Ferrocarril y Canal de Panamá - Actividad Cultural del Banco de la

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BOGOTÁ.
I:MPREN'l'A DE VAPOR DE 7lALAMiil.k HERMANOS.
FERROCARRIL
y
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CANAL DE PANAMA.
BOGO'rÁ.
IMPRENTA DE VAPOR DE ZALAMI!JA HERMANOS.
FERROCARRIL YCANAL DE PANAMÁ.
ADVERTENCIA
Con el fin de que so comprenda mejor la cuestión
que se ventila, por bs personas quo no estén bien
inteligeneiadas del curso que ha llevado, he creído
conveniente copiar, como introclncci.ón, la sianiente
importante nota del señor Conde de Lesseps, relativa.
al asunto:
CompaJíút Uniororsrtl del Canrtl intaoceánico de Prtnamrí.-J.Yúmm·o G:B,5liU.-Pal'ts, 4 de Oct'ltóre
de 1883.
Señor Ministro.
lie tenido ronocimi.cnto de la carta c¡uo mo ha
hecho us(Pci l'l honor ele diriginne l'l ~~ dn Mayo ültimo, y qu<' me ha ::;ido entregada por el SC'Jior Gil Colunje el ~D dl:' ~lt·ptú>mLre, Jespués ele ]u::; dil' <•n;;t:o~
conferencia::; que hemos icnido sobn~ los nHuntos de la
misión que él d0uía cumplir.
En las rlisctu>iones q tll' ha hn birlo con ocasión d l
reclamo clü indemnización <tllc el :;eitor Gil Colunje es~
taLé~. encargado de someter á la Compaüfu, se ha oxamÍJtacl•) s<\riamc'tl1<' el ill'guntl'l\to prin<·ipal qtl(' invoca
ust<·d l'll sil <:ar1n. 1•:1 con:-;istL' t'IJ cl•·<:it· qut> HÍ la CompaiiÍa dPl Fl•rrocanil, l'll stt (':ilid;~d dt• usufructuaria.
-4-
durante el tiempo de la concesión, no tiene indemnización que reclamar, puesto que la Compañía del Canal
ha adquirido la mayor parte de sus acciones, no sucede
lo mismo con el Gobierno colombiano, el cual, según
el contrato de 5 ele Julio de 1867, quedaba como propietario del Ferrocarril y debía volver á tomar la concesión en 1966, tocándole hasta esa época una renta
anual de $ 250,000.
Este argumento tenía efectiYamente su valor antes
de ]a ley de concesión del Canal, de 18 de Mayo de
1878, y no puede dudarse de que los autores de esta
ley lo tuvieron en cuenta al adoptar sus disposiciones.
J\1e parece necesario recordar que habiendo obtenido la Compañía del Ferrocanilla concesión de un
priYilegio exclusi,'o, se redactó el artículo 11 del contrato de 1867, en previsión de que se hiciera cla.ño á
ese privilegio con la excavación de un Canal marítimo,
fuera que la obra se emprendiese por el Gobierno
mismo ó que se concediese á una Compañía. El Gobierno colombiano se constituía garante para con la
del Ferrocarril, en el caso de que su privilegio fuese
menoscabado por la competencia del Canal.
Cuando se trató, pues, de que el Gobierno colombiano acordara la concesión del Canal por la ley de 18
de Mayo de 1878, había dos intereses distintos que
amparar, el de la Compañía del Ferrocarril, para con la
cual estaba obligado el Gobierno por la garantía que
le había dado, y su propio interés por la razón de los
derechos que tenía como nudo propietario del camino
y de la renta anual ele$ 250,000.
N o me cansaré de rogar á usted el m' se fije bien
en que la ley de concesión de 18 de Mayo ele 1878, ha
proYisto á este doble interés.
Por su artículo 3. dicha ley libertó 11.l Gobierno
colombiano de la acción de garantía á que estaba ohliO'ado para con la Compañía del Ferrocarril por el
~nenoscabo hecho á su privilegio, imponiendo á la Compañía del Canalla obligación de entenderse amigablemente con la Oompaííía del Ferrocarril, ó en defecto
0
-5-
de una inteligencia amigable, se estipuló que habría
lugar para que las dos Compañías recurriesen á un
arbitraje, en los mismos términos en que la Compañía
del Ferrocarril y el Gobierno colombiano habrían
tenido que hacerlo conforme al con trato de 5 ele Julio
de 1867. No se trataba de un repartimiento sino que
las dos Compañías tenían completa libertad para entenderse amigab1Gmente. Debe notarse, por otra parte,
que la adquisición de la mayor parte de las acciones
no tienen de ningt1n modo el carácter de un arreglo
de indemnización.
