Sor Juana Inés de la Cruz - filosofiaylogicaprepa68tv

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Joel Jiménez Victorino.
Filósofos mexicanos.
Grado: 1°
Grupo: 3#
Nl: 25
Sor Juana Inés de la Cruz.
Turno:
Vespertino
Preparatoria oficial numero 68.
Índice.
1° biografía de sor Juana Inés de la cruz.
2° obras de sor Juana Inés de la cruz.
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Los empeños de una casa.
Amor es más laberinto.
El mártir del sacramento.
El centro de José y el divino narciso.
El primer sueño.
3° los empeños de una casa.
4° Resumen de la obra
5° Resumen de Sor Juana Inés de la Cruz.
6° Conclusión de Sor Juana Inés de la Cruz.
7° Ciber grafía.
Sor Juana Inés de la Cruz
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, (San
Miguel Nepantla, Nueva España —actualmente México— 12 de noviembre de 16511 - Ciudad de
México, 17 de abril de 1695) fue una religiosa católica, poetisa y dramaturga novohispana del Siglo de
Oro español. Cultivó la lírica y el teatro, así como la prosa. Por la importancia de su obra, recibió los
sobrenombres de el Fénix de América, la Décima Musa o la Décima Musa mexicana.2
A muy temprana edad aprendió a leer y a escribir. Perteneció a la corte del virrey de Mancera. En 1667
ingresó a la vida religiosa a fin de consagrarse por completo a la literatura. Sus más importantes
mecenas fueron los Marqueses de la Laguna, virreyes de la Nueva España, quienes publicaron sus
obras en España. Murió a causa de una epidemia el 17 de abril de 1695.
Sor Juana Inés de la Cruz ocupa, junto a Juan Ruiz de Alarcón y a Carlos de Sigüenza y Góngora, el
lugar más destacado de la literatura novohispana.3 En el campo de la lírica su trabajo se adscribe a los
lineamientos del Barroco hispano en su etapa tardía. La producción lírica de Sor Juana, que supone la
mitad de su obra, es un crisol donde convergen la cultura de una Nueva España en apogeo, el
culteranismo de Góngora y la obra conceptista de Quevedo y Calderón.4
La obra dramática de Sor Juana va de lo religioso a lo profano. Sus obras más destacables en este
género son Amor es más laberinto, Los empeños de una casa y una serie de autos sacramentales
diseñados para representarse en la corte.5
Biografía
Primeros años
Hasta mediados del siglo XX, la crítica sorjuanista aceptaba como válido el testimonio de Diego
Calleja, primer biógrafo de la monja, sobre su fecha de nacimiento. Según Calleja, Sor Juana había
nacido el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla.6 El descubrimiento de un acta de
bautismo que supuestamente pertenecería a Sor Juana, en 1952, retrasó la fecha de nacimiento de la
poetisa a 1648. Según dicho documento, Juana Inés habría sido bautizada el 2 de diciembre de 1648.7
Varios críticos, como Octavio Paz8 y Antonio Alatorre,9 aceptan la validez del acta de bautismo
presentada por García Salcedo, aunque la estudiosa española Georgina Sabat de Rivers considera
insuficientes las pruebas que aporta esta acta, pues la poetisa solo usará su segundo nombre hasta la
entrada en el convento. Así, según Sabat, la partida de bautismo corresponde a una pariente o una
esclava.10
Aunque se tienen pocos datos de sus padres, se sabe que nunca se unieron en matrimonio legítimo. Sor
Juana fue la menor de las tres hijas —María, Josefa y Juana Inés— procreados por Pedro Manuel de
Asbaje y Machuca e Isabel Ramírez de Santillana. El padre, que se cree que fue un militar español
oriundo de la provincia vasca de Guipúzcoa, estaba asentado en San Miguel Nepantla.11 Allí nació su
hija Juana Inés, en un oscuro lugar llamado por entonces "la celda".12 Su madre, al poco tiempo, se
separó de su padre y procreó otros tres hijos con Diego Ruiz Lozano, a quien tampoco desposó.13
