La Fundación Rockefeller y la modernización de la agricultura

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La Fundación Rockefeller y la modernización de la agricultura científica
mexicana1
Francisco Javier Serrano-Bosquet
EEHCS-Tecnológico de Monterrey
Resumen: El objetivo de este trabajo es señalar algunos elementos e hitos que rodearon el nacimiento
del Programa Agrícola México, un programa de investigación, formación y extensión que marcó el
desarrollo agrícola y social de México. Comenzaremos viendo dicho programa como una suerte de
continuación del proceso de constitución de la agricultura científica mexicana y un intento de superar
las dificultades productivas de la década de 1930. Posteriormente veremos cómo surgió el Programa,
los fundamentos sobre los que se puso en marcha y algunas notas sobre su desarrollo y aportaciones.
Haremos notar finalmente la ambivalencia aún existente en torno al éxito del mismo.
Palabras clave: Fundación Rockefeller, Programa Agrícola México, Filosofía de la
agronomía, agricultura científica.
Introducción
Al igual que ocurriera en los más importantes países europeos y los Estados Unidos, en México
se dio durante el siglo XIX un proceso de modernización que incluyó, como uno de los ámbitos de
actuación más importantes, la constitución y puesta en marcha de una agricultura científica. Los inicios
fueron complicados y, si bien el paradigma dominante bajo el cual se puso en marcha fue el positivista,
la forma de entender éste y de desarrollar los programas fue cambiando a lo largo del siglo. La siguiente
centuria no fue diferente en ese sentido. Las formas, criterios y presuposiciones bajo los cuales se
intentó modernizar la actividad agrícola fueron variando al son no sólo de las luchas entre paradigmas
y cosmovisiones científicas diferentes, también –y sobre todo– lo hizo al ritmo que marcaban los
acontecimientos políticos que se sucedían. Uno de éstos, probablemente uno de los más importantes
después de la Revolución, fue la firma del “Programa Agrícola México” (PAM) entre el Gobierno
Mexicano –concretamente la Secretaría de Agricultura– y la Fundación Rockefeller. Un programa éste
sobre el cual se levantaría décadas más tarde la famosa Revolución Verde. Ahora bien, ¿en qué
consistió el “Programa Agrícola México”? ¿Qué aportó realmente al desarrollo de las ciencias y
prácticas agrícolas mexicanas? ¿Fue realmente éste el inicio de una verdadera agricultura científica
mexicana tal y como apuntan numerosos autores? Si no fue así ¿introdujo algún tipo de innovación
interesante? ¿A qué intereses reales atendía el gobierno estadounidense y la Fundación Rockefeller
ayudando al desarrollo agrícola mexicano? ¿Cuáles fueron las preconcepciones o bases
epistemológicas y metodológicas a partir de las cuales se diseñó y puso en marcha el proyecto?
El objetivo de este trabajo es responder a estas y otras cuestiones a la par que se señalar
algunos de los principales presupuestos epistemológicos y axiológicos sobre los cuales se levantó este
Este estudio forma parte del proyecto de investigación titulado “La influencia de la concepción de ciencia de la Fundación
Rockefeller en el desarrollo de la investigación biológica y agrícola mexicana” [número 168062] financiado por CONACYT en su
convocatoria de 2011 de Investigación Básica SEP-CONACYT, Modalidad Joven Investigador (J2).
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programa de investigación, formación y extensión. Un programa que, podemos ya adelantar, marcó
como pocos el desarrollo agrícola y social no sólo de México, también lo hizo de otros países
latinoamericanos, africanos y asiáticos.
Para tal fin comenzaremos recordando cómo surgió el Programa Agrícola México y algunas
notas puntuales en torno a su desarrollo y las metas alcanzadas. A la luz de éstas podremos
comprender la ambivalencia aún existente cuando se habla sobre el éxito del programa, una
ambivalencia que se disuelve en parte cuando abordamos por separados los sub-programas de trigo
y maíz.
