los regímenes militares del siglo xx en el salvador

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ACTIVIDAD DE REFUERZO PAES SOCIALES II AÑO BACH.
2015 LOS REGÍMENES MILITARES DEL SIGLO XX EN EL
SALVADOR
INDICADOR DE LOGRO: Compara los distintos gobiernos militares del siglo XX, a partir
de las acciones que cada uno realizó en su periodo en El
Salvador.
PRIMERA FASE: EL AUTORITARISMO MILITAR-DESARROLLISTA
En el mes de diciembre de 1948, los militares le dieron el golpe de Estado al presidente de la
República el general Salvador Castaneda Castro. Al golpe de Estado se le llamó “la Revolución
del 48”. Inmediatamente del golpe, se organizó una junta formada por civiles y militares. La cual
estaba integrada por los militares: coronel Manuel Córdova, Oscar Bolaños y Oscar Osorio. Y
por los civiles: Reynaldo Galindo Pohl y Humberto Costa. Esta junta se comprometió a instaurar
un sistema democrático, garantizado por la puesta en práctica de reformas y por la elevación del
nivel de vida de los salvadoreños. Luego del golpe se creó un nuevo partido oficial, el PRUD
(Partido Revolucionario de Unificación Democrática), con el fin de llevar a la presidencia al
coronel Oscar Osorio (1950 – 1956), líder del golpe de Estado, quien resultó electo a principios
de 1950.
GOBIERNO DEL CORONEL OSCAR OSORIO
Con la llegada de Osorio a la presidencia en 1950, su administración inició un proceso sin
precedentes de reemplazo del liberalismo económico por un modelo de intervención estatal. La
constitución de 1950 le otorgó al Estado los poderes para intervenir en la economía con el fin de
“asegurar la dignidad humana a todos los habitantes del país”. También restringió la libertad
económica “donde hubiera conflicto con los intereses sociales”. Incluso la propiedad privada,
prácticamente un símbolo religioso para la elite agraria, fue constitucionalmente protegida
únicamente como propiedad en “función social”. El Estado asumió los poderes para regular los
días laborales y los salarios mínimos así como las relaciones laborales. Después de imponer
variedad de programas diseñados para promover la industria y reducir el costo urbano de vida a
través de programas de vivienda, seguridad social y subsidios a la canasta básica. Los altos
precios del café aumentaron los ingresos del Estado para realizar estos proyectos.
Sin embargo el mayor énfasis de la inversión pública fue en el desarrollo de la infraestructura,
incluyendo puertos, proyectos hidroeléctricos y carreteras. Por ejemplo se construyeron las
carreteras del litoral, el puente sobre el río Lempa (“puente de oro”), el Puerto de Acajutla, la
represa hidroeléctrica “5 de noviembre”, la cual permitió que la energía eléctrica fuera barata y
con ello, apoyar a las nuevas industrias. La industrialización también fue impulsada, lo que dio
como resultado el surgimiento de diversas industrias como calzado, cemento, productos
químicos, etc.
El gobierno combinó estas medidas desarrollistas y populistas con algunos pasos preliminares
hacia el cooperativismo. Creó un sector sindical oficial, confinado al sector industrial, y un partido
oficial, el Partido revolucionario de la Unificación Democrática (PRUD), que buscaba una
integración vertical de diferentes clases sociales y grupos de interés, similar al Partido
Revolucionario Institucional (PRI) de México, donde Osorio había vivido.
El PRUD falló en lograr la legitimidad revolucionaria o la estructura rural organizada que
fortaleció al partido mexicano. Nunca desarrolló una estructura partidaria permanente, la cual
desaparecía prácticamente en los períodos que no había elecciones, dejando a los ciudadanos
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2015 sin los mecanismos partidarios locales a través de los cuales pudieran canalizar sus demandas.
La mayoría de los organizadores principales del PRUD habían estado ligados al partido Propatria de Martínez y eran inefectivos para construir un genuino partido de masas. La legitimidad
que Osorio ganó inicialmente fue minada rápidamente, en la medida que su gobierno fue
ganando la reputación de corrupto e insensible a las demandas populares. Osorio manipuló al
Consejo Central de Elecciones (CCE) para asegurar que efectivamente no hubiera elecciones
libres y competitivas. Desde 1952 hasta su desmantelamiento en 1961, el PRUD controló todos
los asientos de la Asamblea Legislativa, excluyendo al opositor Partido de Acción Renovador
(PAR), que se había originado en el movimiento contra Martínez en 1944 y había logrado un
respetable 43% de los votos en las elecciones presidenciales de 1950. En 1952 Osorio reprimió
la izquierda, encarcelando a cientos y exiliando a los más conocidos líderes del clandestino
Partido Comunista. Simultáneamente Osorio apeló a la amenaza comunista en Guatemala, con
el ascenso de Jacobo Arbenz, para justificar las reformas sociales y evitar el aumento del
descontento popular. Este argumento persuadió a la elite social para tolerar el aumento de
impuestos y las medidas desarrollistas del PRUD, e incluso en ir lejos con las políticas que
permitieron una mayor organización al nivel urbano. En la mitad de la década de los 50’, un
dilema básico para la revolución de 1948 llegó a ser evidente. Los militares no podían mantener
un amplio apoyo popular sin proporcionar beneficios materiales a la población, y no podían hacer
esto sin minar el apoyo que recibirían de las elites civiles. Al final de su período, Osorio estaba
desacreditado tanto con la elite civil como con la población en general, sin haber podido
satisfacer las expectativas de ninguno.
GOBIERNO DEL CORONEL JOSÉ MARÍA LEMUS
El teniente coronel José María Lemus, asumió el poder el 14 de septiembre de 1956. Durante
todo el mandato del presidente Lemus, el acuerdo entre militares y oligarquía fue evidente. Hizo
declaración de su patrimonio al asumir la presidencia, ante la Corte Suprema de Justicia. Inició
una precipitada obra social. Decidió que había que impulsar la vivienda mínima para el
campesino, con un terreno adyacente que pudiera cultivar (Proyecto Metalío). Había que
establecer el salario mínimo, la dieta alimenticia para el campesino, etc. Todo esto incomodó a la
oligarquía. Lemus continuó con el mismo esquema de incómodo equilibrio entre reformas y
represión. Puso en su gabinete de gobierno a prominentes abogados ligados con la elite agraria,
quienes fungieron como ministros de relaciones exteriores, justicia, economía, interior y de
trabajo. La necesidad de hacer contrapeso a la orientación hacia las clases altas de su gobierno
llevó a Lemus a realizar una apertura política que permitió el regreso de los exiliados políticos y
permitió una mayor libertad sindical. Los comunistas exiliados por Osorio regresaron y
resumieron sus actividades. La Confederación General de Trabajadores (CGT), coordinada por
el Partido Comunista, surgió como la organización laboral más militante del país. La baja en los
precios del café en 1957 y 1958, combinado con un alza de los productos de la canasta básica,
provocó grandes manifestaciones contra el gobierno. La revolución cubana de 1959 promovió
una mayor militancia y combatividad de los movimientos populares y la izquierda empezó a
contemplar la posibilidad de las revoluciones, a pesar de que hasta ese momento no estaba
preparada para una lucha armada.
