2 - blog de Carlos Goicoechea

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TEMA 2. La Prehistoria y la Edad Antigua
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2. LA PREHISTORIA Y LA EDAD ANTIGUA.
2.1. EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN EN LA PENÍNSULA
IBÉRICA: NUEVOS HALLAZGOS.
La Prehistoria es el período más antiguo de la Historia y su estudio abarca desde el
origen del hombre hasta la aparición de la escritura. En los últimos tiempos se ha avanzado
mucho en el conocimiento de este largo y oscuro período, tanto por la extensión de las
excavaciones arqueológicas como por los adelantos científicos (sistemas de datación). Uno de
los grandes temas de investigación y de debate es el proceso de hominización, es decir, la
secuencia cronológica evolutiva que culmina con la aparición de la especie Homo. Para conocer
este proceso, los prehistoriadotes y arqueólogos estudian la evolución de los restos fósiles
humanos y los instrumentos y restos que aparecen a ellos asociados en los yacimientos
arqueológicos.
Dentro del Paleolítico inferior (780.000-90.000), hasta hace poco los restos más antiguos
en Europa (y en la península Ibérica) eran ejemplares de Homo erectus que se fechaban en torno
a los 500.000-600.000 años. Sin embargo, en los últimos años se han encontrado valiosísimos
hallazgos en la sierra de Atapuerca (Burgos) con fósiles de hace 780.000 años (Sima de la Gran
Dolina, 1994) que pertenecerían a un nuevo tipo humano: el Homo antecessor (“hombre
pionero” o “el que antecede a los demás”), y que se situaría entre el Homo erectus y las dos
especies más modernas, el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens. En otros hallazgos
posteriores (Sima de los Huesos, 1998), se han hallado restos de hasta 32 individuos de unos
400.000 años de antigüedad y pertenecientes al Homo heidelbergensis, especie que
probablemente sirvió de transición entre el Homo antecessor y el Homo neanderthalensis
La vida de estos hombres paleolíticos era extremadamente precaria, basándose en una
economía depredadora (caza, pesca y recolección), con grupos humanos muy reducidos pero
con una cohesión tribal fuerte, nómadas, que acampaban al aire libre en lugares próximos a los
ríos (Torralba y Ambrona). Su industria lítica (achelense) se reduce a cantos tallados y hachas
bifaces muy toscos.
En el Paleolítico medio (90.000-30.000) aparece el Homo neanderthalensis con
numerosos restos en la península Ibérica (El Sidrón en Asturias, El Castillo en Cantabria, Cova
Negra en Valencia, Bañolas en Gerona, cráneos de Gibraltar). Eran considerados la evolución
del Homo erectus, pero actualmente se cree que lo pueden ser más del Homo antecessor. Los
neandertales siguieron el modo de vida anterior, pero el clima más frío les hizo refugiarse en
cuevas (uso del fuego); además, dieron muestras de un mayor desarrollo intelectual por los
instrumentos de piedra más perfeccionados (cultura musteriense): raederas, puntas, cuchillos, y
por prácticas de enterramientos que denotan las primeras creencias espirituales (abstracción).
En el Paleolítico superior (30.000-8.000) aparece el Homo sapiens o Cromagnon (no
como evolución del neandertal), con unos rasgos físicos semejantes a los actuales. Su cultura se
encuentra más evolucionada: aumento de la población, industria lítica (magdaleniense) de gran
refinamiento y diversidad, junto con instrumentos de otros materiales (hueso, marfil). Hay un
notable avance en aspectos culturales (objetos artísticos, adornos) como espirituales
(enterramientos, ajuares funerarios). Los restos del Paleolítico superior en la P.I. se concentran
en dos grandes zonas: la levantina y la cantábrica.
Es en esta última donde se dan los restos más abundantes de arte rupestre en grandes
cuevas (Altamira, Tito Bustillo). Pintan en las paredes de las cuevas grandes animales de caza,
con un gran realismo, con colores negros, rojos y ocres. Se las suele interpretar como pinturas
de índole religiosa o propiciatoria de la caza..
I.E.S. Ciudad de los Ángeles. Carlos Goicoechea. Hº de España.
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2.2.
PUEBLOS
PRERROMANOS.
COLONIZACIONES
HISTÓRICAS: FENICIOS, GRIEGOS Y CARTAGINESES.
