Tema: Señores feudales y racionalidad económica –o algo así-

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ASOCIACIÓN ARGENTINA DE HISTORIA ECONÓMICA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE RÍO CUARTO
XXII JORNADAS DE HISTORIA ECONÓMICA
Río Cuarto (Córdoba)
21-24 de septiembre de 2010
ISSN 1853-2543
Sobre el problema del crecimiento económico en el sistema feudal, las propuestas del
medievalismo español
Carla Cimino
CEHSE. IdIHCS.
CONICET
En el contexto de la salida de España del régimen franquista se produjo una revisión
historiográfica, a la par que política, del lugar de dicho país en el contexto europeo 1. Hacia
el interior del campo académico la revisión no podía dejar de considerar los paradigmas
imperantes en la historiografía y, dentro de ella, específicamente a la historia medieval. La
ortodoxia en esta materia (políticamente importante pues suele ser central en cuanto al mito
de los orígenes de la “nacionalidad ibérica”) había sido delineada por un historiador de la
talla de Claudio Sánchez Albornoz –que, si bien se hallaba políticamente en las antípodas
del régimen franquista, aparecía, según sostiene Reyna Pastor, como una figura “que no
irritaba a nadie”2- cuya tesis sobre la excepcionalidad española dominaba el horizonte
académico. Según el renombrado historiador, el feudalismo español no era idéntico al del
área clásica pues, mientras en aquella la nota dominante provenía de la fusión y
1
Isabel Alfonso apuntaba, sin desarrollarlo, este dato para la historiografía ibérica: ALFONSO, I.: “Las
historiografías nacionales sobre el mundo rural medieval: una aproximación comparativa.” En: Isabel
Alfonso, Ed.: La historia rural de las sociedades medievales europeas. Tendencias y perspectivas, Universitat
de València, 2008.
2
“Fue, luego de la desaparición de Franco, considerado como una figura conciliadora entre el pasado
republicano y el período de la Transición. Su catolicismo y sus ideas liberales por un lado, así como su
riguroso antifranquismo y su anticomunismo hicieron posible considerarlo como un símbolo de la
conciliación posfranquista que no irritaba a nadie.” PASTOR, R.: “Claudio Sánchez Albornoz y sus claves de
la historia medieval de España.” En: Revista de Historia Jerónimo Zurita. Institución “Fernando el Católico”
(CSIC), Vol. 73/1998, Zaragoza, 2000, P. 117.
patrimonialización del vasallaje y el beneficio encarnados en el feudo, en la península
ibérica la guerra con el Islam contribuía a la persistencia de la monarquía sobre las
tendencias a la dispersión del poder político3. Por otro lado, el mismo fenómeno de la
frontera suponía que existieran permanentemente tierras nuevas que repoblar y esto, para
Sánchez Albornoz, favorecía la constitución de pequeña propiedad libre. Es decir, existían
dos grandes obstáculos para la consolidación del feudalismo clásico: las trabas al
fraccionamiento del poder político y la dificultad para la completa sujeción del
campesinado. Esta tesis se sustentaba, sobre todo, en base al estudio de la Extremadura
histórica, frontera con el Islam entre principios del siglo X y fines del siglo XI. Dicha
región evidenciaba en los siglos centrales de la Edad Media una importante persistencia de
la propiedad campesina libre y la cristalización de los concejos como principal estructura
política4.
La revisión que emprendieron algunos historiadores entre fines de los ’70 y
principios de los ’80 se realizó en torno a dos ejes en correspondencia con dos corrientes
historiográficas que ofrecieron, a la vez, referencias autorizadas y nuevas orientaciones
metodológicas; nos referimos a la obra de los historiadores franceses vinculados a la
escuela de Annales y a la recepción de algunas problemáticas y conceptos de origen
marxista. Ambas escuelas orientaron a los historiadores a indagar los problemas clásicos de
la constitución de los señoríos, la estructuración de las clases, la sujeción del campesinado,
la crisis de la renta feudal, etc. No pretendemos afirmar que algunos de estos aspectos no
hubieran sido parcialmente considerados con anterioridad, sin embargo lo nuevo hacia fines
de los ’70 y principios de los ‘80 era la orientación de la investigación: por primera vez los
historiadores indagaban a conciencia las problemáticas vinculadas a las relaciones sociales
de producción y la conformación de las estructuras de poder.
Si bien algunos de los trabajos fueron mucho mejor planteados que resueltos, no
pretendemos intentar aquí una crítica exhaustiva a dichas investigaciones, sino comentar
algunos aspectos y postulados centrales que, provenientes del medievalismo francés,
orientaron y orientan las interpretaciones ibéricas de la documentación del período. Hemos
3
SÁNCHEZ ALBORNOZ, C.: España un enigma histórico, Sudamericana, Buenos Aires, 1971.
Sobre la distinción de señoríos en base al ejercicio del poder: MONSALVO ANTON, J. M.: El sistema
político concejil. El ejemplo del señorío medieval de Alba de Tormes y su concejo de villa y tierra,
Salamanca, 1988; y DA GRACA, L.: Poder político y dinámica feudal. Procesos de diferenciación social en
distintas formas señoriales (siglos XIV-XVI), Valladolid, 2009.
