Introducción i discurso preliminar a la historia de Colombia

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INTRODUCCION
T
DISCURSO
PRELIMINAR
A LA
BIST1)RlA DI COLOMBIA
Pon
PEDRO
NEIRA
ACEVEDO.
BOGOTÁ.
IMPRENTA DE ECHEVERRÍA RlmV Ali08.
1867.
El objeto de esta publicacion es
dar una idea de nuestra obra a la
juventud colombiana, cuyo interesante anhelo es eonocer la historia
del pais que le ha dado el ser, i
cuyos destinos i libertades se depositarán un dia en sus manos para
su conservacion i gloria.
Veletó, qle el DIos tl)'a paterna mano
La antlgll raeo de 1.8 tle.pos .uve,
I nlladar de artlla al Odano
I.pone qn a romper jamas se atreve,
Aqnel qne de su ser en el Anano
Del porvenir 108términos emkbe,
Qalso librar a !mérlea del yugo
! flu elldel'll'
someterla plago•
•••
INTRODUCCION.
Largo tiempo he vacilado para resolverme a
presentar al público esta obra, fruto de mi borrascosa juventud,
i escrita bajo el dominio de
mui distintas i amargas impresiones.
Allanzar
al mundo literario sus primeras pájinas no he
tenido pretensiones de ninguna especie, pues mi
intelijencia no abriga la vana presuncion de juzgarse digna de figurar entre las altas capazidades que hoi ilustran el teatro de la historia.
-6Penosa e ingrata por domas es la mision del
escritor en nuestro país. ¿ Qué puede esperarse
de un pueblo continuamente ajitado por convulsiones civiles i políticas?
¿ Cómo celebrar
los
hechos heroicos que inspiran amor a la libertad
i a la virtud, cuando se vive en la barbarie?
Es
bien triste sin duda refeÍ'ir la historia de-la patria, cuando las guerras civiles escandalizan a la
civilizacion i a la moral. Pero el hombre es arrebatado por la sociedad en que le tocó nacer, i
yo no he hecho mas que trasladar al papel, los
principales acontecimientos de Colombia.
Rcco1'l'iendo una por una todas las naciones
antiguas i modernas, incultás i civilizadas, débiles o fuertes, no encontraremos una sola cuyos
historiadores mas o ménos eruditos,
ensalzado;
no hayan
porque si es a los héroes a quienes
toca dar libertad i gloria al suelo que les vió nacer, es a los historiadores a quienes corresponda
inmortnlizar sus nombres.
Al tomar la pluma para eSl?ribir la historia de
mi país he tenido presente que en él jamas se ha
protejido el talento. Aunque varios de nuestrol3
literatos han subido al poder, no han ausiliad'o
nunca a los jóvencs que llenos de noble, entusias-
-7mo marchan por la senda del saber luchando
con numerosos e inauditos obstáculos. Nunca se
ha llamado espontáneamente
para animado en su árdua
a alguno de ellos
empresa.
han deseado nuestros mandatarios
Siempre
que la intcli-
jencia se arrastre a sus piús i les pida humillada
un apoyo, que debiera alcanzar en cambio de sus
gloriosas tareas. Por mi parte yo prefiero yerla,
si es posible, en la indijencia, a verla deshonrada, gozando de una proteccion ganada por medios tan indignos.
El vuelo de la literatura granadina
podrin.
aun hoi ser vigoroso i útil; pero por desgracia
existen muchos obstáculos que lo estorban, vencido ya el de la falta de libertad.
Entre
ellos debe contarse
la inconstancia
e instabilidad de nuestras cosas. Cuando un j6ven se halla retirado en el hogar doméstico, entregado al estudio, meditando en las penas de la
vida, u oyendo los dulcísimos acentos del ánjel
de la inspiracion, truena el cañon fratricida, todo huye ante él, i solo encuentra una horrible
realidad.
Otras vczes, al ver el estado de abatimiento i
postracion de su patria, i sabiendo que en nom·
-8bre de la lihertad se cometen mil horrendoFl crímenes, arroja con indignacion la pluma, creyén<loIaun instrumento inútil, toma el fusil i se lanza al seno del combate, para defender en él los
derechos e intereses conculcados de
8US
conciu-
dadanos.
