Sonrío - Susana Arraigada

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Sonrío. Casi feliz..., casi. Voy volando por alturas increíbles, entre nubes
níveas y brisas perfumadas.
Me mezclo entre pájaros y escucho el concierto de su piar armonioso.
Nunca antes estuve aquí. Es un mundo por mí, desconocido.
Siento el suave rumor de su aleteo majestuoso y es un goce observar el
colorido iridiscente de su plumaje.
Remontan en perfecta formación, para lanzarse como saetas teledirigidas,
hacia algún blanco por mí no visto.
Los pierdo en algunas de sus piruetas..., y quedo como hipnotizada mirando
hacia abajo.
Mi curiosidad, hacia esta masa movediza, luminosa y radiante, me atrae
como imán, pero aun no se qué es.
¿Será agua, ó arena que se mueve de un sitio a otro empujada por el
viento? ¿O son árboles..., animales, quizá? Aventura, aventura ..., decido
descender.
Suavemente voy perdiendo altura. Ya no hay alegres colores. Una niebla
espesa, gris, me detiene; y entreabriendo los párpados con dificultad, puedo
ver ramas que se estiran. Largas varas que se pegan a mi cuerpo
envolviéndolo, como los tentáculos de un pulpo gigantesco.
Mis labios no se despegan; no puedo gritar, además.... ¿quién me ayudaría,
si solo estamos los pájaros y yo.
La babosa que despiden estos seres infernales, me lo impide. Me va
cubriendo lenta pero firmemente, como una gran telaraña.
Me envuelve...., ¿serán manos?
Parecen ramificarse en miles de dedos, flacos, huesudos, venosos, que
lastiman, me ahogan y penetran con avidez humillante sin poder escapar.
No puedo desprenderme de esa gelatina amarillo-verdosa que contamina el
ambiente y me hace vomitar, asqueada..., tratando de conseguir una
bocanada de aire limpio y fresco.
- ¿Serán pulpos? – grito- ¡¿serán pulpos?!
Las ventosas viscosas y adherentes, despiden un tenue vapor tibio,
asfixiante, que enturbia mis ojos y me impide saber en qué averno he caído.
Se mueven con indolencia y casi pesadamente.
Se arrastran..., ¿serán gusanos?...
Siento que pierdo las fuerzas; que chorros de sangre inundan mi cerebro,
para vaciarlo inmediatamente después, dejando algún coágulo que se
desliza sin prisa hasta que algún movimiento brusco de mi cuerpo, que se
debate en furiosa lucha, acelera su recorrido y lo impulsa a reunirse con el
fluido caliente, que con ritmo y precisión, maltrata y entorpece mis
facultades, tratando de convertirme en un guiñapo vapuleado por ésta masa
informe, lasciva, impúdica, libidinosa, que despide un humo maloliente y
pegajoso.
En un brutal esfuerzo que me agota, voy soltándome de esos insolentes
garfios que me aprisionan.
Tal vez...., - pienso – con una burda imitación del aleteo de los pájaros,
pueda desprenderme de ésta pesadilla....
Y comienzo con audaz fantasía, una desesperada carrera contra el tiempo.
Tiempo...., tiempo para mis pulmones a punto de estallar. Tiempo para que
el aire rellene mis vacíos; tiempo para liberarme.
¿Libre¿ ¿Integra? ¡No! Porque han desgarrado mis carnes; robado la
serenidad; me quitaron la sencillez, el candor, la ingenuidad,
convirtiéndome infamemente en adulta.
Pero hay algo que no pudieron rapiñarme...: La imaginación.
Y con ella estoy aquí, volando nuevamente por alturas infinitas, huyendo
del olor nauseabundo de aquello que creí alucinaciones y tan crudamente
descubrí que....
¡Eran solamente hombres!!
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