psicología de la delincuencia. primer parcial.

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PSICOLOGÍA DE
LA
DELINCUENCIA.
PRIMER PARCIAL.
ÍNDICE
CAPÍTULO 1
DEFINICIÓN DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL Y DELICTIVA
1. DEFINICIÓN E IDENTIFICACIÓN DE LA CONDUCTA ANTISOCIAL
2. EL DESORDEN DE CONDUCTA O TRASTORNO DISOCIAL
3. TRASTORNO DE CONDUCTA Y DELINCUENCIA
4. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR DELINCUENTE JUVENIL?
5. ASPECTOS QUE DEBE CONOCER LA PERSONA QUE TRABAJA
CON MENORES DELINCUENTES O EN CONFLICTO SOCIAL
CAPÍTULO 2
PREDICCIÓN DE LA CONDUCTA DELICTIVA: VULNERABILIDAD Y
RESISTENCIA
1. LA PREDICCIÓN DE LA CONDUCTA DELICTIVA
2. FACTORES DE RIESGO MÁS RELEVANTES PARA EL COMIENZO DE LA
CONDUCTA DELICTIVA
3. MANTENIMIENTO DE LA CONDUCTA DELICTIVA: PERSISTENCIA Y
REINCIDENCIA. LA PREDICCIÓN DE LOS DELINCUENTES CRÓNICOS O
PERSISTENTES
4. RESISTENCIA O INVULNERABILIDAD. LOS FACTORES PROTECTORES
CAPÍTULO 3
ASPECTOS PSICOLÓGICOS DEL DELINCUENTE: PROCESOS
COGNITIVOS Y CONDUCTA DELICTIVA
1. DELINCUENCIA Y PERSONALIDAD
2. DELINCUENCIA, COGNICIÓN Y EMOCIÓN
3. EL PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN SOCIAL
4. ALGUNOS MODELOS EXPLICATIVOS
CAPÍTULO 4
ASPECTOS SOCIALES DEL DELINCUENTE
1. DELINCUENCIA Y FAMILIA
2. DELINCUENCIA Y ESCUELA
3. DELINCUENCIA Y GRUPO DE PARES
CAPÍTULO 5
LA INTEGRACIÓN: PERSONA, CONDUCTA Y AMBIENTE
1. TEORÍAS PSICOLÓGICAS INTEGRADORAS
2. LA TEORÍA INTEGRADORA DE FARRINGTON
3. EL MODELO INTEGRADOR DE ANDREWS Y BONTA
4. EL MODELO DE WALTERS DEL ESTILO DE VIDA CRIMINAL
CAPÍTULO 1
1. DEFINICIÓN E IDENTIFICACIÓN DE LA CONDUCTA SOCIAL:
Los actos delictivos solo son un componente más de la conducta antisocial.
CONDUCTA ANTISOCIAL: cualquier acción que viole las reglas y expectativas sociales o vaya contra los
demás (personas y propiedades), independientemente de su gravedad.
1.1. Cómo aprender a identificar la conducta antisocial:
- Que se tome el desarrollo normal como paradigma de evaluación con el que contrastar la conducta
antisocial.
- Tener en cuenta las características de la propia conducta que influyen en la probabilidad de que ésta se
considere clínicamente significativa (frecuencia, intensidad, cronicidad y magnitud).
1.1.1. La conducta normal como paradigma de la evaluación.
El origen de las conductas antisociales a través de algunos estudios indican un alto índice de extensión
de las conductas en muestras de niños y adolescentes normales (mentir, desobedecer). Estos estudios
son estimativos.
Generalidades:
-La presencia de conductas antisociales es relativamente común en diferentes fases del desarrollo
normal: algunas conductas se dan o son características en muchos e incluso en la mayoría de los niños
de una determinada edad.
-Estas conductas disminuyen típicamente en el curso del desarrollo. Conducta no futurible como clínica.
1.1.2. Características de las conductas:
- La frecuencia o el grado en que un niño se ve envuelto en conductas antisociales: esporádico o
continuado.
- La intensidad o importancia de las consecuencias de una consecuencia cuando éste tiene lugar, por
ejemplo: baja frecuencia pero gran importancia o magnitud de las consecuencias.
-La cronicidad o persistencia de la conducta antisocial: hace referencia a la repetición o prolongación del
historial de la conducta en el espacio y el tiempo. Repetición de una conducta en diferentes contextos.
-Magnitud o constelación: es decir, cuando distintas conductas antisociales se presentas juntas. A mayor
variedad, pero pronóstico.
Las conductas antisociales frecuentes, crónicas, repetitivas y diversas afectan al funcionamiento diario
del menor y tienen consecuencias importantes para quienes estén en contacto con él. Si son
desviaciones significativas los niños son identificados a través de las instituciones de salud mental o de
justicia.
No todos los niños con problemas graves de conducta se convierten en adultos antisociales, pero si
tienden a continuar estas conductas en la adolescencia, llegarán a su vida adulta con graves problemas
personales, psiquiátricos, laborales o sociales. Autores que apoyan esta idea a través de estudios son:
Rolins, Rolins y Ratcliff, West y Farrington…
Que la conducta antisocial se vea relacionada a través de distintos períodos de la infancia y de la vida
adulta confirman si continuidad e implica una serie de pasos intermedios, de ahí la necesidad de
identificar la aparición de la conducta antisocial al principio de la infancia.
TABLA 1: Pronóstico a largo plazo de jóvenes identificados con problemas de conducta.
Una personalidad antisocial que crece en la infancia persiste en la vida adulta con numerosas
manifestaciones conductuales, entre ellas las delictivas (Rolins), recogido como categoría psiquiátrica
(DSM III y DSM IV) con la denominación “Trastorno disocial o de conducta” en la infancia y “Trastorno
antisocial de la personalidad” en el adulto.
2. EL DESORDEN DE CONDUCTA O TRASTORNO DE CONDUCTA.
Este término pretende agrupar a aquellos menores que “evidencias un patrón de conducta antisocial
persistente, en donde existe una desadaptación generalizada en el funcionamiento diario en casa o en la
escuela por violación repetida de los derechos básicos de os demás y las normas fundamentales
apropiadas a la edad, o cuando los adultos – familiares, amigos – codifican su conducta de
ingobernable”. Así, “trastorno de conducta” queda reservado a la conducta antisocial clínicamente
significativa y que sobre pasa claramente el ámbito del normal funcionamiento (niveles graves de
disfunción).
El trastorno disocial incluye 15 síntomas ( TABLA 2 ) o conductas; para diagnosticarlo como síndrome es
necesario que ocurran varias de ellas al mismo tiempo ( al menos 3 ) y durante un cierto período de
tiempo ( al menos 6 meses ).
TABLA 2: síntomas incluidos en el Trastorno Disocial según el DSM IV:
Una característica principal de este síndrome radica en la conducta agresiva, asociada a una conducta
delictiva posterior; además los comportamientos agresivos se producen fuera del hogar.
2.1. Características de los trastornos de conducta:
2.1.1. Síntomas y síndromes:
Cualquier acción antisocial específica que muestren los niños pueden considerarse un síntoma individual
o conducta en cuestión, pero es probable que varias conductas antisociales distintas ocurran juntas y se
presenten en “paquetes” y formen un síndrome o constelación de síntomas, que incluyen varias
características centrales como agresión, robos, desafiar o amenazar a otros etc.
2.1.2. Características asociadas y áreas afectadas:
Puede ocurrir que otras conductas que no son en sí mismas antisociales puedan estar presentes
agravando el trastorno manifestado, como por ejemplo: la hiperactividad, el alboroto, los alardes…
Niños y adolescentes con trastornos de conducta tienden a presentar anomalías en ciertas áreas del
desarrollo distintas de las que se usan para definir la conducta antisocial (académica, relaciones
interpersonales, rechazo por los compañeros, fracaso interaccional con padres, maestros… no se
someten a la autoridad de los adultos…). Por todo ello se les clasifica como “incompetentes
socialmente” debido a una serie de procesos atributivos y cognitivos.
Los síntomas anteriores, conductas correlacionadas y áreas de deterioro se refieren a problemas
concurrentes que tienden a mostrarse en la conducta de niños con trastornos clínicos (presentan
multitud de problemas). El resultado de todo ello es que sufren en su autoestima, pueden abusar de
sustancias y relacionarse con chico que muestren conductas desviadas. El efecto son más
complicaciones con el tiempo. Es una “cascada de efectos”, cuánto más extrema es la conducta
antisocial, más probable es que muestre una cascada de efectos secundarios (Patterson y Yoeger), es
decir, un síntoma en la secuencia es una causa para otro que le sigue. Según estudios, causas directas
son: fracaso en la escuela, rechazo por los compañeros y causas indirectas: estado de ánimo depresivo,
abuso de sustancias…Todos los síntomas tiene causas comunes.
Cuando los actos antisociales son generalizados a otros escenarios producen respuestas altamente
predecibles del ambiente social.
Además de las características de los niños antisociales influyen otros factores como la familia, la escuela
y los amigos.
2.2. Características familiares y ambientales:
*Características familiares:
1. Psicopatología e inadaptación de los padres (conducta delictiva y alcoholismo).
2. Prácticas y actitudes disciplinarias (duras, relajadas, irregulares, inconsistentes).
3. Relaciones conflictivas padre-hijos (comunicación, apego, aceptación).
4. Relaciones entre los padres (infelicidad, conflictos, agresiones).
*Características ambientales:
El contexto en que viven los niños puede crear riesgos para los trastornos de conducta pues pueden
causar estrés a los padres o disminuir el umbral de resistencia a los factores de estrés diarios. Destacar
factores como: familias numerosas, hacinamiento, educación baja de los padres, desventajas
socioeconómicas.
