Laísmo, loísmo y leísmo

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Laísmo, loísmo y leísmo
Lenguaje
Español
Perspectiva sincrónica (en un momento dado),
diacrónica (a través de la historia) y sociolingüística
Los cambios históricos, y las consiguientes diferencias dialectales, observados en el empleo de los pronombres clíticos –categoría que está a medio camino entre ser palabras y ser morfemas, es decir entre
ser independientes o ser dependientes de otras palabras. Por ejemplo: le dijo; díjole; le, la y lo– han
suscitado interés desde los comienzos de la lingüística científica1. Según la etimología, tenemos:
Pronombres
clíticos
Procedencia
Tipo de
complemento
Ejemplo
le
Del dativo latino illi, sin distinción de género.
Indirecto
(dativo)
Amalia entregó la carta de renuncia a
su jefe > Amalia le entregó (complemento indirecto: a su jefe) la carta
de renuncia.
la
Del acusativo latino illam,
con distinción de género
(femenino).
Directo
(acusativo)
femenino
Amalia entregó la carta de renuncia a
su jefe > Amalia la entregó (complemento directo: la carta de renuncia)
a su jefe.
lo
Del acusativo masculino latino
illum y del neutro illud.
1 Véase RUFINO JOSÉ CUERVO. Los casos enclíticos y proclíticos del pronombre de tercera persona en castellano, en Romania, XIV
(1895), págs. 95-244; SALVADOR FERNÁNDEZ. Gramática española. Madrid, Revista de Occidente, 1950; RAFAEL LAPESA.Sobre
los orígenes y evolución del leísmo, laísmo y loísmo, en K. BALDINGER, Festchrift von Wlater von Wartburg, Tübingen, 1968, págs.
523-551; FRANCISCO MARCOS MARÍN. Estudios sobre el pronombre. Madrid: Gredos, 1968.
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Laísmo, loísmo y leísmo
Este sistema –que se puede llamar casual por basarse en primer lugar
por distinción de caso– parece ser el que determina el habla de la gran
mayoría del mundo hispanohablante, con salvedades.
Así, se ha propuesto que los hablantes estudiados emplean le para el
género masculino; la para el femenino y lo al neutro. El problema está en
el uso de lo, que aun en zonas referenciales, se emplea con mucha frecuencia para antecedentes que no son neutros. Por ejemplo: “hiervo el
agua, lo tengo hervido en una botella, todos los días lo hiervo. Y luego no
más es templarlo”. Lo adecuado sería: “hiervo el agua, la tengo hervida
en una botella, todos los días la hiervo. Y luego no más es templarla”.
Hay zonas de este mundo, al que hemos llamado hispanohablante
–como la de Castilla (España)–, en donde el empleo de le, la, lo no parece responder a distinciones de caso. Más bien parece reflejar características del objeto referido en sí, o de su denominación lingüística. Este
segundo sistema lo llamaremos referencial.
Parece que en el habla de la zona estudiada se distingue, en primer
lugar, entre referencia a entes individualizados o limitados, y referencia a entes continuos o sin límites. Los
primeros los designa, normalmente, por su género gramatical: sin son masculinos por le, y si son
femeninos por la. Ejemplo: Le (ente individualizado: él) dije que sí. Los últimos, en
cambio, normalmente los designa por lo
–tanto si lingüísticamente son femeninos
como si son masculinos–. Ejemplo: “El
orégano lo pasaba luego… ¿Qué más había de especies? Pimienta, pimienta molida, que también si no estaba molida pues
lo molíamos”.
El interés puesto en el empleo de los pronombres clíticos se ha concentrado, precisamente, en los empleos individuales referenciales que
difieren de los correspondientes casuales. Es decir, desde una óptica
histórico-etimológica, apoyados en datos de la lengua escrita. En cambio, no ha recibido casi atención el estudio sincrónico de la cuestión. En
otras palabras, no se ha puesto interés suficiente en averiguar las normas que caracterizan el vernáculo o lengua hablada en distintos grupos,
como tampoco en determinar los principios lingüísticos (el sistema) y la
dinámica sociolingüística que dichas normas manifiestan.
La investigación realizada por Flora Klein-Andreu, en la que nos basamos, arroja estos resultados en la población en que fue estudiada:
los usos referenciales de mayor incidencia en el discurso son el laísmo
–que consiste en usar el pronombre la en vez de le. Ejemplo: La dio (a
la niña) la razón. Lo normal sería: Le dijo a la niña la razón– y el leísmo,
referido tanto a seres vivientes como a inanimados. El leísmo consiste
en usar le en vez de lo y la. Ejemplo: No le he visto por No lo he visto
(para el masculino) o por no la he visto (para el femenino). De esta realidad observada, se desprende una hipótesis: las diferencias entre los
pronombres le, la y lo no desempeñan en la zona estudiada una misma
función distintiva.
Por último, generalmente la población en
estudio emplea le, cuando se refiere a seres vivientes y lo cuando se refieren a entes inanimados. Ejemplo: Le durmió cantándole. Y “Ya lo trajo (el periódico)”.
KLEIN-ANDREU, Flora. Empleo de “le”, “la”, “los” (adaptación). En: Thesaurus. Boletín del Instituto Caro y Cuervo. Tomo XXXVI, mayo-agosto de
1981. Nº 2.
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