Muchos críticos han manifestado su sorpresa ante la situación civil de los padres de Sor Juana. Paz
apunta que ello se debió a una "laxitud de la moral sexual en la colonia".14 Se desconoce también el
efecto que tuvo en Sor Juana el saberse hija ilegítima, aunque conocemos que trató de ocultarlo. Así lo
testifica su testamento de 1669: "hija legítima de don Pedro de Asbaje y Vargas, difunto, y de doña
Isabel Ramírez". Su amigo, el padre Calleja, lo ignoraba, pues no hace mención de ello en su estudio
biográfico. Su madre, en principio, también lo negó, pero en un testamento fechado en 1687 reconoce
que todos sus hijos, incluyendo a Sor Juana, fueron concebidos fuera del matrimonio.15
La niña pasó su infancia entre Amecameca, Yacapixtla, Panoaya —donde su abuelo tenía una
hacienda— y Nepantla. Allí aprendió náhuatl con los esclavos de las haciendas de su abuelo, donde se
sembraba trigo y maíz. El abuelo de Sor Juana muere en 1656, por lo que su madre toma las riendas de
las fincas.16 Asimismo, aprendió a leer y escribir a los tres años al tomar las lecciones con su hermana
mayor a escondidas de su madre.17
Pronto inició su gusto por la lectura, pues descubrió la biblioteca de su abuelo y así se aficionó a los
libros.18 Aprendió todo cuanto era conocido en su época, es decir, leyó a los clásicos griegos y romanos, y
la teología del momento. Su afán de saber era tal que intentó convencer a su madre de que la enviase a
la Universidad disfrazada de hombre, puesto que las mujeres no podían acceder a ésta.19 Se dice que al
estudiar la lección cortaba un pedazo de su propio cabello si no la había aprendido correctamente, pues
no le parecía bien que la cabeza estuviese cubierta de hermosuras si carecía de ideas.20 A los ocho años,
entre 1657 y 1659, ganó un libro por una loa compuesta en honor al Santísimo Sacramento, según
cuenta su biógrafo y amigo Diego Calleja.21 Éste señala que Juana Inés radicó en la ciudad de México
desde los ocho años, aunque se tienen noticias más veraces de que se asentó allí hasta los trece o
quince.22
Adolescencia
Juana Inés vivió con María Ramírez, hermana de su madre, y con su esposo Juan de Mata.
Posiblemente haya sido alejada de las haciendas de su madre a causa de la muerte de su medio hermano,
o bien, de la de su abuelo materno. Aproximadamente vivió en casa de los mata unos ocho años, desde
1656 hasta 1664. Entonces comienza su período en la corte, que terminará en su ingreso a la vida
religiosa23
Entre 1664 y 1665 ingresa a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera. La
virreina, Leonor de Carreto, será una de sus más importantes mecenas. El ambiente y la protección de
los virreyes marcarán decisivamente la producción literaria de Juana Inés. Por entonces ya era conocida
su inteligencia y su sagacidad, pues se cuenta que, por instrucciones del virrey, un grupo de sabios
humanistas la evaluaron, y la joven superó el examen en excelentes condiciones.24
La corte virreinal era uno de los lugares más cultos e ilustrados del virreinato. Solían celebrarse
fastuosas tertulias a las que acudían teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores y todo tipo de
humanistas, en su mayoría egresados o profesores de la Real y Pontificia Universidad de México. Allí,
como dama de compañía de la virreina, la adolescente Juana desarrollará su intelecto y sus capacidades
literarias. En repetidas ocasiones escribía sonetos, poemas y elegías fúnebres que eran bien recibidas en
la corte. Chávez señala que a Juana Inés se le conocía como "la muy querida de la virreina", y que el
virrey también le tenía un especial aprecio. Leonor de Carreto fue la primera protectora de la niña
poetisa.
