“Dios dirigió su palabra a Juan…” Apuntes de +Carmelo Juan

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“Dios dirigió su palabra a Juan…”
Apuntes de +Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia,
para el Domingo 2º de Adviento “C”, Lc 3,3-6, 06 diciembre 2009.
I. “El año 15º del reinado del emperador Tiberio…”
1. El segundo domingo de Adviento trae siempre la figura de
Juan Bautista, a quien Dios dirige su palabra para preparar
la venida del Mesías: “Una voz grita en el desierto:
‘Preparen el camino del Señor…’” (Lc 3,2-4). La figura de
Juan y su mensaje son tan importantes que la liturgia
dedica dos domingos seguidos a contemplarla. San Lucas le
da un realce especial, pues enmarca su aparición dentro de
la historia universal: “El año decimoquinto del reinado del
emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea,
siendo Herodes tetrarca de Galilea…” (v. 1). Como si el
evangelista nos quisiese decir: “Lo que voy a narrar, y que
acontece en un oscuro lugar del Imperio, está dirigido, no
sólo a los judíos, sino a los hombres de todo el mundo”.
En Lucas, la perspectiva de la salvación ofrecida por
Jesucristo a todos los hombres sin distinción, es muy
fuerte. La remarca nuevamente cuando termina su Evangelio:
“…Y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse
a todas las naciones la conversión para el perdón de los
pecados” (24,47). Y comienza su segundo escrito, los Hechos
de los Apóstoles, de la misma manera: “Ustedes serán mis
testigos en Jerusalén,… y hasta los confines de la tierra”
(1,8).
II. “Juan anunciaba un bautismo de conversión”
2. El bautismo de conversión, que anuncia Juan, no es una
simple purificación. Apunta a la transformación interior de
la manera de pensar la vida y de conducirse en ella: “Éste
comenzó a recorrer toda la región del río Jordán,
anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los
pecados” (Lc 3,3). La palabra “conversión” en el texto
original
griego
se
dice
“metanoia”,
que
significa
literalmente “cambio de mentalidad”. “Conversión” es algo
más profundo que arrepentirse de una acción mala. Es
extirpar de nosotros la raíz espiritual depravada que nos
conduce al mal, y cambiarla por una raíz nueva, que nos
capacite para sentir, querer y pensar la vida con los ojos
de Dios nuestro Creador. Para lo cual – como leeremos el
domingo próximo –hace falta otro bautismo, “en el Espíritu
Santo y en el fuego”, que imparte “el que es más poderoso
que yo” (vv. 15-16).
3. Es muy conveniente que en esta segunda semana de
Adviento nos dejemos interpelar por Juan el Bautista y nos
preguntemos si el bautismo que un día hemos recibido actúa
en nosotros como impulso permanente a cambiar nuestra mente
y nuestro corazón para conformarlos a la mente y corazón de
Jesucristo. Pues sólo de esa manera nos prepararemos de
veras a recibir a Jesucristo en su Vuelta definitiva, y a
celebrar dignamente en la próxima Navidad su primera Venida
en nuestra naturaleza mortal.
III. “Orar por las autoridades”
4. En este domingo, la Comisión Nacional Justicia y Paz nos
exhorta “para pedir a Dios que ilumine a todas aquellas
personas que tienen alguna responsabilidad pública y, en
especial, a quienes asumirán en los próximos días como
legisladores”. La oración por la autoridad pública es un
deber grave del cristiano, que recomendaban los Apóstoles
aún cuando la autoridad los perseguía cruentamente. Así San
Pablo: “Recomiendo que se hagan peticiones, oraciones,
súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por
los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos
disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida
piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro
Salvador” (1 Tm 2,1-3). El Misal Romano trae varios
formularios de Misas por las autoridades. Con ello, la
liturgia nos recuerda tres cosas: 1ª) que la autoridad debe
ser respetada, pues viene de Dios; 2ª) que la autoridad es
débil y necesita ser sostenida por nuestra oración; 3ª) que
la autoridad sufre la tentación de extralimitarse y debe
ser resistida firme y pacíficamente por el ciudadano
cristiano.