3. TRASTORNOS DE CONDUCTA Y DELINCUENCIA:
Ambos conceptos coinciden parcialmente en distintos aspectos y ambos entran en la categoría general
de conducta antisocial, pero no son lo mismo. El primero es una categoría psiquiátrica aplicada a
menores de 18 años y el segundo es una designación legal normalmente en el contado oficial con los
Juzgados de Menores.
Los jóvenes con trastornos de conducta pueden realizar o no conductas delictivas o tener contacto con
la policía o la justicia.
Un delincuente juvenil puede reunir las condiciones de un diagnóstico de desorden de conducta, sin
embargo no siempre es así, algunos chivo cometen delitos aislados sin que en la historia de su vida
aparezcan esos factores antisociales graves o crónicos; abandonan la actitud delictiva de camino a la
madurez.
Muchos delincuentes, especialmente reincidente, se ajustaría a este diagnóstico pues son reiterativos
en conductas antisociales y sufren un grave deterioro en su ajuste personal e interpersonal. Este tipo de
delincuente es pequeño en número pero es responsable de gran número de delitos (son objeto u
objetivo de labor preventiva).
CONDUCTAS PROBLEMÁTICAS ASOCIADAS A CARACTERÍSTICAS AMBIENTALES ASOCIADAS
LAS CONDUCTAS DELICTIVAS:
A LA CONDUCTA DELICTIVA:
-
Hiperactividad
-
Déficit de atención
-
Deficiencias en el aprendizaje
-
Bajo rendimiento escolar
-
Pobres habilidades cognitivas de
solución de problemas
-
Pobres habilidades
interpersonal.
de
relación
-
Problemas conyugales ( infidelidad,
conflicto )
-
Abuso de alcohol
-
Conducta delictiva
-
Pobre supervisión
-
Bajo estatus socioeconómico
-
Menor aceptación de los hijos
-
Menor comunicación
-
Menor apego
-
Menor afecto y apoyo emocional.
Con estas aportaciones se puede establecer una exigencia de estudio diagnóstico que pretenda ser
fiable en el análisis del chico delincuente: comprehensión de los principales aspectos individuales y
sociales, junto con un examen más detallado de los hechos más relevantes que precedieron, cualificaron
y siguieron a su actividad delictiva.
4. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR DELINCUENTE JUVENIL?:
“Delincuente juvenil”, “menor delincuente” y “menor infractor” suelen ser aquellos jóvenes,
adolescentes o preadolescentes que violan la ley penal de un país y que cuentan con una administración
de justicia separada, pero además se aceptan otras definiciones como “menores en situación de
conflicto social”. Hablar de situaciones en conflicto social es referirse a la existencia de un proceso y no
de un “producto” o situación final y sobre los procesos siempre cabe incidir con la intención de obtener
unos resultados determinados, que en nuestro caso son el desarrollo personal y la incorporación social
de los menores o jóvenes.
En España, menor delincuente es para designar a los menores de edad penal, de entre 14 y 18 años
(ampliado a entre 18 y 21 años) que han cometido un hecho tipificado como falta o delito y deberán ser
juzgados por la ley especial para ellos, la Ley del Menor.
A muchos se les aplican medidas judiciales como la “amonestación” e internamiento siendo muy pocos
a los que se le aplican medida como “libertad vigilada” u otras medidas alternativas, principalmente por
falta de recursos. Utilizaremos “conducta o acto delictivo para hacer referencia a un acto prohibido por
las leyes penales de una sociedad, pero no es la única definición acerca de lo que es delito, ya que éste
puede variar según la persona, los contextos históricos y grupos sociales que usen esta expresión.
Independientemente de todo lo anterior, en general, ésta se manifiesta en actos que atentan contra las
normas sociales y los derechos de los demás. El comportamiento del delincuente causa reprobación y le
sitúa en conflicto con la sociedad.
5. ASPECTO QUE DEBE CONOCER LA PERSONA QUE TRABAJA CON
MENORES DELINCUENTES O EN CONFLICTO SOCIAL:
El conocimiento de quien trabaja con este grupo se engloba en tres grandes áreas: conocimientos
legales, conocimientos psicológicos y conocimientos sociales.
*CONOCIMIENTOS LEGALES:
- Ley reguladora de la responsabilidad penal del menor: hasta la entrada de esta Ley, el grupo que
recogía la ley anterior (Ley del Menor de 1992/L.O 4/1992) establecía las edades comprendidas entre los
12 y los 16 años, suponiendo un gran atraso respecto al resto de `países europeos pues alcanzaban la
edad de 18 años.
Antes de la ley de 1992 apenas se contemplaba un trabajo con un menor en la comunidad, se iniciaba un
procedimiento por el Fiscal de Menores y el Juez de Menores imponía alguna medida o sanción.
Barcelona destacó por la remisión de estos menores a un centro de internamiento abierto o se
resolvieron con la medida de mediación menor-víctima (reparación extrajudicial y servicios a la
comunidad).
En enero de 2000 se aprueba la L.O. Reguladora de la Responsabilidad Penal de Menores que establece
las edades de entre 14 y 18 años y en algunos supuesto los jóvenes de entre 18 y 21 años que hayan
realizado hechos susceptibles de ser tipificados como infracciones penales.
La Ley amplió también el catálogo de medidas exigiendo al Estado y a las CCAA que pongan a disposición
de la Justicia de Menores los medios y recursos materiales y humanos necesarios para la ejecución de
las diferentes medidas judiciales que afectan a los menores, hoy casi inexistente.
*CONOCIMIENTOS PSICOLÓGICOS:
Quien trabaje con este grupo de jóvenes debe tener los conocimientos y claros los conceptos sobre la
delincuencia que le ayudarán a comprender las necesidades del menor y le llevarán a la mejor manera
de actuar para lograr su integración en la sociedad.
Junto a aspectos evolutivos, trayectoria escolar, grupos desiguales o de referencia…es importante
conocer y determinar cuáles y qué efectos tienen otras experiencias significativas, ya que el proceso de
socialización está determinado por otros factores (cuidados recibidos en la infancia, disciplina en la
familia y la escuela, respuestas y canalización dadas a la agresividad, acceso a la cultura, naturaleza de
tareas y responsabilidades exigidas, vida social…)
*CONOCIMIENTOS SOCIALES:
En las conductas infractoras están presentes también los factores familiares, escolares o socioambientales. Además de la personalidad del delincuente también influye la interacción con el medio
social. Las relaciones personales y de grupo nos aproximan al diagnóstico pero también pueden
fundamentar propuestas y acciones socioeducativas.
CAPÍTULO 2
1. LA PREDICCION DE LA CONDUCTA DELICTIVA:
Consiste en formular hipótesis sobre el patrón comportamental de una persona o el curso de acción que
seguirá un determinado fenómeno un tiempo después, basándose en la presencia o ausencia de una
serie de actores de riesgo. Se entiende por factores de riesgo el conjunto de factores individuales,
sociales y/o ambientales que pueden facilitar e incrementar la probabilidad de desarrollar desórdenes
emocionales o conductuales.
Es una tarea complicada, pues son múltiples los factores específicos que influyen en la causa de la
conducta antisocial. Es una mezcla de la conducta humana en general, los distintos niveles de influencia
y la heterogeneidad de las conductas denominadas antisociales.
No obstante los estudios son rigurosos y metódicos. Se estudian individuos, sus historiales (penal y
clínico), pruebas psicológicas, conocimiento de familiares y amigos.
1.1. Los predictores del delito. Estudios longitudinales:
Para intentar saber cómo surge un delincuente debemos centrarnos en el campo de predicción,
averiguar sus predictores más importantes y los factores de riesgo que puedan potenciar el desarrollo
de su conducta desde la infancia a la edad adulta.
Inicialmente se ubica al niño y sus factores de riesgo en situación de conducta antisocial; estos factores
se han estudiado en diversos estudios longitudinales, ofreciendo un perfil de riesgo del delincuente
juvenil basado en los siguientes criterios:
*Familias con múltiples problemas: socio-económicos, estructurales y de dinámica funcional.
*Problemas escolares.
*Variables personales relacionadas con la irresponsabilidad y es escaso autocontrol. Se puede suponer
ante este perfil que el joven en riesgo de conducta antisocial es un adolescente con graves problemas de
ajuste a su entorno.
Estas investigaciones son importantes si van dirigidas al campo de la prevención. Predicción y
prevención están muy unidas. Un tratamiento es eficaz para casos de problemas de conducta cuando el
chico es relativamente joven y sus padres se has instruido en patrones de crianza. Pero la rehabilitación
resulta extremadamente difícil cuando el chico es reincidente y ya siendo adolescente ha desarrollado
patrones de conductas delictivos crónicos.
La intervención preventiva es factible con chicos antes de convertirse en delincuentes ( prevención
primaria )o los que manifiestas levemente conductas antisociales (prevención secundaria) y así poder
evitar que evolucionen hasta un comportamiento propiamente delictivo.
Para evitar o prevenir la delincuencia eficazmente debemos identificar a aquellos niños que están en
mayor riesgo de ser delincuentes.
1.2. Críticas a las predicciones de la conducta delictiva:
Actualmente se están utilizando mejores predictores, se combinan factores de riesgo y se introducen
resultados de pronósticos con sujetos en riesgo que permanecen como no delincuentes o que persisten
de ello para evitar que se identifique incorrectamente a los futuros delincuentes y a los no delincuentes
para disminuir poco a poco los falsos positivos y negativos. En materia delincuencial no se pueden hacer
predicciones exactas sobre el comportamiento futuro de los sujetos, siendo un cálculo de
probabilidades modesto.
