(2003): "Lingüística Aplicada y argot: los útiles

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Sanmartín, Julia. (2003): "Lingüística Aplicada y argot: los útiles
lexicográficos del traductor", Lexicografía y Lexicología en Europa y
América. Homenaje a Günter Haensch, Madrid, Gredos, Biblioteca
Valenciana, pp. 603-614.
LINGÜÍSTICA APLICADA Y ARGOT: LOS ÚTILES
LEXICOGRÁFICOS DEL TRADUCTOR*
JULIA SANMARTÍN SÁEZ
Universitat de València (Grupo Val.Es.Co.)
0. A MODO DE PRESENTACIÓN
La Lingüística Aplicada es una disciplina con un estatuto complejo,
discutido y polémico (Slama-Cazacu 1984; Fernández 1996), cuyo
tratamiento excede el objetivo de estas páginas; abarca, además, unos
ámbitos de actuación muy variados y heterogéneos, que comprenden
desde el análisis de las patologías lingüísticas o Lingüística Clínica, la
automatización de textos, la enseñanza de segundas lenguas1, la
lexicografía o la traducción, entre otros. Justamente el propósito de
este artículo se centra en estos dos últimos ámbitos, o más
concretamente, en estas líneas se pretende -desde la perspectiva del
estudioso y conocedor del argot español-, por un lado, reflexionar
sobre los escollos a los que se ve abocado el traductor2 cuando debe
trasladar a la lengua de destino o meta un texto de la lengua de origen
que emplea un vocabulario argótico; por otro lado, explicar algunas
nociones teóricas y proponer unas herramientas lexicográficas que
puedan ayudar al profesional de la traducción en su quehacer
cotidiano.
La primera cuestión que se debe aclarar reside en qué se entiende
por argot, aspecto del que ya se han ocupado diferentes autores, entre
los que destacan, por ejemplo, desde la obra clásica de E. Patridge
(1977) a la escuela francesa, con representantes como P. Guiraud
(1985) o D. François-Geiger (1989), cuya labor ha cristalizado en la
creación de un centro de Argotología en la Sorbona de París; sin
*
Este trabajo se enmarca en el proyecto subvencionado por el Ministerio de Ciencia y
Tecnología (BFF 2000/1438), Elaboración de un diccionario de partículas.
1
Para la conexión entre argot y enseñanza de E/LE, véase, J. Sanmartín (2001) y para un
acercamiento al léxico del español coloquial, remitimos al trabajo de A. Briz (2002).
2
Es más, la idea central de este artículo se origina en la invitación del Departamento de
Español del Centro Europeo de Traducción (EKELME), para que se aborde en una sesión
monográfica los problemas que supone el argot para el traductor.
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
olvidar, los trabajos pioneros en el marco hispánico peninsular de
autores como R. Salillas (1896) o más recientes, como los de L.
Martín Rojo (1994). A nuestro entender, con el término argot se alude
a dos entidades lingüísticas un tanto distintas: el argot común o léxico
coloquial y el argot de grupo.
I. EL ARGOT COMÚN: CARACTERIZACIÓN E INCLUSIÓN EN
DICCIONARIOS GENERALES
Las palabras y expresiones características y singulares del registro o
variante diafásica coloquial son conocidas o denominadas como jerga
urbana o argot común3, si sigue esa tradición francesa anteriormente
mencionada. Estas voces son conocidas por la mayor parte de los
hablantes, lo cual justifica su integración en diccionarios monolingües
generales o bilingües, en los que aparecen, como era esperable,
anotadas con diversas marcas diafásicas4 como popular, familiar o
coloquial, marcas excesivamente heterogéneas y ambiguas, y cuyo
empleo no responde a unos criterios intrínsecos estables. Este hecho
explica las profundas diferencias existentes entre la nueva edición del
DRAE (2001) y el reciente Diccionario del Español Actual (abreviado
como DEA), de M. Seco et alii (1999).
