Pepita Jiménez - Planetalector

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Solucionario: “Pepita Jiménez”
Guía de lectura
“Pepita Jiménez”
Este título también dispone de guía de lectura y ficha técnica
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
PEPITA JIMÉNEZ (pp. 43-44)
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El autor afirma en el prólogo que, por una serie de casualidades,
llegaron hasta él varios documentos del difunto Deán de una
catedral de la cual evita dar el nombre. Están escritos de una
misma letra y se dividen en tres partes: la primera, «Cartas de mi
sobrino»; la segunda, «Paralipómenos»; y la tercera, «Epílogo.
Cartas de mi hermano». La primera y la última son un conjunto
de cartas, mientras que la parte central es una narración.
El autor evita pronunciarse, confiriendo al texto cierta
ambigüedad. Por un lado, cuenta cómo al principio creyó que se
trataba de una novela, escrita por el Deán en su tiempo libre.
Pero rectifica poco después cuando dice que ahora, en cambio,
cree «que no hay tal novela, sino que las cartas son copia de
verdaderas cartas, que el señor Deán rasgó, quemó o devolvió a
sus dueños, y que la parte narrativa, designada con el título
bíblico de Paralipómenos, es la sola obra del señor Deán, a fin de
completar el cuadro con sucesos que las cartas no refieren» (pp.
43-44). Juan Valera echa mano de un tópico literario bien
conocido (el del manuscrito hallado), cuyo objetivo principal es
dotar la historia narrada de mayor verosimilitud realista.
VOCABULARIO:
deán: `canónigo que preside el cabildo o comunidad de
eclesiásticos de una catedral’.
legajo: ‘atado de papeles’.
balduque: ‘cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las
oficinas para atar legajos’.
I. CARTAS DE MI SOBRINO (pp. 45-117)
22 de marzo (pp. 45-56)
1.
El autor de las cartas que componen esta primera parte es el
seminarista Luis de Vargas, sobrino del Deán, aunque, como
advierte Juan Valera en el prólogo, ése no es su verdadero
nombre (el cambio obedece al deseo de preservar su intimidad,
en el caso de que se tratara de una persona real). Como el propio
Luis relata, es un joven de apenas veintidós años, muy centrado
en sus estudios en el seminario, y con una importante vocación
sacerdotal. Es el hijo ilegítimo de don Pedro, rico labrador y
cacique de la comarca. En cuanto a su aspecto, debe ser bien
parecido, pues de él todos dicen que es «un real mozo, muy
salado» y que tiene «mucho ángel» (p. 46).
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Sí, al tío de Luis, el Deán de la catedral.
Escuchamos únicamente la voz de don Luis, pero hace entrar en
su relato otros puntos de vista: refiere opiniones ajenas y relata
sucesos que le han contado otros. Ello permite al personaje contar
cosas de sí mismo que de otro modo no haría por pudor (por
ejemplo, cuando habla de su gallardía física), además de narrar
episodios que él no ha vivido o que desconoce, como los diversos
aspectos de la biografía de Pepita Jiménez.
Según cuentan, Pepita Jiménez es una mujer muy hermosa.
Jovencísima viuda (tiene veinte años y enviudó hace dos), estuvo
casada con su tío don Gumersindo (mayorazgo de casi ochenta
años cuando contrajo matrimonio). El narrador entiende que
Pepita aceptó la boda con su tío (un hombre rico algo avaro, pero
afable y divertido) instigada por la madre, quien vio una solución
a los apuros económicos de la familia. Nadie sabe cómo vivió
Pepita los tres años de matrimonio, qué sintió, si fue feliz; queda
fuera de toda duda que trató con cariño al que fue su esposo y
que lo acompañó hasta su muerte. Por ese motivo, y por su
natural recato, Pepita tiene fama de piadosa y caritativa. Ello,
junto con su hermosura y riqueza, le ha granjeado el respeto de
la comunidad. Tanto ha oído hablar de ella que no es extraño que
Luis de Vargas sienta curiosidad por conocerla; además hay otro
motivo de peso: don Pedro, su padre, que nunca se ha casado,
ahora pretende a la joven viuda, por lo que ésta podría acabar
convirtiéndose en su madrastra.
Pepita enviudó hace dos años y todavía viste de luto, no se sabe
si por amor al marido y deseo de honrar su memoria, o por
soberbia: «el conocimiento cierto que tiene hoy de los pocos
poéticos medios con que se ha hecho rica –aventura don Luis-,
traen su conciencia alterada y más que escrupulosa; (...)
avergonzada a sus propios ojos y a los de los hombres, busca en
la austeridad y en el retiro consuelo y reparo a la herida de su
corazón» (p. 51).
Dice que está lleno de gratitud por haberlo reconocido y haberse
ocupado de él, confiando su educación, cuando tenía diez años, a
su tío el Deán. Don Luis asegura que no guarda rencor a su padre
por haber sido su madre «víctima de sus liviandades» (p. 54). Se
siente, además, querido por él y cree corresponder a su cariño.
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En varias ocasiones insiste en su vocación sacerdotal y expresa su
deseo de predicar el Evangelio en tierras extrañas. Pero, aunque
asegura no creerse superior a los demás hombres, reconoce que
tal vez, detrás de su voluntad de hacerse clérigo (lo que implica
no aceptar la herencia del padre), pueda haber algo de orgullo:
por ello se pregunta si su inclinación religiosa «¿proviene sólo de
mi menosprecio de las cosas del mundo, de una verdadera
vocación a la vida religiosa, o proviene también de orgullo, de
rencor escondido, de queja, de algo que hay en mí que no
perdona lo que mi madre perdonó con generosidad sublime?»
(p. 55).
VOCABULARIO:
vicario: ‘cura, sacerdote’.
cacique: ‘persona, normalmente terrateniente, que ejerce gran
influencia en los asuntos políticos de su pueblo o comarca’.
tener ángel: ‘tener un encanto particular’.
piñonate: ‘masa de harina frita cortada en pedazos que,
rebozados con miel o almíbar, se unen unos a otros, formando
por lo común una piña’.
mayorazgo: ‘conjunto de bienes’.
chanza: ‘hecho o dicho burlesco para recrear el ánimo o ejercitar
el ingenio’.
escote: ‘parte o cuota que corresponde a cada uno por el gasto
hecho en común por varias personas’.
requebrar: ‘cortejar, seducir’.
calavera: coloquialmente, ‘hombre dado al libertinaje’.
melifluo: en sentido peyorativo, ‘dulce, suave, delicado y tierno en
el trato o en la manera de hablar’.
28 de marzo (pp. 56-63)
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2.
Aunque a él le gustaría regresar cuanto antes al seminario, su
padre lo insta a quedarse en el pueblo al menos dos meses.
Para don Luis muchos sacerdotes carecen de verdadera vocación;
al provenir muchos de ellos de las clases menesterosas, la vía
religiosa se convierte en «un modo de vivir como otro cualquiera»
(p. 57). Ello es la causa de «la escasez de sacerdotes instruidos y
virtuosos».
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
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5.
