
que encuentra ahora su principal apoyo en los artículos 6 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, y 217 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil, Ley 1/2000, de 7 de enero, que viene a recoger las reglas del onus probandi dentro de la categoría de
las obligaciones, sentando la conocida máxima de que incumbe la prueba de las obligaciones al que reclama su
cumplimiento y la de su excepción al que la opone; todo ello, sin perjuicio del deber genérico de objetividad y colaboración
en la depuración de los hechos que pesa sobre la Administración, en consonancia con lo previsto en los artículos 78.1 y
80.2 de la citada Ley 30/1992, 26 de noviembre, y que se extiende a sus órganos, autoridades y funcionarios. De otro lado,
recae sobre la Administración imputada la carga de la prueba cuando esta verse sobre la eventual concurrencia de una
conducta del reclamante con incidencia en la producción del daño, la presencia de causas de fuerza mayor o la prescripción
de la acción -v. gr. Sentencias del Tribunal Supremo de 15 de marzo de 1999 (Ar. RJ 1999,4440) y de 21 de marzo de 2000
(Ar. RJ 2000,4049)-.
También debe de ser objeto de consideración el tiempo que haya mediado entre la producción del evento lesivo y el
ejercicio de la acción tendente a su reparación, pues conforme a lo dispuesto en los artículos 142.5 de la Ley 30/1992, de 26
de noviembre, y 4.2 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, el derecho a reclamar prescribe al año de producido el
hecho o acto que motive la indemnización o desde la manifestación o estabilización de sus efectos lesivos.
El análisis de la relación de causalidad existente entre el actuar administrativo y los efectos lesivos producidos aparece
de ordinario como elemento esencial en el examen de los procedimientos seguidos en materia de responsabilidad
patrimonial de la Administración. Ante la falta de referencias legales respecto de sus notas caracterizadoras, se dispone de
una amplía creación jurisprudencial al respecto, que vino tradicionalmente considerando como rasgos definitorios de dicho
vínculo teleológico su carácter directo, su inmediatez y su exclusividad respecto de los perjuicios generadores de la
reclamación -así, Sentencias del Tribunal Supremo de 19 de enero de 1987 (Ar. RJ 1987,426) o de 4 de junio de 1994 (Ar.
RJ 1994,4783)-. Sin embargo, dicha tendencia doctrinal ha sido matizada y corregida, admitiéndose también formas de
producción mediatas, indirectas y concurrentes que plantean la posibilidad de una moderación de la responsabilidad cuando
intervengan otras causas, lo que deberá tenerse en cuenta en el momento de fijar la indemnización -Sentencias del Tribunal
Supremo de 28 de julio de 2001 (Ar. RJ 2001,10061), de 15 de abril de 2000 (Ar. RJ 2000,6255) o de 4 de mayo de 1999
(Ar. RJ 1999,4911)-. Este planteamiento conduce en cada supuesto al examen de las circunstancias concretas concurrentes
y a la búsqueda de referentes en la abundante casuística que ofrece la jurisprudencia existente.
Finalmente, la intervención de este Consejo Consultivo en los procedimientos seguidos como consecuencia de
reclamaciones de responsabilidad patrimonial debe centrarse esencialmente en el examen de los elementos aludidos en el
artículo 12.2 del Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo, en el que se dispone: “Se solicitará que el dictamen se pronuncie
sobre la existencia o no de relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público y la lesión producida y, en
su caso, sobre la valoración del daño causado y la cuantía y modo de indemnización [...]”.
IV
Requisitos para el ejercicio de la acción.- Expuestos los presupuestos jurídicos requeridos legalmente para el
reconocimiento de la responsabilidad patrimonial de la Administración, y antes de pasar a examinar su eventual
concurrencia en el supuesto sometido a consulta, procede analizar si se cumplen los requisitos de admisibilidad
correspondientes al ejercicio de la acción planteada.
Así, respecto a la legitimación activa, debe señalarse que cabe su admisión, asociada al parentesco existente entre el
menor de edad que sufrió el accidente, que contaba entonces once años de edad, y quien ha formulado la reclamación,
madre de aquel, pues en ella concurre la condición de representante y defensora de los derechos de su hijo por virtud del
ejercicio de la patria potestad. La acreditación inequívoca de esta relación de parentesco podría haberse procurado mediante
el requerimiento del correspondiente Libro de Familia o documentación equivalente, si bien dicho trámite parece eludible
en el presente caso, en tanto que la Administración Municipal imputada ha asumido sin reparos la realidad del parentesco
aducido sobre la base de otros datos obrantes en el expediente, tales como las indagaciones realizadas por la Policía Local o
las manifestaciones de una testigo, y que, además, ha podido ser comprobado por sus servicios de empadronamiento.
