Co mo Gustavo Malue ndez convirtio su hobby por la crianza de

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Como Gustavo Maluendez convirtio su
hobby por la crianza de llamas en un
negocio
Al principio, para Gustavo Maluéndez todo era un juego. La diversión pasaba por ir todos los fines de
semana al campo de su familia, situado a unos 24 kilómetros de la ciudad de La Plata, provincia de
Buenos Aires, Argentina, donde jugaba a ser ganadero con sus hermanos.
Tenía 11 años cuando convenció a su padre de comprar llamas, un camélido originario del norte
argentino, para cuidarlas y tenerlas como mascotas. Nunca imaginó que ese hobby lo iba a llevar a formar
un emprendimiento con proyección internacional basado en dos pilares: la venta de animales y la
producción de indumentaria de alta calidad.
El caso de Gustavo, hoy estudiante de Ciencias Políticas de 25 años, saltó a la fama en su país cuando
autoridades del sultán Qaboos bin Said, de Omán, lo contrataron para proveerles 12 llamas que pudieran
hacer trucos durante el festejo por el 40º aniversario del reino. Todo comenzó cuando un intermediario
del sultanato visitó la página de Gustavo, www.camelidos.com, y le escribió para comprarle llamas para
“una fiesta”. En un comienzo Gustavo pensó que era una broma, pero una comitiva viajó desde medio
oriente hasta la Argentina para conocerlo y asegurarse que se trataban de ejemplares de buena calidad.
Maluéndez habló con Knowledge@Wharton High School acerca de los orígenes de su negocio y dónde
espera que le lleve el negocio de las llamas.
Knowledge@Wharton High School: ¿Cómo fueron los inicios en tu emprendimiento?
Gustavo Maluéndez: En mi caso todo se dio con muchísima casualidad. Mi familia tiene un pequeño
campo dedicado a la cría de ganado en la ciudad de La Plata al que iba todos los fines de semana cuando
era chico. Con mis hermanos vacunábamos los animales, en su mayor parte vacas, y jugábamos a ser
ganaderos. También visitábamos todos los años la Exposición Rural Argentina [la muestra agropecuaria
más antigua y tradicional de América Latina], donde me llamó la atención una llama que estaba en
exhibición. Convencí a mi papá para que comprara ejemplares y comenzamos la cría con dos machos y
dos hembras. Todavía estaba estudiando en el secundario.
KWHS: ¿Por qué se te ocurrió dedicarte a las llamas, un animal exótico?
Maluéndez: Me gustaban, me parecían vistosas. Mi papá vio mi pasión por las llamas y me ayudó a
armar el criadero. Sin darme cuenta hacía cosas que tenían que ver con una empresa, como llenar planillas
con la información de cada animal. Cuando cursaba el 4º año del secundario le encargué a un amigo del
colegio –que dibujaba muy bien- que me armara el logo para la empresa por la que le pagué 5 pesos (1,25
dólares).
KWHS: ¿En qué momento tu hobby se convirtió en un emprendimiento?
Maluéndez: En 2002, cuando cursaba el último año del secundario, ya estaba en condiciones de
presentarme en la Exposición Rural con una hembra. Éramos 3 cabañas compitiendo ese año ya que era
un negocio incipiente. De los 18 animales, mi llama salió Gran Campeona y tanto mi papá como yo
sentíamos mucho orgullo. Vecinos del campo comenzaron a conocer nuestro trabajo y nos compraron las
primeras llamas.
KWHS: ¿Cómo lograste que creciera el negocio?
Maluéndez: La gente se fue enterando de que criaba llamas –algo muy poco común en Buenos Aires- y
empezaron a comprarme ejemplares para tenerlas de mascotas. El costo promedio de un animal es de
1.800 pesos (450 dólares). Además, seguíamos ganando premios, por eso decidimos hacer una compra
importante de 100 animales en el norte, que costó cerca de 30.000 pesos (7.500 dólares). Mi papá lo
consideró un préstamo para mí con la idea de que yo lo manejara solo y me hiciera responsable.
