Artículo VIII - Iglesia Alianza Cristiana y Misionera Podcast

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Bienvenidos a C.A.S.A.
Gracias por interesarte en conocer y ser parte de nosotros. Entendemos que
llegar a un lugar nuevo siempre es un reto.
Todos de una manera u otra experimentamos temor. Por
ejemplo, en un nuevo vecindario, nos preguntamos: ¿Cómo
serán los vecinos? O si estamos comenzando en un nuevo
trabajo, ¿Tendré buenos compañeros? Te imaginas los temores
que asaltan cuando nuestros hijos comienzan en una nueva
escuela. En fin la lista parece interminable.
Aquí en C.A.S.A. entendemos lo que significan los cambios.
Es por eso que este panfleto fue diseñado con la idea de
ayudarte a comprender: ¿quiénes somos? y ¿qué hacemos? Espero que al unirte a
nosotros lo hagas consciente del compromiso que tenemos con el Señor
Todopoderoso y la ciudad de Kissimmee.
¡Que Dios te bendiga!
Iván y Millie Rivera
Equipo Pastoral de C.A.S.A.
Rev. Eliat Aponte
Pastor Asistente
Rev. Luis Calderón
Pastor Asistente
Rev. Porfirio Medina
Pastor Asistente
Hna. Betty Morejón
Directora de la Juventud
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¿Por qué es importante
Iglesia local?
venir
a
ser
miembro
de
una
En su libro, Una Vida Con Propósito, Rick Warren, fundador y pastor de Saddleback Community
Church en Orange County, California dice:
El Nuevo Testamento da por sentado que los creyentes eran miembros de una
congregación local. La Biblia dice que un cristiano sin iglesia materna es como un
órgano sin cuerpo, una oveja sin rebaño o un niño sin familia. ¡No es su estado natural!
La Biblia dice que somos “miembros de la familia de Dios…. Conciudadanos de los
cristianos de todas partes.”
La Biblia llama a la iglesia la esposa de Cristo y el cuerpo de Cristo. No me puedo
imaginar diciéndole a Jesús: Te amo, pero no me gusta tu esposa o Te acepto pero
rechazo tu cuerpo. Sin embargo, eso es lo que hacemos cuando le restamos importancia,
menospreciamos o nos quejamos de la iglesia. La Biblia nos ordena amar a nuestra
familia espiritual.
Para ser un miembro de C.A.S.A. de la Alianza Cristiana y Misionera de Kissimmee, nosotros
solicitamos el cumplimiento de lo que el Señor requiere. El libro de los Hechos nos dice que los
que fueron salvados y bautizados, el Señor los añadió a la iglesia. Si Usted ha recibido a
Jesucristo como Señor y Salvador y ha sido obediente a Su mandato de bautizarse (por inmersión
– representada en Su muerte, sepultura y resurrección) usted puede venir a ser miembro, en esta
iglesia. Si no lo ha realizado, entonces le animamos a bautizarse en el nombre del Señor (también
debe completar la solicitud de membresía).
(Para una comprensión mayor de este tema, favor ver el Apéndice I
Membresía de la Iglesia, asunto para tomar en serio)
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Algunas preguntas que las personas nos hacen acerca de
la Iglesia.
1. ¿Qué es la Alianza Cristiana y Misionera?
La Alianza Cristiana y Misionera es una alianza de creyentes evangélicos, unidos en iglesias
locales, comprometidos a cumplir la Gran Comisión dada por nuestro Señor Jesucristo.
Mateo 28:19 y 20 nos instruye, “Por tanto, id, haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; enseñándoles que guarden
todas las cosas que os he mandado.”
Somos una entidad cristiana porque creemos en Jesucristo y le seguimos como Salvador y
Señor. Somos misionera porque no hemos comprometido a llegar a gente no alcanzada con
las buenas nuevas de Jesucristo.
Desde nuestro inicio en 1887, la Alianza ha crecido a una membresía mundial de mas de 2.5
millones, incluyendo los Estados Unidos y Canadá. Desempeñamos ministerios en 56 países
y territorios alrededor del mundo.
2. ¿Quién fue el fundador de la Alianza Cristiana y Misionera?
Alberto Benjamín Simpson nació el 15 de diciembre de 1843, en Bayview, Canadá, como el
cuarto hijo de una piadosa familia. Se destacó como un hombre visionario con una pasión por
la obra misionera.
(Para más detalles de su vida lea el Apéndice II
A. B. Simpson, Uno de los más dotados siervos de Dios del siglo XIX)
3. ¿Cuándo y donde comenzó el ministerio hispano de la Alianza Cristiana y Misionera
en el área de la Florida Central?
La historia de nuestra iglesia se remonta a los años 70, cuando un hombre llamado Maximino
Aguilera donó un pedazo de terreno en la Avenida Winegard en Orlando. Conscientes de la
necesidad de un pastor, el grupo llamó al Rev. Eugenio Castañeda, quien vino de Miami a
hacerse cargo de la obra y estuvo al mando de la misma hasta el año 1985. Dado que el Rev.
Castañeda se regresaba a Miami, entonces su lugar fue ocupado por el Rev. Carlos Santiago
quien pastoreó la iglesia hasta su nombramiento como Superintendente del Distrito Hispano
de la Alianza Cristiana y Misionera en el 1991.
4. ¿Cuándo fue que la Iglesia se movió a Kissimmee?
La iglesia del Nazareno, una congregación anglosajona estaba próxima a inaugurar su nuevo
templo y estaban vendiendo sus facilidades en el 1600 Mabbette St. En Kissimmee. En
verano del 1988 se firmaron las escrituras y la iglesia de Orlando oficialmente se traslada a la
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ciudad de Kissimmee. Desde entonces ese es el aniversario que celebramos en nuestra
iglesia: ¡La mudanza a Kissimmee!
5. ¿Cuándo es que se compra la propiedad de la Avenida Michigan?
En el mes de noviembre de 1998 se firmaron las escrituras que nos hacían propietarios de un
terreno de 9.77 acres en una de las avenidas mas transitadas de Kissimmee. Nuestro primer
servicio en la Michigan ocurrió el domingo 8 de Junio de 2003.
6. ¿Cuántos pastores titulares ha tenido la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera de
Kissimmee?
Nuestra iglesia ha tenido cuatro pastores titulares:
1. Rev. Eugenio Castañeda – comienzos años 1984 – 1985
2. Rev. Carlos Santiago – 1985 – 1991
3. Rev. Jaime Benites – 1993-1996
4. Rev. J. Iván Rivera – 1996 – presente
Cabe destacar que el Rev. J. Iván Rivera llegó a nuestra iglesia en el año 1987. A la salida
del Rev. Carlos Santiago pasó a ocupar el puesto de Presidente de la Junta de Gobierno y CoPastor de la Iglesia durante el ministerio del Rev. Jaime Benites. En el año 1996 fue
nombrado Pastor Titular. El Rev. J. Iván Rivera es un creyente del trabajo en equipo cosa que
demuestra al formar el Equipo Pastoral que tenemos en nuestra Iglesia. Este Equipo en la
actualidad está compuesto por: Rev. Eliat Aponte, Rev. Luis Calderón, Rev. Porfirio Medina
y la Hna. Betty Morejón.
7. ¿Qué creen los aliancistas?
La Alianza Cristiana y Misionera enfatiza la necesidad de una conversión espiritual auténtica
a Cristo, una vida llena del Espíritu Santo, y servicio eficaz. La declaración doctrinal de la
Alianza Cristiana y Misionera se adopto en 1965. Se ha reafirmado en años posteriores, y
permanece como nuestra declaración de fe evangélica. Enseñamos la centralidad de Cristo,
que expresamos en la fórmula:
Jesucristo - Salva
Jesucristo - Santifica
Jesucristo - Sana
Jesucristo - Viene otra vez.
(Para un estudio más detallado vea el Apéndice III
El Evangelio Cuádruple Extracto del libro Preparando el Regreso del Rey del
Dr. Keith Bailey)
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8. ¿Qué significa C.A.S.A.?
En el acrónimo C.A.S.A. recogemos la visión y misión de nuestra iglesia. Cada una de las
letras tiene un significado especial.
C
Compañerismo cristiano (Salmo 25.14; Proverbios 3.32)
A
Alimento espiritual (Mateo 4:4)
S
Servicio cristiano (1ª Pedro 4:10; Filipenses 2:4-5,7)
A
Adoración (Juan 4:23-24)
9. ¿Qué significa el logo de la Alianza Cristiana y Misionera?
El logo de la Alianza Cristiana y Misionera recoge el mensaje principal de nuestra
denominación. El evangelio cuádruple esta contemplado en este emblema y significa lo
siguiente:
La Cruz representa la salvación que está a nuestra disposición por medio de la
muerte y resurrección de Jesucristo. (Hechos 4:12)
El Lavacro representa la santificación, la limpieza diaria del pecado y el poder
para vivir de acuerdo al plan de Dios por medio de Cristo que mora en el
creyente. (2 Pedro 1:3)
El Cántaro de aceite simboliza la vida divina y la sanidad física que provienen de
Jesús. (Santiago 5:15)
La Corona simboliza el retorno de Jesucristo a la tierra como Rey de reyes y
Señor de señores. (Marcos 14:62)
El mapa mundial nos recuerda nuestra responsabilidad y privilegio de llevar el
mensaje del amor de Cristo al mundo entero. (Mateo 24:14)
10. ¿Cuál es la forma de bautismo utilizada por los aliancistas?
En la Alianza Cristiana y Misionera bautizamos a las personas en obediencia a la Palabra de
Dios (Mateo 28:19-20). El bautismo debe mostrar tres realidades para que sea uno de
acuerdo a las Escrituras. Estas realidades son: muerte, sepultura y resurrección. Esas tres
realidades están presentadas en el bautismo por inmersión. Al bautizarnos por inmersión nos
identificamos públicamente con Cristo como Salvador y Señor en estas tres áreas.
11. ¿Es el bautismo por aspersión una forma aceptable de bautismo?
De acuerdo a las escrituras el bautismo por aspersión no es una forma aceptable de bautismo.
¿Cómo se puede ilustrar la muerte, sepultura y resurrección en el bautismo por aspersión? No
existe evidencia bíblica de persona alguna que haya sido bautizada con este método.
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12. Si fui bautizado por inmersión en otra iglesia evangélica, ¿Tengo que bautizarme
nuevamente para ser miembro de la Alianza Cristiana y Misionera?
Usted no tiene que bautizarse nuevamente si se bautizó por inmersión en una Iglesia
evangélica.
13. ¿Por qué en la Alianza Cristiana y Misionera no bautizan a los niños recién nacidos?
No existe ningún precedente bíblico que sustente el bautismo de los infantes. Dejemos que la
Biblia nos enseñe lo referente al bautismo:
1. Mateo 28:18-20 – Jesús comisionó a los discípulos a enseñar o hacer discípulos y
luego bautizar a los creyentes (no es posible realizar este proceso de enseñanza con
un niño recién nacido).
2. Marcos 16:15-16 – Declara que la persona después de creer sea bautizada (Es obvio
que un niño recién nacido no puede ejercer este tipo de fe).
3. Hechos 2:37-38 – El mensaje del Apóstol Pedro el Día de Pentecostés era uno
enfocado al arrepentimiento del pecado y a la oportunidad de recibir por la fe la
salvación provista en Cristo. A la petición de los interesados el Apóstol les ordenó:
arrepentíos y bautícense. (El concepto de convicción de pecado y arrepentimiento esta
por encima de la capacidad mental de un recién nacido).
4. Hechos 8:36-37 – El etiope eunuco que iba en su carruaje leyendo las Escrituras le
dijo a Felipe: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios (un niño recién nacido no puede
realizar esta confesión).
14. ¿Con cuánta frecuencia realiza la Alianza Cristiana y Misionera la ceremonia de la
Santa Cena?
En la Alianza Cristiana y Misionera tenemos la costumbre de celebrar la ceremonia de la
Santa Cena cada primer domingo de mes. Jesús no dijo con cuanta frecuencia debe celebrarse
este memorial lo que si enseñó fue que cada vez que se realice se haga en memoria de él
(1ª Corintios 11:23-25).
15. ¿Cuál es el rol de la mujer en la Alianza Cristiana y Misionera?
Aún cuando en la Alianza Cristiana y Misionera la mujer no recibe el Título de Ministro
Ordenado, no obstante hay una buena cantidad de mujeres que sirven al Señor en nuestra
congregación. En C.A.S.A. tenemos mujeres que sirven al Señor en la Junta de Gobierno,
ministerios, incluso tenemos una mujer como parte del Equipo Pastoral. En la Alianza
Cristiana y Misionera reconocemos el extraordinario trabajo que realiza la mujer en la obra
del Señor.
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16. ¿Es la Alianza Cristiana y Misionera una iglesia carismática?
Somos una iglesia llena del Espíritu Santo (1ª Corintios 12:13; Efesios 5:18). Creemos que la
evidencia inicial del bautismo del Espíritu Santo es poder para ser testigos (Hechos 1:8), y no
el hablar en lenguas. Los dones espirituales son herramientas dadas por Dios para la
edificación del cuerpo de Cristo y deben manifestarse con ese propósito.
17. ¿Cuáles son los valores fundamentales de C.A.S.A. de la Alianza Cristiana y
Misionera?
Se entiende por valores fundamentales – el conjunto de cualidades de una persona o
institución. Estos valores se consideran prioridades de la iglesia y los mismos no son
negociables.
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El valor de la Proclamación de la Palabra (1ª Corintios 1:21).
El valor de una relación personal con Dios a través del estudio de la palabra y la
oración (2ª Timoteo 3:16-17; Colosenses 3:16; Marcos 12:30; Filipenses 4:6; 1ª
Tesalonicenses 5:17).
El valor de la obra misionera (Mateo 28:18-20)
El valor de la familia (Hebreos 13:4; Efesios 6:1-4)
El valor del amor (Romanos 13:8)
El valor de la mayordomía (Mateo 25:14-30)
El valor de servir al Señor en su iglesia (Efesios 4:11-12; Marcos 10:45; 1ª Corintios
15:58; Gálatas 6:10).
18. ¿Qué debo hacer para servir en algún ministerio en C.A.S.A.?
Para servir en cualquier ministerio en la iglesia se espera que la persona sea miembro oficial
y conozca los dones y habilidades que el Señor le ha dado.
(Para una mejor comprensión favor ver el Apéndice IV
Dones Espirituales)
19. ¿Tiene C.A.S.A. un Reglamento Interno?
Toda congregación aliancista utiliza el Manual Oficial de la Alianza Cristiana y Misionera.
No obstante nuestra organización permite que cada iglesia local tenga su propio reglamento
interno. Se entiende que el mismo debe estar cónsono con el Manual Oficial.
(Para una mejor comprensión vea el Apéndice V
Reglamento Interno)
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20. ¿Qué es el Pacto de Membresía?
El Pacto de Membresía es el documento oficial que certifica la membresía del individuo a
nuestra Iglesia. El mismo cuenta con cuatro postulados básicos.
(Para una comprensión mas completa favor ver el Apéndice VI
Pacto de Membresía)
21. ¿Qué se entiende por Ruta de Capacitación?
Es el programa de educación cristiana de la iglesia el cual tiene como propósito hacer de cada
persona de nuestra congregación un discípulo de Jesucristo.
22. ¿Qué es el Seminario Bíblico Alianza de la Florida Central?
Es la institución del Distrito Hispano del Este que funciona en nuestra iglesia con el
propósito de capacitar obreros para el ministerio.
23. ¿Cómo es la estructura operacional de C.A.S.A. de la Alianza Cristiana y Misionera?
Asamblea Iglesia
Junta de Gobierno/Ancianos
Pastor Titular
Asistente Administrativa
Equipo Pastoral/Ministerial
Alcance
Cuidado Pastoral
Familia
Juventud
Ayuda Social y Diaconado
Educación Cristiana
Celebración
Administración
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Apéndice I
Membresía en la Iglesia, asunto para tomar en serio
¿Por qué es tiempo de aumentar las expectativas?
Una entrevista con Ken Sande, fundador del Ministerio Peacemaker
Ser parte de la membresía no es de tanta importancia en nuestra iglesia, ésta fue la respuesta de
un tercio de los participantes en una encuesta según reportado en el “Leadership Weekly”.
Mientras un 38% indicó que se le requiere o urge a los participantes que se unan en membresía
frecuentemente, un 34% indicó que se alude a la membresía ocasionalmente; el resto indicó
que sus iglesias hacen muy poco o ningún énfasis en ser parte de la membresía. Esta tendencia,
de acuerdo a los expertos, es un error y el resultado puede ser una actitud casual de “ven tal
como eres”.
La iglesia debe ser más como un campo de batalla y no tanto como un crucero, dijo Ken Sande
del Ministerio Peacemaker. En vez de enfatizar en una atmósfera casual y de actividades
divertidas, Sande dice que es tiempo de que las iglesias aumenten las expectativas, enfocando en
una misión seria, asegurándose de que cada miembro responde a una función vital. Para hacer
este cambio, Sande dice que debemos volver a enfatizar en la importancia y significado de lo que
es la membresía. Solamente el enfatizar clara y seriamente en la importancia de la membresía
nos puede proteger de la creciente amenaza de ser demandados.
¿Puede darnos un ejemplo de cómo el dejar de enfatizar en la importancia de la membresía
pudiera ser peligroso para la iglesia?
Yo serví de consejero en una iglesia donde un simpatizante usó sus relaciones con la iglesia para
persuadir a la gente a invertir alrededor de dos millones de dólares con él. El dinero nunca fue
devuelto a los que invirtieron. El liderato de la iglesia tuvo que batallar para poder responder a
esta situación ya que esta persona no era miembro. Si el liderato hacía esta situación pública o
advertía a la iglesia sobre estas acciones, estarían arriesgándose a una demanda por daños y
difamación de carácter.