4
privilegiado la consideración de una de las vertientes, la influencia de Annales, por sobre la
otra, la proyección de la problemática marxista, dado que ésta última se considera
actualmente anticuada y agotada5 (aunque, desde nuestro punto de vista, han sido pocos los
trabajos que han superado la instancia descriptiva a la que se suma -ocasionalmente- la
reiteración de algunos axiomas). En cambio, la influencia de la escuela de Annales y, en
general, de la historiografía francesa aún se deja sentir y continúa orientando las escasas
investigaciones actuales especializadas en historia rural. En este punto comienza nuestro
trabajo que intentará revisar algunos de los postulados centrales de Georges Duby,
historiador omnipresente en el medievalismo español, sobre los lineamientos básicos de la
historia rural del occidente medieval. Luego procuraremos evaluar su influencia entre los
historiadores ibéricos que abordaron la documentación de los episcopados extremeños y los
vacíos historiográficos que, creemos, persisten en materia de historia económica.
La obra de Duby es muy extensa, el afamado historiador ha considerado
problemáticas muy diversas; en un comentario reciente Paul Freedman 6 señala que pueden
constatarse por lo menos cuatro períodos diferenciados en la obra de Duby, vinculados a la
elección de diferentes objetos de estudio: sociedad y economía rural, arte medieval,
mentalidades, e historia y biografías de mujeres. No es sorprendente, por ende, que
consideremos en este trabajo las primeras obras de Duby, producidas durante los años ’50 y
’60: su tesis doctoral7 y, sobre todo, dos obras posteriores, de carácter más general8, y, por
ello, más ampliamente acogidas por los historiadores ibéricos.
Gran parte del trabajo de Duby durante aquella etapa primera de su producción se
aboca a repensar el problema de la gran propiedad señorial (dominio) y el rol de los señores
5
La caída en desgracia de las problemáticas originadas en el marxismo dentro de la historia académica
acompañó el resurgir del liberalismo en sentido amplio. Comenta un medievalista francés: “El análisis
tradicional de las estructuras de dominación, teñido de presupuestos marxistas, debe dar paso a la utilización
de los sistemas de relaciones, según los modelos de la antropología. En este movimiento intelectual (e
ideológico) la tendencia es a considerar que los textos no informan más que sobre ellos mismos, y a negar
legitimidad a los ‘tipos ideales’ que el discurso histórico había considerado necesarios.” CURSENTE, B.:
“Tendencias recientes de la historia rural de la Francia medieval.” En: Isabel Alfonso, Ed. Op. Cit., P. 81.
6
FREEDMAN, P.: “Georges Duby and the medieval peasantry.” En: The Medieval History Journal, Vol 4,
N° 2, 2001.
7
DUBY, G.: La société aux XIe et XIIe siècles dans la région mâconnaise, Paris, 1953.
8
DUBY, G.: L’économie rurale et la vie des compagnes dans l’occident médiéval, 2 Vols., Paris, 1962 (Trad.
al español: Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval, Barcelona, 1968. Las citas de este
trabajo son de la reimpresión de Altaya de 1999) y Guerriers et paysans: Essai sur la première croissance
économique de l’Europe, Paris, 1973 (Trad. al español: Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la
economía europea, 500-1200, Madrid, 1977.)
en la economía medieval, sobre todo de cara al ciclo expansivo de los siglos XI al XIII. En
este sentido, la obra se orienta a demostrar su gran tesis: el crecimiento económico
plenomedieval deriva del fortalecimiento de la coacción señorial sobre el campesinado. La
nobleza feudal, o mejor, las necesidades aristocráticas son la causa del primer crecimiento
económico de la Europa medieval. Si bien pudieron haber jugado un rol positivo las
liberalidades señoriales temporales que suelen hallarse en la documentación de la época,
hay que buscar en la afirmación de los poderes feudales el origen del despegue económico
de los siglos centrales de la Edad Media.
Esta tesis, huelga decirlo, se contrapone abiertamente no sólo con las tesis clásicas
(cuyo principal abanderado fue Henry Pirenne) que conciben a la nobleza como clase
parasitaria y cuya incidencia en la producción es estrictamente destructiva (ya sea por las
actividades militares o por la rapiña feudal sobre el campesinado), sino también con los
supuestos liberales que vinculan el desarrollo del mercado a la existencia de la propiedad
privada absoluta y de la libertad individual ilimitada, relacionadas con el nacimiento de las
ciudades y la burguesía. Por el contrario, para Georges Duby la gran propiedad señorial
debe considerarse el centro de producción principal, y el señorío banal el factor central para
comprender la economía medieval y el crecimiento económico9. Es entonces, la tarea
fundamental del historiador el precisar los avatares de tan medular institución a fin de
emprender cualquier explicación de la historia económica de la Edad Media.
Según Duby la gran propiedad señorial transita por diversas etapas. Tras una época
de apogeo del dominio carolingio, éste habría sufrido una crisis proveniente de la rigidez de
su propia estructura: la gran propiedad permite el crecimiento económico pero, a su vez, lo
constriñe. Pues, si bien se evidencia un crecimiento demográfico lento pero constante10, los
señores habrían sido reticentes al fraccionamiento de las tenencias campesinas; si bien se
evidencia un progreso del comercio que redunda en beneficio de los señores 11, éste
“desnaturaliza” las relaciones agrarias introduciendo la moneda -y la posibilidad del
beneficio comercial- entre los campesinos. Todo esto genera una situación en la que las
9
Así lo afirmaba ya en “El señorío y la economía campesina. Alpes del Sur, 1338.” Artículo aparecido por
primera vez en 1961 y compilado en: DUBY, G.: Hombres y estructuras de la Edad Media, Siglo XXI de
España, 1993. P. 79 y ss.
10
DUBY, G.: Economía rural..., P. 71.
11
Pues frecuentemente comercializaban los excedentes cuyo transporte a la casa señorial resultaba difícil y
favorecían los mercados y ferias para aprovisionarse de bienes de lujo. DUBY, G.: Economía rural..., Pp. 65
a 69.
tenencias suelen quedar superpobladas, vacantes o fraccionarse sin que el señor pueda
controlar efectivamente el destino de la tierra, que incluso puede ser objeto de intercambios
comerciales entre los campesinos.