En esta ludia de las ideas vestida..q como la
Palas de la antiguedad
con las al'luas del gue-
rrero, la \Toz de la prensa es como el eco de la
trompeta que precede al estallido del e añon.
Las ideas vencidas enmudecen o sucumben bajo
el sahle, i la lanza i la metralla ocupan el lugar
de la política.
Casi todos los capítulos que componen esta
obra han sido escritos en diferentes épocas, i en
Rituacione~ llien terribles i diversas. Mui pocos
han salido del hogar paterno.
La mayor parte
son el fruto de noches horriblemente
silenciosas,
trazados a la trl~mu]a claridad de una lámpm a
espirante;
o en el esh'echo camarote del v~-
por, en que pros('rito de mi Jlatria i separado de
mis mas dulces afecciones, iba a errar, huérfano,
en estranjeras playas. Mui poco he podido aprender, siendo aun jóven i desgraciado.
La ciencia
i 1"1Halwl' no llpgan tiit'ilm(,]lte al entendimiento
-0del que sufre j el corazon oprimido por el dolor
presente, i el alma consternada por la siniestra incertidumbre del dia que va a espirar,
no pue-
den producir sino lágrimas i suspiros, mucho
mas cuando el asunto de que nos ocupamos está lleno a cada paso de luctuosos
episodios.
Empero,
i sangrientos
esos mismos desgraciados aconteci-
mientos, negros como la bóveda del cielo en una
noche tempestuosa,
son la sombra
del cuadro
que llace destacar mas yigol'oSOSi admirables a
los Mroes cuyas glorias referimos.
DISCURSO PIlI~LI~TINAI\.
El estudio (le la historia es uno de los primeros que deben ocupar el espiritu humano: nada
forma mejor el corazon del hombre que los grandes modelos. La gloria de l\Iilcíades no dejaba un
solo instante de reposo a Temístocles, i meditando en ella fué como logró eclipsal'la. El conocimiento de los grandes hombres éllseÍÍUa imitarlos. Los pueblos son bárbarof' o dejeneran por
que ignoran lo que los otros han sido i 10 que
ellos mismos pueden ser.
J"as naciones atrasadas e ignorantes han mirado siempre con indiferencia el estutlio de la historia, miéntras los pueblos sabios de la filltigi.i.edad lo elevaron a una grande altura. Los moderhos lo han descuidado para ocuparse mas bien
de ideas abstractas
o de escursiones fantásticas
por las rejiones maravillosas de 10 ideal.
Los pueblos del Asia han c1'('ido siempre <¡ue
la t'elizidad consiste únicamente en gozar del lujo
-12i los placeres: por eso no han tenido nunca mas
que Sardanápalos, Faraones i Sultanes. Los de
Afríca parecen incapazes de salir de la eterna
barbarie a la cual están probablemente conde·
nados; i se ignora todAvía lo que pueden ser los
de América, nacidos ayer en medio de los mas
prodijiosos elementos de prosperidad i de riqueza. Hoi la historia del nuevo mundo comienza
apénas a dejar de ser un sangriento episodio de
la del antiguo.
Solo la Europa no ha sido indiferente a su
propia suerte. Solo ella ha comprendido
bien
todo el valor i la dignidad del hombre. Ni el
poder, ni la gloria, ni la fortuna han debilitado
nunca su constancia. La Europa no ha tenido
nunca una ciega e insensata confianza en las inciertas promesas de sus mandatarios:
ella los
ha detenido sieml're en la culpable carrera de
sus funestos errores, m::.nifestando un deseo iote.
lijente i vivo de poner freno a los abusos del poder. Solamente en este siglo, llamado el siglo de
las luzes, se ha negado o discutido la soberanía
del pueblo en las naciones europeas!
Con cuánta majestad, cuánta grandeza i cuánta gloria dieron los primeros pasos en la historia
:- 13 de su vida los puehlos de la Grecia! Apénas en
la infancia, produjeron esa.-~eminentes Repl.iblica.>;que asombraron al mundo entero con el brillo de su:,;hechos i la potente combinacion de su
estructura. Vino luego Roma, que luch6 quinientos años; i el pueblo con su sangre i con razones, recobr6 uno por uno todos sus derechos,
usurpados por la obstinada i orgullosa tiranía de
los nobles.