En 2006 creé una sociedad anónima llamada Gulla (“Gu” por mi nombre y “lla” por llama) porque me
habían contactado desde Uruguay para comprarme unas 300 llamas. Según los productores de ovejas de
ese país, eran ideales para cuidar los rebaños. Fue difícil porque no había antecedentes en la Argentina de
exportaciones de llamas, por eso tardamos casi un año en concretar 3 envíos.
KWHS: ¿Cómo surgió la veta textil?
Maluéndez: Para que no se murieran los animales, tenía que empezar a esquilarlos y buscar un destino
para la lana. Entonces decidí mandársela a un grupo de artesanos en la provincia de Jujuy, en el norte de
Argentina, de donde son originarios estos animales. Después comencé a comprarles a ellos más
ejemplares y los ayudé con microcréditos: les adelantaba dinero por semana y me pagaban con mano de
obra. Así lograron más capacidad de trabajo; de hecho el año pasado inauguraron un taller y un galpón
para acopio de fibras. Ahora cada artesano tiene su telar y su cuenta bancaria para poder facturar.
KWHS: ¿Cuáles crees que han sido tus fortalezas a la hora de concretar el proyecto?
Maluéndez: Primero, la educación que recibí de mis padres y el apoyo de la familia. Mi papá siempre nos
incentivó desde chicos a encontrar la manera de generar ingresos, un negocio propio. Creo que también
ha sido muy importante estar con los ojos abiertos, estar atento a las oportunidades. Por ejemplo, en el
caso de la exportación de llamas a Omán, empezó todo con un correo electrónico. Cualquier persona
quizás se hubiera asustado ante el desafío de entrenar 12 llamas en 4 meses para un sultán, algo que nunca
se había hecho. Estas circunstancias se dan una sola vez en la vida.
KWHS: ¿Cuáles han sido, hasta ahora, las mayores dificultades?
Maluéndez: Una de las dificultades que tengo desde que comencé con este negocio es el desarrollo del
marketing de un producto desconocido, sobre todo en el exterior. Estoy compitiendo, además, con la
alpaca peruana, un producto con mucha más experiencia que el mío, tanto en la exportación como en el
marketing de producto, que es más industrializado. Lo que he buscado para diferenciarme de la alpaca es
lo artesanal.
También he atravesado problemas en el proceso de producción, por ejemplo, en encontrar hilados
industriales de buena calidad o proveedores. Quizás sería más fácil si hubiera una asociación de criadores
para representarnos o una ayuda gubernamental que fomente la cría de estos animales o el mejoramiento
genético. Lo que tenemos es oro en polvo porque es una fibra super fina y falta tanto iniciativa pública
como privada.
KWHS: ¿Cómo te ves de acá a 5 años?
Maluéndez: Lo que estoy tratando es de desligarme del trabajo del campo y de los animales para
dedicarme en serio a la producción de fibra porque creo que ese es el trabajo que me generará más
rendimiento a largo plazo teniendo en cuenta que, en promedio, cada prenda cuesta unos 600 pesos (150
dólares). Estoy apostando a ser en 5 ó 10 años un importante proveedor de productos terminados de
primera calidad en las principales ciudades de Estados Unidos y Europa, como sweaters, ponchos y
ruanas. Si bien tuvimos pequeñas experiencias exportadoras en Canadá, Holanda y Francia, creo que
ahora tenemos [incluye a su padre] más experiencia, un catálogo de productos elaborado y más claridad
sobre dónde queremos llegar.
KWHS: ¿Qué les recomendarías a otros jóvenes que quieren ser emprendedores?
Maluéndez: La primera recomendación que les puedo dar es terminar primero la universidad, algo que
todavía me queda pendiente. Tiene que haber tiempo para todo. Si bien el título no te garantiza el éxito, es
un buen paso para encarar el futuro. Los amigos que te haces en la facultad también pueden ser buenos
contactos en la carrera profesional.
Autor
Link de del Articulo
http://kwhs.wharton.upenn.edu/es/2011/07/como-gustavomaluendez-convirtio-su-hobby-por-la-crianza-de-llamas-en-unnegocio/
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