Cerca del año mil la crisis del dominio refleja también la expansión demográfica y
económica que comienza a esbozarse. Otros signos de la misma pueden hallarse en las
nuevas roturaciones, ya sea por iniciativa señorial o campesina, el surgimiento de nuevos
poblados, la fragmentación de los mansos, el desarrollo de las ciudades y por la
introducción de nuevas técnicas como la rotación trienal de cultivos (que, de todos modos,
no se generaliza). Sin embargo, más importancia reviste la transformación del estatuto
campesino y del señorío territorial a partir de la extensión del señorío banal. Sucede que,
cuando a los beneficios provenientes de la propiedad de la tierra se suman los derivados del
ejercicio de poderes políticos, la estructura de la renta feudal adquiere características
nuevas. Hacia los siglos XI y XII la mayor parte de los recursos señoriales proviene de las
“banalidades”: molinos, hornos, cervecerías y parroquias rurales a las que los campesinos
se hallan obligados y que aparecen, por ende, como monopolios señoriales; el ejercicio del
poder político es fuente de abundantes recursos en dinero y de nuevos derechos sobre
personas que antes no pertenecían al señorío; las prestaciones en trabajo dejan de tener la
importancia que habían poseído a principios de la Edad Media y, en algunos casos, se
favorece su conmutación por censos en especie.
Esta última tendencia aparece como una “liberación” 12 de algunos campesinos de
cargas que la sociedad medieval relacionaba con la mácula de la servidumbre. Además, se
añade el beneficio más concreto de liberar el tiempo de trabajo del campesino de las
necesidades de la gran propiedad. La tendencia a la conmutación de prestaciones es
presentada, asimismo, por Duby como signo de cierta “actitud empresarial” de los señores
que favorecen de esta manera la roturación de nuevas tierras del dominio evitando, al
mismo tiempo, la huida campesina. El último punto, no obstante, no queda claro, pues en
algunos lugares Duby parece inclinarse por una liberación que proviene de una iniciativa
aristocrática tendiente a ampliar el señorío13 -algunas de estas ideas provienen de Marc
12
DUBY, G.: Guerreros y campesinos..., P. 225.
“...el problema principal estribaba en atraer nuevos pobladores a una región considerada hasta entonces
como inhóspita. Para ello debían previamente atribuir un estatuto jurídico particular al territorio escogido, y
dotarlo de privilegios que atrajeran a los inmigrantes (...) se redactaba por adelantado una carta que limitaba
las exigencias señoriales y precisaba el régimen de favor de que gozarían los nuevos pobladores.” DUBY, G.:
13
Bloch14-, y en otros lugares parece relacionarlo con un movimiento de relajación de la
presión sobre la tierra proveniente de la ampliación del espacio cultivable que se impone a
los señores que deben evitar la huida campesina 15. Si bien ambas opciones no se excluyen
entre sí, subsiste la duda, en cualquier caso, acerca del porqué de la súbita “liberación”
hacia fines del siglo XI, porqué no se produjo antes si las tierras incultas siempre estuvieron
disponibles para los campesinos que huían del dominio.
Este planteo, quizás demasiado extenso, de las líneas directrices del pensamiento de
Georges Duby permitirá enumerar algunos de los presupuestos sobre los que el historiador
francés construía sus tesis.
1)
La presión señorial genera crecimiento de la producción y el comercio
sobre la base del incremento de la demanda aristocrática.
2)
La “liberación” del campesinado genera expansión del área roturada y
favorece la monetarización de las relaciones agrarias.
Puede intuirse que los presupuestos que subyacen a ambos ejes provienen de dos
núcleos teóricos difícilmente compatibles: por un lado, al atribuir a la coerción un rol
positivo en cuanto a la producción de excedentes 16, Duby antecede algunas de las
conclusiones que la teoría antropológica se hallaba aún en proceso de formular 17; por otro
lado, persiste un sustrato liberal que asimila el desarrollo económico a la liberación de las
capacidades campesinas, entendiendo que, así desligado de las prestaciones personales, el
campesino acudirá al mercado donde puede “maximizar” sus beneficios18.
Economía rural..., P. 109. Antes había señalado las razones de tal accionar que, en principio, significaba una
autolimitación de las capacidades coactivas del señor: “Su deseo no era tanto crear un nuevo dominio que
hacer más beneficiosa la explotación de los derechos inherentes a la autoridad.” DUBY, G.: Ibid, P. 108.
14
BLOCH, M.: La sociedad feudal, 2 Vols, UTEHA, México, 1958 Vol. 1, Libro tercero, Cp. 3.
15
“En las primeras fases del movimiento de roturación, en los siglos XI y XII, la libre migración hacia los
inmensos espacios que podían ser cultivados disminuyó sin duda la presión demográfica, lo cual tuvo por
consecuencia una relajación de los vínculos de dependencia.” DUBY, G.: Ibid, P. 157.
16
“El impulso del crecimiento interno que tuvo como escenario la economía europea debe situarse en última
instancia en la presión ejercida por el poder señorial sobre las fuerzas productivas.” DUBY, G.: Guerreros y
campesinos..., P. 224.
17
Recordemos que la obra clásica en esta materia (Sahlins, Boserup, Meillassoux) no se hallaba
completamente disponible al momento de escribirse la primera de las obras aquí consideradas.