Pero las guerras produjeron las conquistas, i
la esclavitud fué el suplicio del vencido, mas como no se tienen impunemente e::>clavos.LOH reyes,
condes i barones, trataron de transformar en tiranía la mas pura democracia, i en efecto, lograron convertir a los hombres libres en esclavos,
igualando los vencedores al vencido. Finalmente, ayudados por las circunstancias i por toda
especie de intrigas i de crímenes, pretendieron
someterlo todo al nivel brutal de la conquista.
Empero, el pueblo les opuso siempre una resÍ8tencia noble ivigorosa, que hizo correr torrentes
de sangre, i aun hoi mantiene viva e incesante
esa lucha terrible que cuenta ya veinte siglos de
vida i parece destinada a continuar todavía.
Al principio la Italia sola sostuvo el peso de
-14tan sangrienta cruzada. Por eso su gloria es in•.
mortal. Nunca el poder salvaje de los Atilas del
Norte dispuso tranquilamente de lo$ des~s de
su bella península, i en algunos de sus pueblps
ellos no dominaron jam!l.<J.Por toQ.~ partes s;urjieron estados, naciones i repúblicas que SQ gl)bernaron por sí mismas, ¡'esistiendo 'ellas solas
touos los esfuerzos de la.' indomable barbarie.
Heredera inmediata de las tradiciones i grJ,u;uJe~
Z3S del antiguo mundo, la Italia abrió a la Europa entera las puertas de la civilizacíon. Noble
patria de las artes i las ciencias, cuando la cultura renació, ella fué tambien la ti,erra de la libertad.en las época.') de su esplendor i gloria;
su jemo resplandeció com.oun faro an 4s tinie.,
bIas de la. edad media, i no hai una sola ll$Cion
moderna que no la deba el jérmen de cuanto
hermoso posee; no existe un solo pueblo a quien
no haya educado, i que no deba vener~lacCQU1-o
a una madre.
Aun hoi mismo i quién no se~tremece de admiracion i de entusiasmo al contemplar 4l.nobl~
i magníficacausa que denende? Nada es lIl30fl bello ni mas grandioso que 10$ nombr~ d.eMilan,
Mesilla, Bracia, Bolooia, .fénova, FIOl'encia, Ro-
-lfí-
roa i Venecia. Venecia! la última que ha dejado
de tremolar su glorioso estandarte, destinado 301gun dia a flotar victorioso sobre las ondas del
Adriático.
En Alem~nia
108 reyes
devastadores tampoco
encontraron una sumision fácil: los pueblos regaron con su sangre los campos de oatalla; pero
copservaron intactos sus derechos i su libertad.
La Polonia <lióel ejemplo dela mas pnra democracIa.
En Inglaterra i en Francia los reyes se adormecieron al pérfido arrullo de la adulacion idel
egoismo, para despertar sobre el cadalso al grito illBultante de un populacho feroz. La España
mjovnst,
que ha permanecido
largo tiempo olvi-
dada, por haberse dejado arrebatar lt1.libertad
de sus padres, se despierta hoi, i rompiendo la
losa de s u sepulcro vuelve a cntrar en el mundo
de].Qs vivos. Solamente en las húmedas i oscuras soledades de Rusia, no ha brillado nunca
la autora de la libertad i de las ciencias.
Si la ciencia es la esperiencia, cinco mil años
de historia nos ofrecen un rico tesoro, cuyo estudio no puede dejar de producir los mas fecundos
resultados. Es:aminemos, pues, las historias pa-
-16sadas ; estudiemos las filosofías e interroguemos
los hechos.
Un escritor moderno i célebre ha dicho que
1
las civilizaciones antiguas no llegaron a su apojeo,
porque no hacian marchar sino 11nprincipio aislado; pero que hallándose la civilizacion actual
en posesion de todos los principios, i haciéndolos
marchar de frente, estaba destinada a alcanzar
este resultado.
Sin duda los antiguos poseian grandes conoci.
mientos;
tenian casi los mismos elementos que
nosotros; solo les faltaba uno: la mayor sucesion
de siglos. 1como la ciencia es la esperiencia, aun
no habian esperimentado bastante, i carecian de
las fechas necesari8S para. madurar una ffi08Otla..
He aquí por qué ellos no pudieron elevarse a la.
altura de la civilizacion actual.
Los antiguos tenian toda la intelijencia, toda
la capazidad de que es susceptible el hombre;
pero carecian de los datos que se adquieren solamente por medio de una larga esperiencia. No
teman bastantes ejemplos, i por consiguiente no
podian comparar, juzgar ni escojer.
