A C U E R D O

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A C U E R D O
En la ciudad de La Plata, a 20 de marzo de 2013,
habiéndose establecido, de conformidad con lo dispuesto en
el Acuerdo 2078, que deberá observarse el siguiente orden
de votación: doctores Hitters, Negri, Soria, Kogan, Genoud,
se
reúnen
Justicia
los
en
señores
acuerdo
jueces
ordinario
de
la
para
Suprema
pronunciar
Corte
de
sentencia
definitiva en la causa L. 112.466, "Allary, Pablo J. y otro
contra Obra Social Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca.
Despido".
A N T E C E D E N T E S
El Tribunal del Trabajo Nº 3 del Departamento
Judicial
Mar
del
Plata
rechazó
la
acción
deducida,
con
costas a la parte actora (fs. 503/506 vta.).
Ésta
dedujo
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley (fs. 514/527), el que fue concedido
por el citado tribunal a fs. 534/535.
Dictada
la
providencia
de
autos
(fs.
556)
y
hallándose la causa en estado de pronunciar sentencia, la
Suprema Corte decidió plantear y votar la siguiente
C U E S T I Ó N
¿Es
fundado
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley?
V O T A C I Ó N
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Hitters dijo:
I. El tribunal del trabajo desestimó la acción
promovida por Pablo José Allary y Claudio Daniel Alende
contra "Obra Social de Capitanes, Pilotos y Patrones de
Pesca", mediante la cual le habían reclamado el pago de
salarios, integración del mes de despido, sueldos anuales
complementarios
e
indemnizaciones
por
vacaciones
no
gozadas, sustitutiva del preaviso y despido injustificado,
así como las previstas en los arts. 10 y 15 de la ley
24.013, 2 de la ley 25.323, 16 de la ley 25.561, 80 y 132
bis de la Ley de Contrato de Trabajo y 52 de la ley 23.551.
Juzgó
-por
mayoría-
que
no
se
acreditó
la
existencia de una relación laboral entre los actores y la
obra social demandada.
Destacó que con las declaraciones testimoniales
oídas en la audiencia de vista de la causa se demostró que
los accionantes -quienes desempeñaban funciones sindicales
en
la
Pesca"-
"Asociación
no
Argentina
prestaron
de
Capitanes
servicios
efectivos
y
Patrones
para
la
de
obra
social demandada, dado que, durante la mayor parte del año,
cumplían tareas gremiales en ciudades distantes de la sede
de la accionada.
Aclaró el juzgador que si bien se probó que los
actores fueron registrados en el libro del art. 52 de la
Ley de Contrato de Trabajo, bajo la categoría de delegados,
habiendo
la
demandada
extendido
recibos
de
sueldo
y
cumplido con las obligaciones de la seguridad social a su
respecto,
dicha
prueba
resultó
desplazada
por
las
contundentes declaraciones de los testigos, que -como quedó
dicho- fueron coincidentes en señalar la inexistencia de
prestación de tareas dependientes en el ámbito de la obra
social. Precisó, en ese sentido, que -tal como lo resolvió
esta Suprema Corte en la causa L. 88.417, "Roldán" (sent.
del 23-II-2005)- es habitual que sea la asociación sindical
quien compense los haberes dejados de percibir por quienes
asumen una función gremial, trasladándose hacia aquélla el
pago
de
aportes
y
contribuciones
asistenciales
y
previsionales que corresponden al empleador, obligación que
-en la especie, y por "un evidente error"- fue asumida por
la obra social sindical.
Especificó,
dirigentes
asimismo,
sindicales
de
que
los
la
calidad
de
actores
impedía
la
calificación laboral del vínculo, máxime cuando en el caso
no
se
demandó
al
sindicato
sino
a
la
obra
social,
organización diferente a aquélla, sin perjuicio de que en
muchos
casos
se
puedan
confundir
por
actuar
en
ámbitos
comunes.
Por último, agregó que tampoco se demostró en
autos
la
relación
existencia
de
linaje
de
las
laboral
notas
tipificantes
independiente
de
la
de
una
función
desempeñada en el ámbito del sindicato, habida cuenta de
que no se probó la existencia de un horario, la obligación
de concurrencia diaria o la impartición de instrucciones o
directivas por parte de la accionada (vered., fs. 494/498
vta.).
Partiendo de esa base, concluyó el a quo que,
ante la inexistencia de relación laboral entre las partes,
correspondía
rechazar
íntegramente
la
acción
deducida
(sent., fs. 504).