Poco se conoce de esta etapa en la vida de Sor Juana, aunque uno de los testimonios más valiosos para
estudiar dicho período ha sido la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.25 Esta ausencia de datos ha
contribuido a que varios autores hayan querido recrear, de manera casi novelesca, la vida adolescente
de Sor Juana, suponiendo muchas veces la existencia de amores no correspondidos.26
Período de madurez
A finales de 1666 llamó la atención del padre Núñez de Miranda, confesor de los virreyes, quien, al
saber que la jovencita no deseaba casarse, le propuso entrar en una orden religiosa.27 Aprendió latín en
veinte lecciones impartidas por Martín de Olivas y probablemente pagadas por Núñez de Miranda.28 29
Después de un intento fallido con las Carmelitas, cuya regla era de una rigidez extrema que la llevó a
enfermarse, ingresó en la orden de las Jerónimas, donde la disciplina era algo más relajada, y tenía una
celda de dos pisos y sirvientas.30 Allí permaneció el resto de su vida, pues los estatutos de la orden le
permitían estudiar, escribir, celebrar tertulias y recibir visitas, como las de Leonor de Carreto, que
nunca dejó su amistad con la poetisa.31
Muchos críticos y biógrafos atribuyeron su salida de la corte a una decepción amorosa, aunque ella
muchas veces expresó no sentirse atraída por el amor y que sólo la vida monástica podría permitirle
dedicarse a estudios intelectuales.32 Se sabe que Sor Juana recibía un pago de la Iglesia por sus
villancicos, como también lo obtenía de la Corte al preparar loas u otros espectáculos.33
Entre 1671 y 1672 enfermó gravemente de tifo, lo que casi le cuesta la vida.34 Y en 1674 sufre un
durísimo golpe: el virrey de Mancera y su esposa son relevados de su cargo y en Tepeaca, durante el
trayecto a Veracruz, fallece Leonor de Carreto A ella dedicó Sor Juana varias elegías, entre las que
destaca "De la beldad de Laura enamorados", seudónimo de la virreina; en este soneto demuestra su
conocimiento y dominio de las pautas y tópicos petrarquistas imperantes.35
En 1680 se produce la sustitución de Fray Payo Enríquez de Rivera por Tomás Antonio de la Cerda y
Aragón, marqués de la Laguna al frente del virreinato. A Sor Juana se le encomendó la confección del
arco triunfal que adornaría la entrada de los virreyes a la capital, para lo que escribió su famoso
Neptuno alegórico. Impresionó gratamente a los virreyes, quienes ofrecieron su protección y amistad a
sor Juana, especialmente la virreina María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, quien fue
muy cercana a sor Juana: la virreina poseía un retrato de la monja y un anillo que ésta le había
regalado, a su partida llevó los textos de sor Juana a España para que se imprimieran.36
Su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le reprochaba que se ocupara tanto de temas
mundanos, lo que junto con el frecuente contacto con las más altas personalidades de la época debido a
su gran fama intelectual, desencadenó las iras de éste. Bajo la protección de la marquesa de la Laguna,
decidió rechazarlo como confesor.37
El gobierno del marqués de la Laguna (1680-1686) coincide con la época dorada de la producción de
Sor Juana. Escribió versos sacros y profanos, villancicos para festividades religiosas, autos
sacramentales (El divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento: San Hermenegildo) y
dos comedias (Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. También sirvió como administradora
del convento, con buen tino, y realizó experimentos científicos.38
Entre 1690 y 1691 se vio involucrada en una disputa teológica, a raíz de una crítica privada que
realizó de un sermón del muy conocido predicador jesuita António Vieira, que fue publicada por el
obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz; éste la imprimió bajo el título de Carta