Parece que Luis de Vargas ha disfrutado de la compañía de Pepita,
pero no acaba de confiar en ella, pues no es capaz de determinar
las cualidades morales de la joven viuda. Cree advertir en ella paz
interior y sosiego, pero no sabe si esto es reflejo de la «frialdad
de espíritu y de corazón» o bien de «la tranquilidad de su
conciencia, de la pureza de sus aspiraciones y del pensamiento de
cumplir en esta vida con los deberes que la sociedad impone» (p.
57). De Pepita también le llama la atención su falta de afectación,
su modestia y decoro en el vestir, en la manera de comportarse,
en el modo de tener su casa pulcra y limpia; aprecia su actitud
piadosa (repara en el oratorio y en la talla del Niño Jesús).
Resulta discreta, atinada y natural, pero hay algo en ella que don
Luis no termina de captar.
Luis no sabe muy bien qué pensar: en cierto sentido, desearía que
su padre se casara con Pepita; de ese modo, cambiaría de vida y
sentaría la cabeza. Además, le gustaría verlo feliz y con más hijos.
Sin embargo, al final de la carta expresa sus dudas a propósito de
los sentimientos de Pepita. En cuanto a la segunda parte de la
pregunta, aunque es muy pronto todavía, empezamos a entrever
ya un posible conflicto de tipo sentimental: don Pedro es un
hombre mayor; don Luis, en cambio, tiene una edad más acorde
con la de Pepita y en las dos cartas que le ha enviado al Deán no
ha dejado de hablar de la joven. Este interés podría derivar en
algo más serio y potencialmente conflictivo (pensemos en la
tensión que podría producirse entre la vocación religiosa de Luis y
sus inclinaciones más mundanas, o entre sus sentimientos y los
de don Pedro, su padre).
El Vicario cuenta que una de sus feligresas siente una gran
inclinación hacia «la vida solitaria y contemplativa; pero teme, a
veces, que este fervor de devoción no venga acompañado de una
verdadera humildad, sino que en parte le promueva y excite el
mismo demonio del orgullo» (p. 61). Luis, que había creído
advertir en Pepita ese mismo pecado (le parece indicio de vanidad
el esmero que pone en cuidar sus manos), piensa que el dilema
moral que describe el Vicario podría ser el de la viuda.
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VOCABULARIO:
eutropelia: ‘virtud que modera el exceso de las diversiones o
entretenimientos’.
miasma: ‘efluvio maligno que, según se creía, desprendían
cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas’.
dije: ‘joya, relicario o alhaja pequeña con que se suelen adornar
las mujeres’.
remozado: ‘que ha adquirido un aspecto más actual, más
moderno’.
lisonjear: ‘alagar, deleitar’.
cenobítico: ‘monacal’.
atribulado: ‘preocupado, acongojado’.
4 de abril (pp. 63-66)
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Aunque realiza muchas actividades, Luis echa de menos la vida
intelectual: leer libros y tener tiempo para meditar. Además, cada
vez siente más imperioso tomar los hábitos, es decir, abrazar el
sacerdocio de manera definitiva.
La Naturaleza es, para Luis, el reflejo de la Creación divina. Por
eso, se complace en describirla en todo su esplendor: los campos
son «alegres»; las huertas, «frescas»; los arroyos, «mansos»;
hay pájaros que cantan, flores, hierbas «olorosas». Toda la
descripción remite al tópico del locus amoenus: el lugar ameno de
la tradición literaria, espejo de la perfección de Dios y espacio
propicio a la reunión de los amantes. Por eso, la belleza del
paisaje inspira a Luis un doble sentimiento: tiempo atrás
contemplar la naturaleza acrecentaba su sentimiento religioso;
ahora, sin embargo, le parece «pecaminosa distracción e
imperdonable olvido de lo eterno por lo temporal, de lo increado y
suprasensible por lo sensible y creado» (p. 64).
Luis tiene miedo de que su amor por las cosas de la Creación
esconda una inclinación hacia lo sensual, apartándolo de su
vocación espiritual.
Parece que el personaje se debate entre sus aspiraciones
religiosas y la necesidad de gozar de la existencia más allá de lo
espiritual. Su juventud, en efecto, podría tener algo que ver en
ello: se diría que en un hombre de su edad es natural sentirse
inclinado a la vida terrenal, incluido el amor humano. De ahí que
se sienta triste al contemplar una hermosa flor o al ver una
estrella: las cosas del mundo lo están llamando.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
8 de abril (pp. 66-73)
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Para Luis las manos tienen «algo de simbólico». Las de Pepita
están muy cuidadas: las tiene «muy blancas y bonitas, con unas
uñas lustrosas y sonrosadas» (p. 68). Parecen «el símbolo del
imperio mágico, del dominio misterioso que tiene y ejerce el
espíritu humano, sin fuerza material, sobre todas las cosas
visibles que han sido inmediatamente creadas por Dios y que por
medio del hombre Dios completa y mejora» (p. 69). Ve, por lo
tanto, una trascendencia en las manos de Pepita, un reflejo de su
alma.
Pepita profesa al padre de Luis «un cariño más filial» de lo que a
éste le gustaría y el trato entre ambos es respetuoso, casto.
Aunque el padre de Luis parece sentirse atraído por la joven
viuda, no puede hablarse de una relación romántica, más allá de
la amistad.
Oriana es un personaje de la novela de caballerías Amadís de
Gaula (s. XV), amada del protagonista, con el que acaba
casándose; Luis atribuye a Pepita su discreción. En la mitología
griega, Circe es una hechicera que tiene la facultad de encantar a
los hombres y convertirlos en animales (aparece en la Odisea de
Homero); Luis atribuye a Pepita la belleza de sus ojos, capaces de
hechizar a los hombres. Egeria es una ninfa de la mitología
romana y, según la leyenda, aconsejaba a Numa Pompilio, su
marido y segundo rey de Roma; por ello, Luis la compara con
Pepita, a quien el Vicario siempre pide consejo.
A lo largo de sus cartas, Luis expresa cada vez con mayor
intensidad su miedo a apartarse de su vocación religiosa y a
dejarse tentar por los placeres de la vida terrenal, hasta el punto
de confesar que hay «un fuego que devora mi alma» (p. 73). El
lector empieza a tener suficientes elementos para concluir que ese
fuego es el del amor que empieza a sentir por Pepita Jiménez.
VOCABULARIO:
baladí: ‘insignificante, de poca importancia’.
jira: ‘banquete o merienda campestre’.
sibarítico: ‘aficionado al regalo o al placer’.
trascordado: ‘distraído, confundido’.
fulmíneo: ‘que participa de las propiedades del rayo’.
tonsurado: ‘que ha recibido la tonsura: afeitado de una zona de la
cabeza, normalmente en forma circular, que indica que la
persona se ha ordenado como clérigo’.
candiotera: ‘local donde están ordenados los envases en que se
cría y conserva el vino’.
binar los majuelos: ‘hacer la segunda cava de las viñas’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
14 de abril (pp. 73-78)
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Más que su vitalidad (asombrosa para un hombre de su edad),
Luis admira del Vicario la autenticidad de su fe y sobre todo su
equilibrio espiritual: su vocación religiosa no implica desdén hacia
el mundo; al contrario, «sabe unir al amor entrañable de nuestra
santa religión el aprecio de todas las cosas buenas que la
civilización moderna nos ha traído» (p. 74). Para él, es un
ejemplo de lo que debe ser un sacerdote.
