Génesis del alfabeto occidental (cuaderno) – Alejandra V. Ojeda

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Génesis del alfabeto occidental
Autora: Mg. Alejandra V. Ojeda
Universidad Nacional de Lanús
Mayo de 2006
CONSTITUCIÓN Y TRANSFORMACIONES DEL ALFABETO OCCIDENTAL
Rara vez nos detenemos a reflexionar sobre ese conjunto de signos que utilizamos en
forma cotidiana para comunicarnos por escrito, llamado “alfabeto” en los lenguajes occidentales.
Instrumento presente en toda la vida social y aprendido a muy temprana edad, forma parte de lo
cotidiano y parece existir desde siempre. Este producto de la historia, sin embargo, ha recorrido
un vasto camino hasta constituirse en un repertorio finito y relativamente estable.
El lenguaje (tanto el oral como el escrito) se sostiene en las sociedades históricas
fundamentalmente sobre el método de la autoridad. Aprendemos de nuestros padres las
palabras que describirán/constituirán nuestro mundo, y de las instituciones educativas las reglas
y práctica de la escritura. No ofrecemos ninguna resistencia, ni tenemos forma de hacerlo.
Cuando en la adolescencia empezamos a cuestionar todas las reglas, también cuestionamos el
lenguaje y su escritura. La resistencia al orden imperante ha sido manifestada en la escritura en
numerosas ocasiones, no sólo por los adolescentes, sino como forma de resistencia cultural,
siendo un ejemplo actual el uso de la K en nuestros jóvenes, aún sin saber que es una práctica
heredada de los anarquistas.
Nuestro alfabeto comparte su raíz con otros repertorios de signos, algunos similares,
como el griego, y otros completamente diferentes (al menos en apariencia) como el hebreo. El
desarrollo de la escritura, organizado cronológicamente, se puede clasificar en tres períodos: a)
pre-escritural, b) escritural pre-alfabético y c) alfabético. Dentro del tercer período, a su vez, se
pueden diferenciar las siguientes etapas: c.1) de la conformación del primer alfabeto al alfabeto
romano, c.2) desde la institucionalización del alfabeto romano a la invención de la imprenta y c.3)
desde la invención de la imprenta hasta nuestros días. Si centramos el interés en el cambio
morfológico, el punto de central interés será c.3, pues es allí donde se desarrollan los cambios
tipográficos más significativos (cualitativa y cuantitativamente). Pero si nuestro interés se centra
en tratar de analizar las operaciones semióticas que recorrieron ese proceso, es decir, rastrear
su “semiótica narrativa oculta”, necesariamente deberemos centrarnos en los primeros registros
escriturarios.
a. Período pre-escritural
Las primeras expresiones gráficas se remontan al paleolítico, entre 40.000 y 25.000 años antes
de Cristo. El primer hallazgo correspondiente a esta época fue realizado por Marcelino de
Santuola en el año 1880 y consistía en pinturas halladas en la cueva de Altamira (Cantabria,
España). Quince años después se descubrirían representaciones de mamuts y renos en cuevas
del sur de Francia, confirmando la existencia del arte rupestre 1. Si bien las primeras hipótesis
atribuían a estas piezas un valor comunicacional, recientemente se ha coincidido en asignarles
más bien una función de tipo mágica (ver A. C. Moorhouse, 1993). Las hipótesis acerca de su
carácter comunicativo han sido dejadas de lado, entre otras cosas, por algunas evidencias de
tipo empírico que contradicen esta intención, como por ejemplo que no estuvieran a la vista de
todos, siendo muy difícil acceder a ellas por estar ocultas en cuevas a las que se llegaba por
largos túneles de escasa altura.
¿Cuál era, entonces, la función de estas piezas tan cuidadamente trabajadas?
¿Respondían a la inspiración arrebatada de un artista? ¿Formaban parte de rituales religiosos?
Es poco probable que éstas hayan sido la expresión de la subjetividad de un artista,
pues no hay indicios de otras manifestaciones de estas características que señalen la existencia
de expresiones subjetivas individuales o colectivas durante el período 2. Por otra parte, es
esperable que hayan cumplido alguna función social, pues una práctica de tipo simbólico o
estético que requiriera tanto tiempo y esfuerzo en un momento en el que la economía era de
subsistencia, no podría haberse sostenido de otra manera que mediante la ayuda de toda la
comunidad.
Se conoce que las comunidades pre-escriturarias, todavía con costumbres nómades,
poseían actividades rituales tendientes a cohesionar el grupo, estimularlo, darle seguridad, y
ofrecer certezas ante un bajo nivel de conocimiento y dominio instrumental de la naturaleza. Es
posible explicar las pinturas rupestres como parte de estas actividades.
Complementariamente, se han hallado también de este período, piezas del llamado “arte mueble”, es decir
pequeños objetos decorativos en arcilla, tallados en piedra o hueso de animal.
2
Sería necesario revisar cuándo podemos empezar a hablar de arte como expresión primero comunal y después
subjetiva, pero en principio, para que ello sea posible, es necesario que la practica realizada se escinda, se
transforme en una práctica específica, diferente de otras funciones como el registro o lo místico.
1
Se podría sostener que el representar a los animales y escenas de cacería era una forma de
poseer lo representado; este tipo de conducta puede verse hoy en algunas comunidades
aisladas respecto de la civilización, las que representan la cacería a través de cantos o danzas
como una forma no consciente de planificar el éxito de la acción. Se observa este tipo de
práctica habitual en comunidades de la Amazonia, así como en la isla de Nueva Guinea y otras
del archipiélago indonesio. Recurriendo a algunas analogías con las observaciones piagetianas 3
sobre el pensamiento concreto, podríamos decir que la
pintura rupestre era una forma de hacer presente el objeto
para poder pensarlo; el signo no sustituía al objeto para
hacerlo presente en algún aspecto, sino que ERA el objeto.
