El siguiente en la línea sucesoria

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EL PAÍS, sábado 18 de diciembre de 2010
LA CUARTA PÁGINA
OPINIÓN
El siguiente en la línea sucesoria
El invento sirio de la “presidencia hereditaria de la república” se extiende a otros países árabes. Egipto,
Túnez, Argelia, Yemen y Libia pueden ser nuevos casos. Europa debería exigir elecciones democráticas
Por KRISTINA KAUSCH
E
l mundo árabe se encuentra ante
una oleada de “sucesiones republicanas” programadas. En una región en la que la presidencia vitalicia y la
monarquía ejecutiva son las formas de
gobierno más comunes, dirigentes de
avanzada edad y/o enfermos han comenzado a organizar la perpetuación de sus
regímenes más allá de sus propias vidas.
En Egipto, Túnez, Argelia, Yemen y
Libia, toda una nueva generación de herederos listos para ocupar los tronos de
las repúblicas árabes, pertenecientes a la
familia o al círculo íntimo de sus titulares, está esperando a sustituir a la vieja
guardia. Hace 10 años, el turno le correspondió al actual presidente sirio Bashar
al Assad, que asumió el cargo tras morir
su padre Hafez al Assad. Era un oftalmólogo con escasas aspiraciones políticas, y
que fue preparado para asumir el poder
después de que su hermano Basil muriera en un accidente de automóvil. Ahora,
Hosni Mubarak (82 años) en Egipto, Zine
el Abidine Ben Ali (72) en Túnez, Abdelaziz Buteflika (73) en Argelia, Ali Abdullah Saleh (64) en Yemen, y Muamar al
Gadafi (68) en Libia, planean seguir el
ejemplo sirio.
Probablemente, la sucesión más inminente es la de Hosni Mubarak en Egipto.
Las elecciones presidenciales se celebrarán en septiembre de 2011 y la posibilidad
de un cambio real después de casi 30
años ha mantenido al país en un tenso
punto muerto durante algún tiempo. Las
elecciones parlamentarias de este año
han sido algo más que un ensayo general
para las presidenciales del año que viene.
En la primera vuelta, el gobernante Partido Nacional Democrático (PND) de Mubarak obtuvo una aplastante victoria con
aproximadamente el 95% de los votos. Se
había previsto una considerable reducción de la presencia parlamentaria de los
Hermanos Musulmanes, el principal grupo opositor egipcio, pero incluso los analistas internos se han visto sorprendidos
por la falta de creatividad y de pretensiones democráticas demostradas por el
PND al eliminar el acceso de la oposición
a los escaños. Los Hermanos pasaron de
88 escaños a ninguno. Alegando un fraude y una intimidación generalizados, la
Hermandad y el otro partido principal de
oposición, el liberal Wafd, renunciaron a
su participación en la segunda vuelta. El
PND se ha asegurado un monopolio efectivo para muchos años.
La Constitución egipcia establece que
los candidatos presidenciales de 2011 tienen que haber ocupado durante al menos
un año una posición de liderazgo en un
partido político que haya ganado el 3% de
los escaños parlamentarios y que tenga el
respaldo de 250 de los 518 diputados de la
Cámara baja. Ahora, casi nadie excepto
Hosni Mubarak y su hijo Gamal, así como
un puñado de otros dirigentes del PND
pueden optar de hecho a la presidencia.
Mubarak podrá presentarse a otro
mandato pero sus repetidas estancias en
el hospital y otros signos de debilidad física hacen que su candidatura sea cada vez
menos probable. Su hijo Gamal ha sido
preparado para sucederle y desde hace
tiempo se le considera su heredero. Pero
son crecientes las resistencias en su contra, incluso en el seno del PND, y su candidatura no puede darse por descontada.
Los esfuerzos por unir a la oposición
de la Asociación Nacional para el Cambio,
liderada por Mohamed el Baradei, han
arrojado hasta ahora unos resultados exi-
guos. Y el propio El Baradei condicionó su
candidatura a la introducción de reformas constitucionales en favor de una mayor democratización, lo que le dejó fuera
de la contienda antes incluso de que comenzara.
Muchos rumores que apuntaban al jefe del servicio de inteligencia, Omar Suley-
En medio de un flagrante fraude electoral, de luchas encarnizadas por el poder y
de un descontento popular cada vez mayor, lo que está claro es que ninguno de
los posibles contendientes obtendrá la
presidencia de Egipto en una bandeja de
plata.
