«La inmensa mayoría de los españoles tenemos claro que la única

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EDITORIAL PRENSA ASTURIANA
Director: Isidoro Nicieza
ASTURIAS
«La inmensa mayoría de los españoles tenemos claro que la
única nación es España»
«Occidente es más nihilista que
el islam, donde son creyentes en un sentido intenso y
profundo»
21/05/2006
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Oviedo, Javier NEIRA
Benigno Pendás es profesor de Ciencia Política de la Universidad
Complutense de Madrid, jefe de la asesoría jurídica del Senado,
miembro del Real Instituto Elcano, de la Fundación San Pablo
CEU, de la FAES y desempeñó altos cargos en los gobiernos de
Aznar. Recientemente ha estado en Asturias para formar parte
del jurado de las Artes de los premios «Príncipe».
Benigno Pendás, durante su reciente visita
-España va bien pero...
a Asturias.
-Hay una disparidad curiosa entre la sociedad española, con
sensaciones de optimismo y bienestar, con calidad de vida y la situación política, preocupante.
-¿Por qué es así?
-Hay cuestiones básicas de la arquitectura constitucional que deberían estar resueltas o modificadas con
sumo cuidado y consenso que, sin embargo, se mueven de forma que genera inquietud.
-¿Qué habría que hacer?
-En política el sentido común es capital. El 80 por ciento de los ciudadanos vota a dos grandes partidos.
Es imprescindible un entendimiento entre esos dos partidos. Abrir ciertos debates innecesarios no tiene
sentido.
-¿La nación es la cuestión?
-La inmensa mayoría tenemos muy claro que la única nación es España. Es quizás el Estado-nación más
antiguo del mundo. España no es la suma de otras realidades. No es un ente artificial formado por otras
realidades. Y está abierta por un modelo extremadamente generoso de autonomías. Pero se plantea un
debate de identidades que no quieren los españoles ni es beneficioso.
-Quizá beneficia a Francia.
-El mundo globalizado es terriblemente competitivo. Nadie regala nada. Y quien se echa una losa en la
espalda tiene que andar después con esa losa a cuestas. Hemos dado un salto de gigante en 30 años, lo
tenemos casi todo para ser felices.
-Zapatero sí regala.
-La presencia de España en el panorama internacional con el presidente Zapatero es francamente
mejorable. Nuestras posibilidades dan para una política exterior mucho más ambiciosa. Nuestra política
exterior debería ser de consenso. Hacer política exterior de partido es un error grave. El Presidente tiene
una agenda exterior mínima. Ahora España pesa poco en los foros internacionales.
-Es curioso ver a la izquierda ovacionando a Evo Morales en el Parlamento europeo.
-En Europa se está produciendo un fenómeno llamativo. Se duda de que tengamos la civilización más
justa de la historia. Y se aplaude a veces a gente que no comparte nuestros valores.
-No me imagino a Evo Morales ovacionado en el Capitolio.
-No, pero es que, además, EE UU tiene dificultades para librar la batalla de la imagen...
-Sería el colmo que también ganasen esa batalla.
-Claro, si ganan la batalla material al menos que pierdan o empaten la batalla moral, se dirá. EE UU es la
cuna de la libertad en buena medida, un país admirable. Pero incomoda a mucha gente de la izquierda
que lo identifica con el gran capitalismo. Eso genera antiamericanismo, que criticó Revel, recientemente
fallecido. La opinión pública no se corresponde con lo que dicen ciertos análisis. El presidente Bush volvió
a ganar las elecciones. Todo el mundo está contra Bush, se afirmaba, pero ni mucho menos. El tema de
Irak sí se está complicando. El mundo civilizado tendrá que afrontar cómo relacionarse con el islam y
también con otras grandes potencias como Rusia o China que quieren combinar la autocracia con el
crecimiento económico. Creo que no es posible. En Europa hacemos grandes teorías sobre globalización,
pero la vieja política de poder de las potencias tradicionales sigue funcionando.
-¿Las potencias territoriales como Francia, Alemania, Rusia o China frente a las marítimas como EE UU,
Inglaterra, España, Portugal o Japón?
-Me gusta mucho ese planteamiento. Por ejemplo, EE UU en Irak tiene el problema de que es una
talasocracia, un imperio marítimo, al que resulta muy difícil ocupar un territorio hostil. Las comunicaciones
han cambiado mucho las cosas, pero el espíritu de los pueblos sigue. El gran tema es el islam.
-Siria se va de Líbano, Libia deja de ser un problema...
-Pero la acción en Irak ha sido más difícil de lo previsto. No cabe irse, pero hay que compaginar una
política militar y otra de transferir poderes a las autoridades locales.
-El islam, ¿no es un tigre de papel?
-No lo creo. Cuenta con una potencia demográfica espectacular. Y con una religión que mantiene la
intensidad vital de sus creyentes. Glucksmann dice que el terrorismo islamista procede del nihilismo. Lo
dudo, me parece que somos más nihilistas los occidentales. Ellos son creyentes en un sentido intenso y
profundo.
-Pero están muy divididos.
-Cierto, es un mundo complejo con ramas religiosas distinta.
-Hay quien dice que Irán atacará antes a Arabia Saudí que a Israel.
-Todo fanatismo tiende a pensar que a quienes considera traidores son a sus verdaderos enemigos.
Occidente no toma buena conciencia de esos problemas.
-Si se produce una reforma de la Constitución, ¿podrá haber una contrarreforma?
-La Constitución no necesita cambios. Yo no la tocaría. Pero si se reforma en un sentido, se podrá
reformar en otro. Ahí está el reciente ejemplo de Alemania con los lánder. La nación es la que es. En la
Constitución es la nación española. Y el pueblo es el titular de la soberanía. La nación de naciones no
tiene lógica. Ni la nación sin Estado. Toda nación tiende a una idea estatal actual o futura. No es inocuo
llamar nación a una entidad.
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