Estando arreglados así los derechos del Ferrocarril, el Gobierno coloinbiano estipuló después, por su
propia cuenta, las ventajas que se reserraba y las formuló en el artículo 15. (*)
N o me parece posible admitir que, al ~jar en escala ascendente latí participaciones <Í que el Gobierno
tiene dereeho en los productos del Canal, no hubiera
previsto la eYentualidacl ele la diminución en los del
Ferrocarril, puesto que el aumento en las entradas del
(*) "Art. 1.3. Como una compensación de los derechos y exenciones que
se otorgan á los concesionarios por este contrato, tcudní el Gobierno de
la República derecl:lo á nna partici pnción ignal al cinco por ciento de todo
lo quo se recaude por la empresa, en virtud de los derechos que so establezcan de conformidad con el artículo 1 !, durante los Yeiuticinco primero.JS aüos
de abierto el Cau•l al scn·icio público. Del Yigésimo-sexto aiio en adelante
hasta el quincuagésimo inclusive, tendní derecho ,¡ una participación del
seis por ciento; del q nincnagésimo-prin1cro al septnagésimo quinto, siete
por ciento, y del septuagésimo-sexto hasta la terminación del privilegio, el
ocho por ciento. Bs entendido que e&tas cuotaR se tomarriu. como se ha
dicho, del producto bruto de todas las entradas, sin deducción do ninguna
clase, ni por gastos, ni por intereses de acciones, ni de empréstitos ó deudas
que graven la empretia. El Gobierno de b República tcudrá derecho de
nombrar un comisionado ó agente qno inten·ellga en la recaudación y examine esta etwuta, y la distribución ó pago de las cuotas que corresponden
al Gobierno, se baní por semestres vencidos. El producto del cinco, seis,
siete y ocho por ciento se distribnirá así:
•· Cuatro quintas partes de 01 senín para el Gobiemo rle la República
y la quinta parte restante sen\ para el Gobierno del Est.ado por cuyo t.enitono pase el canal.
" La Compaiiía empresaria garantiza al Gobieruo do Cnlombia que la
participación de éste no será menor, en ningún caso, do h suma do doscientos cincuenta mil pesos anuales, que es la misma que él per(;ibe ¡l(lr participación en los productos del Ferrocanil de l'anam•Í: d.e mnucm <¡ne si en
algún año el cinco por ciento de pMticipación no alcanzare ,¡ dicha suma,
ésta se completará de los fondos comunes de la Compañía."
-6-
Canal debe en verdad coincidir con la reducción de los
productos del Ferrocarril, y es tan cierto que el artículo 15 fué redactado bajo el imperio de esta previsión
que él contiene una disposición en que se dice que la
Compañía del Canal debe garantizar precisamente como
mínimum la percepción de la suma de$ 250,000 que
debía pagarse por la Compañía del Ferrocarril.
El Gobierno colombiano debe, pues, por sus proventos en los productos del Canal, recuperar así, y con
creces, todas las ventajas que debían resultarle de la
explotación del Ferrocarril y de la readquisición de la
concesión, y no veo yo razón alguna capaz de justificar
una indemnización que debería ser la compensación de
los perjuicios que pudiese sufrir el Gobierno por la
competencia ó la rivalidad del Canal.
Esta interpretación de la ley de 18 de Mayo de
1878, que parece conforme al derecho y á la equidad,
no me ha permitido aceptar el principio en que se
funda la demanda que me ha presentado el señor Colunj e, y me complazco en creer que después de un
nuevo examen adquirirá usted también la convicción
de que la Compañía ha cumplido hasta aquí con todas
las obligacionts que se le han impuesto, y que su deber
es ahora acelerar tanto como sea posible los trabajos
de ejecución para llegar al periodo en que ella divida
sus productos con el Gobierno de los Estados U nidos
de Colombia, en las proporciones que se han establecido.
Al terminar, debo expresar á usted cuánto me
felicito por las relaciones que he cultivado con el señor
Colunje, cuya distinción y cortesanía han estado constantementA de acuerdo con el carácter de la misión
que se le confió.
Reciba el señor Ministro la seguridad de mi alta
consideración.
El Presidente Director,
CoNDE
FERDINAND DE LEshPs.
Señor Galindo, Secretario de Estad.o del Despacho de Hacienda.