Lemus había agotado el rango de reformas tolerable para la oligarquía. Además había dañado
su relación con los cafetaleros por intervenir en el mercado del café en 1958 y 1959, cuando los
forzó a reducir sus ventas en un esfuerzo para neutralizar la caída de los precios del producto.
En lugar de profundizar en su línea reformista, Lemus optó por la represión, ordenando a las
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2015 tropas a disparar contra las manifestaciones y arrestando a cientos de activistas de los grupos
populares organizados. Debido a unas actuaciones algo subidas de tono, por parte de los
estudiantes universitarios, el presidente Lemus descargó su exasperación ordenando a la policía
el allanamiento de la Universidad Nacional de El Salvador. Estudiantes y profesores fueron
vejados, en cuenta el propio rector Dr. Napoleón Rodríguez Ruiz. Un estudiante murió de los
golpes recibidos. También ordenó la captura y golpiza que sufrió el excanciller Roberto Canessa,
quien murió, poco tiempo después de haber sido puesto en libertad. Pronto el descontento se
generalizó, no solamente dentro de los civiles, sino también dentro del ejército.
La represión de Lemus, dejo de desalentar la protesta popular, catalizó una amplia movilización.
Grupos de clase media, estudiantes y miembros del Partido Comunista formaron el Partido
Revolucionario de Abril y Mayo (PRAM), cuyo nombre rememoraba los meses de la rebelión
contra Martínez, en 1944. Osorio quien había continuado activo dentro del PRUD, rompió con
Lemus y formó el PRUD Auténtico. Posteriormente, un nuevo movimiento llamado Frente
Nacional de Orientación Cívica (FNOC) aglutinó a trabajadores, a grupos cívicos, al viejo PAR y
al PRAM en un amplio frente opositor.
Las intensas confrontaciones políticas crearon profundas divisiones entre los militares. El 26 de
octubre de 1960, un movimiento reformista, apoyado por oficiales jóvenes, Osorio y la FNOC,
derrocó a Lemus en un incruento golpe. Los golpistas escogieron tres civiles de la Universidad
Nacional con conexiones con el FNOC para integrar la Junta, junto con dos coroneles y un
mayor. Sin embargo el nuevo gobierno fue vulnerable a los cargos de que estaba abriendo las
puertas al comunismo. Los tres civiles en la junta fueron vinculados con organizaciones en las
cuales los comunistas tenían una considerable presencia ya demás tenían contactos personales
con los comunistas activos en la Universidad Nacional. EE.UU. se rehusó a reconocer a la junta,
lo que redujo el apoyo a la junta entre los militares. En la creta de la revolución cubana, los
oficiales del ejército anticiparon que necesitarían ayuda estadounidense para enfrentar a los
elementos izquierdistas. Las organizaciones populares que habían continuado creciendo durante
la administración de Lemus, a pesar de la represión, ahora florecían aún más bajo la política
progresista y más tolerante de la nueva junta. Los líderes laborales que habían sido exiliados
previamente regresaron. Los vínculos de la junta con las organizaciones de masas de la
izquierda, y su intención de realizar elecciones libres, alarmó a los sectores más conservadores
de la Fuerza Armada y a los miembros de las clases altas.
El 25 de enero de 1961, la junta reformista cayó por un golpe de Estado liderado por un grupo de
oficiales de rango medio y alto. En respuesta, una manifestación multitudinaria marchó a uno de
los cuarteles que todavía apoyaban a la junta y pidió armas. Cuando los oficiales se negaron, la
multitud marchó a través de la ciudad hacia los cuarteles que apoyaban a los golpistas, con la
intención de mostrar su oposición al golpe. En la ruta, la multitud fue ametrallada. Cuando los
seguidores de la junta amenazaron con una huelga general, los líderes golpistas llamaron a
unidades de la Policía Nacional y de la Guardia Nacional para dispersar a los manifestantes.
Cerca de cien personas fueron muertas por los disparos. Los miembros de la junta fueron
arrestados y exiliados. Al igual que en 1948, una asamblea de oficiales se reunió para elegir su
nuevo liderazgo, el cual recayó en el teniente coronel Julio Adalberto rivera y el coronel Aníbal
Portillo como miembros iniciales de un nuevo Directorio Cívico Militar. Tres civiles conservadores
de la elite civil se incorporaron como miembros del Directorio.
Las políticas implementadas por el Directorio reflejaban una notable continuidad con el modelo
de Martínez y el modelo de 1948: el nuevo gobierno primero estableció sus credenciales
represivas y de protección de los intereses oligárquicos, y después procedió a la realización de
las reformas prometidas, buscando legitimarse y aplacar el descontento popular. Sin embargo,
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2015 las reformas fueron periféricas para atacar las causas del descontento y probaron ser poco
efectivas en incorporar amplios sectores de la población como base social de su gobierno. Los
EE.UU. rápidamente reconocieron al Directorio, satisfechos por el hecho que tenía elementos
más “responsables”, tanto civiles como militares. El nuevo gobierno se benefició de un
incremento en los niveles de la ayuda, bajo la Alianza para el Progreso, incluyendo préstamos
blandos por un total de 25 millones de dólares en 1961.
GOBIERNO DEL CORONEL JULIO ADALBERTO RIVERA
El 1 de julio de 1962, tomó posesión como presidente de la república el teniente coronel Julio
Adalberto Rivera. Iniciando el primer gobierno del Partido de Conciliación Nacional (PCN). A
pesar de que la Fuerza Armada controló las elecciones de 1962, los militares parecían haber
reconocido, principalmente por las movilizaciones populares de finales de los 50’, la caída de
Lemus y las protestas populares contra el Directorio en 196, que necesitaban realizar mayores
esfuerzos para legitimar el régimen militar a través de un amplio apoyo popular dentro de la
sociedad salvadoreña. Una vez instalado como presidente, Rivera empezó un proceso de
liberalización política, apoyando, entre otras medidas una nueva ley electoral que postulaba la
representación proporcional en la Asamblea Legislativa y que permitía a un mayor rango de
partidos políticos obtener asientos en la legislatura. A pesar de que, posteriormente, estas
medidas causarían problemas a los militares, estas tuvieron un efecto político benéfico para
Rivera, debido a que los partidos de oposición les tomaría tiempo ocupar el nuevo espacio
político. De hecho, Rivera descubrió un mecanismo para mantener a sus opositores políticos
fuera de las calles.