Ahora bien, sin duda, y como ya se ha expuesto, la falta de acuerdo
en torno a qué voces pueden considerarse como singulares o
específicas de situaciones dominadas por el tono informal5 (derivado
de la relación de proximidad entre los interlocutores, así como de su
relación de igualdad social y funcional y de su conocimiento común
compartido, o del espacio y el marco de interacción no marcados), por
la temática cotidiana y por el tenor socializador, que son, entre otros,
factores que delimitan o propician la aparición y el reconocimiento de
3
En diferentes lugares hemos definido el argot (Sanmartín 1998a), así como justificado la
etiqueta de argot común (Sanmartín 1998b), quizá un tanto ambigua, puesto que también
podría utilizarse para referirse únicamente a las voces del argot de grupo que han traspasado
las fronteras de ese mismo grupo y son de uso generalizado. Por último, cabe insitir en que
con el término argot (jerga) ya se alude a este conjunto de voces coloquiales, incluso sin
necesidad del adjetivo común, tal y como se aprecia en F. Lázaro Carreter (1974) o señala P.
Daniel (1992: 14).
4
Como después se precisará, estas voces aparecen en diccionarios de argot, como el de
V. León (1992) o J. Sanmartín (1998) sin marcas, ya que en estas obras tan sólo se muestran
como etiquetadas las voces propias de los argots de grupo.
5
Inversamente, estas voces resultan inapropiadas en situaciones dominadas por la
formalidad (Bajo 2000: 31; Borrego Nieto 2002).
Julia Sanmartín Sáez
un registro coloquial (Briz y Grupo Val.Es.Co 2002), obedece a que
no existen unos rasgos específicos para identificar estas voces
(François-Geiger 1990: XII). Tan sólo se puede destacar que este argot
común o léxico coloquial, por un lado, nombra generalmente
realidades ya lexicalizadas. Predominaría, por consiguiente, un tipo de
neologismo connotativo (como pasta para referirse al dinero) si bien
también surgen neologismos designativos que no poseen equivalentes
léxicos en un español neutro (como sucede con gorronear,
dominguero o maruja). Cabe precisar que muchos de estos términos
no se consideran realmente como “neologismos”, puesto que ya se han
integrado en la lengua y han perdido su carácter neológico.
Por otro lado, este argot común recurre a unos procedimientos de
creación6 léxica, entre los que destacan aquellos en los que el sujeto
impregna con su emotividad o subjetividad el discurso; de ahí que
tanto el DEA como el DRAE7 añadan en algunos términos las marcas
despectivo y humorístico:
6
Como caracterizaciones generales, se pueden consultar las introducciones de P. Daniel
(1992: 10-23) y la nuestra, J. Sanmartín (1998b). En relación con este tipo de metáforas o
sufijaciones, véanse, entre otros estudios, los versados sobre un corpus conversacional
coloquial, Sanmartín (1999b, 2000a y 2002b).
7
Casi todos los términos mencionados aparecen documentados en el DRAE (2001) y en
el DEA (1999); sin embargo, no deja de sorprender, como ya se indicó en otro lugar
(Sanmartín 1997), la gran disparidad de marcas entre ambos diccionarios o incluso en el
mismo diccionario, que supone, sin duda, un problema complejo al que debe enfrentarse el
traductor. Desde su perspectiva, el DEA es más rico en unidades léxicas consideradas como
argóticas, dado su carácter descriptivo. Por su parte, en el DRAE no se llega a entender el
motivo que ha llevado a suprimir la marca coloquial en algunos lemas, frente a ediciones
anteriores en las que sí se mantenía, como, además, presenta el DEA. El signo ø indica que
dicha unidad léxica no se registra:
DRAE (2001)
DEA (1999)
alunizaje
ø
jergal
armario (salir del)
ø
ø
asno
sin marca
literario (quizá por error)
body
ø
juventud
butrón
ø
ceporro
coloquial
cerdo
coloquial
chasis (quedarse/ estar en) sin marca
chocolate
chorar
dominguero
farolillo rojo
coloquial
vulgar
despectivo
coloquial
jergal
coloquial
coloquial
coloq. y humorístico
jergal
jergal
despectivo
humorístico. Frec.deportes
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
-el acortamiento afectivo de mani por manifestación;
-la sufijación apreciativa de viejales o guaperas;
-las metáforas intensificadoras (acentúan la cantidad o la cualidad
con propósitos estratégicos), humorísticas (ya que suponen un choque
entre realidades pertenecientes a dominios cognitivos muy dispares),
heurísticas (explican una realidad abstracta en términos más
concretos) y muchas de ellas “degradantes”, ya que, por ejemplo,
convierten al ser humano en animal (como se comprueba en las
múltiples metáforas que designan cualidades atribuidas al sujeto, así
cerdo, asno o ganso, o aluden a partes del cuerpo, como zarpas por
manos), en vegetal (ceporro para referirse al sujeto torpe o ignorante)
o en objeto (faros para ojos, o chasis, para cuerpo, en la expresión
quedarse o estar en el chasis);
-préstamos con huellas o connotaciones de modernidad, tanto del
inglés (money o body), como del francés (rúe), o con rasgos
connotativos marginales o estigmatizados, como del caló (chorar);
-o incluso también se toman como préstamo voces pertenecientes a
vocabularios específicos, etiquetados como argots de grupo (así el de
la droga, como chocolate para nombrar el hachís), en especial cuando
no existen palabras lexicalizadas en la lengua general como sucede
con ciertas especialidades delictivas, alunicero y butronero, o para
indicar el hecho de dar a conocer un homosexual su identidad como
tal, salir del armario. En general, estos préstamos experimentan
ciertos cambios de sentido al utilizarse en otros contextos; esto sucede
en la expresión deportiva, ser el farolillo rojo, que supone quedarse el
último pero no necesariamente en una competición deportiva; o en la
faros
ganso
ø
sin marca
ø
coloquial
gorronear
guaperas
mani
coloquial
despectivo y coloq.
