ta erudición desplegó entonces! T a n distante de la austeridad literaria como del lujo científico, enseñaba sólo lo útil,
lo necesario, lo cierto. N o llenando sus deseos las obras
elementales que servían para instrucción de los Jóvenes, consiguió, a fuerza de trabajo y de estudio, metodizarlas, reformarlas y ponerlas al nivel de los conocimientos europeos.
No"era la Lógica en su pluma una ciencia de palabras, un
laberinto de cuestiones atribuidas al gran Aristóteles, y heredadas de los árabes; era la ciencia de la exactitud, la enemiga del error, la. antorcha de la verdad. N o era la G e o grafía una noción material de globos y de mapas, sino el
verdadero conocimiento de la situación, culto, gobierno,
productos, riqueza y carácter de los pueblos. N o llenaban
las páginas de su Historia pomposas descripciones de g u e rras, ni afectados discursos de caudillos. Auxiliado por la
crítica, buscaba en los sucesos las causas que los motivaron,' y presentaba a los hombres como fueron y como debieron ser.
Una ocasión favorable se presentó a Cavanilles de ensanchar la línea de sus conocimientos, cuando en 1 7 7 7 se
dirigió con sus discípulos a la Corte dé Francia. Sin este
viaje, hubiera tal v e z quedado oculto uno de los mayores
talentos botánicos. Observa, examina, inquiere; sus ojos,
acostumbrados a ver, distinguen el mérito real del aparente
y, sin deslumhrarse por la locuacidad francesa, ve los progresos de la razón y conoce los' verdaderos adelantos del
saber. ¿A dónde dirigirá sus pasos? ¿Cuál será el objeto
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