5. El Sexenio Democrático. Intentos democratizadores

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UNIDAD 5.
EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874).
INTENTOS DEMOCRATIZADORES
1. REVOLUCIÓN Y FORMACIÓN DE LAS JUNTAS.
Causas.
La revolución de 1868 es, como todo proceso revolucionario, un proceso complejo, de
múltiples causas. En un momento de cambio se mezclan causas coyunturales, o del
momento, y estructurales, de mucho más largo plazo y alcance, causas políticas,
económicas y sociales.
Causas políticas.
Entre ellas destacan el agotamiento del régimen de Isabel II y del liberalismo moderado.
El desprecio al parlamento y la corrupción fueron las características más destacadas de los
últimos años del reinado.
La oposición, por su parte, estaba unida frente a este gobierno que les dejaba fuera de los
cauces legales para alcanzar el poder. Además, la muerte de O’Donnell, el líder de la
Unión Liberal, facilitó que los unionistas se unieran al resto de la oposición que firma el
Pacto de Ostende para derrocar a Isabel II.
Causas económicas.
Una serie de circunstancias se reunieron para agravar la situación crítica del final del
reinado. Una de ellas fue la crisis de subsistencias producida a raíz de las malas cosechas
del período 1867-68. A ello se unió la crisis financiera internacional de 1866, que produjo
el hundimiento de la Bolsa. Incluso uno de los sectores más boyantes, la industria textil
catalana entró en crisis por la falta de algodón americano debido a la Guerra de Secesión
norteamericana. El panorama económico no era, por tanto, muy halagüeño.
Causas sociales.
Desde el punto de vista social, el descontento de las diversas clases sociales,
especialmente entre el campesinado, favorece a los partidos de izquierda que son la
alternativa al gobierno moderado.
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La Revolución“Gloriosa” de 1868.
El 19 de septiembre de 1868 la escuadra del almirante Topete en Cádiz se subleva al grito
de “España con honra” contra Isabel II. Prim, con tres fragatas, va sublevando la costa
(Málaga, Cartagena...). En muchas ciudades (Sevilla, Córdoba, Barcelona...) se constituyen
Juntas Revolucionarias que llaman al pueblo a levantarse con la consigna del sufragio
universal y la abolición de los consumos y de las quintas, así como elecciones a cortes
constituyentes. La revolución se extiende por toda España y el gobierno está aislado. El
único episodio bélico se produce en Alcolea, cerca de Córdoba, donde las tropas leales a
Isabel II son derrotadas por el general Serrano. El gobierno dimite e Isabel II se exilia.
En unas semanas, las Juntas dominan efectivamente toda España. De un golpe militar se
ha pasado a una revolución que acaba con los Borbones y el partido moderado. En
realidad, conviven varias revoluciones: la de Prim y los progresistas, la de Serrano y la
Unión Liberal, y la de la mayoría popular y los demócratas, que quedan fuera del gobierno.
Todos los firmantes del Pacto de Ostende disuelven las Juntas y la Milicia Nacional. Dejan
claro que se ha acabado con Isabel II pero no con la propiedad privada o con la
monarquía. La revolución pronto se modera y se institucionaliza.
2. EL GOBIERNO PROVISIONAL (1868-70).
Pronto se forma un gobierno provisional de unionistas y progresistas, con el
general Serrano y Prim al frente. Ante la crisis económica, el ministro de Hacienda,
Figuerola, elimina los aranceles para atraer capitales y mercancías extranjeras, es decir,
pone en marcha, como ya hizo Espartero, el librecambio. Es la Ley de Bases Arancelarias
de 1869. Esta ley se encuentra pronto con gran oposición, en primer lugar de los
algodoneros catalanes. El librecambismo es un arma de doble filo que puede llevar a la
destrucción de sectores poco competitivos que tienen dificultades para adaptarse a la
nueva situación.
Estas leyes librecambistas se enmarcan dentro de una serie de medidas liberalizadoras,
como las siguientes:
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libertad de imprenta, reunión y asociación
reforma de la enseñanza
Ayuntamientos y Diputaciones democráticas
emancipación de los hijos de los esclavos (Cuba, Puerto Rico...).
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La Constitución de 1869.
Tras la revolución, se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio
universal. Aunque la participación es baja, vencen los partidos del gobierno provisional, es
decir, los progresistas y los unionistas. Aparecen con fuerza los republicanos y los
carlistas, que se presentan ahora a las elecciones.