ø
sin marca
coloquial
juvenil
marrón
maruja
money
juvenil
coloquial y despectivo
ø
juvenil
despectivo y coloquial
coloquial
pasta
rúe
viejales
zarpas
coloquial
festivo. coloquial
festivo
coloquial (echar la zarpa)
coloquial
coloquial. humorístico
despectivo
coloquial y humorístico
Julia Sanmartín Sáez
voz marrón, que convierte la condena o los años de presidio del
recluso en un simple asunto enojoso.
Todas estas voces otorgan a su vez mayor fuerza al tono de
informalidad. El léxico también ayuda a crear el contexto situacional y
propicia un determinado marco de interacción entre los interlocutores,
como se aprecia también, por ejemplo, con las fórmulas de
tratamiento. Estas se negocian o pactan al principio de la interacción y
condicionan en cierta manera el tono que planea sobre el discurso. En
este sentido, es evidente que las voces anteriormente comentadas son
más frecuentes y características del registro coloquial, al mismo
tiempo que contribuyen a crear un tono informal.
De hecho, estas voces suelen aparecer en una variada tipología de
discursos dominados por ese tono de informalidad: desde aquellos
más prototípicos que emplean un canal fónico y se planifican sobre la
marcha, como es la conversación; hasta aquellos también con una
planificación también sobre la marcha, pero con un soporte gráfico,
esto es el chat o la denominada conversación tecnológica; o los que
presentan un soporte gráfico pero tienen una mayor elaboración, las
cartas personales, los mensajes en correos electrónicos o los grafitos
de algunos aseos y paredes. Por supuesto y paradójicamente, el
discurso más elaborado aparece en tres tipos de textos: en los medios
audiovisuales, como las películas, cuando un guion intenta recrear o
hacer verosímil un discurso como si fuera una muestra extraída de una
conversación coloquial; en los textos literarios, cuando el escritor
pretende dotar de realismo al lenguaje empleado por sus personajes; o
finalmente, en la publicidad o en los titulares y secciones, en especial
la de economía o deportes de algunos periódicos a modo de estrategia
para llamar la atención del lector, como se constata en la siguiente
noticia: En pocos días, Juan Villalonga ha dado un giro a la
estrategia de la compañía. A TELEFÓNICA SE LE CRUZAN LOS CABLES.
(El País, 25-8-1996, Negocios, p.13).
Desde la perspectiva del traductor, se hace necesario, como no
podía ser de otra forma, seleccionar equivalentes léxicos en el mismo
nivel de habla para obtener un texto perteneciente a la misma variante
diafásica o registro. En principio, esto no presenta mayor dificultad,
dado que en general este léxico aparece en los diccionarios generales
con sus respectivas marcas o en diccionarios bilingües, en los que se
suelen ofrecer equivalencias léxicas en ese mismo nivel de habla; esto
se documenta en las entradas del Diccionario moderno español-inglés
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
English-Spanish de la editorial Larousse (1976: 150): burro Donkey,
ass. // fig. y fam. Ass, dunce, fol: (este chico es muy burro, this boy is
a real dunce /Lout, brute (tosco).