El principal beneficiario de las reformas de Rivera fue el recién formado Partido Demócrata
Cristiano (PDC), cuya plataforma reclamaba reformas estructurales para construir un capitalismo
más humano y elecciones libres y genuinamente democráticas. El PDC, rápidamente desplazó
al moribundo PAR como el principal partido de oposición. El resultado como la liberalización
política fue óptimo para el PCN porque a hora tenía enfrente a un increíble oponente electoral,
aunque continuaba controlando la mayoría en la Asamblea Legislativa. Sin embargo, el evento
político más importante fue la elección del democristiano José Napoleón Duarte como alcalde
San Salvador. Duarte renovó los servicios públicos municipales y estableció Acción Comunitaria
para promover el desarrollo de las comunidades pobres de San Salvador sobre la base de
autogestión. La reputación de Duarte por su efectividad, su sensibilidad a las demandas
populares y sus actividades comunitarias, le dio a los demócratas cristianos el apoyo de las
masas populares, lo que en el tiempo amenazaría la dominación del PCN.
El PDC actuó cautelosamente en las elecciones presidenciales de 1967; mantuvo a Duarte en
reserva para las elecciones municipales y legislativas del 68 y postulo al secretario general del
partido, Abrahan Rodríguez, como candidato presidencial contra el coronel (después General)
Fidel Sánchez Hernández, del PCN. El PAR, controlado por los comunistas, forzó a los sectores
más conservadores a formar el Partido Popular Salvadoreño (PPS). El candidato del PAR fue
Fabio Castillo, ex rector de la Universidad Nacional, miembro de la efímera junta de 1960 y uno
de los principales señalados por los EE.UU. de ser Castro7comunista. El PPS postuló a Álvaro
Martínez, mayor retirado y caficultor.
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2015 SEG U N DA FASE: EL AU TO RITARISM O DE REFO RM A ESTRU CTU RAL
M O DERN IZAN TE
GOBIERNO DEL GENERAL FIDEL SÁNCHEZ HERNÁNDEZ
La principal estrategia del candidato Sánchez Hernández del PCN fue presentarse como el
protector del país contra el comunismo, concentrándose en el candidato del PAR., Fabio Castillo.
La prensa reforzó la estrategia del PCN al presentar a Fabio Castillo como comunista y transmitir
reportajes especiales del levantamiento campesino de 1932, en los que se enfatizaba la
manipulación de los campesinos por parte de los comunistas. Con esta estrategia, los militares
se presentaron como los salvadores del país y paladines de la democracia, amenazada por el
“comunismo internacional”. Sánchez ganó las elecciones con una amplia ventaja. La estrategia
electoral del PCN comenzó a fracasar en las elecciones municipales y legislativas de 1968. El
PDC ganó 78 alcaldías y logró un número importante de escaños en la Asamblea Legislativa.
Esto incrementó las presiones derechistas contra Sánchez Hernández, particularmente cuando
éste declaró en la inauguración del congreso sobre reforma agraria de 1970, que esta reforma
era una necesidad.
Como contrapeso a su retórica reformista, Sánchez realizó acciones que mostraban su
identificación con los intereses oligárquicos: nombró al coronel José Alberto Medrano como
comandante de la Guardia Nacional, el puesto de comando más poderoso dentro del sistema de
seguridad y la posición más involucrada en la represión cotidiana de las organizaciones
populares campesinas. A finales de 1967, el presidente Sánchez y el coronel Medrano
presionaron a la elite agraria a financiar la expansión de ORDEN, aludiendo que era necesario
para combatir al comunismo y como algo consistente con la propia experiencia histórica de El
Salvador, una afirmación que era, en ese contexto, una referencia a los eventos de 1932.
El nuevo partido oficial, la constitución política de 1962 que ligeramente modificó la de 1950, la
ley de representación proporcional que posibilitó el crecimiento de los partidos de oposición y su
participación en la Asamblea Legislativa, la elección presidencial de 1967, la autonomía
universitaria y el desarrollo del sindicalismo urbano, indican, para todo el período que estamos
analizando una liberalización del régimen autoritario y un incremento de la participación política.
Por otra parte, el aumento en el valor de las exportaciones, el crecimiento industrial, la Alianza
para el Progreso, el desarrollo del Mercado Común Centroamericano y el crecimiento económico
hicieron posible una respuesta relativamente suficiente a las demandas de distribución de la
época. En 1967 y 1968 estallaron, sin embargo, algunas huelgas importantes. El régimen
resultante del golpe de 1961, conducido por el coronel Rivera hasta 1967 y posteriormente por el
entonces coronel Sánchez Hernández, continuó el modelo establecido por Osorio, consiguiendo
estabilidad mediante la adopción de una política flexible de cambiante grado y forma de
represión y concesiones económicas según las exigencias políticas del momento. Se permitió
una considerable mayor libertad de actividad política en formas que se consideraban inocuas
mientras el proselitismo de izquierdas en el campo se reprimió rígidamente y violentamente.
En esta etapa, los procedimientos e instituciones de gobierno evolucionaron en la dirección de
permitir mayor pluralismo y participación. La base social del régimen político cambió al
incorporarse al sistema las clases medias. Sin embargo, la incorporación de las clases medias
no significó una disminución correspondiente del poder de la oligarquía cafetalera. La oligarquía
cafetalera dejando de ser casi exclusivamente cafetalera para modernizarse con las
posibilidades ofrecidas por el Mercado Común Centroamericano se convirtió en gran burguesía
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2015 rural-industrial-financiera, y ella también incrementó su poder. Este incremento burgués
hegemónico unido al de las clases medias proporcionó al régimen una base social más amplia.
El gobierno del general Fidel Sánchez Hernández tuvo problemas de orden social, debido a los
desajustes y a las tensiones que estaban incubándose. Su íntimo amigo y Ministro de Educación
Walter Béneke, puso en práctica una reforma educativa, que fue muy combatida. A mediados del
período presidencial de Sánchez Hernández, el Mercado Común centroamericano hizo crisis.