II.
Contra
dicha
resolución
se
alza
la
parte
actora mediante recurso extraordinario de inaplicabilidad
de ley, en el que denuncia absurdo y violación de los arts.
44 inc. "d" de la ley 11.653, 375 del Código Procesal Civil
y Comercial y 23 de la Ley de Contrato de Trabajo, así como
de la doctrina legal que identifica (fs. 514/527).
Plantea los siguientes agravios:
1. En primer lugar, afirma que, al considerar que
entre los actores y la demandada no medió un contrato de
trabajo, el tribunal incurrió en una absurda valoración de
la prueba.
Dice
que
valoró
erróneamente
las
declaraciones
testimoniales, arribando a una conclusión contraria a lo
que se acreditó en la causa con otros elementos probatorios
que no fueron cuestionados por la accionada, tales como los
recibos de sueldo y el informe pericial contable, de los
cuales
se
desprende
que
la
obra
social
registró
los
vínculos y abonó los salarios de los trabajadores. Máxime
cuando
no
apreció
estrictamente
los
testimonios
de
los
testigos Frías, Rivera y Pisauri, quienes eran miembros del
consejo directivo de la accionada, por lo que sus dichos
estuvieron
teñidos
de
"un
interés,
parcialidad
y
subjetividad innegables", resultando indudable su actitud
de favorecer la posición de la accionada.
Alega
pretensión
en
que
el
tribunal
la
circunstancia
fundó
de
el
que
rechazo
los
de
la
actores
ejercieron cargos gremiales desde el mes de enero de 2006,
soslayando
que,
tal
como
se
desprende
de
los
aludidos
medios de prueba, el coactor Allary fue registrado en los
libros de la accionada el día 1-VII-2003, es decir, dos
años y medio antes de que comenzara su mandato gremial en
la entidad sindical. Luego -afirma- mal pudo concluir que
la registración en los libros laborales de la obra social
obedeció a un error y que los pagos que recibió lo fueron
en contraprestación por su función gremial.
Desde otro ángulo, expresa que si los legitimados
activos
gremial,
hubiesen
era
el
desempeñado
únicamente
sindicato
(Asociación
una
actividad
Argentina
de
Capitanes y Patrones de Pesca) y no la obra social (Obra
Social de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca) quien
debía abonarles la retribución, toda vez que se trata de
personas
jurídicas
directivos
y
contables
y
diferentes,
con
patrimonios,
órganos,
objetivos
distintos,
así
como
registros
laborales
independientes,
todo
lo
cual
demuestra que luce absurda la conclusión del sentenciante
relativa a que la inscripción en los libros de la obra
social constituyó un error. En caso contrario -explica- la
accionada habría pagado regularmente una compensación sin
recibir contraprestación alguna a cambio, abonando una suma
de dinero adeudada por otra persona jurídica.
Por otra parte, dice que tampoco puede reputarse
aplicable al caso la doctrina que emana del precedente L.
88.417,
actor
"Roldán",
había
toda
sido
vez
inscripto
que,
en
aunque
los
también
libros
allí
el
laborales,
se
trataba la situación de un dirigente gremial que demandó a
la
propia
asociación
sindical,
resultando
por
tanto
admisible el error de registrarlo en los libros laborales
en lugar de en los libros contables. Distinto es lo que
ocurre
en
autos,
donde
la
que
registró
los
vínculos
laborales fue la obra social, cuyo consejo directivo nunca
fue integrado por los actores.
Aduce
también
que
el
tribunal
interpretó
equivocadamente el término "delegado" que figura en los
registros y recibos de haberes, toda vez que su inclusión
allí
no
gremiales,
estaba
sino
vinculada
al
al
desarrollo
ejercicio
de
de
actividades
funciones
en
las
diversas
delegaciones
que
posee
la
accionada
en
los
distintos puertos del país. Ello evidencia -en su criterioque es absurda la conclusión del tribunal relativa a que no
se
demostró
la
relación
laboral
en
virtud
de
que
los
actores pasaban la mayoría del tiempo fuera de la ciudad
donde se encuentra la sede central de la obra social.
Además, cuestiona el argumento de la accionada
concerniente a que los actores fueron designados por el
sindicato conforme a las facultades que le otorga el art.