La relación entre el signo y la cosa resultaba muy distinta a
la que actualmente conocemos, desdibujándose la
diferencia entre ambos (el signo y el objeto). Para que una
expresión pictórica pueda constituirse en signo, es
necesario que se lleve a cabo la operación de sustitución,
diferenciándose de una manera clara del objeto
representado. Para que estos pictogramas lleguen, además, a ser unidades de un alfabeto, será
necesario que establezcan una relación estable con un sonido y que se independicen del
significado denotado, llegando a una forma estable y abstracta.
b. Etapa escritural pre-alfabética
Entre los años 6000 y 8000 a.C. se lleva a cabo la llamada “revolución de la agricultura”,
durante la etapa neolítica. Este gran cambio afectó absolutamente todos los órdenes de la vida
humana. El aprendizaje de la producción sistemática de alimentos por medio del manejo de la
agricultura y la generación de excedente alimentario, permitió por primera vez que grandes
grupos humanos se establecieran en un sitio durante un largo período de tiempo. Esto a su vez
derivó en el desarrollo de prácticas sociales regulares de distinto nivel de complejidad. Por
primera vez resultaba necesario registrar información, ligada a prácticas estables que requerían
planificación, como por ejemplo cuándo y qué debía cultivarse, cuándo y cómo cosechar,
quiénes debían hacerlo y fundamentalmente, lo relacionado con el excedente y su forma de
almacenamiento y distribución. Esta situación condujo rápidamente a nuevas formas
comunicacionales, muy diversas, que posibilitaron el almacenamiento de información y por ende
3
Y aceptando la posible similitud o coordinación entre los procesos ontogenéticos y filogenéticos.
el desarrollo de la cultura. Entre estas formas debemos mencionar las formas nemotécnicas de
narración que los antropólogos registran en la América precolombina (juegos de conchas,
caracolas, piedras, hojas y plumas en el norte, el quipos en el mundo incaico, etc.) y las formas
escriturarias propiamente dichas. Estas últimas significaron la convencionalización de reglas de
dibujo y más adelante representación de ideas, generalmente sobre los objetos cerámicos de
uso doméstico (vasijas) o ritual, trozos de madera o hueso, relieves en roca, y finalmente, en la
mesopotamia asiática, tablas de arcilla transportable. Según la PROEL (Asociación Promotora
Lingüística Española) “El 85 por ciento de las tablillas contienen información económica sobre las
entradas y salidas de los templos de las ciudades de alimento, ganado y ropa.” 4. En otros
pueblos, de economía más precaria pero ya sedentarios o semi-sedentarios, como por ejemplo
los pueblos aborígenes americanos, las representaciones estaban ligada a las acciones de
generación de alimentos (recolección, pesca y caza) y guerra.
Es interesante pensar el momento de la aparición de la escritura, como aquel en el cual la
autoridad comenzaba a independizarse del sujeto que ejercía la fuerza y comenzaba lentamente
a convertirse en regla internalizada, que permitiría, en el mediano plazo, niveles de orden social
más complejos.
b.1. Pictogramas
Los primeros ensayos de escritura consistían en dibujos que representaban a
determinados objetos, de manera denotativa, sin que mediaran simbolizaciones –al menos
intencionales- entre el objeto y el signo. Los dibujos imitaban fielmente la cosa, al menos hasta
donde era posible según el desarrollo de la expresión gráfica. Así, si encontrábamos el dibujo de
un perro, debíamos leer “perro”, si encontrábamos una flecha y un arco, leeríamos “flecha y
arco”, etc. La sustitución entonces era simple, denotativa y no tenía aún una carga simbólica que
excediera la descripción del objeto: en términos peircianos, nos encontramos en el nivel icónico.
Desde Saussure diremos, entonces, que estos signos eran altamente motivados y que su grado
de convencionalización era muy bajo o inexistente.
Este tipo de escritura comenzó a desarrollarse en la región mesopotámica –delimitada
por los ríos Tigris y Eufrates- derivando al cabo de un período de alrededor de dos mil años en
formas más complejas de escritura: la escritura pictográfica y el ideograma.
4
Texto extraído del portal oficial de dicha institución, cuya dirección electrónica es http://www.proel.org
b.2. La escritura pictográfica y la aparición de los Ideogramas
Hacia el 4000 A.C., entre los pueblos
semitas se empiezan a registrar algunos
avances interesantes en cuanto a la evolución de
nuestra escritura5: por un lado se empiezan a dar
relaciones entre los distintos signos (aunque
siempre en presencia del objeto) y por el otro, algunos signos comienzan a condensar y
desplazar sus significados, dándose en ellos un creciente grado de simbolización. Al primer
fenómeno, es decir la relación sintagmática entre los signos presentes, se la denominaría
escritura pictográfica, y aquellos signos cuya representación porta una carga simbólica se los ha
llamado ideogramas. En la ilustración que acompaña a este párrafo podemos ver una primera fila
de pictogramas primitivos y una segunda donde las formas han sintetizado hacia figuras
abstractas.
b.2.1. Escrituras pictográficas
En cuanto a las escrituras pictográficas, podemos decir, siguiendo las
palabras de Parramón (1987),
que funcionaban como cuentos sin
palabras, donde la narración se iba articulando en función de la
combinación de los diferentes pictogramas e ideogramas. Una
característica central es que “el acontecimiento que se representa se ve
como un todo” (Moorhouse, 1993, p.21). La articulación de los signos podía ser lineal, en
diferentes niveles o distribuidas espacialmente con o sin jerarquía entre los elementos, pudiendo
su distribución facilitar o dificultar el agrupamiento de los diversos elementos. Estas escrituras
presentaban ciertas dificultades, como por ejemplo, problemas para identificar cuáles eran las
unidades significantes, ya que la unidad podía estar formada por una o varias figuras.
Paralelamente, no siempre era posible identificar qué objeto era el que estaba dibujado o
existían ambigüedades en la interpretación general del texto. La mayoría de estas dificultades no
representaban un grave problema pues los que leían e interpretaban estos textos solían ser muy
pocas personas, las cuales conocían su significado de antemano por tratarse de prácticas
compartidas o eventos conocidos, o eran relatos que estaban asentados en tradiciones orales
Cabe aclarar en este punto, que cuando nos referimos a “nuestra escritura” estamos hablando del alfabeto
occidental, instituido durante el imperio romano y consolidado con el accionar de la imprenta.