FERROCARRIL Y CAN AL DE PANAMA,
La ciréunstancia de no haberse podido llegar á
:arreglo con la Compañía del Canal, sobre este importante negociado, no obstante qne se han hecho
grandes esfuerzos para ello ; y el convencimiento que
abrigo al mismo tiempo, de que el Gobierno tiene ab~ luta necesidad de darle una pronta y decisiva solución, me deciden á someter respetuosamente á su con-deración, el resultado del corto estudio que he hecho
de los contratos sobre que versa, con el fin de excitar
:!.las personas competentes á tomar parte en el asunto,
y dar al Gobierno una prueba de mis deseos de serrirlo en esta ocasión, con mi pequeño contingente.
Dos contratos forman los elementos principales
qu.e deben tenerse presentes en este examen : 1.0 el de
16 de Agosto de 1867, reformatorio del de 15 de
Abril de 1850, celebrado con la Compañía del Ferrocarril de Panamá; y 2. el de 17 de Mayo de 1878,
eelebrado con el señor N. B. W yse, para la formación
de la Compañía, hoy ya organizada, bajo el nombre
de ot~ CompMiía universal del Canal clel Istmo de Pat.m
0
Ka11ui.''
Estos dos contratos han sido y son absolutamente
inllependientes el uno del otro, y fueron celebrados
con un intermedio ele once años ; pero hay en ambos
un& .estipulación que ha Yenido á relacionarlos, y es la
q_ue se halla contenida en el artículo 2. del primer
contrato, que dice así :
"El Gobierno de la República se compromete,
•.:durante el tiempo que permanezca vigente el privi""'legio exclusivo que se concede á la Compañía para
0
-8-
" la explotación del Ferrocarril, á no construir por sí,
" ni conceder á persona ó compañía alguna, por cual" quier título que sea, la facultad de establecer otro
" camino de carriles de hierro en el Istmo de Panamá;
"y se estipula igualmente que mientras subsista el
"mencionado privilegio, el Gobierno no podrá em" prender por sí, ni permitir que persona alguna em" prenda sin acuerdo ó consentimiento de dicha Compa" ñía, la apertura ó explotación de ningún Canal marí" timo que comunique los dos océanos al través del
" expresado Istmo de Panamá, al Oeste del Cabo Tibu" rón en el Atlántico y Punta Garachiné en el Pacífico.
"Pero queda estipulado que el derecho que se concede á
"la Compañía para dar su consentimiento no se extien" de á que pueda oponerse á la construcción de un Ca" nal al traves del Istmo de Panamá (excepto en la ntta
"del mismo ferrocarril), sino solamente á que pueda
" exigir un precio equitativo por tal privilegio, y como
" indemnización por tos daños que p~tdiere sufrir la
" Compañía del Ferroca1·ril por la conc~trrencia ó com-
" petencia del Canctl.
" Si al Gobierno de ]os Estados Un idos de Co" lombia no Je pareciere la suma que se exija por la
" Compañía, equitativa, entonces será fij::tda por árbitros
" en Nueva York ó Panamá, el uno nombrado por el Go" bierno y el otro por la Compctfíía~· y en caso de no
"estar éstos de acuerdo, los dos nombrarán un tercero,
" cuyo fallo será sin apelación. Para pronunciar el fallo,
"los árbitros tendrán en consideración los fundamentos
"en que se apoya la Compañía y el informe que dará el
" Gobierno sobre la materia, y en vista de ellos resolve" rá11 sin apelación, lo que crean más justo y equitativo,
" ~la suma cualq~tiera q~te sea que difinitivamente
" se designe, corresponderá por mitad á la Compañia
" del Ferr·ocarril y al Gobierno de Colombia."
Tales son los términos del artículo sobre el
cual versan las cuestiones que tratamos de resolver ;
pero para poder entrar luégo en la cita y análisis del
referente al de la Compañía del Canal en particular, que
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se relaciona con éste, conviene establecer desde ahora
el verdadero sentido y el alcance de las cláusulas contenidas en el que acabo de copiar.
Consideremos su inteligencia en la primera parte; veamos á qué se obligó la Compañía para celebrar el arreglo amistoso de que trata ; y si ese
arreglo puede ser sustancialmente distinto del arreglo forzado de que habla la segunda parte, en el
caso de que el Gobierno no lo hubiera hallado equitativo, según lo expresa el mismo artículo.
