0295 Deuteronomio 18:1-19:21

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LFV 314
DEUTERONOMIO 18:1 - 19:21
Continuamos nuestro estudio en el libro de Deuteronomio y llegamos hoy al capítulo 18.
Este capítulo trata de los sacerdotes y profetas, y la prueba para reconocer al verdadero profeta.
Dios dio leyes sobre el sostenimiento económico de los sacerdotes.
Luego hubo otra
amonestación contra las prácticas idólatras, las cuales recurrían a los poderes satánicos. A esto
sigue una de las secciones sobresalientes de este libro de Deuteronomio. Tiene que ver con los
profetas, y hay una maravillosa profecía en cuanto al Señor Jesús, el Profeta que había de venir.
La sección sobre los profetas concluye con una interesante e importante prueba para distinguir
entre los profetas falsos y verdaderos. Veamos en primer lugar la “herencia de los sacerdotes.”
Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 18 de Deuteronomio, en el párrafo titulado:
EL CUIDADO DE LOS SACERDOTES
Deuteronomio 18:1-2 “. . . Jehová es su heredad, como él les ha dicho.”
Los sacerdotes eran de la tribu de Leví. Todos los levitas eran ayudantes en el templo y en la
adoración. No tenían ninguna heredad entre los hijos de Israel. Su heredad no era una porción
de tierra, sino que el Señor mismo era su heredad. El Señor pues, proveyó para ellos de una
manera singular. Fue interesante que Dios no mencionase cómo un rey obtendría su sueldo, pero
dio instrucciones sobre como un sacerdote obtendría el suyo. Continuemos con los versículos 3
al 5:
Deuteronomio 18:3-5 “. . . Jehová, él y sus hijos para siempre.”
Aquí tenemos un gran principio que Dios estableció. Creemos que éste es aún el método que
Dios usa para llevar a cabo su obra en el mundo. Creemos que Dios espera que Su pueblo
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sostenga económicamente la obra de proclamar la Palabra de Dios al mundo. Veamos ahora la
prohibición del
ESPIRITISMO
Leamos los versículos 9 hasta el 12 de este capítulo 18 de Deuteronomio:
Deuteronomio 18:9-12 “. . . Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.”
Cuando los israelitas entraran en la tierra prometida, no debían seguir las costumbres paganas
que practicaban los moradores de esa tierra. El apóstol Pablo advirtió en su primera carta a
Timoteo, capítulo 4, versículo 1, que: “. . . en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe,
escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” Es decir, estarán echando
mano de ese mundo invisible y satánico.
Ahora, permítanos especular, y usted puede creer según estime conveniente. Pero creemos que
ahora hemos llegado a ese período. Existen iglesias de Satanás, donde en verdad adoran a
Satanás. Muchos dicen que esto no es nada más que una novedad. Dicen que es una tendencia de
la naturaleza humana a seguir todo aquello que sea novedoso. Pero estimado oyente, creemos
que hay muchísima realidad en la adoración de Satanás. No se trata de un grupo de ignorantes,
ni de escasa preparación cultural. Debe haber una realidad, puesto que Satanás es real, y
creemos que los que en esto participan, sí hallan una experiencia real en esta adoración. Y Dios
advirtió en cuanto a esto.
Queremos decir esto porque hace falta hoy en día, que alguien lo diga. Existe el peligro de jugar
con la astrología. Recuerde que en el capítulo anterior leímos la condenación de la adoración del
sol, de la luna, y de las estrellas. Y hay mucha gente que pone más énfasis en la astrología, que
en la Biblia. Las tiendas de revistas están llenas de material sobre este tema. Lo vemos por todas
partes.
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Estimado oyente, este tipo de cosas es una abominación al Señor, porque aleja a muchos del Dios
vivo y verdadero. Les sumerge en tinieblas y en la creencia en demonios. Hay una realidad en
cuanto al mundo de demonios. Existen ángeles caídos y el mundo espiritual. Se trata de una
realidad y la gente está intrigada por ello. Hacen uso de las drogas y se sirven de todos los
medios posibles para tratar de comunicarse con ese mundo invisible, el mundo satánico. Y ese
mundo, se alegra muchísimo de comunicarse con ellos.