Sin embargo, surgen en ocasiones determinados escollos que
complican este proceso de traslación de una lengua a otra:
a) La falta de equivalente léxicos, esto es, las voces argóticas que
no presentan equivalentes léxicos en la lengua meta. Esto acontece
sobre todo con los clasificados como neologismos designativos y, en
particular, se aprecia en las metáforas animalizadoras, que no siempre
tienen un equivalente metafórico en esa lengua meta. Como muestra,
se puede citar la expresión dominguero o maruja, que quizá nombran
personajes muy fijados en la cultura hispánica. En estos casos, el
traductor debe tener suma precaución en no perder o suprimir los
semas connotativos asociados a estas voces.
b) La creación y pérdida de unidades léxicas, o en otras palabras,
las voces argóticas recientes que todavía no se han incorporado o
registrado en los diccionarios, pero que son conocidas por un sector
importante de la población, como sucede con las metáforas
cosificadoras, bollicao o cuerpos danone, motivadas, además y
respectivamente, por la edad de los consumidores (jóvenes, sobre todo
chicas) o por la publicidad relacionada con estos productos (personas
de aspecto atractivo). Desde la perspectiva contraria, muchas de estas
voces coloquiales poseen en sentido figurado “fecha de caducidad” y
dejan de utilizarse en determinados momentos históricos, por ello,
sería aconsejable que el traductor utilizase versiones actualizadas de
diccionarios tanto bilingües como monolingües; y entre estos últimos,
decidirse por aquellos que se caracterizan por una tendencia
descriptiva antes que normativa, como acontece en el DEA.
c) La diversidad diatópica existente en este tipo de voces, por
ejemplo, entre el español europeo y el español de América, en especial
si se compara con un tipo de léxico más estándar y neutro. Este hecho
se comprueba fácilmente si se revisan los tres primeros tomos del
Nuevo Diccionario de Americanismos, publicado en 1993, y
coordinados por los lexicógrafos G. Haensch y R. Werner, que como
analiza y señala M. Aleza (2000: 34), muestran por primera vez en
este tipo de diccionarios marcas referidas al léxico coloquial, así como
jergales o juveniles, y además indican los equivalentes léxicos del
mismo registro en español peninsular, dado su criterio metodológico
Julia Sanmartín Sáez
de constrastividad: chuparse colq. Echarse atrás en algún asunto, por
temor o inseguridad (E; acojonarse; E, Col +: acobardarse,
achantarse, amilanarse; Col: V: agallinarse). (NDA, de Colombia).
Así pues, el traductor no sólo tendrá en cuenta la variedad diafásica
a la que pertenece un lexema en cuestión, sino que también atenderá la
variedad diatópica del texto objeto de traslación o la vigencia
cronológica de las voces.
II. EL ARGOT DE GRUPO:
DICCIONARIOS PARCIALES
DESCRIPCIÓN
E
INCLUSIÓN
EN
La voz argot, como ya se ha señalado, también se emplea para
aludir a las palabras propias y exclusivas de ciertos grupos humanos
(como los delincuentes, soldados, prostitutas, homosexuales o
camioneros), integradas en los denominados argots de grupo,
sociolectos o variantes diastráticas. Véase como muestra, jurdós,
sirlar o tequi, voces que designan en el argot de la delincuencia el
dinero, la acción de robar con la ayuda de una navaja o el coche.
Otro criterio para reconocer el argot de grupo es su reducción a
determinadas esferas conceptuales o campos léxicos, esto es, por
utilizarse sobre todo para nombrar los referentes propios de estos
colectivos (así, las actividades delictivas, sirlar, butronero o
esparramador; los servicios de las prostitutas, griego, francés, traje de
saliva, lluvia dorada o cubana; o los funcionarios de prisiones, jicho o
boqueras, entre otros).
Finalmente, estas voces adquieren una doble función
simultáneamente: refuerzan la cohesión entre los sujetos integrantes de
ese grupo, se convierten en una especie de seña de identidad; y sirven
para denominar realidades específicas de su ámbito (Sanmartín
1998a).