Pero los hombres del siglo XIX no tenemos
la misma dificultad ni la misma escusa que los
-17antiguos,
110
<fue cál'ccian de precedentes.
NO~Otl'08
hemos nacido ayer: tantas jeneraciones
devo-
l'adas, tantos- imperios destruidos, tantos ensayos
frustrados, tanta sabiduría, tanta.s decepciones,
tantlt. sangre i tantM lágrimas ....
Oh! un mun-
do que ha sufrido tanto no puede estar todavía
en la i.n.íancia.
El Eijipto i el Oriente no tenían sino sus proejemplos; la Grecia $010 tuvo el del Ejipto;
:Roma el del Ejipto i el de la Grecia.; })Cl'O noso-
piOi
tros tenemos el del Ejipto, el de la Grecia, el de
Roma, i el de la edad media con sus democramNl,
su feudalismo, sus monarquías, sus gobiernos de
todas
cl8Bel!l,
i últimamente, la Imprenta l....
.,
elemento' maravilloso de la civilizacion se-
~
elemento destinado a oor el verdadero i úni-
co poder de las sociedades modernas; tribuna
m4jioa desde donde el talento puede hacerse oir
detodoe los puebl08 civilizados; finalmente,
poder fOrmidable i desconocido
ese
de los antiguos,
que elevándonos a la cima de lOi\ sígloB i colocando a nuestra vista el e.epejo del mundo, hace reileju en él toda la historia i la filosofía..
No: hoi ya no somos iguales sino sllperióre.~ a.
108
antiguva 1 no tenemos cabezas mejor organiBANCO
DE L;\ ;':~')U?.L!CA
•.
5¡L,,;~" "
c~·r.au.ÚvAUO~
."
1' •••••
¡'J
-18~
zadas, pero tenemos mas libros; no tenemos mas
intelijencia propia, pero tenemos mas esperiencia; en una palabra, sabemos mas que todos los
que nos han precedido, por la sencilla razon de
que el anciano es mas sabio que el niño, porque
tiene mas edad;
i nosotros tenemos la edad de
ciento cincuenta jeneraciones. Sí; hoi un hombre puede aprender en un solo dia todo lo que
cost6 a un sabio una vida entera de laboriosas
investigaciones. Hoi en tres o cuatro años se puede saber, sobre una sola materia, todo lo que hansabido nuestros predecesores.
La imprenta con su poder omnipotente, nos
presenta en un mapa, en un cuadro, toda la historia de la humanidad, desde la creacion de los
seres, tan claramente, que vemos, distingOim09
i aun podemos señalar con la mano todos los caminos conocidos, todos los obstáculos destruidos
i todos los peligros existentes. Si la ciencia es la
esperiencia, es en ese cuadro, en esa historia,
fuent.e i oríjen de todos los conocimientos humanos, en donde debemos buscar la solncion del sublime problema que encierra nuestro destino in.
mortal.
Observando atentamente
por dónde han mar-
-19ehado las naciones en su prosperidad,
dónde se
han detenido, vacilado o perecido, aprenderemos
ciertamente a conocer i a marchar por el buen
camino, a huir los escollos, a evitar los precipi:
dos, i ñ1timamente, a llegar al fin posible de las
preten"iones humanas.
Sinembargo, en vano las principales naciolle~
de uno i otro hemisferio se nos ofrecen hoi por
modelos, haciendo oStentacion de un brillo aparente. Como el Diablo de Chateaubriand, el profundo i doloroso jemido de la miseria i de las
discordias intestinas, descubre la llaga sangrienta que devora su existencia precaria. Casi toda
la Europa yace actualmente bajo el yugo de la
eSclavitud. Sucede a la lucha la victoria; pero a
una victoria sucede otra lucha, i por donde quiera los gobiernos incapazes abusan de la necesidad de su existencia. No obstante, despues de
los combates, de las victorias o de los desastres,
las intelijencias surjen del seno mismo de las calamidades: los instintcs se exaltan con la 0l)resion,
i miéntras mas se tiraniza a los pueblos, mas indispensables se hacen las reformas. Los rcyes se
obstinan en sus ideas de rigor i de injusticia: la
multitud
amenazante
Se
subleva, i los tronos
-20-
tiemblan i bs sociedades vacilan sobre sUs viejos
fundamentos.
