Violencia: ¿Tendencia natural, acto perverso o pulsión de muerte?

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Violencia:
¿Tendencia natural, acto perverso o pulsión de muerte?
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Fernando Anguiano González
Abril 2016
Jornadas Virtuales Lima-Brasilia-Guadalajara.
El Triángulo Del Psicoanálisis
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El presente trabajo está dentro del marco de las Jornadas virtuales de
OCAL, compartiendo con los compañeros de Lima, Brasilia, Guadalajara y otros
lugares de Latinoamérica. El tema que me convoca a escribir es la violencia social
en nuestro país e intentaré pensar desde diferentes perspectivas qué entiendo por
violencia, con que otros conceptos la relaciono, y plantearé el crecimiento gradual
desde lo normal hasta lo patológico, tal vez llegando hasta lo terrorífico, que es
cada vez más común ver manifestaciones de la violencia a este nivel terrible en
todo el mundo, por supuesto también en mi país.
Desde el inicio del psicoanálisis se ha planteado que somos, al comienzo
de la vida, seres instintivos que deseamos satisfacernos inmediatamente y si eso
no sucede nos volvemos iracundos, demandantes y nos desbordamos. Siempre
se ha planteado un par de cuestiones que hay que reprimir, por ejemplo en el
Edipo, la sexualidad y la agresión. Freud escribió que se conoce primero el odio
que el amor, a partir de la diferencia, el bebé odia a su madre porque no es Uno
con ella. Entonces todos tenemos una agresión interna, que puede ser domeñada,
y la diferencia de que esta energía sea usada para destruir o construir está un
tanto determinada por el ambiente creado por la madre, la familia, la cultura.
Una definición de diccionario de violencia es el uso de la fuerza física para
conseguir un fin, especialmente para dominar o imponer algo. Freud planteó una
tendencia innata hacia el sadismo y el masoquismo relacionada también con el
Edipo claramente expuesta en Pegan a un niño o en El problema económico del
masoquismo, insisto en el papel del ambiente para dominar estos impulsos y
construir, sublimar o simplemente hacer un uso más valioso de nuestra pulsión. Y
me detengo en esto porque hay una delgada línea entre la normalidad de esta
agresión, y la violencia que excede ese límite y ya se le considera patología.
Claramente en Pegan a un niño y en otros escritos de desarrollo, Freud
expresa que hay momentos perversos de desarrollo y que ciertas fijaciones en la
edad adulta a estas etapas ya constituirían rasgos perversos patológicos. El
sadismo y el masoquismo están ubicados claramente como rasgos de esta
patología y es algo que se presenta comúnmente en los consultorios
psicoanalíticos, por lo menos aquí en México. Hay múltiples formas de expresión
de este par antitético, cada forma de expresión es muy particular y está vinculada
con la individualidad de cada paciente, de cada sujeto, sin embargo conocemos
frases “típicas” de personas de clase media baja que como “Si no me pega, no me
quiere.” que muestran este factor evidentemente; los que somos mexicanos,
seguro conocemos numerosas historias de alcoholismo y violencia física en
muchos hogares de nuestro país, violencia contra la mujer. Es más evidente la
violencia física en sectores socioeconómicos más bajos, sin embargo sabemos
que la locura no tiene clases sociales, otras esferas también presentan estas
dinámicas de dominación-sometimiento, insisto, de diversas formas tal vez no tan
visibles, o tan escandalosamente presentes sin embargo pueden estar presentes
del hombre hacia la mujer o viceversa.
Podría pensar que en esta época la mujer en México tiene mucho más
control en sus hogares que los hombres. Esto puede ser analizado desde varias
perspectivas de género, de la inclusión laboral de la mujer en las últimas décadas,
de la pérdida de exclusividad del hombre en su rol de proveedor, sin lugar a duda
hay una crisis en la pareja aunque ahora este tema no me convoca. Rescato
solamente que estas circunstancias pueden mostrar sutilmente el juego del
sometimiento en la pareja, con beneficios para ambos lados debido al plus de
placer mencionado por Aulagnier, y con sus nefastas consecuencias.
Subiendo un poco el tono en la dimensión de la perversión de la violencia,
nos encontramos con ciertas atrocidades que han sucedido a lo largo de la historia
del hombre, ya conocemos muchas, la Inquisición, las guerras y podría mencionar
“N” cantidad de situaciones en donde el dominio, el sojuzgamiento de
gobernantes, de líderes políticos, religiosos, sociales. ¿Cómo se podría catalogar
esto en psicoanálisis? ¿Perversión? ¿Se estará ya entrando el terreno de la
pulsión de muerte?