5
muy fuertes. La debilidad de estas escrituras, entonces, era su dependencia contextual, pero no
representaba un impedimento para su decodificación pues esta práctica no era ejercida fuera de
ese contexto comunal. Por otra parte, antropólogos e historiadores coinciden en que la función
de estas escrituras era mnemotécnica, una ayuda para relatar oralmente un texto. Al igual que
otros lenguajes mnemotécnicos, la relación de estos signos con su objeto podría pensarse como
indicial.
Los mejores ejemplos de escrituras pictográficas, según Moorhouse (1993) proceden de
América del norte, donde muchos de los pueblos originarios conservaron dicha escritura hasta el
momento de la conquista y aún después
de ella, lo que ha facilitado su estudio.
Para poder entender las escrituras
pictográficas resultaba imprescin-dible,
más que un repertorio acotado de
signos, conocer los relatos básicos que
circulaban en la comunidad y las
acciones
que
posiblemente
se
describían, lo cual las caracteriza como
escrituras altamente dependientes del
contexto. El ejemplo que acompaña a este párrafo, procedente de Alaska, podemos ver un relato
sencillo sobre una travesía de caza, donde en el primer dibujo vemos a alguien señalándose
(“yo”) y con la otra mano indicando una dirección (“fui”). En la tercera figura, por ejemplo, el
muñequito señala su cabeza, con lo que está significando “dormí”. Algunos signos se aparecen
como fácilmente comprensible; otros, en cambio ofrecen dificultades interpretativas, como el
caso del cuarto signo, que por algunos de mis alumnos ha sido interpretado como un doble
huevo frito, en vez de como una isla con dos chozas.
b.2.2. Ideogramas
El ideograma representa un salto interesante en la
posibilidad de salir de la etapa figurativa del
significante. Si bien aún se pueden identificar los
objetos a los que remite la figura dibujada, esta
identificación del objeto es sólo el escalón necesario para acceder al significado connotado, el
cual tiene alguna relación con el significado denotado, pero ésta es de tipo simbólico. En este
ejemplo de la escritura egipcia, podemos ver ideogramas (citados en Moorhouse, 1993) con una
carga figurativa importante. Este tipo de signos se conservó estable por miles de años en la
escritura jeroglífica. El primero significa “llanto”, el segundo “escritura” (expresado mediante la
representación de un cálamo), el tercero significa niño, o más específicamente hijo, expresado
por el ganso, que es un animal considerado un manjar exquisito. El cuarto signo significa “rey”,
expresado por el dibujo de una abeja.
Veamos ahora un ejemplo de la escritura china (citado en Moorhouse, 1993): este
ideograma está formado por dos pictogramas base: “esposa” y “niño”, y podemos observar que
los rasgos han perdido prácticamente su aspecto figurativo, pero luego de
conocer su significado, es posible encontrar cierta similitud estructural. El
significado de este signo es “feliz”, y como vemos, los pictogramas que lo
integran apuntan a reponer una idea, no a describir icónicamente a
alguien feliz (como podría ser dibujar una cara sonriente). Veamos otro ejemplo: el ideograma Qi,
que significa energía, está formado por dos componentes: el radical,
asociado al cielo, y es el pictograma del agua en tres distintos estados:
como nube, como llovizna ventosa y como lluvia.
El segundo pictograma es el inferior, está asociado a
la tierra
y representa una espiga de arroz. El
ideograma completo, presentado aquí en una versión más antigua y una
más simplificada, excede ampliamente en su significado a la suma de sus
partes componentes.
b.2.3. Comparación entre oriente y occidente
Las comunicaciones oral y escrita empezaron a compartir una historia común desde el
surgimiento de las escrituras fonéticas, es decir, desde el momento en que el signo escrito quedó
constituido por un elemento visual asociado a uno sonoro. Pero esta relación no ha sido unívoca
ni ha evolucionado de la misma manera en todas las poblaciones con escritura. Un ejemplo
curioso es el de China 6, donde la práctica escrituraria se instituye muy tempranamente, durante
una forma de gobierno centralizada que fija la regularidad de dicha práctica. Paralelamente, los
dialectos locales proliferan y vuelven muy difícil la comunicación oral entre un habitante del norte
y uno del sur, pero aún pueden entenderse por la escritura, pues es la misma (leída con
diferentes sonidos). El caso de la cultura china es muy rico porque nos permite, a través de las
diferencias escriturarias, reflexionar sobre las diferencias culturales que tienen con los pueblos
occidentales.
La escritura china tiene un origen icónico, al igual que el resto de las escrituras, pero a
diferencia de la mayoría, ha conservado esta característica sin derivar en un alfabeto. Esto
implica una forma distinta de interpretación. Mientras las escrituras alfabéticas están basadas en
una interpretación simbólica, organizada bajo la lógica de la doble articulación entre monemas y
fonemas, la interpretación de la escritura ideográfica conserva su raíz icónica, aún cuando en la
actualidad los rasgos pictóricos hayan borrado prácticamente su carga figurativa. De todas
maneras, esta raíz sigue reponiéndose al momento de enseñar la lecto-escritura, aún cuando
después ese signo funcione de manera equivalente a nuestros monemas. En clave semiótica,
podríamos decir que para la enseñanza del signo se restituye la historicidad del mismo,
explicando el significado actual en función de su significado pictográfico. Sin embargo, es
probable que un porcentaje de la población aprenda los signos como totalidades ya cristalizadas,
sin indagar en su historia, del mismo modo en que nosotros aprendemos muchas de nuestras
palabras y su significado sin conocer su etimología. El repertorio tradicional de ideogramas era
de 80.000, lo cual dificultaba su aprendizaje. Durante mucho tiempo esto no fue una
preocupación, pues quienes aprendían a escribir eran los integrantes de las clases acomodadas,
o personas que pertenecían al oficio de escribas por tradición familiar, y lo hacían desde muy
pequeños. La forma de aprender los signos era por copia y repetición, al igual que se realizaban
los aprendizajes en otras áreas. Por ejemplo en la enseñanza tradicional de las artes marciales,
el maestro no inicia sus lecciones con el repertorio básico de golpes y palancas, sino que el
alumno deberá ir aprendiendo lentamente, y por imitación, los movimientos realizados por el
maestro, algunos de ellos organizados en cadenas de movimientos o coreografías llamadas
“formas”. De estas imitaciones el alumno deberá ir extrayendo el repertorio. En el aprendizaje de
la escritura se daba algo parecido, pues no se enseñaba como en occidente el código básico
Japón adopta la escritura ideográfica china hacia los siglos III / IV d.C., realizándole varias modificaciones y
obteniendo resultados no del todo óptimos, pues la lengua oral china y la japonesa son muy diferentes.