A pesar de las cuotas de error cada vez son más los autores que creen conveniente programar
estrategias de identificación e intervención en incipientes problemas para reducir la tasa de conducta
antisocial. Se parte de que un individuo, cuánto antes comience a manifestar problemas de conducta,
más probable será que se extiendan y continúen en una variedad de problemas en la vida adulta.
La predicción intenta averiguar y comprender los factores de riesgo que le llevan a impulsar a un sujeto
a una carrera delictiva, o sea, que le hacen vulnerable a la delincuencia y los condicionamientos de su
persistencia o permanencia.
Los autores propugnan la interacción de estos factores con los “factores protectores” o conjunto de
factores individuales, sociales y/o ambientales que pueden prevenir o reducir la probabilidad de
desarrollar desórdenes emocionales o conductuales y que hacen a la persona “resistente” a la
delincuencia.
2. FACTORES DE RIESGO RELEVANTES PARA EL COMIENZO DE LA
CONDUCTA DELICTIVA:
Son muchos los factores que predisponen al niño o al adolescente a delinquir. Según la tabla, un número
importante radica en las variables personales o individuales. Destacan entre ellas:
1. Rendimiento académico o intelectual bajo: deficiencias académicas y bajos niveles de
funcionamiento intelectual son mencionados como precursores de la delincuencia, demostrado
a través de medición del rendimiento intelectual y escolar y de medidas de conducta antisocial.
El CI suele ser más bajo en delincuentes aunque esto no siempre a punta a una conducta
delictiva.
2. Temperamento: engloba los aspectos de la personalidad que muestran alguna consistencia a
través de las situaciones y el tiempo. Las diferencias de temperamento básicamente se basan en
características como: actividad del niño, respuesta emocional, momentos de mal humor y
adaptabilidad social. Son potenciadores de la conducta antisocial: el psicoticismo, la
impulsividad y la búsqueda de sensaciones.
3. Irresponsabilidad y escaso autocontrol: estas dos características dificultan la adaptación social.
Para que sea factor de riesgo además de la conducta incontrolable deben tenerse en cuenta
factores como: edad de comienzo, numero de conductas antisociales y situaciones en las que
estas son evidentes como el comienzo precoz y la mayor incontrolabilidad. En general el
delincuente se caracteriza por:
- Ser impulsivos y con poca capacidad de autocontrol
- Dificultades para demorar la gratificación
- No consideran las consecuencias de sus actos
- Tienen dificultades para comprender y apreciar los puntos de vista de los demás
- Pensamiento concreto más que abstracto que explica la inmediatez de respuesta y la ausencia de
planificación de las acciones.
- Locus de control externo.
- Tendencia a la auto-exculpación y explicación de su conducta en dependencia de terceras personas o
ajenas a su control.
- Escasas habilidades cognitivas para la solución de problemas interpersonales. Un sujeto con pocas
habilidades de solución de problemas experimenta continuas situaciones de fracaso en obtener lo que
desea, generando sentimientos de agresividad que le llevan a la vía inadecuada para obtener sus
objetivos.
2. La familia:
Variables que fomentan la conducta antisocial que son destacables: bajo estatus socioeconómico,
ausencia del padre, abuso del alcohol y drogas, familia numerosa, prácticas de crianza inadecuadas,
actitudes de rechazo hacia los hijos… Se puede decir que la familia del delincuente es una familia
problemática con fallos estructurales o funcionales o de ambos aspectos. Dentro del ámbito escolar, por
otro lado, se tendría la escasa motivación, conducta y logros escolares y, predominio de castigos, pocas
recompensas y escasa atención a los problemas del alumnado.
Otros factores: matrimonios tempranos, nacimientos prematuros, accesibilidad al alcohol y las drogas,
exposición a programas de televisión violentos, los amigos (tendencia de jóvenes delincuentes a unirse
con otros de su misma tendencia).
2.1. El estudio longitudinal “Cambridge” de West Farrington:
Su finalidad fue “describir el desarrollo del comportamiento delincuente y criminal en varones de un
suburbio de la ciudad, investigar hasta qué punto se podía predecir de antemano y explicar por qué la
delincuencia juvenil empezó, por qué continuó o no en la mayoría de edad y por qué el delinquir en
adulto generalmente termina cuando los hombres tienes 20 y 30 años”.
En líneas generales se puede decir que el delincuente común tiende a haber nacido en una familia
problemática, con conflictos, bajos ingresos, familia numerosa y con padres delincuentes. Cuando el
chico ronda los 8 años los padres lo vigilan muy poco, las relaciones padres-hijos son poco sólidas y
afectivas, las prácticas de crianza son severas o inconsistentes y los padres probablemente estén en
conflicto o separados.
En la escuela tienen conducta perturbadora, se caracteriza por el absentismo y sus resultados
académicos son bajos.
Tras la escuela, los empleos que consiguen son poco cualificados y de bajo salario y con muchos
períodos de desempleo. Su conducta delictiva tiende a ser más versátil que especializada. Sus delitos
son más numerosos entre los 13 y los 19 años, a los 30 años posiblemente está separado o divorciado,
desempleado o con trabajo de salario bajo y sus hijos estén recibiendo un ambiente familiar como el
suyo en su infancia, perpetuándose en otra generación los problemas sociales en los que delinquir es
solo un elemento más de estilo de vida.
3. MANTENIMIENTO DE LA CONDUCTA DELICTIVA: PERSISTENCIA
O REINCIDENCIA. LA PREDICCION DE LOS DELINCUENTES
CRÓNICOS.
Los estudios longitudinales además de predecir quien cometerá delitos debe predecir quienes
cometerán los más graves y con mayor frecuencia. Los delincuentes de la mayoría de los delitos.
Loetber, basándose en estudios longitudinales extrajo las siguientes hipótesis relacionando la
delincuencia persistente a lo largo del tiempo (cuatro o más delitos):
a) > frecuencia > persistencia: Hipótesis de la densidad o frecuencia
b) > estabilidad cuando tiende a observarse en una mayor diversidad de situaciones: Hipótesis de
escenarios múltiples:
c) > variedad de conductas problemáticas > persistencia: Hipótesis de la variedad.
d) Cuánto antes aparezca más tenderá a mantenerse e lo largo del tiempo: Hipótesis del comienzo
temprano.
3.1. Predictores de la delincuencia persistente.
Determinados factores de riesgo determinan que una conducta antisocial se mantenga. Una variedad de
conductas-problema y condiciones dentro del ambiente familiar son predictores eficaces de este tipo de
delincuencia, en concreto se distingue entre los factores comportamentales o exponenciales (consumo
de drogas, agresión interpersonal, mentiras, robo, absentismo escolar) y predictores circunstanciales o
condiciones de vida (variables familiares, estatus socioeconómico, grupo de amigos).
Signos precoces que tras la investigación se han señalado como predictores (seis delitos o más a los 25
años):
1. Problemas de conducta precoces antes de los 10 años.
2. Variables familiares individuales. Combinación de factores procedentes del núcleo familiar:
rechazo del niño, criminalidad y agresividad del padre o hermanos, indicadores de privación
social., bajos ingresos… Menos importantes son la ausencia de los padres o la falta de disciplina.
3. Los arrestos juveniles.
4. En educación, malos resultados ente los 8 y los 10 años.
5. Asociarse con pares delincuentes. Aunque no parece estar muy clara la influencia de este factor,
no parece determinante.
Los factores de este tipo de delincuencia, por ello, es difícil identificar la consideración específica de
cada factor. Además de estos factores, con el paso del tiempo se pueden ir acumulando, operar
conjuntamente o en relación a otras variables. Queda claro que hay unos factores más influyentes que
otros. Sólo la acumulación de varios factores puede llegar a predecir una conducta antisocial o delictiva.
4. RESISTENCIA O INVULNERABILIDAD. LOS FACTORES
PROTECTORES.
No todos los individuos bajo riesgo de conducta delictiva se convierten en sujetos delincuentes. ¿Qué es
lo les lleva a convertirse en delincuentes?
4.1. ¿Por qué hay sujeto que no delinquen?
Hirschi y Reckless intentan responder debido a los vínculos sociales que posee el sujeto y cómo las
personas desarrollan lazos fuertes a las convenciones y resisten a agredir o robar.
Hirschi establece que el sujeto que no delinque en la sociedad convencional lo hace en base a cuatro
elementos:
1. Adherencia o apego a persona significativas.
2. Participación: creencia y aceptación de las actividades convencionales.
3. Implicación: tiempo consumido en actividades convencionales.
4. Creencia: atribución de validez moral a las normas sociales.
La conducta delictiva surgirá cuando se produzca un debilitamiento de estos lazos interpersonales y se
encuentre “libre” de comprometerse en actividades delictivas.
Reckless, a través de su teoría de la contención destaca las características o cualidades del individuo
para aislarle de los impulsos internos y de las influencias criminógenas del entorno. Divide los
mecanismos de contención en externos e internos:

Controles externos: son los que proceden del control ejercido por los grupos sociales. Destacan:
1) sentimientos de pertenecer a una comunidad,2) códigos morales resistentes,3) roles sociales
coherentes,4) refuerzo de los valores y objetivos convencionales.

Controles internos: son los que hacen de la personalidad una estructura solida. Destacan: 1)
autoconcepto positivo, 2) compromiso con meta legitimas y a largo plazo, 3) objetivos realistas,
4) alta tolerancia a la frustración, 5)identificación con la legitimidad y respeto por los otros.