Todo parece indicar que la fe de Pepita es sincera: es caritativa,
da dinero a los pobres, reza, asiste a los actos religiosos y ofrece
donativos a la Iglesia. Su interés por la religión va más allá, pues
conversa a menudo con el Vicario sobre asuntos espirituales y lee
libros piadosos.
En la piedad de Pepita, que Luis no pone en duda, cree entrever
un dolor, tal vez un sentimiento de culpa. Aunque cuidó y respetó
a su marido, podría sentirse avergonzada por ese matrimonio
«antinatural» a causa de la diferencia de edad. Luis sospecha que
la joven viuda trata de redimirse de ese «matrimonio indigno y
estéril» a través de la religión (p. 76) y que su devoción por el
Niño Jesús indica un anhelo de maternidad no satisfecho.
No puede evitar ver en ella una especie de «magia diabólica» que
hechiza a cuantos la rodean. En realidad, Luis culpa a Pepita de la
atracción que siente hacia ella.
Respuesta libre. Puede debatirse en clase acerca del conflicto
(entre la carne y el espíritu) que ya empieza a advertirse en Luis.
VOCABULARIO:
munificencia: ‘generosidad espléndida’.
colegir: ‘inferir, deducir’.
20 de abril (pp. 78-82)
1.
Sabemos más o menos lo que cuentan las cartas del tío de Luis,
porque éste comenta algunos extremos de las mismas. Parece
que reprocha al joven sobrino que alabe tanto a Pepita; también
le aconseja que no intime con ella, pues siendo ambos jóvenes su
amistad podría resultar peligrosa.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
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3.
Luis insiste en la inocencia de sus sentimientos hacia Pepita. Se
defiende diciéndole a su tío que no hace más que seguir su
ejemplo: «Usted me ha dicho mil veces que me quiere en la vida
activa, predicando la ley divina, difundiéndola por el mundo, y no
entregado a la vida contemplativa en la soledad y el aislamiento»
(p. 80). Por eso, no tendría sentido no tratar a Pepita o negarse a
apreciar las virtudes de la joven: para él –dice- ella es una
criatura de Dios y como tal la ama como a una hermana. Llega a
afirmar que nada le agradaría más que su padre se casara con
ella. Puede debatirse en clase hasta qué punto Luis quiere o no
escuchar sus verdaderos sentimientos.
VOCABULARIO:
vituperio: ‘oprobio, deshonra’.
conturbado: ‘alterado, intranquilo’.
encomio: ‘alabanza encarecida’.
4 de mayo (pp. 82-95)
1.
El tresillo es un juego de naipes carteado que se juega entre tres
personas, cada una de las cuales recibe nueve cartas, y gana en
cada lance la que hace mayor número de bazas. El monte es un
juego de cartas de envite y azar, en el cual la persona que corta
saca de la baraja dos naipes por abajo y otros dos por arriba,
llamado respectivamente «albur» y «gallo»; apuntadas a estas
cartas las cantidades que se juegan, se vuelve la baraja y se va
descubriendo naipe por naipe hasta que sale alguno de número
igual a otro de los que están apuntados, el cual de este modo
gana sobre su pareja. Las damas y el ajedrez son juegos de mesa
que se ejecutan en un tablero de sesenta y cuatro escaques. El
dominó es un juego que se hace con veintiocho fichas
rectangulares divididas en dos cuadrados, cada uno de los cuales
lleva marcados de uno a seis puntos, o no lleva ninguno; cada
jugador pone por turno una ficha que tenga número igual en uno
de sus cuadrados al de cualquiera de los dos que están en los
extremos de la línea de las ya jugadas, y gana quien primero
coloca todas las suyas o quien se queda con menos puntos, si se
cierra el juego.
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5.
El tío de Luis refiere un pasaje de San Juan Crisóstomo, uno de
los Padres de la Iglesia, en el que se cuenta la historia de Josef
(Génesis, 39, 7-20): la mujer de Putifar trató de seducir a éste y,
al no lograrlo, hizo que lo encerraran en la cárcel. Más adelante,
se alude al castigo sufrido por Sidraj, Misaj y Abed-Nego (Daniel,
3, 8-90), los tres mancebos que Nabucodonosor ordenó echar a
un horno de fuego por haberse negado a adorar un ídolo de oro;
éstos anduvieron por encima de las llamas sin quemarse. Ambas
historias son ejemplares, pues sus protagonistas anteponen su fe
a cualquier otra cosa, y con ellas el Deán trata de ilustrar y
orientar a su sobrino.
Pepita, en medio del agreste paisaje, parece todavía más hermosa
a Luis. Cuando se quedan a solas, él se siente inquieto, turbado;
por eso dice que «me complacía y me afligía al mismo tiempo de
estar solo con aquella mujer» (p. 89). Tal vez lo más llamativo de
la escena es el malentendido que se produce entre ambos cuando
Pepita transmite a Luis su preocupación y éste piensa que ella
está al corriente de sus sentimientos, cuando en realidad Pepita lo
que quiere decirle es que debería aprender a montar a caballo y
evitar las burlas de los demás.
Todas ellas protagonizan composiciones poéticas o escenas
legendarias: Palas aparece en el himno que el poeta griego
Calímaco (s. III a. C.) dedica a esta divinidad; la diosa Diana es
sorprendida por Acteón mientras toma su baño, razón por la que
transforma a éste en un ciervo que luego es despedazado por sus
propios perros; la sílfide que se menciona y que casó con Kroco
aparece en el poema épico checo Juicio de Libuse (s. VII). Muy a
menudo Luis utiliza este tipo de referentes (más literarios que
reales) para hablar de Pepita y de sus sentimientos: de este modo
el mundo representado en el texto así como los personajes
aparecen idealizados, próximos a los textos de la tradición
literaria más que a la realidad de la época (aunque no podemos
negar un cierto costumbrismo en la novela).
Alentado por la conversación que ha mantenido con Pepita, Luis
cree conveniente aprender a montar a caballo. Su padre se alegra
muchísimo porque considera que la educación de Luis es sólo
intelectual y, por lo tanto, está incompleta.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
6.
VOCABULARIO:
chalán: ‘persona que trata en compras y ventas, especialmente de
caballos u otras bestias, y tiene para ello mucha maña’.
cambalache: ‘intercambio’.
escapulario: ‘objeto devoto formado por dos pedazos pequeños de
tela unidos con dos cintas largas para echarlo al cuello’.
jamuga: ‘silla de tijera, con patas curvas y correones para apoyar
espalda y brazos, que se coloca sobre el aparejo de las
caballerías para montar cómodamente a mujeriegas’.
fanega: ‘medida de capacidad para áridos que, según el marco de
Castilla, equivale a 55,5 litros, pero es muy variable según las
diversas regiones de España’.
cimbel: ‘cordel con el que se ata el ave que sirve de señuelo para
cazar otras’.
reclamo: ‘ave como señuelo para cazar a otras’.
inficionar: ‘corromper, pervertir’.
coracha: ‘saco de cuero que sirve para conducir tabaco, cacao y
otros géneros de América’.
corralón: ‘corral de dimensiones menores’.
guardia de corps: ‘guardia real o guardia personal del monarca’.
catecúmeno: ‘persona que se está instruyendo en la doctrina y
misterios de la fe católica, con el fin de recibir el bautismo’.
bordón: ‘bastón’.
esclavina: ‘vestidura de cuero o tela, que se ponen al cuello y
sobre los hombros quienes van en romería’.