El derecho á la propiedad del Ferrocarril es
uno de los que en el contrato ha quedado claramente establecido y en esto no cabe duda; pero hay
además entre los derechos reconocidos al Gobierno,
el de figurar como partícipe con la Compañía en los productos del Ferrocarril, por el largo periodo de 99 años ;
participación estimada en 250 mil p esos anuales que
se obligó á pagarle punt.ualmente la Compañia, según
consta del artículo 3. del contrato.
Esto sentado, se pregunta: i Al entrar la Compañía en un arreglo con la del Canal, para (lLle ésta ejecutase la obra prevista en el artículo menciona do, una
vez que ha escogido la zona de que allí se trata para
la apertura del Canal, ¿de qué re1:juicios, de qué intereses se habría élla de indemnizar~ Indudablemente
sería de los perjuicios que á ella misma se le siguiesen
y de los que sufriría también el Gobierno, interesado
en la misma empresa, cuyos derechos le ha comprado.
¿Cómo podría libertarse de otro modo, al ceder el
ferrocarril, existiendo la obligación que contrajo á
favor del Gobierno, de pagarle 250 mil pesos anuales
durante 99 años con los productos de la misma empresa '? La sola enuhciación de la cuestión la resuelve
por sí misma. Esa indemnización que la Compañía
debería pedir á la del Canal, debería comprender necesariamente, no sólo sus derechos directos, sino también los del Gobierno de que es ella misma responsable,
según lo pactado en el artículo del contrato.
En efecto, un arreglo en que el Gobierno no
0
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hubiera quedado indemnizado de la pérdida de la anualidad que le debe pagar la Compañía sobre una empre8a expuesta á desaparecer, á virtud del convenio
mismo que 8lla celebraría, sería nulo y de ningún valor.
Nótese bien. La Compañía se ha obligado á pagarle una suma fija durante 99 años al Gobierno por los
derechos que tiene en la empresa. ¿Cómo podrá celebrar
ella, repito, convenios, amistosos ó nó, que no la pusieran á cubierto de esa obligación cuando esos convenios
debían poner en peligro la empresa misma en donde
estaban afianzados los derechos del Gobierno?
Así pues, el arreglo de que trata el artículo citado
en su primera parte, no podrá celebrarse jamás, sin
abrazar todos los intereses comprometidos en la cuestión , es decir los de la Compañía del Ferrocarril, los
del Gobierno y los de la Compañía del Canal.
En apoyo de esta opinión existe la razón muy poderosa, de que el segundo término, ó sea la segunda
parte de la disyuntiva que establece el mismo artículo
para esta negociación, pone á la Compañia en la necesidad absoluta de unir sus derechos y los del Gobierno
en el arreglo que celebre. Los dos derechos, dice el
artículo, se est?:mctrán oyendo al Gobierno y á lct Compafíia, y de la suma que en totalidad se deba pagar,
la mitad corresponderá al Gobierno y la otra mitad á
la Compafíia.
Se ve, pues, que la suma correspondiente al
Gobierno, según el segundo término de la disyuntiva,
es la mitad de lo que se le acordase á la Compañía; y
es de sentido común, que, la que debiera corresponderle, por la primera parte de la disyuntiva, debería
ser, si no igual, sí muy aproximada á ella..
Esta igualdad, que en rigor lógico, en buena fé
y en derecho legal, debiera resultar al optar por uno Ó
por otro medio, ha debido ser, en mi humilde opinión,
la razón que decidió á la Compañía á no adoptar ninguno de ellos ; porque al fin ¿cómo se comprende que
pudiéndolo hacer en algún caso con la ventaja de no
pagar millones de pesos, no hubiera procedido á cele-
-
11-
brarlo conforme á él~ ¿Cómo se comprende que estando solemnemente comprometida á celebrar cua.lquiera de los dos arreglos, haya rehusado hacerlo , del uno
ó del otro modo, aun pasando por la infracción de una
cláusula tan importante del contrato'? Sin duda. alguna,
porque ambos le eran igualm ente des.-entaj osos.
En el desarrollo que le he dado al examen de las
condiciones con que ha debido celebrar la Co mpañía
del Ferrocarril su arreglo con la del Canal, conforme
á la prjmera parte del artículo citado, ha quedado ya
virtualmente establecida la inteligencia de la ~t·g unda;
es decir, en la gue, por no poderse poner ele acuerdo
las dos Compañías amistosamente, tuviese gn t' intervenir activamente el Gobierno; pero no t;erá por
demás hacer algunas explicaciones que puedan aclarar
más su inteligencia.