18
“... [los campesinos] se liberaban de la mayor parte de sus obligaciones mediante la entrega de monedas de
plata. (...) el masovero pagaba el derecho de disponer libremente de sus fuerzas, y especialmente el de
aplicarlas a su propia tierra para acrecentar su rendimiento, y lo pagaba con lo que ahora podía ganar
vendiendo su trabajo o los excedentes de su producción doméstica; por lo que se refiere al señor, éste
aspiraba, con el dinero que le era entregado, a sustituir a los campesinos de los mansos por asalariados, cuyo
trabajo, voluntario y pagado, y ya no forzoso y gratuito, le parecía también más productivo. En definitiva, la
gran innovación que se manifiesta aquí se sitúa en el nivel de las actitudes mentales: a medida que los
Si bien Duby parece vacilar por momentos entre una y otra explicación, la aparente
contradicción es solucionada compatibilizando de manera creativa los presupuestos
anteriores. Según el historiador, la mencionada “liberación” campesina de los siglos
centrales de la Edad Media se concilia con la generalización del señorío banal y la
consecuente generalización de la dependencia. Además, la capacidad de coerción señorial,
que efectivamente dinamiza la economía feudal en su conjunto, posee un límite dado por la
costumbre por sobre el cual actúan factores puramente económicos que de ningún modo
contradicen los intereses de los señores feudales. A diferencia de las teorías liberales
clásicas que identificaban el desarrollo comercial con la aparición de la burguesía y la
disolución del régimen feudal, desde la óptica de Duby el comercio, si bien contribuye a
liberar a la tenencia campesina de sus cargas serviles consuetudinarias, aparece como una
instancia que el señor aprovecha para obtener rentas y comercializar excedentes 19. Para
concluir, cabe señalar que el propio Duby planteaba en estos términos el problema de cómo
debe pensarse la economía señorial en su conjunto:
“¿Economía de subsistencia o economía de beneficios? (...) Es evidente que los
administradores de la Orden de San Juan no pensaban en invertir los beneficios para el desarrollo de
la empresa. (...) Esto no significa que los señores no se hayan preocupado por acrecentar sus
beneficios. Sin embargo, en su opinión, el aumento de los recursos debía ante todo permitir la
ampliación de la ‘familia’. (...) Ser ricos significaba para ellos reclutar nuevos frailes, otros
domésticos, integrar en la comunidad de la casa una porción más importante de la sociedad rural,
ganarse el agradecimiento de mercaderes, compradores y asalariados.”20
Como decíamos más arriba, esta fue la teoría que los medievalistas españoles
utilizaron para defender la nueva conceptualización de una península ibérica que debía
incluirse en el horizonte feudal. Pasaremos a considerar, a continuación, algunas de las
obras que surgieron de las tesis doctorales de estos investigadores, particularmente
analizaremos las que se basan en documentación de la Extremadura histórica 21. Es cierto
hombres se acostumbran a utilizar menos excepcionalmente la moneda descubren que el trabajo es un valor
susceptible de ser medido e intercambiado. (...) Y como todo esto se inscribe en una sensibilidad nueva sobre
el valor de todas las cosas, la libertad que se insinúa en los engranajes de la economía señorial conduce
naturalmente a una elevación de la productividad.” DUBY, G.: Guerreros y campesinos..., P. 115.
19
DUBY, G.: “El señorío y la economía campesina. Alpes del Sur, 1338.” Op. Cit.
20
Ibid, Pp. 117 a 119.
21
Serán considerados: BARRIOS GARCIA, A.: Estructuras agrarias y de poder en Castilla: el ejemplo de
Ávila (1085-1320), 2 Vols, Salamanca, 1983-1984; MARTINEZ SOPENA, P.: La Tierra de Campos
occidental. Poblamiento, poder y comunidad (siglos X - XIII), Valladolid, 1985; y VILLAR GARCIA, L.: La
que las mismas no profundizaron en el problema del crecimiento económico de los siglos
centrales de la Edad Media, quizás sea ésta la razón de que podamos hallar en ellas una
serie de supuestos comunes que parecen provenir de una lectura superficial de Duby. La
tesis de Ángel Barrios García debe considerarse en primer lugar y con mayor precisión no
sólo por ser una de las primeras en aparecer, sino también dada su duradera influencia entre
los medievalistas ibéricos, hecho que refuerza su carácter modélico; derivado de este hecho
(y también para no abusar de la paciencia del lector) se comprenderá que utilicemos a los
demás autores citados en comparación con Barrios García para apoyar (o matizar) la
homogeneidad de las tesis presentadas.
El autor aborda el problema del crecimiento económico tras analizar la repoblación
del área abulense. El tema de la repoblación será prioritario en el planteo de las tesis citadas
ya que uno de los núcleos duros de la visión albornociana a revisar surgía de la idea del
“desierto estratégico” al sur del Duero. Esta noción ya había sido cuestionada antes de los
años ‘8022 pero esta generación enfatiza la negación absoluta de la total despoblación del
área. Muchos sostendrán la persistencia de la población campesina e incluso el avance
sobre y más allá de la frontera militar 23; Ángel Barrios, sin embargo, aventurará una idea
más atrevida al entender el avance militar en términos de violenta expansión feudal24. Esta
idea se sustenta en una serie de trabajos que demuestran que las tierras se distribuyeron
tempranamente entre la nobleza castellano-leonesa y que la gran propiedad señorial se
consolidó rápidamente25.
Si bien podría, desde aquí, haber optado por explicar el crecimiento económico en
base al factor de la presión aristocrática señalado por Duby, este será dejado de lado frente
a otras variables. Efectivamente Barrios García, que posee muy poca documentación para el
Extremadura castellano-leonesa. Guerreros, clérigos y campesinos (711-1252), Junta de Castilla y León,
1986. Todos estudian a los señores episcopales y son representativos de la generación y del tipo de trabajos
que pretendemos analizar.