7 de mayo (pp. 95-99)
1.
2.
La tertulia la componen las fuerzas vivas del pueblo: don Pedro, el
cacique; el boticario; el médico; el escribano; y el Vicario.
Además suelen asistir algunas señoras y señoritas, y algunos
hombres jóvenes, pretendientes de las primeras.
En sus cartas, Luis suele utilizar, para expresar sus sentimientos,
la imaginería literaria, religiosa, mitológica, etc. En esta ocasión
compara a Pepita con una poesía (p. 98), en tanto que representa
la idea del amor temporal. Para describir su lucha interior, Luis
emplea una serie de imágenes metafóricas antitéticas: Pepita es,
para su espíritu, «clara, evidente, luminosa», mientras que el
concepto supremo que Luis trata de imprimir en su alma (el amor
eterno de Dios) «es vago, es obscuro, es indescriptible» (p. 98).
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
3.
Luis vive, por lo tanto, entre «tinieblas» y trata de combatir su
amor por Pepita enviando «inflamadas saetas» a Dios, para que
derriben «el escudo con que se defiende y oculta a los ojos de mi
alma» (p. 98). Emplea también la paradoja para hablar de su
estado, pues su lucha será como la de Israel en la Biblia y Dios
«me llagará en el muslo y me quebrantará en ese combate, para
que yo sea vencedor siendo vencido» (p. 99). Esta última imagen
puede incluir una referencia a San Roque (s. XIV), al que se
representa con una herida en el muslo a causa de la peste
bubónica que contrajo tras aliviar a muchos enfermos.
VOCABULARIO:
omnímodo: ‘que lo abraza y comprende todo’.
12 de mayo (pp. 99-104)
1.
2.
3.
La escena posee muchos antecedentes literarios: el caballero
luciéndose ante su dama, mientras ésta lo observa tras la
ventana. En la novela, el episodio es significativo porque Luis se
presenta como hombre, haciendo gala de su virilidad, dominando
al caballo, al que somete y que al mismo tiempo representa una
extensión de su poder. Por esa razón, Luis siente vergüenza y se
ruboriza, pues la escena resulta algo impropia para un religioso.
En cambio, parece agradar a los demás: Pepita aplaude y sonríe
desde su ventana, los lugareños se regocijan y don Pedro se
felicita porque la educación de su hijo es ya completa.
Luis manipula algunas de las historias que el Deán le refiere en
sus cartas con la intención de ilustrarle y, sobre todo, de
advertirle de los peligros que entraña su relación con Pepita. El
joven se defiende diciendo que a veces los moralistas exageran al
interpretar algunas frases de la Biblia: Luis no cree, en concreto,
en la maldad intrínseca a la mujer ni que ésta sea causa de
perdición para el hombre.
Luis afirma que ha creído «notar dos o tres veces un resplandor
instantáneo, un relámpago, una llama fugaz y devoradora en
aquellos ojos» que se posaban en él (p. 102). Se asusta porque
podría generarse una situación tremenda si Pepita, a la que su
padre pretende, se enamorara de él. No querría que se
reprodujera la historia del héroe mitológico Hipólito, de quien se
enamora Fedra, su madrastra.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
4.
5.
No, y de hecho a Luis le sorprende «el descuido y la seguridad»
de su padre. Su ceguera la califica de «funesta» y la compara con
la que el demonio Asmodeo, en el Antiguo Testamento, infunde a
los maridos, o con la de Marco Aurelio (s. II), ignorante de las
infidelidades de Faustina, su esposa.
VOCABULARIO:
jaca alazana: ‘yegua de color canela’.
corveta: ‘movimiento del caballo que se sostiene sobre las patas
traseras y tiene las delanteras en el aire’.
de arrestos: ‘valiente, con arrojo’.
real: ‘moneda antigua de plata’.
19 de mayo (pp. 104-108)
1.
2.
Para describir la pasión que se está apoderando de él, Luis se
apoya en numerosos ejemplos de la Biblia: recuerda la escena del
Génesis en la que la serpiente tienta a Adán y Eva; y sobre todo
la atracción irrefrenable de Amón por Tamar (Samuel, 2, 13, 1-2,
11-14); y de Sinquén por Dina (Génesis, 34, 1-29). Ambas
mujeres fueron violadas y, por ello, Amón y Sinquén perecieron a
manos de los parientes de Tamar y Dina, respectivamente. Sus
historias ponen de manifiesto los peligros de la pasión amorosa
que Luis trata de combatir practicando el ayuno, la oración, las
mortificaciones corporales, etc. Sin embargo, es ya evidente que,
en la lucha entre el amor de Luis por Dios y su amor por Pepita,
vence este último.
VOCABULARIO:
tiznar: en el texto con sentido metafórico, ‘manchar algo con tizne
u hollín’.
áspid: ‘culebra venenosa propia de Egipto y que puede alcanzar
hasta dos metros de longitud; es de color verde amarillento con
manchas pardas y cuello extensible’.
ineluctable: ‘ineludible’.
mastranzo: ‘planta herbácea anual, de la familia de las Labiadas,
con tallos erguidos, ramosos, de cuatro a seis decímetros de
altura, muy común a orillas de las corrientes de agua y de fuerte
olor aromático’.
cítara: ‘instrumento musical antiguo semejante a la lira, pero con
caja de resonancia de madera’.
arredrar: ‘amedrentar, atemorizar’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
23 de mayo, 30 de mayo, 6 de junio, 11 de junio, 18 de junio
(pp. 108-117)
1.
2.
3.
4.
En el Libro de Judit (10-15), en el Antiguo Testamento, se cuenta
como Judit, una viuda hebrea de Betulia, liberó al pueblo de Israel
del ejército de Nabucodonosor tras cortar la cabeza de su capitán,
Holofernes, al que engañó y sedujo. Jael, también hebrea,
aparece en el Libro de los Jueces (5, 23-27) como la heroína que
mató a Sísara traspasándole las sienes con un clavo, librando a su
pueblo de las tropas del rey Jabin.
Al contrario, la obsesión de Luis va en aumento, pues se presenta
como un enfermo de amor: «pálido y ojeroso», sufriente por la
ausencia de la amada. De nada le sirve la oración o tratar de
imaginar que Pepita ha muerto: ella se le aparece entonces como
Beatriz a Dante en la Divina Comedia (s. XIV), donde el poeta
idealiza a la que fuera su amada, ya fallecida; pero Luis no puede
ver a Pepita «vagarosa» y «diáfana», como Beatriz en el
Purgatorio, sino llena de vida, como Galatea, estatua
transformada en mujer por Afrodita después de que Pigmalión se
lo pidiera a la diosa.