Finalmente el liderato le pidió a este hombre que se fuera de la iglesia, pero no dijeron nada a la
congregación. Como resultado, el hombre continuó haciendo inversiones y engañando a la
iglesia por un año. Cuando las víctimas supieron que el liderato de la iglesia sabía del asunto,
pero fallaron en advertirle públicamente a la iglesia, la congregación amenazó con demandar a
la iglesia por fallar en protegerle de estos daños.
Algunas cortes han determinado que las iglesias no pueden disciplinar a las personas que no han
dado su consentimiento específicamente para esto. En este caso los líderes de la iglesia no
pudieron advertir públicamente a la congregación, sin arriesgarse a una demanda, porque el
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hombre no era miembro oficial de la iglesia, y no había dado su consentimiento para ser
disciplinado. Al no enfatizar la importancia de la membresía, el liderato se vio impedido de
cumplir con una de las más importantes responsabilidades bíblicas: proteger la congregación.
¿Por qué muchas iglesias ya no enfatizan la importancia de la membresía?
Primero, hemos permitido en nuestra cultura el antagonismo hacia compromiso y
responsabilidad. Como los padres que están preocupados por disciplinar a sus adolescentes, los
líderes de la iglesia se preocupan de que pierdan popularidad si enfatizan demasiado el
compromiso y la responsabilidad.
Segundo, existe la preocupación de que si creamos una barrera en la entrada de la iglesia, no
entrará tanta gente como esperamos y la presión que siente el liderato por el crecimiento de la
iglesia es enorme en estos días. Pero tal vez no nos damos cuenta de que al no enfatizar la
membresía, puede que tengamos una puerta de entrada ancha, pero también es igualmente ancha
la puerta de salida en la parte de atrás. El no enfatizar la membresía no ayuda necesariamente el
crecimiento numérico de la iglesia.
Muchos ven la membresía de la iglesia como si fuera la membresía a cualquier otra
institución de la comunidad. ¿Cómo podemos ayudar a que la gente lo vea de manera
diferente?
Requiere de muy buena enseñanza y necesitamos utilizar la terminología que se encuentra en la
Biblia, no tanto así como el lenguaje de nuestra cultura. La Biblia habla de la iglesia como la
familia y la casa de Dios. Si enfatizamos en este lenguaje familiar esto ayudará a la gente a
entender que la membresía a la iglesia no es como hacerse miembro de un club, sino que es
como unirse al organismo de una familia.
El concepto del cuerpo es también muy importante. La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo en
el Nuevo Testamento, y uno no amputa el pulgar así por casualidad. De hecho, si el pulgar te
está doliendo, todo tu cuerpo va al rescate. Esta metáfora nos enseña el compromiso, la
responsabilidad y la interdependencia de la iglesia. El liderato necesita extraer estos conceptos de
las escrituras y enseñarlas a la congregación claramente.
¿Cómo pueden los líderes asegurarse de que han protegido la iglesia legalmente a través del
proceso de la membresía?
La iglesia debe alcanzar lo que los abogados llaman “consentimiento informado”, si usted puede
demostrar que su iglesia conoce cuales son sus prácticas disciplinarias y que ellos han
manifestado estar de acuerdo con ellas, esto es virtualmente una defensa de hierro en contra de
las demandas.
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Usted puede alcanzar el “consentimiento informado” de varias maneras. Primero, manteniendo la
asistencia de las clases de membresía de manera que usted pueda probar quién recibió las clases
y enseñanzas. Segundo, un nivel más alto es presentar los nuevos miembros ante la iglesia y
hacerles verbalizar los votos de membresía y compromiso. El tercer nivel y el cual le brinda
mayor protección lo es un convenio de membresía firmada por la persona.
¿Qué debe ser incluido en un convenio de membresía?
El convenio en sí puede ser mantenido de manera simple. Una aseveración tan básica como “Yo
he recibido copia de las regulaciones y reglas de disciplina de la iglesia y doy consentimiento de
regirme y someterme a ellas” es suficiente. La iglesia debe tener las acciones disciplinarias
establecidas en algún lugar accesible a los miembros, pero el convenio solo debe referirse a este
documento para asegurar el “consentimiento informado”
¿A parte de asegurar protección legal? ¿Que otros aspectos son vitales en el proceso de
membresía?
En mi iglesia tenemos una clase de membresía de doce semanas y nuestra prioridad es
asegurarnos que la persona ha hecho profesión de fe y que entiende el evangelio. Además
cubrimos la teología de la iglesia, nuestra política, nuestra visión, cómo se manejan los conflictos
y un entendimiento del proceso de disciplina. Finalmente, es muy importante discutir las
expectativas de los miembros en relación a dar, respeto al liderato y del servicio a la comunidad.
El proceso de membresía puede ser diferente en cada iglesia, pero es muy importante manejarlo
como un evento significativo. Cuando lo tratamos frívola o casualmente estamos enviando el
mensaje de que la membresía es casual. Nosotros resaltamos la importancia de la membresía
teniendo un servicio especial, Domingo de membresía. Esta es una ceremonia seria donde
comunicamos la importancia de la membresía.
¿Y qué de las modificaciones? ¿Cómo las iglesias cuyas expectativas de membresía no
están claras o no tiene ninguna pueden comenzar y alcanzar el “consentimiento
informado”?
Las modificaciones requieren un proceso que puede tomar de uno a tres años educando a la
iglesia a pensar más bíblicamente en términos de membresía. Yo recomiendo las predicaciones
de Deuteronomio donde se establece la ley.
Nuestra iglesia hizo lo siguiente; Le dijimos a la congregación “Los tiempos han cambiado, años
atrás podíamos tener una relación superficial con la iglesia. Nuestra sociedad y nuestras leyes
han cambiado. Es tiempo de que renovemos y fortalezcamos nuestro convenio”.
Nuestra gente tuvo una respuesta positiva porque tomamos el tiempo de educarles. Llevamos a
cabo una reunión congregacional donde revisamos los procedimientos y presentamos las
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regulaciones juntamente con nuevos procedimientos para cumplir con responsabilidades y
solución de conflictos. Nos reunimos en pequeños grupos para pode hablar más personalmente y
durante varios meses hubo un diálogo abierto entre nosotros. Esto culminó en una reunión
congregacional donde las nuevas políticas y reglamentos fueron aceptados. Al mismo tiempo
repartimos el nuevo convenio de membresía para ser firmado por los miembros.
Lo último que hicimos fue asegurarnos de que tuviéramos los “consentimientos”, enviamos una
carta para aquellos que no lo habían firmado. La misma decía, “aunque no hemos recibido el
consentimiento firmado por usted, interpretamos su continua asistencia a la iglesia, más allá de
una fecha específica, como su afirmación y consentimiento a las mismas. Ni una sola familia se
fue de nuestra congregación.
Ken Sande es abogado e ingeniero, además es el fundador del Ministerio Peacemaker,
provee servicios de mediación y consejería para iglesias y parejas. www.hispeace.org
Reimpreso de Leadership, abril 18, 2005
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Apéndice II
A. B. Simpson,
Uno de los más dotados siervos de Dios del siglo XIX
Apóstol de los desheredados
Alberto Benjamín Simpson nació el 15 de diciembre de 1843, en Bayview, Canadá, como el
cuarto hijo de una piadosa familia. Su padre era carpintero. Como toda familia cristiana de la
época, sus padres soñaban con que el hijo primogénito llegara a ser un ministro del evangelio.
Los demás hijos ocupaban un lugar secundario en la elección de una vocación para sus vidas. Sin
embargo, Alberto Benjamín no se conformó con la fuerza de esa tradición.
Infancia y juventud
De niño fue muy tímido pero imaginativo. El ejemplo de sus piadosos padres alentó
en él muy pronto una fe profunda. En sus primeros recuerdos de infancia aparecía
siempre su madre postrada llorando delante del Señor, a causa de algunas
dificultades financieras. Alguna vez su padre eximió a su pequeño hijo de una
merecida azotaina al hallarlo enfrascado en la lectura de la Biblia.
Alberto Benjamín nunca dejó de alabar al Señor por la gracia demostrada hacia él siendo todavía
un niño. Varias veces fue salvado milagrosamente de la muerte. En cierta ocasión, mientras subía
por los andamios de un edificio en construcción pisó una tabla suelta y cayó al vacío. Felizmente,
en la caída pudo tomarse de la punta de una tabla que sobresalía del piso inferior. Cuando ya
estaba completamente extenuado, un obrero que iba pasando lo salvó. Otra vez mientras
cabalgaba, el caballo lo tiró al suelo y le cayó encima. Cuando recuperó la conciencia, el caballo
estaba tocándole el rostro con su hocico. Otra vez, fue salvado de morir ahogado en el momento
en que se hundía por tercera vez y ya había perdido el conocimiento.
Estas salvadas providenciales le motivaron a buscar con más sinceridad a Dios. Pero llegó el día
cuando, conforme a la costumbre de la época, su hermano mayor fue enviado a prepararse para el
ministerio. Entonces Alberto Benjamín, de 14 años, rogó a su padre que no le dejase en el
campo, sino que le permitiese estudiar también, y que él mismo podía hacerse cargo de sus
estudios. Su padre, conmovido, aceptó. Fuera del hogar tempranamente, Alberto Benjamín hubo
de enfrentar severas luchas, y una enfermedad que le dejó postrado por mucho tiempo. Aún no
había tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo, así que retornó al hogar con un
fracaso escolar y con una gran necesidad espiritual.
En esa época la excesiva formalidad de la iglesia en que se había criado le había negado la
posibilidad de entregar su corazón al Señor. Pero esa necesidad fue suplida mediante un libro que
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le condujo a los pies de Cristo. En ese mismo instante vino a su corazón la seguridad de su
salvación.
Una vez recuperada la salud, y con su nueva y preciosa realidad en Cristo, Alberto Benjamín
volvió a los estudios. En el colegio, todos daban buen testimonio de él, pues poseía un carácter
bondadoso y una clara inteligencia. A los 18 años de edad, llevado por su amor al Señor,
suscribió un pacto con Dios, el cual llenaba varias páginas. En parte decía así: “Yo creo en
Jesucristo como mi Salvador personal. Acepto la salvación plena ofrecida por él, que es mi
Profeta, Sacerdote y Rey. Reconozco que Cristo ha sido hecho mi redención y mi completa
salvación, mi sabiduría, mi justicia y mi santificación. Él ha sojuzgado mi corazón rebelde por
Su gran amor. Por lo tanto, yo tomo el amor de Cristo para usarlo para Su gloria únicamente. Si
alguna vez se opusiera un solo pensamiento mío de rebelión contra ti, véncelo y tráelo a sujeción.
Cualquier cosa que pudiera oponerse a tu divina voluntad en mí, OH Dios, quítala en el nombre
de Jesús. Yo me entrego a ti como “vivo de entre los muertos” para volver a vivir solamente para
ti. Tómame y úsame enteramente para tu gloria, en el nombre que es sobre todo nombre, el
nombre de Jesús, te lo pido”. “Ratifica ahora mismo en el cielo, OH Padre mío, este pacto que
acabo de hacer contigo. Escribe en los cielos, en tu libro de memoria, que yo he llegado a ser
tuyo, solamente tuyo, por toda la eternidad. Acuérdate de mí en la hora de la tentación, y que
nunca me aparte de este pacto sagrado. Soy de ahora en adelante un soldado de la cruz de
Jesucristo y un seguidor del Cordero de Dios, y mi lema será desde ahora en adelante: “¡Tengo
un solo Rey: mi Jesús!”. Sábado 19 de enero de 1861.
Ministro presbiteriano
Gracias a dos becas ganadas por su perseverancia, pudo continuar sus estudios en la Universidad,
y ordenarse como ministro presbiteriano en septiembre de 1865, a los 21 años de edad. Al día
siguiente de su ordenación, se casó con Margarita Henry. Su primer pastorado lo ejerció en la
ciudad de Hamilton, Canadá, por ocho años. En ese tiempo viajó y dictó conferencias, de modo
que a los 30 años de edad, Simpson ya era reconocido en todo Canadá y Estados Unidos como
un predicador poco común.
Al asumir su segundo pastorado en Louisville, Estados Unidos, predicó un mensaje basado en
Mateo 17:8: “Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”. En parte de él dijo: “El
lema y la nota característica de mi ministerio aquí en esta ciudad de Louisville será solamente
Jesucristo”. Muy pronto Simpson halló la oportunidad de expresar el fuego que ardía en su
corazón. Su influencia se extendió hasta abarcar a todos los pastores de la ciudad, con los cuales
organizó encuentros evangelísticos de gran impacto. Con esto, el celo misionero de Simpson
comenzó a ampliarse, aunque no siempre encontró eco en los fieles de su congregación. Su
visión abarcaba a los muchos hombres y mujeres que se perdían en las calles sin jamás entrar a
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un templo. Simpson veía a la iglesia adormecida, recluida entre cuatro paredes, sin sentir el dolor
de Cristo por los perdidos. Muy pronto habría de encontrar concreción esta gloriosa visión.
Experiencias espirituales
Durante los primeros años del ministerio de Simpson, dos experiencias con el Señor le sirvieron
de constante estímulo: su conversión a Jesucristo, y su llamado al ministerio. Sin embargo, estas
experiencias no fueron las únicas. A menudo solía encerrarse en su estudio para buscar con
ansias el rostro del Señor. Anhelaba hacer morir el yo, y vivir totalmente para Cristo.
Cierta vez, cuando era un joven ministro, estuvo un mes entero buscando una bendición especial
para su vida. Durante ese mes dejó de hacer muchas cosas y se dedicó casi exclusivamente a
orar. Al final del período recibió bendición, pero no la paz que su alma buscaba. Más tarde
repitió estos períodos de consagración, pero no quedaba satisfecho. Después de haber estado 10
años en Louisville, y de haber alcanzado grandes éxitos en su pastorado, aún sentía que había un
vacío importante en su vida. Oscilaba entre las montañas de las victorias y el valle de las
inquietudes espirituales. “Deseaba obtener algo no alcanzado todavía con todas las experiencias
que había tenido”.
Una noche después de intensa oración tuvo esa experiencia extraordinaria que buscaba.
“Recuerdo bien la noche cuando recibí el bautismo del Espíritu Santo. Cuando experimenté la
venida de la plenitud de Cristo a mi alma; cuando vino para fijar su morada permanente en mí”.
“Fue una noche memorable en mi vida. La soledad del Cordero de Dios, yendo hacia el monte
del sacrificio era mi porción aquella noche. El camino nunca resulta fácil, ni atrayente, ni invita
al transeúnte a entrar en él, si no está dispuesto a seguir al Cristo del Calvario. No obstante, es el
camino de la victoria, como lo fue para Cristo mismo. Es el camino de la vida a través de la
muerte”. “Sabía que podía estar equivocado en muchas cosas y ser imperfecto en todas; y no
sabiendo si iba a morir literalmente o no, antes del nuevo amanecer, seguía buscando. Estaba
luchando cual Jacob de antaño con el ángel de Dios hasta el rayar del alba, cuando vino la luz.
Entonces, rendido a los pies de Cristo, hice allí una entrega final y total de mi vida”.
Esta verdad le fue revelada de tal forma, que nunca predicó la perfección del creyente en Cristo,
sino el Cristo perfecto viviendo en el corazón del creyente santificado. Decía que la santidad
divina no es una mejora de uno mismo, ni la perfección adquirida, sino una entrada al corazón de
la vida y pureza de Cristo, y el obrar de su santa voluntad continuamente. Simpson creía que la
regeneración hecha por el Espíritu Santo en el corazón humano es muy distinta de la morada del
Espíritu Santo en él. La primera puede compararse con la edificación de una casa; en cambio, la
segunda es la venida del Dueño para vivir en ella, tomando posesión absoluta. También puede
compararse la primera como la llegada a la Tierra Prometida, en cambio, la segunda como la
toma de posesión de ella. La experiencia de Simpson no solamente le sirvió como punto de
partida para un ministerio sobre “la vida más abundante”, sino que cambió todo punto de vista de
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la vida cristiana, y afectó profundamente toda su enseñanza espiritual posterior. Nunca hablaba,
ni predicaba, ni enseñaba sin reflejar algo de aquella gloriosa experiencia que llegó a ser su
misma vida. Por este tiempo nació un himno que caracterizó la vida de Simpson hasta el fin. He
aquí algunas de sus estrofas:
¡Jesucristo, y nada más!
Antes yo buscaba “la bendición”,
ahora yo tengo a Jesús;
antes suspiraba por la emoción,
ahora yo quiero más luz;
antes Su don yo pedía,
ahora tengo al Dador;
antes buscaba la sanidad,
ahora es mío el Doctor.
Antes me esforzaba con pena,
ahora me es grato confiar;
antes creía a medias,
ahora sé que él puede salvar;
antes a él me aferraba,
ahora de mí se ase él;
antes yo andaba a la deriva,
ahora tengo áncora fiel.
Antes yo creía en mis obras,
ahora dejo a Cristo obrar;
antes trataba de usarlo,
ahora él me puede usar;
antes “el poder” yo buscaba,
ahora tengo al “Fuerte Señor”;
antes para mí mismo obraba,
mas ahora es el trabajo de amor.
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Descubrimiento de una nueva verdad
Desde ese día A.B. Simpson dedicó gran parte de su ministerio a compartir sobre la vida
cristiana más profunda. Sin embargo, una experiencia vivida en la ciudad de Chicago habría de
reorientar su ministerio. Estando allí cierta noche tuvo un sueño que le afectó profundamente. En
el sueño veía multitudes de gentes angustiadas, a la espera de recibir el mensaje de salvación. Al
despertar sintió la urgencia de ofrecerse al Señor para la obra a que sentía que le llamaba.