Un hijo de Dios no debe implicarse en estas cosas. Cualquiera que de un paso en esa dirección,
revela tener una fe débil y que no confía de veras en Cristo como su Salvador personal. Eso
quiere decir que usted se está apartando del verdadero Espíritu Santo y de la Palabra de Dios.
Dios ha hecho advertencias en cuanto a este tipo de cosas. Sus amonestaciones han sido muy
exactas en el pasado. ¡Es mejor, pues, que le sigamos y le obedezcamos! Veamos ahora los
versículos 13 y 14 de este capítulo 18 de Deuteronomio:
Deuteronomio 18:13-14 “. . . a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.”
Aquellas naciones en la tierra prometida debían ser juzgadas por esta misma causa. Israel había
sido llamado para ser testigo del Dios vivo y verdadero. Continuemos con los versículos 15
hasta el 17, que inician el párrafo titulado
LA PROMESA DE UN PROFETA
Deuteronomio 18:15-17 “. . . han hablado bien en lo que han dicho.”
Los hijos de Israel debían escuchar a los profetas. ¿Por qué? Porque hablaban la verdad. Eso era
lo fundamental. Pero la segunda razón por la cual debían escuchar a sus profetas era porque se
les estaba preparando para escuchar al Mensajero final, al Profeta final, al Señor Jesucristo.
Algunos todavía preguntan por qué Dios no se revela en el día de hoy. Estimado oyente, en la
persona del Señor Jesucristo, Dios puso el punto final a la frase. Dios escribió el “terminado” al
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final del libro. Dios puso las últimas comillas a la cita. No tenía nada más que decir al mundo,
que lo que había sido dicho en Jesucristo. Debemos pues, escucharle a Él. Debemos prestarle
atención a Él. Usted recordará que en la transfiguración que, tuvo lugar en la cima de un monte,
Dios el Padre dijo en Mateo 17:5 “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él
oíd.” Estimado oyente, escúchele a Él. Él es la palabra final.
Para los creyentes hoy, el Señor Jesucristo es la revelación final, completa y última de Dios al
hombre. Esto es lo que Moisés estaba diciendo aquí en el libro de Deuteronomio. Leamos ahora
los versículos 18 y 19:
Deuteronomio 18:18-19 “. . . Hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”
El Señor Jesucristo dijo una y otra vez que las palabras que hablaba no eran Suyas, sino del
Padre. Por ejemplo, en el capítulo 14 del evangelio según San Juan, versículo 10. Dijo que las
palabras que hablaba no eran de Él, sino del Padre. En el capítulo 5, verso 30 del evangelio de
Juan, y muchas veces en el capítulo 6, el Señor Jesús dijo que Él no vino para hacer Su propia
voluntad, sino para hacer la voluntad del Padre. Y al terminar el Señor Su ministerio terrenal, oró
en aquella gran oración sacerdotal, en la cual dio Su informe final al Padre, en el capítulo 17 de
San Juan, diciendo: “He acabado la obra que me diste que hiciese.” Había hablado todo lo que
el Padre quería que dijera...
Si Dios hablara desde el cielo en este mismo momento, no diría nada que ya no ha sido dicho por
Él. Simplemente se repetiría. Todo lo que intenta decirnos a usted y a mí, estimado oyente, se
encuentra en la persona de Cristo.