Algo más joven que su homónimo egip-
eulogia merle
El egipcio Mubarak lleva
tiempo preparando a
su hijo Gamal para que
le suceda en el cargo
En Argelia, minada
por la corrupción,
se cree que tras Buteflika
vendrá su hermano
man, como potencial sucesor. El principal
negociador de Mubarak en el conflicto
Israel-Palestina es mencionado a menudo
como una opción provisional para el caso
de una muerte repentina del presidente.
cio, pero con un estado de salud igualmente frágil, el presidente de Túnez, Ben Ali,
ha estado gobernando durante los 24 últimos años. Sin un hijo adulto al que preparar, hay muchas probabilidades de que se
produzca un súbito vacío de poder en el
país. Una lucha por el poder cada vez más
virulenta ha hecho su aparición entre los
clanes próximos al presidente. Los herederos potenciales son el yerno de Ben Ali,
Mohamed Sakhr el Materi, y la esposa del
presidente, Leila Trabelsi.
El presidente de Argelia, Abdelaziz Buteflika, no está en mejor forma. Un heredero potencial es Said, hermano de Buteflika. El interrogante de la sucesión, alimentado por la mala salud de Buteflika,
amenaza incrementar un malestar social
ya favorecido por la corrupción y la carencia de servicios públicos.
Muy cerca, en Libia, Muamar el Gadafi
se halla cómodamente sentado sobre las
vastas reservas de energía del Estado y
sobre la condición del país de zona de
tránsito para los emigrantes que se dirigen a la Unión Europea desde toda África.
Aunque Libia no sea oficialmente “presidencial” y no contempla un horizonte de
sucesión inminente, el debate está floreciendo. Las mayores posibilidades se adjudican al hijo de Gadafi, y favorito de Occidente, Saif al Islam, quien se ha cuidado
bien de posicionarse como reformista.
Con Saif y su hermano Moatassim, Gadafi
tiene un tándem político-militar esperando entre bastidores.
Por su parte, Yemen, se halla al borde
del colapso debido a conflictos diversos,
una pobre gobernanza y la fragilidad económica, y se ha convertido en un caldo de
cultivo del terrorismo. Mientras la atención occidental se centra en los arduos
problemas de seguridad del país, se dice
que el presidente Ali Abdullah Saleh está
preparando a su hijo Ahmed para que le
suceda.
A estos casos se suman el de la sucesión dinástica en monarquías estratégicamente importantes como Arabia Saudí,
bajo el reinado de Abdullah bin Abdulaziz
al Saud (de 86 años), y Omán, bajo el sultán Qabus bin Said al Said (de 70), que
aportan una mayor incertidumbre en
Oriente Próximo.
Hasta ahora, la preparación de Europa
para afrontar este cercano cambio generacional ha sido cero. Los Gobiernos occidentales más bien se han desentendido
del asunto, confiando en sucesiones estables. Pero es dudoso que se produzcan
suavemente y es improbable que las sucesiones programadas garanticen los intereses estratégicos occidentales.
Los Gobiernos extranjeros deberán refrenar sus intentos de influir directamente en los debates domésticos, pero también tendrán que abstenerse de contribuir deliberadamente a mantener en el
cargo a gobernantes autocráticos. Europa
tiene que expresar claramente su deseo
de contemplar procesos electorales plenamente democráticos, con observadores internacionales, y condenar toda infracción
sustancial del mismo. Debería trabajar
también por mantener su espacio público
abierto a los medios de comunicación, a
los partidos de oposición y a la sociedad
civil.
En el caso de Egipto, otras medidas
podrían ser la concesión de “estatuto
avanzado” a ese país (actualmente bajo
negociación y que implicaría un significativo incremento en la integración económica, ayuda al desarrollo y cooperación
política y de seguridad) condicionándolo
a su conformidad con el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.
Ha llegado el momento de tomarse en
serio los venideros cambios de poder en
el mundo árabe desde una perspectiva
más amplia. Occidente, y en particular la
Unión Europea, necesita empezar a idear
una hoja de ruta que incluya a las sucesiones en unas estrategias de reforma más
extensas. Se hace necesaria una rigurosa
reflexión sobre una mayor amplitud de
miras de Europa con relación al sur del
Mediterráneo para los próximos 10 a 20
años.
Oriente Próximo se está preparando
para una época de nuevos liderazgos y lo
mismo tiene que hacer Europa.
Kristina Kausch es investigadora de FRIDE.
Traducción de Juan Ramón Azaola.
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