Durante meses intentó hallar una puerta abierta para ir al extranjero como misionero, pero, por
diversas razones no la encontró. Sin embargo, se le ofreció la oportunidad de pastorear en la
ciudad de Nueva York. Aceptó la invitación, creyendo así poder estar en un lugar céntrico donde
podría tener contacto “con el mundo de afuera”.
Sin embargo, antes de ver cumplidos sus sueños misioneros, Simpson experimentó todavía una
nueva riqueza de la vida plena en Cristo: la sanidad divina. Durante más de veinte años había
sido víctima de muchas enfermedades y debilidades físicas. Muchas veces tuvo que privarse de
leer, y de realizar sus labores pastorales por su extrema debilidad. Durante años fue esclavo de
los remedios. A veces, el solo ascenso de una pendiente le provocaba una verdadera agonía. Un
médico llegó a decirle cierta vez que le quedaban pocos meses de vida.
Un día, mientras participaba como oyente ocasional en un Campamento cristiano, escuchó un
himno cuyo coro decía: “Mi Jesús es el Señor de señores / nadie puede obrar como él”. Esas
palabras le produjeron un inmenso impacto, que le llevaron a escudriñar en las Escrituras lo
concerniente a la sanidad divina. Al poco tiempo quedó convencido de que esa era también una
parte del glorioso evangelio de Cristo para un mundo pecador y sufriente. Un día, Simpson hizo
un nuevo pacto con Dios, “tomando al Señor Jesucristo –dice– para ser mi vida física, para todas
las necesidades de mi cuerpo hasta que termine la jornada que él tiene para mí en el mundo”.
Desde ese día Simpson decidió no sólo tomar para sí esta gloriosa verdad –como hicieron
también otros muchos siervos de Dios como Andrew Murray, T.Austin-Sparks, Watchman Nee,
para quienes fue un socorro permanente de Dios, sino también compartirla con todo el cuerpo de
Cristo.
Respecto de esto, Simpson enseñaba: “Hay tres etapas en la revelación de Jesucristo para la
sanidad divina: La primera se refiere al momento cuando nosotros llegamos a ver la base bíblica
doctrinal que ella tiene; la segunda, cuando vemos la verdad en la sangre de Cristo, en su obra
expiatoria, redentora y la recibimos como tal para nosotros mismos; la tercera, cuando vemos lo
que hay en la vida resucitada de Jesucristo, tomándolo a Él en una unión vital y viviente, con
todo nuestro ser, como la vida de nuestra vida y salud para nuestro cuerpo mortal.”
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Simpson experimentó una gran oposición, tanto dentro de él –al luchar contra su propia
incredulidad como fuera de él, en los diversos ambientes cristianos donde predicaba. Sin
embargo, nunca cayó en el fanatismo; nunca aceptó hacer de la sanidad divina su estandarte. Él
solía decir: “Yo tengo cuatro ruedas en mi carruaje. No puedo descuidar las otras tres para
predicar todo el tiempo sobre una sola de ellas”, haciendo referencia a las cuatro verdades
evangélicas que constituían la base de su ministerio: “Jesucristo nuestro Salvador, Santificador,
Sanador y Rey venidero”.
Un hombre de oración
Simpson fue un hombre de oración. Sobre el escritorio de su oficina tenía puestos dos breves
recordatorios: “Orad sin cesar” y “¡Hacedlo ahora!”. Muchos que le conocieron daban testimonio
del impacto que las oraciones de Simpson les habían producido. El mapa del mundo llegó a ser
para él el manual diario de oración.
Vivía tal vida de oración que toda conversación giraba espontáneamente alrededor del tema de
Cristo, con cualquier persona y en cualquier lugar. Muchas veces el Espíritu le llevó a interceder
por situaciones y personas que, según después se sabía, habían estado en dificultades en ese
preciso momento. Simpson creía firmemente que “la oración cambia las cosas”. Y de verdad,
muchas cosas cambiaron por su oración.
Se abre un nuevo camino
La visión misionera de Simpson no pudo ser disipada por las muchas satisfacciones que
experimentaba como pastor de aquella connotada congregación presbiteriana de Nueva York.
Una noche mientras oraba, la visión de los perdidos sin Cristo le hizo postrarse en una dramática
oración bajo el poder del Espíritu Santo. Entonces cogió el globo terráqueo y apretándolo contra
su pecho, exclamó llorando: “¡Oh Dios, úsame para la salvación de los hombres y mujeres del
mundo entero, que mueren en las tinieblas espirituales sin ningún rayo de luz”.
No pudo conformarse ya con cumplir sus labores de pastor y conferencista solicitado. Llevado
por este celo misionero, comenzó a salir a las calles para predicar el evangelio. Y allí
comenzaron a recibir a Jesucristo hombres y mujeres de la más variada condición. Luego, los
invitaba al templo, para recibir el amor de la familia cristiana. Muy pronto fueron decenas y aun
cientos los nuevos convertidos que iban llegando; muchos de ellos de humilde condición. Y, muy
pronto también, ellos comenzaron a incomodar a los acomodados hermanos. Así fue como se
produjo una situación insostenible, y Simpson hubo de renunciar a su pastorado para dedicarse a
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las muchedumbres olvidadas de las calles, como era su visión. Eso ocurrió en noviembre de
1881. Tenía a la sazón 38 años, y una familia con seis hijos.
De un día para otro, dejó de ser el pastor de una gran iglesia para ser un predicador callejero. Sus
amigos íntimos en el ministerio le pronosticaron un fracaso rotundo. Uno de los diáconos, al
despedirle le dijo: “No le diremos adiós, Simpson: pronto usted ha de volver con nosotros.” Sin
embargo, él nunca volvió. Dios tenía para él otro camino que recorrer, y otras fronteras que
cruzar.
La concreción de un sueño
Solamente siete personas estuvieron en la primera reunión que celebró en noviembre de 1881, en
un cuarto arriba de un viejo teatro, en una tarde fría y gris de Nueva York. Uno de esos siete era
un borracho regenerado, que llegó a ser, según el decir de Simpson, “el santo más dulce que
jamás existiera”. Así comenzó a realizar varias reuniones semanales, una de las cuales siempre se
realizaba en plena calle.
A causa de la estrechez del local, debieron arrendar un teatro, y más tarde implementó una carpa,
que solía instalar en el corazón mismo de la ciudad. Incluso el famoso Madison Square Garden
fue arrendado por Simpson para hacer alguna de sus grandes campañas de evangelismo.
Dos años después de aquellos débiles comienzos, Simpson organizó la Unión Misionera, cuyo
objetivo era la evangelización del mundo, la cual llegó a ser cuatro años después, en 1887, la
Alianza Cristiana y Misionera, con representación en todo el mundo.
El propósito principal de esta iniciativa misionera era: “Levantar a Cristo en toda su plenitud, o
exaltar a Cristo hasta lo sumo, quien es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos”. En su
organización, Simpson planteó así su énfasis misionero: “Esta Sociedad ha sido formada como
una fuerza humilde y unida de cristianos consagrados para enviar el evangelio, en toda su
sencillez y plenitud, a través de los instrumentos más espirituales y consagrados, y por los
métodos más económicos, prácticos y eficaces, a los campos más abiertos, más necesitados y
más descuidados del mundo pagano”.
Al año siguiente de constituida la Unión Misionera, en 1884, enviaron los cinco primeros
misioneros al Congo, en África. Cinco años después, ya había embajadas misioneras en 12 países
distintos, con cuarenta centros y 180 misioneros. En la actualidad, esta obra abarca más de
cincuenta países, y cuenta con más de 1.200 misioneros.
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Un ministerio multifacético
El ministerio de A.B. Simpson fue muy rico y variado. Él era un hombre especialmente dotado
como predicador. T.Austin-Sparks, acostumbraba decir que de todos los predicadores
norteamericanos que él conoció de joven, A.B. Simpson era el más espiritual y el que hablaba
con más poder. Sus muchos sermones se han publicado en siete tomos, con títulos como “Los
negocios del Rey”, “La revelación del Cristo resucitado”, “La vida cristiana más amplia”, etc.
Como maestro de las Escrituras alcanzó gran notoriedad. Hasta hoy, sus comentarios sobre los
diversos libros de la Biblia son considerados como llenos de luz y claridad, así, por ejemplo, la
serie “Cristo en la Biblia”. Sus numerosos libros abarcaban otros diversos temas, como “El
evangelio cuádruple”, “El descubrimiento personal de la sanidad”, “La vida de oración”,
“Destellos que anuncian a Aquel que viene”, “El poder de lo Alto” (sobre el Espíritu Santo).
Como poeta y compositor de himnos, A.B. Simpson alcanza también grandes alturas. Muchos
himnos y poemas muy conocidos hoy salieron de su pluma inspirada. Watchman Nee, en su
estudio sobre los Himnos, cita uno de los himnos de Simpson como ejemplo de lo que debe ser
una buena composición cristiana. En total, A.B. Simpson escribió por lo menos 70 libros además
de artículos, poesías e himnos. Publicó también diversas revistas para reforzar la obra misionera.
Una partida feliz
A.B. Simpson partió de esta vida el 29 de octubre de 1919. El día anterior había sido de absoluta
normalidad, para sus 76 años. Entre los papeles que se encontraron en su escritorio, había uno
con un himno inédito, que decía en parte:
“Alguien me está llamando;
me toma de la mano,
y me señala cumbres
bañadas en áurea luz.
Mi corazón responde:
remonto como en alas;
me siento muy seguro:
¡Mi Guía es Jesús!
Sobre su lápida hicieron poner una lectura que refleja muy bien lo que fue este gran hombre de
Dios: “No yo, sino Cristo” y “Sólo Jesús”.
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Apéndice III
El Evangelio Cuádruple
(Un extracto del libro Preparando el Regreso del Rey del Dr. Keith Bailey)
CRISTO N UESTRO S ALVADOR
El gran tema predominante de la Biblia es la salvación. Desde la eternidad previó Dios la
caída del hombre y su incapacidad de salvarse a sí mismo. La misericordia de Dios le
movió a hacer por el hombre lo que por sí mismo no iba a poder hacer. Es la salvación la
obra de Dios. Antes del nacimiento de Cristo, Dios reveló a José que el Hijo de María
sería el Salvador. En S. Mateo 1:21 dice, "Y dará luz un hijo, y llamarás Su nombre
Jesús, porque El salvará a Su pueblo de sus pecados."
El programa de Dios para salvar a la humanidad se centraliza en Su Hijo, el Señor Cristo
Jesús. La misión de Cristo en esta tierra fue expresado sen cillamente por el escritor
bíblico, S. Lucas 19:10: "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se
había perdido".
Declara La Biblia que la salvación es inseparable de la encarnación de Cristo, Su vida, Su
muerte, Su resurrección, Su ascensión al cielo, y Su Segundo Advenimiento. Según las
Escrituras, tiene Cristo muchos títulos y cada cual de ellos revela algo de Su persona y de Su
poder. La primera referencia a Su oficio como Salvador se halla en S. Juan 4:42, "Ya no
creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo." Dijeron los Samaritanos acerca de
Jesús... "hemos oído por nosotros mismos, y sabemos que este hombre es verdaderamente el
Salvador del mundo". Cristo es el Salvador, no sólo de los judíos, sino también de todos
los hombres. La provisión de Cristo por medio de Su muerte es suficiente para redimir a
toda la humanidad. La incredulidad del hombre y su permanencia en el pecado es lo que
le tiene apartado del Salvador.
Más que todos los autores humanos del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo toca el tema
de Cristo el Salvador. Este apóstol comprendió la verdadera salvación como una obra
completa, perfecta, y consumada, hecha realidad por Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios
el Espíritu Santo para bien del pecador que cree y se arrepienta. Sentía Pablo una
predilección especial por la misión de Cristo como Salvador.
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La misión precisa de Cristo fue que vino al mundo para que por medio de su encarnación
pudiese elaborar la redención de la humanidad. 1 Tim. 1:15 "Palabra fiel y digna de ser
recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los
cuales yo soy el primero."
La salvación es el rescate del pecador de los efectos y las consecuencias del pecado.
Comprender la salvación requiere que nos demos cuenta de nuestra perdición en el
pecado. El pecado ha desvastado de tal extremo al hombre que se halla impotente de
librarse por se mismo de este. El hombre es una víctima del poder del pecado, la conciencia
de su culpabilidad, y de la condenación. Vino Cristo a este mundo tomando sobre sí la
naturaleza humana, empero sin pecado. Siendo sin pecado en pensamiento, palabras, y en
obra: pudo ofrecerse a Sí mismo como substituto para los pecadores. Con esta muerte
expiatoria, venció Cristo el poder del pecado.
La Justificación
El primer gran logro de la muerte del Salvador es la justificación. San Pablo, apóstol, fue
guiado por el Espíritu Santo a emplear esta palabra para ex presar la condición nueva del
creyente ante su Dios. Tomó esta palabra de la jerga legal de las cortes romanas. Es un
vocablo legal que significaba que una persona que se hallaba en el banquillo fue
declarado libre de culpabilidad. Todos los que se hallen vacíos de la gracia salvadora
están condenados ya ante Dios como pecadores. Todos los que ponen su fe personal en
Cristo Jesús como Salvador reciben una nueva condición delante de Dios. Son
justificados, ya no son considerados culpables. Es sobre la base de la obra redentora de
Cristo que Dios declara justificado al pecador arrepentido. El creyente se halla delante de
Dios aceptado en Cristo como un santo.
La Purificación
La salvación no sólo altera nuestro estado ante Dios sino que también cambia nuestra
condición. La sangre de Cristo Jesús limpia al pecador. Dios, en su misericordia y por amor a
su Hijo, nuestro Salvador perdona al pecador arrepentido. (1 Juan 1:9; Efesios 1:7) El pecador
redimido se hallaría sumamente infeliz en su nuevo estado delante de Dios si quedase su
corazón aún envilecido por el pecado, cargado aún de conciencia de culpa por sus
iniquidades. El Señor Cristo Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
(Juan 1:24) El salmista dijo que Dios ha apartado de nosotros nuestros pecados "cuán lejos que
es el oriente del occidente." (Salmo 103:11,12).
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La Redención
En Su misión como Salvador, Cristo redime del poder de Satanás a aquellos que creen en
El. El pecado conduce a esclavitud espiritual. El pecador no es libre para hacer lo que
quiere, antes bien es esclavizado por el maligno. Muerto el Señor Jesús en la cruz, pagó
el precio necesario para liberar a los esclavos del pecado y de Satanás. El vocablo
"redimir" viene de una palabra Griega que significa "desempeñar". Cristo nos rescató del
cautiverio en el pecado y en su misericordia nos libertó. No es de extrañar que se sientan
felices aquellos que han encontrado a Cristo su Salvador. ¡Qué gran obra ha hecho El en
bien de ellos! El pecador rescatado no sirve más al viejo amo, Satanás. Presta su amor y
servicio ahora al nuevo Maestro, Cristo el Salvador. No tiene por qué temer las amenazas
del viejo dueño porque Cristo le ha librado y le ha introducido en el reino de Dios donde
hay seguridad. (Col. 1:13) Fue Jesús el precio de rescate que pagó Dios para redimirnos
del poder de Satanás y librarnos para andar en justicia.
La Mediación
Como Salvador a Cristo se le llama el Mediador entre Dios y la humanidad. A causa del pecado
existe alienación entre Dios y el hombre. Se halla lejos de Dios. Antes que viniera Cristo como
Salvador, carecía el hombre de un intermediario para acercarse a Dios en favor suyo, ni tampoco
pudo acercarse él mismo. Fue Jesús que volvió a la diestra de Dios mostrando sus heridas
sangrantes como argumento a favor de la reconciliación del pecador. Sobre esta base, Dios se
acerca y se manifiesta al pecador creyente y arrepentido. (1 Tim. 3 : 5 - 7 )
La Regeneración
Entre los muchos efectos poderosos del don de la salvación en Cristo, ninguno es más
esencial que la regeneración. El resultado final del pecado es la muerte. En su estado
caído sufre el hombre la muerte física y muerte espiritual. Se dice de él que está muerto
en delitos y pecados. Estando muerto, es incapaz de gozar de comunión con Dios. Aún
siendo perdonado, purificado, redimido, y justificado, sería imposible al hombre vivir
una vida cristiana sin la regeneración. Jesús el Salvador ha enviado desde el cielo al
Espíritu Santo como su vicario. El Espíritu reparte la misma vida del Cristo resucitado al
creyente. Cuando uno cree, el Espíritu Santo le aviva, trayéndole vida espiritual y alimenta
aquella vida nueva por su misma presencia. Esta nueva vida de Cristo es lo que hace del
pecador redimido una criatura nueva. Recibe de Cristo, por medio del Espíritu Santo una
naturaleza nueva que ama a Dios, anhela la justicia, quiere caminar obediente a la
voluntad de Dios, y tiene hambre de la santidad de corazón. La nueva creación es el
resultado de la salvación.
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La regeneración es un milagro del poder redentor de Cristo operando en el corazón del
creyente. Es completamente distinto de las doctrinas humanistas que confían en el
esfuerzo humano, las buenas obras, ritos y ceremonias, y el cumplimiento de reglas de
conducta para rectificarse. Nada de todo aquello puede salvar al pecador, sólo Cristo el
Salvador lo puede hacer. La salvación que Cristo da levanta al pecador de la muerte
espiritual para andar en nueva vida.
La Adopción
El Señor como unigénito Hijo de Dios, vino al mundo a fin de llevar a muchos hijos a la familia de
Dios. Las Escrituras aclaran bien la doctrina de la adopción. La obra de salvación constituye al que
cree en un verdadero hijo de Dios. El Espíritu Santo es el Espíritu de adopción, y el creyente renacido
por el Espíritu instantáneamente conoce a Dios como Padre suyo. Esta certidumbre acerca de esta
relación de hijo a Padre resulta ser una de las bendiciones más ricas de la salvación. (Rom. 8:14-17).