Nacimiento y presupuestos epistemológicos del Programa Agrícola México
Las hambrunas de los años 30, la improductividad del modelo de ejidos impulsado por Lázaro
Cárdenas, la precariedad de la formación científica de los ingenieros agrónomos mexicanos, fueron
algunas de las principales razones que llevaron al gobierno de Avila Camacho a aceptar el ofrecimiento
de ayuda agrícola que a inicios de su mandato le hacía la Fundación Rockefeller. Los primeros pasos
los había dado H.A. Wallace, Secretario de Agricultura entre 1933 y 1940, y Vicepresidente de los
EEUU entre 1941 y 1945. Su papel en esta historia fue al menos doble2. Por un lado, como Secretario
de Agricultura y hombre cercano al presidente F. Roosevelt, Henry H. Wallace había sido clave en el
diseño y desarrollo de la nueva política exterior de los EEUU: la política del buen vecino. Las relaciones
que intentó establecer durante este periodo con el gobierno mexicano deben interpretarse bajo dicho
marco. Por otro lado, fue la persona que ideó y puso en contacto a las autoridades de política agrícola
mexicana con funcionarios de la Fundación Rockefeller con el fin de que pusieran en marcha un
programa de colaboración. Una idea ésta nada extraña si tenemos en cuenta que durante la década
de 1930 la FR había estado considerando la posibilidad de extender sus programas de desarrollo
agrícola fuera de los EEUU. Se había pensado en el Caribe y Centro América pero un viaje de H.A.
Wallace cambiaría las cosas.
Invitado por Marte Rodolfo Gómez3, H.A. Wallace partió a finales de noviembre de 1940 hacia
la Ciudad de México para representar a su país y su gobierno durante la toma de protesta del nuevo
presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Ávila Camacho. Wallace decidió viajar en su coche con
el fin de poder conocer personalmente las condiciones reales del campo y la sociedad mexicana.
Acompañado por su esposa y un reducido grupo de acompañantes, tomó la carretera panamericana y
paró en las más importantes ciudades y centros agrícolas por los que fue pasando. A su regreso a los
Estados Unidos Wallace se reunió en su oficina del Senado con varios funcionarios de la Fundación
Rockefeller para conversar sobre la situación de México, sus temores e ideas en torno a la situación
agrícola del país vecino. Les hizo saber, concretamente, de su creciente preocupación al constatar
cómo el país había dejado de producir suficiente maíz para alimentar a una población creciente.
Wallace temía que México no llegara a ser autosuficiente en lo alimenticio (Ortoll, 2003, pág. 83) y con
ello se desencadenaran importantes revueltas. Eso era algo muy peligroso para los EEUU teniendo en
cuenta que estaban en plena Segunda Guerra Mundial. A pesar de ello, apuntó también Wallace,
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Al menos doble ya que una aproximación más profunda nos llevaría a ver qué papel jugó como “empresario agrícola”.
El Ing. Marte Rodolfo Gómez Segura sería nombrado muy poco tiempo después Secretario de Agricultura y Fomento.
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estaba convencido “de que la Economía Agrícola de México podría progresar considerablemente si
alguna institución desinteresada cooperaba en un programa para aumentar y mejorar su producción.”
(ANDESA, 1964, pág. 131)4. En una reunión posterior, miembros de la Fundación Rockefeller
discutieron en torno a las ideas de Wallace. A.R. Mann, Vicepresidente y Director de la Junta General
de Educación (GEB por sus siglas en inglés) señaló que en caso de que se aceptara la propuesta del
vicepresidente (ANDESA, 1964, pág. 131), sería necesario identificar primero los problemas básicos
de la agricultura mexicana y, en segundo lugar, identificar aquellas áreas en las que pudieran
alcanzarse resultados rápidos y significativos. En cualquier caso, adelantaba A.R. Mann, sería
suficiente con desarrollar inicialmente un plan para el mejoramiento genético de plantas; profundizar
en la ciencia y fertilidad del suelo y optimizar la cría de ganado (Ortoll, 2003, pág. 83).5
En Julio de 1941 la Fundación envió a México una Comisión de Encuesta (Survet Commission)
que tenía como fin evaluar de primera mano la situación real de la agricultura mexicana (ANDESA,
1964, pág. 131). Después de dos meses de gira por México, la Comisión preparó un informe en el que
se identificaban los principales problemas de la agricultura mexicana y toda una serie de
recomendaciones. Concretamente, identificó cuatro problemas cuya resolución resultaba fundamental
para el éxito del programa: a) la mejora de la gestión del suelo y las prácticas de laboreo; b) la
introducción, selección y desarrollo de variedades superiores de cereales y legumbres; c) el control de
plagas y enfermedades a escala nacional; d) la introducción de mejores razas de animales de granja,
principalmente de ganado (Fitzgerald, 1986, pág. 464). Para poder dar cuenta de estos problemas
recomendaban el mantenimiento de una comisión de cuatro personas en México que, conformada por
un agrónomo, un criador de plantas, un patólogo de plantas y entomólogo y un mejorador animal,
trabajara en estrecha cooperación con el Ministerio de Agricultura. Se esperaba que, de esa forma,
fuera posible llevar a cabo experimentos e investigaciones, establecer prácticas reguladoras y enseñar
a los agricultores a través de la extensión y la educación de adultos6 (Fitzgerald, 1986, pág. 464).