Honduras alegaba que no había tenido beneficios proporcionales en las ventajas de intercambio.
Por otra parte, en ese país se ensayaba una reforma agraria que en su desarrollo encontró una
manera fácil de favorecer al campesino nacido en honduras: despojó a los salvadoreños que
tenían hasta 40 años o más de poseer esas parcelas.
Algunos de tal despojos tuvieron caracteres violentos. Los medios de comunicación social
salvadoreños, aumentaron la magnitud de la tragedia. Todo el pueblo salvadoreño ardía en
deseos de ir a socorrer a sus hermanos.
El ejército estaba al lado del pueblo y ambos presionaron al presidente Sánchez Hernández, que
hacía los mayores esfuerzos para resistir dichas presiones, creyendo que tenía capacidad para
evitar el conflicto armado. Las presiones lo arrollaron y tuvieron que ir a la guerra, el 14 de julio
de 1969.
Al comienzo de la década de los 70’, El Salvador, era un país agrario, pobre, y con profundas
desigualdades en la distribución de la riqueza. Su economía estaba basada en el cultivo y
exportación de café, algodón y caña, y el proceso de industrialización incipiente padecía
crecientes dificultades a consecuencia de la ruptura del Mercado común Centroamericano,
crecimiento demográfico, vivienda, educación, salud y desempleo eran agudos problemas
sociales. Además, desde 1969, la movilización popular posibilitada por la liberalización
precedente, el crecimiento de los partidos políticos de oposición, el desarrollo de los sindicatos
obreros industriales, los movimientos de maestros y estudiantes, el surgimiento de las
organizaciones populares campesinas de masas y la concientización social de un sector de la
iglesia católica coincidieron con la crisis económica, agudizada por la guerra contra Honduras, y
la mocionada ruptura del Mercado común Centroamericano al que El Salvador exportaba bienes
industriales y fuerza de trabajo.
Ante esta situación, el gobierno militar y la fuerza armada concibieron una estrategia políticoeconómica, que algunos académicos bautizaron como “modernización capitalista en el marco de
la seguridad nacional”. La estrategia del régimen se orientó, en definitiva, a dar una alternativa
económica reformista, congelando la crisis política mediante el autoritarismo. Esta estrategia se
reflejó en los últimos años de la presidencia de Sánchez Hernández.
En 1970, Sánchez convocó el primer congreso de reforma agraria. En la apertura de la sesión de
la nueva asamblea legislativa en ese mismo año, anunció planes para impulsar leyes agrarias
que redistribuirían las tierras ociosas. La primera medida específica en esta línea fue la ley de
avenamiento y riego, la cual facultaba al estado utilizar terrenos privados en aras del interés
público. Miembros airados de la elite agraria respondieron que el gobierno estaba retrocediendo
y estaba sirviendo a la “causa comunista”. Incluso hubo rumores de golpe de estado para
bloquear la aplicación de la ley.
Numerosas acciones de izquierda a finales de 1970 y en 1971 reforzaron la percepción de la
elite agraria de que el gobierno estaba abandonando sus funciones anticomunistas. La
concurrida marcha en el funeral del líder del Partido Comunista de El Salvador (PCS), Raúl
Castellanos Figueroa, mostró el amplio apoyo popular que tenía la izquierda organizada, a pesar
del hecho que el PCS estaba excluido legalmente de la política.
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2015 En enero de 197, el industrial Ernesto Regalado Dueñas, heredero de dos de las familias más
poderosas del país, fue secuestrado y asesinado. Los secuestradores, miembros de una célula
de lo que llegó a ser el Ejército revolucionario del Pueblo (ERP), pidieron un millón de dólares
por el rescate, pero fueron incapaces de recolectarlo. Las frustraciones y el descontento de la
extrema derecha se incrementaron cuando, en julio de 1971, la asociación magisterial ANDES
llevó a cabo una huelga, apoyada por masivas manifestaciones de miembros de los sectores
medios, campesinos, estudiantes y pobladores de tugurios de San Salvador. Muchas de las
manifestaciones se tornaron violentas y ocasionaron serios daños a edificios públicos y
comerciales. A pesar de que PRDEN y las fuerzas de seguridad respondieron con violencia, la
impresión que quedó fue la de u gobierno que no tenía el control total de la situación.
El descontento de la oligarquía cafetalera tomó forma electoral en 1972, cuando el nuevo Frente
Unido Democrático Independiente (FUDI) postuló al general Medrano como su candidato
presidencial. Medrano fue el candidato del sistema en 1932, u oficial que entendía, al igual que
Martínez en el momento de la insurrección campesina, el rol apropiado para las fuerzas armadas
y el Estado. El apoyo lectoral de Medrano no sólo provino de la oligarquía. Por lo menos la mitad
de ORDEN apoyó a Medrano.
Otro opositor electoral de los militares fue el PDC, que se había unido al Movimiento Nacional
Revolucionario (MNR) y al comunista Unión democrática Nacionalista (UDN), formando la
coalición Unión Nacional opositora (UNO. La coalición postuló al Ing. José Napoleón Duarte
como candidato a la presidencia y a Guillermo Manuel Ungo como vicepresidente.
La UNO ganó probablemente con una considerable mayoría de votos. Los reportes de las áreas
rurales mostraban al PCN al frente de la votación, pero en las áreas urbanas la mayoría de votos
los acaparaba la UNO. El CCE bajo la presidencia del abogado José Vicente Vilanova,
suspendió el recuento de votos y declaró ganador al candidato Arturo Armando Molina del PCN,
al día siguiente de las elecciones. El ex capitán del ejército Francisco Emilio MENA Sandoval
afirma que una reunión tuvo lugar en el cuartel de la Tercera Brigada tan pronto se supo que la
UNO estaba ganando en el ámbito nacional. En la reunión se puso en marcha un plan para
modificar las papeletas de votación y asegurar que el candidato oficial ganara en el recuento
oficial de votos. El fraude electoral significó para muchos la bancarrota del gobierno militar y del
PCN. De hecho, el fraude, vino a frustrar las aspiraciones de las fuerzas opositoras progresistas,
de posibilitar el cambio social a través de medios pacíficos y democráticos. El sistema de
partidos se deslegitimó y se crearon condiciones para el surgimiento y el desarrollo de
organizaciones populares y movimientos insurgentes que desde ese momento buscaban la
transformación del país fuera de los marcos institucionales y legales, privilegiando la vía armada
para lograr sus objetivos de justicia y democracia.