La importancia de los atributos personales y los fuertes lazos familiares protegen al niño del alto riego
de convertirse en un delincuente. Destacan estas tres constelaciones de factores:
1) Atributos disposicionales o fuentes personales: actividad,
temperamento, habilidades sociales y locus de control interno.
inteligencia,
autonomía,
2) Núcleo familiar: lazos afectivos como apoyo en los primeros años de vida, pautas de crianza,
reglas en el hogar solidas y claras, comunicación de calidad, modelos positivos de identificación,
compromiso con valores sociales y morales.
3) Red de apoyo social: profesores, vecinos, amigos, instituciones…
4.2.
Factores protectores durante la niñez, adolescencia y vida adulta:
Los sujetos del grupo de alto riesgo que se pueden adaptar sin dificultad se caracterizan por su
competencia en las responsabilidades, satisfacción con su estatus social, cuentan con importantes
fuentes de apoyo social y emocional, han recibido una educación adicional.
4.2.1. Reflexión: vías que llevan a la conducta antisocial.
Las investigaciones no buscan sólo el problema sino la combinación de los complejos factores o vías
distintas que conducen a una conducta delictiva. Unas investigaciones se centran en diferencias
económicas, otras en correlaciones biológicas y neurológicas, otras en factores ambientales como la
interacción padres-hijos o los procesos cognitivos y sociales.
[cuadro]
Signos precoces de conducta antisocial y disfunción de la delincuencia son factores de riesgo de la
delincuencia posterior. El reto de la predicción de la carrera delictiva es determinar qué factores
influyen más, y el de la protección o resistencia y predicción de las actividades predictivas es el de que
factores protegen al sujeto de implicarse en este tipo de actividades. La cuestión principal es la de
mejorar la identificación de este grupo de sujetos y evitar que esos chicos cometan el primer delito o
sigan implicados en una carrera delictiva.
CAPÍTULO 3
1. DELINCUENCIA Y PERSONALIDAD.
Existe una clara relación entre delincuencia y personalidad. Su estudio es muy complejo debido a las
numerosas definiciones, teorías y las complicaciones metodológicas.
Hay cuatro notas siempre diferenciales siempre ligadas al término personalidad:
-
Única: hace del ser humano un individuo irrepetible y diferenciado.
-
Estable: se desarrolla a través de un ciclo vital.
-
Interna: no es directamente observable aunque se infiera en base a constructos externos,
-
Consistente: existen elementos internos o estructuras subyacentes de personalidad, que supone
que el repertorio conductual será esencialmente regular pudiendo predecir su actuación en
determinados contextos a pesar de las fluctuaciones del ambiente.
Añadiremos que el patrimonio hereditario o predisposición a ciertas tendencias, la denominada
disposición del individuo. Es un elemento permanente de la personalidad desde el que se ordena y
manifiesta la vida anímica en lo que se refiere a espontaneidad, receptividad y modos de reaccionar se
refiere.
Basándose en estos elementos, se intentan buscar elementos que diferencian a los criminales de los que
no lo son.
1.1. Consideración actual de las variables de personalidad.
La persona sufre variaciones a lo largo de la vida debido al ambiente. Actúa en un ambiente cultural
cargado de valores afectivos que influyen en la personalidad. Por otro lado los factores genéticos por si
solos no influyen decisivamente en la probabilidad de delinquir, aunque empíricamente si se ha
demostrado que aumenta esa posibilidad.
Algunas propiedades de la personalidad bajo la influencia de determinados ambientes, si pueden hacer
que alguien delinca o demuestre una actitud antisocial. Algunas posturas defienden la suma de la
herencia, el entorno, las condiciones internas del organismo pueden configurar una personalidad.
Coincidencias de la investigación con la teoría anterior:

Se rechaza el estudio etiológico frente al apoyo a los estudios de predicción.

Se sustituye el concepto de personalidad criminal por el de carrera delictiva por un marco más
amplio de explicación. Se descartan causas fijas e integra todos los procesos (biológicos,
sociales, psicológicos…). Se discrimina cuándo, cómo y con qué fuerza intervienen para iniciar o
mantener la carrera delictiva señalando un posible recorrido probabilístico de antisocialidad.

Se reconoce la importancia de las variables cognitivo-emocionales para el estudio y la
comprensión de la delincuencia.
La perspectiva clásica de la evaluación psicológica incluye medidas sobre la inteligencia, la personalidad,
el razonamiento moral o las variables cognitivas para mostrar la variabilidad del individuo y explicar el
comportamiento antisocial del delincuente.
Además incluyen las influencias ambientales y otras variables individuales y aspectos de la personalidad
que facilitan o inhiben la implicación en actividades antisociales (psicotismo, extraversión, impulsividad
o el alto grado de de desarrollo cognitivo y moral.
La explicación de la conducta antisocial a través de la identificación de la variable “búsqueda de
sensaciones”, en función de la cual, el comportamiento criminal es una respuesta a la necesidad
constante de estimulación. Fuerte necesidad de riesgo-excitación= a  predisposición a conducta
antisocial. Las variables de extraversión y delincuencia implican un claro componente de necesidad de
estimulación.
Según esta tesis, queda definido el perfil estructural del delincuente por un alto nivel de extraversión
(E), Neuroticismo (N) y Psicotismo (P), todos ellos con una gran carga genética.
Extrovertidos=impulsivos/ Neuróticos= inquietud y desajuste emocional/ Psicótico= búsqueda de
sensaciones. P= alto poder predictivo del desarrollo del comportamiento antisocial, y N y E= relación no
tan clara con la conducta antisocial.
Esta teoría tiene en cuenta como factores relevantes: los biológicos, el ambiente y la situación, es por
tanto una postura interaccionista que combina estímulos ambientales con factores de la personalidad y
cuyo resultado puede ser una conducta criminal.
Resumiendo:
-
Se considera una relación personalidad-comportamiento delictivo.
-
Las posturas actuales son interaccionistas de las variables ambientales y psicológicas sobre la
delincuencia y cuyo componente fundamental es la cognición.
-
Se intenta mostrar que factores pueden explicar y porqué ciertos sujetos generan y mantienen
comportamientos criminales, partiendo de esto anterior, se han de crear y diseñar programas
preventivos y de tratamiento que aseguren al sujeto antisocial independientemente de la época
de su vida, que le sirvan para aprender respeto a las leyes, modelos sociales, normas y
obligaciones para y con la convivencia humana.
2. DELINCUENCIA, COGNICIÓN Y EMOCIÓN.
Como foco muy importante de investigación de la psicología delincuencial, se han tomado las variables
cognitivas. Estas variables engloban procesos cognitivos y emocionales que inhiben o facilitan las
manifestaciones antisociales como el razonamiento social, la resolución de problemas, la empatía, la
impulsividad y la conducta de elección. Los resultados no son concluyentes del todo, pero si evidencian
que los delincuentes muestran retraso en habilidades cognitivas necesarias para el ajuste social.
Como piensan, actúan y valoran su mundo son papeles importantes su conducta antisocial y en el ajuste
social. Estos déficits no se deben interpretar como causantes directos de la conducta antisocial pues
personas bien ajustadas socialmente también carecen de ellos, sólo favorecen y presentan claras
desventajas en su interaccion con las personas.
Distinguiremos entre: cognición impersonal o inteligencia y cognición interpersonal o emocional o
social.
2.1. Cognicion personal y cognición interpersonal.
Se distingue entre cognición impersonal e interpersonal; la primera es la referida al pensamiento con el
mundo físico, el tiempo, el movimiento, el espacio (el equivalente a la capacidad intelectual). La
cognición interpersonal o social es la referida a la faceta del pensamiento y la percepción de la solución
de problemas interpersonales, comprensión ajena, ponernos en su lugar.
Ambas cogniciones no están delimitadas, pero si hay un cuerpo sustancial que indica cual hemos de
poner en funcionamiento para resolver uno u otro tipo de problemas.
Las correlaciones entre ambas cogniciones no son elevadas. Algunos autores aseguran que el CI predice
en un 20% el éxito en la vida, siendo el restante 80% el que depende de otras competencias
(automotivación, control del impulso, empatía, buen control emocional). Son habilidades de
autoeficacia (nos prepara para los retos y contratiempos de la vida), conocemos y manejamos nuestros
sentimientos. Gardner lo llama inteligencia personal y Goleman ampliando el término la denominó
inteligencia emocional.
2.1.1. Inteligencia emocional.
GOLEMAN: hay dos formas de aprender la realidad, dos inteligencias semiindependientes que
interactúan para construir nuestra vida mental, una es racional (que piensa) y la otra emocional (que
siente). Hay un equilibrio entre ambas, pero las emociones pueden confundir los razonamientos.
Dominios de la inteligencia emocional:
1). Autoconocimiento: Base de la inteligencia emocional, construye la empatía o el manejo de las
emociones. Consiste en el reconocimiento de los sentimientos que van surgiendo, es una capacidad
autorreflexiva.
2). El gobierno de las emociones: Consiste en la capacidad de manejar las emociones y aprender a
recuperarse de los acontecimientos negativos vividos, y saber oponerse a sentimientos prolongados
como la ansiedad, la melancolía o la irritabilidad.
3). La empatía: Es la habilidad más importante. Es el reconocimiento de las emociones de los demás,
sintonizar con los deseos y necesidades de los otros. Cuando los sentimientos no son explícitos, se han
de intuir, y cuanto más abiertos seamos a nuestros sentimientos, mejor entenderemos los sentimientos
ajenos y más nos fijaremos en el contenido y menos en la forma de lo comunicado.
4). Competencia psicosocial: Comprende la capacidad para comportarse de forma adecuada en las
relaciones y situaciones interpersonales.