Entraron en contacto con Edmundo Morillo Safa (jefe de la Dirección de Agricultura) y Marte
R. Gómez (Secretario de Agricultura) quienes, desde el principio, les hicieron saber que desde la
Secretaría se “cooperaría y le daría la bienvenida a toda ayuda que se le diera a la agricultura
mexicana” (Ortoll, 2003, pág. 85). Y es que, no había sólo un interés claro por parte de las instituciones
estadounidenses, también lo había por parte del Gobierno Mexicano que no hacía sino darle
continuidad a una política que se venía desarrollando desde los años 20: solicitar ayuda a instituciones
y programas extranjeros ante dificultades agrícolas y ganaderas a las que no se podía atender
exclusivamente desde dentro7. De ahí que, como señala Joseph Cotter, el Programa Agrícola México
no supusiera realmente una ruptura abrupta respecto a lo que se venía haciendo desde la década de
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ANDESA: Asociación Nacional de Directores de las Escuelas Superiores de Agricultura
Inicialmente tanto los responsables de la RF como el Vicepresidente Henry Wallace se habían mostrado completamente
convencidos de que México necesitaba un programa integral que incluyera salud pública, educación y agricultura. Sin embargo,
desde la Fundación pudieron ver muy pronto que todo lo que tuviera que ver con educación en México podía resultar
excesivamente comprometido. Ello, y el hecho de que ya existiera un programa de salud pública, hizo que desde el principio se
pensara en un programa exclusivamente agrícola (Fitzgerald, 1986, pág. 462)
6
El programa quedó reducido finalmente a sus áreas de investigación y formación (Fitzgerald, 1986, pág. 464).
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Para ver cómo más allá de los formalismos que la “defensa de la soberanía nacional” obligaba, el gobierno mexicano aceptaba
las condiciones que impuso la FR, baste con comparar las condiciones, exigencias y objetivos que se propusieron desde la SAF
a la FR con las propuestas inicialmente por la misma FR y ser verá que prácticamente eran los mismos. Véase (Ortoll, 2003,
pág. 88).
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1920. Por el contrario, es un ejemplo de la continua dependencia científico y tecnológica que el campo
mexicano había mostrado desde el punto de vista de la implementación de programas de desarrollo
agrícola (Cotter, 1994, pág. 247).
Primeros pasos del Programa Agrícola México
Stackman fue la primera opción de la FR para dirigir el proyecto, pero declinó la oferta y
recomendó en su lugar a su alumno J. George Harrar, un patólogo de plantas de la Universidad de
Washington en Pullman (Fitzgerald, 1986, pág. 463). Una de las primeras decisiones de Harrar fue
crear una oficina, imitando el programa de salud de la Fundación Rockefeller que en ese momento
dirigía en México Payne, dependiente en este caso del departamento de agricultura mexicano (Ortoll,
2003, pág. 91). Fue la famosa Oficina de Estudios Especiales en la que sus empleados recibirían su
sueldo de la Fundación Rockefeller pero eran reconocidos también como empleados supernumerarios
de la Secretaría de Agricultura y Fomento. Dichas oficinas se alojaron inicialmente dentro de la
Dirección de Agricultura, quien correría con los gastos de renta y servicios. Por su parte, la Fundación
Rockefeller debía cubrir los gastos de equipos y, como señalábamos, del personal cuyo equipo
científico, escogido por el mismo Harrar, lo conformaron: Edwin J. Wellhausen, especialista de maíz;
Norman E. Borlaug, patólogo de plantas; William E. Colwell, científico del suelo; John J. McKelvey,
entomólogo económico; y Lewis A. Roberts, especialista en maíz. (Fitzgerald, 1986, pág. 463).