Estas cortes redactan una constitución en 1869, que tuvo poca vigencia pero que es la
primera constitución democrática española. El régimen de libertades que inaugura es
muy amplio, mayor que el habitual en Europa por estos años. Declara la soberanía
nacional y el sufragio universal masculino. Los derechos recogidos en el texto también son
amplísimos, incluyendo algunos nuevos que nunca se habían recogido. Proclama la
libertad de enseñanza y culto.
La forma de gobierno es la monarquía, pero el rey es elegido por las Cortes y después
se sigue el principio dinástico y hereditario. El rey detenta el poder ejecutivo a través de
los ministros que nombra, puede disolver las Cortes, sanciona y promulga las leyes que
elabora el legislativo. El legislativo es bicameral, formado por el Congreso de los Diputados
y el Senado, ambos elegidos por sufragio universal.
Los jueces son independientes y obtienen su puesto por oposición. Se introduce el
juicio por jurado.
Es la primera Constitución democrática, pero no tuvo gran acogida y molestó a la
derecha y la izquierda.
Política económica y descontento social.
El nuevo régimen político pretendía ser un nuevo régimen también en lo
económico. El bloque de gobierno y su base social, la burguesía, pretendía desde la
revolución de 1868 una reorientación de la política económica, basándose en dos ideas
clave:
-
legislación favorable a la implantación del capitalismo moderno
librecambismo y apertura del mercado español a la entrada del capital
extranjero.
El objetivo es favorecer la competencia y la libre iniciativa. Las medidas más
importantes en este sentido son:
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supresión del impuesto de consumos
creación de la peseta (octubre de 1868) como unidad monetaria
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-
venta del patrimonio minero (por ejemplo, las minas de mercurio de Almadén a
los Rostchild)
La ley de Bases Arancelarias de Figuerola, que supone el fin del proteccionismo.
Pero estas medidas provocan el descontento social. Se cumplen las aspiraciones
burguesas frente a las aspiraciones populares. El nuevo sistema político y la Constitución
de 1869 no convencen ni a los republicanos, ni a los jornaleros del campo ni a los obreros
industriales.
Existe un ambiente general de descontento. Se producen reivindicaciones de
reparto de tierras en Andalucía, revueltas contra los consumos, así como los primeros
movimientos obreros reclamando mejoras salaraiales.
Los republicanos asumieron el liderazgo de estos movimientos. Más tarde, el
descontento de la vía parlamentaria abrirá la puerta a la I Internacional, al anarquismo y al
socialismo.
Gobierno y oposición. Republicanos y carlistas.
El sufragio universal extendió la actividad política, antes reducida a las élites
mediante el sufragio censitario. No obstante, la participación a en el mundo rural es
escasa.
En el nuevo Parlamento elegido en 1869 están representadas cuatro tendencias:
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los carlistas: aceptan ahora el juego democrático, porque piensan que
puede ser una forma de acceder al poder, defienden la unidad religiosa y
los fueros vascos y navarros.
Los moderados: aún defienden a Isabel II; más tarde se convertirán en
defensores de Alfonso XII. Entre ellos destaca Canovas del Castillo,
representante de la burguesía latifundista.
La conjunción monárquica –democrática: son los firmantes del Pacto de
Ostende, unionistas, progresistas y demócratas. Destacan Prim y Sagasta.
Defienden la monarquía (no a los Borbones), la soberanía nacional, las
libertades civiles, y tienen el apoyo de la burguesía financiera e industrial,
las clases medias, el ejército y muchos intelectuales.
Los republicanos federales: se desgajaron de los demócratas desde 1868.
Sus líderes serán muy conocidos posteriormente: Pi i Margall, Figueras o
Castelar son los más destacados. Piden reformas sociales democráticas, la
supresión de las quintas, la esclavitud...
El comienzo del conflicto cubano.
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Cuba y Puerto Rico son conocidas como la “América Chiquita” y junto a Filipinas
son el último reducto del imperio español. Producen cacao, café y, sobre todo, azúcar y
tabaco. El aprovechamiento intensivo de estas colonias había permitido cierta
recuperación económica de España. Se introdujo la mecanización y el ferrocarril (en 1838),
pero también se extendió la esclavitud como forma de trabajo.
El negocio se repartía entre los peninsulares y los criollos, clase culta descendiente
de los españoles que se siente diferente. El problema de la esclavitud animaba el espíritu
independentista, que los norteamericanos animan bajo la llamada “doctrina Monroe”
(América para los americanos).
En 1868 se produce una insurrección de la burguesía criolla más preparada. Es el
llamado “Grito de Yara”, liderado por Máximo Gómez y otros caudillos criollos. Sus fines
son similares a la Revolución Gloriosa, democracia y autonomía y elaboración de una
Constitución federal.