Para Goleman, la empatía se encuentra en la base del altruismo y el juicio moral, y nos hace sujetos más
sensibles y ajustados personal y socialmente.
Existen muchas hipótesis que relacionan inteligencia emocional (o su deficiente funcionamiento) y la
conducta delictiva. Aparentemente, los delincuentes, tienen dificultad para: anticipar las consecuencias
de sus acciones, demorar la gratificación inmediata, enfrentarse a las frustraciones y controlar la
conducta.
Visto así, puntúan más bajo en inteligencia emocional los delincuentes que los que no lo son, aunque
todavía no está demostrado.
2.2. Inteligencia y conducta delictiva.
Son predictores de la delincuencia, las deficiencias académicas y los niveles bajos de funcionamiento
intelectual dado que los grupos de delincuentes obtienen menor puntuación que los no delincuentes en
pruebas de inteligencia.
No es sencilla la relación entre inteligencia y conducta antisocial. Se plantea la influencia indirecta del
nivel intelectual a través del fracaso escolar.
La baja inteligencia dificulta el logro académico, e impacta en un amplio rango de factores ligados a la
conducta delictiva. La conducta es reflejo de las características personales que interaccionan con el
ambiente, siendo la inteligencia una de las más importantes características. Un bajo nivel intelectual
representa un importante hándicap para la adaptación social del individuo.
Fracaso escolar y conductas perturbadoras en el aula, se relacionan con una conducta delictiva
posterior. Los programas de intervención tratan de compensar dificultades en del aprendizaje y
estimular el desarrollo de capacidades necesarias para la integración social, reduciendo la antisocialidad
y la delincuencia.
Sobre la relación déficit intelectual-violencia, según estudios neuropsicológicos, plantean que ciertos
individuos con rasgos psicóticos y antecedentes violentos, presentan una reducida lateralización del
hemisferio izquierdo (falta de autorregulación de su conducta a través de diálogos internos). Estudios
más recientes relacionan más inadaptación social a déficits cognitivos que a déficits intelectuales.
2.3. Cognición interpersonal y conducta delictiva.
Una situación o circunstancia en la conducta del sujeto está mediatizada en buena parte por los
procesos cognitivos (forma de pensar y ver la realidad). Difieren en algunos procesos cognitivos los
delincuentes de los no delincuentes.
Bajo el término cognición se incluyen gran variedad de aspectos, los cuales nos permiten ver como el
sujeto delincuente se comprende asimismo y al mundo que lo rodea. Estos aspectos o categorías
importantes son:
2.3.1. Autocontrol-impulsividad.
El delincuente actúa de manera impulsiva ya que le falla el autocontrol de su conducta, no reflexiona
ante una situación ni analiza las circunstancias de retrasar la acción. Fracasan en “pararse y pensar antes
de actuar”. Muchos delincuentes no han aprendido a demorar la gratificación, es decir, prefieren lo
accesible e inmediato (de menos valor) que esperar a algo de más valor pero lejano en el tiempo.
El delincuente puede ser que no se pare a pensar antes de actuar porque no lo ha descubierto o por la
limitación de sus habilidades para hacerlo. Para el delincuente, la impulsividad refleja un patrón
cognitivo fuertemente instaurado que está orientado a la acción antes que a la reflexión.
La impulsividad junto a la hiperactividad y los problemas de atención predicen la delincuencia posterior
(constelación de factores denominada HIA).
2.3.2. Razonamiento abstracto versus concreto.
El delincuente posee más un pensamiento concreto que abstracto, esto explica su inmediatez en la
acción y la falta de planificación. Comprenden algo a través de los sentidos presentando serias
dificultades si tienen que pensar en abstracto. Individuos con estilo cognitivo concreto, adquieren la
información necesaria para decidir, pero tienen dificultades para estructurarla y adoptar la mejor
respuesta. Son rígidos y tercos desde este punto de vista y no reconocen que haya más de una
alternativa.
Si fallan en habilidades de razonamiento abstracto, pueden tener problemas de relaciones sociales
complejas, comprender implica hacer interpretaciones de lo que hacen y dicen otros y además, como
piensan o sienten.
Estos sujetos sólo juzgan a los demás por su apariencia o conductas manifiestas, no advierten los
matices de la interaccion social, ni interiorizan, para lo cual es necesario el razonamiento abstracto.
Se inquietan por el aquí y ahora y no prevén a largo plazo los resultados de sus acciones. No pueden
predecir ni planificar adecuadamente.
Existe una “rigidez cognitiva” debido a la falta de razonamiento abstracto, es decir se mantiene una
misma idea a pesar de una evidencia contraria o que las expectativas personales concuerden con una
realidad.
A la vez que inflexibles, son intolerantes y ambiguos, proceden a una conducta repetitiva aunque le
ocasione problemas, y al no desarrollar visiones alternativas y no tolerar el estrés, por extensión
facilitará la aparición de una conducta delictiva para afrontar esa situación estresante.
Por último, si no se conceptúa el ámbito abstracto, se dificulta la internalización de valores morales
restringiendo su razonamiento moral y su comprensión del mundo social. Los tratamientos y programas
van dirigidos a esto último, enseñan habilidades de razonamiento moral a través de discusiones morales
o de modo indirecto con este razonamiento a través de toma de empatía y perspectiva, y solución de
problemas cognitivos interpersonales.
2.3.3. Locus de control.
Hace referencia al lugar donde los individuos ubican los determinantes de las cosas que a ellos les pasa.
Se tiene locus de control interno cuando se siente responsable de lo que sucede en la vida, decide sobre
las recompensas y castigos de su vida. Se posee un locus de control externo cuando se cree que tiene
poco dominio y que todo depende del destino o aspectos externos más allá de su control.
“Los internos” perciben que lo que se hace en esta vida lo determinan factores que están en ellos
mismos (habilidad o esfuerzo), “los externos” creen que es por suerte o por otras personas con poder de
decisión para controlarlos (caso de la auto-exculpación en los delincuente o caso del poco éxito en la
escuela u otro lugar), no lo intenta porque cree que su esfuerzo es inútil.
Sino sentimos que controlamos o ejercemos control sobre las cosas o eventos, nos pueden invadir
sentimientos de tristeza, incompetencia o autovalía.
Se liga al locus externo con la conducta delictiva debido al bajo autoconcepto pues es una sensación de
controlar el mundo, una forma compensatoria de alcanzar la autoestima.
2.3.4. Percepción social, toma de perspectiva social y empatía.
En la percepción social intervienen habilidades como la empatía o la toma de perspectiva social o
aceptación de perspectivas distintas que permiten reconocer las reglas, convenciones, actitudes y
conducta de los grupos sociales.
Estas habilidades son adquiridas con el proceso de socialización y los delincuentes son más deficientes
en ellas. Por ello, muchos delincuentes no distinguen su estado emocional, pensamientos ni los ajenos,
sólo ven el mundo desde su perspectiva y no conocen ni comprenden otros puntos de vista.
Hay una predisposición a percibir la situación presente sobre la base de experiencias pasadas, se
interpretan erróneamente acciones e intenciones de los demás y no estiman los efectos de sus
conductas sobre los demás.
Este difícil proceso de interacciones confirma las expectativas del sujeto pues provoca reacciones en los
demás parecidas a lo que esperaba.
2.3.5. Solución cognitiva de problemas interpersonales.
Un ajuste social adecuado requiere capacidad de enfrentarse con éxito a situaciones problemáticas que
surjan de la interaccion con las personas. Los procesos cognitivos son fundamentales en la comprensión,
mediación y resolución de los conflictos.
Delincuentes juveniles y adultos poseen escasa capacidad cognitiva para solucionar problemas
interpersonales y por tanto serán:
1- ) Menos capaces de reconocer problemas potenciales.
2- ) Construir respuestas alternativas a los problemas (solución fija para todos los problemas).
3- ) establecer relación causa-efecto entre sus acciones y las de otras personas, echan la culpa a los
demás en vez de reconocer reacciones negativas hacia otros.
4- ) Calcular las consecuencias que siguen a sus conductas, tanto para él como para los demás. No
establecen pasos intermedios en la solución de problemas y no comprenden la conducta de otros.
En el caso de la delincuencia violenta, habilidades cognitivas deficientes para solucionar problemas
interpersonales se asocian con: pobre adaptación social, impulsividad y agresividad. Generan pocas
soluciones a situaciones con problemas interpersonales y producen situaciones agresivas y poco
efectivas.
2.3.6. Valores.
Si los valores guían la conducta, la actividad delictiva estaría motivada por el tipo de valores mantenidos
por ella.
Diferencias entre valores compartidos por delincuentes juveniles y no delincuentes.
Delincuentes
-
Valores de carácter personal: vida
cómoda, sentir place, armonía interna.
No delincuentes
-
Valores de carácter social: verdadera
amistad, responsabilidad.
Los delincuentes tienen mayor tolerancia a la conducta ilegal (comprenden la comisión de delitos), son
egocéntricos, consideran lo correcto como si todo les afectara a ellos.
La limitación de actividades socio-cognitivas, en concreto el egocentrismo, hace que jóvenes que lo
padecen no desarrollen valores que vayan más allá de lo situacional a corto plazo o lo pragmático.
Tienen menos probabilidad de desarrollar comprensión de la comunidad, normas sociales, justicia,
siendo más probable que no respeten las reglas, ni las leyes ni las convenciones sociales.
3. EL PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN SOCIAL
Cómo los sujetos “leen” o interpretan los estímulos sociales, influye en sus reacciones. Los modelos
cognitivos sociales apuntan a que las cogniciones median entre estímulos ambientales y la conducta, por
lo que los pensamientos determinan las acciones, y si modificamos la cognición, modificamos la
conducta.