Por la adopción obtiene el creyente privilegios maravillosos. Puede llamar a Dios Padre, puede
acercarse a Dios confiadamente por medio de la oración en el nombre de Cristo, goza del testimonio
del Espíritu de Dios en su corazón y, por tanto, sabe con certeza que ha pasado de la muerte a la vida.
La Vida Eterna
La obra de Cristo el Salvador incluye el don de la vida eterna (S. Juan 3:16; 1 Juan 5:11-13)
Puesto que el pecado produjo la muerte, forzosamente debe recibir nueva vida en Cristo cada
pecador redimido. La vida eterna abarca mucho más que una mera existencia sempiterna. Es una
calidad de vida que sacia los anhelos más profundos del alma. Es la vida misma de Cristo
impartida al creyente. A la mujer que encontró al lado del pozo de Jacob. Cristo describió esta
vida nueva a "una fuente de agua brotando para vida eterna". Ser salvo es ser refrescado y
renovado por el agua de vida. Esta calidad de vida que conocerán los creyentes en la eternidad,
en cierto grado, llega a ser la posesión inmediata de los redimidos verdaderos.
Proclamando a Cristo Nuestro Salvador
A. B. Simpson salió de una tradicional iglesia protestante. La multitud de creyentes nominales de su
día le tenían preocupado. Simpson se opuso a la práctica de admitir como miembros de la iglesia a
personas que nunca tuvieron un encuentro personal con Cristo ni que daba evidencia alguna de los
frutos de la salvación. Sus esfuerzos evangelísticos fueron diseñados a carear a los miembros de la Iglesia igualmente que a los no evangelizados en la calle con el mensaje del evangelio. La
denominación que él fundó está igualmente empeñada en una proclamación abierta de Cristo como
único Salvador de la humanidad.
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Debe saber el incrédulo que ningún mérito personal, ni sacramento, ni esfuerzo personal pueden
salvar el alma. "Porque por gracia sois salvos, por la fe, y ésta no de vosotros, es el don de Dios."
(Efesios 2:8) La salvación, según la Biblia, es una obra divina que puede ser imitada pero nunca
duplicada. El hombre o la mujer que deposita su fe personal en Cristo Jesús como su Salvador
vienen a ser una nueva criatura. Hay un cambio en su carácter y aquella persona anda con Dios en
novedad de vida. Llegan a las aguas bautismales para dar testimonio de la obra de gracia que fue
obrado en su corazón. Advertía el Dr. Simpson: "Los hay que intentan cultivar su carácter por algún
proceso ético enteramente divorciado de su raíz en la cruz del Calvario y el evangelio del Señor
Cristo Jesús. Existe un idealismo cristiano que no da resultados porque desdeña el elemento
evangélico.
La verdadera cristiandad, por tanto; comienza con una nueva creación, una nueva naturaleza, un
corazón nuevo, una raíz divina y principio de justicia, bondad, virtud, y santidad. Cristo no pide que
sean buenos los no regenerados. 'Lo que ha nacido de la carne, carne es.' `La mente carnal es
enemistad contra Dios: porque no está sujeto a la ley de Dios, no tampoco puede. De modo que, los
que están en la carne no pueden agradar a Dios'. El evangelio pide simplemente que el pecador
abandone sus vanos esfuerzos, dejar sus obras muertas y recibir a Cristo Jesús porque por El aquella
vida divina por su propia naturaleza inherente, le enseñará a amar lo bueno, a desechar lo malo, y
seguir la justicia por una `ley de la propiedad de las cosas'. Es esto el evangelio."
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CRISTO N UESTRO S ANTIFICADOR
Como lo entendía A. B. Simpson, el evangelio es las Buenas Nuevas de la salvación
plenaria en Cristo. Es Cristo mismo la suma de toda verdad. El toma su morada en el
corazón del cristiano que le ha aceptado por la fe. (Efesios 3:17) Pero el Cristo residente
en el corazón es más que el Salvador, es también nuestro Santificador.
La Experiencia del Creyente
El nuevo creyente conoce a Cristo como su Salvador y se regocija en los ricos beneficios
que trae el Señor a su vida---perdón, justificación, regeneración, y esperanza. Al
comenzar a caminar en esta nueva vida descubre su necesidad de una experiencia más
profunda del Señor Cristo Jesús. Cuando le invade un hambre de mayor pureza de
corazón es entonces que descubre que Cristo es también su Santificador.
La Biblia misma habla de Cristo como nuestro Santificador. La santificación del
creyente es parte esencial de la salvación, según La Biblia. La Palabra de Dios exhorta al
pueblo de Dios a ser santos, porque Dios es santo. La santidad no es una condición
natural del corazón humano. El pecado ha devastado y corrompido de tal manera la
naturaleza humana que se halla el hombre incapaz de vivir una vida santa. Incluso
después de su conversión a Cristo y haber recibido una naturaleza nueva, el creyente
descubre hondamente arraigada en él una inclinación al pecado. Está tiranía del pecado en su vida se
llama en La Biblia "la carne". El Apóstol Pablo nos advirtió que "en la carne no mora el bien". El
nuevo creyente descubre muy pronto que su obstinación es aun muy activa y que en ocasiones su
voluntad propia resiste a lo que conoce de la voluntad de Dios. La egolatría es el enemigo de todo
cristiano.
Los creyentes nuevos a menudo se hallan frustrados con este conflicto espiritual que sufren en sí
mismos. Luchan contra el pecado y la rebelión en su vida tan solo para sufrir repetidas derrotas. Es
en esta etapa de su vida cristiana que necesitan descubrir la obra santificadora de Cristo.
El Significado de la Santificación
La santificación no es un mero tema doctrinal, ni simplemente una filosofía, o un estilo de vida. Es
más bien una manifestación de la santidad de Dios, como la que se halla en la inmaculada e
impecable vida de Cristo. Nos dice el autor de la epístola a los Hebreos: "Porque el que santifica y
los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos."
Hebreos 2:11.
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Cristo se hizo hombre para salvar y santificarnos del daño total del pecado. Siendo un hecho que
La Biblia requiere santidad en los que profesan ser los discípulos de Cristo, claro está que Dios
tiene que haberlo hecho posible y que está a nuestro alcance la provisión necesaria. Fue en su
muerte en el Calvario que hizo Cristo esta provisión para la santificación del hombre. (Heb.
10:10, 14, 20). El sacrificio del cuerpo de Cristo en la cruz y el derramamiento de su sangre ha
provisto santificación eterna para todos los que creen.
A menudo creyentes se engañan suponiendo que la santidad, o la santificación (son palabras
sinónimas), se logra mediante una lucha personal o la autodisciplina. Muy equivocados están. Como
no puede salvarse a sí mismo, tampoco puede santificarse por sus propios medios. Todo es por la
gracia mediante la obra consumada de Cristo.
La voz "santificación" significa apartarse del pecado y consagrarse para Dios. Es, por tanto, positiva
y negativa la santificación que enseña La Biblia. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamentos se da a entender que la santificación es una condición de pureza en el corazón. La vida
del creyente se limpia de las inmundicias y los residuos de pecado. También debe entenderse que la
santificación abarca el desarrollo del carácter de Cristo en el creyente. Es por ella que logramos
entereza espiritual en Cristo. Tal grado de santificación no es un mero ideal, sino que es la provisión
definitiva de la gracia de Dios que opera en el corazón humano.
El autor en su carta a los Hebreos expresó en términos teológicos la manera en que la muerte de
Cristo en la cruz ha provisto la santificación. En su epístola a los Romanos S. Pablo relata en frases
pragmáticas en qué manera la muerte de Cristo santifica al creyente. No sólo murió Cristo por el
pecador, sino que, según las Escrituras, el pecador murió con Cristo. (Gal. 2:20; Romanos 6:4-11).
El creyente instruido comprende esta verdad transformante y lo acepta por la fe. Se ve a sí mismo
identificado con Cristo en su muerte. Dijo S. Pablo que la ordenanza del bautismo simboliza el
proceso de muerte al " y o " y al pecado. En el acto de sumergir en el agua al candidato al bautismo
se identifica con Cristo en su muerte resurrección. Al emerger del agua el bautizado da testimonio
público de su posición en Cristo por fe. Simbolizar en la ordenanza del bautismo la identidad del
creyente con Cristo en su muerte y su resurrección significa que esta es una verdad que debe
aprender y vivir desde temprano en su vida cristiana.
Una Experiencia de Crisis
De la enseñanza de Pablo en Romanos, capítulo 6, podemos inferir que hay un momento de crisis, un
punto específico de tiempo en que comprenda el creyente la verdad de su identificación con Cristo
por la fe y entra en la experiencia de la obra santificadora de Cristo en su vida. Desde un punto de
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vista, el cristiano es santificado en virtud de su posición en Cristo, desde el momento que confía en
Cristo como su Salvador, pero la Escritura revela que la experiencia real de la santificación ocurre
después de la salvación. El fundador de la Alianza, Dr. A.B. Simpson, enseñaba de este modo la
necesidad de una experiencia de crisis:
"De este modo nos llega la experiencia de santificación, no como una evolución, sino como una
revolución; no como un proceso paulatino y desarrollo lento, sino que es una crisis definitiva,
marcada e inmediata como lo fue la travesía del Jordán por los hijos de Israel...”
La crisis de la santificación acontece con el despertar a la necesidad de la santidad de vida y la
provisión para ella que ha hecho Cristo. En cierto sentido el Espíritu Santo convence al creyente de
su necesidad de la santificación igual como convence al pecador de su necesidad de la salvación.
Revela el Espíritu al corazón hambriento la obra gloriosa de Cristo el Santificador. De tal manera
ensalza a Cristo e ilumina a Su persona y Su justicia que el alma espiritualmente despierta anhela
llegar a ser conforme a Su imagen. El que busca la santificación acude únicamente a Cristo. En lugar
de preocuparse por la "bendición", procura el creyente conocer mejor a Aquel que bendice. Algunos
creyentes cometen el error desafortunado de buscar una experiencia de santidad. El camino del
evangelio es de buscar al Santificador, el Señor Jesucristo. No es entonces la santidad un simple
logro cultural, o estilo de vida, una cultivación de una justicia propia, es más bien, la manifestación
del Santísimo morando en el creyente. Ha dicho así el Dr. Simpson:
"La regeneración nos trae a Cristo, pero la santificación trae a Cristo para tomar morada en
nosotros. Las palabras `permaneced en Mí y 'Yo en vosotros' implican una relación doble.
'En El' es la salvación; `en vosotros' significa la vida de nuestro Señor morando en unión
personal y manifestación en el alma."
El Efecto de la Santificación
El corazón santificado posee una tal conciencia de Dios que bendice la vida con sosiego y quietud.
Es una vida libre de la lucha para alcanzar la justicia propia, una vida confiada en el poder de Cristo
para vivir piadosamente. El apóstol Pedro muy bien resumió la doctrina de la santificación,
diciendo, "Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.
Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, nos han sido dadas por su divino
poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por
medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas
llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que
hay en el mundo a causa de la concupiscencia." 2 Pedro 1:2-4.
Igual que S. Pablo, el apóstol S. Pedro exaltaba al Santificador. La creciente conciencia
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de la persona de Cristo y Su justicia es la clave de la piedad. La verdad básica de la
santificación es que el creyente es hecho "partícipe de la naturaleza divina". La santidad
de esta naturaleza divina es la suma de la santidad que puede reclamar el creyente. Este
texto bíblico nos intima que algo de la naturaleza divina ha sido impartida ya al creyente.
Según el Nuevo Testamento no sólo se imputa santidad al creyente sino que también es
impartida a aquellos que confían en El.
Una Obra de la Trinidad
No es posible dejar inadvertida la enseñanza bíblica que Dios el Padre, y Dios el Espíritu
comparten con Cristo esta obra de santificación. Pablo rogó por la santificación de los
creyentes en Tesalónica y dirigió su petición al Padre.
"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:23). Pablo
claramente enseñó que la santificación personal es la voluntad de Dios (1 Tes. 4:3). Dios nos ha
llamado a la santidad (1 Tes. 4:7). Es Dios el Padre que ha concebido y determinado la
santificación de los redimidos. Por su muerte y Su resurrección Cristo lo ha hecho posible.
Cuando Cristo ascendió al cielo, después de su resurrección, nos envió el Espíritu Santo para
hacer efectiva esta santificación en los creyentes. Es absolutamente indispensable la obra
santificadora del Espíritu para la experiencia y práctica de la vida de santidad. (1 Pedro 1:2; 3
Tes. 2:13). El Espíritu Santo revela al creyente las cosas de Cristo. (S. Juan 16:14, 15). Según las
enseñanzas de S. Pablo, la plenitud del Espíritu en el creyente es necesaria si Cristo ha de
morar en el corazón. (Ef. 3:16, 17). Cuando el creyente se rinde del todo a Cristo y acepta por fe
la promesa de la unción de poder del Espíritu, el Espíritu Santo le llena y le purifica. (A. Mat.
2:11, 12; S. Luc. 24:29; Los Hechos 1:5, 8).
Una Experiencia Progresiva
Si hemos de evitar la confusión en el tema, es preciso distinguir entre los aspectos
instantáneos y los graduales de la santificación. Es verdad que la crisis inicial de la
santificación, (conocida también por el nombre 'la experiencia más profunda) es in stantánea. También es cierto que el desarrollo y maduración de la santificación es
progresiva. La limpieza del pecado no es gradual; es instantáneo. La obra paulatina de
santidad personal se suele llamar santificación progresiva. Dijo S. Pablo, "Así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios." ( 2 Cor. 7:1).
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Según el apóstol S. Pablo, la santidad tiene que perfeccionarse o madurar. Cuando el creyente
anda obediente al grado de luz que posee está perfeccionando la santidad. La santidad es caminar
con Dios. El profeta Isaías habló de una calzada de santidad. Aquella metáfora sugiere que la santificación va hacia adelante y que crece a la medida del progreso espiritual del creyente.
Para describir el aspecto progresivo de la santificación, S. Pablo usa la frase "andar en el Espíritu."
No basta haber sido lleno del Espíritu en una experiencia de crisis; el creyente lleno del Espíritu debe
aprender a andar en el Espíritu. (Gal. 5:25).
Solo de una manera progresiva se adquiere madurez espiritual. Se debe exhortar a cada hijo de Dios a
crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor Cristo Jesús. La auténtica vida cristiana comienza
en forma similar a la infancia, pero va hacia "la estatura de la edad de la plenitud de Cristo".
En su libro "The Larger Christian Life" (La Vida Cristiana Más Amplia) el Dr. Simpson describe el
principio del crecimiento espiritual de la manera siguiente:
"Es evidente, por tanto, que no crecimos hacia la santificación, sino que crecemos de la santificación hacia la madurez. Este concepto corresponde perfectamente con la descripción del
crecimiento de Cristo mismo en el Evangelio de S. Lucas, " Y Jesús crecía en sabiduría y en
estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." (S. Lucas 2:52).
Caminando con Cristo el Santificador, el creyente crece en el conocimiento de la provisión
divina para la vida santa. Crece en la fe, conocimiento, amor, y paz personal. La evidencia de
este crecimiento, vale decir, la evidencia de la vida santificada, se llama el fruto del Espíritu:
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." (Gal. 5:22, 23). El creyente
santificado crece en las cualidades semejantes a las de Cristo. La obra del Espíritu tiene por
objeto la madurez progresiva del creyente. "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y
del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la
plenitud de Cristo" (Ef. 4:13). Todo lo que hace falta para la vida santa, Cristo nos lo ha
provisto. Dijo el Dr. Simpson: "Pero tenemos que apropiar estos recursos cada momento, paso
a paso, y encarnarlos en nuestras vidas."
La Declaración de Fe de la Alianza define la santificación como una crisis y una experiencia progresiva. La "crisis" es aquel momento de fe y consagración cuando el creyente se presenta a Cristo su
Santificador, de acuerdo con Romanos 12:1. La santificación progresiva es crecimiento en madurez
y en experiencia mientras uno anda con Cristo el Santificador, fiel y constantemente.
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CRISTO NUESTRO SANADOR
La doctrina de la curación física mediante una intervención divina tiene antecedentes
muy antiguos. Indicios de esta doctrina se encuentran en el libro de Génesis y se
desenvuelve gradualmente a través de los libros del Antiguo Testamento. Cul mina esta
enseñanza en la era del Nuevo Testamento.
El ministerio del Señor Cristo Jesús puso de manifiesto la provisión hecha por Dios para
el cuerpo en una medida que nunca se había visto.
Dos clases de Sanidad
El Señor Jesús sanó a multitud de personas durante Su ministerio en la tierra.
Frecuentemente sanaba a personas sin referencia a su condición espiritual. Todavía en
otros casos estipulaba condiciones necesarias para obtener la salud. El interesado debía
ejercer fe para obtenerla.
Una revista general del ministerio de sanidad que ejercía nuestro Señor, da por sentado que
El lo hacía para acreditar su condición de Hijo de Dios y el Mesías. Pero es igualmente cierto
que Cristo sanaba de pura compasión para con los que sufrían. Se puede entender esta
disparidad de motivos para sanar, con distinguir entre dos clases de curación. Señales,
curaciones milagrosas hechas por autoridad divina que fueron hechas para acreditar el poder y la
gloria de Dios. Esta clase de curación probablemente se observa con menos frecuencia y es los
milagros de sanidad el menos comprendido.
La segunda clase de ministerio de curación se reserva tan solo para los creyentes. Es lo
que significaba el Dr. A.B. Simpson en su libro titulado "El Señor Para el Cuerpo". Al
sanar a un creyente, Cristo se interesa por su necesidad total. Se comprende por ello, por
qué la curación no es siempre inmediata ó instantánea. En los creyentes, la co rrección de
una condición física frecuentemente requiere una corrección de una condición espiritual.
El creyente no busca la sanidad como una experiencia aislada, sino en el contexto de su
relación total con Dios.