20
inc.
personas
II)
que
del
estatuto
ejerzan
gremial
cargos
(que
establece
sindicales
qué
deben
ser
retribuidas por el sindicato), porque aquéllos no encuadran
en esa categoría, desde que Allary no integraba la comisión
directiva
mientras
al
que
momento
Alende
de
nunca
ser
la
registrado
integró.
como
Máxime
delegado,
cuando
no
existen constancias de tales designaciones y en todo caso,
la comisión del sindicato no puede designar delegados en el
ámbito de la obra social.
Por
último,
refiere
que
no
es
acertado
lo
expresado por el sentenciante en cuanto concluyó que los
actores no tenían horario asignado ni estaban sometidos al
poder
disciplinario
de
la
accionada,
pues,
de
un
lado
soslayó que ésta admitió en el escrito de réplica que el
desempeño
habiéndoles
de
aquéllos
llamado
la
era
evaluado
atención,
y
del
y
controlado,
otro, el
perito
contador
horario
manifestó
de
los
que
la
actores
demandada
era
de
9
le
a
informó
16
hs.,
que
el
mientras
permanecía abierta la obra social.
2. En otro orden, afirma que el a quo violó la
doctrina legal de esta Corte referida a los arts. 375 del
Código
Procesal
Civil
y
Comercial
y
23
de
la
Ley
de
Contrato de Trabajo.
Sostiene que, en tanto la accionada reconoció la
prestación de servicios, aunque otorgándoles un carácter no
laboral, el tribunal puso indebidamente en cabeza de los
actores
la
carga
de
acreditar
que
las
tareas
admitidas
fueron realizadas bajo relación de dependencia.
Al resolver de ese modo -expresa-, el tribunal
adjudicó erróneamente la carga de la prueba a la parte
actora, transgrediendo la doctrina elaborada en la causa L.
87.622, "Lanusse" (sent. del 3-IV-2008), entre otras que
cita, en cuanto se resolvió que, admitido el hecho de la
prestación de servicios por la demandada pero negada su
naturaleza laboral, incumbe a esta última la prueba de la
particular vinculación alegada en virtud de lo dispuesto
por el art. 375 del Código Procesal Civil y Comercial y
que, no habiéndolo hecho, rige la presunción de que los
trabajos fueron realizados en relación de dependencia.
III. El recurso no puede prosperar.
1. Invirtiendo el orden de tratamiento de los
agravios
por
razones
metodológicas,
he
de
señalar
inicialmente que aquél vinculado a la denunciada violación
de la doctrina legal relativa a los arts. 375 del Código
Procesal Civil y Comercial y 23 de la Ley de Contrato de
Trabajo no resulta atendible.
La crítica se revela inoficiosa para modificar lo
resuelto,
habida
cuenta
que,
sin
haber
atribuido
expresamente la carga de la prueba a ninguna de las partes,
el
tribunal
relación
de
arribó
a
trabajo
la
conclusión
entre
las
de
partes
que
no
tras
existía
valorar
detalladamente las pruebas ofrecidas por ambos litigantes
(especialmente, la testimonial; vered., fs. 496/498 vta.).
Siendo ello así, la queja luce abstracta, toda
vez
que
hubiere
aun
cuando
adjudicado
-por
vía
de
erróneamente
hipótesisel
onus
el
tribunal
probandi,
las
pruebas producidas -y aportadas por ambas partes- quedaron
de
todas
formas
adquiridas
por
el
proceso
y
fueron
oportunamente ponderadas por el a quo, quien con sustento
en ellas arribó a la conclusión del carácter no laboral del
vínculo
(conf.,
en
similar
sentido,
causas
L.
92.658,
"Franco", sent. del 3-VI-2009; L. 89.025, "Leiva", sent.
del 24-V-2006).
En consecuencia, no asiste razón a la recurrente
en cuanto denuncia violación de la doctrina legal vinculada
al art. 23 de la Ley de Contrato de Trabajo, pues sabido es
que queda desvirtuada la presunción iuris tantum consagrada
en dicho precepto (y que resulta de la admisión en el
responde de la prestación de servicios, aunque alegando una
relación
jurídica
ajena
al
contrato
de
trabajo)
si
la
prueba producida demuestra que las tareas prestadas por el
actor
no
lo
fueron
en
el
marco
de
una
relación
de
dependencia (conf. causas L. 92.658, "Franco", sent. del 3VI-2009; L. 83.812, "Glorioso", sent. del 30-VIII-2006; L.
75.371,
"Giacobini",
"Ferreres",
sent.
del
sent.
del
18-IX-2002;
30-X-2002;
L.
L.