Facultada la Compañía del Ferrocanil para
celebrar amistosamente el co n \'enio con la del Canal,
los derechos del Gobierno hacia aquélla habrían
quedado asegurados naturalm ente, poniéndolos ú cargo
de la Compañía del Canal; se habría pactado que
esta Compañía siguiera pagando al Gobierno hasta el
fin del contrato, la anualidad ele 250 mil pesos y que
cumpliese por fin todas las demás obligaciones que
tiene contraídas para con él. Esto me parece claro.
Pero una vez que, al llegar al segundo caso, el Gobierno mismo debía intervenir activamente en el arreglo ; que debía nombrar uno de los dos arbitradores
para justipreciar los derechos ele la Compañía y los suyos propios, se pudo establecer el que se avaluasen los
del Gobierno en cantidad fija ;y se conviniese, como se
hizo, en que valiesen tanto unos derechos como otros
por lo tocante al uso del Ferrocarril.
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El procedimiento, pues, habría sido lo más congruente y más regular en ambos casos, es decir, en el
d.e hacer un arreglo amistoso, ó en un arreglo forzoso ;
Circunstancia que hace innecesaria mayor explicación
sobre el sen ti do recto del artículo.
Puesta de manifiesto la inteligencia justa y legal
del artículo 2. del contrato celebrado con la Compañía del Ferrocarril, pasemos á ocuparnos ahora del
celebrado con ]a Compañía del CanaL
El artículo 3. 0 del contrato dice así:
"Si el trazo del Canal por construir de un Océano
"á otro, pasa al Oeste y al Norte de la línea derecha
"ideal que junta el Cabo Tiburón ú la Punta Ga.rachiné?
"los concesionarios DEBERÁN entenderse amigablemente
"con la Compañía del Ferrocanil de Panamá; ó PAGARLE
0
"UNA
EDEl\INIZACIÓN
QUE SE ESTABLECERÁ EN LOS TÉRMINOS
46 DE 16 DE AGOS'rO DE 1867 QUE
5 m; .JUNIO DE 1867, RE~ORMATO­
ABRIL DE 1850, SOBim CONSTRUCCIÓN DE.
"PREVISTOS POR IJA LEY
"APRUE BA EL CELEBRADO EN
"RIO DEL DE
"UN CA;)fUi'O
15
DE
DE CARRILES DE
HIEP,RO, DE UN OCÉANO .Á OTRO
''POR EL ISTMO DE PANAMÁ.''
Las estipulaciones que resultan de este artículo,.
son las que ponen en relación los dos contratos, y conviene, para no perder el hilo de la cuestión, tener presente lo que dejamos dicho respecto del primero.
Este artículo impone á la Compañía del Ca.nal,
como se ve, el mismo DEBER de celebrar uno ele los dos
arreglos que en él se prescriben, sin lo cual no tiene
derecho alguno para trazar el Canal, por la zona reservach de que trata con especialidad este articulo ele su
contrato ; estipulación obligada y congruente en todo
con la establecida en el contrato celebrado con ]a
otra Compañía, de donde dimana una obligación solemne de ambas para con el Gobierno.
-13-
N o creyó, si'll embargD, la Compañía que le conviniera cumplir el contrato en esa parte, y ocurrió con
infracción de él, á un medio que le ha parecido ser
eficaz pa;ra omitir el cumplimiento de su obligación.
Examinemos su procedimiento, para llegar á la
situación irregular que ha venido á crearse á virtud de
esta omisión.
Una vez constituida la Compañía, su primer cuidado fué fijar la línea por donde debía trazarse el Canal.
Hechos los estudios prácticos y científicos que exigía
la obra, se llegó al convencimiento de que la mejor,
bajo todos aspectos, era precisamente aquella línea reservada por la otra Compañía, á la cual se refieren los
artículos 2. del primer contrato, y el 3. del celebrado
con aquélla, que dejam0s copiado.
Natural era que esta Compañía, en la necesidad de
arreglarse con la del Ferrocarril, para obtener el derecho de exoavar el Canal en esa zema, procediese á cumplir la obligación que se le impuso en su contrato, á
salber: la de oelebr~Nr un arreglo con ésta, de uno de
los dos modos fijados en él; pero no fué así: ella ideó
otro procedimiento, que seguramente le pareció más
ventajoso, y fué, el de comprar, aun por un elevadísimo
precio (cel'ca de diez y nueve millones de pesos), la
casi totalidad de las acciones de la Empresa del Ferrocarril, y procedió luégo á la apertura del Canal por esa
línea, sin celebrar convenio ninguno á este respecto ni
con la Compañia ni con el Gobierno.
