La mitología escondida

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LA MITOLOGÍA ESCONDIDA
La mitología escondida
Nuestro calendario es fiel testimonio de la mitología muerta que hace tiempo fue
utilizada para conectar a los hombres con sus ídolos. A pesar de ello, no pecamos al “medir”
nuestra vida conforme a los “nombres” de los meses y los días que antaño daban gloria y
alabanza a los ídolos muertos.
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Nuestro calendario
Como el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con un
número exacto de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje, nuestro calendario
genera un desfase calculado en 26 segundos, lo cual implica ajustarlo cada 3.320 años, un
día. Y un problema adicional es que la Luna ejerce un efecto de retraso o desaceleración de
la velocidad de rotación de la Tierra producto de la excentricidad de las mareas en tan largo
período, por lo que se hace necesario de nuevos ajustes.
El calendario Gregoriano, nuestro calendario, fue introducido en Europa por el Papa
Gregorio XIII en 1582. Iniciándose éste en el año uno por el nacimiento de Jesús, según se
creyó. Nacimiento que entre los años 526 y 530 un erudito monje rumano, Dionisio El
Exiguo, basándose en la Biblia y en otras fuentes, lo fechó el 25 de Diciembre (solsticio de
invierno para el hemisferio norte) desde 753 años de la fundación de Roma.
El problema es que Dionisio se equivocó en unos 4 a 7 años al datar el reinado de
Herodes I (el Grande), por lo que dedujo que Jesús nació el año 753 desde la fundación de
Roma, cuando debió suceder hacia el 748, según se cree.
Rodeados de mitología
Ahora bien, los nombres y el orden de los meses que se usan hoy en día, en nuestro
calendario, provienen del calendario Juliano, el cual fue encargado por Julio Cesar a
Sosígenes de Alejandría. A la muerte del estadista (44 d. C.) asumió Cesar Octavio llamado
Augustus y fue él quien cambió el inicio del año, nombrando a Enero como el primer mes y
Febrero como el segundo.
Enero. Del Latín Januarius. Consagrado a “Janus”, dios de los portales y los inicios,
custodio de las puertas; el que las abría y cerraba. Se representaba con dos caras que miran
en sentidos opuestos, dando a entender que era protector de entradas y salidas, partidas y
regresos.
Febrero. Del Latín Februarius, de “februare”, purificar; último mes del antiguo
calendario romano, en el que tenían lugar las fiestas de purificación para la ciudad y sus
habitantes. En este mes los sacerdotes de los cultos “paganos”, durante la procesión
golpeaban a los que encontraban a su paso con unas correas de cuero, especialmente a las
mujeres embarazadas en la creencia de que su parto sería más fácil. La idea de la
purificación se une a la de una fecundación misteriosa. Estas fiestas fueron suprimidas en el
494 por Gelasio I, estableciendo la fiesta de la purificación de la virgen María en el mismo
mes.
Marzo. Del latín Martius. “Marte” era el dios de la guerra. Martius era el primer mes
del año en el antiguo calendario romano. Mes en el que se iniciaban las campañas militares.
Abril. Del latín Aprilis, de “aperire”, abrir. Comienza a desarrollarse la vegetación,
donde brotan los retoños y se abren las flores, es el inicio de la primavera en el hemisferio
norte.
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Por Josué Hernández
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Mayo. Del latín Maius, destinado a honrar a los “mayores”, a los antepasados.
Algunos estudiosos señalan que su nombre deriva de la diosa romana Maia, diosa de la
primavera y los cultivos.
Junio. Del latín Junios. “Juno”, diosa de la familia y de la unión legítima: presidía los
matrimonios y las promesas de los mismos. Algunos estudiosos señalan que el origen del
nombre proviene de la palabra latina “Iuniores” (jóvenes) por oposición a mayo.
Julio. Quinto mes en el antiguo calendario era quintilis, de “quintus” y estaba
consagrado a Júpiter. El senado romano lo rebautizó el año 44 a. C. con el nombre de Julios,
en honor a Gaius Julios Caesar (101–44 a. C) que había nacido precisamente en ese mes.
