El Discernimiento Ignaciano

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El Discernimiento Ignaciano
Para San Ignacio, el discernimiento de espíritus es un proceso cuyo fin es elegir,
en oración, entre caminos buenos, solamente lo que más conduce al servicio y
alabanza de nuestro Señor, y a nuestra salvación. El discernimiento supone el Principio
y Fundamento ignaciano, la indiferencia frente a la vida larga o vida corta, honor o
deshonor. Se discierne los espíritus sin cargar la balanza.
El principio y fundamento según San Ignacio es alabar, hacer reverencia y
servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima; y las otras cosas sobre
la haz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecución
del fin para que es criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas,
cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le
impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en
todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido;
en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza
que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo
demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos
criados.
Si bien esta es la “razón de ser” de todas las criaturas, cada uno posee un
principio y fundamento personal, una misión a la cual cada uno a sido llamado y que
sólo uno puede llevar a buen término. El discernimiento que se da en una primera
aproximación a los ejercicios espirituales de San Ignacio nos ayuda a ponerle “cuerpo”
a esta misión personal, a definir que es para nosotros alabar, hacer reverencia y
servir.
El sujeto escoge un camino en libertad. Dios llama, con amor, y el sujeto
responde, por amor. El Señor respeta la autonomía del sujeto, pues, el amor no se
hace a la fuerza. Al mismo tiempo, el sujeto opta libremente cuando sus deseos no son
condicionados por sus apegos a cosas mundanas, cuando puede entregarse
generosamente a la voluntad del Señor. Por eso, el discernimiento requiere un gran
desprendimiento de las cosas creadas.
La salvación es nuestra felicidad, nuestra plenitud, la conciencia de que la vida
tiene sentido. Algunos preguntarán, ¿salvación de qué? De la infelicidad, del vacío, de
la pérdida del sentido, del pecado y de la muerte. De alguna manera, todo hombre
necesita ser rescatado del mal, de sí mismo, o por último, de la condición humana. Es
importante reconocerse perdido para poder desear ser salvado. El ignaciano es un
hombre que se percibe como pecador, sin embargo, amado, salvado y llamado por el
Señor. El Reino de Dios es de los pobres de espíritu, los que nada tienen; no de que
nada necesitan.
En rigor, se discierne espíritus, y no cosas. Por ejemplo, no se discierne entre
las carreras de arquitectura y medicina, como si fuera una prueba con alternativas. Se
discierne sobre si mi deseo de ser arquitecto o doctor procede del buen espíritu, o del
mal espíritu.
Las mociones son los deseos profundos del alma. El Señor nos habla mediante
estos deseos, abriéndonos el camino al cual él nos invita. Las mociones que son del
buen espíritu, las que son movimientos del Espíritu Santo, son acompañadas de la
consolación espiritual. Ignacio dice: “llamo consolación cuando el alma es llevado a
inflamarse en amor de su Creador y Señor. Así, cuando lanza lágrimas motivadas por
el amor de su Señor. (...) Finalmente, llamo consolación todo aumento de esperanza,
fe y caridad y todo gozo interno que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia
salvación, quietando y pacificando el alma en su Señor (EE 316)”.
Existen, además, mociones del mal espíritu. Éstas también se llaman
tentaciones, o engaños. A veces, son acompañadas de lo que Ignacio llama la falsa
consolación, una especie de ardor fraudulento que lleva lejos de las cosas celestiales,
que pone la salvación en peligro. Otras veces, el movimiento del mal espíritu produce
desolación: oscuridad del alma, ansiedad, moción a las cosas bajas y terrenas;
inquietud, agitaciones y tentaciones. Hace perder la fe, sentirse sin esperanza, sin
amor; hallándose todo perezoso, tibio, triste y como separado de su Creador y Señor
(EE 317).
El discernimiento ignaciano es un método que ayuda a distinguir entre el buen
espíritu, origen de los movimientos interiores que provienen de Dios, y el maligno, que
milita en contra. San Ignacio parte de un presupuesto; en toda persona, existen tres
“voces” internas; la del buen espíritu que viene de Dios, la del mal espíritu que viene
del malo y una tercera que es las propias inclinaciones de uno. En este sentido,
nuestra libertad también tiene algo que decir en los discernimientos.