En cuanto a la legitimación pasiva de la entidad local consultante, tampoco hay traba alguna que impida su
reconocimiento, puesto que la documentación obrante en el expediente revela que el espacio público y el juego infantil
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ubicado en el mismo donde se produjo el percance son de titularidad municipal, recayendo sobre el Ayuntamiento de
Sonseca las funciones de vigilancia y conservación ejercidas por los correspondientes órganos y servicios municipales, de
conformidad con las previsiones de los artículos 25.2.d) y 26.1.b) de la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases
de Régimen Local.
Respecto al momento de ejercicio de la acción, como el accidente motivador de la reclamación ocurrió el día 4 de
octubre de 2013 y la solicitud de indemnización fue presentada el día 7 de ese mismo mes y año, no cabe estimar excedido
el plazo anual de prescripción establecido al efecto por el artículo 142.5 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre.
V
Requisitos sustantivos: daño, relación de causalidad y antijuridicidad de aquel.- Pasando a analizar la
concurrencia y naturaleza efectiva de los daños aducidos por la reclamante, la documentación médica por ella aportada
demuestra efectivamente que su hijo X sufrió una lesión ósea consistente en fractura de “rodete de radio distal”, por la que
hubo de mantener inmovilizada la muñeca mediante férula de yeso por espacio de tres semanas.
La interesada, con ese solo sustento probatorio, propugna el pago de una indemnización por conceptos lesivos que
incluyen la compensación de un periodo de incapacitación de 42 días duración -21 de ellos de carácter impeditivo y otros
tantos no impeditivos-, así como del padecimiento de una secuela consistente en “limitación movilidad muñeca”, que tasa
en un punto. Sin embargo, estas afirmaciones apenas encuentran respaldo probatorio en el informe médico del Servicio de
Urgencias por ella aportado, del cual solo cabe inferir que el menor sufrió un periodo de baja o incapacitación de 21 días de
duración, que se corresponde con el tiempo en el que hubo de portar la referida férula. Asimismo, no cabe estimar
acreditada la persistencia de secuela alguna, ni su condición de daño efectivo a efectos indemnizatorios.
De tal modo, cabe concluir que en el presente caso se advierte la presencia de daños efectivos susceptibles de una
eventual indemnización a través del instituto de la responsabilidad patrimonial de la Administración, consistentes en el
referido periodo de incapacitación de 21 días de duración, cuyo alcance incapacitante será ponderado al abordar el monto
de la indemnización en la consideración VI.
Prosiguiendo con el examen de la relación causal planteada y de la antijuridicidad de los perjuicios aducidos, cabe
indicar, primeramente, que la realidad de la caída alegada por la reclamante y su forma de producción pueden considerarse
plenamente acreditados a través de la prueba testifical practicada al efecto, así como de las averiguaciones realizadas por
efectivos de la Policía Local del Municipio de Sonseca, que no difieren sustancialmente de lo reflejado en dicha
declaración testifical. En esta, la deponente confirma haber presenciado la caída sufrida por el menor, que relata en los
siguientes términos: “[…] me encontraba en el parque denominado de "Los Curas o Huerto Quintín" […] junto con mi
hija […] y dos nietas, cuando observamos que el menor X, hijo de T, una vecina, subió al tobogán instalado por la
escalera que sirve de acceso el cual se encontraba sin base, plataforma o suelo de madera que paralela sirve para acceder
a la parte superior del citado tobogán que se encuentra al otro lado de la citada escalera lo que provocó su caída al vacío
o al suelo”. Asimismo, señala la testigo sobre la irregularidad presentada por el aludido juego infantil que “el tobogán
llevaba mucho tiempo con esa deficiencia y aunque existía una cinta se encontraba rota desde mucho tiempo”.