22
REPRESA, A.: “Génesis y evolución urbana de la Zamora medieval.” Hispania, N° 122, 1972. Pp. 525545.
23
Presente en los tres autores citados más arriba, ver supra nota 21.
24
BARRIOS GARCÍA, A.: “Repoblación y Feudalismo en las Extremaduras.” En: En torno al feudalismo
hispánico. I Congreso de Estudios Medievales, Fundación Sánchez Albornoz, 1989.
25
Por ejemplo, para el caso zamorano: MARTIN, J. L.: “Campesinos vasallos de la iglesia de Zamora. En los
siglos XII y XIII.”, “Campesinos vasallos del obispo Suero de Zamora (1254-1286).” Y “¿Campesinos de
remensa en Castilla y León? (Siglos XII – XII).” Compilados posteriormente en: Amor, cuestión de señorío y
otros estudios, UNED, Zamora, 1993. Pascual Martínez Sopena también analiza territorios situados al norte
del Duero y determina que la tierra se halla concentrada en manos señoriales hacia el siglo XI. MARTINEZ
SOPENA, P.: Op. Cit., Pp. 219 a 225.
período, es sincero y señala la imposibilidad de cuantificar el crecimiento económico. Es
por esto que, al momento de describirlo comienza a delinear una “composición lógica” 26
según la cual tras el crecimiento demográfico, por afluencia de población y crecimiento
vegetativo luego del alejamiento de la frontera con el Islam, se verificaría una tendencia
general de crecimiento de la producción agraria por ampliación del espacio roturado (la
idea se encuentra, también, en la mayor parte de las tesis citadas). Tal crecimiento se
comprobaría, sobre todo, en las zonas cercanas a los centros urbanos, en las cuales se
acompañaría por el desarrollo de la producción de mercancías y la formación de “mercados
consumidores”27. Además de conducir al crecimiento de las economías urbanas 28, el
desarrollo del mercado contribuiría a “desnaturalizar” la economía campesina29.
Vale la pena citar al autor pues, conociendo ya algunas de sus tesis, podrá
observarse que tras un vocabulario bastante pretencioso se ocultan tesis tradicionales:
“El incremento potencial de las fuerzas productivas y del número de bocas que alimentar se
traduciría en un alza de producción conseguida mediante la ampliación, por métodos pacíficos o
violentos, de la superficie cultivada, o mediante la obtención de una mayor productividad, por el
conocimiento y la aplicación de técnicas agrarias mejores, en una superficie inmutable, o mediante la
especialización en cultivos hortícolas y en la producción de bienes muebles de fácil
comercialización.”30
Finalmente, el propio Barrios García se pronuncia sobre la causalidad última del
crecimiento económico descartando la tesis de Duby (la cual se halla en una versión
considerablemente simplificada31) y apoyándose en los trabajos de Ester Boserup32:
26
BARRIOS GARCIA, A.: Ibid, Vol 1, P. 152.
Ibid, Vol. 1, P. 158.
28
“De este modo, a partir de mediados del XII, la economía monetaria pasó a ser uno de los ejes
fundamentales de la economía ciudadana y cada vez más ésta se distinguió de las economías rurales, de
sustancial carácter natural.” Ibid, Vol. 1, Pp. 160-161.
29
“Los campesinos, en contrapartida de los productos que hacían llegar al mercado de la ciudad, comenzarían
a ser pagados en dinero, buena parte del cual emplearían muy pronto en la compra de útiles necesarios para la
labranza directamente a los artesanos o en las tiendas de la villa. Primero en la ciudad y sus proximidades y
no mucho más tarde en pueblos apartados la economía monetaria iría penetrándolo todo al actuar el mercado
urbano simultáneamente como polo de atracción y como centro redistribuidor.” Loc. Cit.
30
Ibid, Vol. 1, P. 153.
31
De las dos grandes hipótesis que distinguíamos en Duby, Barrios sólo toma una (la que enumeramos en
segundo término) y la interpreta de la siguiente manera: “...considera el crecimiento demográfico como
variable dependiente, subordinada a cambios agrarios previos que resultan de la aplicación de técnicas
nuevas...” Ibid, Vol.1, p 168.
32
En palabras de Barrios García: “...toma como variable independiente la demografía y hace depender de su
ritmo de aumento el desarrollo agrario.” Loc. Cit.
27
“...en la relación entre demografía y producciones agrarias lo que llamaríamos línea de
causación primordial discurrió en el sentido de población a producción y no al revés...”33
Los demás historiadores corroboran similares tendencias en sus respectivos estudios,
abonando una de las explicaciones más tradicionales del crecimiento económico medieval,
la tesis demografista34. Pasan inadvertidas las sugerencias de los historiadores marxistas
británicos; pasan, asimismo, bastante desapercibidas las críticas que el debate Brenner
proponía a los trabajos de esta escuela hacia fines de los años ‘70. Incorporan a la
explicación del crecimiento económico las variables propias de la historiografía liberal, de
considerable desarrollo en la historiografía ibérica tradicional. Abonan, entonces, una
explicación que incluye dos importantes imperativos políticos: el parecido entre la
península ibérica y el resto de Europa y la preponderancia indiscutida de la libertad de
mercado como motor del crecimiento económico35. Abandonan, en este punto, las
directrices de Duby, pues mientras puede distinguirse en la obra del destacado medievalista
una tendencia al abandono de las tesis liberales por las que nosotros caracterizamos como
“antropológicas”, son muy minoritarias y bastante posteriores las obras que incorporan
dichas variables36.