6
(alfabeto) y sus reglas combinatorias, sino que se ejercitaba la escritura de cada signo, dando
importancia no sólo al concepto, sino también al trazo. El idioma y la escritura chinos parecen
asentarse entonces en rasgos que aquí consideramos accesorios, sobre todo en la oralidad,
donde la acentuación y la forma de pronunciación tienen tanta importancia como el signo escrito,
el cual puede llegar a tener, en algunos casos, hasta diez acepciones diferentes según se lo
pronuncie .
A partir de la revolución cultural, en la década de 1960, China se esfuerza por acotar sus
repertorios básicos, para que resulten accesibles a un mayor número de personas. En este
sentido y para continuar con la comparación con las artes marciales, definen algunas “formas” de
muy pocos movimientos (a diferencia de las antiguas que solían tener una complejidad
considerable) y en cuanto a la escritura estandarizan un repertorio que reduce los iniciales
80.0007 signos a 8000, facilitando la democratización de la lecto-escritura.
La pregunta sigue siendo pertinente: ¿por qué una escritura ideográfica? ¿Podríamos,
en nuestra cultura occidental, operar con una escritura de este tipo?
Según McLuhan (cuya hipótesis es repuesta por Ong en “Oralidad y escritura” 8), el paso
de la oralidad a la escritura ha representado una revolución perceptiva, que ha implicado un
desplazamiento del oído como centro del acto de comunicación a la vista. Esto implicaría pasar
de la profundidad de lo sonoro (a nivel físico) a la superficialidad de lo visual (la lectura de una
superficie material). Es decir, Walter Ong defiende la especificidad de lo oral como un código
completo que no porta un estatuto inferior al escrito. Si bien estos cambios son muy ricos y muy
profundos, no conllevarían por sí solos cambios cognitivos inmediatos. Vale decir, la escritura no
habilita, de por sí y automáticamente, mejores procesos comunicacionales que la oralidad a nivel
cognitivo. La diferencia central está dada por la posibilidad de almacenamiento que esta práctica
implica, donde la información que se puede archivar excede ampliamente las capacidades
individuales del narrador oral más entrenado. En este sentido señala que la escritura traerá en
un plazo mediato, importantes modificaciones en la vida de los pueblos, y en un plazo más largo
aún, habilitará el desarrollo del pensamiento analítico. Y en este punto, vale arriesgar la hipótesis
de que la cultura occidental ha desarrollado esta forma de razón instrumental, analítica, que se
coordina con la escritura alfabética, donde la explicitación del código y sus reglas combinatorias
Según las palabras de Moorhouse (op.cit) pues otros estudiosos fijan esta cifra en 50.000 y al repertorio actual en
5000.
8
ONG, W. Oralidad y Escritura, México, Fondo de Cultura Económica,1987,1993.
7
antecede a la acción, y donde la característica del signo es su linealidad. En China, en cambio,
donde prevalece un tipo de pensamiento dialéctico, la forma de interpretación del signo es
sintética, gestáltica, basada en procesos analógicos.
b.3. Escrituras fonéticas
Entre el 4.000 A.C. y 3.500 A.C se producen dos cambios en la escritura que van a
resultar imprescindibles para la posterior conformación del alfabeto. Por un lado se va ganando
en regularidad en los significantes visuales (se repiten los mismos para cada significado y se
estandariza su forma9) y por el otro se ajusta la vinculación entre el significante visual y el
auditivo, es decir, por primera vez se establece una relación entre la escritura y la lengua oral.
Hasta ese momento no existía conexión necesaria entre el lenguaje oral y el escrito; sí existía
una referencialidad estable de los términos de la lengua oral con los objetos nombrados. Esta
práctica deriva en la utilización de los pictogramas como sonidos, lográndose así la
independencia de la forma representada figurativamente. Generalmente, y esto va a variar de
acuerdo a la cultura estudiada, se utilizaba la primer sílaba de cada la palabra para conformar el
nuevo signo. A este tipo de escrituras se las llamó silábicas o silabarios.
Dados los cambios mencionados, fue posible dar el siguiente paso: independizar el
pictograma de su denotatum original y vincularlo sólo a su imagen acústica para formar un nuevo
signo: el fonograma. Este salto se logra en Egipto hacia el 3500 a.C. 10. con los fonogramas o
“signos clave”. El elemento fundamental que posibilitaba la interpretación de estos signos era el
sonido. Este sonido asignado a la figura provenía de la lengua oral, es decir que sólo pudo surgir
en poblaciones que ya tuvieran escrituras fonéticas. Demos un ejemplo falso pero didáctico: si
viéramos dos dibujos, uno de un “pato” y uno de un “tero”, estaríamos ante la palabra “patotero”,
quizás, según lo que se acostumbraba en estas escrituras aunque no era imprescindible, tendría
además un tercer dibujo asociado a la fuerza o pedantería o alguna otra cualidad del objeto
descrito. La operación semiótica que se hace para interpretar este tipo de signo no debe
subestimarse: se debe independizar los signos iniciales (decodificados en presencia, por
iconicidad) de sus objetos primarios, conservar las imágenes acústicas de los mismos en la
memoria, unirlos y asociarlos a un nuevo objeto, totalmente diferente de los de origen. Los
Por eso podemos encontrar numerosos registros de tablas de signos a modo de catálogos. “El 15 por ciento de las
tablillas contienen listas de nombres, incluyendo mercadería, animales y oficiales. Esas listas eran compiladas,
seguramente, para establecer y enseñar a los escribas un sistema de escritura reconocible y definitivo.” Proel, ob.cit.
