la curiosidad - Josué Hernández

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LA RAÍZ DEL PROBLEMA
POR QUÉ PECAMOS Y CÓMO PODEMOS SUPERARLO
LA CURIOSIDAD
Introducción
 La predicación del evangelio motivó el deseo de los filósofos atenienses por saber
más de lo que Pablo enseñaba (Hech. 17:16-21).
 Es probable que usted sea como los filósofos atenienses, en la reacción frente a lo
que nos causa interés.
 Deseamos llenar el vacío de información por naturaleza. Hay una razón para esto,
Dios nos creó así (Hech. 17:24-27).
Dios nos creó con el anhelo de saber. ¿Para qué puso Dios en nosotros tal
capacidad de comprensión? “para que busquen a Dios”, dijo Pablo.
Dios nos ha diseñado para que nos asalten algunas preguntas cruciales: ¿De
dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? La búsqueda adecuada de una
respuesta a estas preguntas necesariamente nos llevará a Dios.
 Sin embargo, el “anhelo de saber” sin control y mal dirigido nos meterá en muchos
problemas. Satanás se aprovechó de la curiosidad de Eva para conducirla al pecado
(Gen. 3:4-6).
 Satanás no trató de convencer a Eva de que no pecaría. Implícitamente, Satanás
reconoció el hecho de que era una transgresión. Pero, él motivó la curiosidad de Eva
para que ella pensara que la transgresión le traería un beneficio, la satisfacción de su
curiosidad. Eva entendió bastante bien la pena de muerte que vendría por violar las
instrucciones de Dios. No obstante, ella confió en Satanás quien le dijo: “No
moriréis”.
 Satanás sigue mintiendo y motivando la curiosidad de la gente, haciéndoles creer que
podrán pecar sin sufrir consecuencias. Son de Satanás ideas tales como: “Nadie lo
sabrá”. “Nadie saldrá lastimado”. “Siempre hay tiempo para arrepentirse después”.
I. El peligro de un pecado
 Sólo basta un pecado para quedar separados de Dios, poniendo así en peligro eterno
nuestras almas (1 Jn. 3:4; 5:17; Rom. 3:23; 6:1-2).
Simón estaba en serio peligro y necesitaba arrepentirse de un solo pecado que
estaba ocasionando estragos en su ser (Hech. 8:20-23).
“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace
culpable de todos” (Stgo. 2:10).
 Un solo pecado basta para enredarnos y atraparnos por siempre (2 Ped. 2:19-20).
¡Con el pecado no se juega!
Todo comienza con el primer cigarrillo, la primera copa de vino, la primera
probada de marihuana, el primer robo, la primera fornicación, etc.
El caso de David con Betsabé (2 Sam. 11-12): Codicia, adulterio, embarazo no
deseado, homicidio… ¡Todo por un solo pecado!
II. No necesitamos curiosear el pecado
 No debemos curiosear con el pecado (Jer. 4:22; Rom. 16:19; 1 Cor. 14:20).
 Ya debiéramos tenerlo bien claro. Tuvimos experiencia con el pecado (Rom. 3:23; 1
Cor. 6:9-11; 1 Ped. 4:3).
 Tenemos la experiencia de otros (1 Cor. 10:11).
 La satisfacción del pecado es de corta duración (Heb. 3:13; 11:25; 1 Jn. 2:17).
 Experimentar con el pecado no será beneficioso (Mat. 7:23).
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Por Josué Hernández
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LA RAÍZ DEL PROBLEMA
POR QUÉ PECAMOS Y CÓMO PODEMOS SUPERARLO
III. No se rinda ante la curiosidad. El anhelo de comprender y experimentar no es malo
necesariamente. Pero, debemos redirigir nuestra curiosidad, cambiando nuestro enfoque,
controlando nuestro anhelo de saber:
 Obtener más información sobre la voluntad de Dios para nosotros (Ef. 5:17).
 Obtener más información acerca de los pueblos y lugares mencionados en la Biblia
(historia, geografía, arqueología, etc.)
 Conocer más de las maravillas de la creación de Dios. El mundo que nos rodea es un
testimonio del eterno poder y divinidad de Dios (Rom. 1:20).
 Aprender a utilizar los recursos de la naturaleza para el propio sustento. Dios, en su
providencia, ha creado un mundo que puede sostener la vida, el suministro de
recursos para la alimentación, ropa y vivienda. Podemos aprender maneras de usar
mejor las cosas que Dios nos ha dado.
 Aprender de los demás en las diversas áreas de conocimiento. Esto puede abrir las
puertas para ayudarles y enseñarles la palabra de Dios.
 Aprender todo lo que nos pueda ayudar, ya sea en el servicio a Dios o en el
cumplimiento de nuestras responsabilidades cotidianas.
Esto ciertamente no es una lista exhaustiva. Pero el punto es que podemos utilizar nuestro
anhelo de saber de una manera buena, en lugar de experimentar y abrir la puerta al pecado
por curiosidad.
Conclusión
 Frecuentemente se peca por la simple curiosidad de experimentar lo malo.
 El deseo de saber y comprender no es malo en sí. Dios nos creó con el impulso innato
de llenar el vacío de información que tenemos para dirigirnos a la vida eterna.
 El pecado no es algo que debiera despertar nuestra curiosidad. Un solo pecado puede
separarnos eternamente de Dios.
 No desperdiciemos nuestra capacidad y tiempo corriendo tras el pecado. Podemos
llenar la mente con buena información.
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Por Josué Hernández
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