El modelo de Procesamiento de la Información Social (P.I.S) es el modelo seguido actualmente (Dodge y
colaboradores), entiende la cognición social como el procesamiento de la información organizado.
Propone que la conducta antisocial se produce y mantiene por la ruptura de procesamiento cognitivo
social y por lo tanto, el sujeto sin habilidades de dar respuestas competentes o cuyo estilo de
procesamiento sea sesgado o deficiente, será más propenso a manifestar una conducta delictiva o
antisocial.
Pasos del procesamiento cognitivo secuencial:
1- ) Proceso de Codificación de la información relevante a partir de los numerosos indicios que hay en
cualquier estímulo ambiental. Se realiza a través de la atención selectiva y la focalización de un
subconjunto de indicios.
2- ) Proceso de Representación. Los indicios de los estímulos, representados en la Memoria a Largo
Plazo, se les da significado. En las situaciones sociales, esta representación implica interpretaciones de
las intenciones y atribuciones de las causas del estímulo.
3- ) Procesos de Búsqueda de Respuesta. Las respuestas fuertemente asociadas con algunas
representaciones mentales del estímulo, es más probable que sean seleccionadas o que sean más
fácilmente accesibles por lo delimitado del repertorio. Se han detectado asociaciones entre atribuciones
hostiles (Paso 2) y acceso a respuestas agresivas (Paso 3). Generalmente el acceso a una respuesta es
una función automática, pero si la respuesta no es obvia para ser controlada, ésta se experimenta como
resolución del problema.
4- ) Procesos de Selección de Respuesta. Se lleva a cabo aplicando reglas de evaluación para decidir si la
respuesta está o no por encima del umbral de aceptabilidad para llevarse a cabo. De un sujeto a otro, los
criterios varían mucho. Las evaluaciones sesgadas aumentan la probabilidad de conducta agresiva.
5- ) Procesos de Actuación. Transforman la respuesta seleccionada en conductas verbales y motoras.
Este modelo de estudio demuestra que los niños agresivos ante la información social, perciben,
interpretan y adoptan decisiones en modos que incrementan la probabilidad de actuar agresivamente y
se hace la hipótesis, de que el niño, le surgen estas competencias de procesamiento de información a
partir de la interpretación de sus experiencias.
Diferencias en cada uno de los procesos de información:
1. Interpretación. El acto agresivo es una respuesta o reacción a un acto percibido con
intencionalidad dañina para el sujeto. A esta atribución, por error, se le denomina “fenómeno
del sesgo de atribución hostil”. Así, los niños agresivos, sobreestiman la cantidad de agresiones
que se les dirige teniendo en cuenta que viven en medios que con frecuencia se les agrede o
ataca.
2. Acceso de respuesta. Incluida en proceso de búsqueda de respuesta. Las diferencias entre niños
agresivo y no agresivos, parece que es que los primeros manifiestan deficiencias para acceder a
respuestas no agresivas.
3. Selección de respuesta. Incluida en el proceso de decisión de respuesta. La forma de decisión
implica evaluar las respuestas generadas según algún criterio, en el caso de evaluarlas en
situaciones sociales, se tendrán en cuenta las siguientes consideraciones: cualidad de la
respuesta (positiva, negativa o neutra), el resultado probable, el grado de confianza sobre la
capacidad para llevarla a cabo (autoeficacia). Los agresivos tienen problemas en los tres
procesos:
1- ) Evalúan la conducta agresiva mejor que la neutra o la pro social.
2- ) Esperan mejores resultados de las conductas agresivas que de las otras dos.
3- ) Muestran más confianza en sus conductas agresivas y menos en inhibir respuesta
agresivas cuando se le provoca.
Evaluación de Dodge, Pettit, Bates y Valente.
Se avalúan patrones de procesamiento de la información social mediando parcialmente el efecto del
abuso físico temprano sobre problemas de conducta posteriores.
Se basaba en un estudio longitudinal sobre 548 niños desde antes de que estuvieran matriculados en el
jardín de infancia hasta cuarto curso.

Hipótesis de partida:
Los niños víctimas de de disciplinas abusivas desarrollarán con más probabilidad patrones de
codificación inadecuados como por:
o Hipervigilancia a indicios hostiles, consideran cualquier conducta como hostil por
sobrevaloración de los indicios hostiles.
o Sesgo de atribución hostil: atribuyen con mayor facilidad la hostilidad que otros.
o Acceso a más porcentaje de respuestas agresivas: tienen mayor entrenamiento a este
tipo de respuestas y mayor facilidad de que se den.
o Evaluaciones de que las respuestas agresivas llevan a resultados instrumentales e
interpersonales positivos: mayor beneficio con las respuestas agresivas porque
posiblemente en su ambiente sea así.
Estos patrones de procesamiento de información social (P.I.S), predicen problemas de conducta.

Resultados:
Los niños (más que las niñas) sufridores de disciplina física abusiva por parte de los padres:
o Se pueden volver hipervigilantes a indicios hostiles.
o Están predispuestos percentualmente a atribuir hostilidad.
o Pueden adquirir un repertorio de respuestas agresivas muy accesibles.
Además tienen cuatro veces más posibilidades de sufrir problemas de conducta que los que no hayan
sufrido problemas de malos tratos.
4. ALGUNOS MODELOS EXPLICATIVOS.
4.1. La teoría cognitivo-social aplicada a la conducta delictiva.
Su máximo representante fue Albert Bandura. Todas estas teorías tienen como hilo conductor, la
propuesta de varios mecanismos de aprendizaje para explicar el comportamiento delictivo, y la
relevancia que se da a los diversos contextos de socialización en los que el sujeto puede adquirir y
mantener sus actividades ilícitas.
El modelo de causación se basa en la interacción entre sí de acontecimientos ambientales, factores
personales y la conducta.
-
Relación conducta-entorno. Su entorno debe prolongarse en el tiempo y ampliarse incluyendo
los determinantes cognitivos del sistema de interrelación.
Es decir, las contrarrespuestas a los actos antecedentes además de estar influidas por loa actos
inmediatos, también lo están por lo que piense el individuo que puede comportarle los cursos
de sus acciones.
Las cogniciones no actúan solas, sino que el individuo verifica las concepciones de sí mismo y la
naturaleza de las cosas las desarrolla y verifica a través de cuatro procesos:
o Experiencia directa obtenida de los efectos de sus actos.
o Experiencia vicaria obtenida de los efectos de otras persona.
o Juicios manifiestos por los demás.
o Deducciones a partir de los conocimientos previos por medio de la inferencia.
Las influencias personales y ambientales actúan como determinantes interdependientes entre sí,
basando su análisis en la forma que se condicionan entre sí.
4.1.1. La teoría del aprendizaje social de la conducta delictiva de Akkers.
Describe e integra los mecanismos de aprendizaje delictivo y los combina con el concepto de
reforzamiento diferencia.
Incluye cuatro constructos principales.
1) Asociación diferencial: proceso por el cual el sujeto se expone a definiciones normativas
favorables o desfavorables a la conducta ilegal.
Dimensiones:
o Directa o interracional; identificación del propio sujeto a persona que actúan
ilícitamente.
o Normativa o indirecta; se expone al sujeto a patrones normativos o creencias distintas
de las habituales.
Las asociaciones diferenciales se producen tanto en grupos primarios (familia, amigos) como en
secundarios (medios de comunicación, figuras de autoridad, etc.). Son más influyentes las
asociaciones que poseen mayor influencia, duración, prioridad o intensidad y las que provienen
de relaciones más importantes para el individuo.
2) Definiciones: Son los significados o actitudes que el sujeto vincula a una determinada conducta.
Son las racionalizaciones y actitudes morales o evaluativas que orientan los comportamientos y
los valores como adecuados o inadecuados, deseables o indeseables. Las definiciones actúan de
maneras diferentes: cognitivamente (valores, creencias o actitudes) o conductualmente
(precipitación de algunos comportamientos ilícitos).
3) Reforzamiento diferencial: Proceso de balance entre refuerzos y castigos anticipados o reales
que siguen o son consecuencia de la conducta. A mayor cantidad, mayor probabilidad de volver
a delinquir.
4) Imitación: Involucración en alguna conducta tras la observación en otros de una conducta
semejante. Depende de tres aspectos:
o Características del modelo (identificación con el mismo).
o Características de la propia conducta observada, utilidad y posibilidad real de realizarla.
o Consecuencias: ventajas que se obtiene al realizar esa conducta.
El aprendizaje de la conducta es un proceso dinámico desarrollado en dos momentos:
-
Aprendizaje inicial de la conducta: Producido como consecuencia del balance para el sujeto
entre, definiciones aprendidas, imitación de modelos y su ponderación anticipada de refuerzos y
castigos esperables por su conducta.
-
Repetición de la conducta: Depende principalmente de los reforzadores y castigos reales una vez
llevado a cabo el comportamiento.
Por tanto castigos reales y refuerzos recibidos por el sujeto influyen sobre dos elementos diferentes
pero interrelacionados: repetición o no de la conducta, y las definiciones aprendidas (significados y
actitudes del individuo vinculadas a una misma conducta).
La relación entre estructura social y aprendizaje social intenta explicar la manera en que la delincuencia
se conforma dentro de una estructura social determinada pero sin intentar explicar el fenómeno
delictivo en su conjunto, sino enfatizando los procesos mediante los cuales se aprenden las conductas
delictivas.
Ofrecen contextos generales de aprendizaje: la sociedad, la comunidad, la raza, el género….