GOBIERNO DEL CORONEL ARTURO ARMANDO MOLINA
Durante la administración de Molina, los dilemas inherentes al modelo de 1948 llegaron a ser
especialmente agudos. Al igual que Osorio y Rivera, Molina buscó unir sus acciones y posturas
anticomunistas con una expansión del rol del Estado en la economía, con especial énfasis en la
modernización y estabilización del capitalismo en El Salvador, promoviendo la industrialización y
el mejoramiento de las condiciones sociales de vida de la población. El Plan de Desarrollo
Económico y Social, 1973-1977, de Molina, proponía ejercer un mayor control sobre los
productos de agro-exportación y hacia la pequeña y mediana empresa. El plan incluía la
expansión de “zonas francas” para las industrias maquiladoras, préstamos internacionales para
inversiones productivas, incremento de la industrialización por sustitución de importaciones,
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2015 restricciones a las importaciones del Mercado Común Centroamericano (MCCA), promoción del
turismo y regulación de la inversión extranjera con el fin de evitar su penetración en los sectores
estratégicos de la economía. Algunos componentes del plan iban dirigidos hacia la corrección de
los problemas de distribución del ingreso: el gobierno proponía usar la política fiscal, leyes de
salario mínimo, seguridad social y reforma agraria para incrementar los ingresos y el bienestar
de las clases pobres.
Molina creó el Consejo Nacional de Planificación (CONAPLAN), bajo la dependencia directa de
la presidencia, para implementar estas medidas. CONAPLAN fue transformado posteriormente
en Ministerio de Planificación. El gobierno incrementó su control sobre la economía a través de
la expansión de las regulaciones estatales del mercado del café y la creación de una Junta
Monetaria para regular el flujo de dinero. El gobierno realizó préstamos para invertir en nuevos
sectores de la agricultura, cooperativas, pequeños y medianos negocios y otras empresas. Estas
medidas fueron acompañadas por u incremento del control militar de agencias estatales que
previamente habían sido controladas por civiles, tales como el Instituto Salvadoreño de Fomento
Industrial (INSAFI), el Banco Central de Reserva (BCR), la Compañía Salvadoreña de Café, La
Comisión Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) y varias otras. Estas nuevas agencias controladas
por militares llevaron a que se incrementara la corrupción en el gobierno. Algunos de los
directores llegaron a ser millonarios en poco tiempo y comenzaron a adquirir mayores cuotas de
poder, grandes mansiones y autos lujosos. En 1972 CONAPLAN produjo un plan de desarrollo
agrícola que proponía una redistribución de las tierras con el fin de aumentar los ingresos de las
familias campesinas. Contenía medidas para estabilizar el limitado acceso a la tierra a la vez que
estipulaba una mayor asistencia técnica para apoyar el desarrollo empresarial de pequeños y
medianos agricultores. El gobierno publicó anuncios en los periódicos para buscar apoyo a estas
iniciativas y convocó a un seminario sobre reforma agraria en 1973 para miembros del ejército,
y en el cual prominentes expertos internacionales harían presentaciones. En julio y agosto de
1973, los diputados de la asamblea legislativa viajaron a Perú para evaluar la experiencia de la
reforma agraria en ese país.
La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) respondió negativamente a esta
propuesta y publicó una contrapropuesta para incrementar y normalizar la disponibilidad de
créditos para los agricultores, lo cual en teoría haría posible aumentar la utilización y
productividad de tierras ociosas. La propuesta de ANEP incluía la no realización de una reforma
agraria y acusó al Estado por la incoherencia de liderazgo y por intervenir en el mercado. Molina
cedió rápidamente a esta y otras objeciones del sector privado y de las fuerzas armadas. A
finales de 1973, la mayoría de oficiales responsables de la planificación de la reforma
renunciaron abruptamente y fueron remplazados por individuos estrechamente identificados con
los intereses más conservadores de la elite agraria.
El problema principal de Molina para realizar las transformaciones que se había propuesto, era
la ausencia de aliados en el sector privado que las apoyaran. En realidad dos factores
conspiraron contra la intervención estatal para corregir el problema agrario del país: el aumento
de poder de las fracciones conservadoras dentro de la Fuerza Armada y el fracaso de dos
décadas de política industrial para crear una elite industrial y comercial frente e
independientemente de la oligarquía agraria. Además de la ausencia de aliados en el sector
privado, Molina enfrentó a una cada vez más poderosa y autónoma tendencia de línea dura
dentro del ejército, reforzada por el sistema interno de seguridad que había sido creado con
asistencia norteamericana durante los 60’ y 70’. Con el apoyo de esta tendencia, las elites
empresariales lograron bloquear, en 1976, el segundo intento de Molina para realizar una
transformación agraria.
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2015 En junio de 1975, fue creado el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA), como
organismo ejecutor de la reforma.
A mediados de 1976, el gobierno decidió ejecutar un primer Proyecto de Transformación Agraria.
Esta reforma concebida y promocionada como un seguro de vida para la burguesía oligárquica
y principio de liberación económico-social para las mayorías pobres, chocó contra la resistencia
de las organizaciones corporativas de la empresa privada, que percibieron un intervencionismo
estatal, que afectaba el régimen de propiedad agraria, como amenaza e injerencia intolerable.
Se declaró así un agudo conflicto entre el gobierno militar y las gremiales empresariales.
TERCERA FASE: EL AUTORITARISMO CONSERVADOR DE
ESTRUCTURA MODERNIZANTE
GOBIERNO DEL GENERAL CARLOS HUMBERTO ROMERO
La llegada al poder del general Carlos Humberto Romero (1977 – 1979) significó el
establecimiento de un proyecto puramente represivo, abandonando ya todo intento reformista.
En su discurso inaugural, el general Romero reafirmó su voluntad de establecer “el orden, la paz
y la seguridad”, como fundamento para cualquier tipo de programa o reforma. Su lema
propagandístico “bienestar para todos”, representaba una fachada.