Ignacio nos dejó Reglas de discernimiento para ayudarnos a navegar entre
los vientos de la consolación y la desolación. Están las Primeras reglas, propias de
los movimientos espirituales de una persona que va en camino de la conversión, y
luego las Segundas reglas, propias de las mociones de una persona convertida que
busca cómo servir al Señor. El proceso no es fácil. Uno puede autoengañarse, o ser
engañado. Por eso, es bueno compartir los pasos de tu discernimiento con tu director o
guía espiritual. Otras veces, un buen amigo es el mejor compañero del discernimiento.
Es obvio que no se discierne entre lo bueno y lo malo. Es impensable que sea la
voluntad de Dios que una persona elija un camino malo. Es absurdo pensar que Dios
quiere que uno cometa un pecado. Por eso, no se puede “discernir” sobre cometer un
aborto. Uno puede pedir ayuda al Señor: la fuerza necesaria para no caer. Pero no se
llama discernimiento.
Ignacio habla de tres tiempos de discernimiento. Estos son tres estados
espirituales distintos, cada uno con su método propio. El discernimiento de primer
tiempo es aquél que no deja lugar a duda. Es un estado de apasionamiento espiritual
que hace inimaginable cualquier otra alternativa. Es cuando la ola del amor de Dios
pasa a llevar a la criatura, cuando el ardor del corazón quema como amor a primera
vista. En las palabras de Ignacio, “el primer tiempo es cuando Dios nuestro Señor así
mueve y atrae la voluntad, que sin dudar ni poder dudar, el alma devota sigue a lo que
es mostrado; así como San Pablo y San Mateo lo hicieron en seguir a Cristo nuestro
Señor.” (EE 175)
El discernimiento de segundo tiempo es “cuando se toma claridad y
conocimiento por experiencia de consolaciones y desolaciones, y por experiencia de
discreción de varios espíritus.” (EE 176) En este tiempo, uno considera seriamente las
diferentes alternativas que se presentan, y tomando en cuenta las ventajas relativas
de hacer o no hacer, orar, poniendo mucha atención en cuales alternativas y cuales
ventajas causan en uno consolaciones y desolaciones. Es un tiempo de agitación
espiritual, pero que permite comparar. Por lo mismo, es importante llevar un registro,
anotando cuáles ideas, imágenes y sueños provocan gozo espiritual y lágrimas, y
cuales nos hacen sentir lejos de Dios.
El discernimiento de tercer tiempo es de tranquilidad. El espíritu del devoto no
se siente ni apasionado ni agitado, sino que usa libremente de sus facultades naturales
para conocer y entender las opciones posibles para servir al Señor. Es un tiempo en el
cual pesan más las razones, pero siempre desde la indiferencia ignaciana (tomo las
cosas en cuanto me sirven para alcanzar la voluntad de Dios y las dejo cuando me
alejan).
Es importante tomar en cuenta en qué tiempo espiritual se está haciendo un
discernimiento, para así proceder según el método que corresponde. Si uno se pone a
razonar mucho en un discernimiento de primer tiempo, es como dudar de Dios—una
falta de fe y un insulto para uno que te invita con tanto ardor. Por el otro lado, quien
usa de sus pasiones en un discernimiento de tercer tiempo corre el peligro de dejarse
llevar por sus propios afectos desordenados, queriendo ser llevado por el espíritu del
Señor.
Entonces, ¿Cómo discierno la voluntad de Dios en mi vida?... vamos por partes.
Presentaremos una pequeña “metodología” (insuficiente y precaria por cierto) para
adentrarnos al mundo del discernimiento.
I.- Definición del tiempo
Como mencionamos anteriormente, es importante ver en qué tiempo me encuentro. Si
tengo certeza absoluta de algo, pues las entrañas y el corazón así me lo indican, sólo
debo confirmar mi elección (ya sea con mi acompañante espiritual, con un buen
amigo o con el curso de los acontecimientos). En el caso que esté en segundo tiempo,
estoy en tensión, en una agitación espiritual. De esta manera, como estoy “agitado”
debo ver primero de dónde viene mi predilección por alguna de las alternativas de mi
elección, o porqué estoy tan confundido. Para este tiempo se recomiendan las
primeras reglas de discernimiento, para ver cuales mociones vienen del bien espíritu
y cuales de malo, para así obrar según el bueno. Para el tercer tiempo, yo estoy
tranquilo, en un período en que se me presentan las elecciones y yo sólo quiero seguir
al Señor, por lo que puedo “razonar” de mejor manera que en el segundo tiempo. En
este tiempo se recomienda, tomando en cuenta los talentos y las limitaciones de uno
mismo, las necesidades de nuestros tiempos, y las posibilidades que se presentan,
optar por lo que nos parece más razonable, eligiendo mediante tres ejercicios
realizados en oración.