Promueven o dificultan la conducta delictiva: la familia, la escuela, los amigos…
4.2. Explicaciones sociológicas.
En aproximaciones en principio sociológicas, se han dado explicaciones sobre la delincuencia en las que
se incorporan aspectos cognitivos a considerar, que reformuladas esas aproximaciones desde la
perspectiva psicológica han sido muy valiosas para la psicología criminal como por ejemplo:
-
Teorías subculturales que especifican valores, actitudes y creencias personales que favorecen la
actividad criminal. También están la teoría de la oportunidad diferencial de Cloward y Hollin, la
teoría de la reactancia de Cohen, la teoría de la cultura de clase baja de Miller, las teorías del
control de Sykes y Matza, y la misma teoría de la asociación diferencial de Sutherland y Cressey.
4.2.1. Las técnicas de neutralización de Sykes y Matza.
No aceptan la imagen del delincuente como persona comprometida con valores criminales y
desviados, establecen que la mayoría de los delincuentes comparten valores convencionales de la
sociedad, y lo que hacen es aprender una serie de técnicas de neutralización o verbalizaciones a
través de las cuales racionalizan y justifican la conducta desviada (redefinen su comportamiento
como una conducta no delictiva y preservan su autoimagen como sujeto no delincuente). Estas
técnicas no son exclusivas de la subcultura de la delincuencia, en ésta se hace un uso más extensivo
de las mismas ya que le ayudan a separarse temporalmente de los valores convencionales y
participar en actividades ilegales.
Técnicas por las que la culpa es neutralizada:
1) Negación de la responsabilidad: atribución de los actos a factores que no controla el individuo
como las drogas, el alcohol…
2) Negación del daño cometido: admite responsabilidad del acto pero no de los daños.
3) Negación de la víctima: inversión de los papeles agresor-víctima y esta última pasa a ser culpable
o merecedora del castigo.
4) Descalificación de los condenadores: los criminales o hipócritas son los policías, los jueces,
abogados, etc.
5) Apelación a ideales o lealtades superiores: lealtad, solidaridad o patriotismo.
Las neutralizaciones resaltan el rol de la cognición en la delincuencia y muestra que ciertos procesos
se pueden “desactivar” de las cogniciones que inhiben la conducta criminal.
4.2.2. La teoría de la asociación diferencial de Sutherland y Cressey.
Esta teoría destaca dos variables estudiadas por la psicología en relación al crimen:
-
Actividades antisociales: los actos criminales reflejan cogniciones favorables a as actividades
criminales (la persona se convierte en delincuente por un exceso de “definiciones” favorables a
la violación de la ley).
-
Asociaciones antisociales: las “definiciones” se aprenden a través de la asociación con personas
significativas (se aprenden definiciones desfavorables para los actos delictivos).
Esta teoría defiende que la delincuencia no es el resultado de la inadaptación de los sujetos de la
clase baja, sino del aprendizaje que individuos de cualquier clase y cultura realizan de conducta y
valores criminales.
Esquema de la asociación diferencial:
-
La conducta delictiva se aprende a partir de la interaccion social con otros, especialmente con
grupos íntimos.
-
El aprendizaje incluye técnicas y motivos para delinquir.
-
Los motivos se aprenden a partir de las definiciones de los favorables a la violación de las leyes.
-
Los individuos se convierten en delincuentes por asociación diferencial o contacto con
definiciones favorables a la delincuencia (entendiendo por definiciones los significados
particulares que realiza el individuo a partir de experiencias particulares que después generaliza
y las convierte en un modo personal de ver las cosas).
La cadena causual iría desde la asociación con personas que mantienen definiciones favorables al
crimen, pasando por la adquisición de actitudes antisociales y llegando a la conducta delictiva en
situaciones particulares.
4.2.3. La teoría del autocontrol de Gothfredson y Hirschi.
Denominada teoría general de la delincuencia, su factor principal es que el origen de los
comportamientos delictivos son las características individuales de algunos sujetos que los sitúan en
mayor riesgo de delinquir, siendo determinante en estos individuos que haya una oportunidad para
cometerlo.
Los autores distinguen entre acciones delictivas e individuos con tendencias delictivas.
Las restricciones de implicación en actos delictivos pueden tener carácter social o individual, y por ello
las personas pueden ser diferentes en cuanto a su vulnerabilidad a las tentaciones delictivas, por ello el
concepto clave de la teoría es el autocontrol.
Personas con gran nivel de autocontrol actúan contrarios al funcionamiento delictivo ya que: difieren
gratificaciones, se esfuerzan, desean beneficios a largo plazo, siendo lo contrario en las personas con
muy bajo nivel de autocontrol.
Las personas que no tienen autocontrol son impulsivas, insensibles, asumidoras del riesgo, poco
previsoras, etc. Estas tendencias suelen aparecer juntas y de manera estable en la vida de las personas,
como si fuera un rasgo, constituyen un constructo comprensivo y estable de utilidad para explicar la
delincuencia.
CAPÍTULO 4
La forma de actuar del delincuente muchas veces depende de su interaccion con el medio social: la
familia, la escuela, los amigos. Conductas agresivas, violentas, delictivas y antisociales siempre se
producen en un contexto social y otras veces son consecuencia de un estilo de socialización del
individuo a los largo de su vida.
En el desarrollo de la delincuencia, el problema principal es que coinciden y se interrelacionan muchos
factores, de ahí que se incluya un amplio rango de variables psicológicas y sociológicas.
1. DELINCUENCIA Y FAMILIA
La familia, al ser el primer grupo de referencia, además de ser un importante rango de socialización,
puede facilitar la formación y el mantenimiento de comportamientos delictivos.
Diversos estudios destacan la importancia de la familia como predictor de la conducta antisocial infantil
y relaciona un conjunto de variables familiares relacionadas con la delincuencia.
-
Loeber y Stouthamer-Loeber: Meta-analizaron los predictores más evidentes de la delincuencia
afirmando que una variedad de conductas problemáticas y condiciones dentro de la familia eran
predictores de la delincuencia en general (la reincidencia y la delincuencia violenta).
-
Posteriormente, otros estudios, mantienen la importancia de la familia en la predicción del
primer delito en lo que respecta al funcionamiento familiar y si existen antecedentes delictivos
en uno o más miembros.
-
El estudio Cambridge, determina que un grupo de factores familiares (pobreza, mala relación
matrimonial, familia numerosa…) favorece el desvío de conductas a finales de la
adolescencia/principios de la edad adulta (conducta violenta, consumo excesivo de alcohol y
drogas,…).
1.1. El contexto familiar en el aprendizaje de la conducta delictiva.
1.1.1. Interaccion entre padres e hijos.
De especial interés de estudio son las prácticas disciplinarias y actitudes de los padres respecto a los
hijos. Padres de jóvenes delincuentes que son duros e inconscientes con actitudes y prácticas
disciplinarias, recompensan la conducta desviada a través de la atención y la conformidad e ignoran la
conducta pro social.
Disciplina: son los métodos empleados por los padres para reducir las conductas no deseables de los
niños. Si la disciplina es adecuada no conlleva a definir la conducta antisocial, pierde consistencia en el
tiempo y a través del as situaciones.
Fracasar al ejercer la disciplina en el hogar trae consecuencias como las conductas antisociales y la
delincuencia. Hay dos métodos opuestos entre sí para establecer la disciplina pero ambos están
relacionados con las conductas delincuentes del niño:
1) Forma laxa, errática o inconsistente, relacionada con el abandono infantil.
2) Modo duro, severo y punitivo, relacionado con el abuso físico del hijo. La interaccion con la
familia es para el niño un entrenamiento coercitivo e inapropiado de relación con los demás que
origina un gran déficit de su socialización.
La supervisión. Como aspecto de contacto entre padres-hijos también se relaciona la supervisión con la
delincuencia. Si ésta es adecuada, se conocerán claramente las actividades del niño tanto escolares
como en su tiempo libre.
La explicación y comunicación de las normas en casa como fuera, y el seguimiento del cumplimiento de
las mismas así como de los castigos si se incumplen dichas normas, todo esto se considera fundamental,
siendo una variable importante en la pre adolescencia y en la adolescencia.
Se cumple un doble objetivo de prevención: se detectan rápidamente conductas antisociales y se
controlan de modo indirecto, la asociación del niño con grupos de compañeros con comportamientos
delincuentes.
Los padres de niños delincuentes controlan menos donde van y no controlan cuando faltan en casa.
Calidad de las relaciones familiares. Las características de ésta y su reflejo, sirven de factores de riesgo.
Comportamientos paternos como el rechazo o la frialdad, predicen la delincuencia.
Los padres de jóvenes antisociales muestran menor apego, aceptación, calor, afecto y también
presentan baja habilidad de resolución de problemas (desde pequeñas disputas a grandes desacuerdos),
lo que propicia de distintas formas conductas antisociales o desviadas.
Las familias con problemas de relación o multiproblemáticas denotan aversividad entre sus miembros.
Madres abusivas en la relación con sus hijos (Diada madre-hijo), presentan menor tasa de interacciones
con sus hijos y mayor número de conductas negativas que positivas, a la vez que utilizan más el castigo
físico.
Las interacciones madre-hijo muy aversivas son episodios de baja frecuencia y más breves, al igual que
el conjunto de las familias agresivas. El resto de familias no presentan esta problemática.
Estas relaciones familiares tienen consecuencias negativas para el niño ya que tiene mayor probabilidad
de interacciones coercitivas, pudiendo llegar al abuso físico infantil.
Otro efecto de las interacciones coercitivas familiares es que generalizan esos comportamientos a otros
ambientes (escuela, calle…).