Los espectaculares ministerios de sanidad de hoy, a menudo dejan de distinguir entre
estas dos clases de curación y, por tanto, provocan confusión entre los interesados. En
general, la iglesia ha suprimido la verdad de la sanidad divina como reacción negativa a
los abusos de los que practican este ministerio, sin trazar bien la Palabra de Ver dad.
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Pero nada se hace para corregir errores al dejar de lado la enseñanza acerca de la
sanidad divina. La pregunta que tenemos que contestar es, "¿Enseña ó no, el Nuevo
Testamento que la iglesia está comisionado a sanar?" Un examen de los Evangelios y las
Epístolas nos muestra que el Señor Cristo Jesús, nuestra Cabeza ensalzada, ha encomendado a su Iglesia este ministerio.
El Ministerio de la Sanidad
El primer indicio de que le toca a la iglesia de Cristo ejercer este ministerio se ve en el
programa de preparación que Cristo dio a sus apóstoles.
Movido a compasión por las multitudes, Cristo dijo a sus discípulos que la mies es
mucha y los obreros pocos. Los encomendó a orar por más obreros. Entonces Jesús les
comisionó a salir a los pueblos con el ministerio. Les dio autoridad a sanar a los enfermos
y a echar fuera a los espíritus malos. No sólo debían predicar el Evangelio, sino también a
sanar a los enfermos. (S. Mat. 18:1-8).
Si tan sólo se había comisionado a los Doce a sanar, se podría suponer que fue solo un
privilegio exclusivo para los padres fundadores de la iglesia; pero San Lucas relata que
también esta misma autoridad fue dada a setenta discípulos. No gozaron del rango de
apóstoles fundadores de la iglesia; sin embargo recibieron la autoridad de sanar a los
enfermos y echar fuera a los demonios. (S. Lucas 10:1-20).
El evangelio de S. Marcos presenta un relato excepcional del mandato de Cristo a la iglesia
tocante al evangelismo mundial. Según S. Marcos, dijo Jesús que se sanarían a los enfermos
mediante la iglesia en Su nombre. (S. Marcos 16:17, 18). Si es verdad que estos versículos no
existen en algunos de los manuscritos griegos más antiguos, no hay evidencia muy
concluyente que justifica su eliminación. El libro de Los Hechos confirma que así fue la
experiencia de la iglesia primitiva. La historia subsiguiente de la iglesia desde la era
post-apostólica hasta hoy, ofrece abundante testimonio de la perenne comisión de la
iglesia de sanar.
El primerísimo milagro después del Pentecostés fue de sanar a un enfermo en el nombre de
Jesús. Lo que explica Pedro acerca de la curación instantánea del cojo en el templo constituye
un compendio de la teología de la sanidad.
"Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su
nombre; y la fe que es por El ha dado a ésta completa sanidad en presencia de todos
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vosotros." (Los Hechos 3:16). La iglesia primitiva predicó a Cristo el Sanador y vio
muchas curaciones extraordinarias. Fue Cristo el tema central de todos sus mensajes
sobre la sanidad.
Dieron gran importancia al ministerio de sanidad y en consecuencia de estas manifestaciones
del poder sanador del Señor fueron muchos los que creyeron en Cristo. En momentos de prueba,
la iglesia oraba que Cristo manifestase su gran poder sanando a los enfermos. (Los Hechos
4:30). Sucedieron curaciones físicas dondequiera que se predicaba el Evangelio. La historia
inspirada acerca de la cristiandad apostólica, sostiene la tesis de que Cristo dotó a su iglesia con
el ministerio de la sanidad. Es su intención que este ministerio continué. Las epístolas confirman
más aun esta tesis. Escribiendo el apóstol Pablo acerca del orden en la iglesia y el ministerio
de dones espirituales, señala a los dones de sanidad como una parte esencial de los dones
espirituales dados por Dios en la iglesia. (1 Cor. 12:9, 10, 28-31). Lo que se llama "don de
milagros" frecuentemente fueron sanidades excepcionales e instantáneas. Estos dones nunca
fueron revocados jamás. No tiene base alguna en las Escrituras la teoría de que algunos de los
dones son permanentes, mientras que algunos fueron temporales. Es un argumento
racionalizado que intenta explicar la declinación en los dones de sanidad y milagro después de
los primeros siglos de la era cristiana. Pero la evidente terminación de estos dones resultó de la
declinación espiritual en la iglesia. La historia del avivamiento espiritual en la iglesia demuestra que
con cada efusión del Espíritu ha acompañado una renovación de los dones espirituales.
El primer pastor de la iglesia en Jerusalén, el apóstol Santiago, escribió en su epístola general una
instrucción inspirada para la continuación del ministerio de sanidad en la iglesia.
"¿Está alguno entre vosotros afligido, Haga oración? ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está
alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con
aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si
hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad
unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho." (Santiago 5:1316).
Cristo ha encomendado a los ancianos de la iglesia la responsabilidad de sanar a los enfermos.
La costumbre de ungir con aceite hace hincapié, tanto para el enfermo, como para los ancianos
que ministran, que el agente real en la sanidad divina es el Espíritu Santo. Es el nombre del Señor
la autoridad que sana. Según lo escrito por Santiago, la sanidad en el nombre de Cristo requiere
que escudriñe el corazón los enfermos y confesar cualquier condición espiritual que la podría
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impedir. Es la fe el requisito primordial para obtener el beneficio de la sanidad divina. La regla
neo-testamentaria requiere que hagan oración tanto los ancianos como también la congregación.
Comprendió la iglesia primitiva que la sanidad es un ministerio colectivo de toda la
congregación. Haría bien la iglesia contemporánea seguir este ejemplo. Gran parte del error en los
ministerios espurios de sanidad se debe al abandono de estos principios estipulados en el capitulo 5
de Santiago.
La Sanidad En La Expiación
Pensar en Cristo el Sanador requiere mirar más allá de su ministerio sanador. Es por ser Hijo de
Dios que Cristo sana, como es también un resultado directo de su muerte expiatoria y su resurrección de entre los muertos. Cristo se encarnó para redimir al hombre de la consecuencia total del
pecado. Las Escrituras, el Antiguo como también el Nuevo Testamento enseñan acerca de la ruina
moral, ética, espiritual y física que ha causado el pecado en la personalidad humana. La
depravación ha llegado a cada parte de la compleja contextura del hombre. Es casi inconcebible que
un plan de redención proveyese una futura recuperación perfecta en la resurrección sin ofrecer un
alivio inmediato de las dolencias humanas.
Dada la circunstancia de que la enfermedad es la consecuencia directa de la condición caída del
hombre, la sanidad divina tiene como base la expiación mediante la sangre expiatoria. No era
simple lógica que la Iglesia llegara a esta creencia. Con una contundencia inconfundible declara la
Escritura esta verdad. En primera instancia, en su predicción acerca de la muerte de Cristo y los
beneficios de ella para el hombre, Isaías habla dos veces de la sanidad física como fruto de la muerte
vicaria del Mesías.
"¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá
cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le
veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue
menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová
cargó en él el pecado de todos nosotros." (Isa. 53:1-6). El significado preciso y entero de este pasaje
se halla en el capítulo ocho del Evangelio de S. Mateo, "Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra
de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les
servía. Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a
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los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías,
cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias." (S. Mateo 8:1417).
Derramó Cristo su sangre para hacer una expiación plena por el pecado. Las Escrituras no nos
explican exactamente cómo la sanidad está en la expiación, pero lo escrito en S. Mateo 8:17, da
por sentado que la sanidad es un acto expiatorio. Es por medio de la sangre expiatoria que llega
al creyente todas las bendiciones de la redención. Estipulan las Escrituras todas las condiciones
previas para apropiar la sanidad divina. En nuestro estado actual la bendición de sanidad es solo
temporal. Se lo otorga con el fin de traer honra a Dios y para cumplir el propósito divino para
nuestras vidas. El beneficio de la sanidad está subordinado a la voluntad soberana de Dios.
La Sanidad y La Resurrección
La muerte y la resurrección de Cristo han redimido al creyente del poder del pecado y la muerte. Por
ende, la sanidad final es la resurrección de entre los muertos. Cada sanidad física constituye una
manifestación del poder resucitador de Cristo. Se entiende mejor este aspecto de la doctrina de la
sanidad en lo escrito a los Romanos, " Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús
mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros." (Romanos 8:11).
El Espíritu Santo es el agente activo en la sanidad. Por el mismo poder por lo que Cristo se levantó
de los muertos, el Espíritu da vida al cuerpo mortal del creyente. Este cuerpo mortal, aunque
susceptible a la muerte, no está muerto. San Pablo hablo del avivamiento de la gente estando aun
ellos en esta vida. Cada experiencia de sanidad es un goce anticipado de la resurrección futura
cuando serán completa y eternalmente sanados nuestros cuerpos de toda consecuencia del pecado.
La Sanidad y La Consagración
La doctrina de la sanidad exige un caminar con Cristo en entera consagración. Se debe comprender
y conservar la santidad del cuerpo mediante una vida de santificación real. El creyente que hace caso
omiso de ello y abusa de su cuerpo no tiene derecho a pedir la sanidad sin antes confesar y
arrepentirse del pecado que ha cometido contra aquel cuerpo. San Pablo escribió a los Corintios
acerca del sagrado cuidado del cuerpo.
“Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras
destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo."
(1 Cor. 6:13).
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Dado el hecho que el cuerpo es miembro de Cristo, le es muy importante. Desea Cristo nuestro
Sanador que los cuerpos de los creyentes se conserven como templos para el Señor, y por lo tanto,
El cuidará del cuerpo del creyente. Las epístolas recalcan acerca de la relación existente entre
nuestra naturaleza física y espiritual. S. Juan, el apóstol, escribe, "Amado, yo deseo que tú seas
prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma." (3 Juan 2). La
prosperidad del alma tiene su efecto saludable sobre el cuerpo. Parece inferir el apóstol Juan que la
prosperidad espiritual es de interés prioritario, y cuando es así cabe también confiar en Dios para la
salud del cuerpo. Si honramos a Cristo en cada aspecto de su ministerio, nuestro ser entero goza de
una renovación. La maravilla de la salvación, según La Biblia, es la presencia de Cristo morando en
el creyente. Toma Cristo morada en nosotros como Salvador, Santificador, Sanador y Rey que
viene, y existe una relación recíproca entre estos oficios gloriosos. La plenitud de Cristo es el mensaje del evangelio.
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CRISTO NUESTRO REY QUE VIENE
El mensaje de la plenitud de Cristo llega a la cúspide con la proclamación de Cristo nuestro Rey que
viene. El Señor Cristo Jesús ha sido proclamado Rey por Dios el Padre, según el Salmo 2, desde
antes de la fundación de la tierra. Los magos del oriente que venían buscando al niño Jesús comprendieron que era Rey. Las multitudes de Jerusalén arrojaron hojas de palmera y sus túnicas en el
camino del Señor en testimonio a la realeza de Cristo. Poncio Pilato clavo en la cruz del Salvador un
rótulo que le proclamó "Rey de los judíos".
El estilo humilde de vida que llevaba Jesús aquí en la tierra se asemejaba muy poco a la vida de un
Rey. Por ello mismo, algunos suponían que no era Rey; ó que su reino sería únicamente de
naturaleza espiritual a la luz de Su segunda venida. Vino Jesús al mundo la primera vez como un
manso cordero para ofrecerse en la cruz en bien de los pecadores; pero ha de volver por segunda vez
a la tierra como el León de la tribu de Judá para reinar como Rey de reyes y Señor de señores.
Las Escrituras del Nuevo Testamento hablan unas 318 veces acerca de la segunda venida de Cristo.
Su gloriosa segunda venida ha de ser un retorno visible, personal, y corporal. Las promesas de Su
segunda venida son literales y cualquier intento por dar una interpretación simbólica haría una gran
violencia al mensaje del evangelio.
Los ángeles visitantes en el día de la ascensión de Cristo testificaron: «galileos, ¿por qué
estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, así
vendrá como le habéis visto ir al cielo." (Los Hechos 1:11).
Los apóstoles dejaron escrito en las epístolas su enseñanza sobre la segunda venida de
Cristo. Las epístolas del Nuevo Testamento abundan en ricos detalles anunciando este
acontecimiento glorioso. Estas enseñanzas en las epístolas siempre unen la segunda
venida de Cristo con la vida presente del creyente y con el ministerio de la iglesia. Nada
de lo que se halla en la Biblia sobre el tema incita a la vana especulación sobre la
segunda venida de Jesús.
L a Gloriosa Esperanza
San Pablo siempre refería a la futura venida del Señor como una esperanza. La esperanza
cristiana es más que un suspiro anhelante. La esperanza verdadera es un anhelo fuerte
alentado por la seguridad de su cumplimiento. A través de los siglos en la historia de la
iglesia, han hallado los creyentes sufridos gran consuelo en la esperanza de la venida de
Cristo.
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A su joven discípulo Tito, S. Pablo escribió una declaración concisa explicando el significado
de la esperanza bendita. "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los
hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en
este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la
manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quién se dio a sí mismo por
nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de
buenas obras". (Tito 2:11-14). Algunos piensan atacar esta enseñanza como carente de utilidad.
La explicación de San Pablo desmiente del todo esta crítica.
El beneficio especial en la enseñanza del retorno de Cristo es el efecto práctico que ejerce
sobre la vida cotidiana de aquellos que la creen. No solo da una esperanza que fortalece el
alma, también tiene una tendencia de alterar el estilo de vida. Para el creyente que vive
en la esperanza de la venida del Señor, el mundo le atrae muy poco. Sus prioridades se
ordenan para valerse mejor de las oportunidades diarias de servir a Cristo.
La doctrina de Cristo nuestro Rey que viene, también induce a la santidad de corazón. S.
Juan da testimonio a esta verdad. "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos
semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro." (1 Juan 3:2, 3).
Cuanto más comprenda el creyente acerca de la segunda venida de Cristo, tanto más
anhelará la pureza en su vida para mantenerse listo para aquel acontecimiento inminente.
Las epístolas también nos exhortan a prepararnos para el retorno del Señor. Siendo el caso
que el creyente no conoce el día ni la hora, se le inculca a la paciencia y la fortaleza de
corazón. El apóstol Pedro ha dicho, "Por lo cual, OH amados, estando en espera de estas
cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz". (2
Pedro 3:14).
A sus discípulos el Señor les enseñó a velar y estar alertas en vista de la inminencia de
Su venida. Aquellos que viven en la esperanza de Su venida se hallarán siempre alertas y
prevenidos. Su manera de comportarse no admitirá el descuido ni la indiferencia, antes
bien vivirán preparados en gozosa expectación.
Tiene la venida de Cristo dos etapas. En algunos pasajes del Nuevo Testamento se
describe la manera de Su venida para Su iglesia. Otros pasajes refieren a la presentación
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pública de Cristo ante los ojos de todo el mundo. Esta segunda venida de Cristo abarca
una serie de acontecimientos, todos ellos relacionados con la cesación del tiempo para
toda la creación y el comienzo de la eternidad.
El Rapto De La Iglesia
Según las Escrituras, es inminente la venida de Cristo. La palabra "inminente" significa
que algo podría suceder en cualquier momento. Se espera que acontezca
momentáneamente. No existen profecías que faltan cumplirse antes que esta gloriosa
esperanza podría realizarse. Se nos provoca a preguntar sí es tan inminente la venida de
Cristo, "¿por qué tanta profecía minuciosa? Una contemplación sobre los dos aspectos de
Su venida nos ofrece una respuesta a aquella pregunta. En la primera etapa, Cristo viene
en las nubes del aire para arrebatar a Su iglesia; en la segunda vuelve Cristo a la tierra
con esplendor real para establecer Su reino. Las profecías tocantes a la restauración de
Israel, la gran tribulación, y la batalla de Armagedón pertenecen todas a la segunda etapa
de Su venida. Se insta a la iglesia a estar lista siempre para la venida de Cristo. Los
cristianos primitivos aguardaban Su venida y vivían anticipando el encuentro con Cristo
en las nubes del aire. Esta primera etapa se llama "el rapto". Aunque no se halla en la
Escritura tal palabra, el concepto sí se halla definitivamente en la Biblia. Los pasajes
claves sobre el rapto se hallan en S. Juan 14:1-3 y en 1 Tes. 4:15-17. "No se turbe
vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas
moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para
vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo,
para que donde yo estoy, vosotros también estéis." y "Por lo cual os decimos esto en
palabra del Señor, no precederemos a los que durmieron, Porque el Señor mismo con voz
de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos
quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en
el aire, y así estaremos siempre con el Señor."
En la ocasión de la última cena, Cristo claramente dijo a sus discípulos que volvería a recibirlos
a sí mismo. Vendría a llevarlos al lugar que había preparado para ellos. S. Pablo explica
precisamente cómo Jesús vendría por los suyos. Los creyentes tesalonicenses malentendieron
sus enseñanzas previas sobre el tema. Quería S. Pablo poner en claro que en la venida de Cristo
todos los muertos en la fe serán resucitados con cuerpos glorificados e inmortales, y que todos
los cristianos que aun viven experimentarán un cambio instantáneo de sus cuerpos mortales y
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corruptibles para ser inmortales e incorruptibles. (1 Cor. 15:51-53). Luego todos juntos
serán recibidos arriba en las nubes con Cristo.
La Tribulación
Concluida esta primera etapa con el rapto de la iglesia de esta tierra; vendrá el tiempo
tenebroso y terrible de la Gran Tribulación. Según enseña S. Pablo, los mismos creyentes
sufrirán tribulaciones aún antes del rapto. (2 Tim. 2:1-5). Entre la misma comunidad de
la fe, habrán los que apostatarán de la fe, y los fieles sufrirán pruebas (1 Tim. 4:1 -5).