10
En México, este mismo tipo de signo aparecerá hacia los siglos XIII/XV
9
fonogramas podían ser sólo monosílabos (como en la lengua china) o además polisílabos (como
los egipcios o los aztecas).
Ahora que se describió el concepto, veamos un ejemplo verdadero, para poder evaluar las
dificultades que presenta este tipo de escrituras.
Los dos primeros dibujos son dos versiones (la segunda más simplificada) del mismo signo, y
representan la ciudad de Mazatlán. Este signo está integrado por dos partes: la primera es la
figura del venado, que se dice mazatl, la segunda son un par de dientes, que se dice tlanti.
Uniendo los sonidos de ambos pictogramas, y restando algunas letras, obtendremos la nueva
palabra. Como se puede ver, al igual que en la escritura pictográfica, existían problemas para
identificar los elementos que componían el dibujo y para interpretarlos. El venado parece
bastante obvio, no así los dientes…pero aún con el venado, es difícil determinar si le
corresponde el sonido “ciervo”, “venado”, “gamo”, “antílope”, etc. Es decir, existían
ambigüedades al momento de asignarles tal o cual imagen acústica. Y por si esto fuese poca
dificultad, los significantes del primer nivel no se trasladaban en su totalidad en todos los casos,
sino que había un recorte, y no había reglas estrictas para realizarlo. En el ejemplo mencionado,
se eliminan las letras repetidas ( tl) y las dos finales de la segunda palabra (ti). En el segundo
caso, Coatepec, las imágenes acústicas que se unirán serán “coatl” (serpiente) y “tepec” (colina),
conformando el nombre de la ciudad
Coatepec. Nuevamente observamos las mismas
dificultades que en el ejemplo anterior. En función de las dificultades mencionadas, no es
descabellado afirmar que la única forma de tener chances de decodificar correctamente el signo
será conociendo su posible significado de ante mano.
b.4. Escrituras complejas
Podemos coincidir con Morhoouse en que la historia de la escritura no es una historia
que evolucione de manera lineal y única, pero en función de la constitución de nuestro alfabeto,
podemos reconstruir las etapas que fueron necesarias para su constitución, y así verlas como
superadoras de las anteriores. En este sentido, en las escrituras jeroglíficas y en las cuneiformes
vamos a encontrar presentes los elementos de las formas escriturarias anteriores conviviendo en
un nuevo plano de complejidad, donde tendrá lugar la aparición de un nuevo elemento: la letra.
Así, hacia el 3000 AC se desarrolla en el antiguo Egipto, la escritura jeroglífica, cuya traducción
significa “escritura de los sacerdotes”. La escritura ha estado ligada al ejercicio del poder durante
muchos períodos de la historia, y la institucionalización así como la conservación de diversas
prácticas escriturarias ha tenido que ver con que son emergentes de dichos contextos en donde
se
producía
una
acumulación
de
poder,
posibilitando a la vez la existencia de registros más
detallados de esos períodos que de otros.
En las escrituras egipcias podemos registrar distintas etapas, desde una pictográfica
inicial hasta el momento de su máxima perfección, hacia el 1500 a.C.,
cuando los signos adquieren, con las escrituras hierática y demótica (la
primera
reservada
a
las escrituras
sagradas y la segunda a las de
difusión, ambas en la ilustración que
acompaña este párrafo) un valor
fonético independiente del significado original de la imagen pictórica (arbitrario). Pero en esta
transición quedaron registros de las etapas intermedias,
donde convivían en un
mismo texto pictogramas, ideogramas y las
primeras letras. Muchos de estos registros
aún hoy ofrecen dificultades para su
decodificación. Por ejemplo, un mismo grafo
podía estar cumpliendo distintas funciones,
supongamos que encontramos el dibujo de una boca (ro), podría estar refiriendo al objeto boca,
a la sílaba “ro” o a la letra “r”, y si estuviera cruzada por ejemplo por “nu” (agua) podía significar
“beber”11. Los jeroglíficos, a diferencia de la escritura cuneiforme que veremos a continuación,
tenían trazos sumamente detallados pues al estar realizados sobre papiro y con tinta y pincel,
permitían líneas muy delgadas y no ofrecían mayores dificultades para las formas curvas, por
eso mantuvieron su aspecto figurativo aún cuando estuviesen operando como letras. Trabajaban
además una amplia gama de colores cuando escribían en este soporte, no así cuando lo hacían
en otros materiales como madera o piedra. Se hipotetiza que la aparición de la letra estuvo
motivada por la necesidad de escribir nombres propios; en dichas ocasiones el pictograma
funcionaba como letra, remitiendo sólo al sonido inicial de la palabra. Veamos esta función del
pictograma como letra en los cartuchos encontrados en la piedra Roseta y estudiados por Young
hacia 1814. En el primer par (el superior es el original y el inferior su traducción), encontramos el
nombre de Tolomeo, donde por ejemplo, la figura del león cumpliría la función de la letra “l”.
Vemos la misma situación en el ejemplo de Kleopatra, donde podemos ver como la figura de un
águila está representando la letra “a”.
11
Ejemplo extraído de la enciclopedia El Mundo que nos rodea, tomo: “El libro y la escritura”, dirigida por Ivan Illins.