II.- Primeras reglas de discernimiento
Estas reglas son para sentir y reconocer en algún modo los variados movimientos en
nuestro ánimo, con el fin de aceptar los buenos y rechazar los malos y así elegir bien.
¿Cómo opera el buen espíritu?
Existen DOS REGLAS BÁSICAS:
1.ª regla: A las personas que van de pecado grave en pecado grave, acostumbra
comúnmente el mal espíritu proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar
deleites y placeres sensuales, para conservarlas y hacerlas prosperar en sus vicios y
pecados; en estas personas el buen espíritu actúa del modo contrario, picaneándolas y
haciéndoles sentir remordimiento en su conciencia por medio de la razón.
Un ejemplo algo burdo; una persona es muy sociable y por esta buena cualidad, se
despreocupa de su trabajo y sale a carretear todas las noches, con el fin de “cultivar”
las amistades. Esto hace que empiece a rendir poco en su buen trabajo.
Probablemente el mal espíritu, al tener que decidir si salir o no, le hará recordar lo bien
que lo pasa con sus amigos y cómo ha podido “pasar piola” en el trabajo, mientras que
el bueno le recordará que es necesario dormir para trabajar de buena forma en la
mañana siguiente.
2.ª regla. A las personas que van purificándose de sus pecados, y en el servicio de
Dios nuestro Señor ven de bien en mejor, pasa lo contrario de la primera regla; porque
entonces propio es del mal espíritu morder, entristecer y poner impedimentos,
inquietando con falsas razones, para que la persona no siga adelante; y propio del
buen espíritu dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud,
facilitando las cosas y quitando todo impedimento, para que en el bien obrar proceda
adelante.
Otro ejemplo burdo: Una persona quiere seguir la voluntad de Dios y ha discernido que
su misión pasa por sus cualidades de líder por la cual se hace cargo como Jefe de
algún proyecto apostólico. A medida que el proyecto avanza, el mal espíritu empezará
a preguntarle sus verdaderas razones por la cual está siendo jefe.. ¿no será que hay
unas ansias de poder y de reconocimiento mayores a las ganas de servir??.. El buen
espíritu por su parte, lo animará y la dará paz.
¿Cómo opera el mal espíritu?
Existen TRES REGLAS BÁSICAS:
1.ª regla (que en realidad para San Ignacio es la regla Nº12): el enemigo se hace
como aquella persona que cede al que la enrostra pero es violenta por inclinación. Esta
persona al pelear con uno, huye cuando uno la enfrenta, pero si uno huye de aquella
persona y comienza a desanimarse, la ira, venganza y ferocidad de la persona crecen
sin medida. De la misma manera, el enemigo se caracteriza por mostrarse débil
cuando uno se ejercita espiritualmente y enfrenta con firmeza las tentaciones haciendo
lo diametralmente opuesto. Por el contrario, si uno tiene temor y se inseguriza, no hay
bestia tan fiera sobre la tierra como este enemigo, el que prosigue entonces su
perversa intención de alejarnos de la voluntad de Dios con su inmensa maldad.
Otro ejemplo muuuy burdo: El mal espíritu es como aquél niño que en el colegio nos
molestaba todo el día y no paraba de hacernos quedar en ridículo frente a todo el
curso. Mientras más lo evitábamos, parecía que más la agarraba con nosotros. Pero el
día que decidimos levantar la voz y oponernos a él, nunca más molestó.
2.ª regla (que es, en realidad, la regla Nº13): el mal espíritu se hace también como
un galán mentiroso que quiere ser secreto y no descubierto. Cuando éste habla con
malas intenciones a la hija de un buen padre o a la mujer de un buen marido, quiere
que sus palabras e insinuaciones queden secretas y se disgusta mucho si, al contrario,
la hija habla a su padre o la mujer a su marido, descubriéndolo en sus mentiras porque
sabe que no podrá continuar lo que emprendió. De esta misma manera, cuando el
malo se acerca a una persona buena con astucias quiere que sus intenciones sean
recibidas en secreto, pero cuando la persona las descubre a su confesor o a otra
persona que sepa de los engaños del malo, se molesta mucho y huye.
3.ª regla (en realidad la Nº14): El mal espíritu se parece también a un caudillo, para
dominar y robar lo que desea. Un general o un caudillo una vez establecido en su
puesto de mando y mirando las fuerzas y el dispositivo de defensa de una fortaleza, la
ataca por su parte más débil. De la misma manera, el mal espíritu nos mira todas
nuestras virtudes y donde encuentra la más débil, nos ataca.