Este acto irregular en que se consuma la infracción de los artículos 2. y 3. de los dos contratos, no
podrá justificarse ante la ley positiva, ni ante el espíritu de ellos.
Si la Compañía ha creído verificar con ello la confuBión conocida en el derecho común, para refundir derechos y deberes, en un caso d11tdo, creo que ha sufrido
grande equivocación, puesto que hay derechos de tercero que n0 se han podido confundir. La Compañía,
diee el contrato, dehwá entendense con la otra Compama, Y· deberá celebrar con ella un convenio que la a u0
0
0
0
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t~rice á la apertura del Canal en la línea que ha escogido. Esta es su obligación.
. El deber impuesto á esta Compañía, no es condiCIÓn de cuyo cumplimiento literal pueda prescindirse,
porque de él debe resultar el reconocimiento de derechos valiosísimos del Gobierno, que no pueden quedar
en la vaguedad en que los ha querido poner la Compañía, por el medio irregular que ha adoptado.
La Compañia del Canal se obligó á celebrar ese
convenio con la del Ferrocarril: esa Compañía debe
celebrarlo. Pero, t cómo podrá verificarse en el estado
actual, una vez que la Compañía del Canal ha comprado la casi totalidad de las acciones de la otra empresa? ¿Cómo podrá celebrar el convenio de que hablan los dos contratos~ En manera alguna hoy, porque
eso sería tratar la Compañía del Canal consigo misma,
para estimar intereses ajenos ; y ni ella se atrevería á
hacerlo, ni el Gobierno reconocería ese acto esencialmente nulo.
N o por esto podrá el Gobierno prescindir de obligar á las dos Compañías á cumplir esta estipulación,
en los términos que se hallaren posibles, ó usar de sus
derechos legales para que no sean burlados; derechos
que valen millones de pesos, y que se perderían infaliblemente, &i no se pusiesen en seguridad inmediatamente.
·
La Compañía del Canal habría obrado con gran
habilidad seguramente, si se dejara correr el tiempo,
sin arreglo alguno, hasta el día en que se diese el
Canal al servicio público.
Con efecto, en tales circunstancias podría escoger
una de dos resoluciones, que le serían igualmente ventajosas; ó bien denegarse absolutamente á continuar
pagando la. anualidad que grava la Empresa, si veía
que aun podría serle lucrativo, fundándose para ello
en las razones que ha avanzado ya, tácitamente aceptadas por el Gobierno con su silencio ; y en este caso no
habría más recurso que someterse á un mal pleito, ó á
la pérdida de esa renta; ó bien, si veía que el Ferro-
-
15-
carril no podía resistir la competencia del Canal, tomaría la resolución de abandonarlo con todos sus derechos al Gobierno y demAs acreedores, en cuyo caso los
que existen hoy contra la Compañía, habrían desaparecido y, junto con ellos, la renta afianzada en aquella
Empresa.
Hemos dicho al principiar este estudio que los
contratos celebrados con estas dos Compañías son
enteramente distintos; cada una de ellas deberá pagar
al Gobierno la anualidad Aque se obligó separadamente,
conforme A los respectivos contratos. La confusión,
pues, que parece haberse querido verificar, adquiriendo
casi la totalidad de las acciones de la del Ferrocarril,
no puede producir efecto alguno que dañe los derechos
del Gobierno; porque ambas Compañías existen legalmente, y las acciones que obtuvo la del Canal, llevan
consigo las obligaciones que han tenido y tienen
para con el Gobierno, salvo, no obstante, las que
á virtud del insólito procedimiento de aquélla han
venido á ser de imposible ejecución ; tal es la de
entrar esas dos Compañías en arreglos, conforme á
lo prescrito en los artículos citados, por la razón que
he dado ya, de que ese procedimiento sería nulo,
puest? que en el estado actual eso equivaldría á que la
Compañí::t del Canal tratase consigo misma.
Esta infracción del contrato y esta situación anómala q11e ha creado la Compañía del Canal, parece que
lt> hubiera sido inspirada por la i11teligcncia que quiere
darle al contrato, fijándos<:> principalmente en el artículo 15, según se decluce de la comunicación del señor
Conde de Lesseps, que hemos copiado en la introducción de este trabajo.