Escritura Cuneiforme:
La evolución de las escrituras cuneiformes, cuyos primeros registros provienen del 3.000
a.C., recorre pasos similares
a las otras escrituras: de
formas figurativas a formas
abstractas y regulares, de
descoordinación
entre
lengua oral y escrita a una
correspondencia, pero es
interesante destacar como el
tipo de soporte en el que se escribía, aceleró o aplazó la abstracción de la forma. Los primeros
registros, como dijimos y según se ve en la tabla que acompaña este párrafo, consistían en
escrituras pictográficas cuyos signos eran íconos de los objetos representados (realizados
inicialmente en piedra o barro). El soporte donde se los trabajaba eran unas tabletas de arcilla a
las cuales se marcaba con cuñas. Esto dificultaba las líneas curvas y extensas, pues por un lado,
la presión de la arcilla volvía a cerrar la línea y por el otro cerraba las líneas curvas. Por otra
parte, la forma triangular que adquiría el remate de la cuña hizo que rápidamente los dibujos se
diferenciaran de los objetos inicialmente designados. Por otra parte, antes de que se diera este
proceso, hubo un cambio de dirección en la escritura (se cree que por una cuestión de
comodidad, ya que antes se escribía de arriba hacia abajo y se pasó a escribir de izquierda a
derecha) que hizo que la totalidad de los signos modificara 90* la orientación e hiciera que en
algunos casos fuese imposible reconocer el objeto denotado (véase en el ejemplo anterior el
pictograma de pájaro, como pierde su similitud icónica en la segunda columna, al cambiar la
dirección). Los pueblos que posteriormente desarrollaron alfabeto no tomarán esta dirección de
escritura hasta los griegos atenienses. Es interesante destacar como la dirección de escritura
orienta la percepción en cada cultura. Esta dirección de izquierda a derecha, que compartimos
con los sumerios, hace que si dividimos un plano en cuatro cuadrantes, nuestro punto de mayor
tensión esté ubicado en el cuadrante superior derecho; en el caso de las culturas orientales, la
ubicación de este punto se invierte.
Hacia el 1500 A.C. la escritura cuneiforme ya había adquirido valor fonético y había
estandarizado sus repertorios silábicos, aunque su decodificación seguía siendo problemática en
tanto un mismo signo poseía varios valores fonéticos, y sólo se podían comprender de cual se
trataba por la intervención de varios criterios simultáneos.
Entre el 1300/1000 AC, se desarrollan los primeros alfabetos, el más
antiguo es el cananeo, hacia el 1300 a.C., del cual deriva el alfabeto fenicio, uno
de los alfabetos más tempranos (1100/1000), del
cual derivará inmediatamente el hebreo (1000
a.C.). Los fenicios eran un pueblo que ejercía el
comercio marítimo, lo cual favorecía el contacto con muchos pueblos
que manejaban diferentes lenguas y con los cuales establecían
relaciones comerciales. En este contexto, y en parte estimulado por la
necesidad de establecer un código taxativo para comunicarse, los
fenicios desarrollan uno de los primeros alfabetos de los que se tiene registro. El mismo contaba con
22 letras consonantes, quedando las vocales sin registro escrito, aunque
continuaban presentes en la lectura. Actualmente, el hebreo conserva esa
característica, aunque para facilitar el aprendizaje, al iniciarse en su lectoescritura se utiliza una serie de signos formados por puntos para señalar el lugar
donde deberían estar presentes las vocales. Es interesante notar que los niños pequeños
reproducen esta secuencia, no escribiendo las vocales en sus primeras escrituras, aún cuando las
saben dibujar y leer12.
Grecia conoce este alfabeto y lo perfecciona agregándole las vocales, quedando
conformado por veintisiete letras, todas mayúsculas. De los cuatro alfabetos que coexistieron en el
mundo griego, estos son el antiguo (es el que vemos acompañando este párrafo), el occidental, el
oriental y el clásico, es el "clásico" el que ha llegado difundido hasta nuestros días. El alfabeto se
desarrolló durante la época de esplendor de Atenas, hacia el 400 a.C, el cual además de poseer
vocales había adquirido la dirección de lecto-escritura que actualmente tienen los pueblos
occidentales. ¿Cómo hicieron los griegos, que escribían las vocales, para adaptar un alfabeto
consonántico? Lo que hicieron fue tomar algunas letras que los fenicios utilizaban como
consonantes y les asignaron el valor de vocal, tal es el caso de Aleph (cuyo pictograma original era
la cabeza de un buey) que pasará a ser Alfa. Vamos a ver que en la escritura griega van a
predominar las formas angulares (en este párrafo vemos el alfabeto griego clásico). Esto se debe a
que el soporte principal era la piedra. Es notable como los aspectos de la producción material de los
Bauer ha realizado investigaciones con niños, los cuales han podido inventar con rapidez alfabetos
consonánticos, muchos de ellos con una notable similitud con el alfabeto semita (citado en Moorhouse, 1993, p.165
y 166).
12
signos han ido favoreciendo unas u otras formas. En el caso de la escritura cuneiforme prevalecerán
formas lineales que rápidamente evolucionaron hacia la no figuración, en los escritos egipcios,
gracias al uso del papiro y el pincel como ya mencionamos, se vieron favorecidas las formas
detalladas e icónicas. Desde estas apreciaciones es válido considerar que la tecnología de
producción del signo es una parte fundamental de las condiciones de posibilidad de su forma. Estas
posibilidades de variación morfológica han alcanzado su punto máximo de diversidad en la década
de los 80 a partir de la informatización del diseño de tipos.
Los romanos conquistaron Grecia, y también sus alfabetos, heredándonos la famosa
"Romana" (conocida actualmente como “Romana clásica”) tallada en la columna erigida por Trajano.
Prácticamente no realizan modificaciones al alfabeto griego, limitándose a unas pocas cuestiones
de forma, agregándole mayor armonía y limpieza al trazo.
Desde las Escrituras conventuales a la actualidad
Paralelamente al formato de letra “romana”, que estaría compuesto, al igual que su
antecesor, por veintisiete letras mayúsculas, se desarrolla el alfabeto rústico, con el mismo
repertorio de signos, pero con un formato muy diferente debido al empleo de la pluma y el trazo
manuscrito. Esta tipografía compartirá rasgos similares con otras escrituras manuscritas posteriores,
como por ejemplo la uncial, (siglo IV), o la gótica (siglo VIII) sirviendo de antecedente de las formas
minúsculas. Pero será recién durante el imperio de Carlomagno (siglo IX), que aparecerán las
minúsculas. La llamada escritura carolingia o carolina fue diseñada por uno de los pedagogos del
rey, un monje llamado Alcuino, el cual estableció además el uso de los signos de puntuación y la
utilización de las mayúsculas al inicio del párrafo. Paralelamente, entre los siglos IX y XII se
consolida la utilización de espacios entre las palabras, lo que va a posibilitar la lectura silenciosa,
dando lugar al pasaje de la lectura colectiva en voz alta a la lectura individual en silencio. i Un tercer
tipo de letra que aparece en esta época -poco antes, hacia el siglo VIII- es la gótica, que cobraría
fama por ser el tipo de carácter seleccionado por Gutemberg para realizar sus impresos (Parramón,
1987). El aspecto irregular de los bastones en la gótica, (característica que compartirá con varios
otros tipos de letras) se debe al uso del cáñamo y tinta para escribir; el uso de firuletes en la letra
realizada a mano, sufrirá simplificaciones al comenzar a utilizarse en la imprenta.
