Una sentencia letal - ccoo

Anuncio
Una sentencia letal
Una sentencia letal
Los norteamericanos han de revisar los valores que permiten a un juez aplicar la pena de muerte.
J. A. Martín Pallín
El Tribunal Supremo de Estados Unidos se ha pronunciado en repetidas ocasiones sobre la constitucionalidad de la pena
de muerte. Resulta interesante el debate entre el juez Marshall, que mantenía que la Corte podía anular leyes como la de
la pena de muerte por inconstitucional y contraria al sentir social, mientras que el ultraconservador Rehnquist, sostenía
que el Supremo americano no está para reescribir las leyes ni para imponer a los ciudadanos sus propios valores. Según
su criterio, la pena de muerte no es inconstitucional, pero su ejecución podría vulnerar las enmiendas octava y cuarta,
por lo caprichoso, arbitrario, cruel y discriminatorio de su imposición.
EN UN RASGO de humor negro, el juez White llegó a mantener que si la pena de muerte pretendía realmente ser
eficaz, debía ser aplicada con mucha mayor frecuencia. En otra resolución sostuvo que, si el delito es grave, los
ejecutados tienen lo que se merecen. Por su parte, el juez Brenann repudió las técnicas de ejecución que se asemejaban a
las medievales, afirmando que el más vil de los criminales es un ser humano que tiene derecho a un tratamiento digno.
Es discutible la posición de la Corte Suprema de EEUU sobre la pena de muerte, pero una última sentencia --del 16 de
abril del 2008--, sobre la inyección letal, se lanza a un asombroso ejercicio de funambulismo, sin barra estabilizadora ni
red. Admitieron a trámite una reclamación contra el Estado de Wisconsin por considerar que la ejecución con la llamada
--asépticamente-- inyección letal causaba sufrimientos al ejecutado que resultaban incompatibles con la octava
enmienda de la Constitución de EEUU, que prohíbe infligir castigos crueles o inusitados. Siendo constitucional la pena
de muerte, resulta casi sarcástico que los jueces supremos se planteen si su ejecución supone castigo cruel o inusitado.
Estoy seguro de que ninguno de ellos ha visto la película de Berlanga El verdugo, ni escuchado los esfuerzos dialécticos
de Pepe Isbert para convencer a su yerno sobre las ventajas del garrote vil como procedimiento rápido, eficaz y
respetuoso con los ejecutados, que también tienen su dignidad.
La sentencia más que un texto jurídico es una pieza de anatomía. El muestrario de la tecnología de la muerte es variado:
horca, silla eléctrica, cámara de gas, fusilamiento y --una concesión a la modernidad-- la inyección letal suministrada
por los verdugos, sin que ninguno de los que pone en marcha el mecanismo sepa si ha sido o no el causante de la
muerte.
El Supremo de EEUU, ante la denuncia de que la ejecución por inyección letal vulnera la octava enmienda porque causa
dolor y sufrimiento, entra en terreno pantanoso que le lleva a razonamientos que rozan el surrealismo y socavan los
valores del derecho y de la justicia, poniendo en riesgo la seriedad y el prestigio de la institución.
Cuesta trabajo creer que esta sentencia sea el producto de un conclave de juristas. El texto describe científicamente en
qué consisten las tres inyecciones letales que utiliza el Estado de Wisconsin. La primera, Pentathol, es un barbitúrico de
rápida acción sedante que deja al paciente en una situación equiparable al coma y le prepara para las siguientes dosis. La
segunda es una droga conocida como Pavulom, es un agente paralizador de los movimientos musculares y del
diafragma, deteniendo la respiración. Por si no fuera suficiente, una tercera inyección, cloruro de potasio, se administra
ante la posible resistencia del cuerpo humano, con la finalidad de interrumpir los movimientos del corazón que se resiste
eléctricamente a detener su ritmo muscular. Si todo ello se aplica adecuadamente, dice la Corte Suprema, no se puede
observar ninguna angustia añadida ante la metódica asfixia y parada cardiorrespiratoria subsiguiente.
EXISTEN DOS votos discrepantes, de la juez Ginsburg y del juez Souter, sobre esta sentencia. Se basan en que las dos
últimas inyecciones pueden producir, según la opinión generalizada, una situación constitucionalmente inaceptable por
colisionar con la prohibición de los tratos crueles y los daños inusuales. Consideran que las normas de aplicación de la
muerte letal contradicen los "estándares de decencia" en el marco de una sociedad que sabe que debe madurar en el
progreso. Estiman que la inyección letal produce, si hay error, unos sufrimientos horrendos e indetectables después de la
segunda inyección. Y concluyen que es necesario tomar cuidadosas medidas para que la primera inyección
adormecedora produzca efectos tan seguros que la segunda y tercera no causen sufrimientos inusuales.
Es demoledor para la conciencia de un jurista descender hasta el infierno de estos razonamientos tan tétricamente
1/2
Una sentencia letal
asépticos y tecnológicos. Creo que la sociedad americana, en la que se apoyan sus jueces supremos para justificar la
pena de muerte, debe hacer una profunda revisión de sus valores sociales y aferrarse a los principios fundacionales de su
república.
J. A. Martín Pallín: Magistrado emérito del Tribunal Supremo
El Periodico
© CCOO SERVICIOS 2015
Logos y marcas propiedad de sus respectivos autores
Se permite la reproducción total o parcial de todos los contenidos siempre que se cite la fuente y se enlace con el original
2/2
Descargar