Estas voces presentan una triple relación con el argot común o
léxico coloquial. En primer lugar, estas piezas léxicas se suelen
insertar en un registro considerado como coloquial8, cuyo tono se
8
De hecho, cuando el argot se emplea en contextos dominados por la formalidad, suele
provocar cierta inadecuación, como sucedió con una sentencia redactada por un juez con
léxico argótico, que suscitó una gran polémica, recogida como noticia en diferentes
periódicos: Una sentencia inolvidable. (…) Así que, <<la pena mínima y la cuota mínima y
eso porque no le puedo absolver, porque no me deja el juez que llevo dentroy porque el
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
explica por la relación de proximidad social y vivencial entre los
interlocutores (todos ellos son miembros del grupo de referencia, por
ejemplo). Además, el discurso prototípico se planifica sobre la marcha
(por consiguiente, es hablado), con una toma de turno no planificada
(conversacional) y emplea un soporte fónico, lo cual, como en el caso
del argot común, no excluye que se puedan encontrar textos escritos
que utilicen el argot, bien de un modo “natural” (como los anuncios de
prostitución o las cartas y revistas penitenciarias), bien como
procedimiento “estilístico” elaborado con un fin estratégico, como
sucede con las obras literarias o con el intento de traducir los
evangelios al argot (Alonso y Gómez 1994). En segundo lugar, este
argot de grupo cede o presta algunas de sus voces al léxico coloquial,
como ya se ha indicado. Por último, los procedimientos de creación
léxica son similares a ambos tipos de argot, y sólo se singularizan en
cada uno de los diferentes argots de grupo, así en el léxico de la
delincuencia abundan los préstamos del caló, por ejemplo, y en el del
drogadicto, los del argot inglés.
A pesar de estas analogías, el argot de grupo se reconoce por un
rasgo específico: en general sólo es conocido por los integrantes de ese
grupo de referencia, lo cual explica que no se documente en
diccionarios generales. Cuando se incluye en estos, se añaden marcas
específicas como jergal, argot, prostitución o germanía, aunque estas
marcas, en principio, permiten una doble lectura o interpretación: bien
tan sólo remiten al origen o ámbito inicial de uso de la voz que en ese
momento ya es conocida entre amplios sectores de la población; bien,
como señala el DEA, indican todavía su pertenencia a estos grupos
específicos.
Así pues, como herramienta de uso en su actividad profesional, el
traductor puede acudir a diccionarios parciales, esto es, a diccionarios
de argot, que sólo incluyen este vocabulario con marcación diafásica y
diastrática. En el marco de la lexicografía argótica en español europeo,
se diferencian tres hitos a partir de las características
microestructurales de estos repertorios y de su fecha de publicación
(Sanmartín 2002b). Un primer período comprenderá las obras pioneras
de principios de siglo, en las que cabe destacar dos recopilaciones
esenciales, muy distintas entre sí, ya que se van configurar como dos
fiscal (que es muy buena gente, pero es fiscal) se va a cabrear y con razón. (Levante, 14-51999, 25)
Julia Sanmartín Sáez
modelos del quehacer lexicográfico: el estudio de R. Salillas (1896),
El delincuente español. El lenguaje (estudio filológico, psicológico y
sociológico, con dos vocabularios jergales), centrado en un léxico
específico (el argot de la delincuencia) y con preocupación por las
fuentes; y la recopilación de L. Besses (1905=1990), Diccionario de
argot español (ó lenguaje jergal, gitano, delincuente profesional y
popular), el cual incorpora tanto el léxico coloquial como el argot de
grupo y, sin duda, resulta más útil para el traductor que la obra
anterior, dada la amplitud del corpus documentado, aunque no
explicita las fuentes utilizadas.
Otra etapa englobará los repertorios publicados hasta los ochenta.
Desde los años sesenta hasta el trabajo más destacado y relevante de
Víctor León, Diccionario de argot español, editado en 1980, parece
producirse una explosión de trabajos sobre el argot, tal vez motivada
por los cambios políticos, sociales y también lingüísticos, vividos en la
España democrática. Estos cambios se concretan en el surgimiento de
una contracultura, de un lenguaje juvenil y pasota (Rodríguez 1987),
que adquiere una notable difusión en los distintos medios de
comunicación. Se distinguen tres tipos de publicaciones con diferente
rigor metodológico en este período:
a) un primer tipo son los estudios lingüísticos que parten del
análisis de textos literarios y añaden un listado de voces, así el libro de
M. Seco (1970), Arniches y el habla de Madrid; o la tesis de
licenciatura inédita de M. Millá Novell (1975), El argot de la
delincuencia, en la que se explican un conjunto de voces, atestiguadas
en novelas posteriores a 1950. En cada entrada se suele incluir un
fragmento de la novela en que se documenta el lema en cuestión.
b) como segundo tipo aparecen los glosarios de voces, ya sean de
textos literarios marginales con una escueta definición de cada
palabra, tal es el caso de J.L. de Tomás García (1985), en La otra
orilla de la droga, o el de A. Alonso y J. Gómez (1994), El chuchi, los
colegas y la basca; ya sean estudios de carácter social o antropológico,
como el de C. Núñez y J. González (1977), Los presos, con 236 voces.