Me detendré un poco para hablar sobre la pulsión de muerte desde el autor
francés André Green e intentaré vincularlo con el tema de la violencia. Después de
un largo y vigente debate sobre la pulsión de muerte Green tomó su postura
respecto a esta pulsión. Él explica que es una sola pulsión la que está presente en
el psiquismo, y la división conceptual entre la de vida y la de muerte está en
relación a como se utiliza esta energía, es decir, si está energía se liga o no a
otros objetos. Utiliza el término Función objetalizante y función desobjetalizante
para explicar la pulsión de vida y de muerte. La función objetalizante es una
actividad del aparato de investir objetos (personas, funciones, trabajo, etc.) y
nunca cesar en la búsqueda de nuevos objetos, siempre manteniendo la pulsión
en un constante movimiento, buscando satisfacción pero sin encontrar algo que la
sacie por completo. Personalmente lo relaciono con la Falta que introduce Lacan y
que nunca puede ser satisfecha, y gracias a eso tenemos Deseo y ese será por
siempre el motor de la vida. Por el contrario la pulsión de muerte a través de la
función desobjetalizante, y no entiendo porque se llama función, porque al final es
la ausencia de movimiento, es detenerse en cualquier búsqueda, o encontrar un
objeto “único” que de TODA la satisfacción o simplemente descatectizar la vida
misma. Clínicamente pienso que la manifestación más evidente de ésta es la
esquizofrenia grave o la melancolía; el narcisismo muy relacionado con esta
función desobjetalizante.
Partiendo de esto, rescatando brevemente de Green y regresando al tema
principal del trabajo, propongo que el vínculo sádico-masoquista tiene algo de
pulsión de vida debido a que hay un goce en el hacer sufrir al otro, o sufrir por el
otro, hay un vínculo sexual, que liga a las personas, si patológicamente, sin
embargo ligado. Cuando existe una desligadura o un aplanamiento emocional, en
el asesinato, el genocidio, cuando no hay consideración mínima por la vida del
otro, en función de los intereses propios, se estaría pasando a otro nivel de
relacionamiento, se desvincularía la pulsión de vida, y se estaría hablando, no
estoy seguro si de pulsión de muerte, pero si de una destrucción en donde el otro
ya no es objeto, el otro es una cosa, algo que estorba a un grado máximo de
aniquilación psíquica y biológica, una absoluta deshumanización del otro. Está
idea no está completamente construida, no he podido aterrizarla en mayor medida,
y se me ha recomendado leer ¿El porqué del mal? del mismo Green, en donde
analiza cuestiones que superan los límites de ciertas patologías.
Creo que ya no alcanza el hablar de la perversión o de la psicopatía para
explicar cómo grupos criminales en México captan adolescentes de 13 o 14 años
para que sean parte de sus tropas, y terminan siendo acribillados. O migrantes
centroamericanos que pasan por nuestro país en búsqueda del “Sueño
americano” llagando a los Estados Unidos, y terminando disueltos en ácido, o
enterrados en fosas con 200 personas más. Compañeros en Latinoamérica, tal
vez hayan escuchado de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, México, ya
que ha sido una noticia internacional, jóvenes que alzaban la voz y fueron
acallados hasta su desaparición y después de 18 meses no se ha podido resolver
en donde están sus restos; el gobierno mexicano ha devaluado explicaciones de
peritos expertos argentinos, que ellos mismos contrataron pero que al dar otra
versión a la versión oficial del gobierno fueron desestimados, también la ONU ha
incurrido en opiniones sobre los Derechos Humanos en México y el Estado ha
desechado dichas opiniones. El nivel de impunidad y de complicidad del Estado y
el narcotráfico es enorme en nuestro país.
No quiero extenderme más en esto, porque no me siento con las bases
firmes para discutir profundamente sobre estos hechos políticos y sociales,
conozco estos temas a partir de los periódicos y medios de información, pero
estos también son muy cuestionados respecto a su ejercicio ético.
En conclusión quisiera recapitular las 3 dimensiones que visualicé en el
título del trabajo. Si creo que todos tenemos un monto de pulsión innato, algunos
nacemos con una cierta voracidad, con cierta intolerancia a la frustración más que
otros sujetos, y esa puede empujar la balanza, aunque sea levemente, hacia una
postura más agresiva y más violenta que otros. Por supuesto creo también que el
ambiente y las relaciones de los sujetos con el mundo van abonando a la
constitución psíquica de ese sujeto en cuestión, en resumen si somos violentos de
inicio. Creo también que todos somos un poco perversos, tenemos rasgos y
podemos tender a la dominación o al sometimiento, y siempre combinados estos
dos aspectos, uno predominando sobre el otro, pero presentes ambos. Por último
considero que las muestras de violencia extrema rebasan la conceptualización de
la pulsión de muerte, de las estructuras perversas, y tal vez en otro encuentro
pueda platicarles lo que Green menciona del mal por el mal. O tal vez ustedes ya
han leído al respecto y será muy interesante discutirlo con ustedes y profundizar
más en ello.
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