59.107,
74.658,
"Cañomir",
sent. del 22-X-1996; entre otras).
2. Tampoco alcanza a evidenciar la quejosa que el
tribunal hubiera incurrido en absurdo.
a. Tiene dicho esta Corte que establecer si entre
las partes medió un contrato de trabajo o no, constituye
una típica cuestión de hecho irrevisable en la instancia
extraordinaria,
demuestre
que
salvo
el
que
se
alegue
idóneamente
y
se
tribunal
de
grado,
para
a
su
llegar
conclusión, ha incurrido en absurda valoración de la prueba
(conf. causas L. 101.504, "Romano", sent. del 13-VII-2011;
L.
99.677,
"Bázquez",
sent.
del
22-IX-2010;
L.
92.658,
"Franco", sent. del 3-VI-2009; L. 74.908, "Barneche", sent.
del 29-V-2002; L. 61.520, "Zamudio", sent. del 8-IV-1997;
L.
56.699,
"Serone",
sent.
del
27-VI-1995;
L.
48.644,
"Ferro", sent. del 29-IX-1992; L. 42.059, "Portillo", sent.
del 16-V-1989; L. 33.490, "Arteaga", sent. del 24-VIII1984; entre muchas).
b. Aunque lo denuncia, juzgo que la impugnante no
logra demostrar la configuración del vicio aludido.
(i)
En
primer
lugar,
no
acierta
en
cuanto
cuestiona la valoración de la prueba testimonial.
El tribunal detalló en el veredicto el contenido
de
las
declaraciones
de
los
testigos,
concluyendo
con
sustento en ellas que las modalidades de la relación que
ligó a las partes diferían en mucho de la relatada por los
actores
en
la
registrados
demanda,
como
toda
empleados
vez
que,
dependientes,
aunque
figuraban
nunca
prestaron
servicios efectivos para la obra social accionada, sino que
cumplieron funciones sindicales (fs. 495 vta.).
Sin ocuparse de refutar puntualmente cada una de
esas declaraciones, afirma la quejosa que -por un ladoalgunos de esos deponentes tenían interés en favorecer a la
accionada
y
-por
el
otro-
que
sus
dichos
quedaron
desvirtuados por la prueba documental y pericial contable.
El
palmariamente
primero
de
esos
insuficiente,
no
cuestionamientos
sólo
porque
ignora
luce
la
recurrente que ponderar la habilidad y el mérito de los
testigos es una facultad privativa de los jueces de grado
(conf. causas L. 105.492, "Nieva", sent. del 19-X-2011; L.
104.574,
"Pipola",
sent.
del
15-VI-2011),
sino
también,
porque, además de las pronunciadas por aquellos deponentes
que la interesada juzga inhábiles, el tribunal valoró otras
declaraciones emitidas en sentido concordante, incluyendo
las de algunos testigos propuestos por los propios actores,
lo que demuestra la irrelevancia de la queja, habida cuenta
que, aún prescindiendo de las declaraciones de los sujetos
que la quejosa reputa parciales, el resultado no se habría
alterado. Sólo a modo de ejemplo puede mencionarse que,
según lo consignó el a quo, el testigo Arbeleche (propuesto
por los actores y amigo íntimo de éstos) declaró que los
accionantes "no prestaban servicios para la Obra Social"
(fs. 495 vta.), mientras que el testigo Cittadino (también
propuesto por la actora, fs. 474) declaró que Allary "no
era empleado de la obra social, sino que era delegado" (fs.
495).
(ii) Por otra parte, tampoco asiste razón a la
impugnante en cuanto postula que, al fundar su decisión en
la testimonial, el tribunal desplazó injustificadamente las
pruebas instrumental y pericial contable, de las que se
desprende que los actores fueron registrados en los libros
laborales de la demandada.
Ello
apreciación
autorizados
así,
en
a
no
sólo
conciencia,
seleccionar
y
porque
los
al
prevalecer
magistrados
jerarquizar
las
la
están
fuentes
y
medios probatorios, pudiendo preferir unos elementos de tal
naturaleza a otros, sin que su opinión pueda revisarse en
la
instancia
extraordinaria
(conf.
causas
L.
92.658,
"Franco", sent. del 3-VI-2009; L. 82.048, "Gil", sent. del
24-V-2006; L. 76.216, "Meza", sent. del 16-VII-2003; L.
74.165,
"Nocioni",
"Brindisi",
también,
sent.
porque
sent.
del
no
del
18-IX-2002;
5-V-1987;
alcanza
la
entre
L.