El principal mérito de estos glosarios, frente a los estudios lingüísticos
anteriores, reside en recoger una serie de palabras usadas en el mundo
de la delincuencia aparentemente en un contexto real, puesto que sus
autores, dada su experiencia personal han entrado en contacto con este
ambiente delictivo. Próximo también al glosario es el libro de los
periodistas Yale y Sordo, J. (1979), Diccionario del pasota, tanto por
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
la metodología empleada como por el corpus recogido: 392 voces; o la
obra del novelista F. Umbral, Diccionario cheli, publicada por la
editorial Grijalbo en 1983, en la que se reúnen las voces peculiares de
un sociolecto, el cheli, considerado como un dialecto juvenil.
c) Ya como tercer tipo de repertorio, más extenso y complejo en
cuanto al corpus recogido, surgen diversos diccionarios con distintos
objetivos y metodología: el del filólogo J. Martín (1979), Diccionario
de expresiones malsonantes del español. Léxico descriptivo, y el de V.
León (1992), Diccionario de argot español y lenguaje popular,
editado por primera vez en 1980 y con una segunda edición ampliada
en 1992, que se convierte en la segunda obra más importante de esta
etapa y va a servir de referencia para cualquier trabajo posterior, un
diccionario riguroso y bien estructurado desde la perspectiva
metalexicográfica, que se hubiera podido enriquecer notablemente con
la adición de ejemplos de uso real o de la documentación de la fuente
donde el lema se ha atestiguado. Otros diccionarios posteriores, como
el de J.M. Oliver (1991), Diccionario de argot, publicado por la
editorial Sena en 1985, que consta de alrededor de 4.700 voces,
intentan seguir la estela de la obra de Víctor León, pero presentan
serias desventajas frente al modelo seguido. Por último, otra obra de
interés, surgida a finales del siglo XX, es la recopilación del
polifacético J.R. Martínez Márquez, más conocido como Ramoncín,
El tocho cheli. Diccionario de jergas, germanías y jerigonzas,
publicada en 1993.
Como novedad de esta etapa y de interés para el traductor, se
constata la inclusión de ejemplos, supuestamente reales y orales, en la
obra de J. Martín; los sinónimos argóticos del repertorio de Ramoncín,
situados generalmente en la propia definición; el comentario o
reflexión lingüística o social en las diferentes entradas del glosario de
Umbral; y, en especial, la indicación de sinónimos argóticos de voces
del español estándar o neutro en el diccionario de V. León, ya que
dicha recopilación presenta una segunda parte en la que se recoge el
argot pero con dirección inversa: español-argot.
En una tercera etapa, han visto la luz dos modelos de recopilación
lexicográfica. La primera, desde el punto de vista cronológico, nuestro
trabajo, J. Sanmartín, Diccionario de argot, publicado por Espasa en
1998, que incluye tanto las voces de argot de grupo como otras voces
más coloquiales, pertenecientes al denominado argot común. Las
primeras se etiquetan con sus marcas diastráticas correspondientes y,
Julia Sanmartín Sáez
en principio, no son de conocimiento general entre amplios sectores de
la población, según el juicio de la autora y el contraste con otros
repertorios lexicográficos. En la microestuctura de esta obra se indica
la antigüedad de las voces, es decir, si se documentan en las obras de
principios de siglo de L. Besses (1905) y R. Salillas (1896); al igual
que se intenta establecer su vigencia en la actualidad a partir de la
documentación en fuentes reales, sobre todo, orales; y finalmente, se
señala, con mayor o menor acierto, el procedimiento de creación de
los diferentes lemas. Además, en determinadas entradas se lleva a
cabo algún comentario sobre cuestiones sociales, como pueden ser las
relacionadas con los tipos de droga, con las actividades delictivas o las
que reflejan el ambiente de la prostitución, que de algún modo ayudan
a entender mejor este lenguaje y este “mundillo”, como muestran las
entradas de campaña, para aludir a los años de condena y conectada
con el lenguaje militar, o la de hacer una plaza, tomada del ámbito
taurino, que designa un tipo de desplazamiento efectuado por una
prostituta..