Pero esto no debe confundirse con la Gran Tribulación. Este término se emplea con
referencia exclusiva a aquel período profético en el cual Dios ha de probar a la nación de
Israel con severos castigos; como también a las naciones de los gen tiles. La Gran
Tribulación es el tiempo de la manifestación de la ira de Dios.
Una característica de la Gran Tribulación será el surgimiento de la gran "obra maestra"
de Satanás, o sea, el anticristo. La influencia internacional de este dictador maligno
traerá a las naciones bajo su dominio. Este confirmará con Israel un pacto que se
describe en Apocalipsis 13. Este pacto de siete años traerá sobre el estado de Israel el
sufrimiento más cruel de toda su historia. El único rayo de luz que alumbra en este
período tenebroso procede de la conversión de algunos judíos, y de los gentiles que
también se entregan al Señor.
Esta Gran Tribulación se acabará en una guerra que se llama "Armagedón". Poderes demoníacos
impulsarán a las naciones del mundo a juntar sus fuerzas bélicas en el Oriente-medio (Zac. 14:13). Justo en el momento cuando la raza judía parece a punto de exterminarse, intervendrá en
persona el Cristo a poner fin a la guerra de Armagedón y establecer el nuevo orden del Reino de
Dios en la tierra (Apoc. 19:11-19). Vendrá Cristo del cielo con un gran ejército de ángeles y
de los santos redimidos. Será tan grande su gloria y poder que acabará con las huestes de
maldad con la misma refulgencia de Su venida (2 Tesa. 1:7-9).
El Reino Milenario
La manifestación pública de Cristo en su segunda venida introducirá la era más gloriosa
de la historia humana. Los sueños de los poetas y profetas se culminarán en realidad.
Habiendo fracasado por completo los esfuerzos humanos de crear una sociedad perfecta,
vendrá entonces el Cristo y establecerá el reino del cielo aquí en la tierra (Zac. 14:4-9).
Jamás habrá paz en la tierra mientras no venga el Príncipe de Paz.
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El acariciado sueño de la humanidad de ver un mundo donde reine la justicia se cumplirá
en todo el mundo. Desde la caída del hombre en el pecado, el poder y presencia de
Satanás han servido de obstáculo para la realización de este sueño. Pero como acto
primerísimo de Cristo en su venida será el de encadenar a Satanás y apresarle en el
abismo, cortando así toda influencia diabólica en la humanidad. Será Cristo mismo el
Rey y reinarán con El todos sus santos redimidos.
Por fin será restaurada Israel, política y espiritualmente y Cristo su Mesías será Rey sobre ellos.
Si bien esta nación rechazó a Cristo en su primera venida, en la ocasión de su segunda venida
le han de recibir. Se arrepentirán de sus pecados y renacerán espiritualmente. Será el
avivamiento masivo más extenso de toda la historia. Dice el profeta Zacarías que será Israel el foco
de atención de todo el mundo durante el milenio. Todas las naciones darán homenaje a Israel, como
pueblo del pacto divino. Ante los ojos de todas las naciones será santificado Dios en la nación de
Israel. El Monte Sión será el centro de adoración y delegaciones serán enviadas a Israel para aprender
de Cristo. ¡Qué gloriosos días hay por delante de este pueblo de Dios!
El apóstol Juan nos informa que este reino literal de Cristo sobre la tierra durará mil años. Terminado
este período será soltado Satanás por un lapso breve de tiempo para probar los corazones de los
hombres y los hipócritas le seguirán y serán juzgados (Apoc. 20:1-10). La justicia durante el reino
milenario se impondrá a la fuerza. Prevalecerán el gobierno teocrático y los siervos de Dios. La
gloria de nuestro Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar.
Aunque el reino milenario concluye al cabo de los mil años, el reinado de Cristo continuará. Es un
reino eterno del cual formará solo de preludio el reino milenario. Los que vienen a Cristo y creen en
El como Señor y Salvador gozarán tanto del reino milenario como también del reino sempiterno.
Se Comienza La Eternidad
Concluido el milenio, todos los injustos muertos serán resucitados para presentarse ante el gran
trono blanco y serán juzgados. Serán luego lanzados al lago de fuego para sufrir la eterna condenación (Apoc. 20:11-15).
Entrarán los justos a su morada eterna, la ciudad de Dios. Serán purgados por fuego los presentes
cielos y la tierra y Dios hará cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales morará la justicia. Entonces se
hallará establecido el escenario para la eternidad con Dios (Apoc. 21, 22).
El futuro para el pueblo de Dios es uno sin fin y tan refulgente y glorioso como lo es el mismo Cristo.
¿Qué manera mejor para alentar a los redimidos que aquella de predicar la doctrina de la segunda
venida de Cristo? Para el pueblo de Dios hay nada menos que gloria más allá.
41
APÉNDICE IV
REGLAMENTO
IGLESIA ALIANZA CRISTIANA Y MISIONERA DE KISSIMMEE, INC.
PREÁMBULO
El Nuevo Testamento enseña que la iglesia local es la expresión visible y organizada del Cuerpo
de Cristo. El pueblo de Dios tiene que vivir y servir en obediencia a la Palabra de Dios y bajo el
señorío de Jesucristo.
Nosotros, los miembros de esta iglesia en la unidad de la fe cristiana, adoptamos este reglamento,
el cual está en conformidad con el Manual Oficial de la Alianza Cristiana y Misionera (en
adelante ACyM) para realizar un ministerio local apropiado y eficiente.
Nuestra iglesia es parte integral del Distrito Hispano del Este (en adelante D.H.E) y de la
confraternidad mundial de la Iglesia ACyM, y está unida al mismo en gobernación,
compañerismo y servicio para promover la unidad de la fe en la plenitud de Jesucristo como
Salvador, Santificador, Sanador y Rey que viene, y facilitar la difusión del evangelio
nacionalmente y en el extranjero bajo la dirección del Espíritu Santo.
ARTÍCULO I
A
NOMBRE
Este documento se conocerá y podrá citarse como el Reglamento Interno de la Alianza Cristiana
y Misionera de Kissimmee, Inc., la cual está ubicada en el 2617 de la Avenida Michigan en
Kissimmee, FL 34744.
B
DECLARACIÓN DE FE
A. Hay un Dios, quien es infinitamente perfecto, que existe eternamente en tres
personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. (Deuteronomio 6:4; Mateo 5:48, Mateo 28:19)
B. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el Espíritu
Santo y nacido de la virgen María. Murió en la cruz, el Justo por los injustos, como
un sacrificio sustitutorio, y todos los que creen en él son justificados a base de su
sangre derramada. El se levantó de los muertos de acuerdo con las Escrituras. El está
ahora a la diestra de la Majestad en las alturas como nuestro gran Sumo Sacerdote.
Volverá otra vez para establecer Su reino de rectitud y paz. (Filipenses 2:6-11; Lucas
1:36-38; 1 Pedro 3:18, Hebreos 2:9; Romanos 5:9; Hechos 2:23,24; Hebreos 8:1;
Mateo 26:64).
42
C. El Espíritu Santo es una persona divina, enviado para morar, guiar, enseñar, dar poder
al creyente, y convencer al mundo de pecado, justicia, y de juicio. (Juan 14:15; Juan
16:13, Hechos 1:8; Juan 16:7-11).
D. El Antiguo y el Nuevo Testamento, sin error en su forma original, fueron inspirados
por Dios y son una completa revelación de su voluntad para la salvación de los
hombres. Constituyen la regla divina y única de la fe y la práctica cristiana. (II Pedro
1:20-21, II Timoteo 3:15-16).
E. El hombre fue originalmente creado a la imagen y semejanza de Dios: cayó por
desobediencia, y así incurrió tanto en la muerte espiritual como la física. Todos los
hombres son nacidos con una naturaleza pecaminosa, están separados de la vida de
Dios, y pueden ser salvos sólo por la obra expiatoria del Señor Jesucristo. La porción
del impenitente e incrédulo será existencia por siempre en tormento consciente; y la
del creyente será gozo y bendición eterna. (Génesis 1:27; Romanos 3:23; i Corintios
15:20-23; Apocalipsis 21:8; Apocalipsis 21:14).
F. La salvación ha sido provista a través de Jesucristo para todos los hombres; y aquellos
que se arrepienten y creen en él son nacidos de nuevo del Espíritu Santo, reciben el
don de la vida eterna, y se convierten en hijos de Dios. (Tito 3:4-7).
G. Es la voluntad de Dios que cada creyente sea lleno del Espíritu Santo y sea
enteramente santificado, que sea separado del pecado y del mundo y completamente
dedicado a la voluntad de Dios, recibiendo así poder para la vida santa y el servicio
efectivo. Esto es tanto una crisis como una experiencia progresiva realizada en la vida
del creyente subsecuente a la conversión. (1 Tesalonicenses 5:23; Hechos 1:8;
Romanos 6: 1-14).
H. Se hace provisión en la obra redentora del Señor Jesucristo para la sanidad del cuerpo
mortal. La oración por los enfermos y la unción con aceite se enseñan en las
Escrituras y son privilegios para la iglesia en la presente época. (Mateo 8: 16-17;
Santiago 5: 13-16).
I. La iglesia consiste de todos aquellos que creen en el Señor Jesucristo, son redimidos
por su sangre, y son nacidos de nuevo del Espíritu Santo. Cristo es la Cabeza del
Cuerpo, la iglesia que ha sido comisionada por él para ir a todo el mundo como
testimonio, a predicar el evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo
de creyentes en Cristo que se reúne para la adoración de Dios, para edificación a
través de la palabra de Dios, para oración, el compañerismo, la proclamación del
evangelio, y la celebración de las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena. (Efesios
1:22-23; Mateo 28:19-20; Hechos 2:41-47).
43
J. Habrá una resurrección corporal de los justos y los injustos; para aquellos una
resurrección de vida, y para estos, una resurrección para juicio. (1 Corintios 15:20-23;
Juan 5:28-29).
K. La segunda venida del Señor Jesucristo es inminente y será personal, visible, y premilenial. Esta es la esperanza bendita del creyente y es una verdad vital que le
impulsa a una vida santa y un servicio fiel. (Hebreos 10:37; Lucas 21:27; Tito 2:1114).
ARTÍCULO II
RELACIÓN Y REVERSIÓN
Esta iglesia está vinculada a la ACyM nuestra denominación religiosa materna y subordinada al
D.H.E. Si esta iglesia dejase de existir como un cuerpo organizado, o dejase de estar sujeta a los
propósitos, usos, doctrinas y enseñanzas de la ACyM, entonces todas sus propiedades,
pertenencias y efectos poseídos por ella, pasarán a ser propiedad del D.H.E de la ACyM, según
establecido en el Artículo XV, Reversión de Propiedad, del manual oficial de la ACyM.
ARTÍCULO III
MEMBRESÍA
Serán recibidos en esta iglesia como miembros activos todas aquellas personas que luego de
haber sido entrevistadas por el Pastor Titular y por el Comité de Membresía cumplan con los
siguientes requisitos:
1.
Confesión de fe en Jesucristo y evidencia de regeneración.
2.
Creencia en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la inspiración verbal de las Sagradas
Escrituras como fueron dadas originalmente; en la expiación vicaria de nuestro Señor
Jesucristo; en la salvación eterna de todos los que creen en El y el castigo eterno de todos
los que lo rechazan.
3.
Aceptación de las doctrinas del Señor Jesucristo como Salvador, Santificador,
Sanador y Rey que Viene.
4.
Plena afinidad con los principios y objetivos de la Iglesia ACyM y cooperación con el
sostenimiento de la obra local de una manera sistemática.
5.
Haber cumplido los 16 años de edad.
6.
Asistir regularmente a la iglesia, por un período de seis meses consecutivos antes de ser
considerado por el Comité de Membresía.
7.
Haber tomado el curso preparatorio de Bautismo y/o Membresía de la Iglesia, incluyendo
a aquellos hermanos que vengan de otras iglesias ACyM o de otras denominaciones.
8.
Hermanos que vienen de otras iglesias, sean aliancistas o no, deben traer una carta de
transferencia o referencia del Pastor anterior.
44
9.
10.
Haber sido bautizado por inmersión después de su conversión a Cristo.
Firmar el Pacto de Membresía.
Los miembros de esta iglesia no podrán ser simultáneamente miembros de ninguna otra iglesia.
Ningún líder, grupo o miembro de la congregación aceptará ningún compromiso y/o
responsabilidad en otra iglesia sin la previa consulta y autorización del Pastor Titular.
Todo miembro que deje de asistir y sostener regularmente la obra por un período de tres meses
consecutivos sin una razón que justifique esta situación, pasará a una lista de miembros
inactivos. En caso de que la persona regresara, se considerará su reactivación como miembro,
mediante una o más entrevistas con el Pastor Titular y el Comité de Membresía. Todo miembro
que se una a otra religión o secta que predique doctrinas contrarias a las que predica la Iglesia
ACyM conforme a la Biblia, dejará de considerarse miembro de la iglesia.
ARTÍCULO IV
ORDENANZAS
El Bautismo y la Santa Cena son reconocidas como las dos ordenanzas de la Iglesia. El bautismo
por inmersión es enseñado y practicado como modelo bíblico. La Cena del Señor se practicará
por lo menos una vez al mes.
ARTÍCULO V
GOBIERNO
Tal como se define en el manual oficial de la ACyM, el gobierno de las iglesias de la ACyM es
una combinación de los sistemas presbiteriano y congregacional. En un sistema congregacional
las decisiones son tomadas por los miembros de la iglesia en una asamblea local, pero a la misma
vez, las congregaciones de la ACyM forman parte de un distrito y están sujetas a las decisiones
del mismo, tal y como se actúa en un gobierno de estilo presbiteriano. De esta manera la Junta de
Gobierno (en adelante la Junta), conducirá los asuntos de la iglesia entre las asambleas anuales,
y es responsable ante la congregación y ante el Superintendente del D.H.E. Habrá una asamblea
anual ordinaria a celebrarse durante el mes de noviembre. La fecha para la misma será
anunciada por la Junta con una antelación mínima de (30) treinta días. En dicha asamblea se
recibirán los informes pastorales, de finanzas y de todos los directores según quedan establecidos
en el artículo IX de este reglamento. En la misma se presentará para su aprobación el
presupuesto del año siguiente. Se elegirán los miembros de la Junta y los oficiales, con
excepción del Cuerpo de Ancianos que será nombrado por el Pastor Titular y confirmados por la
asamblea. Un anciano puede servir hasta dos términos de dos años cada uno, o sea cuatro años
de forma consecutiva Después del cuarto año tendrá que salir de la Junta del Comité de Ancianos
45
por lo menos un año antes de ser considerado nuevamente para ocupar este cargo. En caso de no
poder continuar su término el Pastor Titular presentará el sustituto a la Junta de Gobierno para su
ratificación. Cualquier otro asunto de importancia para la congregación que se quiera tratar en la
asamblea, deberá traerse a la Junta por lo menos con dos semanas de antelación a la misma para
su aprobación y posterior presentación en dicha asamblea. En asuntos generales de la iglesia que
no envuelvan aspectos legales, todo miembro que haya alcanzado la edad de 16 años tendrá
derecho a votar, pero en asuntos que involucren procedimientos legales, las leyes del estado
determinan la edad en la cual los miembros pueden votar. Habrá una reunión Congregacional en
o antes del 15 de julio de cada año para informar la marcha de los asuntos de la iglesia a la
congregación. Dicha reunión se notificará a la iglesia por lo menos dos semanas antes de su
celebración. En esta reunión no se tomarán decisiones, por lo tanto no será necesario verificar el
quórum de las mismas. No obstante, en caso de ser necesario tomar alguna decisión
Congregacional la Junta convocaría a una reunión extraordinaria.
ARTÍCULO VI
JUNTA DE GOBIERNO
La Junta será el Cuerpo Gobernante de la iglesia. Los miembros deben ser personas mayores de
21 años de edad. Estará compuesta al menos de nueve (9) miembros. Constará del Pastor Titular,
un vicepresidente/a, un tesorero/a, un sub-tesorero, un secretario/a, y cuatro o más vocales; la
mitad de los miembros deben ser ancianos.
No podrán pertenecer a la Junta personas con nexos familiares consanguíneos durante un mismo
término. El Pastor Titular será considerado miembro vitalicio de la Junta. Ningún miembro podrá
estar en la Junta por más de tres años de forma consecutiva, excepto pastores, tesorero(a) y
ancianos que sean presentados por el Pastor Titular y ratificados por la asamblea, según establece
el Artículo V.
Una vez constituida dicha Junta, la misma nombrará de entre sus miembros un vice-presidente/a,
un secretario/a y a un sub-tesorero/a. Para que una reunión de la Junta sea considerada oficial
deberá haber un quórum de por lo menos dos terceras partes de los miembros de la misma. En
caso de surgir una vacante después del 1º de julio y no siendo ésta de un anciano o pastor, la
Junta podrá nombrar un miembro de entre los miembros de a congregación para ocupar esta
vacante. Si dicha(s) vacante(s) surgiera antes del 1º de julio, no siendo ésta de un anciano o
pastor, se convocará una asamblea extraordinaria para llenar esta(s) vacante(s). Si dicha(s)
vacante(s) es causada por un anciano o pastor, el Pastor Titular presentará a la Junta el(los)
nombre(s) de el(los) candidato(s) a ser ratificados por la Junta. Esto puede hacerlo durante
cualquier momento en el año.
46
El Pastor Titular será el presidente de dicho organismo. En caso de ausencia continuada o a su
pedido, la Junta elegirá un anciano como presidente, el cual tendrá la supervisión de la obra
conjuntamente con el Superintendente del D.H.E. La Junta se reunirá mensualmente para oración
y planificación e informará posteriormente a la congregación sobre las mociones aprobadas.