Atenagórica y la prologó bajo el seudónimo de Sor Filotea, recomendándole que dejara de dedicarse a
las "humanas letras" y se dedicase en cambio a las divinas, de las cuales, según el obispo de Puebla,
sacaría mayor provecho.39 Esto provocó la reacción de la poetisa a través del escrito Respuesta a Sor
Filotea, donde hace una encendida defensa de su labor intelectual y en la que reclamaba los derechos de
la mujer a la educación.38
Última etapa
Para 1692 y 1693 comienza el último período de la vida de Sor Juana. Sus amigos y protectores han
muerto: el conde de Paredes, Juan de Guevara y diez monjas del Convento de San Jerónimo. Las fechas
coinciden con una agitación de la Nueva España; se producen rebeliones en el norte del virreinato, la
muchedumbre asalta el Real Palacio y las epidemias se ceban con la población novohispana.40
En la poetisa ocurre un extraño cambio: hacia 1693 deja de escribir y parece dedicarse más labores
religiosas. Hasta la fecha no se conoce con precisión el motivo de tal cambio; los críticos católicos han
visto en Sor Juana una mayor dedicación a las cuestiones sobrenaturales y una entrega mística a
Jesucristo, sobre todo a partir de la renovación de sus votos religiosos en 1694.41 42 Otros, en cambio,
adivinan una conspiración misógina tramada en su contra, tras la cual fue condenada a dejar de
escribir y se le obligó a cumplir lo que las autoridades eclesiásticas consideraban las tareas apropiadas
de una monja.43 44 No han existido datos concluyentes, pero sí se han avanzado en investigaciones
donde se ha descubierto la polémica que causó la Carta atenagórica.45 46 47 Su propia penitencia queda
expresada en la firma que estampó en el libro del convento: "yo, la peor del mundo", que se ha
convertido en una de sus más célebres frases. Poco antes de su muerte fue obligada por su confesor
(Núñez de Miranda, con quien se había reconciliado) a deshacerse de su biblioteca y su colección de
instrumentos musicales y científicos, los cuales se vendieron para ayudar a los pobres.
A principios de 1695 se desata una epidemia de peste que hace estragos en toda la capital, pero
especialmente en el Convento de San Jerónimo. De cada diez religiosas enfermas, nueve morían. El 17
de febrero fallece Núñez de Miranda. Sor Juana cae enferma poco tiempo más tarde, pues colaboraba
cuidando a las monjas enfermas. A las cuatro de la mañana del 17 de abril, a los cuarenta y tres años,
muere Juana Inés de Asbaje y Ramírez.48
Fue enterrada en el coro bajo de la iglesia de San Jerónimo, aunque durante mucho tiempo se
desconoció el paradero de su tumba. En 1978, durante unas excavacaciones rutinarias en el centro de
la Ciudad de México, se hallaron sus supuestos restos, a los se dio gran publicidad. Se realizaron varios
eventos en torno al descubrimiento, aunque nunca pudo corroborarse su autenticidad. Actualmente se
encuentran en el Centro Histórico de la Ciudad de México, entre las calles de Isabel la Católica e
Izazaga.
Características de su obra
Compuso gran variedad de obras teatrales. Su comedia más célebre es Los empeños de una casa, que en
algunas de sus escenas recuerda a la obra de Lope de Vega. Otra de sus conocidas obras teatrales es
Amor es más laberinto, donde fue estimada por su creación de caracteres, como Teseo, el héroe principal.
Sus tres autos sacramentales revelan el lado teológico de su obra: El mártir del sacramento —donde
mitifica a San Hermenegildo—, El cetro de José y El divino Narciso, escritas para ser representadas en
la corte de Madrid.
También destaca su lírica, que aproximadamente suma la mitad de su producción; poemas amorosos en
la que la decepción es un recurso muy socorrido, poemas de vestíbulo y composiciones ocasionales en
honor a personajes de la época. Otras obras destacadas de Sor Juana son sus villancicos y el tocotín,
especie de derivación de ese género que intercala pasajes en dialectos nativos.
