Semblanza Iturbide

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EL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821
UNA NUEVA NACIÓN INICIABA SU CAMINO
SU PROMOTOR
AGUSTÍN DE ITURBIDE
SEMBLANZA
El 1 de enero de 1820 estaban ya listas las tropas españolas en el puerto de Cádiz, al
mando del Comandante Rafael del Riego, para trasladarse al continente americano a
terminar, de una vez por todas, con los movimientos de independencia apoyados por los
enemigos de la España católica (1). España estaba exhausta, y estos diez mil soldados
debían asegurar lo que ya se había ganado.
Hay que recalcar que España, anteriormente, había hecho el supremo esfuerzo de mandar
más de 15 mil hombres de guerra para sofocar las insurrecciones americanas,
comenzadas precisamente en 1808, cuando Napoleón tomó prisioneros al Rey Carlos IV y
al príncipe Fernando, obteniendo la renuncia forzada de ambos al trono en favor suyo. La
consiguiente ocupación francesa a ese infortunado acontecimiento, y la heroica guerra de
independencia del pueblo español contra el usurpador José I, no fueron obstáculo para el
envío de esas tropas. Otros 30 mil efectivos más se habían enviado a los virreinatos,
desde que Fernando VII había tomado el poder en 1814 hasta 1819, cuando los liberales
masones presionaron al Rey para que volviese a proclamar la Constitución de 1812.
Pero, el comandante Rafael del Riego, presionado por sus hermanos masones, se
pronunció contra Fernando VII en vez de atravesar el océano para cumplir con su deber
patriótico. El Rey, falto de carácter y amenazado por las logias de un levantamiento
general juró de nuevo, el 10 de marzo de 1820, la Constitución de Cádiz de 1812 ya
rechazada por él desde 1817. Este documento anticatólico, base de todas constituciones
mexicanas posteriores, se iba jurando, con desagrado general, por toda España y por las
ciudades y villas del Imperio Español en América.
Los acontecimientos de la Península se recibieron en la Nueva España con encontradas
opiniones, hubo gritos de “Viva la Pepa”, así llamada por el pueblo a la Constitución de
Cádiz por haber sido proclamada en ese puerto el 19 de marzo de 1812. (2)
El virrey y todas las personas concientes del extremado peligro para la Iglesia, las
instituciones y la Fe del pueblo, dudaron sobre si era conveniente proclamar ese
instrumento político y social, ideado por la Masonería, para desmantelar el Imperio desde
la propia Corona española.
El pueblo novohispano en general no simpatizó con la decisión real, solamente se
entusiasmaron con ella los integrantes del Partido Liberal (3), los “ilustrados” masones
peninsulares y americanos que actuaban casi en secreto desde la abortada Independencia
encabezada por el Lic. Primo Verdad, el Ayuntamiento de la ciudad de México y el virrey
Iturrigaray, en septiembre de 1808.
Desde esa fecha hasta el año de 1820, los liberales habían ido aumentando
considerablemente su número, y sus relaciones con la central de Chárleston y la Logia de
Nueva Orleáns, eran ya, más estrechas. (4)
Los liberales del Virreinato se dieron cuenta de los titubeos del virrey Juan Ruiz de
Apodaca por su deseo de no proclamar la Constitución de Cádiz, e instaron a los
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comerciantes de Veracruz, todos afiliados a la masonería obediente de Nueva Orleáns,
a obligar al jefe militar y político del puerto, don José Dávila a jurar la Constitución.
(5)
El triunfo de los liberales en España y la sujeción del Rey a las Cortes, había revivido los
partidos políticos en la Nueva España, especialmente el Partido Liberal internacional que
había estado actuando secretamente por 12 años y que ahora comenzaba a emerger de la
oscuridad.
El virrey Apodaca tenía la vista fija en los Estados Unidos, porque sabía perfectamente
que allí estaba el motor de las revoluciones suscitadas desde 1808, por ambicionar los
territorios norteños del Virreinato (6).