La respuesta de Madrid es escasa: se envían unos 14.000 soldados a las isla. Pero
los insurgentes están divididos y mal armados. Parte de los criollos aún prefieren a
España. Estados Unidos apoya a los insurrectos.
La búsqueda de rey.
En las elecciones de 1868 ganan los partidos monárquicos. La Constitución de 1869
define el Estado como una monarquía constitucional. La primera tarea del nuevo gobierno
será buscar un rey para España que no sea un Borbón.
Hay diferentes candidatos. Los unionistas prefieren al duque de Montpensier, un
Borbón, cuñado de Isabel II. Pero es rechazado por el resto de partidos de gobierno. Los
otros candidatos son el rey viudo de Portugal, un aspirante de la familia real prusiana
(Hohenzollern), que se enfrenta con un no rotundo por parte de Francia, y, sobre todo,
algún miembro de la casa italiana de Saboya.
Esta última opción es la que triunfa. Con el apoyo de Prim, Amadeo de Saboya es
coronado. Casi al mismo tiempo, Prim muere asesinado. El rey viene a España sin su
principal valedor.
3. EL REINADO DE AMADEO I DE SABOYA. CONFLICTOS Y OPOSICIÓN.
Amadeo de Saboya pertenecía a la casa real artífice de la unificación italiana. Era
partidario de una monarquía más democrática. Con 26 años es elegido rey de España en
noviembre de 1870 y llega el 30 de diciembre. Sólo tres días antes había sido asesinado
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Prim y se queda sin su apoyo principal. El 2 de enero de 1871 es proclamado rey.
Comienza la monarquía constitucional.
El nuevo rey contará con una oposición férrea y permanente desde distintos
sectores:
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los moderados o alfonsinos: Cánovas del Castillo agrupará a unionistas,
exprogresistas y moderados en torno a Alfonso de Borbón. Su idea central
es el orden y la estabilidad, con el apoyo de la Iglesia. Pronto la burguesía
industrial rechazará a Amadeo I y su gobierno, especialmente por las
reformas sociales (respecto al trabajo infantil, la esclavitud, ...);
los republicanos: apoyados por obreros y campesinos, que veían
insatisfechas sus demandas, que protagonizan constantes levantamientos;
los carlistas: habían vuelto a retomar fuerza con las elecciones. el cambio
de casa real (los Saboya) da nuevos argumentos para una nueva
insurrección armada (III Guerra Carlista, desde 1872) en defensa de Carlos
VII, que se extendió por el País Vasco, Navarra y zonas de Cataluña.
Mientras la oposición al rey Amadeo crece continua la guerra comenzada en Cuba
desde el grito de Yara.
A esto se añaden las insurrecciones federalistas republicanas de 1872, mezcla de
ideas republicanas e internacionalistas (anarquistas).
La coalición de gobierno finalmente se desintegra, el monarca no tiene apoyos y,
después de seis gobiernos en dos años, el 2 de febrero de 1873, renuncia al trono.
4. LA PRIMERA REPÚBLICA (1873).
Tras el abandono de Amadeo de Saboya, hay pocas opciones políticas. Las cortes, que
son mayoritariamente monárquicas, proclaman la I República el 11 de febrero de 1873.
Unos diputados votan la I República como última opción. Otros diputados, según muchos
historiadores, la votan para deteriorar más la situación y forzar el retorno de los Borbones.
La I República nace sin reconocimiento internacional, sólo Estados Unidos y Suiza
reconocen al gobierno. Los demás países europeos la ven como un peligro de contagio
revolucionario, especialmente las monarquías.
Es un experimento político breve e intenso, además, de agitado. Se discutió una
constitución, que no se llegó a promulgar. Hubo cuatro presidentes de gobierno en once
meses. Es el último periodo convulso del siglo XIX al que seguirá un periodo de aparente
calma prolongada: la Restauración.
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Los republicanos.
La fuerza política que sustenta la República procede de la división del partido
demócrata en 1868. El llamado Partido Demócrata Republicano Federal estaba liderado
por Pi i Margall y su ideología central era el federalismo. Sus ideas fundamentales eran las
siguientes:
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establecimiento de pactos libres entre los pueblos y las regiones históricas
paras constituir un Estado federal
forma republicana de gobierno
laicismo del Estado y anticlericalismo
antimilitarismo
transformación social, ampliación de los derechos democráticos, e
intervención del Estado en la economía
Los federales tienen el apoyo de la pequeña burguesía, las clases populares
urbanas y parte del movimiento campesino y obrero.