Sor Juana también escribió un tratado de música llamado El caracol, que no ha sido hallado, sin
embargo ella lo consideraba una mala obra y puede ser que debido a ello no hubiese permitido su
difusión.49
Según ella, casi todo lo que había escrito lo hacía por encargo y la única cosa que redactó por gusto
propio fue el Primero sueño. Sor Juana realizó —por encargo de la condesa de Paredes— unos poemas
que probaban el ingenio de sus lectores —conocidos como "enigmas"—, para un grupo de monjas
portuguesas aficionadas a la lectura y grandes admiradoras de su obra, que intercambiaban cartas y
formaban una sociedad a la que dieron el nombre de Casa del placer. Las copias manuscritas que
hicieron estas monjas de la obra de Sor Juana fueron descubiertas en 1968 por Enrique Martínez
López en la Biblioteca de Lisboa.50
Como dicen los estudiosos de la obra de Juana Ramírez Asbaje, la comedia "se deja leer"
y posiblemente se dejaría representar, quién sabe si con más comprensión en nuestros
días que algunas otras obras que hacen del tema del honor, tan alejado de la sensibilidad
y de los valores actuales, el nudo sobre el que se sustenta la obra.
No se trata, sin duda, de una obra maestra, pero sí puede ser interesante profundizar
sobre qué aporta Sor Juana Inés, qué la hace innovadora, qué elementos utiliza de una
forma original y cómo los combina con los elementos considerados necesarios para crear
una comedia, según unos parámetros que, no lo olvidemos, estaban ya muy definidos.
Todo ello desde la inevitable fascinación que produce el personaje de una mujer, la
autora, a un mismo tiempo incardinada en el tiempo que le tocó vivir y ajena a él. Este
trabajo ha pretendido demostrar que, también en la comedia, la autora es capaz de
respetar los códigos del teatro de su tiempo, pero sin poder evitar a veces distanciarse y a
veces incluso ridiculizar los esquemas previos, en cierto modo siguiendo el mismo
comportamiento que mantiene en su vida personal.
La comedia, lo hemos señalado, no es una gran comedia, pero indudablemente refleja
estas peculiaridades de la autora en las que seguramente radica la grandeza de todo
autor: la personalísima dosis de asunción de los preceptos, con la peculiar medida de
trasgresión de los mismos. También en esta obra tras de la autora, se esconde una mujer
que mira despiadadamente alrededor y es capaz de sacar conclusiones.
Mejor respuesta - elegida por los votantes
(Juana Inés de Asbaje y Ramírez; San Miguel de Nepantla, actual México, 1651 - Ciudad de México,
id., 1695) Escritora mexicana. Fue la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII.
Niña prodigio, aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho escribió su primera loa. Admirada
por su talento y precocidad, a los catorce fue dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey
Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de
Nueva
España
por
su
erudición
y
habilidad
versificadora.
Pese a la fama de que gozaba, en 1667 ingresó en un convento de las carmelitas descalzas de México y
permaneció en él cuatro meses, al cabo de los cuales lo abandonó por problemas de salud. Dos años más
tarde entró en un convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Dada su escasa
vocación religiosa, parece que sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento al matrimonio para seguir
gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que
embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis
libros»,
escribió.
Sor
Juana
Inés
de
la
Cruz
Su celda se convirtió en punto de reunión de poetas e intelectuales, como Carlos de Sigüenza y
Góngora, pariente y admirador del poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato, y también del
nuevo virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa Manrique de
Lara, condesa de Paredes, con quien le unió una profunda amistad.
En su celda también llevó a cabo experimentos científicos, reunió una nutrida biblioteca, compuso
obras musicales y escribió una extensa obra que abarcó diferentes géneros, desde la poesía y el teatro, en
los que se aprecia la influencia de Góngora y Calderón, hasta opúsculos filosóficos y estudios musicales.
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), autodidacta, humanista, gran poeta mexicana del virreinato de
Nueva
España,
cuyo
verdadero
nombre
era
Juana
Ramírez
de
Asbaje.
2.
VIDA
Hija ilegítima, nació en San Miguel Nepantla, hoy estado de México. Aprendió a leer y escribir a los
tres años; estudió en la biblioteca de su abuelo y a los ocho años escribió una loa eucarística. Muy joven
viajó a la ciudad de México, donde estudió latín (en sólo 20 lecciones). En 1665 entró en la Corte al
servicio de la virreina, doña Leonor Carreto, marquesa de Mancera, y fue objeto de asombro y
veneración
por
su
inteligencia,
memoria
y
discreción.