Entre el 8000 y el 1200 a.C. se dan los siguientes períodos:
- Mesolítico (8000-5000 a.C.): Aumento de las temperaturas, diversificación económica,
industria microlítica.
- Neolítico (5000-3000 a.C.): aparición de la agricultura, la ganadería, la sedentarización,
aumento de la población, división del trabajo, propiedad privada, ciudades, Estados. Cultura de
la cerámica cardial, Cultura de los sepulcros de fosa (Cataluña).
- Edad de los Metales. Se subdivide en:
 Edad del cobre (en torno al 3000 a.C.): Cultura de los Millares (Almería y
Murcia), Cultura del vaso campaniforme, megalitismo (Andalucía oriental),
cultura talayótica (Baleares).
 Edad del bronce (en torno al 2000 a.C.): Cultura de El Argar (Almería), Cultura
de los campos de urnas (Cataluña).
 Edad del hierro (a partir de 1200 a.C.). Es la última fase prehistórica que se
caracteriza por un gran dinamismo cultural. En las culturas del hierro, los
pueblos indígenas mezclaran sus rasgos autóctonos con las diversas influencias
de pueblos colonizadores del exterior (celtas, fenicios, griegos, cartagineses),
dando lugar a lo que conocemos como pueblos prerromanos.
Los pueblos prerromanos en la P.I. son los siguientes:
- Tartessos. Cultura muy brillante que se desarrolla en Andalucía occ. durante la
primera mitad del I milenio a.C. Está rodeada de fuentes míticas de no fácil
interpretación. Su auge se da por la confluencia de diversos elementos: sustrato cultural
anterior, concentración humana, grandes posibilidades económicas (minas), etc, pero el
factor decisivo es su contacto con otros pueblos, especialmente los fenicios.
Los tartésicos se caracterizaban por: un gran desarrollo de la orfebrería (Tesoro
del Carambolo), cierto desarrollo urbano, gran importancia del comercio, diferencias
sociales, organización política monárquica con algunos de sus reyes envueltos en la
leyenda (Gárgoris, Habis, Argantonio), creencias de influencia fenicia, etc.
Hay diferentes interpretaciones sobre el final tartésico: crisis general del s.VI
a.C. de fenicios y griegos, la expansión de pueblos celtibéricos meseteños, agotamiento
de las minas que conllevaría el final del intercambio con los fenicios.
- Pueblos íberos. Se extienden por toda el área levantina, desde los Pirineos hasta
Gades (Cádiz), y una importante franja interior; en ella se asientan numerosos pueblos
(indigetes, layetanos, edetanos, contestanos, turdetanos, etc), que no llegaron nunca a
formar un Estado unificado, sino ciudades-estado con un monarca al frente junto con
una élite aristocrática. Vivían en poblados fortificados que se asentaban en zonas altas
de fácil defensa. Su economía era agrícola-ganadera, aunque también practicaban el
comercio y la minería. Estos pueblos se desarrollaron culturalmente a través de su
contacto con fenicios, griegos y cartagineses. Tenían una cultura bastante homogénea,
con una lengua común o similar, y una escritura aún no descifrada. Sus manifestaciones
artísticas se centran en la pintura sobre cerámica y en la escultura religiosa (Dama de
Elche, Dama de Baza, Dama del Cerro de los Santos, Bicha de Balazote).
- Pueblos celtíberos. Son pueblos diversos (vacceos, carpetanos, lusitanos, etc) que
ocupan ambas mesetas, cuyo origen es celta con débiles influjos íberos. Su economía
era agrícola-ganadera, pero con un gran dominio de la metalurgia del hierro y de la
industria textil. Mantenían una fuerte cohesión tribal y habitaban poblados fortificados
como Numancia. En el aspecto artístico destaca la “cultura de los verracos” entre los
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vetones de la Meseta occidental, siendo los verracos grandes esculturas de animales
ligadas a cultos ganaderos. (Toros de Guisando).
- Pueblos celtas. Galaicos, astures, cántabros, vascones, etc, se asientan desde Galicia
hasta el Pirineo aragonés. Tenían una economía poco evolucionada basada en la
ganadería, aunque su metalurgia de hierro era muy avanzada. Desde un punto de vista
social predominaban las estructuras tribales y de parentesco (en algunos casos
matriarcales). En lo político estaban poco desarrollados, y el gobernante era un simple
cabecilla que no tenía capacidad para dictar leyes. Entre los galaicos se da la cultura de
los castros que son poblados de viviendas circulares, con urbanismo irregular y
protegidos por fosas o empalizadas (castro de Santa Tecla).