Ése es el motivo por el cual no debemos implicarnos la astrología. Es la tendencia de la
naturaleza humana querer explorar lo desconocido, saber acerca del futuro. Hay un deseo
insaciable de explorar lo misterioso. Hay algo de ese espíritu de Cristóbal Colón en todos
nosotros. Ahora mismo estamos explorando el espacio y las profundidades de los océanos. Nos
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gusta ampliar el conocimiento en nuevas áreas. No sólo hacemos esto en el espacio, sino
también en el tiempo. El hombre quiere conocer algo en cuanto a aquel futuro misterioso. La
memoria nos puede hacer retroceder al pasado, pero no hay un vehículo similar que nos lleve al
futuro, en cuya puerta parece haber un cartel que dice “Prohibido entrar”. Es evidente que el ser
humano tiene grandes limitaciones en cuanto al tiempo y al espacio,
Para poder satisfacer este anhelo insaciable, se levantaron entre los paganos hombres tales como
espiritistas y magos, así como también surgieron métodos de adivinación. Dios advirtió a Su
pueblo en cuanto a estas cosas, porque se relacionaban con la idolatría y eran satánicas en su
origen. ¿Podían éstos predecir el futuro? Bueno, sí había cierto grado de exactitud. Los griegos
hacían uso del oráculo en Delfos y al parecer, recibieron allí alguna información exacta. Pero
aquello era satánico. Algunos dicen que Hitler por ejemplo, acudió a algún tipo de adivino. Y la
sección de anuncios de algunos periódicos en nuestras ciudades, le revelará a usted que hay
muchos adivinos que se ganan la vida hablando acerca del futuro. Muchas de sus predicciones
son tan generales, que necesariamente tienen que ser exactas para algunos. Pero recordemos que
al hombre nunca le ha sido dado ningún control sobre el futuro.
Sólo Dios puede predecir el futuro. Pertenece a Él. Ése es el carácter singular de la Palabra de
Dios. Llega más allá del presente. La prueba más grande para mí de que la Biblia es la Palabra
de Dios, es el cumplimiento de la profecía. Una cuarta parte de toda la Biblia era profecía en el
tiempo en que fue escrita, y una gran porción de esa profecía ya se ha cumplido. Dios ha
registrado profecías en cuanto a ciudades y naciones, y grandes imperios mundiales. Bajo tales
circunstancias, aparecerían falsos profetas, tal como han surgido en la actualidad Quieren tener
el estado legal y la posición que perteneció al verdadero profeta de Dios. ¿Cómo podían
protegerse los israelitas de los falsos profetas? Dios dio una prueba mediante la cual podrían
estar seguros sobre si un hombre era un verdadero profeta de Dios, o un profeta falso.
Veamos pues
LA PRUEBA PARA DISTINGUIR ENTRE LOS PROFETAS VERDADEROS Y FALSOS
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Era evidente que había falsos profetas entre la gente. Desafortunadamente, Israel no aplicaría las
reglas de Dios para identificarles. Leemos en Jeremías capítulo 14, versículo 14, y sería mejor
que usted también lo busque, “Me dijo entonces el Señor: Falsamente profetizan los profetas en
mi nombre; yo no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y
engaño de su corazón os profetizan.” Como usted ve, era fácil que los falsos profetas hablasen
de reinos venideros y de siglos futuros. El profeta Jeremías también habló del futuro. Ahora,
¿Cómo se podía decir quién era el verdadero profeta? Hoy en día lo podemos saber porque una
gran parte de la profecía de Jeremías ha sido ya cumplida. Pero, ¿cómo les resultó posible a los
israelitas saberlo en el tiempo en que la profecía fue pronunciada? Bueno, Dios les dio una
prueba que daría un resultado exacto. Volviendo al capítulo 18 de Deuteronomio, leamos los
versículos 20 al 22:
Deuteronomio 18:20-22 “. . . el tal profeta; no tengas temor de él.”
Vamos a considerar esto por un momento. Isaías era profeta de Dios, un verdadero profeta de
Dios. Ahora, ¿Cómo lo sabemos? Profetizó que la virgen concebiría y daría a luz un hijo. El
claramente señaló la venida del Señor Jesús; Su nacimiento, Su vida y Su muerte. Ahora,
supóngase que algunos hubieran preguntado a Isaías, ¿cuándo iba a tener lugar todo esto? El
habría contestado que no estaba muy seguro, pero que podría ocurrir después de centenares de
años. (En realidad fueron 700 años.) Bueno, ese grupo se reiría y diría que para ese entonces,
ellos ni siquiera estarían presentes para saber si
había dicho la verdad, o no. La prueba
consistiría en que todos los verdaderos profetas tendrían que dar predicciones en cuanto a
situaciones locales que fuesen a ocurrir inmediatamente, y tendrían que ser rigurosamente
exactos. No podían equivocarse en ningún detalle de su profecía. Cualquier inexactitud les
descalificaría en al acto como verdaderos profetas de Dios.