La situación de España se había vuelto confusa y desordenada a partir de la proclamación
real de la Constitución de 1812: protestas de unos y júbilo de otros, robos y crímenes,
desmanes contra la Iglesia y su jerarquía; así que antes de esperar levantamientos como
allá, el virrey Apodaca resolvió proclamar y jurar la Constitución.
Por otra parte, en el oratorio de San Felipe Neri de la Casa Profesa de la ciudad de México,
se había formado una Junta secreta de personas prominentes de la sociedad, que con
conocimiento del Virrey, buscaba separar a la Nueva España de la antigua, con Ruiz de
Apodaca como Gobernador, mientras el rey Fernando se sacudía el poder de las Cortes
liberales.
El paso siguiente sería encontrar un jefe militar con suficiente popularidad y don de
mando para ejecutar el proyecto; la elección recayó en Agustín de Iturbide, recientemente
nombrado por el mismo virrey para terminar con el foco insurgente que comandaba
Vicente Guerrero.
Curiosamente, el proyectado plan de “La Profesa” no era muy diferente de los anteriores
denunciados en 1808, 1809 y 1810, y la intervención internacional (que en 1816
comandaba Javier Mina (españoles, italianos, polacos, ingleses y angloamericanos).
Solamente difería de los propósitos ulteriores: configurar una nueva nación independiente
de cualquier otra; no anexarla a los Estados Unidos, como habían sido las intenciones
de Primo Verdad, García Obeso, Mariano Michelena, el cura Iturriaga, el cura Hidalgo,
Allende, Aldama, el cura Morelos, el cura José Ma. Cos, Javier Mina, el cura M. Ramos
Arzpe y el cura Servando T. de Mier; todos ellos masones. (7)
La Nueva España, al cabo de 9 años de guerra de desolación había quedado en estado de
completa ruina, tal como se les había ordenado desde Charleston a los insurgentes hasta
Mina. Se había derramado mucha sangre de novohispanos. La paz y concordia que habían
prevalecido en los Virreinatos durante 300 años estaba rota, el Imperio Español
resquebrajado en todas sus partes, la religión católica amenazada y nuestra cultura
española que había englobado a todas las razas en un solo ideal, era despreciada por sus
propios patricios encandilados por la “Ilustración” del liberalismo y el “libre examen” de la
República yanqui.
Tanto en la Península como en sus posesiones americanas fueron legión, los que se
enredaron en la telaraña de las logias, unos por malicia y otros por ingenuidad quedaron
atrapados en la trampa tendida desde el Centro de Charleston. Con la proclamación de
la Constitución de Cádiz, España y su Imperio habían quedado sujetos a la
política expansionista de Washington. (8)
Anteriormente, en 1818, los Estados Unidos le habían usurpado a España las dos Floridas
cumpliéndose la primera fase de la profecía del conde de Aranda (9).
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El “Destino Manifiesto” (10) de los fundadores calvinistas y masones de los Estados
Unidos, segunda republica anticatólica del mundo, la primera había sido la de Oliver
Comwell en la Inglaterra de 1649 a 1659, y de ambas, la consecuente tercera República
promovida en la Francia de 1789, marcaron el camino de los súbditos ambiciosos e
irreflexivos de la Corona Española, buscadores todos, de empleos bien remunerados y
poder para saciar su orgullo. (11)
Después del fracaso de los conspiradores de la Casa Profesa y ya con el nombramiento de
Comandante de las Fuerzas del Sur, Agustín de Iturbide, queda en libertad de poner en
práctica su Plan que él solo había concebido.
Iturbide, de 37 años, padre de 7 hijos, otros dos nacerían mas tarde, amante de su
religión católica y de su tierra, inteligente y deseoso de ver a su patria unida, fuerte y
respetada. Dotado de cualidades físicas suficientemente probadas en sus años de combate
contra el desorden de los insurgentes, aunados a su especial atractivo, le abrían todas las
puertas conquistando voluntades.