La finalidad del programa era ayudar a México a superar, o al menos atajar, dos de los
principales problemas que estaba sufriendo en ese momento el país; el hambre y la miseria. Unos
problemas éstos que se habían agravado a finales de la década anterior y ante los cueles EEUU veía
un foco para el surgimiento o resurgimiento de movimientos socialistas y comunistas. Es necesario
considerar también que la lectura atenta de la biografía de Wallace permite ver en él buena voluntad.
Ingeniero agrónomo e hijo de agrónomo había participado ya en numerosas ocasiones en proyectos
de colaboración con agrónomos mexicanos y la SAF mexicana 8. Sin embargo, eso no termina de
explicar por qué el gobierno de los EEUU y la FR se sintieron atraídos por este proyecto. Máxime
cuando en 1939 había tenido lugar la nacionalización petrolera en México, una expropiación en la que
algunas de las empresas más perjudicadas eran de la familia Rockefeller. De ahí, ¿por qué el gobierno
de los EEUU y la FR estarían dispuestos a ayudar a México? Tanto la FR como el mismo EEUU tenían
un profundo interés por recuperar parte de lo perdido en América Latina en general y en México en
particular: influencia y dinero. Ambos, pero sobre todo el gobierno de los EEUU, estaba más interesado
que nadie en frenar el avance del fascismo y del comunismo. A ello hay que sumar los intentos previos
que tanto la Fundación Rockefeller como el gobierno de los EEUU habían hecho por desarrollar
previamente programas agrarios en México. Unos ensayos en los que encontramos ejemplos muy
claros del intento de ensayar formas para expandir (internacionalizar) el modelo productivo agrario
desarrollo en los EEUU. Este último punto es de suma importancia ya que constante que el PAM fue,
ante todo, un programa de validación primero y de impulso después del modelo agrícola
8
Ejemplo de ello lo encontramos en la invitación que en 1939 había hecho como Secretario de Agricultura de los Estados Unidos
a miembros de la SAF para llevar a cabo una reunión en Matamoros (Tamaulipas) con el fin de desarrollar un plan de acción
coordinado para el control de plagas del algodón en las regiones fronterizas. La SAF respondió favorablemente a la propuesta
y en 1940 los dos países establecieron la Comisión Internacional de Control de Plagas Estados Unidos-México bajo la cual se
llegaron a varios acuerdos de estrecha cooperación y el intercambio de personal técnico (Cotter, 1994, pág. 238).
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estadounidense. Ejemplo de ello lo encontramos en el hecho de que los asesores científicos y el
personal estadounidense que llegó a México en 1943 desarrollaran inicialmente todo un programa
basándose en sus experiencias previas en EEUU. Ello significó, concretamente, intentar responder a
las experiencias y prioridades de México con la construcción de una red mexicana que se ajustara al
modelo de concesión de tierras con el que habían trabajado en su país de origen.
La aplicación directa de dicho modelo pronto fracasó. A la ambivalencia con la que muchos
científicos agrícolas mexicanos miraron este proyecto se vino a sumar la imagen que personas
relevantes de la Fundación Rockefeller, como Harrar, tenían de los mismos mexicanos. Los mexicanos
veían –bajo el prisma estadounidense– la agronomía como una ciencia que se aprendía mejor en el
laboratorio y en el aula, y no en el campo. Una idea que se levantaba (entre los mexicanos) sobre un
estigma social que, desde la época colonial, tendía a despreciar el trabajo de campo en general. Sin
embargo, ¿era justa esta imagen de la investigación agrícola en México con lo que realmente pasaba?
¿Hasta qué punto esta visión de la educación e investigación agrícola mexicana estaba sustentada?
¿Era realmente así? Pero más importante aún, ¿la Fundación Rockefeller podía influir e influyó
realmente en el cambio de paradigma y en el desarrollo de un nuevo modelo de educación científica
de los jóvenes agrónomos mexicanos?