IV. La vocación política: la más noble de las vocaciones
5. Ante la exhortación de la Comisión Justicia y Paz,
conviene recordar que la vocación política es doble. Una,
es universal. Todo hombre es por naturaleza un ser
“político”. “Animal político”, lo definía Aristóteles. Es
decir, todo hombre tiene derecho y obligación de contribuir
a la organización de la “pólis”, de la ciudad; o sea de la
convivencia civil. Hay una segunda vocación política, que
es particular, subordinada a la universal, por la que
algunos se sienten llamados a procurar el bien común de
manera concreta. Y ello, mediante: a) el servicio a la
República en la administración pública; b) la militancia en
un partido político a fin de ofrecer a la ciudadanía un
proyecto de País en torno al cual dialogar con las otras
fuerzas políticas; c) el ejercicio de la autoridad en
algunos de los tres poderes, y en los diversos órdenes:
municipal, provincial y nacional.
6. En razón de su ordenación a procurar el bien común, la
vocación política particular es la más noble de las
vocaciones terrenas. Pues ella, al procurar la justicia y
la paz social, crea el clima en el cual florecen las demás
vocaciones. Desde las vocaciones humanas fundamentales:
formar familia, tener trabajo, vivir en paz. Hasta las
vocaciones más avanzadas: la científica, la técnica, la
artística, incluso la misma vocación religiosa.
V. La degradación de la vocación política en la Argentina
7. “Corruptio optimi, pessima”, dice el proverbio latino.
“La corrupción del mejor es la peor”. En la Argentina, la
vocación política, la más noble de las vocaciones
particulares, desde hace muchos decenios está en gran
medida en estado de descomposición. En décadas pretéritas
se la quiso sanear con golpes militares, que le agregaron
siempre nuevos males, y acabaron engendrando al peor
monstruo de la historia argentina. Si fue terrible la
subversión guerrillera, que pretendió instaurar la “Patria
socialista” mediante un estado de terror que puso en jaque
a las comisarías policiales y a los cuarteles militares,
infinitamente más horrible fue el Terror de Estado
instaurado
por
los
militares
en
el
poder,
cuyas
consecuencias todavía lloramos.
Pero hemos de reconocer que mientras las Fuerzas Armadas
hicieron su “mea culpa”, los grandes partidos no han
intentado el mínimo reconocimiento de las responsabilidades
que les caben en los grandes traumas del pasado y en la
decadencia política de la República después de la
restauración de la Democracia, la cual no ha cesado después
del colapso del 2001.
El último invento, el de las “candidaturas testimoniales”,
impuesto por uno de los grandes partidos, es una vergüenza
nacional. “Testimonio” es una palabra viril, que traduce la
palabra griega “martyrion”. “Testigo” o “mártir” es, en el
lenguaje cristiano, aquel que muere por la verdad y la
justicia perdonando a su verdugo. “Testimonial” en la
Argentina ha llegado a significar todo lo contrario. Indica
más bien a un hombre falso, pues se candidatea para un
cargo público en virtud de alguna cualidad secundaria que
lo hace expectable ante la sociedad, pero sin la menor
voluntad de asumirlo. ¿En esta situación, pueden los
partidos
políticos
merecer
algún
crédito?
La
responsabilidad en el descrédito es compartida. Es de los
partidos. Y es de los ciudadanos que los votamos.
VI. Orar para repechar la cuesta de la decadencia
9. Orar por las autoridades, y en particular por los
legisladores que asumirán el 10 de diciembre, es orar para
tener el valor de mirar de frente la miseria a la que los
argentinos, y en especial nuestras autoridades, han
reducido la más noble de las vocaciones humanas, con
terribles consecuencias para toda la sociedad. Es orar para
repechar la cuesta. Es orar para que los legisladores
tengan la humildad de saberse sometidos a una ley superior,
escrita por Dios en el corazón y en la naturaleza de las
cosas, que ellos también deben obedecer.
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