37.463,
muchas),
recurrente
a
sino
rebatir
eficazmente la conclusión del tribunal relativa a que la
circunstancia de que los actores hubiesen sido registrados
en
los
libros
laborales
por
la
accionada
constituyó
un
error, dado que, en rigor, aquéllos cumplían en el ámbito
de la obra social sindical funciones gremiales ajenas a una
relación de trabajo.
En
relación
a
esto
último,
cabe
recordar
que
-como lo precisó el a quo (vered., fs. 498 y vta.)- en un
precedente asimilable al presente caso, en el cual también
se había acreditado con la pericia contable que el actor,
pese
a
su
carácter
de
dirigente
sindical,
había
sido
inscripto en el libro prescripto por el art. 52 de la Ley
de Contrato de Trabajo, habiéndose efectuado los aportes y
contribuciones
sindicato
sociales
demandado,
y
previsionales
esta
Corte
por
resolvió
parte
que
del
dicha
circunstancia no desvirtuaba lo resuelto por el tribunal
del trabajo en orden a la inexistencia de relación laboral
entre
las
partes.
Ello
así
atento
a
que
la
referida
registración se correspondía con los recibos de haberes, en
los cuales se consignaba el cargo sindical que ostentaba,
por lo que su inscripción en los libros laborales era,
evidentemente, un error del sindicato demandado, que debió
haber inscripto al allí accionante en los libros contables
(conf. causa L. 88.417, "Roldán", sent. del 23-II-2005; ap.
III. e. y III. g. del voto del doctor Roncoroni, al que
adhirieron los restantes Ministros votantes).
Similar es lo que ocurre en el caso de autos,
dado
que,
según
consta
en
los
recibos
de
sueldo,
los
actores han sido registrados como "Delegado Cap. Federal"
(el actor Alende; ver recibos de fs. 61/73) y "Deleg. Zona
Sur" (el reclamante Allary; recibos de fs. 74/85), lo que
concuerda con los asientos de los libros laborales, según
lo dictaminó el perito contador (fs. 276).
No enerva dicha conclusión la argumentación de la
quejosa
afincada
en
que
la
inclusión
de
la
palabra
"delegado" en el casillero correspondiente a la categoría o
calificación profesional no estaba vinculada al ejercicio
de funciones gremiales, sino al desarrollo de actividades
en las distintas "delegaciones" que posee la accionada en
los distintos puertos del país, desde que no aporta ningún
elemento probatorio que la respalde, agotándose su crítica
en un vano intento de disputarle al juzgador el ejercicio
de las facultades que le asisten para ponderar las pruebas,
método
-como
absurdo.
es
Máxime
sabidocuando
ineficaz
para
-desvirtuando
evidenciar
el
completo
la
por
interpretación esgrimida por los actores- en el escrito de
demanda
éstos
diferente
denunciaron
("Personal
de
una
categoría
Supervisión
1°
convencional
Categoría,
del
Convenio Colectivo de Trabajo n° 160/75”, ver fs. 87 vta.)
que, para más, en modo alguno resultó demostrada en la
causa, lo que resta toda verosimilitud al planteo.
Con
todo,
tampoco
le
asiste
razón
en
cuanto
señala que Allary fue designado en su función sindical en
el año 2006, habiendo ingresado a laborar para la demandada
en 2003 (dato que, en su criterio, abonaría la tesis de que
el actor trabajó en forma dependiente antes de haber sido
electo como delegado), pues de la pericia contable surge
que consta en los libros (que eran llevados en legal forma
y no han sido objetados por los recurrentes) que aquél fue
registrado
el
1-VII-2003
"bajo
la
categoría
Delegado,
Calificación Profesional, Delegado Zona Sur" (pericia, fs.
276).
Finalmente, no obsta a lo hasta aquí señalado la
circunstancia de que los actores hayan sido registrados por
la obra social sindical y no por el sindicato para el cual
cumplían tareas gremiales.