Ahora, miremos una vez más a Isaías. Él profetizó el nacimiento virginal y hoy en día podemos
mirar, 2000 años atrás, al cumplimiento de esa profecía y saber que fue exacto. Pero, ¿cómo
podía saber eso la gente de aquel entonces? Bueno, podían saber porque Isaías fue al rey
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Ezequías con una profecía sobre un evento de su época y le dijo que no tuviera miedo. Había un
ejército asirio de unos trescientos mil soldados ávidos de entesar el arco, los cuales rodeaban la
ciudad, pero Isaías dijo que ni una sola flecha entraría a la ciudad.
Estos asirios habían
conquistado otras naciones y estaban allí para conquistar a Jerusalén, y para llevar a Israel al
cautiverio. Pero Isaías le dijo a Ezequías lo que Dios había dicho sobre ellos, y podemos leerlo
en Isaías 37:33 y 34, que dice: Por tanto así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará
en esta ciudad ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo ni levantará
contra ella baluarte. Por el camino que vino, volverá y no entrará en esta ciudad, dice el Señor.
Todos estos soldados del ejército asirio tenían arcos y flechas. Cabía esperar que uno de ellos
dejara ir volando alguna flecha sobre la muralla, simplemente para ver si le era posible darle a
alguien. Era de esperar que en un ejército de trescientos mil hombres, hubiera un soldado
ansioso de disparar la flecha. Ahora, si una sola flecha entraba en la ciudad, Isaías perdía su
posición como verdadero profeta de Dios. Pero, ¿sabe usted que ninguna flecha entró en la
ciudad? Ni siquiera una. Isaías pues, pasó la prueba con su profecía. Hubo otras ocasiones en
que Isaías habló en cuanto a una situación local, y sucedió tal como él había dicho. El verdadero
profeta pues, tenía que acertar la totalidad de las veces que profetizaba.
Ahora, ¿Qué diremos de nuestra época? Esta prueba descalificaría a cualquiera que alegue ser un
profeta que predice el futuro. Un verdadero profeta debe ser exacto en todo detalle, cada vez que
hable sobre el futuro. Pero, ¿sabía usted que no hay ninguna advertencia, hoy en día, en cuanto a
los falsos profetas para la Iglesia? ¿Y sabe por qué no? Porque no hay más profecía para ser
revelada. Toda ha sido revelada ya en el Señor Jesucristo y en Su Palabra. La advertencia que
hoy nos concierne a nosotros, no es en cuanto a los falsos profetas, sino en cuanto a los falsos
maestros. El apóstol Pedro habló de esto en su segunda carta, capítulo 2, versículo 1, cuando
dijo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos
maestros.” El consejo para nosotros es escuchar con mucho cuidado la enseñanza de la Palabra
de Dios. Cualquier cosa que se nos diga hoy en día, debe ser conforme a la Palabra de Dios.
Cada uno puede estudiar la Palabra de Dios. Ese es nuestro criterio. Pero debemos cuidarnos de
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los falsos maestros, y debemos juzgar lo que dicen según su conformidad o falta de conformidad
con la Palabra de Dios.
Y así estimado oyente, concluye nuestro estudio del capítulo 18 de Deuteronomio y llegamos a
DEUTERONOMIO 19:1-21
Ahora en el capítulo 19 se nos habla de las ciudades de refugio, de la extensión de la tierra y de
la severidad de la ley. Este capítulo 19 comienza con instrucciones en cuanto
LAS CIUDADES DE REFUGIO
En el libro de Números 35, vimos que los Levitas tenían que establecer 3 de estas ciudades en el
lado oriental del Jordán, y 3 en el lado occidental.