El partido está dividido en dos sectores:
-
los llamados “benévolos”, liderados por Pi i Margall y la dirección del partido,
que defienden el respeto a la legalidad, y son contrarios a las insurrecciones...
los “intransigentes”: partidarios de la insurrección general y proclamación de la
independencia de las distintas regiones o territorios que después se federasen.
Frente a todos estos sectores federalistas, apareció otra tendencia republicana, los
“unitarios” de Castelar, partidarios de una republica centralizada y de carácter
conservador.
La república federal y el proyecto constitucional de 1873.
La República fue acogida con entusiasmo por las masas que pensaban que por fin
llegaba un cambio social, y que constituyeron Juntas Revolucionarias en todas las
localidades. La llegada de la república se entendía, además, de distinta manera en unas
zonas que en otras. En Andalucía la República se veía como la solución al problema del
reparto de la tierra. En Cataluña se pensaba más en la respuesta a las reivindicaciones
obreras y la constitución del Estado Catalán dentro de la República Española.
En todas las ciudades se producen revueltas populares contra los impuestos de
consumos (que gravaban productos básicos) y las quintas (dos o tres años de servicio
militar, salvo que se pagará la redención).
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Pi i Margall reprime las revueltas y elimina las Juntas. Convoca elecciones a cortes
constituyentes que ganan los republicanos federales. Estas cortes redactan un proyecto
de Constitución (1873) que tiene como ideas clave las siguientes:
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organización federal de la República
poder repartido entre municipio, región y nación
división de España en 15 estados federales, más Cuba y Puerto Rico
El resto de la Constitución es prácticamente idéntica a la constitución de 1869,
sobre todo en lo referente a la abolición de la esclavitud, la reforma de los impuestos, el
proteccionismo laboral y la regulación de los derechos, que están ampliamente recogidos.
Sin embargo, la victoria electoral republicana y su gobierno, no se correspondía
con la realidad social, ya que el 60% de los electores no votó en las elecciones y las
divisiones internas iban en aumento.
Cantonalismo, movimiento obrero y otros conflictos.
La I República se enfrentó a demasiados conflictos en un breve espacio de tiempo.
Algunos de estos conflictos no son nuevos. Es el caso de la guerra carlista que se reanimó
con la proclamación de la República. Un ejército carlista dominaba durante el año 1873
parte de Cataluña, País Vasco y Navarra, así como el Maestrazgo. Se creó un estado
paralelo, con Diputaciones y Ayuntamientos forales, que se prolongará hasta 1876.
En Cuba, la guerra continuaba. Continuó durante 10 años. La República tenía un
problema añadido: las autoridades y los funcionarios españoles eran proclives a los
Borbones. La respuesta de la República fue el federalismo.
El cantonalismo fue el fenómeno más complejo de los acaecidos durante este
periodo. Es una mezcla de ideas republicanas federales con ideas anarquistas de la I
Internacional, especialmente de Proudhon. Muchas zonas de fuerte carácter republicano
se alzan en cantones independientes: se proclaman los cantones de Cartagena, Sevilla,
Cádiz, Castellón, Valencia, Alicante, Málaga... y muchas otros, que incluso se declaran la
guerra entre sí (caso de Utrera y Sevilla, o Cartagena y el gobierno de Madrid). Los
insurrectos son artesanos, tenderos, obreros liderados por los federales intransigentes,
frustrados en sus expectativas por la República.
Pi i Margall dimite. No quiere sofocar con las armas el movimiento. Le sustituye
Salmerón que inicia la represión. Todos los cantones son derrotados excepto el de
Cartagena. El ejército, cada vez más conservador, impone ejecuciones y Salmerón dimite.
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El giro “unitario” y el final de la República.
Desde septiembre de 1873 la república da un giro a la derecha. El nuevo gobierno
es para Castelar y los unitarios.
Pronto los federales fuerzan la dimisión de Castelar en el Congreso. En ese
momento (3 de enero de 1874), el general Pavía entra con la guardia civil en el congreso y
lo disuelve. En las calles no hay ninguna resistencia. Se forma un gobierno provisional al
mando del general Serrano, apoyado por unionistas y progresistas, que intenta una
república conservadora, suspendiendo la Constitución de 1869. Pero los conservadores
prefieren ya a Alfonso XII y la vuelta de la monarquía.
En diciembre de 1874 otro pronunciamiento, del general Martínez Campos,
proclama a Alfonso XII rey de España, apoyado por su ideólogo Cánovas del Castillo, que
redacta el Manifiesto de Sandhurst, auténtica declaración de intenciones de la
monarquía, y que da paso a la Restauración y a la monarquía liberal, hasta 1923.
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