Por lo que respecta a las colonizaciones históricas de fenicios, griegos y cartagineses,
estos pueblos tenían una cultura más evolucionada que los nativos. No llevaron a cabo
conquistas militares (salvo los cartagineses), sino el establecimiento esporádico y pacífico de
factorías comerciales (colonias) para comerciar con los pueblos nativos, buscando en ellos
metales (cobre, plata, estaño, oro) y otros productos (salazones, pesquerías, etc).
Los fenicios procedían de ciudades-estado independientes (Tiro, Sidón, Biblos…)
ubicadas en Fenicia (actual Líbano), y establecen factorías comerciales a lo largo de toda la
costa sur del Mediterráneo; la fundación más antigua es Gadir (Cádiz) en torno al 750 a.C., y le
siguieron Abdera (Adra), Sexi (Almuñecar), Malaka (Málaga)… Su influencia fue muy
importante: introducción de la metalurgia del hierro y del torno del alfarero, orfebrería,
creencias, escritura, etc.
Los griegos mantenían un activo comercio con Tartessos desde el siglo VII a.C. Ya en el
siglo VI a.C. y desde su colonia de Massalia (Marsella) fundan colonias en el litoral
mediterráneo, destacando Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas). Los griegos introdujeron el
olivo y la vid, el asno y las gallinas, la acuñación de monedas, además de abundante cerámica y
esculturas en piedra.
Los cartagineses tuvieron su apogeo en la P.I. en los s. IV y III a.C. Procedían de
Cartago, colonia Fenicia en el actual Túnez. Cuando Fenicia, en el 573 a.C., cayó en manos de
los babilonios, los cartagineses tomaron el relevo a los fenicios haciéndose con el control de las
rutas comerciales y factorías del Mediterráneo occidental. En España fundaron colonias en
Ebussus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena). A diferencia de fenicios y griegos, los cartagineses
conquistaron todo el S y SE de la P.I.
2.3. CONQUISTA Y ROMANIZACIÓN: LA PERVIVENCIA DEL
LEGADO CULTURAL ROMANO EN LA CULTURA HISPÁNICA.
El año 218 a.C. marca el comienzo de la ocupación peninsular por parte de Roma, de la
transformación de Iberia en Hispania y de su conversión en provincia romana. La conquista de
Hispania por Roma se produjo en tres fases:
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La Segunda Guerra Púnica (218-205 a.C.): los romanos controlan la cuenca del
Mediterráneo, ocupada anteriormente por los cartagineses. A partir de la derrota
de éstos últimos, los romanos empiezan a conquistar el interior de la P.I.
La conquista de la Meseta: el ejército romano va a sufrir dos importantes guerras
de desgaste: las lusitanas (guerra de guerrillas de Viriato), 155-136 a.C. y las
celtibéricas (resistencia de Numancia), 155-133 a.C. En el 123 a.C. Roma
conquista las Baleares para acabar con la piratería que asolaba el Tirreno.
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La conquista del norte: en esta fase se enfrentaron con cántabros y astures entre el
29 y el 19 a.C., con la participación de Octavio Augusto.
Para un mayor control y explotación de la P.I., tanto en la fase de conquista como a la
terminación de ésta, Hispania fue dividida en varias provincias que varían según el momento:
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REPÚBLICA: Citerior (Tarraco), Ulterior (Corduba).
ALTO IMPERIO: Tarraconense (Tarraco), Lusitania (E. Augusta) y Bética
(Corduba).
BAJO IMPERIO: Tarraconense, Cartaginense (Cartago Nova), Gallaecia
(Brácara Augusta), Lusitania, Bética, Balearica (Palma) y Mauretania Tingitana.
Las ciudades fueron la esencia de la civilización romana y la base de la romanización. La
civitas era una comumnidad de ciudadanos con unos derechos y deberes bien definidos por las
leyes. La ciudadanía romana constituía un estatuto privilegiado que otorgaba derechos civiles
(acceso a la propiedad y a la familia) y derechos políticos (derecho al voto y acceso a las
magistraturas). En función de su resistencia a la conquista, las ciudades hispanas fueron
divididas en tres grupos: federadas o aliadas, libres y estipendiarias, pero con el tiempo estas
diferencias desaparecieron.