Sin embargo, reviste mayor interés el repaso breve del análisis que esta
historiografía efectúa acerca de los señoríos extremeños en el período posterior a la
segunda mitad del siglo XIII. En dicha etapa la documentación es suficientemente
abundante como para poder avanzar más allá de la mera descripción. Sin embargo, tanto
Barrios García, que analiza el señorío episcopal abulense, como Villar García, que trabaja
en conjunto los casos salamantino, abulense y segoviano, coinciden en una metodología de
trabajo ampliamente descriptiva siguiendo el esquema de trabajo recomendado
oportunamente por Salustiano Moreta37.
33
Loc. Cit. (Las cursivas pertenecen siempre a los autores, salvo que se indique lo contrario.)
Sobre todo en la versión modernizada de BOIS, G.: Crise du feodalisme, Paris, 1976.
35
Esta tesis tampoco es privativa de la historiografía española, puede rastrearse en otras explicaciones
europeas. Dyer y Schofield señalan que de los tres factores explicativos del cambio económico, la clase, la
población y las fuerzas de mercado, domina desde hace quince años el tercero: “Una economía medieval
comercializada, caracterizada por la proliferación de mercados y centros urbanos, por la estratificación de la
riqueza y por la movilidad social, que se ha convertido en el centro de una vasta investigación y producción
históricas...” DYER, C. y SCHOFIELD, P.: “Estudios recientes sobre la historia agraria y rural medieval
británica.” En: Isabel Alfonso, Ed. Op. Cit., P. 42.
36
Entre ellas: VASSALLO, R.: Estructura y dinámica del dominio de Santo Toribio de Liébana (siglos XIIIXVI), Tesis doctoral inédita, Salamanca, 2003.
37
MORETA VELAYOS, S.: Rentas monásticas en Castilla: Problemas de método, Salamanca, 1974.
34
Parten, nuevamente, de señalar el incremento demográfico del área y las
transformaciones económicas más evidentes: desarrollo de la artesanía y el comercio en las
zonas urbanas, transformación del paisaje natural en paisaje agrario en la zona rural;
rastrean en las fuentes, para esto, la frecuencia de la mención de oficios artesanales o la
mención a roturaciones y la aparición de nuevas aldeas, arribando a la conclusión de que el
período se caracteriza por el crecimiento extensivo de la producción y la división del
trabajo en áreas urbanas. Coinciden en señalar el desarrollo de la economía mercantil y la
presencia de contradicciones que desembocarían en la crisis de principios del siglo XIV.
Tras haber sostenido la completa y temprana feudalización del área, los trabajos
enfatizan la importancia de la pequeña producción campesina y su autonomía en cuanto al
control del proceso productivo38; insisten en que el único aspecto en que el señor interviene
en el ámbito local consiste en la extracción de la renta 39. Para Barrios García -y las demás
obras citadas-los señores eclesiásticos o los sectores de la caballería, a los que insistirán en
asimilar con aquellos, tienen poco que ver con el crecimiento económico, que se verifica
por simple ampliación del espacio productivo. De forma congruente, se limitan a
comprobar la ampliación del señorío episcopal por anexión de territorios sin lograr dar
cuenta de procesos básicos como los que conducen a transformaciones elementales de la
forma de explotación del patrimonio.
Lo antedicho se evidencia al considerar, por ejemplo, el problema del
fraccionamiento de la reserva. Prescindiremos de discutir algunas aseveraciones de los
autores que, como mínimo, se hallan poco documentadas ya que intentamos avanzar sobre
sus lógicas de argumentación. Admitamos, entonces, por ejemplo, que la gran propiedad
episcopal extremeña es en una primera etapa un dominio clásico 40. Para explicar las formas
38
“...la hegemonía de la explotación individual de carácter familiar y de la pequeña posesión campesina
articula la forma de producción material y el ritmo de crecimiento en el cuadro jurídico del señorío; existan o
no derechos de propiedad eminente sobre la tierra por parte del señor y se produzcan o no repartos de parcelas
entre los pobladores, la propiedad útil corresponde en todos los casos a los campesinos vasallos.” BARRIOS
GARCIA, A.: Op. Cit., Vol 2, P 228.
39
“...la intervención del señor es prácticamente total, si bien adopta formas específicas muy variadas y a
veces cambiantes, en lo que respecta a la realización de la renta. El casi completo alejamiento del señor del
proceso de trabajo y de producción está compensado, disponga o no de derechos eminentes, por su acción
decidida y constante en las relaciones de apropiación del excedente.” BARRIOS GARCIA, A.: Loc. Cit.
40
“...un dominio clásico, con reserva y mansos, con identificación de propietarios-señores y poseedoresvasallos, con predominio de la explotación directa.” BARRIOS GARCIA, A.: Op. Cit., Vol. 1, P 287. Aunque
no se comprende demasiado la elección de este punto de partida ya que en la conclusión señala que tal
estructura sería excepcional en territorio abulense. Pascual Martínez Sopena concuerda con esta
caracterización: “En conjunto, se observa la existencia generalizada de áreas de explotación directa en la gran
de explotación documentadas posteriormente (propiedades dispersas que se ceden en
arriendo para su explotación y se distribuyen entre los miembros del cabildo para su
gestión) Barrios acude, previsiblemente, al “crecimiento económico general”41, al cual ya
hizo referencia, y a las consabidas tendencias europeas a
“...la desmembración y disminución de la reserva y la sustitución de los trabajos agrarios
obligatorios.”42
Es interesante que esta correlación entre difusión de la economía monetaria y disminución
de la reserva señorial había sido explícitamente negada por historiadores consagrados como
Michael Postan43 o, incluso, por el propio Duby en 195244, contribuciones que pasaron por
alto tanto Barrios como sus seguidores45.