Reuniones especiales de la Junta pueden ser convocadas por el presidente, o por pedido especial
al presidente, haciéndolo por escrito y por la mitad más uno de los miembros de la Junta. Todos
los oficiales, comités y ministerios, a excepción del Comité de Nominaciones, son responsables
ante la Junta. Cualquier actividad o iniciativa para levantar fondos o bienes deberá tener la
autorización de la Junta. La Junta determinará en que institución bancaria se depositarán los
fondos de la iglesia y quienes serán los autorizados a firmar. Será responsabilidad de todos los
miembros de la Junta asistir a todas y cada una de las reuniones convocadas. En caso de que
algún miembro no pueda asistir a una reunión, deberá avisar con antelación al presidente o
vicepresidente de la misma.
ARTÍCULO VII
REQUISITOS DE LOS OFICIALES Y EQUIPO MINISTERIAL
Los oficiales o directores del equipo ministerial deberán ser miembros activos de la Iglesia
ACyM de Kissimmee, Inc. Deberán reunir los requisitos escritúrales para el servicio a Dios
1.
No menos de un año como miembro activo de la iglesia. (1 Co. 12:18).
2.
Cumplir con el privilegio de diezmar. (Mal. 3:10).
3.
Asistir consistentemente a la iglesia. (He 10:25).
4.
Conocer la Palabra de Dios (2 Tim 2:15).
5.
Apoyar a los líderes espirituales que Dios ha puesto en la iglesia. (He. 13:17).
6.
Se espera que el líder cumpla con sus deberes durante todo el término asignado; no
obstante en caso de renuncia, deberá presentar una carta al Pastor Titular indicando las
razones de la misma. (Ro.11:29).
Los oficiales de la iglesia serán: Los miembros de la Junta, los Ancianos y los Directores de los
diferentes equipos ministeriales electos de acuerdo a los procedimientos y necesidades de la
iglesia.
La creación o eliminación de comités permanentes o temporeros de trabajo deberá tener la
aprobación de la Junta.
47
ARTÍCULO VIII
CUERPO PASTORAL
El cuerpo pastoral estará constituido por el Pastor Titular y otros pastores asignados de acuerdo a
las necesidades de la iglesia.
A
Selección del Pastor Titular
La Junta no tomará en consideración a ningún candidato a Pastor Titular sin la aprobación del
Superintendente del D.H.E. El Superintendente podrá sugerir a la Junta los nombres de los
candidatos a pastor. Se requerirá la aprobación de tres cuartas partes de los miembros de la
Junta, mediante votación secreta, para poder presentar el candidato a la iglesia. La Junta, en
asamblea(s) extraordinaria(s) considerará el sentir de la iglesia con relación al candidato a
llamarse. El pastor seleccionado será llamado por la Junta, y nombrado por el Superintendente
del D.H.E. Al ser nombrado por el Superintendente tanto el pastor como su esposa pasan a ser
miembros de la iglesia.
B
Selección de otros pastores
El Pastor Titular presentará a la Junta y al Superintendente del D.H.E., el (los) candidato(s) que a
su juicio cumple(n) con los requisitos para ocupar la posición ministerial deseada. La Junta en
asamblea(s) extraordinaria(s) considerará el sentir de la iglesia con relación al candidato a
llamarse. El pastor seleccionado será llamado por la Junta y nombrado por el Superintendente del
D.H.E. Al ser nombrado por el Superintendente, tanto el pastor como su esposa pasan a ser
miembros de la Iglesia.
C
Renuncias
Cualquier miembro del Cuerpo Pastoral podrá renunciar a esta iglesia notificando debidamente
su intención al Superintendente del D.H.E y a la Junta con sesenta días de antelación a la fecha
de efectividad de la misma. La Junta podrá, conjuntamente con el Superintendente del D.H.E.,
pedir la renuncia de cualquier miembro del Cuerpo Pastoral siguiendo las pautas establecidas por
el Superintendente y Comité Ejecutivo del D.H.E.
D
Otros
Cualquier invitación que reciba algún miembro del Cuerpo Pastoral para celebrar campañas u
otro trabajo en otra iglesia u organización en o fuera del D.H.E., deberá ser aprobada en votación
secreta por tres cuartas partes de la Junta.
A menos que tres cuartas partes de la Junta decida en votación secreta lo contrario, ningún
miembro del Cuerpo Pastoral dedicará parte del tiempo a estudios seculares, ni a ninguna
48
actividad fuera de la iglesia que la Junta entienda que interfiere en alguna forma con su trabajo
pastoral.
ARTÍCULO IX
CUERPO DE OFICIALES
Es el cuerpo de obreros que desarrolla, coordina y lleva a cabo la estrategia ministerial de la
Iglesia. Son electos de acuerdo al Artículo V, Gobierno. Sus responsabilidades están descritas en
el Manual de Descripción de posiciones de la ACM de Kissimmee. La Junta podrá evaluar y
modificar dicho manual en cualquier momento.
Serán los siguientes:
A
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
JUNTA DE GOBIERNO
Pastor Titular
Ancianos
Vicepresidente
Secretario(a)
Tesorero(a)
Sub-tesorero(a)
Vocales
B
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
EQUIPO MINISTERIAL
Alcance
Cuidado Pastoral
Familia
Juventud
Acción Social/Diaconado
Educación Cristiana
Celebración
Administración
ARTÍCULO X
CONFERENCIA MISIONERA
Anualmente se llevará a cabo una Conferencia Misionera para la promoción y el sostenimiento
de la obra mundial de la iglesia ACyM.
ARTÍCULO XI
CONFERENCIA ANUAL DEL DISTRITO HISPANO DEL ESTE
La Junta nombrará los delegados oficiales que representarán a la iglesia en la conferencia anual
del D.H.E. Los delegados nombrados deberán reunir los requisitos establecidos en el artículo
VII de este reglamento. Rendirán a la iglesia un informe escrito del resultado de la conferencia
no más tarde de dos semanas después de terminada la misma.
49
ARTÍCULO XII
PROPIEDADES Y ARVICHOS
1. PROPIEDADES.
Esta iglesia puede adquirir, poseer, disponer, gravar, mejorar o transferir cualquier propiedad
mueble o inmueble en conformidad con las leyes del estado de la Florida. Los bienes inmuebles
pueden ser comprados, vendidos, transferidos, hipotecados o gravados sólo por orden de la
congregación a través de la Junta y con la aprobación del Superintendente del D.H.E.
2. REGISTROS Y ARCHIVOS.
Los documentos oficiales relacionados con la Iglesia y sus directores, así como de todos sus
departamentos, son propiedad de la Iglesia. Los libros y archivos de contabilidad pueden ser
revisados anualmente por un auditor según lo ordene la Junta o cuando la congregación lo
requiera por un voto de mayoría de tres cuartas partes de los miembros.
Todos los registros y archivos serán guardados en lugar seguro según lo seleccione la Junta.
ARTICULO XIII
COMITÉ DE NOMINACIONES
El Comité de Nominaciones constará de por lo menos cinco miembros de la congregación y se
constituirá de la siguiente manera:
- Pastor.
- La mitad de los miembros elegidos por la Junta.
- La otra mitad de los miembros elegidos por la Iglesia.
En este comité la mitad de sus miembros no deben pertenecer a la Junta. Los miembros de este
comité serán seleccionados con una antelación de por lo menos dos meses antes de la Asamblea
Anual. No podrán coincidir en este comité miembros con nexos familiares. Este comité se
encargará de seleccionar de entre los miembros de la congregación candidatos a ocupar los
puestos de liderazgo de la iglesia, en conformidad con todo lo establecido en los diferentes
artículos de este reglamento.
ARTÍCULO XIV
ELECCIONES
El Comité de Nominaciones presentará en la asamblea anual por lo menos un nombre para cada
cargo a ser cubierto. Dos semanas antes de la asamblea, el Comité de Nominaciones someterá a
la iglesia un informe preliminar del trabajo realizado. Otras nominaciones pueden ser hechas por
la membresía siempre y cuando el nombre del candidato sea sometido al Comité de
Nominaciones para su correspondiente evaluación y aprobación por lo menos con una semana
50
de antelación a la Asamblea. Los oficiales serán elegidos por voto secreto en la Asamblea Anual.
En el caso donde se nominen dos o más candidatos para una posición, será seleccionado el
candidato que obtenga la mayoría de los votos. En el caso donde se presente un solo candidato
será seleccionado si obtiene una votación de la mitad más uno de los votos sometidos. En la
Asamblea cada miembro presente recibirá una papeleta oficial con las posiciones y los nombres
de los miembros nominados para las mismas. Cada votante deberá circular el nombre de su
selección para cada puesto. Sólo podrá circular un nombre para cada posición con excepción de
aquellos puestos donde la papeleta indique la selección de más de un candidato.
ARTÍCULO XV
QUÓRUM
Para constituir quórum en cualquier asamblea, ya sea ordinaria o extraordinaria, los miembros
activos de la iglesia que estén presentes en dicha reunión constituirán quórum, podrán expresarse
y tomar decisiones en cualquier asunto que se traiga a votación.
Se tomará asistencia de los miembros presentes.
ARTÍCULO XVI
EMPLEADOS
La Junta tiene la facultad para reclutar, determinar salarios y beneficios, asignar deberes y
responsabilidades y prescindir de los servicios de acuerdo a las leyes del estado.
El Pastor Titular o su designado será el responsable de la supervisión de los empleados
reclutados.
ARTÍCULO XVII
DECLARACIONES
Para beneficio de la membresía han sido recopiladas tal como aparecen en el Manual Oficial de
la Alianza Cristiana y Misionera con sede en Colorado Springs.
MATRIMONIO – DIVORCIO Y NUEVO MATRIMONIO
PREAMBULO
Es esencial que el propósito de esta declaración sea claro para que se la comprenda y utilice
correctamente. Es una "declaración instructiva de La Alianza Cristiana y Misionera" para servir
como una pauta expositiva de puntos de común acuerdo, a la cual el Concilio General de 1977
(Calgary, Alberta, Canadá) se subscribió como una base para expresar acuerdo o desacuerdo con
gracia y tolerancia.
51
Para algunos, la interpretación puede parecer demasiado amplia, y para otros, muy limitada. Pero
se necesita un criterio común para tratar adecuadamente los problemas del divorcio y nuevo
matrimonio. La posición declarada aquí ni promueve el divorcio ni debilita la posición bíblica
representada en legislación previa. La Comisión sobre el Estudio del Divorcio procuró ni quitar
ni añadir a la enseñanza bíblica sobre el divorcio.
UNA DECLARACIÓN INSTRUCTIVA DE LA ALIANZA CRISTIANA Y MISIONERA
1. INTRODUCCIÓN
a. Hoy en día más y más matrimonios están fracasando; los divorcios y segundos
matrimonios son cada vez más comunes. Si contamos parejas que conviven sin beneficio
de un matrimonio legalmente constituido y que luego se separan, la mitad de los
matrimonios que se realizan hoy en Norteamérica fracasan.
b. Aún así el matrimonio es una institución esencial, sagrada, una piedra angular de
nuestra sociedad. Fue establecido por Dios mismo cuando el Señor dijo, "No es bueno
que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18); y el matrimonio ha
disfrutado de la aprobación y bendición divinas a través de los siglos. Efesios 5 revela lo
sagrado que es el matrimonio cuando se usa la unión entre Cristo y la iglesia para ilustrar
la relación esposo-esposa.
c. Por tanto, la Iglesia de hoy tiene que hacer todo lo que esté a su alcance para apoyar y
mantener la institución del matrimonio sobre fundamentos dados por Dios. Algunos
actualmente quieren establecer reglas de conducta en esta área aparte de la autoridad de la
Palabra de Dios. Aun entre los que buscan regirse por la autoridad bíblica hay opiniones
divergentes, sobre todo en cuanto al derecho de personas divorciadas a casarse de nuevo.
Parece imperativo, por tanto, que La Alianza Cristiana y Misionera establezca lo que
entendemos ser la enseñanza bíblica sobre estos temas.
d. Esta declaración está diseñada, no para contestar todas las preguntas y cubrir todas las
situaciones, sino para proveer pautas de las cuales se puedan extraer aplicaciones bíblicas
para situaciones diversas. Ha sido escrita enfocando las condiciones sociales de
Norteamérica. Por tanto puede necesitar algunas adaptaciones en países del extranjero a
causa de situaciones culturales diferentes.
52
2. MATRIMONIO
a. Dios instituyó el matrimonio como un estado honroso (Hebreos 13:4) para bendición
de la pareja (Génesis 2:18) y como una continuación de la obra divina de creación en la
historia de la raza humana (Génesis 4:1). El matrimonio no es un requisito para la
perfección de la personalidad, ni tampoco es una necesidad para el cumplimiento de los
más altos propósitos divinos. El matrimonio puede, de hecho, impedir la disposición
incondicional de la persona para el llamamiento de Dios, y hay aquellos que tienen el don
de abstenerse del matrimonio (Mateo 19:12; 1 Corintios 7:7).
b. Dios dispuso que el matrimonio fuera una unión monógama y vitalicia, según lo
implica claramente Génesis 2:24: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y
se unirá a su mujer, y serán una sola carne." Jesús recordó esta orden divina de la
creación para derribar la floja interpretación y práctica de la ley de Moisés (Marcos 10:6
y vv. siguientes). Aunque la poligamia se practicaba a veces en tiempos del Antiguo
Testamento, la Biblia aclara que Dios dispuso que el matrimonio existiera entre un
hombre y una mujer por todo el tiempo que ambos viviesen. En Romanos 7:2 el apóstol
Pablo escribió: "Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste
vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido." (Vea también 1
Corintios 7:39.)
c. Los términos estrictos y elevados con que el lazo matrimonial se describe en el Nuevo
Testamento tienen su enfoque principal en el compañerismo humano y la familia. Para el
cristiano, la base de todo amor marital es el amor de Cristo para la iglesia (Efesios 5:31 y
vv. siguientes). El matrimonio se constituye primero por un pacto mutuo. El matrimonio
es un acuerdo solemne, con fuerza de ley, hecho delante de Dios y los hombres
(Malaquías 2:14). Ezequiel 16:8 usa el matrimonio para ilustrar la relación entre Dios e
Israel y habla de esta relación como un pacto establecido por un juramento o una
promesa. Jesús, en Juan 2, sancionó con su presencia un matrimonio que se reconocía y
solemnizaba por una celebración pública. Por tanto, hombres y mujeres deben entrar al
matrimonio con un contrato legal y votos hechos, de preferencia bajo la administración
de un ministro cristiano, y no por sólo decidir empezar a vivir juntos.
d. El matrimonio es una unión física. Esto el apóstol Pablo lo establece claramente en 1
Corintios 6:16 y vv. siguientes. El matrimonio está designado para ser una unidad de
carne y espíritu y representa la totalidad de esa unión (1 Tesalonicenses 4:3-5). En 2
53
Corintios 12:19-21 Pablo advierte a la iglesia de Corinto que la impenitencia de aquellos
que cometieron inmoralidad sexual requeriría su intervención personal.
e. En ningún caso debe una persona entrar en ningún así llamado "matrimonio" con
alguien del mismo sexo. Uniones homosexuales son específicamente prohibidas, y son
descritas en las Escrituras como manifestaciones de las más bajas formas de conducta
pecaminosa, ya que degradan la dignidad humana y profanan el designio de la creación
de Dios (Levítico 20:13; Romanos 1:26-27, 32; 1Corintios 6:9).
f. Un cristiano no debe casarse con una persona que no conoce a Cristo como Salvador
personal. 2 Corintios 6:14 es explícita, "No os unáis en yugo desigual con los
incrédulos". Las últimas palabras de 1 Corintios 7:39 sugieren la misma regla; se dirige a
las viudas que se vuelven a casar a hacerlo únicamente "en el Señor". El amor a Cristo
nunca debe ocupar un segundo lugar (Mateo 6:33).
3. DIVORCIO
a. El divorcio es una desviación de los propósitos de Dios. Aunque en el Antiguo
Testamento el divorcio era permitido y aparentemente se conseguía fácilmente, esto,
como la poligamia, era contrario a las más altas intenciones de Dios. Jesús explicó que
las provisiones para el divorcio en el Antiguo Testamento eran una acomodación a la
"dureza" del corazón de la gente y un mal necesario (Mateo 19:8). El profeta Malaquías
declaró, "Yo aborrezco el divorcio—dice el Señor, Dios de Israel" (2:16 NVI). Jesús dijo,
"Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (Mateo 19:6, y Marcos 10:6-9). La
Iglesia, por tanto, siempre debe aconsejar en contra del divorcio como una solución a los
problemas maritales. La Biblia enseña que aun cuando un cristiano es casado con un
incrédulo, el cristiano debe procurar vivir con él o ella si de alguna manera es posible (1
Corintios 7:12-13).
b. Aunque el divorcio es siempre contrario a las intenciones de Dios, hay ciertas
circunstancias en que se permite. Jesús dijo en Mateo 5:32 y de nuevo en Mateo 19:9 que
una persona no puede divorciarse de su cónyuge excepto por causa de fornicación. La
palabra griega usada para "fornicación" se refiere a inmoralidad sexual habitual para lo
cual se puede usar el sinónimo "prostitución", implicando toda clase de inmoralidad,
incluyendo adulterio que profana la relación matrimonial—una posición generalmente
aceptada por eruditos del griego.
54
c. La ausencia de esta concesión en Marcos 10:6-12 y Lucas 16:18 no echa a un lado las
condiciones prácticas para cumplir con la enseñanza Mosaica sobre el divorcio en la
nueva era que Cristo establece. Pero El hace una interpretación más limitada, que
considera el problema del divorcio como un mal que sería menor que continuar en una
situación imposible. El divorcio se rechaza cuando el propósito inmediato es casarse con
otra persona (Marcos 10:11-12). Por tanto, es necesario que el creyente piense en el
divorcio sólo como un último recurso y a causa de violación del matrimonio por
fornicación nunca como ocasión para casarse con otra persona. Cuando uno de los
esposos en un matrimonio se ha envuelto en adulterio, al cónyuge ofendido se le permite,
aunque no se le requiere, que se divorcie. Si un marido incrédulo o una esposa incrédula
se niega a continuar viviendo con su cónyuge y se va, el creyente puede aceptar esta
separación. "Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la
hermana sujeto a servidumbre en semejante caso" (1 Corintios 7:15). Tal separación
puede resultar en divorcio, y en tal caso el cristiano no es culpable de ningún delito.