El 16 de noviembre de 1820 se encaminó a las tierras del sur de Nueva España para
atraerse a los revolucionarios, más que para combatirlos. El Plan que traía entre manos
era estrictamente secreto, consistía esencialmente en los siguientes puntos:
a) La conservación de la Religión Católica Apostólica Romana como religión de
estado; b) La absoluta Independencia de este Reino, estableciéndose en él una
monarquía moderada, con el título de Imperio Mexicano, llamando para ocupar
el Trono al rey Fernando VII o a otro príncipe de Casa reinante; c) Y la Unión de
todos los habitantes establecidos en este Reino.
Mientras tantea el terreno, con extremada prudencia escribe muchas cartas a toda clase
de personas. Se pone en contacto con Vicente Guerrero a quien conocerá personalmente
mucho después.
Por fin, convencido de que no hay remedio para la subsistencia del Imperio Español, y de
que la mayoría de las opiniones de los que luchan en uno y otro bando está por la
independencia de Nueva España , llamada entonces: la América Septentrional.
Hizo
circular su Plan entre personas de su confianza con el encargo de hacerlo extensivo a casi
todos los jefes tanto realistas como insurgentes. Iturbide se dio cuenta de que eran
muchos a los que repugnaba un gobierno monárquico conducido por Fernando VII,
estaban ganados por la propaganda yanqui de instalar su república en estas tierras. Pero
la mayoría de la gente conciente aceptaba el Plan de Iturbide, incluidas las autoridades
virreinales que disimulaban. Una Monarquía Católica sería la garantía para evitar la
Constitución masónica de 1812, pensaban.
A principios del año de 1821 Vicente Guerreo y su tropa de unos 2000 efectivos se
adhirieron al Plan por lo que Agustín de Iturbide proclamó su Plan en la ciudad de Iguala
el 24 de febrero de 1821. Al mismo tiempo reconocía “Los méritos que la América había
obtenido de la Conquista y gobierno de la Corona Española, la nación más piadosa,
heroica y magnánima, que había llegado el tiempo de que aquellas ciudades y pueblos
opulentos, que aquellas provincias y reinos dilatados que España educó y engrandeció
ocupase en el universo un lugar distinguido, siendo general deseo de la independencia
entre los habitantes de todas clases, por lo que para uniformar la opinión, el ejército
había jurado sostener el Plan……”
Ese mismo día enviaba cartas al Virrey, al Arzobispo y a las personas principales de lo
acontecido en Iguala.
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El siguiente 1º. de Marzo estando reunidos todos los jefes de los cuerpos militares les
habló de sus deberes que contraerían con la nación que comenzaba su vida
independiente y de las terribles consecuencias que vendrían sino se tomaban medidas
prontas y eficaces para unificar opiniones y propósitos a fin de evitar el desorden y la
anarquía.
Al día siguiente 2 de marzo se llevó a cabo la ceremonia de Jura. Agustín de Iturbide y
Aramburu como Primer Jefe de Ejército independentista:
“En gran habitación donde se alojaba Iturbide, al centro una mesa con el Crucifijo sobre
un Misal, puestos en pié los jefes mientras el Capellán don Antonio Cárdenas, leyó el
Evangelio del día, acercándose a la mesa el primer Jefe, puso la mano izquierda sobre el
Santo Evangelio y la derecha sobre el puño de la espada prestó el juramento de manos
del padre capellán en estos términos”:
“¿Juráis a Dios y prometéis bajo la Cruz de vuestra espada, observar la santa religión
Católica, Apostólica y Romana?, Sí juro”
“¿Juráis hacer la independencia de este Imperio guardando para ello la paz y unión de
europeos y americanos? – Sí juro”
“¿Juráis la obediencia al señor D. Fernando VII si adopta y jura la constitución que haya
de hacerse por las cortes de esta América Septentrional? – Sí juro”
“Si así lo hiciereis, el Señor Dios de los ejércitos y de la paz os ayude y sino os lo
demande” (12)
En la tarde de ese mismo 2 de marzo, Iturbide hizo jurar en la Plaza de armas a todos los
integrantes del nuevo ejército al que se le dio el nombre de “Ejercito Trigarante”, tomaba
el nombre de los tres puntos principales del Plan original: RELIGIÓN CATÓLICA,
INDEPENDENCIA, UNIÓN DE EUROPEOS Y AMERICANOS.