Francia,
España, Italia,
i ann Inglaterra,
globo ilustrado
Alemalúa,
América
se
Grecia
tnisína, todó' el
ajita actualmente,
tiembla
i combate al grito imperioso de las reformas
sociales. Todos los pueblos esperimentan un profundo malestar i reconocen la necesidad
de un
cambio. Todos luchan heroicaníente;por 8~cudir
el lodo ensangrentado
en quéló8
slilrierJió lt\
barbarie de los siglos pasados. Todos .aahim 'qu~
han perdido injUstamente sus derechos i que deben recobrarlos;
por eso se lanzan con valor al
combate, i frecuentemente
vemos al poder in-
motado por la multitud desenfrenadá 80bréél
altar de la venganzá, en medio de la embriaguez de las orjías o del horrible tnmú1to de '188
batallas.
A falta de civilizacion, los pueblos de'la an&
giícdad inteITÓgaron sus 'sentidos, 'porqtie no'podian interrogar otra cosa, pues la l'azbn ho' éStaba aun deaarroUada;
en ellos .. ViendO' que el
me-
jor remedio para los mala; producidos por el
6'3-
ceso de la luz, era la oscuridad.; creyeron ql1e
para el mal prodac«10 por un gobierno
me:l'te,
-21no hbbia. ningun antídoto mejor que el de un
gobierno activo i fuerte.
Convencidos de que miéntras mayor es el mal,
el remedio debe ser mas enérjico, i de que para
curar los males violentos de In. anarquía, es preciso un poder fuerte i una repre:;ion vigorosa;
se lanzaron
al estremo opuesto i organizaron
el poder con toda la fuerza de que es susceptible.
Creyeron, sin duda, que el pueblo era una bestia feroz que debian encadenar,
i llamando en
su 8usilio a la 8upersticioll) crearon (:sus monarquía..~teocráticas que tanto oprimieron a los pueblos del .Asia CIl los siglos pl'imitiV(~.
Pero la Grecia no pudo conformarse con semejante sistema, pues veía que por espacio de
dos siglos él no habia enseñado a
108
ejipcios ¡ti
a. los orientales mas que a em balsan.mr sus cadáveres, i a construir jigantescas pirámide; con sangre humana; en una palabra) que su historia no
era. otra cosa que el esqueleto de sus dinastías,
manohadpa con la
88Ilgre
de las conquistas o bar-
nizadas por la insolente ostent.'lclon de sus déspotas.
Los sabios de la Grecia eran entónces esos filósofos profundos que han cuuti vado la admira-
-22cion d.elos siglos; colosos de intelijencia. que, como los jigantes de sus fábulas, no intentaron n~
da ménos que escalar el Cielo. Ellos poseían 1:.0da la Babiduria humana; pero desgraciadamen..
te les faltaba la esperiencia.
Sinembargo,
tenian dos hechos para
apoyar
sus investigaciones: la democracia primitiva i la
tiranía asiática.
Sabian
que ambM eran impotentes, la. una
por esceso de fuerza en el gobierno, la otra por
superabundancia
de libertad en
108
gobernados.
Comprendieron que el jérmen de todos los males provenia de las pasiones del hombre;
en las
monarquías de las de los reyes, en las democracias de las de los particulares, icreyendo
medio mas eficaz de hacer cesar
UD.
qu&el
efecto, es es-
tinguir su causa, no pensaron en reprimir las pasiones, sino en destruirlas.
N o quisieron tom&l'
al hombre tal cual es, para correjirlo, sino formarlo como debia ser. Ignoraban que las afecciones naturales son inestinguibles, creyeron que
todo dc3bia ceder a la fuerza de la .lei, i no pretendieron nada ménos que domar i vencer la nat.uraleza. Hacicndo consistir toda la fi1osofia en
la estincion de las afecciones, algunos llegaron
-23hasta. privarse de tener hijos í amigos para no
esponel'se a perderlos. Ent6nces se formaron esas
Repúblicas dificiles, que proscribieron
la ambi-
oion, la propiedad i hasta el amor; en donde se
sustituyó a la tiranía del hombre la tiranía de la
leí; en donde elgohierno se apoderaba del ciudadano desde la cuna para formado en un molde inflexible; finalmente, esas Repúblicas que parecian
mas bien una. vasta prision en donde no se salia
nunca de la mas rigorosa tutela, sino para ejereerla oon la mi"ma severidad.