El PAM, como casi todos los programas puestos en marcha por la FR, tenía tres pilares
fundamentales: investigación, formación y extensión. Por razones de extensión nos es imposible
desarrollar ahora estos tres pilares, pero baste con señalar la enorme influencia que tuvo en la
formación científica de muchos jóvenes agrónomos mexicanos. La investigación bibliográfica y de
archivo revela el giro que la formación de los ingenieros agrónomos vivió con la llegada de la
Fundación. Desde la definición del perfil de los profesores que debían impartir las clases, hasta el
rediseño de los programas, la bibliografía y las prácticas, todo se vio –allí donde tuve injerencia–
modificado y redirigido claramente hacia el fomento de la investigación. Destacable es también la
educación especial y la formación científica que recibieron aquellos estudiantes becados por la
Fundación así como el apoyo que la fundación estadounidense brindó a instituciones educativas con
las que, como la ENA o el Tecnológico de Monterrey, firmó estrechos vínculos de cooperación.
Este influencia se ve mucho mejor si recordamos, si tenemos una idea relativamente clara de
los antecedentes de la educación e investigación agrícola mexicana. Es decir, es necesario reconocer
e identificar en primer lugar los principales elementos que caracterizaron y determinaron la estructura
del sistema educativo mexicano entre 1848 y 1940 y, en segundo lugar, identificar, describir y
caracterizar las principales instituciones de educación agrícola superior que se crearon durante este
periodo. Si bien no podemos profundizar ahora en ello9, la importancia que las instituciones educativas
superiores –apoyadas entonces por la Fundación– han tenido desde 1943 hasta le fecha en el
desarrollo de la agronomía ya refleja el papel que la FR y el modelo estadounidense introducido
entonces ha tenido en el campo mexicano. Un modelo, no olvidemos, caracterizado desde el siglo XIX
por una estrecha vinculación que entre los sectores productivos y educativos 10. Una vinculación y una
Quienes estuvieran interesados en este tema pueden consultar el trabajo de E. Rivas y F.J. Serrano-Bosquet “La agronomía
como ciencia y profesión en el México decimonónico: del arte a la ciencia, de la técnica a la ingeniería” actualmente en revisión.
10
Ello se debió en buena medida al hecho de que los medios más adecuados (tanto materiales como intelectuales y humanos)
necesarios para llevar a cabo investigaciones científicas –que a la postre impulsaron el desarrollo industrial y agrícola de EEUU–
estaban originalmente en las universidades.
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experiencia que si bien había llegado ya con cuenta gotas a México gracias a proyectos anteriores, fue
mucho más fuerte y evidente bajo este Programa.
Ahora bien, ¿qué modelo de ciencia? ¿Bajo qué paradigma de investigación se desarrolló el
programa y se intentó modernizar la agricultura mexicana? Para dar cuenta de ello hay que acercarse
a un personaje clave tanto en la Fundación Rockefeller como en todo este proceso: Warren Weaver11.
Warren Weaver
Presidente de la división de Ciencias Naturales de la Fundación Rockefeller entre 1933 y 1958,
Weaver fue durante un cuarto de siglo el “alma de la ciencia” de la institución. En numerosos escritos
Warren Weaver expuso claramente su visión de la ciencia y el papel que ésta debería jugar en el
proceso “civilizatorio”. Como la gran mayoría de los líderes políticos, económicos, sociales, militares e
institucionales de los EEUU de mediados del siglo XX, Warren Weaver estaba convencido de que
EEUU tenía un compromiso moral con el resto del mundo, era parte de un “Destino Manifiesto”.