Los civiles conservadores esperaban del general Romero que neutralizara rápidamente a la
oposición de izquierda y suspendiera definitivamente los intentos reformistas de sus
predecesores. La campaña presidencial de Romero recibió grandes cantidades de dinero de las
organizaciones conservadoras del sector privado, incluyendo a la ANEP y el Frente
Agropecuario de la Región Oriental (FARO), que había conducido la oposición contra la reforma
agraria de Molina. El sector privado había pagado literalmente la presidencia de Romero y
esperaba que él actuara de acuerdo a sus deseos. Los hechos históricos prueban que Romero
llenó esas expectativas y realizó una extensa e intensa represión. Una terrible violencia estatal
se desató bajo la presidencia de Romero, a pesar de que hubo breves períodos en los que la
intensidad de la violencia disminuyó. Romero permitió significativas aperturas políticas entre
agosto y noviembre de 1977, inmediatamente después de su toma de posesión, y otra vez de
enero a marzo de 1979, en un período de intensa vigilancia internacional por el respeto a los
derechos humanos. Además, a pesar de las presiones de la elite social conservadora para
impulsar una guerra sucia contra la izquierda, Romero no dio cartas blancas a las fuerzas de
seguridad para tal acción. Irónicamente, las fuerzas de seguridad tuvieron que esperar a que
Romero fuera derrocado por un golpe de estado realizado por jóvenes oficiales reformistas para
realizar el baño de sangre que la derecha civil y los oficiales de línea dura creían que era
necesario para alcanzar la estabilidad política.
El período comprendido entre su elección y la toma de posesión, probó ser extremadamente
peligroso para sus oponentes. Ocho días después de las elecciones fraudulentas del 20 de
febrero de 1977, fuerzas gubernamentales dispararon contra un vigilia de protesta realizada en
el centro de San Salvador. La protesta había iniciado el 21 de febrero con una marcha
encabezada por el coronel Claramount, el candidato de la Unión Nacional Opositora (UNO).
Entre 40 mil y 60 mil personas asistieron a la marcha; posteriormente, una vigilia fue organizada
en la Plaza Libertad. Alrededor de la media noche del 28 de febrero, efectivos de la Guardia
Nacional, el ejército y la Policía de Hacienda rodearon la plaza y ordenaron a las 6 mil personas
congregadas en el lugar, que se dispersaran. Claramount, pidió a los 2 mil manifestantes
restantes que permanecieran reunidos juntos, alrededor de la iglesia El Rosario, cantando el
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ACTIVIDAD DE REFUERZO PAES SOCIALES II AÑO BACH.
2015 Himno Nacional. Las Fuerzas gubernamentales, inmutables, abrieron fuego. Lo que sucedió
después es todavía confuso, cientos de los que intentaron escapar por la única calle que no
estaba bloqueada por los efectivos militares, fueron capturados y, aparentemente algunos de
ellos fueron asesinados. Testigos vieron alrededor de 160 cadáveres ser colocados en camiones
y trasladados fuera de la plaza; por lo menos 15 personas que intentaron escapar fueron
asesinadas, y testimonios de segunda mano refieren haber visto 100 cadáveres en los
hospitales públicos de la ciudad. Algunos reportes dicen que las fuerzas de seguridad dispararon
por más de cuatro horas.
Estación fue una clara y sangrienta señal a la oposición política de que la era de competencia
electoral y apertura política estaba concluida. La reacción inmediata del movimiento popular
frente a la masacre, fueron demostraciones espontáneas de protesta en San Salvador y Santa
Ana. Las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), uno de los grupos guerrilleros, se
autocriticaron por no haber coordinado mejor la respuesta popular; las organizaciones
guerrilleras y sus organizaciones populares asociadas se beneficiaron de la bancarrota del
sistema electoral y del sistema de partidos en la medida que una gran cantidad de personas
abandonó los partidos políticos convencionales y se unió al movimiento popular y guerrillero, en
los meses siguientes.
Un alto nivel de represión y violencia se produjo en el período comprendido entre la masacre del
28 de febrero y la toma de posesión de Romero. El jesuita y párroco de Aguijares, Rutilio
Grande, fue emboscado y asesinado junto con un anciano y un joven catequista. Entre el 20 de
febrero y comienzos de abril, cerca de 300 personas fueron arrestadas y 130 desaparecidos en
lo que pareció ser un plan de exterminio de figuras claves de la oposición, la mayoría asociadas
a la UNO. El 1° de mayo fue ametrallada la marcha organizada por los trabajadores para
conmemorar el día del trabajo. El 11 de mayo, otro sacerdote, Alfonso Navarro Oviedo, junto con
un joven de 15 años, fue ametrallado en su parroquia, en San Salvador. La Unión Guerrera
Blanca (UGB), que era el nombre del escuadrón de la muerte utilizado por la Guardia Nacional y
la Agencia Nacional de Seguridad de El Salvador (ANSESAL), se responsabilizó por el
asesinato.
Los asesinatos de San Salvador fueron seguidos por la ocupación militar de la ciudad de
Aguijares, en la cual 50 personas fueron asesinadas y tres sacerdotes extranjeros fueron
arrestados y deportados. El 20 de junio, cuando aún Romero no había tomado posesión, la
Unión Guerrera Blanca ordenó a los 50 jesuitas que trabajaban en El Salvador, a abandonar el
país o ser ejecutados inmediata y sistemáticamente. Los miembros de la oligarquía odiaban a
los jesuitas por haber “traicionado” a las clases altas. Tanto la Universidad Centroamericana
José Simeón Cañas (UCA) como el Colegio Externado San José, administrados por jesuitas y
donde se habían educado los hijos de las familias ricas, habían jugado un papel prominente en
la promoción de la teología de la liberación, la educación popular y la reforma agraria. El trabajo
pastoral y organizativo que los jesuitas habían desarrollado en el área de Aguijares había
fortalecido a la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) y posteriormente
al Bloque Popular Revolucionario (BPR). La UCA había sufrido daños en su infraestructura por
bombas colocadas por fuerzas de seguridad en 1976, pero las amenazas a muerte
representaban una escalada mayor.
El aumento de la represión provocó respuestas por parte de la izquierda. Antes de las elecciones
de febrero, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) había secuestrado al presidente del
Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU), Roberto Poma, y demandó la liberación de presos
políticos y un rescate por 6 millones de colones, condiciones que el gobierno aceptó. En abril, las
Fuerzas Populares de Liberación (FPL) secuestraron al ministro de relaciones exteriores,
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2015 Mauricio Borgonovo Pohl, y demanda la liberación de 37 activistas (7 de ellos miembros del FPL)
que habían sido capturados por los militares. La familia Borgonovo, una de las más ricas del
país, negoció con los secuestradores y ofreció a las FPL, un rescate, que de acuerdo a un
excombatiente de la guerrilla, “podría haber financiado la guerra por tres años más”. Al final, las
FPL, rechazaron el rescate y volvieron a su demanda original de liberación de prisioneros
políticos.. Cuando el gobierno rechazó la propuesta, la guerrilla ejecutó a Borgonovo. Tanto
Borgonovo como Poma representan el tipo de capitalistas modernizantes que habrían apoyado
medidas reformistas. Sus asesinatos contribuyeron a cerrar la posibilidad de que una fracción
moderada fuerte pudiera emerger y consolidarse hegemónicamente dentro del sector privado.