4. NUEVO MATRIMONIO
a. El segundo matrimonio de personas que se han divorciado es permitido en la Escritura
bajo ciertas circunstancias. Si, después de haberse divorciado, uno de los cónyuges
originales muere, el cónyuge sobreviviente está libre para casarse de nuevo. Romanos 7:2
y 1 Corintios 7:39 aclaran que la muerte disuelve la relación matrimonial.
b. Cuando una relación adúltera ha producido un divorcio, la parte que es inocente de
adulterio tiene derecho a casarse de nuevo. Las palabras de Jesús, "Cualquiera que
repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación", implican el derecho a volver a
casarse. Cuando El añade, "El que se casa con la repudiada, comete adulterio" (Mateo
5:32), se niega el derecho de casarse con cualquiera culpable de adulterio y también el
casarse con cualquiera que haya obtenido el divorcio con el propósito deliberado de
casarse de nuevo (Marcos 10:11-12).
c. La armonía entre el Antiguo y Nuevo Testamentos se ve en la interpretación dada por
Jesús. El pasaje de Deuteronomio que citó Jesús en Mateo 5:31 y Marcos 10:11-12 indica
que el "repudio" de una esposa disuelve el matrimonio y permite casarse de nuevo. Jesús
no cambió la naturaleza del divorcio, que disuelve el matrimonio y permite nuevo
casamiento; El simplemente rechazó toda racionalización y excusa por el divorcio y
aclaró que sólo la parte inocente cuyo matrimonio previo fue revocado por el divorcio
podía casarse de nuevo sin hacerse culpable.
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d. De acuerdo con la enseñanza de 1 Corintios 7, que permite el divorcio cuando el
cónyuge incrédulo de un creyente "se aparta" (Sección 3c), no se permite el segundo
matrimonio solamente por motivo de deserción, de acuerdo al verso 11: "Y si se separa
(la mujer) quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a
su mujer". En otras palabras, si la parte incrédula, que se separa, no ha muerto ni se ha
vuelto a casar, tampoco el que ha sido abandonado debe casarse de nuevo.
e. Cuando dos incrédulos se han divorciado y uno más tarde se convierte y ninguno de los
dos se ha casado de nuevo, el cristiano debe intentar restaurar el matrimonio. Si el
inconverso rehúsa, esto hace que el matrimonio sea lo mismo que la clase descrita en 1
Corintios 7:15.
f. Si una persona se divorcia por otras razones que no sean las bíblicas expuestas arriba y
su cónyuge previo se vuelve a casar, ese cónyuge, por casarse de nuevo, de acuerdo a los
preceptos bíblicos cometió adulterio (Mateo 5:32 y 19:9), y ha disuelto el matrimonio
original.
g. Casarse de nuevo nunca es obligatorio, en algunos casos solamente se permite. Las
personas divorciadas que tienen fundamento bíblico para casarse de nuevo deben entrar a
tal matrimonio sólo con el más grande cuidado. Escasamente hay fracaso matrimonial por
cualquier causa en que uno de los cónyuges sea "totalmente inocente". Quien solicite
casarse de nuevo debe demostrar una actitud de arrepentimiento por cualquier parte que
haya tenido en el fracaso original. Debe recibir consejería de la iglesia de modo que evite
repetir actitudes y acciones destructivas.
h. Las personas que se casan de nuevo después de haberse divorciado por razones no
bíblicas son culpables de adulterio ante Dios. Jesús dijo en Mateo 5:32, "El que repudiare
a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con
la repudiada adultera". Tales matrimonios no deben ser realizados por un ministro
cristiano.
i. Personas que se han divorciado por motivos no bíblicos que posteriormente llegan a ser
creyentes no están absueltas de la necesidad de mantenerse sin casar porque se han
convertido. Aunque es cierto que somos hechos nuevas criaturas en Cristo, seguimos
llevando responsabilidades morales y legales que existieron antes de la conversión. Una
persona, por ejemplo, que contrajo una deuda como inconverso no se absuelve de la
obligación de pagar la deuda porque ya es creyente. Un hombre que ha traído hijos a este
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mundo como no creyente tiene todavía que proveer para esos niños después de su
conversión. Un hombre que contrajo matrimonio mientras no era cristiano tiene que
cumplir los términos de ese contrato matrimonial aun después de estar en Cristo.
j. Personas que eran divorciadas y se volvieron a casar sin fundamento bíblico antes de
convertirse no deben sentirse obligadas después de la conversión de retraerse del
matrimonio subsecuente. El nuevo casamiento al cual entró indebidamente constituyó un
acto de adulterio que rompió el matrimonio previo. Entonces, con su matrimonio previo
disuelto, la persona que se casó de nuevo es responsable de ser fiel a su nuevo contrato.
Habiendo roto su matrimonio previo, "vive en adulterio" sólo si es infiel a su actual
contrato matrimonial.
k. Personas que son divorciadas o que se divorciaron y se volvieron a casar con base
bíblica tienen derecho a los privilegios de compañerismo y membresía en la iglesia. Un
creyente que fue divorciado o se divorció y se volvió a casar por motivos no bíblicos
mientras era incrédulo debe de igual manera ser recibido a la plena comunión cristiana.
La gracia de Dios en Cristo perdona todos los pecados; la persona en Cristo es una nueva
creación.
l. Sin embargo, se debe ejercer discreción en la selección de personas divorciadas que se
han vuelto a casar para posiciones de liderazgo en la iglesia. Aunque todos los creyentes
son miembros por igual del cuerpo de Cristo, no todos los miembros están igualmente
capacitados para cargos en la iglesia. Los cargos de anciano (líder espiritual) y diácono
(líder de negocios) en la iglesia deben ser ocupados por personas de altas cualidades
morales y espirituales, cuyos patrones de vida cristiana ejemplar están tan claros que
puedan imitarse.
m. Un creyente que a sabiendas consigue un divorcio sobre bases no bíblicas o un
creyente que a sabiendas se casa con alguien que ha sido divorciado por razones no
bíblicas o un creyente cuyo divorcio fue concedido por razones no bíblicas y se vuelve a
casar debe ser disciplinado por la iglesia y se le debe dar plenos privilegios de
compañerismo cristiano sólo después de demostrar arrepentimiento genuino por haberse
apartado deliberadamente de las normas bíblicas.
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DECLARACIÓN SOBRE EL MOVIMIENTO ECUMÉNICO
La siguiente declaración sobre el movimiento ecuménico fue adoptada por el Concilio General
de 1970 (Toronto, Ontario, Canadá).
ORGANIZACIÓN ECUMÉNICA
La Alianza Cristiana y Misionera ha estudiado el historial del movimiento ecuménico según lo
representa el Concilio Mundial de Iglesias y el Concilio Nacional de Iglesias (de EE.UU.). Es
nuestra convicción que dentro de estas organizaciones las tendencias hacia la apostasía de la fe
cristiana histórica son abiertas y pronunciadas. Por lo tanto, La Alianza Cristiana y Misionera no
es miembro ahora, ni puede ser miembro de estas organizaciones. Sostenemos que esta posición
está basada en enseñanzas claras de las Escrituras.
DECLARACIÓN SOBRE EL ABORTO
La siguiente declaración sobre el aborto fue adoptada por el Concilio General de 1981 (Anaheim,
California).
La iglesia, así como el público en general, está confrontada con el problema moral del aborto. A
causa de la importancia de este asunto para nuestra sociedad, el Concilio General de la Alianza
Cristiana y Misionera ha decidido hacer una declaración de su posición sobre el tema del aborto.
El asunto moral del aborto inducido en última instancia envuelve una decisión acerca de las
circunstancias en las cuales un ser humano puede justamente quitarle la vida a otro. Creemos que
la vida empieza en el momento de la concepción, y que aquella vida ha de considerarse humana
desde ese momento.
La Alianza Cristiana y Misionera cree que el aborto a simple pedido es moralmente inaceptable.
No podemos permitir que el actual clima social de relativismo moral y relajamiento sexual dicte
nuestras respuestas a los dilemas sociales y morales.
La Palabra de Dios enseña que cada individuo es conocido de Dios desde antes de la fundación
del mundo (Jeremías 1:4-5; Salmo 139:13-17). Según el Salmo 127:3-5, nuestro Dios
Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente ha pronunciado su bendición sobre la vida de los
niños.
Ya que toda la vida existe para los propósitos de Dios y todas las vidas humanas son igualmente
sagradas, es nuestra convicción que la vida del niño no nacido aún es bendecida por Dios y debe
ser preservada y nutrida. Por tanto, La Alianza Cristiana y Misionera se opone al aborto
inducido.*
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*Sólo en los casos más extremos, cuando es imposible salvar vivos a ambos, la madre y el bebé
por nacer, debe considerarse la cuestión de un aborto inducido.
DECLARACIÓN SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
La base para esta declaración oficial de La Alianza Cristiana y Misionera es la sección [d] de su
Declaración de Fe:
"El Antiguo y el Nuevo Testamento, sin error en su forma original, fueron inspirados
verbalmente por Dios y son una completa revelación de su voluntad para la salvación de los
hombres. Constituyen la regla divina y única de la fe y la práctica cristianas."
LA BASE BÍBLICA
El Antiguo Testamento revela el designio original de Dios de hacer a los seres humanos a su
imagen, varón y hembra. Cada persona halla su estado completo en una relación con otra que es
semejante en naturaleza pero opuesta sexualmente (Génesis 2:10-24), a menos que la persona
reciba el don del celibato (1 Corintios 7:1, 7-8).
En el Nuevo Testamento, Jesús afirma la creación heterosexual de los seres humanos: ...varón y
hembra los hizo (Mateo 19:4). En todas las Escrituras las familias heterosexuales, formadas por
un padre, una madre y sus hijos (a menos que no puedan tener hijos) son la norma de la sociedad.
El Nuevo Testamento refuerza las enseñanzas de amor heterosexual y relaciones sexuales dentro
del matrimonio (Efesios 5:2233; Hebreos 13:4; 1 Corintios 7:1-5).
Además de esta clara enseñanza bíblica sobre el diseño divino para el matrimonio heterosexual,
encontramos instrucciones específicas que prohiben conducta homosexual, por ejemplo: No te
echarás con varón como con mujer; es abominación (Levítico 18:22; 20:13). La conducta
homosexual es abominable porque no está en armonía con el propósito por el cual Dios creó a
los seres humanos.
El Nuevo Testamento declara: Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y
sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén. Por
tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones
naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones
naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres
con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su
perversión (Romanos 1:25-27 NVI). La adoración a la creación antes que al Creador no sólo
alejó a los seres humanos de Dios, sino que distorsionó la identidad heterosexual con que Dios
les había creado. La conducta homosexual es una evidencia del universal rechazo humano de la
59
gloria de Dios, y es pecaminosa, así como todas las actividades sexuales que violan el diseño
original de Dios.
El Nuevo Testamento también dice: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?
No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se
echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los
estafadores, heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10).
Pero el mismo pasaje bíblico enfáticamente afirma el poder libertador del evangelio cristiano de
todos los anteriores patrones pecaminosos de vida, incluyendo el comportamiento y las
inclinaciones homosexuales: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido
santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de
nuestro Dios (1 Corintios 6:11).
POLITICA
Se impone las normas más elevadas de vida y conducta sobre los que sirven en posiciones
oficiales o de ministerio en la Iglesia de Jesucristo, y sobre los recibidos como miembros de las
iglesias locales. La conducta homosexual no es compatible con las enseñanzas cristianas y no se
la puede tolerar. Por tanto, a los que practican relaciones homosexuales no se les puede aceptar
como candidatos para ministerio, otorgar credenciales, ordenar ni consagrar para ministerio, ni
nombrar para servir dentro de La Alianza Cristiana y Misionera. Tampoco pueden servir en
ministerios de la iglesia, ni recibir la membresía en una iglesia de la Alianza. Además, en
conformidad con esta Declaración y la Declaración sobre Matrimonio-Divorcio-Nuevo
Matrimonio de la ACyM, que dice que "En ningún caso debe una persona entrar en ningún así
llamado 'matrimonio' con alguien del mismo sexo," ningún obrero con credencial debe, bajo
ninguna circunstancia, aprobar, bendecir, dirigir o participar oficialmente en ninguna ceremonia
civil o religiosa que resulte en un matrimonio o unión civil de personas del mismo sexo.
La Alianza Cristiana y Misionera animan a sus iglesias y miembros a tratar con compasión a los
que practican conducta o relaciones homosexuales, extendiendo sin reserva alguna a tales
personas el evangelio de arrepentimiento, perdón, y transformación por medio de Jesucristo.
POLÍTICA UNIFORME SOBRE
DISCIPLINA, RESTAURACIÓN Y APELACIÓN
El propósito de la disciplina de la iglesia es restauración. La iglesia está siempre interesada en
acción redentora. Aquellos que son miembros de la iglesia de Jesucristo tienen que vivir de
acuerdo a las enseñanzas de la Palabra de Dios que establecen las normas de vida y conducta. Se
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debe hacer todo esfuerzo por resolver dificultades y malos entendidos sobre la base de la
Escritura (Mateo 18:15-17) si ocurre un fracaso de vivir según esas normas.
Si la disciplina se hace necesaria, es esencial que se sigan las Escrituras al intentar llevar a la
restauración a uno que ha fallado moral y espiritualmente. Es por tanto la primera prioridad del
cuerpo disciplinario entender el proceso de la disciplina redentora y estudiar e implementar
principios escritúrales. La Política Uniforme de Disciplina y Apelación sirve como una guía a la
implementación de las Escrituras cuando se requiere el ejercicio de disciplina.
(Para la aplicación de este procedimiento refiérase a la Sección E, Reglamentaciones de la
División de Ministerios. Inciso 7, Política Uniforme sobre Disciplina, Restauración y siguientes.)
ARTÍCULO XVIII
DISPOSICIONES GENERALES
Cualquier asunto que no este dispuesto en este reglamento interno o que vaya en contra de las
disposiciones del mismo serán dilucidadas de acuerdo a las disposiciones del Reglamento del
Distrito Hispano del Este y en su defecto con el Manual Oficial de la Alianza Cristiana y
Misionera.
ARTÍCULO XIX
ENMIENDAS
Este reglamento puede ser revisado o enmendado parcial o totalmente en la reunión anual o en
una extraordinaria convocada por la Junta para tales efectos. Toda enmienda o revisión
necesitará una mayoría de dos terceras partes de los votos computados en dicha reunión.
ARTÍCULO XX
EFECTIVIDAD DEL REGLAMENTO
El presente artículo de Efectividad de Reglamento dispondrá la fecha de revisión del reglamento
así como la de su aprobación y vigencia.
Este reglamento fue revisado y enmendado en reunión extraordinaria el día 14 de noviembre del
año 2007. Su efectividad comenzará a partir de la Asamblea Anual del 14 de noviembre del año
2007.
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Apéndice V
PACTO DE MEMBRESÍA
IGLESIA ALIANZA CRISTIANA Y MISIONERA DE KISSIMMEE
Habiendo recibido a Jesucristo como mi único Señor y Salvador; habiendo recibido el curso:
Bautismo y membresía y estando de acuerdo con los estatutos, la estrategia y estructura de esta
obra, deseo unirme a la familia de La Alianza Cristiana y Misionera de Kissimmee. Al hacerlo,
me comprometo con Dios y con los demás miembros de la iglesia a:
1. PROTEGER LA UNIDAD DE MI IGLESIA
 Actuando con amor hacia los demás miembros.
“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Romanos 14:19).
 Negándome a participar en chismes que causen el deterioro de las relaciones entre mis
hermanos y la iglesia.
“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu,
para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro”
(1 Pedro 1:22).
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la
necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).
 Respetando y sujetándome al liderato de la iglesia
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas,
como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque
esto no os es provechoso” (Hebreos 13:17).
2. COMPARTIR LA RESPONSABILIDAD DE MI IGLESIA
 Orando por su crecimiento
“…a la iglesia… Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de
vosotros en nuestras oraciones” (1 Tesalo-nicenses 1:1-2).
 Invitando a los inconversos para que asistan
“Dijo el Señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para
que se llene mi casa” (Lucas 14:23).
 Dándoles una cálida bienvenida a los que nos visitan
“Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo recibió, para gloria de
Dios” (Romanos 15:7).
3. SERVIR AL MINISTERIO DE MI IGLESIA
 Poniendo al servicio de Dios y la iglesia mis capacidades, dones y talentos.
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros”
(1 Pedro4:10).
62


Preparándome, para servir mejor, con mis pastores y líderes.
“[Dios] constituyó a unos apóstoles; a otros… pastores y maestros, a fin de perfeccionar a
los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios
1:11-12).
Desarrollando un corazón y una actitud de servicio.
“Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de otros. Tengan… la
manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual tomó naturaleza de
siervo” (Filipenses 2:4-5,7 Versión: Dios habla hoy).
4. APOYAR EL TESTIMONIO DE MI IGLESIA
 Asistiendo fielmente a los servicios y reuniones
“No dejando de congregarnos… sino exhortándonos” (Hebreos 10:25).
 Viviendo una vida piadosa, de tal manera que la comunidad no tenga nada malo que decir
contra Dios y su iglesia.
“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo” (Filipenses 1:27).
 Sosteniendo, a través de diezmos y ofrendas. la obra.
“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya
prosperado… (1 Corintios 16:2).
“Y el diezmo de la tierra…de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” (Levítico 27:30).
Firma ______________________________
Fecha:____________________
_____________________________
(Letra de molde)
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