Semejantes a ese empírico que temiendo los
malos efectos de la intemperie,
ordenaba como
medida de hijiene privarse del aire i del sol; los
antiguos ignoraban que el hombre puede reprimir por algun tiempo sus instintos naturales,
así como puede permanecer
oon la cabeza inclinada;
algunos iustanteg
pero que tanle () tem-
prano una. fuerza invencible lo obliga a ohede.cer a las leyes de la naturaleza., apesar de todos
los preceptos civiles.
Por consiguiente semejan-
tes sistemas no pudieron sostenerse largo tiempo, i fueron relegados a hs rejiones id(~ales de
la utopía.
Sinembargo, elloB eran magnífico;;::: i pl'odnj<:-
-24l'on los mas brillantes resultados.
Roma i-los
pueblos que pensaban
como ella, se nivelaron
bajo estos preceptos:
mas luego las consecuen-
cias hicieron conocer su ineflcazia.Algunos, vien<loel rigor de estos principios, los violaron, como Espllrta, i se perdieron. Los Ateniense2 i los
Romanos se fatigaron
tambien de ese heroismo
perpetuo que cxijian de ellos leyes implacablemente exajeradas, i cayeron en el est"remo con,
trario;
ent6nces la ociosidad Ua molicie, la ti:.
rania de los AlejandroB i de lc@ Césares-les
parecieron
necesarias.
Siempre
los estremos,
siempre las reacciones, nunca el justo medio i
la razono
Los estremos son funestos hasta en el bien~
Por consiguiente, ni los hombres ni los pueblos
deben ser educados de una manera exajeradll.
Ademas, el sistema de educacíon publica de
1()S
nntiguos seria absolutamente imposible hoí, por~
't'lu.elas naciones modernas no son pequeñas ciudades como Roma, Esparta o Aténas.
Hoi los Estados son grandes, inmensos.
La.
fuerza material no es ya el primer elemento del
poder, i todas las naciones antiguas senan reducidas a cenizas en una sola oampaña, por no ha-
liarse al nivel de la civilií5llcion i oe los allelant.amientos actuales.
Hoi la ciencia es todo, cada día se adelanta
unpnso.
Hoi estamos mas adelantallos que ayer.
Es necesario marchar
continuamente,
porque
desgraciados de los que se quedan atras!
Abiertas
como están a todo el mundo las
pnertas del saber, es preciso no omitir medio alguno para descubrir
En todas las carreras,
i animar las illtelijencias.
artes, empleos, profesio-
nes i oficios, se necesita ante todo el saber i el
estudio.
Todo hombre bien educado debe haber hecho
un curso completo de historia, porque la ciencia
es la historia.
Empezando por el conocimiento de la historia nacional, nos formaremos una teoría nuestra,
apropiada a las necesidades de cada localidad, una
teorla que armonize con la de la universalidad
Hispano-Americana,
i nos permita levantar la
frente con todo el orgullo i dignidad
bre libre.
del hom.
En una palabra, estudiando la mar-
cha de los acontecimientos,
encontraremos
en
ella la esplicacion de los errores pasados, de los
males presentes i de las esperanzas futuras.
-~6La inteliJencia solo tiene culto en los pueblo8
libres, que poseen una vida propia, i en cuyo seno jerminan
las semillas de la civilizaciori. He
aquí por qué durante el largo período de la dominacion colonial no hemos visto brotar una s<r
la de esas altas capazidades, que consagrándose
al bien de sns semejantes, son el eco de una nacion, i la encaminan al desarrollo de sus facultades físicas i morales, por la enseñanzafiloB6nca
i la propaganda de las ideas civilizadoras: soles
a cuyo calor vi vificante brotan las flores q ue per~
fuman el templo de la patria.
Bajo'el sistema colonial tuvimos algunos escritores de mérito, mas no grandes ilustraciones
intelectuales, porque no podia existir el saCerdote, donde no existia la relijion: -la relijion de
los derechos del hombre i de la humanidad.