De Esta misma idea salieron los colores que debería llevar el nuevo lábaro o Bandera de
las Tres Garantías que comenzó a ondear a partir de entonces: Tres franjas diagonales de
izquierda a derecha:
BLANCO-RELIGIÓN; VERDE-INDEPENDENCIA; ROJO-UNIÓN
El virrey Juan Ruiz de Apodaca rechazó el Pan de la Tres Garantías y puso fuera de la Ley
a Iturbide, pero la mayoría de las guarniciones militares y las ciudades manifestaron su
adhesión al Plan y se le fueron agregando. Victorioso, el Ejército Trigarante avanzó sobre
la capital del Reino aumentando sus efectivos por donde pasaba.
Mientras esto sucedía en la Nueva España, en la antigua las Cortes habían nombrado, sin
la firma del Rey a un nuevo virrey; Juan Odonojú, antiguo ministro del intruso José I
hermano de Napoleón, Odonojú era miembro de la logia “Comuneros de Castilla”,
obediente a la Masonería francesa y esta obediente a la Central de Charleston U.S.A. el
ultimo virrey llegaba con la consigna de entregar el poder político al héroe de Iguala. Ya
en Nueva España, Odonojú celebró con Iturbide el “Tratado de Córdoba” el 2 de agosto
de 1821 con el que reconocía de hecho, la Independencia de la nueva nación. (13)
Pasaron varias semanas mientras se trataban de organizar las últimas fuerzas militares
españolas al mando del Mariscal de Campo don Francisco Novella. Este, recibió al nuevo
virrey con mucha desconfianza, pero por la situación de inferioridad en que se encontraba
tuvo que entregarle el mando de la Nueva España. Juan Odonojú esperó la entrada del
Ejército Trigarante a la capital del reino, esta se efectuó el mismo día que don Agustín
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cumplía 38 años, EL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821 FECHA CONSIDERADA COMO EL
NACIMIENTO DEL NUEVO ESTADO MONÁRQUICO Y CATÓLICO.
Los hermanos masones de los liberales novohispanos estaban aprovechando el genio, la
popularidad y el esfuerzo de Agustín de Iturbide para separar el mejor reino de ultramar
de la Madre Patria, elevar al trono del nuevo Imperio a su creador y luego traicionarlo,
echarlo del país, acosarlo por Europa, traerlo de nuevo al país para asesinarlo sin ningún
juicio. (14)
Pasaron los meses y solamente se había formado la Junta Provisional Gubernativa con la
presidencia de Iturbide, mientras se resolvía el traslado al nuevo país, de algún príncipe
europeo que aceptara la corona.
Por fin se constituyó el Congreso con individuos de varios partidos, EL 24 DE FEBRERO DE
1822.
A poco llegó a la capital del nuevo país la noticia del rechazo de la Corona Española al
Tratado de Córdoba, esto provocó la efervescencia prevista por las logias masónicas. El
partido iturbidista (Nacional Mexicano) era el más numeroso pero sin cohesión entre los
miembros, en cambio los partidos opositores: Borbonista, Republicano Progresista
(Liberal), apoyados por la Masonería internacional, hicieron un frente común contra el
Plan de Iguala y sus Tres Garantías, por ser un Plan eminentemente católico.