Malthusiano convencido, el Programa Agrícola México (PAM) constituyó (y debía hacerlo bajo su
óptica) uno de los proyectos probablemente más ambiciosos del siglo XX tanto desde el punto de vista
científico como de expansión ideológica. Weaver estaba completamente convencido de que la ciencia
era el mejor instrumento para poder contribuir con el “compromiso u obligación moral” de los EEUU de
velar por la libertad y la democracia mundial. Algo que, sólo sería posible si –señalaba Weaver– EEUU
era fuerte y capaz en primer lugar de asegurar su seguridad y grandeza. Para ello la ciencia era
fundamental. En repetidas ocasiones insistió en que la ciencia era la clave “en la defensa de nuestro
país y en la tarea más amplia de velar por aquellos otros lugares del mundo que comparten también
nuestra filosofía de que lo importante es la unión de la responsabilidad colectiva y la libertad individual”
(Weaver, 1961, pág. 67); la ciencia aporta la base de conocimientos sobre los que se fundamentan
procesos y programas industriales que hacen nuestra vida más sana, más cómoda, más segura y
agradable (Weaver, 1961, págs. 65-67); de su desarrollo, salud y vigor depende el crecimiento
económico del país, pero también su defensa y prestigio internacional (Weaver, 1961, págs. 67-68);
final y principalmente, porque sólo ella –la ciencia– es capaz de revelar el orden y la belleza del
universo (Weaver, 1961, pág. 69).
Estas ideas estuvieron presentes antes, durante y después del Programa Agrícola México. De
hecho, el verdadero éxito del mismo vino después. El cierre del PAM no supuso el fin de la influencia
de los EEUU en la agronomía mexicana, al contrario, significó la expansión global de la misma. Supuso
el inicio de un proyecto mucho más ambicioso con la inmediata apertura del CIMMYT (El Baztán,
Texcoco, México). Un centro éste en el que se ha desarrollado desde entonces con fondos
internacionales algunas de las más importantes investigaciones agrícolas del mundo. Su éxito hizo
posible la pronta apertura de otros centros similares en África (Etiopia, Kenia, Zimbabue), América
(México, Colombia) y Asia (Turquía, Irán, Afganistán, Pakistán, Kazakstán, India, Nepal, Bangladesh
y China).
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Aquí exponemos un resumen de las principales ideas de Warren Weaver en torno a la naturaleza y el papel de la ciencia y la
tecnología. Pueden encontrar una exposición más extensa de estas y el lugar que la agronomía (y por tanto el MAP) jugaba
dentro de la misma en el trabajo: Serrano-Bosquet, Francisco Javier y Gustavo Caponi (2014).
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Todo ello nos obliga a ver que la evaluación del éxito del Programa Agrícola México pueda y
deba hacerse desde distintas dimensiones y perspectivas. Si bien el programa de maíz es considerado
por muchos autores como un fracaso, no podemos decir lo mismo del programa de trigo. Más allá del
gran aumento de la producción que se consiguió en tierras aztecas, el verdadero éxito del Programa
estuvo en los aprendizajes que se obtuvieron y permitieron durante los años 60 y 70 poner en marcha
la famosa revolución verde bajo el lema “la Paz a través de los alimentos”. De ello nos ocuparemos
en siguientes intervenciones.
Bibliografía

ANDESA. (1964). Educación, investigación y extensión agrícolas en México ; estudio
preliminar. Monterrey: ITESM.

Cotter, J. (1994). The Origins of the Green Revolution in Mexico. Continuity or Change? En D.
Rock, Latin America in the 1940s. War and Postwar Transitions (págs. 224-247). Berkeley:
University of California Press.

Fitzgerald, D. (1986). Exporting American Agriculture: The Rockefeller Foundation in Mexico,
1943-53. (L. Sage Publications, Ed.) Social Studies of Science, 16(3), 457-83.

Ortoll, S. (2003). Orígenes de un proyecto agrícola: La Fundación Rockefeller y la Revolución
Verde. Sociedades rurales, producción y medio ambiente, 4(1), 81-96.

Rivas, Eva & Serrano-Bosquet, Francisco Javier (en evaluación), “La agronomía como ciencia
y profesión en el México decimonónico: del arte a la ciencia, de la técnica a la ingeniería”.

Serrano-Bosquet, Francisco Javier y Gustavo Caponi (2014), “Warren Weaver: Valores
cognitivos y perspectiva epistemológica del Experimental Biology Program de la Fundación
Rockefeller” en Scientiae Studia, Vol. 12, n° 1 (junio, 2014), pp. 137-167. Versión digital en:
http://www.scientiaestudia.org.br/revista/cont_012_01.asp

Weaver, W. (March de 1961). Why Science is Important? Nutrition Reviews, 19(3), 65-68.
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