Lo primero que debemos observar á este respecto,
es que, fuera de ese artículo 15, no puede el señor Conde ni nadie presentar una sola palabra, en donde se
-16-
haya dicho ó insinuado siquiera sea vagamente, en ese
contrato, que la anualidad de 250,000 pesos que le debe
pagar la Compañía del Ferrocarril al Gobierno debiera
quedar anulada á virtud del contrato que celebrara con
la otra para adquirir los derechos tantas veces mencionados.
N o existe tampoco acto alguno, ni el más pequeño,
respecto á la del Ferrocarril, que la liberte de esas
obligaciones.
Puede provocarse formalmente á esas Compañías
á que los señalen. ¿Cómo es, pues, que el señor Conde
ha podido poner en duda los derechos del Gobierno?
Ello deduce sin duda alguna de la redacción del artículo
15 que ha citado; pero debemos observar al señor
Conde que es muy fácil quitar á ese artículo la importancia que le ha dado en el caso en cuestión, con sólo
recordar los hechos ocurridos en la negociación del
contrato.
Tráiganse á la vista las leyes de 1878 y se verá en
qué términos se pcwtó ese arttculo con el representante
mismo de la CompaA7¿Ía. Podráse notar allí la debilidad del argument0 1 por la sencilla ra7.Ón de que en
ese artículo no se hizo la menor referencia á la renta
del Ferrocarril de Panamá, sino que se estableció clara
y terminantemente entre los contratantes, que la del
Canal debía pagarle cierta suma del producto que
recaudara de su empresa, sin mencionarse aquélla en
lo mínimo, como que nada tenía, ni tiene que hacer con la que debe pagarle ésta. Hé aquí cómo está
redactado :
"Art. 15. Como una compensación de los derechos
y exenciones que se otorgan á los concesionarios por
este contrato, tendrá el Gobierno ele la República
derecho á una participación igual a1 cinco por ciento
del produ cto bruto \l? lo que se r~caude por la emp-r,es~
en Yirtucl el e las tanfas que se fiJen por la Compvma.
Esto es todo.
La referencia, pues, á que tanta importancia parece
haberle dado el señor Conde, fué agregada. por el Con-
-17-
.greso al modificar el artículo, como puede verse en la
ley de ese año y en manera alguna discutida con el
representante de la Compañía. ¿Y sería de suponerse
que ese Congreso le hubiera querido dar á las palabras
-que agregó el alcance que se le supone T Lo que parece
natura.l es qu,j se hubiera querido establecer una especie de comparación, que, si no tiene mayor objeto,
menos Jo tuviera en el sentido que se le atribuye.
En el Congreso hay, á veces, diputados que, sin
.conocer los asuntos de comercio, ni la precisión rigurosa que exige esa clase de contratos, toman parte en
.sus debates, é introducen modificaciones como ésta,
.que no tienen sentido alguno. Esta es la verdad, por
penoso que ~;ea el confesarla, y esto es lo que ha debido
.suceder al examinarse y reformarse en el Congreso el
contrato en cuestión. Por lo demás, esta referencia por
.sí sola, nada significa, pero ella suprimida, no queda
.sombra de duda respecto á la inteligencia del artículo.
La situación actual de ambas Compañías en el
Istmo es irregular. Ambas han infringido sus contratos, ambas son responsables al Gobierno de los pe~jui­
cios que pudieran seguírsele por los actos que han
ejecutado.
El artículo 30 del contrato celebrado con la Compañía del Ferrocarril, dice textualmente lo siguiente:
"El Gobierno de la República se obliga á proteger y
mantener en toda su integridad los derechos de la
Compañía, resultantes del presente contrato ; ~pero
para esto es necesa1·io que la Compañia cumpla pun-tualmente por su parte con los deberes y obligaciones
.que contrae, y que subsista la vigencia del contrato."
¿Ha cumplido la Compañía del Ferrocarril con el
-deber que le impone el artículo 2. 0 del contrato, de
-celebrar un convenio para que pueda abrirse el Canal
-18-
en la zuna en donde se están' ejeeutand'o esos trabajos~
No '; el Gob~erno, puPs, se halla autorizado para usar
de sus derech0R, a n n va:liéndose del peuoso extremo·
de ocurrir al Tribunal que, para casos como el presente, estableció el artículo 33 del contrato.
Respecto á la Compañía del Canal, la infracción
de su contrato no es menos flagrante, puesto que sin
celehrar acuerdo ninguno con la Corr1pañía privileg·i ada
del Ferrocarril, en cuya empresa tiene el Gobierno
una parte importante, ha procedido á la excavación
del Canat en la zona e·xcl'usivamente reservada, de que
trata el artículo 3. sin celebrar el convenio prevenido
en él, de cuya omisión pudieran resultar graves perJe.icios al Gobierno.