Pepita y Luis se besan en los labios; cuando ello ocurre los
enamorados
sufren
una
reacción
tremenda:
«Inefable
embriaguez, desmayo fecundo en peligros invadió todo mi ser y el
ser de ella. Su cuerpo desfallecía y la sostuve entre mis brazos»
(p. 114). En ese momento, Luis, en la creencia de que su amor es
imposible, exclama: «¡El primero y el último!», refiriéndose al
beso.
Respuesta libre. Todo hace presagiar que no resultará fácil para
ninguno de los dos olvidar lo sucedido. Pepita dice sentirse
indispuesta y ha suspendido la tertulia que se celebraba en su
casa; Luis, por su parte, aunque confía en olvidar a la viuda
poniendo distancia entre ellos, se siente terriblemente deprimido,
como indica la última parte de su carta: «¡Qué mudado va usted a
encontrarme! –le dice al Deán-. ¡Qué lleno de amargura mi
corazón! ¡Cuán perdida la inocencia! ¡Qué herida y qué lastimada
mi alma!» (p. 117).
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
5.
VOCABULARIO:
iniquidad: ‘maldad, perversidad’.
ajenjo: ‘planta amarga y aromática, con cuya esencia se prepara
una bebida alcohólica’.
picotera: ‘persona que habla mucho y sin sustancia ni razón, o
dice lo que debía callar’.
husillo de lagar: ‘recipiente donde se pisa la uva’.
contrición: ‘arrepentimiento por la culpa cometida’.
fullero: coloquialmente, ‘tramposo’.
indinote: coloquialmente, en sentido cariñoso para dirigirse a los
niños, ‘condenado, maldito’.
malos chuqueles te tagelen el drupo: en jerga caló, ‘rabiosos
perros te coman el cuerpo’.
retrecherías: coloquialmente, ‘mañas, picardías para evitar hacer
algo’.
sacarse el pellejo a túrdigas: ‘sacarse la piel a tiras’.
II. PARALIPÓMENOS (pp. 119-196)
pp. 119-133
1.
2.
3.
4.
«Paralipómenos» significa suplemento, cosa añadida; además es
el nombre de los libros bíblicos I Crónicas y II Crónicas. La
segunda parte de la novela se titula de este modo porque sin ella
no podríamos conocer el desenlace de la historia que hemos leído
a través de las cartas de Luis de Vargas, al tiempo que hace
alusión al conflicto religioso que se plantea en la obra. Si hacemos
caso de lo que el autor cuenta en el prólogo, la voz de los
«Paralipómenos» es la del tío de Luis, el Deán de la catedral.
A lo largo de estas páginas, la perspectiva adoptada por el
narrador (que se expresa en tercera persona) es principalmente la
de Pepita Jiménez. Ello implica un cambio de focalización, pues
hasta ahora el punto de vista dominante había sido el de Luis de
Vargas, como autor de las cartas y, por lo tanto, narrador en
primera persona.
Aunque Pepita no acostumbra a dar demasiadas confianzas a la
gente de su servicio, Antoñona deviene su confidente, al advertir
ésta muy pronto que entre su señora y Luis de Vargas hay algo
más que amistad.
Han pasado cinco días, como se especifica en la página 121.
Durante esos días, Pepita ha estado indispuesta y cancelado la
tertulia que solía tener lugar en su casa. En ese tiempo, por lo
tanto, Pepita y Luis no se han visto.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
5.
6.
7.
8.
El Vicario juzga «absurdos» los amores de Pepita y Luis (p. 128),
pues entiende que se oponen a ellos la vocación del joven
seminarista y también el hecho de que don Pedro quiere a la
viuda. Por eso aconseja a Pepita que olvide a Luis, poniendo
distancia entre ambos.
La manera de hablar de Antoñona es harto singular con respecto
a la de los otros personajes. En ella, concentra Valera la nota
costumbrista de la novela, pues su lenguaje es popular, lleno de
coloquialismos y de regionalismos, como corresponde a una
aldeana andaluza de su época y condición: así, «zángano» y
«pelgar» son sinónimos, en el lenguaje coloquial, de persona floja
o torpe, sin ocupación. Esta manera de hablar resulta muy
graciosa, por lo vivaz y expresiva, llegando a ser en ocasiones
hasta humorística, como cuando Antoñona juzga que el Vicario se
ha ido de la casa dejando a Pepita «medio muerta» y que ha
regresado a la iglesia «para cantarle el gorigori» (vulgarismo para
decir canto fúnebre), «rociarla con el hisopo» (utensilio para dar
agua bendita) y «enterrármela sin más» (p. 131). Los otros
personajes, en cambio, hablan en un registro muy culto, no
pudiéndose apreciar diferencias entre la lengua que utilizan los
protagonistas y la que emplea el narrador en tercera persona.
Al principio sí: se arrepiente y espera que sus sentimientos se
aplaquen con la distancia y el tiempo. Sin embargo, al poco de
irse el Vicario, Pepita vuelve a sus antiguos pensamientos: «Las
razones del padre Vicario son justas, discretas... Al pronto me
convencieron. Pero se fue, y todo el valor de aquellas razones me
parece nulo; vano juego de palabras; mentiras, enredos,
argucias. Yo amo a don Luis, y esta razón es más poderosa que
todas las razones» (p. 132).
VOCABULARIO:
zahareña: ‘desdeñosa’.
zahorí: ‘perspicaz, adivina’.
recado de escribir: ‘objetos de escritorio’.
contadorcillo: diminutivo, ‘especie de escritorio o papelera, con
varias gavetas, sin puertas ni adornos de remates’.
aperador: ‘encargado de cuidar de la hacienda del campo y de
todas las cosas pertenecientes a la labranza’.
mollar: ‘blando’.
pateta: coloquialmente, ‘diablo’.
mengue: coloquialmente, ‘diablo’.
liviana: en sentido metafórico, ‘ligera, fácil’.
zafia: ‘tosca, inculta, grosera’.
arcano: ‘secreto de mucha importancia’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
corambre: ‘conjunto de cueros o pellejos, curtidos o sin curtir, de
algunos animales, como el toro o la vaca’.
arroba: ‘peso equivalente a unos once quilos y medio, aunque
esta medida varía de unas regiones a otras’.
pp. 133-155
1.
2.
3.
4.
5.
Sí; ahora la perspectiva adoptada es la de don Luis de Vargas. Se
observa, por lo tanto, una estructura contrapuntística: primero, el
punto de vista dominante era el de Luis (toda la primera parte);
luego el de Pepita (pp. 119-133 de la segunda parte); y de nuevo
el de don Luis (de momento no sabemos hasta cuándo).
El narrador llega más lejos en el análisis de la psicología de don
Luis que el propio personaje. Su capacidad instrospectiva es tal
que parece que conoce al seminarista mejor que él mismo: por
ello, entiende que Luis, además de por su vocación religiosa y su
deseo de no rivalizar con su padre, peca de orgullo y terquedad.
Le preocupa, en definitiva, lo que otros puedan pensar de él si
requiebra a la viuda; aunque estas razones –advierte el narrador«don Luis no acertaba a reconocerlas y distinguirlas, creyendo
amor de Dios no sólo lo que era amor de Dios, sino asimismo el
amor propio» (p. 135).