Una vez que Romero tomó posesión el 1° de julio de 1977, la intensidad de la violencia cambió
abruptamente. Las formas más brutales de violencia estatal disminuyeron en las áreas urbanas y
permanecieron en niveles bajos por cerca de 4 meses, a pesar de que la guerrilla, en
septiembre, aumentó los asesinatos, secuestros, ataques a puestos gubernamentales y
actividades de propaganda. Nadie seriamente podría haber afirmado que la disminución de la
violencia represiva obedecía a un compromiso de Romero para reducir la violencia del Estado.
Por el contrario, la disminución obedecía a presiones internacionales. Sin embargo, en las áreas
rurales la violencia gubernamental continuó como antes. Ataques similares a los de Aguilares,
ocurrieron en diversas áreas de Chalatenango, Morazán, San Vicente y Cabañas, con reportes
de detenciones, desapariciones y asesinatos después de estas operaciones.
Las presiones internacionales estaban dirigidas hacia los puestos de alto nivel del gobierno, y
primariamente a la cabeza del Estado. La reducción de la represión, que va desde la elección de
Romero hasta su toma de posesión, permitió a la izquierda incrementar sus actividades de
protesta. El Bloque Popular Revolucionario (BPR) realizó una marcha el 30 de julio para
conmemorar la masacre de estudiantes en 1975. Hasta finales de año, el BPR y el Frente de
Acción Popular Unificada (FAPU) habían realizado 13 manifestaciones callejeras y 11 huelgas
en varias partes del país. Las huelgas afectaron al sistema de generación eléctrica del río
Lempa, así como a fábricas de textiles, de ropa, embotelladoras, minas y la construcción del
nuevo aeropuerto en Comalapa.
Ante esta situación el gobierno anunció la Ley de Defensa y Garantía del Orden Público el 25 de
noviembre de 1977. La ley suspendía las garantías constitucionales y facultaba a las fuerzas de
seguridad para realizar arrestos arbitrios y les daba poderes para detener a manifestantes,
sindicalistas y otros sospechosos de ser “subversivos”. La ley permaneció en vigencia durante
un año, proporcionando cobertura legal a las acciones arbitrarias de los cuerpos de seguridad.
En lugar de centrarse en las organizaciones guerrilleras, las fuerzas de seguridad arrestaron y
en muchos casos desaparecieron a sindicalistas, estudiantes, maestros y activistas de partidos
de oposición, sin considerar si los capturados o desaparecidos pudieran ser considerados
razonablemente como una amenaza para el Estado. Esta situación de alguna manera abonó a
favor de las organizaciones guerrilleras de la izquierda, ya que la represión gubernamental hizo
que muchos miembros de las organizaciones populares y de los sindicatos optaran por la lucha
armada, fortaleciendo a los grupos insurgentes. Las organizaciones populares respondieron a la
represión estatal a través del vandalismo y el sabotaje económico. Sus miembros comenzaron a
portar armas, en un proceso llamado “pistolización”, que representó la primera etapa en la
formación de las milicias, las cuales estuvieron dedicadas inicialmente a la autodefensa de los
manifestantes y de las organizaciones populares, pero que rápidamente se convirtieron en
instrumento auxiliar de los operativos guerrilleros.
En los trece meses que estuvo vigente la Ley del Orden Público se incrementaron los secuestros
de prominentes empresarios. El 14 de mayo de 1978, Ernesto Sol Meza y Luis Méndez Novoa
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2015 fueron secuestrados por las FPL. Sol Meza fue rescatado por 4 millones de dólares y Méndez
Novoa por 100 mil. El 17 de mayo, la Resistencia Nacional (RN) secuestró al industrial japonés
Fugio Matsumoto y demandó la liberación de presos políticos por su rescate. Fue encontrado
muerto en octubre. En agosto la Resistencia Nacional secuestró a Schel Bjork, ejecutivo sueco,
demandando, entre otras cosas, la publicación de un manifiesto en periódicos de Suecia, Japón,
Panamá y Costa Rica. En noviembre y diciembre fueron secuestrados un ejecutivo de la Phillips,
dos banqueros británicos y un empresario japonés, pidiendo por su rescate la publicación de
manifiestos políticos y la liberación de presos políticos. En enero de 1979, fue secuestrado
Ernesto Liebes, presidente la más grande firma exportadora de café. Su familia no pudo
rescatarlo antes de la fecha límite para entregar el dinero exigido por los secuestradores. Fue
encontrado muerto en marzo. En febrero el caficultor Jorge Álvarez fue secuestrado,
constituyéndose en la vigésimo segunda persona victima secuestrada en menos de 20 meses.
La estrategia de los secuestradores fue enormemente remunerativa para las guerrillas. La
Resistencia Nacional informó haber captado 36 millones de dólares en rescate, hasta principios
de 1979. Los secuestros tuvieron un efecto devastador en la elite económica del país y de la
comunidad internacional de negocios. Varios prominentes capitalistas y ejecutivos abandonaron
el país, y muchas embajadas extranjeras retiraron a su personal. La vulnerabilidad de la elite
salvadoreña a los secuestros y asesinatos, incrementó la vehemencia con la que las clases altas
demandaban a la Fuerza Armada que controlara la situación.
Las acciones de la izquierda y el evidente fracaso de la Ley del Orden Público dividieron al
sector empresarial. A finales de 1978, algunos dirigentes industriales y comerciales empezaron
abrigar dudas sobre la eficacia de la campaña represiva de los militares, aunado a su
preocupación de sus costos, en términos de ayuda internacional e inversión, y su resentimiento
por la posición privilegiada que tenían los representantes de los intereses agrarios dentro del
Estado. Desde 1978 hasta la caída de Romero, empresarios, principalmente de la Asociación
Salvadoreña de Industriales (ASI), sostuvieron reuniones con el clero, incluyendo a los jesuitas
de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) y el arzobispo Oscar Arnulfo
Romero; con políticos del Partido Demócrata Cristiano y del socialdemócrata Movimiento
Nacional Revolucionario (MNR); y con oficiales del ejército, entre los que se encontraban
capitanes reformistas y coroneles descontentos con la situación. En las reuniones se discutían
reformas políticas y económicas para superar la crisis.
Mientras líderes empresariales moderados sostenían estas reuniones furtivas para discutir
propuestas de reformas y de salida a la crisis, las fracciones agrarias conservadoras estaban
tomando medidas para asegurar que se elevara la cuota de represión. Miembros de la elite
agraria organizaron actividades de escuadrones de la muerte en sus áreas locales, con personal
proveniente de las fuerzas de seguridad, reforzadas por mercenarios privados.