Los primeros incunables13 fueron impresos en caracteres góticos. Con esta acción, además
de difundir esos caracteres por toda Europa, Gutemberg y sus discípulos lo convirtieron en el más
Se denominan de esa manera a los libros impresos durante los cincuenta primeros años de la imprenta, donde se
buscaba imitar obsesivamente los rasgos de la escritura manual, incluso se reproducían sus errores, para darle un
aspecto artesanal al escrito.
13
típico de Alemania. Pero ya hacia el 1470, en Italia, se comenzó a utilizar la romana, diseñada por
Nicolás Jenson (basada en el mencionado grabado de la columna de Trajano) para las mayúsculas
y el estilo medieval o humanístico para las minúsculas. Jenson, junto a un grupo de filósofos,
pertenecían a la corriente humanista, por lo que sostenían entre otros principios, la necesidad de
valorar lo latino; es en ese contexto en el cual Jenson va a recuperar la romana clásica y ajustando
las medidas armónicamente va a diseñar su alfabeto. El resto del grupo actuará posteriormente de
la misma manera.
Entre los impresores que realizaron las modificaciones más significativas de este tipo de
letras encontramos a Aldo Manuzio –en 1501 inventó el estilo itálico o cursivo, según él dice, para
economizar espacio-, quien contribuyó de manera determinante a la difusión de los textos clásicos.
Le siguen otras, pero la más famosa en la diseñada por el francés Garamont en 1544.
Posteriormente cabe mencionar al inglés Baskerville (1757), al francés Didot (1775) y al italiano
Bodoni (1780).
Hacia el 1800 se comienza a utilizar la escritura inglesa, diseñada por el francés Fermín
Didot a pedido del rey Jorge IV para imitar la escritura del palacio de Buckingham. Como ya
habíamos mencionado con Carlomagno en párrafos anteriores, es habitual encontrar que en los
lugares donde hay cristalización de poder, se soliciten alfabetos particulares que sirvan por un lado
de marca original y, por esto mismo, que impidan la falsificación de los documentos oficiales.
Otro estilo que surge hacia el 1815 con el tipo "Época" tiene como características que sus
serifasii ofrecen una forma rectangular. Pertenecen a esta familia los tipos Egyptienne (egipcios),
Clarendon y Volta.
Debieron pasar varios años para que surgiera un nuevo corte de letras: "El nuevo estilo fue
el de palo seco (lineal), que en vez de bastones finos y gruesos mantiene todos los trazos de igual
grosor y suprime el serif, por lo cual se denomina sans serif (sin serifa). Su estructura responde al
diseño del alfabeto griego clásico. Nació como alfabeto para anuncios, carteles y rótulos en la época
de auge de las competencias comerciales e industriales. Esta clase de tipos fue considerada
durante mucho tiempo como un producto vulgar, sin ningún valor artístico (por eso se le llama en los
países europeos no latinos: grotesca)”. (Brajnovic, 1979)
Este tipo de letra se empleará en la prensa y en las revistas para los grandes titulares,
desde los años 30 hasta la actualidad. ¿Por qué sólo para los títulos?, pues porque su diseño viola
la regla básica de la legibilidad: el refuerzo de los rasgos diferenciales entre letras 14. Como vemos,
no sólo conceptualmente reconocemos los signos por diferencia, tal como nos decía Saussure, sino
también en el aspecto formal. Si los tipos tienen rasgos similares entre si, la lectura resultará
monótona, lenta y ofrecerá mucha más dificultad.
Hace algunos años, y por el cada vez más sencillo acceso al diseño de páginas y
documentos informáticos, se ha difundido el uso de esta familia tipográfica para los bloques de
texto, y se ha reforzado como una moda que nació involuntariamente pero que cada vez se asienta
más. La más representativa de las grotescas es la Futura, diseñada por Paul Renner en 1925. A
este modelo le siguen, entre otros, los tipos Venus, Folio y Univers. También podemos citar el tipo
Times (1932) y la antigua Sabon (1967).
A su vez, estos estilos se constituyen en familias tipográficas, donde tenemos numerosos
tipos diferentes entre sí en detalles, pero iguales en los rasgos determinantes15.
Los tres grandes motores que han orientado las búsquedas de cambios y evoluciones
tipográficas fueron -y son- la legibilidad (donde la forma de garantizarla es mediante la acentuación
de los rasgos diferenciales y simultáneamente simplificación de la forma), la necesidad comercial de
novedad u originalidad y el requerimiento económico de ahorro de espacio (más tipos por renglón).
El diseño de tipos para imprenta debía tener en cuenta, además de las pautas de diseño
mencionadas anteriormente para los tipos en general, la resistencia de las matrices ante la potente
presión ejercida por la máquina de imprimir. También debía contemplar la perfecta impresión en un
papel de calidad inferior (como lo es el del periódico) y, como dijimos antes, ganar espacio. Por
responder a todas estas necesidades, la Times New Roman (creada y utilizada por The Times hacia
1930) desplazó a la Ionic (72 caracteres por renglón contra 55 de esta última) y ganó afinidad entre
las fundidoras y editores.
"Desde la aparición de los periódicos impresos -tanto en caracteres góticos como romanos- la legibilidad de los tipos
de letra fue acentuada más que antes o, por lo menos, fue tratada como un problema especial, unido con el problema de
la difusión. Generalmente los periódicos utilizaban para el texto la romana antigua o la romana moderna en sus diversas
variantes. Así por ejemplo, The Times utilizó casi un decenio el Ancien oeil, de Calson, para pasar luego al uso del Oeil
moderne y a finales del siglo XVIII al "viejo estilo restaurado", es decir, otra vez al Anciene oeil, corregido y mejorado por
los diseñadores Miller y Richard. Mientras tanto, en el continente europeo se emplean los tipos de Elzevir, Garamont,
Didot, Grandjean, Ibarra, Bodoni u otros similares producidos con alguna variante en las fundidoras nacionales o locales.