Para evitar los propósitos de los liberales, el Partido Iturbidista se les adelantó, por decirlo
así, proclamando a Agustín I como emperador, esto sucedía el 18 de mayo de 1822
cuando el oficial Pío Marcha al frente de un corto número de militares se presentó frente a
la casa que ocupaba Iturbide. De inmediato se congregó una muchedumbre que fue
creciendo hasta hacerse un auténtico movimiento popular, el pueblo de la capital deseaba
a Iturbide como su gobernante. Los congresistas, en su mayoría, se reunieron en su sede
el 19 de mayo y
EL 21 DE MAYO SIGUIENTE PROCLAMARON A AGUSTÍN DE ITURBIDE COMO
EMPERADOR DE LA AMÉRICA MEXICANA.
Iturbide aceptó él título de Emperador, pero el Congreso, donde ya se formaba el
PARTIDO LIBERAL, invento de las Logias masónicas, presionó con su fuerza internacional,
para hacer imposible su gobierno. El reinado de Agustín I duró solamente10 meses, del 19
de mayo de 1822 al 23 de marzo de 1823, el Partido Liberal Internacional había destruido
el primer y único gobierno nacional independiente que ha existido en la historia de México.
El historiador A. Gibaja y Patrón asienta en el Capítulo XXV del TomoII de su Obra “Las
Revoluciones Sociales de México” lo siguiente que copio a la letra:
“Uno de los primeros cuidados del señor Iturbide luego de que se eligió Emperador, fue
enviar a los Estados Unidos del Norte un ministro plenipotenciario para que promoviese el
reconocimiento de la independencia de México y de la nueva dinastía imperial………el
gobierno y el pueblo de los Estados Unidos así como tenían fuertes simpatías para
reconocer la simpatía la independencia de los nuevos estados americanos, (todos
republicanos), y de entrar en relaciones con ellos (ellos mismos los habían promovido), no
disimulaban su disgusto al ver levantarse en el país vecino una monarquía, cuyo
principales apoyos serían un ejército formidable (mas de 50 mil efectivos) y el influjo del
clero católico, elementos corrosivos para los países libres y republicanos”.
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“Lo que le repugnaba al gobierno de los Estados Unidos, no era tanto, la monarquía
establecida en un país americano, ni el influjo del ejército y del clero, sino lo que le
estorbaba, era el establecimiento de de un gobierno puramente nacional mexicano, a
quien no tenía bajo sus órdenes para que le sirviese incondicionalmente”
El Imperio no había salido de las manos del gobierno de los Estados Unidos,
sino de los propios mexicanos fieles a su religión católica, y a sus tradiciones
novohispanas, encabezados por quien los debía haber gobernado, don Agustín
de Iturbide quien dando el golpe maestro para ello, aprovechó el momento y
circunstancias políticas que se presentaron en 1821.
La guerra de los poderes que guiaban el “Destino Manifiesto angloamericano” no tardó en
producirse. El levantamiento del Plan de Casa-Mata iniciado por Antonio López de Santana
e instigado por el gobierno del presidente James Monroe a través de sus agentes en
México, hizo caer del trono al Emperador, fue expulsado con su familia a Italia donde no
pudo vivir tranquilo, pues era acosado constantemente por las logias en la prensa italiana,
quiso residir en Londres pero, fue instado con engaños en Londres a regresar a México, al
desembarcar en la costa de Tamaulipas fue fusilado en el pueblo de Padilla, Tamaulipas el
19 de julio de 1824. Sus restos se encuentran actualmente (2008) en la Capilla dedicada a
San Felipe de Jesús, primer santo mexicano, en la Catedral Metropolitana de la ciudad de
México.
El historiador don Lucas Alamán quien no le era muy afecto, se expresa de él como uno
de los dos mejores hombres que había dado la América; el otro, Simón Bolívar.
Sus últimas palabras ante el pelotón que lo llevó a la muerte fueron:
“Mexicanos, en el acto mismo de mi muerte os recomiendo el amor a la patria y
a observancia de nuestra santa religión católica, ella es quien os ha de conducir
a la gloria, Muero por haber venido a ayudaros, muero con honor….”
Luis G. Pérez de León Rivero
27 de septiembre de 2009.