Un segundo tipo de obra de esta etapa son dos recientes
diccionarios, cuya nota distintiva reside en la adición sistemática de
ejemplos en todos los lemas, siguiendo la estela de diccionarios
generales, como el DEA. El primero de ellos es de D. Carbonell
Basset, Gran diccionario del argot. El so(h)ez, publicado por la
editorial Larousse en 2000, que toma 2.500 citas del CREA, así como
otras 18.000 de su recopilación, según se indica en el “Prólogo”. Se
centra en ese argot común o léxico coloquial, similar, como Carbonell
también reconoce, al slang inglés, si bien en su obra se halla incluso
léxico más propiamente marginal, aunque no se marca como tal. Cabe
destacar como acierto el intento de establecer una especie de
diccionario del español al argot, pero sin crear una agrupación al
margen. Para ello, coloca un asterisco en la palabra que pertenecería al
español estándar en la que ofrece una serie de equivalentes léxicos en
un registro más informal, lo cual puede ser muy provechoso para la
labor del traductor: *padre cf. (afines) papá, papi, papuchi/ *pagar cf.
(afines) a pachas, acoqui, aflojar, aflojar la mosca, aforar, apoquinar,
escupir, explicarse, pagar a escote, pagar un huevo, pagar mierda,
pagar religiosamente, pagar un ojo de la cara, rascarse el bolsillo,
retratarse, de rositas, sinsopa, soltar.
La segunda recopilación es la de C.Ruiz, Diccionario ejemplificado
de argot, publicado en 2001 por Ediciones Península-Cilus. Esta obra
Lingüística Aplicada y argot: los útiles lexicográficos del traductor
incorpora únicamente voces procedentes y originarias de sectores
sociales marginados o marginales (droga, delincuencia, prostitución),
voces que permanecen confinadas en estos sectores o bien ya han
“logrado una cierta extensión en registro comunicativos informales o
desenfadados o han sido aceptados en la lengua general” (Ruiz 2001:
11), si bien sorprende que no utilice ningún tipo de marcas para
diferenciar ambos tipos de voces. Como en el diccionario anterior, se
ejemplifica cada acepción con “fuentes escritas de muy diversa índole
y finalidad, aunque todas tienen en común la descripción, fabulación o
estudio de actividades, situaciones y comportamientos relacionados
con lo que tradicionalmente se ha denominado <<mala vida>>“ (Ruiz
2001: 11). En concreto, se toma como corpus 570 referencias
bibliográficas, de las que 470 son posteriores a 1975.
En relación con la labor del traductor, las obras de este periodo
actualizan el corpus anterior; además, unas nos permiten conocer
mejor las características lingüísticas del argot y su vigencia
cronológica (Sanmartín 1998) y otras ofrecen ejemplos de un modo
sistemático (Carbonell 2000 y Ruiz 2001). Además, también se
incorpora la dirección español-argot, de gran ayuda cuando se trata de
traducir un texto que presente como lengua de llegada el español. Por
supuesto, también sería útil la consulta de diccionarios bilingües de
argot, obra apenas elaborada en nuestro ámbito lingüístico, si
exceptuamos algún diccionario como el de D. Carbonell (1997).
En suma, la tarea del traductor encuentra en los repertorios
lexicográficos una herramienta útil, siempre y cuando dichos
diccionarios se encuentren actualizados, en especial si incorporan
argot, y presenten una marcación diafásica y diastrática, lo más
aproximada a la realidad de uso de la lengua. Se trata de otorgar
verosimilitud argótica al discurso traslado, y para ello hay que intentar
emplear unidades léxicas equivalentes en ambas lenguas, aunque esta
actividad nos conduzca a los referentes enciclopédicos propios de cada
cultura9, como las marujas o los domigueros, o a internarnos por la
senda de aquel vocabulario que transita en lares periféricos y
9 Así por ejemplo, lo casposo, documentado en diferentes textos: Ya es frecuente verla al
volante de coches de gran cilindrada, aunque también se da la variedad de las que arrean
con cochecillos pequeñajos e incluso casposos; pero, eso sí, a toda pastilla, o sea al límite
de lo que dan, roooooar, y que en la primera curva, lógicamente se van a tomar por saco (El
Semanal, Sección Patente de Corso, de A. Pérez Reverte, 22-4-2001, p.8):
Julia Sanmartín Sáez
marginales, de lumis o butroneros, difíciles de aprehender entre las
páginas de un diccionario.
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