Cada ciudad contaba con una asamblea de ciudadanos, reflejo del Senado romano.
Mediante elecciones los ciudadanos votaban a los magistrados anuales que se encargaban del
gobierno municipal (ediles, cuestores, censores, pretores…). Los magistrados no recibían
remuneración y debían financiar su campaña electoral y hacer donaciones a la ciudad.
Las ciudades seguían el modelo urbanístico romano. Eran de planta ortogonal orientada
por dos grandes ejes -cardo y decumano- que se cruzan en el foro, centro de la vida urbana que
acoge los principales edificios públicos (basílica, templos, mercado).
Las ciudades se comunicaban por una excelente red de calzadas, destacando la Vía
Augusta y la Vía de la Plata. Los puentes, acueductos, viaductos, etc, eran grandes obras de
ingeniería que acometía el Estado romano.
La romanización es el proceso por el que los pueblos integrados en el Estado romano
adoptaron formas de vida y mentalidad, transformando sus idiomas, costumbres, organización
económica y cultura. Fue más intensa en las provincias occidentales del Imperio, entre ellas
Hispania, donde fue particularmente fácil por la diversidad de pueblos carentes de formaciones
políticas. Fue muy intensa en la costa mediterránea y, sobre todo, en el sur (Bética), ya que al
ser una región con muchos contactos externos a lo largo del tiempo, resultó más fácil para sus
habitantes asimilar una cultura prestigiosa y superior a la suya. Mucho más retrasada y menor
fue la romanización en la Lusitania y en el interior. Y fue escasa en el norte, donde galaicos,
astures, cántabros y vascones siguieron viviendo con arreglo a sus primitivas costumbres.
El legado cultural romano en Hispania se puede concretar en los siguientes puntos:
1. El principio del municipio: es la organización local que establecen los romanos
alrededor de toda la P.I., y tiene el carácter de democracia incipiente, ya que los
hombres libres elegían por votación a sus magistrados y funcionarios, en cuyas
manos recae la administración local.
2. El Derecho romano: constituye la contribución más efectiva y duradera de los
romanos a todo el mundo occidental. El Derecho romano afirma los derechos del
individuo, tanto a efectos familiares como de la propiedad privada, con lo que
cambió radicalmente la vida de los pueblos indígenas basadas en el colectivismo.
3. El latín (vulgar) con el que unificaron lingüísticamente la P.I., y que será más
tarde la base de las lenguas románicas de Europa, entre las que se incluye el
castellano o español. El sustrato lingüístico prerromano pervivió de alguna forma
en el norte, como lo prueba la supervivencia del euskera.
4. Obras de ingeniería: para que la unificación política fuera efectiva, los romanos
construyeron una inmensa red de carreteras (calzadas) y puentes (Alcántara,
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Córdoba) que permitía viajar por toda la península. Además construyeron
acueductos magníficos (Segovia). También construyeron impresionantes templos,
teatros (Mérida), circos y baños en las principales ciudades.
5. La literatura: los romanos no trajeron solo su literatura, mitología y cosmogonía,
sino también la de los griegos clásicos. Figuras importantes: Séneca, Marcial.
6. A través de los romanos se introduce en Hispania el cristianismo, que dará lugar
posteriormente a la religión católica, definidora de buena parte del carácter del
pueblo español. Ya en el siglo II se encuentran en la península numerosas
comunidades cristianas de las que saldrán un buen número de mártires y santos
que siguen formando parte de las tradiciones populares y religiosas españolas.
2.4. LAS INVASIONES BÁRBARAS. EL REINO VISIGODO:
INSTITUCIONES Y CULTURA.
Desde el 409 bandas de suevos, vándalos y alanos, penetraron en la P.I. como aliados de
los romanos. Los emperadores romanos intentaron contener la invasión, algo que sólo pudieron
lograr cuando recurrieron a otro pueblo bárbaro: los visigodos, cuya entrada en la P.I. señala el
comienzo de la Edad Media en España. La conquista tuvo varias fases:
1. 416-507: acabaron con alanos y vándalos. Los suevos fueron reducidos al NO de
la P.I., y los pueblos montañeses del N quedaron prácticamente independientes.
2. 507-569: se creó el reino visigodo de Toledo, mientras los bizantinos ocupaban el
S peninsular. Hacia el siglo V los visigodos eran un pueblo romanizado al haber
asimilado la lengua y las costumbres romanas.