Agosto. Del latín Augustus, mes en honor del primer emperador romano, Gaius
Julios Caesar Octavius, quien recibió el nombre de Augustus (consagrado por los augurios)
que infunde respeto y veneración; digno de honor, de honra y alabanza. Fue adoptado como
título por los emperadores romanos.
¿Y qué de Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre?
Al implantar el calendario Juliano, iniciando el año en enero, los romanos conservaron
el nombre de algunos meses, a pesar de que éstos ya no mantenían la antigua ubicación
relativa. Así, september, del latín “septem”, siete, era el séptimo mes cuando el año
comenzaba en marzo, por lo que quedó como noveno mes. De igual manera, October, de
“octo”, ocho, se transformó en el décimo; november, de “novel”, nueve, el décimo primero;
y “december”, de decem, diez, el décimo segundo.
Luego de siglos, fueron los visigodos los que introdujeron, en el decadente imperio
romano, la costumbre de numerar los días. Ningún calendario romano contaba las semanas.
Así fue como Constantino en el 325 d.C. incorporó la semana de 7 días, comenzándola en
domingo.
El domingo
Fue el emperador Lucio Domicio Aureliano (214-275 d.C.) el que realizó una reforma
religiosa fortaleciendo la posición del dios Sol “Sol Invictus” como la principal divinidad del
panteón romano. Aparentemente realizó esta reforma con la finalidad de unificar bajo un
solo “dios” a todos los pueblos del imperio (él pensó: un imperio – un dios – un líder). Una
idea que tuvo su máxima expresión durante el Concilio de Nicea (325 d.C.) convocado por el
emperador Constantino.
Con el imperio ya “cristianizado”, se estableció que el domingo (Dies Solis) se llamara
Dominus (día del Señor) a partir del latín, lo cual concordaba con la Escritura que afirma que
el día del Señor es el primero de la semana, nuestro domingo (Hech. 20:7; Apoc. 1:10).
Pero, para las lenguas como el catalán, castellano, francés e italiano, se tomó el nombre del
griego “Kyriaché”, día de “Kyrios”, que traducido al latín quedó como Dominica Dies. Sin
embargo para las lenguas alemanas, inglesas y escandinavas se mantiene vigente el sentido
original: día del Sol; “Sonntag”; “Sunday”; Søndag (noruego y danés); Söndag (sueco) y
Sunnuntai (finlandés).
ESPAÑOL
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
INGLÉS
ALEMÁN
SUECO
ORIGEN
Monday
Montag
Måndag
Día de la luna
Tuesday
Dienstag
Tisdag
Día de Tyr
Wednesday
Mittwoch
Onsdag
Día de Odín (Woden)
Thursday
Donnerstag
Torsdag
Día de Thor
Friday
Freitag
Fredag
Día de Frigg o Freya
Días de la semana según la mitología nórdica.
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Por Josué Hernández
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LA MITOLOGÍA ESCONDIDA
Desde el principio el hombre aprendió la
semana de siete días por la acción creadora de
Dios, quien comenzó a crear un primer día de la
semana y reposó el día séptimo (Gen. 2:3),
pero los pueblos apartados de Dios, asumieron
una explicación pagana de la semana, porque
“Profesando ser sabios, se hicieron necios”
(Rom. 1:22).
Con la reforma de Aureliano y la
posterior
reforma
de
Constantino,
se
implementa
definitivamente
la
semana
nombrada según los distintos planetas. Es así
que Lunes se asocia a la Luna; Martes a Marte;
Miércoles a Mercurio; Jueves a Júpiter; Viernes
a Venus; Sábado a Saturno y Domingo al Sol.
Conclusión
A pesar del origen y propósitos mitológicos en que se basa nuestro calendario, no
pecamos al mencionar los días de la semana y los meses del año, ni pecamos al medir el
paso del tiempo conforme a un regla inspirada en la mitología y el esoterismo.
“Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son
plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no
ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no
palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los
que los hacen, y cualquiera que confía en ellos” (Sal. 115:3-8).
“Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo
tengáis temor, aunque las naciones las teman” (Jer. 10:2).
“Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como
hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el
Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo,
por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Cor. 8:5-6).
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Por Josué Hernández
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