Mas apénas rayó la aurora de nuestra emancipacion política;
apénas tuvimos patria, la in~
telijencia se declaró tambien independiente.
vió el mundo con asombro descender
¡lo
1
la arena
revolucionaria, poetas, historiadores, publicistas,
hombres de estado, jenerales, diplomáticos, sa~
bios i lejislac1ores. Maravilloso fenómeno de la
libertad! - Una colonia de la atrasada E3paña
-=- ;F; improvisó con mano firme una sociedad civilizada i abrió una nueva era dc incalculablc3 re.su1tados para la humanidad!
L~~esplicacioll de es-
te enigma se halla en 11lS ideas escritas en caractér-es de fuego por Juan Jacobo Rousseau, ensayadas por la revolucion
fmIlcesa i puestas defi-
nitivamente en práctica por los Estados Unidos
de América .
La.falanje revolucionaria, bajó a la arena tem-
•
plada en la fe del Apóstol:
ella puso la piedra
angular del edificio, i derribando
la barrera de
la ignorancia, ensanchó los límites de la.vida intelectual dando impulso i direccion al movimiento rejenerador.
La revolucion de 1810 no ha sido iniciada, sostenida i sellada solamente por el sable: tal idea
no puede tener otro oríjen que la ignorancia absoluta de los hechos, i la falta de filosofía de los
que
S8
han dejado ofuscar por el polvo de
108
combates, i no han visto mas allá del campo d~
batalla los móviles poderosos que produjeron el
choque de las masas. La tribuna patriótica fulminando los rayos de su elocuencia, i descendiendo iluminadas desde lo alto de ella, como de
la cumbre del 8inaf, las tablas de nuestros dere .•
ehos ; - la p"ensa anatematmando razona.daménte
a la tiranía, discutiendo \,.as cuestiones sociales de
mas vitalidad,
ilustrando
al puoblosobre
sus
verdaderos intereses i colocando coronas inmor.,
t.ales sobre la cabeza de los héroes ;-el púlpito
cristiano predicando la union i la igualdad, i ha~
cien do :fluir del seno del Evanjelio los principios
constitutivos (le la RcpliLlica.-la
poesía entu·
siasmando al pueblo con sus májicos acentos i
i!eñalando como el dedo de Dios el término de
la jornada; -la nave del Estado gobernada
por
pilotos armados de la espada civil ;-la dignidad
humana, que al erguirse despues de tres siglos
<le humillacion, derribó los obstáculos que se
oponian a su fuerza invencible; -los ejél'citos re.
publican os que se movian como un BOlohombre,
impulsados por el soplo omnipotente de la li.
bertad;
i finalmente, la opinion pública, unáni-
me i fundada en la l'cvelucion de un nuevo sistema que, enalteciendo la dignidad humana, multi.
plicaba la9 fuerz&s del hombre para la accion, la.
produccion i el sacrificio. No: la revolucion de
1810 no fué un hecho puramente material. Si
en algo se }u\esccdido es en la superabundancia
de bellas teorías, con las cuales nos hemos estra.
-29-
viado hasta llegar al estado presente. ¡Santos i
jenel'osos errores que debemos enmendar, pero
minciimalc1ecir!
¿ Quién armó el brazo del ciu~
d8dano, sino' la proclamacion elocuente de los
derechos del hombre ~ ¿ Quién dió vigor en el
conflicto, al firmar con mano tranquila el acta de
nuestra independeucia,
en medio de los desas-
tres, sino la esperanza de mejores dias bajo un
réjimen de igualdad i de justicia? ¿ Por qué, aun
hoi mismo, envueltos en las negras calamidades
de la época, no desesperamos de la realizacion
de los dogmas de julio? Porque el espíritu que
les dió vida existe alín entre nosotros, i porque
del hecho material de la cadena rota por la es-o
pada, nuestra mente se levanta a la idea abstracta de las causas, de los objetos, i de los resultados.
Durante la fermentacion de los elementos sociales ¿ qué estraño es que todo haya sido revolucion, inversion, cáos? Mas hoi se presenta la
necesidad de una labor tle reconstruccion, que
solo puede, emprenderse sobre datos históricos,
presentados con toda la desnudez de la verdad,
sin el colorido de la pasion, sin las adulteraciones de la lisonja; hechos históricos que refieran
-30-
a 10:'1 pueblos lo que verdaderamente han sido;
que les den la esperanza de un bello porvenir,
pero que no les mientan un pasado de gloria i
de grandeza que han estado mui léjos de poseer.
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