0
,
CONCLUSIÓN.
En el estado en que hoy se encuentra este asunto,
no puede el Gobierno dejarlo por más tiempo sin terminar; deberá, por lo tanto~ escogitar el procedimiento
más eficaz, para llegar á un resnltado definitivo.
Por mi parte, y eonw resu.men del examen que
acabo de hacer de los contratos en cuestión, me atrevo
á presentar las ideas contenidas en los artículos siguientes, con el sólo fin de que puedan entrar corno elemento de di3cusión, al resolverse este importante negoCio:
1.0 Se notificará de una manera formal á la Compañía del Ferrocarril y á la Compañía del Canal: que
el Gobierno exige el cumplimiento extricto de las estipulaciones contenidas para con la primera, en el artículo 2. 0 de su contrato; y para con la segunda, e:n el
artículo 3. del correspondiente á ella; sin lo cual no
ha p()dido darse el permiso de abrir el Canal en la zona
del Istmo de Panamá en donde se están ejecutaado esos
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trabajos; ni tampoco se ha podido aclquiri?· dereclw
perfecto para ello _;
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2. Que siendo notorio que la Compañía del Canal
ha comprado la casi totalidad de las acciones ele la
empresa del Ferrocarril, la representación autorizada
de esta Compañía ha quedado anulada para celebrar
los arreglos de que tratan los dos artículos arriba citados, puesto que ha venido tÍ resultar ele esa operación,
que la Compañía del Canal y la del F errocarril tienen
hoy un sólo y propio interés que defender; y porque
en el caso presente, un arreglo celebrado por ellas en
.ausencia del representante del Gobierno, y sin su aprobación, equivaldría á un convenio celebrado por la
Compañía del Canal consigo misma ;
3. 0 Que teniendo el Gobierno, según las estipulaciones de los citados artículos 2. 0 y 3. 0 de los contratos,
una intervención indisputable en esos arreglos por la
.renta que le está asegurada en los productos de la empresa del Ferrocarril, y por ser el mismo Ferrocarril
..de su exclusiva propiedad, al fin del contrato ; el Gobierno, en representación de sus derechos para con una
y otra Compañía, les declara: que es él quien debe
entrar á celebrar con las dos Compañías los arreglos
de que tratan los artículos 2. 0 y 3. 0 de los contratos á
que se ha hecho referencia ;
4. Que no conviniendo á los intereses de la
N ación, el que las dos Compañfas omitan por más tiempo el cumplimiento de sus deberes, en lo relativo á los
dos artículos citados; el Gobierno fija el término ele
...... meses, para que se les dé cumplimiento definitivo, á fin de lo cual, se p.ará representar oportunamente
en el lugar en donde se hallaren reunidas ambas Compañías con tal objeto ;
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5. Que en el caso inesperado ele que por cualquier
motivo no se hubieren terminado los arreglos á satisfacción del Gobierno, en el tiempo fijado, usará inmediatamente de sus derechos contra las dos Compañías en el modo y términos prescritos en los dos contratos; y
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6. 0 En fin, que entre tanto, protesta el Gobierno
daños y pe~juicios contra las dos C_?mpanías por las
consecuencias que puedan sobrevemr á causa de nh
haberse dado cumplimiento á las estipulaciones citada1.
El Gobierno, en fin, procediendo con el celo que le
imponen sus más clar-os deberes, no podrá prescind"
de activar este negocio, pendiente hace ya largo tiempo,
para que los derechos de la N ación no vengan á
sufrir menoscabo por su negligencia, y aun para prevenir complicaciones, no previstas hasta ahora, qut
pudieran suscitarse más tarde {t causa de ella.
Pero no podrá tampoco olvidar que, consideraciones de un orden superior le imponen también el deber
de esforzarse en lo posible, á fin de que no se llegue aJ
extremo penoso de ocurrir á los medios previstos en
los artículos 33 y 20 de los dos contratos, que son e'
último recurso á que debe apelarse. Por fortuna, los
administradores de los intereses públicos, tanto en las
Cámaras legislativas como en el Poder Ejecutivo, ~e
muestran hoy dignos de toda la confioanza del país eJl
el cumplimiento de sus altos deberes.
Bogotá, 19 de Mayo de 1884.
MARIANO TANCO.
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