Puede observarse en qué medida subyace la asimilación de la realidad extremeña a
la del dominio clásico bipartito, no obstante, aún admitiendo este objetable punto de
partida, difícilmente podamos coincidir con este tipo de argumentaciones teleológicas y
circulares que se construyen sobre la base de las descripciones que las anteceden y suceden
y que, casi nunca, salen de la matriz tradicional de pensamiento.
Creemos haber ilustrado cómo este grupo de historiadores ibéricos, pretendiendo
seguir a Duby, reproduce el modelo del dominio clásico y repite sus tesis más cercanas al
propiedad, cuyo trabajo corre a cargo de personal fijo y al que contribuyen en ciertos momentos del año –la
siembra, la recolección-los vasallos señoriales que tienen préstamos.” MARTINEZ SOPENA, P.: Ibid., P.
243.
41
“...el crecimiento extensivo de la producción material, con el paso de una economía de consumo directo a
otro de consumo indirecto y con un desarrollo de las relaciones mercantiles-monetarias en la zona,
obstaculizaría la percepción de rentas en trabajo, el empleo masivo y forzoso de mano de obra servil.” Ibid,
Vol. 1, P. 291.
42
Loc. Cit.
43
POSTAN, M.: Ensayos sobre agricultura y problemas generales de la economía medieval, Siglo XXI de
España, Madrid, 1981. Especialmente los artículos “Cronología de las prestaciones de trabajo.” y “El siglo
XV.”, aparecidos por primera vez en inglés en 1937 y 1939, respectivamente.
44
“Des textes prouvent que les doyens, gagnés par le souci d’accroître les revenus en argent acceptèrent de
convertir en deniers certains services en travail dûs par les dépendants. Mais on ne voit pas que les réserves
aient été pour cela loties; au contraire, les documents témoignent formellement de leur accroissement...”
DUBY, G.: “Économie domaniale et économie monétaire: le budget de l'abbaye de Cluny entre 1080 et
1155.” En: Annales. Économies, Sociétés, Civilisations, 1952, Vol. 7, N° 2, P. 162.
45
Por ejemplo sostendrá Villar García: “...la necesidad de atraer nuevos pobladores hacia los lugares de
señorío eclesiástico, obligaría a quienes los detentaban a suplir este tipo de exacción. (...) Por otra parte, el
papel jugado por la economía de cambio desarrollada en el seno de las ciudades, ayudada por el progreso de
la circulación monetaria, no debió ser ajena a estas transformaciones. Como tendremos ocasión de ver, la
supresión y amortiguación de las sernas, va acompañada por la aparición y/o incremento de rentas-tributosimpuestos, pagadas en metálico, que inevitablemente llevaban anexa la desaparición de la explotación directa
señorial y su cesión útil a quienes la ocupaban y trabajaban.” VILLAR GARCIA, L.: Op. Cit., P 496.
pensamiento liberal. Postulan la feudalización temprana de la Extremadura castellano leonesa, pero dejan de lado un análisis profundo del rol del señor feudal y de la gran
propiedad en la expansión plenomedieval. Mientras ubican la región en la órbita del gran
tema de la feudalización en las fronteras de la cristiandad, y con esto ciertamente entran a
una problemática europea, pierden de vista el aspecto medular del rol de los señores
insertos en dicho proceso, pierden de vista la práctica social determinante. La propia opción
historiográfica de descartar la segunda tesis de Duby (que cuestionaría el principal supuesto
que esta generación intentaba comprobar, el de la feudalidad plena y temprana del área)
implica abandonar la posibilidad de plantear fases sucesivas de influencia e intervención
señorial relacionadas con el afianzamiento de los poderes feudales. En Duby, como vimos,
la separación fundamental se establecía entre la situación anterior y posterior al
fraccionamiento y privatización del poder político. En el caso franco la propiedad de la
tierra (gran dominio) antecedía al control del poder político; esto no puede extrapolarse a la
Extremadura histórica puesto que la documentación no permite negar la preeminencia de la
propiedad campesina y, por el contrario, es extremadamente difícil documentar la
consolidación temprana de la gran propiedad señorial. En el caso de la tesis de Pascual
Martínez Sopena puede observarse en qué medida la información de los documentos queda
relegada tras los imperativos políticos e historiográficos. Al interrogarse acerca del proceso
de feudalización, el autor se cuestiona si, junto con las concesiones regias de inmunidad o
potestad se cede la propiedad de la tierra, y concluye que no siempre es así, y que, de todos
modos, mayor importancia revisten las atribuciones políticas, que suponen
“...un inigualable privilegio para incrementar el patrimonio a través de las penas judiciales o
de otros medios menos legales.”46
Posteriormente añade que las grandes propiedades se expanden, por sobre todo, a través de
“absorción individualizada” de tenencias campesinas 47. Son aspectos centrales que nos
parecen contradictorios al postulado general de la consolidación temprana de la gran
propiedad señorial y que, no obstante su importancia, son abandonados por el autor cuya
hipótesis de partida48 es sucesivamente reafirmada y determina su interpretación.
46
MARTINEZ SOPENA, P.: Op. Cit., P. 224.
Ibid. P. 234.
48
En la introducción a la tercera parte plantea como objetivos: “Por una parte, mostrar que se hallan
constituidos grandes dominios desde el siglo X, y cómo aumentan de modo incesante en las centurias
posteriores al crearse nuevos señoríos e irse ampliando los más antiguos...” Ibid., P. 323.