Instigada por su confesor, el poderoso jesuita Antonio Núñez de Miranda, en 1667 decidió ingresar en
el convento de San José de las carmelitas descalzas para poder dedicarse al estudio. Más tarde,
abandonó este convento por enfermedad, pero en 1669 ingresó de forma definitiva en el convento de
San Jerónimo de la ciudad de México, donde permanecería el resto de su vida. Sor Juana reunió una
valiosísima biblioteca que llegó a tener unos 4.000 volúmenes y adquirió conocimientos de las más
diversas disciplinas: teología, astronomía, pintura, lenguas, filosofía o música. Enfermó y murió un 17
de abril a consecuencia de una epidemia de peste, mientras cuidaba a sus hermanas de la orden.
3.
PERIODO
DE
GRAN
PRODUCCIÓN
Lecturas
adicionales
Lectura
adicional
Laberinto
endecasílabo
Durante el barroco los juegos lingüísticos y poéticos fueron moneda común entre los escritores,
buscando siempre el movimiento y la línea curva. En el poema que sigue, sor Juana Inés de la Cruz
invita a los lectores a leerlo en el orden que se considere más oportuno. De esta manera se conseguirá un
romance
de
endecasílabos,
de
octosílabos
o
de
hexasílabos.
Abrir
Lectura
adicional
Su época más fecunda comienza en 1680 con la concepción del Neptuno Alegórico, arco triunfal en
honor de los marqueses de la Laguna y condes de Paredes, barroca y magnífica obra que le abrió las
puertas de palacio y la convirtió en favorita de los virreyes, sus mecenas. Es entonces cuando despidió a
su confesor, según se deduce de la recientemente descubierta Carta al padre Núñez, escrita en torno a
1682, y que ha mostrado una faceta polémica y argumentativa de la monja.
Desde el año 1680 hasta el 1688 sor Juana vivió una época de gran producción literaria, en la que
abundan sus admirables sonetos, endechas, glosas, quintillas, décimas, redondillas, ovillejos amorosos,
religiosos, filosóficos y satíricos, numerosos romances y otras composiciones (véase Versificación). Esta
cualidad la sitúa, según Tomás Navarro Tomás, entre los más altos poetas de su periodo, apenas
igualada por ninguno anterior. En los villancicos, quizá uno de los aspectos menos estudiados de su
obra,
despliega
su
mayor
riqueza.
Obras de todo género y tipo, cortesanas y religiosas, se van acumulando en su producción. Comedias de
enredo, como Los empeños de una casa y La segunda Celestina, tal vez escrita con Agustín Salazar y
Torres; comedia mitológica, como Amor es más laberinto, escrita en colaboración con Juan de Guevara;
tres autos sacramentales, El Divino Narciso, El Cetro de José y El Mártir del Sacramento (San
Hermenegildo), en los que utilizando la poética de Calderón de la Barca nunca desmerece de su modelo;
en las loas que preceden a los dos primeros autos mencionados se reitera la relación de los sacrificios
humanos aztecas con la Eucaristía, concediéndole derecho de existencia a la religión de los antiguos
mexicanos.
Primero Sueño es un extraordinario poema en forma de silva de 975 versos en el que rivaliza con el
Góngora de las Soledades, y del que ella misma dijo: “No me acuerdo de haber escrito por mi gusto sino
un papelillo que llaman El Sueño”. En Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe (1982),
Octavio Paz traza las principales diferencias entre los dos poetas: “La poetisa mexicana se propone
describir una realidad que, por definición, no es visible. Su tema es la experiencia de un mundo que está
más allá de los sentidos”. Y José Gaos, filósofo español exiliado en México, advierte: “El poema de Sor
Juana es un astro de oscuros fulgores absolutamente señero en el firmamento de su edad”.
es.wikipedia.org/wiki/Sor_Juana_In%25...
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