Ante la concurrencia, el Conde de Genazahar critica duramente a
Pepita, que lo había rechazado como pretendiente. La acusa de
tener muchos humos y de haber olvidado que su dinero proviene
de haberse casado con «aquel vejestorio» al que «le cogió los
ochavos» (p. 138). Don Luis no puede evitar salir en defensa de
la viuda echando en cara del Conde «la fealdad de su ruin acción»
(p. 139). Pero los allí presentes, incluido el aristócrata que faltó a
Pepita, se burlan de Luis.
Después de lo sucedido, Luis piensa que habría sido mejor no
decir nada, siguiendo el ejemplo de Jesús cuando dice: «No deis a
los perros las cosas santas, ni arrojéis vuestras margaritas a los
cerdos» (p. 141); se arrepiente de haberse dejado guiar por la
ira, pues un sacerdote debe ser «humilde, pacífico, manso de
corazón» (p. 142).
Antoñona va a visitar a Luis con la intención de convencerlo para
que vaya a despedirse de Pepita. Lo consigue culpabilizándolo por
haber enamorado a la viuda y lo cita a las diez en punto de la
noche en la casa de ésta.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
6.
Aunque al principio de la novela, don Luis dice algo sobre su
aspecto
físico,
por
primera
vez
tenemos
su
retrato
pormenorizado: el narrador lo describe como un joven «alto,
ligero, bien formado, cabello negro, ojos negros también y llenos
de fuego y de dulzura». Además, añade otros rasgos: «la color
trigueña, la dentadura blanca, los labios finos, aunque relevados,
lo cual le daba un aspecto desdeñoso; y algo de atrevido y varonil
en todo el además, a pesar del recogimiento y de la
mansedumbre clericales» (p. 150). El narrador, por lo tanto,
insiste en los rasgos que sexualizan al personaje.
7. Luis va a dar un paseo por el campo, admirándose de la
naturaleza, hasta llegar a las ruinas de un antiguo convento,
donde se recoge y reza el Angelus Domini, oración en recuerdo de
la Anunciación y la Encarnación del Verbo. Es significativo que
piense en la Virgen María antes de ir a la casa de Pepita Jiménez,
objeto también divino de su amor.
8. A las puertas del solsticio de verano (el 24 de junio, día de San
Juan), Luis observa extasiado al esplendor de la naturaleza. A
través de una serie de imágenes metafóricas y sobre todo gracias
a la personificación de determinados elementos, Luis ve una
representación del amor en las cosas que lo rodean: «el cielo
sonreía con sus mil luces y excitaba a amar; las estrellas se
miraban con amor unas a otras; los ruiseñores cantaban
enamorados; hasta los grillos agitaban amorosamente sus elictras
[alas] sonoras, como trovadores el plectro [púa que los antiguos
utilizaban para hacer sonar los instrumentos de cuerda] cuando
dan una serenata; la tierra toda parecía entregada al amor en
aquella tranquila y hermosa noche» (p. 152). El pasaje anticipa el
encuentro con Pepita y describe de modo indirecto los
sentimientos de Luis.
9. No, llega media hora tarde porque, por culpa de sus
ensoñaciones, ha perdido la noción del tiempo.
10. VOCABULARIO:
región empírea: ‘región del cielo donde los ángeles, santos y
bienaventurados gozan de la presencia de Dios’.
sin decir oxte ni moxte: ‘sin pronunciar palabra’.
como un zarandillo: ‘hacerle ir de una parte a otra; llevarlo de un
lado a otro’.
papamoscas: ‘tonto, bobo’.
enjalbiego: ‘efecto de haber blanqueado las paredes con yeso o
cal’.
poner como chupa de nómine: ‘hablar muy mal de alguien,
criticarlo duramente’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
mala pécora: ‘mujer mala, con perversas intenciones’.
dar un mentís: ‘acción pública en la que se demuestra que alguien
miente’.
chacota: ‘burla’.
rechifla: ‘burla extrema, mofa’.
chirlo: ‘herida’
tuno: ‘pícaro, tunante’.
zorzal: coloquialmente, ‘mirlo’.
busilis: vulgarmente, ‘punto importante de un asunto’.
troje: ‘espacio limitado por tabiques, para guardar frutos y
especialmente cereales’.
pipa: ‘tonel para transportar o guardar vino’.
tábano: ‘insecto de dos a tres centímetros de longitud y de color
pardo, que molesta con sus picaduras principalmente a las
caballerías’.
ópalo: ‘mineral silíceo, translúcido u opaco, duro, pero quebradizo
y de colores diversos’.
carbunclo: ‘rubí’.
cocuyo: ‘insecto coleóptero de América tropical, con dos manchas
amarillentas a los lados del tórax, por las cuales despide de
noche una luz azulada bastante viva’.
sahumerio: ‘humo que produce una materia aromática que se
echa en el fuego’.
arropía: ‘pasta compuesta de miel correosa’.
desaborido: coloquialmente, ‘persona sosa,
de
carácter
indiferente’.
mostrenco: coloquialmente, ‘persona ignorante o tardo en
discurrir o aprender’.
peal: coloquialmente, ‘persona torpe, inútil, despreciable’.
hacerse de pencas: ‘no consentir fácilmente en lo que se pide,
hacerse de rogar’.
pp. 155-174
1.
El narrador hace grandes esfuerzos para presentar su relato como
una historia verdadera. Por ello se burla de algunos tópicos de la
novela gótica, sentimental o de aventuras: la casa encantada, el
ataque de bandoleros, el naufragio; situaciones que habrían dado
pie a que don Luis se encontrara a solas con Pepita en un «lugar
poético y apartado» donde confesarle su amor. Evidentemente, el
autor –a través de su narrador- está haciendo toda una
declaración de principios: la novela que estamos leyendo
privilegia ante todo la verosimilitud realista.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
2.
3.
4.
5.
6.
Pepita se prepara físicamente (se arregla para resultar «bonita y
aseada», pero natural) y también anímicamente: para ello baja a
la sala donde está el Niño Jesús para rezarle unas oraciones.
Ambos hablan con sinceridad. Pepita trata de convencer a Luis
declarándole su amor; quiere hacerle ver que su vocación
sacerdotal no es tan grande como él cree, de otro modo no se
habría enamorado de ella. Por su parte, Luis admite que la quiere,
pues Pepita encarna el ideal de mujer hermosa y buena; sin
embargo, dice amar más a Dios, a quien se debe. Él pide a la
viuda que renuncie a su amor terrenal para así vivir ambos en la
virtud; Pepita, resuelta, se niega, declarándose no cristiana, sino
«idólatra materialista», porque ama a Luis más que a todas las
cosas.