CITAS Y NOTAS:
(1) Los Estados Unidos, Francia e Inglaterra; quienes con una ambición sin límites, intentaban repartirse
las posesiones de la Corona Española en América, aprovecharon las maniobras de Napoleón contra
España para revolucionar los Reinos de ultramar. Estas tres potencias actuaban entre los “ilustrados”
hispanoamericanos y peninsulares, a través de las sociedades secretas o Logias masónicas, cuyo centro
mundial del mando ideológico estaba el la ciudad de Charleston, puerto fundado por los ingleses en el
siglo XVII justo en el paralelo 33 latitud norte, Carolina del sur, U.S.A. L. Pérez de León, “Apuntes sobre
El Destino Manifiesto”
(2) “El poder legal de las Cortes estaba sometido a otro más absoluto y esencialmente revolucionario. Se
habían organizado las sociedades llamadas patrióticas, que venían a ser el órgano público de las secretas,
así como la Guardia Nacional era su fuerza armada, eran un remedo de los clubes que se formaron en
Francia a principios de la Revolución”. A.Gibaja y Patrón, Tomo II, pag. 241.
(3) “El Partido Liberal es la forma política que contiene la filosofía, la ciencia y la moral de la Masonería,
aplicándolas a la organización de los pueblos, con la tendencia a formar un solo gobierno universal. O más
sencillamente puede decirse: El Partido Liberal es la forma política del judaísmo”. “Las Revoluciones sociales
de México”, A. Gibaja y Patrón, Tomo I, Cap. I, pág. 2, año 1920, Ed. 1973.
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(4) Las órdenes y las noticias entre los hermanos masones, tanto extranjeros, peninsulares y novohispanos
corrían entre los centros de comerciantes, militares e intelectuales de Charleston, Nueva Orleáns, La Habana
y Veracruz. “Apuntes sobre el Destino Manifiesto”, L. Pérez de León. 1998.
(5) El acucioso investigador de la Masonería D Antonio Gibaja y Patrón, asienta en el II tomo de su Obra:
“Las Revoluciones sociales de México”, la declaración del general Dávila: “Señores, ya ustedes me han
obligado a proclamar la Constitución. Esperen ahora, la independencia de la Nueva España, que será el
resultado de todo esto”.
(6) Existe en el Archivo de Indias de la ciudad de Sevilla un buen legajo de cartas escritas por don Luis de
Onís, Plenipotenciario de la Corona Española en Estados Unidos quien por más de diez años, informó con el
nombre de “Correspondencia secreta”, a los virreyes de Nueva España y a los gobernadores de Cuba, de
todo el tejemaneje de los presidentes de ese país apoyando las insurrecciones de los liberales y de la
confección de un mapa trazado, sobre la información geográfica que obtuvieron del Barón de Humbolt, y
este, de los ingenieros del Colegio de Minería de la ciudad de México. “Apuntes sobre el Destino Manifiesto”
L. Pérez de León, 1998.
(7) “Apuntes sobre el Destino Manifiesto”, L. G. Pérez de León.
(8) Cuando el 22 de febrero de 1819 se firmó en Washington entre el Ministro Plenipotenciario de España
don Luis de Onís y el secretario de los Estado Unidos John Q. Adams, el tratado de límites entre esa nación y
la Nueva España; quedaron demarcados, desde la desembocadura del río Sabina en el Golfo de México
hasta los 42 grados de latitud en la costa del Pacífico. A. Gibaja y Patrón, Tomo II
(9) “Historia de México”, Lucas Alamán Escalada
(10)”Apuntes sobre el Destino Manifiesto angloamericano”, Luis G. Pérez de León
(11) ” Apuntes sobre el Destino Manifiesto angloamericano”, Luis G. Pérez de León
(12) Asienta en su Obra Don Lucas Alamán en su “Historia de México” tomo V, pág. 103.
(13) “Historia de México”, Lucas Alamán Escalada
(14) “Apuntes sobre el Destino Manifiesto angloamericano” Luis G. Pérez de León.
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