De otro lado, el mencionado cuerpo policial emitió informe en relación con el hecho lesivo, donde se afirma: “[…] En
la inspección realizada se observó que el referido juego carecía de base, no obstante por el lado que dicho juego tiene una
escalera de subida, existían todavía dos cintas de Policía Local, parte de una en el acceso a la escalera y la segunda en el
final de la misma. [ ] Según averiguaciones realizadas el menor se encontraba jugando en el parque, próximo a la
vivienda de sus padres, sin que estos se encontraran con él, siendo informados de la caída por otros vecinos. Se mantuvo
una entrevista con los vecinos que habían visto la caída, manifestando que "estaban todos los niños jugando en el parque y
subían corriendo por las escaleras del juego y de pronto, el menor se cayó por la zona donde faltaba la base, recogiendo
al niño y llevándolo a casa de su madre […]" [ ] Este juego infantil fue señalizado para impedir su utilización con cinta
de balizamiento de Policía Local, por dos veces, con sus correspondientes comunicados de desperfectos”.
Por su parte, los responsables municipales del mantenimiento de las referidas instalaciones han asumido igualmente el
grado de deterioro que presentaba el referido juego infantil, indicando al respecto: “[…] el tobogán situado en el Parque
conocido como “Los Curas” en el verano de 2013 estaba deteriorado por lo que se desmontaron piezas para su
reparación, por parte de la empresa contratada a tal efecto por el Ayuntamiento, quedando señalizado "prohibido su uso"
con cinta de señalización de la Policía Local. Desconociendo si el día que se produjo el accidente se encontraba
señalizado. A fecha de hoy se encuentra vallado”.
Con base en este acervo probatorio cabe afirmar que en el accidente motivador de la reclamación tuvo un innegable
grado de participación el mal estado de conservación del juego infantil mencionado, unido a la dudosa eficacia de las
medidas preventivas desplegadas por la Policía Local para impedir el acceso a los potenciales usuarios del mismo, menores
de edad, así como a la falta de celo en su posterior mantenimiento. Las fotografías obrantes en el expediente tomadas por la
Policía Local días después del accidente muestran que en el último tramo de la escalera de acceso al lugar donde falta la
plataforma del juego aún había anudada en diagonal una cinta de plástico que entorpecía el acceso a la misma, pero no así
la que supuestamente también fue colocada al inicio de la escalera, extremo este que corrobora la testigo en su declaración,
indicando que, “aunque existía una cinta se encontraba rota desde mucho tiempo”. Sea como fuere, la presumible
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ineficacia y el descuido en el mantenimiento de las medidas cautelares existentes ha quedado puesta en evidencia por la
posterior decisión municipal de emplazar vallas metálicas en los puntos de acceso en esa parte de la instalación; medida
que se reconoce en el citado informe de los servicios municipales de mantenimiento y que puede comprobarse visualmente
a través de las fotografías posteriormente aportadas por la reclamante.
De tal modo, puede concluirse que existe una relación causal tangible entre el inadecuado funcionamiento de los
servicios municipales del Ayuntamiento imputado y los daños sufridos por el menor accidentado.
Dicho esto, debe también analizarse la actitud observada por la víctima o por las personas en las que recaía el deber de
cuidado sobre el mismo, para ponderar la potencial incidencia de algún otro factor causal concurrente que fuera imputable a
la parte reclamante, aspecto este sobre el que es posible hallar numerosos precedentes doctrinales concernientes a asuntos
similares resueltos los Tribunales Superiores de Justicia autonómicos, como, por ejemplo, los tratados en las Sentencias del
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña 10 de febrero de 2000 (Ar. JUR 2000,160132), del Tribunal Superior de Justicia
del País Vasco de 10 de diciembre de 2008 (Ar. JUR 2009,201257), del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de 29
de julio de 2010 (Ar. JUR 2011, 97374) o de 13 de marzo de 2002 del Tribunal Superior de Justicia de Murcia (Ar. JUR
2002,90928), en la última de las cuales se argumenta: “Sí se aprecia sin embargo [negligencia] en la [conducta] de los
padres o de la persona que estuviera al cuidado, en la medida que no estaban presentes y que no le impidieron subirse a
un columpio que no estaba en las debidas condiciones de seguridad y menos de pie, razón por la que procede rebajar
prudencialmente la indemnización correspondiente”.
Ahondando en esta cuestión, la parte reclamante admite en su primer escrito de alegaciones que ninguno de los padres
o familiares del menor lo acompañaba en el momento del percance y que los testigos designados al efecto “se encontraban
a cargo de mi hijo por la confianza existente”. Sin embargo, este extremo no se confirma en modo alguno en la declaración
proporcionada por la única testigo deponente, quien dice que se hallaba en el parque acompañando a su hija y a dos nietas.