A modo de resumen de los versículos 2 al 4, diremos que un hombre que había matado
accidentalmente a otro, podría huir a una ciudad de refugio. Esto no se aplicaba a un homicidio
premeditado. Dios aclaró que estas ciudades de refugio proveerían protección a los inocentes y
dio un ejemplo de lo que entendía por muerte accidental. En los versículos 5 y 6 dijo que dos
hombres trabajaban juntos en el monte. Al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algún
leño, si saltaba el hierro del cabo y daba muerte a uno de los hombres, al otro se le permitía huir
a la ciudad de refugio, donde sería protegido de la reacción airada de algún familiar del muerto o
de la ira de la multitud, hasta que pudiera ser enjuiciado con imparcialidad. El Señor especificó
que estas ciudades no serían para proteger a aquellos que fuesen culpables de homicidio
premeditado...
Veamos entonces lo relacionado con la extensión de la tierra. Leamos los
versículos 8 y 9 de este capítulo 19 de Deuteronomio:
Deuteronomio 19:8-9 “. . . entonces añadirás tres ciudades más a estas tres.”
La prueba del amor es la obediencia. Si Israel hubiera obedecido a Dios, los israelitas habrían
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sido bendecidos y Dios habría extendido su tierra. Entonces habrían podido añadir tres ciudades
de refugio más. Pero nunca necesitaron de ellas por la sencilla razón de que solamente ocuparon
parte de la tierra prometida. Ahora, leamos el versículo 14 de este capítulo 19 de Deuteronomio,
que nos habla sobre
LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD
Deuteronomio 19:14 “. . . la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos.”
Tenemos aquí el hecho de que los límites eran inviolables. Ésta era la protección de la propiedad
humana, y establece los derechos de propiedad. Leamos el versículo 15 de este capítulo 19 de
Deuteronomio, para considerar
LA SEVERIDAD DE LA LEY
Deuteronomio 19:15 “. . . o tres testigos se mantendrá la acusación.”
Este pasaje nos revela lo terrible de la ley. Las demandas de la ley fueron tremendas, y un solo
testigo no era suficiente en ningún caso. Cualquiera que diga hoy que quiere vivir bajo la ley,
debería descubrir lo que la ley realmente implica.
Ahora, en los versículos 16 al 20, el Señor explicó si se levantaba un testigo falso, entonces el
acusado y el acusador debían presentarse ante el Señor, representado por los sacerdotes y los
jueces. Ahora, si los jueces decidían que el testigo era falso, entonces, lo que él quería que le
hicieran al acusado, sería precisamente el castigo que él mismo recibiría. De esa manera la
maldad debía ser quitada de la nación. Leamos ahora el versículo 21, el versículo final de este
capítulo 19 de Deuteronomio:
Deuteronomio 19:21 “. . . Por diente, mano por mano, pie por pie.”
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Ésa es la ley, estimado oyente. No había nada de misericordia en la ley. Doy gracias que el
Señor hoy, no me está juzgando en base a la ley. Me salva por la gracia. Si Él me salvara por la
ley, yo estaría perdido para siempre, porque nunca me sería posible cumplir los requisitos de la
ley. La ley es la ley. En la actualidad hemos adoptado una actitud muy indiferente en cuanto a
ella. Pero Dios ejecutó la ley, y seguramente recordamos la frase “Ojo por ojo, diente por
diente”. ¡Cómo le doy gracias a Dios que Jesucristo pagó la pena de la ley, para que hubiera
perdón para los pecadores! El tribunal de Cristo se ha constituido en un lugar de misericordia
porque Cristo murió y Su sangre ha sido rociada allí, como antiguamente, en el propiciatorio o
tapa del arca, y esa fue la sangre del Nuevo Pacto. Dios nos salva por Su gracia. No hemos
guardado la ley; la hemos quebrantado. Todos somos culpables delante de Dios. Pero Cristo
pagó la pena a fin de que los requisitos de la ley fuesen cumplidos. Ahora, Dios tiene libertad
para salvar a los pecadores, por Su maravillosa e infinita gracia. Por eso me salvó a mí y,
estimado oyente, también puede salvarle a usted.
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