A su vez en los Estados Unidos de América la Compañía Mergenthaler Linotype había creado una familia de caracteres
del mismo estilo, denominado Ionic, ideada y realizada especialmente para periódicos". (Brajnovic, 1979)
15
Los rasgos variantes e invariantes de un tipo de letra pueden resumirse en: tamaño -puntos-, densidad -bold,
normal, laight-, dirección -derecha o normal e inclinada o cursiva- y saturación -condensada, normal o expandida-.
14
En la actualidad existen infinidades de variaciones de estas familias y el acceso a ellas es
muy fácil. Sin embargo el cambio reiterado de tipografía en un periódico -sobre todo en lo que hace
al cuerpo de texto- no es frecuente.
Retomando y sintetizando los principales ejes evolutivos de la tipografía, podemos observar
que los mismos recorren el aspecto tecnológico, el formal y el comunicacional a lo largo de toda su
historia.
En el sentido tecnológico los esfuerzos se centran -una vez inventada la imprenta- en lograr
la adecuada resistencia de la matriz y de los mismos tipos ante las melladuras, curvaturas, etc.;
también a lograr una eficaz relación entre matriz, tinta y papel, de acuerdo con las características de
este último, que evoluciona con rapidez desde comienzos del siglo XIX; complementariamente, en
superar las limitaciones del sistema tecnológico en costos, tamaño de pliegos, etc., ahorrando
espacio (más tipos por renglón). Tales esfuerzos se notan a lo largo de la historia en forma
correlativa al avance tecnológico general: Se producen exploraciones e innovaciones en los
ochenta años posteriores al invento de Gutenberg que dan los resultados ya reseñados, con gran
interés en lograr ahorro de espacio y resistencia; luego reaparecen novedades en la época de
aplicación de la prensa holandesa, en el siglo XVIII, cuando también se está masificando
fuertemente la edición de periódicos y sus tiradas; Finalmente, las indagaciones tecnológicas siguen
el ritmo -con sus aceleraciones en momentos críticos- de las sucesivas revoluciones industriales en
el capitalismo, optimizando su rol en el sistema tecnológico en forma competitiva, no sólo en la
búsqueda de resultados económicos sino como signo en sí mismo de tal competitividad ante el
consumidor, tal como sucede con otros elementos de la prensa. Por ello vamos a encontrar en los
periódicos abundantes anuncios publicitando las incorporaciones tecnológicas experimentales.
En el sentido formal, las búsquedas se centraron en legibilidad, y más adelante
incorporaron la necesidad de novedad, originalidad, diferenciación, gratificación extra, etc. que
caracteriza la construcción de la mercancía en el capitalismo moderno. Durante el siglo posterior a
Gutenberg la legibilidad no sólo se orientaba a la percepción visual más cómoda, sino a caracteres
comunes a los distintos pueblos europeos que recién comenzaban a comunicarse en forma regular
y sistemática. El desarrollo del capitalismo en el siglo XVIII con su expansión de la prensa y más
aún la primera revolución industrial exigieron al máximo estas investigaciones e incorporaciones.
Desde fines del siglo XIX queda ya en primer plano la competencia por diferenciar el material en
tanto mercancía, y por lo tanto las búsquedas en tipografía se orientarán a la persuasión, a reforzar
la idea de ser un producto "moderno, al día" y complementariamente funcional, legible.
Desde el punto de vista comunicacional, la primera etapa se centró en lograr tipos comunes
para uso en diversos países, para organizar mensajes en diversos idiomas, y para demostrar
capacidad de ocupar el espacio y reemplazar a los copistas y amanuenses. El rol de la
consideración de la tipografía como elemento a trabajar era organizar mejor códigos legibles y
accesibles a diversos pueblos, culturas e idiomas. La segunda gran etapa se caracteriza por las
primeras grandes expansiones de la prensa (siglo XVIII) y sus luchas por la libertad junto a las
revoluciones democráticas burguesas. En esta etapa la tipografía continúa en búsqueda de modelos
cada vez más universales, legibles y económicos, en tanto también colabora con la reafirmación de
su identidad: comienza a haber formatos universales -incluyendo el aspecto tipográfico- para los
diarios. La tercer gran etapa se produce con la consolidación de la economía capitalista industrial y
de las revoluciones burguesas, desde mediados del siglo pasado: el nacimiento del diseño como
operación analítica sobre cualquier pieza de uso humano para optimizarla en términos de
mercancía, de funcionalidad y de estética, situación en la cual la tipografía se constituye
rápidamente en uno más de los diversos aspectos que la gráfica busca optimizar.
Bibliografía de referencia:

Bengt, Oldenburg: "John Bell y la tipografía moderna en Inglaterra". En: Revista Tipográfica,
n5. Editorial Jorge Fonata. Buenos Aires, 1989.

Frutiger, Adrián: Signos, símbolos, marcas, señales. Editorial Gustavo Gili. Colección GG
Diseño, Barcelona 1985.

Moorhouse, Alfred Charles: Historia del Alfabeto, Fondo de Cultura Económica, México, 1985.
1º ed. 1961.

ONG,W.- Oralidad y escritura. México, ed. F.C.E, 1993

Parramón, José: Así se dibujan letras, rótulos. Editorial Parramón S.A., Barcelona, 1987.

Perfect, Christopher: Guía completa de la tipografía. Editorial Blume, Barcelona, 1994.
Antes de esto, era necesario recurrir a la lectura en voz alta para entender el sentido del texto, pues era un solo párrafo corrido, sin
separación de palabras, que al ser escuchado podía comprenderse.
ii
Se denomina Serifa al remate del bastón que presentan algunas letras. El grupo de tipografías de la familia “sans serif” o “sin
serifas” no poseen estas muescas, por lo que reciben el nombre de tipografías de “palo seco”.
i
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