Probablemente Luis recurre a la Biblia y a la literatura porque
carece de experiencia vital: toda su existencia la ha dedicado al
estudio y la oración. Su visión de la mujer se ha forjado, por lo
tanto, en las lecturas; por eso cita a Beatriz (la Divina comedia,
de Dante), Julieta (Romeo y Julieta, de Shakespeare), Margarita
(Fausto, de Goethe), Cintia (Propercio), Glícera (Menandro) o
Lesbia (Catulo), todas ellas personajes literarios. También
aparecen mencionadas Ester (esposa de Asuero), Rebeca (mujer
de Isaac), la Sulamita (la esposa del Cantar de los cantares) y
Ruth, personajes de la Biblia. Otras mujeres célebres, esta vez
personajes históricos, son Aspasia (s. V a. C.), maestra griega de
la retórica, e Hipatia (s. IV-V), filósofa fundadora de la Escuela de
Alejandría. De ellas destaca la belleza, tanto como la inteligencia.
Cuando Pepita se retira a su habitación para llorar sus penas, Luis
la sigue y ahí, en la penumbra, la abraza y la besa. Entonces se
avergüenza del comportamiento que ha tenido hasta ese
momento: «Jamás hubo en mí virtud sólida –dice Luis-, sino
hojarasca y pedantería de colegial, que había leído los libros
devotos como quien lee novelas, y con ellos se había forjado su
novela necia de misiones y contemplaciones» (p. 172). Reconoce,
en consecuencia, que su vocación no era verdadera. Antes de
separarse, los enamorados se prometen estar juntos y contar
toda la verdad a don Pedro.
VOCABULARIO:
exornar: ‘enbellecer el lenguaje escrito’.
palmatoria: ‘especie de candelero bajo, con mango y pie,
generalmente de forma de platillo’.
cendal: ‘tela de seda o lino muy delgada y transparente’.
pleguería: en sentido metafórico, ‘hablar con vueltas y
ocultamientos’.
boato: ‘ostentación’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
esplendente: ‘resplandeciente’.
ingénito: ‘connatural’.
zaherir: ‘decir o hacer algo a alguien con lo que se sienta
humillado o mortificado’.
fragua: ‘fogón en que se caldean los metales para forjarlos’.
arrobo: ‘embelesamiento, éxtasis’.
sandio: coloquialmente, ‘necio’.
simoníaco: ‘que comercia con cosas espirituales, como los
sacramentos y sacramentales’.
circunspección: ‘seriedad, decoro y gravedad en acciones y
palabras’.
pp. 175-196
1.
2.
3.
Sólo se arrepiente de haber pecado contra Dios cuando don Luis
entró en su alcoba; es decir, cuando éste la besó. Se encomienda
entonces a la Virgen y se promete a sí misma confesarse cuanto
antes con el Vicario.
Le resultan ahora inconsistentes, «producto artificial y vano de
sus lecturas, de su petulancia de muchacho y de sus ternuras sin
objeto de colegial inocente» (p. 176). Se reconoce orgulloso y
petulante, pues para alcanzar la unión mística de Dios hay
primero que dedicar largos años a la penitencia y la oración; en
cambio, él quería obtener esa distinción de manera inmediata.
Entiende ahora que le faltó humildad cristiana, la misma que
piensa emplear en su nueva vida junto a Pepita.
Luis se identifica con Booz, que no rechazó a Ruth cuando ésta se
le ofreció como esposa (Libro de Ruth, en el Antiguo Testamento),
pero no tanto con San Eduardo, el rey de Inglaterra (1045-1066)
que vivió castamente con Edita, su esposa, esto es: sin mantener
relaciones sexuales, algo que Luis juzga innecesario en su caso,
pues «San Eduardo se casó por razón de Estado, porque los
grandes del reino lo exigían, y sin inclinación hacia la reina Edita;
pero en él y en Pepita Jiménez no había razón de Estado, ni
grandes ni pequeños, sino amor finísimo de ambas partes»
(p. 180). En cuanto a Filemón y de Baucis, resulta muy
significativo que don Luis los escoja como el «piadísimo ejemplo»
que desea seguir, pues se trata de dos personajes de la mitología
griega y, por lo tanto, no de la tradición cristiana.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
4.
5.
6.
7.
Ellos acogieron en su casa a Zeus y Hermes que, disfrazados de
mortales, buscaban un lugar donde pasar la noche; rechazados
por los habitantes de Frigia, estos dioses premiaron la
hospitalidad de Filemón y Baucis advirtiéndoles de que iban a
destruir la ciudad y concediéndoles un deseo: la pareja pidió
entonces ser ministros del templo –su propia casa convertida en
santuario- y estar unidos para siempre, muriendo uno tras la
muerte del otro.
Ahora que Luis ha colgado los hábitos, busca una reparación por
las burlas del Conde contra Pepita. Por esa razón, se dirige al
casino y juega a las cartas con él, ganándole una buena suma; no
contento con ello, le recuerda sus ofensas, a lo que el Conde
responde con injurias. Entonces, don Luis con un bastoncillo le
cruza la cara y lo reta a duelo. Éste tiene lugar en el casino, en
presencia de varios testigos; los dos hombres se baten en la
esgrima, resultando ambos heridos: don Luis sin revestir
gravedad, al contrario que el conde, cuyas heridas precisarán de
larga recuperación.
Don Pedro está al corriente de todo porque su hermano, el Deán,
le había advertido de lo que sucedía a través de una carta que el
cacique lee a su hijo y que el narrador transcribe para los
lectores. Don Pedro lee también la respuesta que envió al
hermano: no sólo no se disgusta sino que se compromete a
ayudar todo lo posible para que prosperen los amores de Luis y
Pepita, los cuales juzga naturales dada la edad y cualidad de los
jóvenes. Por ello dice haberse concertado con Antoñona, que
también lo ha mantenido informado, y esperar con ansia que Luis
y Pepita acaben casándose para mayor honra de su casa.
Un mes más tarde se celebra la boda de Luis y Pepita.
VOCABULARIO:
tronado: coloquialmente, ‘loco’.
buhonero: ‘vendedor ambulante’.
embozado: ‘arrebujado, cubierto, tapado’.
pelar la pava: coloquialmente, ‘tener conversaciones amorosas’.
lance: ‘suceso, acontecimiento’.
de bóbilis-bóbilis: ‘de balde, gratis, sin trabajo’.
daifa: ‘concubina, mala mujer’.
peculio: ‘dinero’.
alicantina: coloquialmente, ‘treta, astucia o malicia con que se
pretende engañar’.
tomar el olivo: coloquialmente, ‘huir, escapar por miedo’.
verdugón: ‘señal hinchada y enrojecida que queda en la piel
después del azote con un látigo o algo parecido’.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
ganapán: ‘hombre rudo y tosco’.
sin rebozo: ‘franca, sinceramente’.
turulato: coloquialmente, ‘alelado’.
recovero: ‘persona que compra huevos, gallinas y otras cosas
semejantes, para luego revenderlos’.
motejar: ‘notar, censurar las acciones de alguien’.
fullería: ‘trampa, engaño’.
alifafe: ‘achaque’.
neófito: ‘persona recién convertida a una religión’.
cenobita: ‘persona que profesa la vida monástica’.
huero: ‘vacío, sin sustancia’.
III. EPÍLOGO. CARTAS DE MI HERMANO (pp. 197-203)
1.
2.
3.