Pero incluso en el caso de que tal encomienda de vigilancia hubiera realmente existido y se asumiera expresamente por la
testigo, sus propias declaraciones denotarían una considerable falta de celo en el desempeño del hipotético cometido, ya
que en ellas reconoce que con gran anterioridad al percance sabía de la previa existencia del desperfecto, así como de la
rotura de la cinta policial instalada para impedir el acceso al juego.
Este conjunto de circunstancias lleva a considerar que en la producción del evento lesivo analizado ha tenido también
un significativo grado de participación la actitud imprudente del menor lesionado y de sus padres o cuidadores, en tanto que
le permitían acudir al parque sin vigilancia acreditada. Además, dada la proximidad de su domicilio al parque y la
antigüedad de la deficiencia puede suponerse que al menos el menor era conocedor de la falta de la plataforma en el juego,
así como de la colocación de cintas para imposibilitar su uso, lo cual no impedía que los niños siguieran utilizando la
atracción, asumiendo así mayores riesgos, como se refleja en el informe emitido por la Policía Municipal, donde se pone en
boca de los testigos interrogados que “estaban todos los niños jugando en el parque y subían corriendo por las escaleras
del juego”.
En virtud de todo lo previamente expuesto, cabe concluir que el asunto analizado presenta rasgos que llevan a la
percepción de una situación de concurrencia causal en la producción del siniestro motivador de la reclamación, así como
que, a falta de criterios objetivos de distribución aplicables al caso, cabe situar en un 50 % la incidencia de cada una de las
concausas consideradas. Por ello, a juicio de este Consejo, procede reconocer la responsabilidad patrimonial de la
Administración municipal imputada de forma concurrente con la de los propios perjudicados, debiendo minorarse, en
consecuencia, la indemnización correspondiente al daño soportado en el porcentaje arriba mencionado.
VI
Sobre la indemnización solicitada.- Aceptada la presencia de los requisitos necesarios para el reconocimiento de la
responsabilidad patrimonial de la Administración, en los términos de concurrencia causal expresados en la consideración
anterior, procede pronunciarse, finalmente, sobre la cuantía a abonar como indemnización, a cuyo efecto la evaluación
subsiguiente queda circunscrita al único concepto lesivo al que se ha reconocido carácter efectivo en la citada
consideración, consistente en el padecimiento de un periodo de baja o incapacitación de 21 días de duración.
Este tipo de daños suele cuantificarse de forma habitual y con carácter orientativo mediante la aplicación del sistema
de baremación contemplado actualmente en el Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, previsto normativamente
para el ámbito de la responsabilidad civil y el seguro en la circulación de vehículos a motor, siendo este el mismo método
de cuantificación propuesto por la parte reclamante.
Sobre el alcance incapacitante del tiempo de baja sufrido por el menor, como quiera que la reclamante no ha
acreditado la repercusión que tuvo la lesión ósea sufrida por su hijo respecto al normal desarrollo de su actividad escolar,
que constituye la ocupación habitual de un menor en época docente, y dado que portar una férula de yeso en una muñeca no
parece, en principio, una traba especialmente discapacitante para un niño de 11 años de edad, en opinión de este Consejo no
procede considerar que dicho periodo de tratamiento médico merezca la condición de tiempo de baja impeditiva.
De tal modo, empleando los valores establecidos en la Tabla V A) de la Resolución de la Dirección General de
Seguros y Fondos de Pensiones de 21 de enero de 2013 -forma de actualización de cuantías propugnada por este Consejo a
partir de su dictamen 230/2013, de 10 de julio-, el cálculo de la suma correspondiente al único concepto lesivo acreditado,
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conceptuable como una situación de incapacidad temporal de 21 días de baja no impeditiva, arrojaría un importe total de
658,14 euros, dimanante de la siguiente operación: (21 x 31,34 euros).
Por consiguiente, aplicando el porcentaje de minoración del 50 % impuesto por la apreciación de concurrencia causal
en esa misma medida, el importe de la indemnización a abonar a la reclamante sería de 329,07 euros.
En mérito de lo expuesto, el Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha es de dictamen:
Que existiendo relación de causalidad entre el funcionamiento de los servicios públicos prestados por el
Ayuntamiento de Sonseca (Toledo) y los daños derivados del accidente sufrido por el menor X al hacer uso de una
atracción infantil instalada en un parque, procede dictar resolución declarando la responsabilidad patrimonial de la
Administración y el derecho de la reclamante a percibir una indemnización en los términos expuestos en la consideración
VI.
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