Aunque
es
cierto
que
el
sindicato
y
la
obra
social que constituyen personas jurídicas independientes,
cuya organización y patrimonios no pueden ser confundidos,
y más allá de la irregularidad que efectivamente representa
que haya sido la obra social quien registró (para más,
erróneamente en los libros laborales, cuando debió haberlo
hecho en los libros contables) a los actores, lo relevante
para
desestimar
resolvió
el
a
el
planteo
quo,
en
actoral
conclusión
es
que
que
no
(según
logra
lo
ser
desvirtuada por la quejosa) no se acreditó una relación
laboral dependiente entre los accionantes y la demandada,
toda vez que las tareas por ellos desempeñadas lo fueron en
cumplimiento de funciones gremiales. En otras palabras: las
desprolijidades en que incurrieron el sindicato y la obra
social al haber registrado a los actores en los libros
laborales de esta última no tienen entidad para trocar una
función sindical en un contrato de trabajo, cuando -como
ocurre
en
tipifican
el
a
casoesta
no
figura
se
demostraron
contractual
las
(arts.
notas
que
21
22,
y
L.C.T.).
En ese sentido, ha resuelto esta Corte en un caso
asimilable al presente que en nada obsta a la inexistencia
de relación laboral declarada por el tribunal del trabajo
la circunstancia de que el accionante haya cumplido algunas
de sus funciones gremiales en el ámbito de la obra social
administrada por el sindicato y no sólo en el seno de la
asociación sindical, pues si bien es cierto que ambas son
organizaciones jurídicamente independientes, no lo es menos
que las tareas que el representante sindical desempeñaba en
la obra social lo fueron en cumplimiento de su mandato
gremial y en beneficio de los trabajadores afiliados al
sindicato (conf. causa L. 86.418, "Maldonado", sent. del
27-XII-2006; ap. III. 2. del voto del doctor Genoud, al que
presté mi adhesión).
Siendo
ello
así,
debe
descartarse
el
agravio
(recurso, fs. 520 y vta.) afincado en que la doctrina que
emana de la causa L. 88.417, "Roldán" es inaplicable al
caso en virtud de que ha sido demandada una obra social y
no un sindicato.
(iii)
Resultando
lo
expuesto
suficiente
para
desestimar la existencia de un contrato de trabajo entre
las partes, no corresponde pronunciarse sobre las restantes
críticas traídas por la quejosa.
En consecuencia, el remedio procesal incoado debe
ser rechazado pues -como lo ha declarado este Tribunal en
los
precedentes
recurso
arriba
extraordinario
citadosde
resulta
inaplicabilidad
insuficiente
de
ley
si
el
el
trabajador no demostró su desempeño en una relación laboral
dependiente en forma paralela con las propias de su cargo
de dirigente gremial (conf. causas L. 86.418, "Maldonado",
sent. del 27-XII-2006; L. 88.417, "Roldán", sent. del 23II-2005).
IV.
En
virtud
rechazar
el
recurso
impugnada
en
cuanto
de
lo
traído
fue
y
expuesto,
confirmar
materia
de
corresponde
la
agravio,
sentencia
con
costas
los
mismos
(art. 289 del C.P.C.C.).
Voto por la negativa.
El
señor
Juez
doctor
Negri,
por
fundamentos del señor Juez doctor Hitters, votó también por
la negativa.
A la cuestión planteada, el señor Juez doctor
Soria dijo:
Habré de adherir al voto del doctor Hitters.
Empero, he de aclarar que la doctrina sentada en
la causa L. 88.417, "Roldán" (sent. de 23-II-2005) resulta
aplicable en la especie en tanto a juicio del a quo la
accionada no sólo negó la existencia de la relación laboral
invocada por los demandantes sino también de "cualquier
otro
tipo"
(fs.
494
vta.),
y
aún
en
una
posición
más
favorable para los actores, quedaron también acreditadas en
el fallo circunstancias que -en criterio adoptado en la
opinión mayoritaria del tribunal de grado- patentizan la
ejecución de sus tareas por fuera del marco de una relación
laboral (conf. fs. 494/500), fundamento este último, que
-como bien se señala en el voto inaugural- ha sido atacado
por conducto de una crítica que luce insuficiente (art.
279, C.P.C.C.).
Con el alcance indicado, voto por la negativa.
Los señores jueces doctores Kogan y Genoud, por
los
mismos
fundamentos
del
señor
Juez
doctor
Hitters,
votaron también por la negativa.
Con
lo
que
terminó
el
acuerdo,
dictándose
la
siguiente
S E N T E N C I A
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, se
rechaza el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley
traído; con costas (art. 289, C.P.C.C.).
Regístrese, notifíquese y devuélvase.
HECTOR NEGRI
DANIEL FERNANDO SORIA
LUIS ESTEBAN GENOUD
JUAN CARLOS HITTERS
HILDA KOGAN
GUILLERMO LUIS COMADIRA
Secretario
rc
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