Han pasado cuatro años desde la boda de Pepita y Luis. En ese
tiempo, Antoñona ha vuelto con su marido, con quien regenta una
taberna; Currito se ha casado con la hija de un rico labrador; el
conde de Genazahar, después de haber estado cinco meses
convaleciente, ha satisfecho la mitad de la deuda contraída con
Pepita; el padre Vicario ha fallecido; el hermano tarambana de
Pepita ha hecho fortuna en Cuba y va a ingresar en la aristocracia
con el titulo de marqués o duque; Pepita y Luis son padres de un
niño, Periquito, que lleva el nombre de don Pedro, y viven felices;
don Pedro encara su vejez con alegría y satisfacción por todo lo
logrado.
Pepita y Luis son un ejemplo de matrimonio cristiano: son
caritativos y piadosos; sirven a Dios con el «amor lícito de lo
terrenal y caduco»; tanto Luis como Pepita viven «con gran
devoción cristiana dando gracias a Dios por el bien que gozan, y
no viendo base, ni razón, ni motivo de este bien, sino en el mismo
Dios» (p. 202).
Efectivamente, el desenlace de la novela muestra a los
protagonistas viviendo en armonía con la naturaleza (asociada a
lo pagano y terrenal) y con Dios (se espiritualizan a través del
amor que les une). Por eso, en su casa algunas salas «parecen
preciosas capillas católicas o devotos oratorios» (p. 202) y el
cenador «se ha transformado en un airoso templete, con pórticos
y columnas de mármol». Recuerda éste a los templos antiguos
donde celebrar el amor; además, posee dos pinturas que
representan a la ninfa Psiquis (representación del alma, el
espíritu) y al dios Amor (o Eros), y a Dafne y Cloe, los amantes
pastoriles de la novela del escritor griego Longo (s. III o IV).
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
CUESTIONES GENERALES:
1.
2.
La novela se divide en tres partes, cada una de naturaleza
diversa: la primera está escrita en forma epistolar y la componen
las cartas que, desde el 22 de marzo al 18 de junio, don Luis
envía a su tío, el Deán; la segunda parte es una narración en
tercera persona que cuenta lo que sucedió en los días siguientes a
la redacción de la última carta; la tercera parte de la novela
recoge, junto a los comentarios del narrador, fragmentos de las
epístolas que don Pedro envió a su hermano el Deán desde el día
de la boda de Pepita y Luis (es decir, prosigue la acción donde la
dejamos en la segunda parte) hasta cuatro años más tarde. El
narrador de la primera parte es, por lo tanto, don Luis; el de la
tercera, principalmente don Pedro. El narrador de la segunda
parte y del inicio de la tercera podría ser el Deán, tal y como se
sugiere en el Prólogo; sin embargo, parece más bien que otro
narrador se ha dedicado a transcribir la narración del Deán,
interpolando algunos comentarios. Se entiende así la oportunidad
de ciertas digresiones, como la que juzga auténtica y verosímil el
diálogo que Luis y Pepita mantienen en la casa de esta última (p.
155), o la que, tras dudar de la autoría del Deán, concluye que no
hay nada en el relato que contravenga la moral cristiana (p. 177).
A pesar de la constante indagación en la mente de los personajes,
especialmente don Luis y Pepita, éstos no evolucionan en exceso.
Más bien, el desarrollo de la novela corrobora las motivaciones
emocionales de los protagonistas: al principio ambos reprimen sus
sentimientos, hallando refugio en la religión (Pepita se consagra a
las obras piadosas y don Luis busca en su vocación sacerdotal una
suerte de amor absoluto); a medida que evolucione la relación
entre ambos, se hará patente en ambos la conveniencia (para
lograr la felicidad) de armonizar el deseo de perfección con el goce
de la vida y de los sentidos. Todos estos matices, sin embargo, el
lector los puede apreciar, entre otras cosas, porque se ofrecen
varias visiones de los personajes: se caracterizan a sí mismos a
través del discurso directo (don Luis en sus cartas, pero también
en los diálogos, lo mismo que Pepita), y del discurso indirecto (el
narrador de la segunda parte a menudo describe los pensamientos
de ambos); no hay que olvidar tampoco que los otros personajes
opinan acerca de los protagonistas, especialmente don Pedro, el
Deán y el señor Vicario.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
3.
4.
5.
Pepita Jiménez puede considerarse una novela realista porque
ambienta su historia en una época contemporánea al autor y trata
de resultar verosímil ofreciendo una ilusión de realidad. Por ese
motivo, la acción tiene lugar en un espacio reconocible (un pueblo
de Andalucía) y escoge a sus personajes de la realidad
circundante (un seminarista, una joven viuda acaudalada, un
cacique, un vicario, etc.); además, no hay elementos fantásticos o
que resulten imposibles con respecto a la acción (recuérdese la
crítica a los lances novelescos inverosímiles de las páginas 155156). Encontramos también algunos pasajes costumbristas, que
dan color local a la obra, por ejemplo, en la descripción de las
comidas y convites, de las fiestas del lugar, de los juegos con los
que se entretienen los parroquianos en el casino, etc. De igual
modo, el narrador ofrece detalles de las vestimentas de los
personajes, sobre todo de Pepita, la decoración de la casa de la
viuda y de los objetos religiosos que hay en ella. Por otra parte,
se aprecia un grado de estilización importante: el modo de
conducirse y de hablar de los personajes principales es, en
ocasiones, más literario que realista: Pepita y Luis aparecen
idealizados, pues expresan sus pensamientos –a menudo de
naturaleza elevada- en un lenguaje que resulta muy elaborado.
Contrastan con otros personajes (Antoñona, mujer campechana y
de pueblo, pero también con don Pedro o el Vicario), mucho más
naturales o compatibles con la realidad del momento.
La obra se ambienta en un pueblo de Andalucía: ello se dice en
varias ocasiones, aunque sin revelar nunca el nombre de la villa.
Hay para ello una justificación narrativa: el relato, que pretende
pasar por verdadero, protegería con el anonimato a las personas
reales que se esconden detrás de los personajes. Además, no
faltan los rasgos costumbristas: hay referencias a comidas típicas
de Andalucía, músicas y bailes, maneras de vivir la religiosidad,
etc. No obstante, vale notar que el espacio presenta un grado
importante de estilización: la Andalucía de las páginas de Pepita
Jiménez recuerda a la Arcadia clásica, al Paraíso terrenal: es el
lugar donde, a la par que asistimos a la explosión de la primavera
y la llegada del verano, germinarán los amores de Pepita y Luis.
En este entorno, la exaltación de la naturaleza sirve de marco
propicio para la unión de los amantes.
Parece que Juan Valera propone una síntesis entre los dos polos
que, al principio de la novela, dominan (y atormentan) la
existencia de Luis. Hace compatibles el amor a Dios (el espíritu)
con el amor a la mujer (lo material): el resultado es la
sublimación de los afectos humanos, como apreciamos al final de
la obra.
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Solucionario: “Pepita Jiménez”
6.
Respuesta libre. Habría otros temas importantes, siempre dentro
de la categoría del afecto humano: además del amor entre
hombre y mujer, la novela aborda el cariño paterno-filial, la
amistad o cariño entre iguales y entre personas de distinta clase o
condición (el Deán y Luis, Antoñona y Pepita, por ejemplo), la
autenticidad de los sentimientos, etc.
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