Por ejemplo: Yo soy una persona muy servicial y que realizo mucho trabajo apostólico.
El mal espíritu no me propondrá ir y matar a alguien, porque evidentemente no lo
haré, pero posiblemente, porque sabe que soy servicial, me invitará a demasiados
buenos proyectos, con el fin de agotarme y de comprometerme con tantas cosas que
no podré cumplir ninguna.
¿Cómo se cuando estoy en consolación o desolación?
Como ya hemos dicho anteriormente hay ciertos “signos exteriores” que nos ayudan a
discernir en que estado estamos.
Consolación
Amor a Dios o a
hermanos
Aumento de fe
Alegría interior
Tranquilidad y paz
Desolación
los
Desconfianza
Falta de amor
Predilección por cosas “secretas”
Tristeza
Tibieza en mi accionar, no jugármelas por
entero. (este es uno de los mejores
indicadores)
Y ahora, ¿Qué decisiones tomo?
Existen REGLAS PARA EL TIEMPO DE LA CONSOLACIÓN: Las decisiones pueden
tomarse con los tres ejercicios del tercer tiempo. Sin embargo debe tomarse en cuanta
que:
1.ª regla (Nº10): Cuando se está en consolación debe procurarse de tomar fuerzas
para cuando el mal espíritu ataque.
2.ª regla (Nº11): Debe mantenerse humilde, pues en este estado es un regalo de Dios
y no propias cualidades de uno.
Existen REGLAS PARA EL TIEMPO DE LA DESOLACIÓN:
1.ª regla (Nº5): En tiempo de desolación, NUNCA REALIZAR CAMBIOS. Uno se debe
mantener firme en los propósitos anteriores al período de desolación, cuando uno
estaba en paz y tranquilidad. Esto es porque en la consolación nos guía el buen
espíritu, mientras que en la desolación el malo intenta hacer cambiar nuestros
propósitos.
2.ªregla (Nº6): Si bien no es recomendable cambiar nuestros propósitos, si se
recomienda insistir más en la oración para ir en contra de la desolación.
III.- Tres ejercicios para tercer tiempo
1er Ejercicio: mirar a un hombre que nunca se ha visto ni conocido, y deseando yo
toda su perfección, considerar lo que yo le diría que hiciese y eligiese para mayor
gloria de Dios nuestro Señor y mayor perfección de su alma, y hacer yo lo mismo.
2º Ejercicio: Considerar que estoy al borde de la muerte, y ver qué me hubiera
gustado elegir en este momento, y realizar eso.
3er Ejercicio: Mirando y considerando cómo me hallaré el día del juicio final frente al
Señor, pensar cómo entonces querría haber elegido, y la opción que entonces querría
haber tenido, tomarla ahora, porque entonces me halleré con entero placer y gozo.
ENTONCES, VAMOS A LA PAUTA DE ORACIÓN:
Preparación de la oración


Disponerme para la oración: Caer en la cuenta que estaré conversando con el
Señor, calmarme y preparar el corazón (Se recomienda cantar alguna canción,
rezar el Padre Nuestro, etc.)
Preparar la oración: Tener claro lo que voy a rezar, preparar los textos antes de
ponerme a rezar, tener todo lo necesario (si utilizo velas, imágenes, etc). Pedir
que no interrumpan el propio rato de oración y decidir cuanto tiempo se estará
en oración PREVIAMENTE.
Cuerpo de la oración:






Dar gracias: a Dios nuestro Padre por el regalo del día vivido, por tantos
beneficios recibidos de salud, relaciones, sentimientos, trabajo, vitalidad, etc.
Pedir una gracia que se quiere recibir en la oración: Por ejemplo.. “Señor
concédeme la gracia de tomar esta decisión acorde a tu voluntad”.
Leer algún pasaje de la Biblia que pueda ser iluminador.
Ver en que tiempo estoy.
Seguir las reglas acorde con el tiempo
Terminar con un Coloquio: esto es conversar con el Señor como si se tratara de
un amigo presente físicamente… ¿Qué he hecho por Cristo?,¿Qué hago por
Cristo?, ¿Qué haré por Cristo?
Evaluar la oración

Una vez concluido el tiempo de oración que me propuse en la preparación, y
terminada ésta, la evalúo. ¿Dónde estuvo Dios?,¿Qué me dio paz y que no me
la dio?,¿Me ayudó el lugar donde recé?,¿Fue el tiempo suficiente?......
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