3. 569-711: el reino de Toledo consolidó su dominio en la P.I. Su principal impulsor
fue Leovigildo que conquistó el reino suevo en el 585. Sus sucesores expulsaron
a los bizantinos y trataron de someter a los pueblos del N. Los visigodos crean el
primer reino peninsular independiente y unido.
Los visigodos eran pocos (menos de 200.000) y se instalaron de forma pacífica,
estableciendo sus jefes militares pactos con los latifundistas romanos que les entregaron tierras.
Acabaron asimilando la civilización de los hispanorromanos, superior a la suya; con el tiempo,
las diferencias religiosas y jurídicas entre ellos desaparecieron. Así, en el 653, Recesvinto
promulgó un nuevo código legal (Fuero Juzgo o Liber Iudiciorum) común para ambos
pueblos.
Los visigodos introdujeron en Hispania la monarquía como forma de gobierno. Era una
monarquía electiva donde los principales nobles elegían al rey. Esta tradición dio lugar a una
constante inestabilidad, ya que las grandes familias aristocráticas se enfrentaban en luchas
sangrientas por el poder, y fueron frecuentes los regicidios. Por ello, los reyes visigodos trataron
de asociar el trono a sus herederos para asegurar la sucesión y evitar enfrentamientos.
El Rey representaba a la nación, controlaba la diplomacia exterior (tratados, alianzas,
bodas), y en el interior mantiene un cierto orden, es teóricamente juez supremo (siempre
asesorado por órganos consultivos), acuña moneda y convoca concilios. Además, el rey será
general en jefe del ejército, y es elegido como Rex Gothorum (no Rex Hispaniae) por los nobles
(y clero desde el III Concilio).
Ciertos nobles que desempeñan cargos en palacio conforman el Officium Palatino,
algunos de ellos, junto con otros nobles próximos al rey participaban en el Aula Regia, que es
un consejo asesor del monarca en asuntos administrativos, militares y de justicia. Officium y
Aula Regia colaboran en la resolución de cualquier problema administrativo, político o jurídico.
La administración del reino se realizaba mediante los duques (gobernadores de
provincias) y los comes civitatis (gobernadores de ciudades), ambos dependientes del rey. Con
ellos se produjo un proceso de feudalización: los nobles aumentaron su poder sobre los
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campesinos, que se convirtieron en siervos, al tiempo que se hacían más independientes de los
reyes, con lo que hubo una pérdida de autoridad de la Corona, que se manifiesta en las citadas
luchas nobiliarias por la sucesión al trono.
Los nobles y reyes visigodos eran de religión arriana , mientras que la mayoría de la
población hispanorromana era cristiana. Leovigildo intentó crear una iglesia nacional arriana, lo
que provocó la rebelión de su heredero Hermenegildo (convertido al catolicismo). La revuelta
fue aplastada, pero su hermano Recaredo decidió convertirse al catolicismo al subir al trono y
promover una Iglesia católica, unitaria y nacional.
Los Concilios de Toledo constituyen un órgano legislativo-deliberativo destinado a
limitar la voluntad del rey. Se instauran con la conversión de Recaredo, y son los precedentes de
las Cortes. En ellos se mezcla el carácter civil (nobleza y rey) con el eclesiástico (obispos). Su
principal finalidad es recomendar al rey sobre lo que tiene que legislar, pero son simples
órganos consultivos. Hubo más de veinte, y los convocaba el rey. En ellos se celebraban dos
partes: una eclesiástica y una civil.
La cultura visigoda estuvo dominada por la Iglesia. Los visigodos adoptaron el latín
como lengua propia. La figura más destacada de la cultura del reino visigodo de Toledo fue San
Isidoro de Sevilla, que escribió las Etimologías, que es considerada la primera enciclopedia
cristiana.
La arquitectura visigoda fue una de las más avanzadas de su tiempo; se utilizaba la piedra
como principal material de construcción, empleándose el arco de herradura en sus edificios.
Algunas de las más importantes iglesias visigodas son: San Juan de Baños (Palencia), Santa
Comba de Bande (Orense), San Pedro de la Nave (Zamora) y Quintanilla de las Viñas (Burgos).
También se interesaron mucho en la orfebrería (arte de labrar metales preciosos): sus obras
más conocidas son las coronas votivas (las que los reyes ofrecían a la Iglesia cuando eran
coronados). Algunas fueron encontradas en el Tesoro de Guarrazar.
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