47
Volviendo a la Extremadura histórica, si ciertamente debemos partir del predominio
de la pequeña propiedad campesina corresponde empezar por plantear una primera fase de
inexistencia o marginalidad del sistema clásico bipartito al sur del Duero, dadas las
características del proceso que permite a los señores acumular propiedades. Esta etapa
primera se correspondería con la conformación de la clase feudal sobre la base de
prerrogativas políticas (y de ahí la importancia de la cesión regia de inmunidad sobre áreas
amplias y del problema de la delimitación jurisdiccional y, en el caso de la nobleza
eclesiástica, las disputas sobre diezmos parroquiales). En esta etapa inicial, que discurriría
entre los siglos XI y mediados del XIII, se favorecería paulatinamente la acumulación de
tierras que, también de manera lenta y desigual, permitiría a los señores en la segunda
mitad del siglo XIII disponer más libremente de mayores patrimonios, igualmente muy
dispersos. De ahí que, hacia el siglo XIV pueda encontrarse mayor preocupación por la
cesión a renta de los bienes territoriales y la progresiva importancia de las rentas de los
arrendamientos. No parece probable hallar nada parecido a la crisis del siglo XIV tal como
la describen los textos clásicos en un momento en que, en la Extremadura histórica, la
explotación de los bienes rurales de las catedrales se halla en franca organización.
Estos presupuestos de partida deberán refrendarse o desecharse a la luz de la
documentación extremeña, pero pueden adelantarse algunos de los problemas esenciales a
dilucidar, según la etapa que se halle en consideración. Primeramente, deberá explicitarse la
puesta en marcha de los mecanismos que, a nivel local, posibilitan la extracción del
excedente campesino. Recordemos que partimos del presupuesto de que, en territorios de
frontera, la colonización se realiza de manera más o menos libre y que la coerción se halla
limitada por la disponibilidad de tierra libre próxima. En la Extremadura histórica esta
posibilidad existe por lo menos hasta principios del siglo XIII (para el área zamorana
extendiéndose un poco más para las tierras salamantinas y abulenses).
Otra cuestión a esclarecer, hasta ahora poco analizada, pasa por la relevancia de la
intervención señorial directa e indirecta –a través de los mecanismos del mercado- en la
maximización de las rentas (sin excluir el planteo crítico de la propia categoría). En el caso
de los episcopados considerados este tipo de problemas incluye no sólo el accionar señorial
tendiente a efectivizar los privilegios (por ejemplo la imposición de diezmos), es decir el
accionar señorial en la esfera extraeconómica cuyas consecuencias son significativas a
nivel de la economía episcopal, sino también la evaluación de problemas clásicos como la
posibilidad de “inversión” en economías precapitalistas, etc. Este será el problema clave
para los siglos centrales de la Edad Media extremeña pero cuyas proyecciones permitirán,
sin dudas, explicar aspectos de la larga duración.
Finalmente, podemos presumir que será muy importante verificar en el largo plazo
las tendencias de la evolución de la renta de la tierra y su gestión. Este trabajo sólo es
posible en el período que transcurre entre fines del siglo XIII y principios del XIV, cuando
podemos avalar documentalmente la conformación de la gran propiedad episcopal, por lo
menos en el caso abulense.
En definitiva, si bien sabemos que cualquier propuesta historiográfica está cruzada
por condicionamientos de diversa índole, consideramos que debemos avanzar hacia una
historia económica medieval que distinga los núcleos teóricos desde los que se piensan las
fuentes y los problemas. Cualquier análisis en la materia debe partir de la diferenciación de
los
presupuestos
básicos
aplicables
a
este
tipo
de
sociedad
precapitalista.
Fundamentalmente, será necesario tener en cuenta que aquellas sociedades en las que
predominan las lógicas campesinas son, por naturaleza, estables: existen numerosos
factores que limitan la producción de excedentes y el surgimiento de desigualdades internas
49
. La injerencia aristocrática sobre estas sociedades transmuta esta situación; esto es lo que,
poco a poco, sucede en la Extremadura histórica a medida que los señores lograron
controlar a las comunidades de base (o favorecer su asentamiento, ya condicionado por las
necesidades señoriales). El crecimiento económico del área, especialmente los fenómenos
asociados a la división del trabajo y el desarrollo de los mercados, se halla estrictamente
asociado al desarrollo de las capacidades coercitivas señoriales, que suponen la compulsión
campesina a la producción de excedentes y su destino a otro tipo de bienes no agrícolas
(artesanías, productos de lujo). Más aún, se ha señalado 50 que la decadencia de las
estructuras que garantizan y sancionan la reciprocidad interna entre los miembros de la
comunidad (que presumiblemente se ven afectadas por la intervención señorial), al relevar
a los campesinos de las trabas consuetudinarias, puede culminar en el enriquecimiento de
algunos a costa de otros.
49
Ver WICKHAM, Ch.: Una historia nueva de la Alta Edad Media. Europa y el mundo mediterráneo, 400800, Crítica, 2009, especialmente el capítulo 9.
50
WOLF, E.: “El campesinado y sus problemas.” En: Godelier, M. (comp.): Antropología y economía. Ed.
Anagrama. Barcelona. 1976. P. 273-274.
Esto significa que la intervención señorial no puede reducirse a la fijación del nivel
y composición de la renta; su accionar, especialmente en el caso de los eclesiásticos, reviste
formas mucho más creativas y condiciona de forma creciente a la esfera de la producción –
la existencia de la reserva es sólo uno de los mecanismos, en este sentido, no el único ni el
principal. Lo dicho implica negar, evidentemente, varios de los presupuestos que
manejaban los historiadores ibéricos.
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