El Escuadrón de la Banda del Carro Rojo operó en Berlín bajo el mando de un civil llamado
Fredy Portillo; otro escuadrón operó en los alrededores de la ciudad de Usulután bajo el mando
del comandante de la Sexta Brigada, Coronel Elmer González Araujo; y otro operó en Santiago
de María bajo el mando del dentista Héctor Regalado. Actividades similares tuvieron lugar en
San Miguel y Santa Ana. Una intensa colaboración se desarrolló entre civiles y comandantes
militares que actuaban como padrinos de escuadrones de la muerte.
Representantes de varias familias agrarias conservadoras se acercaron al presidente Romero
con el propósito de organizar y fundar una red secreta que operara en el ámbito nacional para
llevar a cabo una guerra sucia de amplia escala contra la izquierda, similar a la que se realizó en
Argentina durante los setenta. Proponían específicamente que el mayor Roberto D’Abuisson de
ANSESAL, comandara la operación. D’Abuisson era ampliamente conocido como un protegido
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2015 del general José Alberto Medrano, ex hombre fuerte de la Guardia Nacional y quien había
organizado ORDEN y suprimido la organización sindical a finales de los sesenta, Romero
rechazó el ofrecimiento. También miembros de la oligarquía comenzaron a cultivar el apoyo
entre los jóvenes oficiales del ejército. Mientras en el pasado las familias poderosas habían
dependido de sus vínculos con oficiales de alto rango de la Fuerza Armada, entre 1977 y 1978
empezaron a sostener reuniones con oficiales jóvenes en las que les ofrecían oportunidades
lucrativas. Estos oficiales eran vulnerables a tales ofrecimientos porque la mayoría de ellos
provenía de familias pobres y recibían bajos salarios. Esta estrategia de la derecha
conservadora sólo en parte fue exitosa y mostró las dificultades que esta fracción tenía en
establecer vínculos con oficiales jóvenes, a los que no podía comprar de la misma forma como lo
había hecho con los coroneles.
En este contexto de inestabilidad y violencia, se desarrollaron los planes para realizar un golpe
de Estado. En uno de los complots estaban vinculados ultraderechistas que respondían a la
opinión predominante dentro del sector privado y las fuerzas de seguridad de que Romero era
muy “suave” y sin capacidad para controlar la situación. En esta conspiración estaban
involucrados el excomandante de la Guardia Nacional, Ramón Alvarenga, el viceministro de
defensa, Eduardo Iraheta, y un grupo de civiles ultraderechistas. Las familias Hill y Regalado
estaban involucradas, así como un grupo de jóvenes empresarios que habían organizado un
grupo de extrema derecha llamado Movimiento Nacional Salvadoreño (MNS).
En el otro plan golpista estaban involucrados los coroneles de las tandas de 1956, 1957 y 1958,
dirigidos por Carlos Eugenio Vides Casanova y Guillermo García. Este plan estaba motivado
principalmente por intereses generacionales, reforzado por la preocupación sobre la capacidad
de Romero para mantener el orden. Los conspiradores habían estado asociados con el régimen
de Molina, a pesar de que todos ellos se habían distanciado de sus propósitos de reforma
agraria.
Ninguno de estos movimientos golpistas fue exitoso. El teniente coronel René Guerra y Guerra
empezó a reclutar oficiales reformistas en noviembre de 1978. Hacia marzo o abril de 1979, los
jóvenes oficiales decidieron formar un movimiento para planear y ejecutar un golpe de Estado.
En su agenda acordaron que las fuerzas de seguridad deberían ser desmanteladas después del
golpe, o por lo menos, ser separadas de la fuerza armada en función de romper la espiral de
represión y asesinatos, se acordó enjuiciarlos y castigarlos. El principal problema del general
Romero era que su gobierno no tenía legitimidad política. No había sido electo legítimamente y
estaba claro que no era un líder prominente dentro de las fuerzas armadas. El PCN casi estaba
completamente desarticulado, especialmente en las áreas rurales, donde había sido
ampliamente desplazado por los elementos paramilitares ORDEN y las patrullas cantorales. Lo
mejor que pudo hacer Romero para posponer su derrocamiento fue aminorar las críticas de los
sectores que él pensaba representaban la mayor amenaza a su gobierno.
La intensificación de la represión durante 1978 no sólo fracasó en eliminar a las organizaciones
guerrilleras, sino que las potenció numéricamente, al radicalizar a muchos miembros de las
organizaciones populares y propiciar así su opción por la lucha armada. Las aperturas políticas a
finales de 1977 y principios de 1979, en ausencia de otras medidas para ganar legitimidad
política, sólo propiciaron las acciones de huelgas y ocupaciones de edificios públicos por parte
de las organizaciones populares y el incremento de los ataques de la guerrilla contra los grandes
empresarios y las fuerzas de seguridad.
El 18 de mayo de 1979, en un último esfuerzo por conseguir apoyo político, Romero convocó a
los partidos políticos, a los estudiantes, a la iglesia a los trabajadores, a los profesionales y a
otros grupos “legalmente reconocidos”, a unirse al gobierno en un Foro Nacional para discutir los
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2015 principales temas políticos y sociales y buscar salidas a la crisis nacional. La propuesta se
derrumbó cuando la mayor parte de la oposición legal rechazó participar, formando en su lugar
un Foro Popular que incluía a los demócratas cristianos, al Movimiento Nacional Revolucionario
y la Confederación Unitaria de Trabajadores Salvadoreños (CUTS).
En julio de 1979, la dinastía de Somoza en Nicaragua colapsó, agudizando la preocupación de
los oficiales del ejército salvadoreño y de la elite empresarial sobre la posibilidad de que el
gobierno de Romero pudiera caer por una revolución popular. El fracaso de un Foro Nacional,
además del creciente aislamiento internacional, creó los paralelos obvios con el declive de
Somoza.
A principios de septiembre, Romero intentó otra línea de acción, al anunciar que al anunciar que
su sucesor como presidente sería un civil. Esta idea, que fue bien recibida por la embajada de
los EE.UU. no fue bien vista en los círculos militares. Las altas esferas de los cuerpos de
oficiales estaban todavía firmemente comprometidas con el régimen militar, además de que las
tandas que estaban en los rangos altos esperaban tener la oportunidad de gobernar en el futuro.
Los oficiales también se preocuparon de que el presidente civil podría nombrar a un civil como
ministro de defensa.
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