La manifestación con problemas de conducta como rabietas, llantos prolongados, etc., pueden venir
dados por comportamientos aversivos o coercitivos.
Resumen: Aplicar mal las técnicas de socialización en los niños, puede traer varias consecuencias: no
adquieren de modo adecuado el sistema de normas y comportamientos correctos, pudiendo presentar
una deficiencia de socialización y por tanto, manifiestan comportamientos problemáticos en el hogar y
en otros contextos.
1.1.2. Matrimonios separados y disputas de pareja.
La ruptura conyugal sumada a un ambiente de miseria económico, social y moral, es un factor decisorio
en la aceptación de la desviación conductual.
La importancia de la familia disgregada como variable determinante de la delincuencia infanto-juvenil,
procede del estudio de los hogares rotos.
La ruptura del hogar se puede deber a varios motivos: muerte, divorcio, separación, excesivas jornadas
laborales, e implica factores nocivos: disminuyen la conciencia de seguridad y el equilibrio emotivo, se
trasladan al medio físico y social el aumento de los problemas de relación.
La ausencia de vinculación afectiva (calidad de interacciones) es más relevante que la ausencia de uno
de los padres en la relación familia-antisocialidad.
La consistencia de las relaciones padres-niños delincuentes, desencadena infelicidad, conflictos y
agresiones.
Haya separación o no de los padres, el grado de discordia y conflicto, es lo que se asocia al riesgo de
conducta antisocial y disfunción.
1.1.3. Número de miembros de familia.
Ser familia numerosa aumenta el riesgo de conducta antisocial o delictiva.
La razón principal es por el “fenómeno de contagio”, un miembro puede extender sus hábitos a otros
miembros. También se puede dar que al ser muchos hijos, se dificulte la tarea de supervisión
(importante para la no implicación de los hijos en actos delictivos), este factor viene dado por el nivel de
ingresos, ejerciendo más influencia en familias con menos ingresos, donde hay hacinamiento además de
otros factores.
Todos estos factores no se dan aislados, sino en familias de clases sociales desfavorecidas, con padres de
poca cultura y solvencia económica escasa, lo que reducida en una pobre estimulación social e
intelectual del hijo, aumenta más el riesgo si los padres tienen antecedentes penales o alteraciones
psicológicas.
Cuando la disciplina es errática, ocurre la delincuencia, ya que se ve alterado el proceso normal de
aprendizaje social basado en recompensas y castigos.
Cómo se relaciona el individuo con el entorno, la capacidad de sana y gratificante de comunicación,
sobre todo con la familia, el equilibrio, la madurez, y la constancia de las relaciones afectivas, dependen
de las experiencias emocionales de la infancia. La noción de “apego” y su consecuencia inmediata, “el
compromiso interpersonal”, surgen de las relaciones humanas sólidas y de calidad.
En el desarrollo de la personalidad y de las interacciones tempranas entre padres e hijos, depende la
posterior capacidad de relación del niño con los demás y su entorno. Un apego seguro favorece un
desarrollo adecuado mediante una exploración e interacción rica con el medio circundante.
Sobre los factores protectores hay una serie de valores que funcionan como protectores reales ante
eventos estresantes y acumulativos: cuidados paternos, atención en los primeros años de vida,
disponibilidad de personas alternativas que cuiden al niño (abuelos, tíos…); modelos positivos de
identificación; disciplina consistente en el hogar, red de apoyo social y emocional (profesores, vecinos,
amigos…) que puedan prestar ayuda en tiempos de crisis.
Interviniendo en la familia se pueden evitar procesos de conducta en la infancia que con el paso del
tiempo se transformen en comportamientos delictivos. Se deben potenciar en el niño competencias
psicosociales necesarias para que sea resistente al comportamiento antisocial y/o delictivo. Si el entorno
familiar es problemático y no se interviene, de poco sirven los programas de prevención e intervención
con resultados positivos.
1.2. Algunos modelos explicativos.
Las teorías modernas buscan la relación de los métodos de crianza y la conducta delictiva, son teorías
basadas en el aprendizaje social. Basados en este razonamiento hay dos modelos a destacar: modelo de
G.R Patterson o teoría de la coerción basada en la descripción de la escalada coercitiva; y el modelo de
Walher, basada en patrones de interrelaciónales de las familias con problemas de relación y abuso.
Ambos modelos se centran en los factores de la base de desarrollo del conflicto en el hogar, y en
concreto sobre el establecimiento de las interacciones negativas entre los miembros de la familia.
1.2.1. La teoría de la Coerción de Patterson.
Se centra en la búsqueda de los factores que determinan la ejecución de los comportamientos
antisociales en la familia. Los intercambios conductuales de las personas se producen muy rápido
(incluidos los de la familia), no siendo conscientes de cómo se producen. Patterson analiza de cómo esos
comportamientos (rápidos y espontáneos) se producen en la familia para describir sus pautas básicas y
su función en el mantenimiento de la agresión familiar.
Patterson, en la interaccion de los miembros de la familia con disputas frecuente, analiza cómo ante
conductas neutras o pro sociales, que en otras familias provocarían resultado del mismo carácter, en las
primeras familias se dan respuestas agresivas.
Se describen cuatro etapas en el proceso de coerción:
1) Inicio. En familias con miembros agresivos hay mayor probabilidad de comenzar conflictos, al
igual que en familias con niños antisociales o conflictivas.
Esta reacción aversiva o no amistosa ante comportamientos neutros, se puede dar por un déficit
en el procesamiento de la información ya que pueden influir sobre las interpretaciones sociales
sobre qué conductas son provocativas.
2) Contraataque. Denominada así esta fase debido a que miembros de familias agresivas,
presentan mayor probabilidad de responder agresivamente y reaccionar de manera irritable a
estímulos coercitivos, siendo este un proceso bidireccional, debido a que cualquier miembro de
la familia puede iniciar un ataque y a la vez, responderlo indistintamente.
3) Aceleración ante el castigo. Llevadas a cabo las dos primeras fases y ante conductas coercitivas
de los demás, se lleva a cabo a una mayor duración de los intercambios aversivos entre ellos.
Como por ejemplo: en familias agresivas, ante la implantación de un castigo a los niños, este
castigo tiene un efecto contrario, es decir no extingue la respuesta desviada, sino que
incrementan su probabilidad de ocurrencia. Esto nos lleva a dos fenómenos que lo explica: 1-. Se
hace uso inconsciente del castigo. 2-. El tipo de castigo es punible y físico. Así, estos padres,
utilizan castigos inadecuados administrados inadecuadamente también.
4) Continuación. En esta fase se explica cómo se produce la continuación de esta cadena de
intercambios coercitivos entre los miembros familiares. Miembros de familias agresivas
persisten con mayor probabilidad en sus reacciones de irritación y de agresividad
independientemente del otro. Todo esto, explica la larga duración de los episodios conflictivos y
su persistencia a través de las situaciones.
Patterson, al describir los mecanismos que explican el mantenimiento de las relaciones conflictivas,
señala el refuerzo negativo, siendo el componente más importante y clave a en la base de estos
procesos de coerción.
Los niños agresivos, usan gran cantidad de conductas desviadas para controlar a los miembros de su
familia para que los padres cedan a sus demandas a la vez que el comportamiento del niño se ve
reforzado negativamente pues consiguen que el niño cese de comportarse así. Ante situaciones
semejantes, el niño, se comportará de igual manera (aversivo) y lo padres “cederán” u
“obedecerán”, lo cual reforzará ese comportamiento negativo infantil. Walher retomará esta idea
con el nombre de “hipótesis de obediencia materna”.
Escalada coercitiva
Siendo más complejo el proceso de coerción, se denomina escala coercitiva cuando estas cadenas
coercitivas aumentan su intensidad.
Cuando un miembro familiar o del sistema aplica técnicas de control punitivo, los demás aprenderán
a iniciar intercambios aversivos a través del modelado o reforzamiento. La teoría coercitiva sugiere
que se producirán incrementos en cantidad e intensidad de las conductas coercitivas.
Si un miembro de la diada aumenta en gran medida la intensidad de la respuesta aversiva, el otro
probablemente terminará su ataque. Por ello, las respuestas altamente aversivas se refuerzan
(refuerzo negativo para el que cede y positivo para el que ataca ya que consigue el resultado
buscado, ganar la confrontación). Si un miembro no cede, ambos entrarán en una escalada de
violencia, de consecuencias negativas para ambos, pero más para el niño pues es el más débil de la
diada.
1.2.2. Modelo de Walher.
Basado también en familias agresivas y con problemas relacionales, aporta otro punto de vista
basado también en procesos de refuerzo.
Los estudios se centran en la socialización inconsistente como clave para comprender el contexto
interrelacional en la gesta de la agresión familiar.
Para Walher, la familia es un sistema interrelacional que forma una cadena conductual de estímulos
y respuestas. Se producen intercambios bidireccionales de estímulo y control de modo circular, por
lo que la conducta del niño es función de las interacciones con los padres.
Las reacciones de los padres hacia el niño actúan de patrones de refuerzo en el hogar, y viceversa en
las relaciones niño-padre.
Hipótesis de la predictibilidad.
Puede haber relación entre la conducta aversiva de los niños agresivos por las tendencias de la
madre a reaccionar inconscientemente ante los comportamientos de su hijo, situando a éste en un
contexto interaccional relativamente impredecible ya que puede responder de igual manera tanto a
conductas positivas, como a negativas o neutras y coloca al niño en un entorno en un entorno social
indiscriminado o no contingente respecto a su comportamiento.
Si el niño responde consiguiendo reducir en alguna manera su contexto impredecible, la respuesta
se ve reforzada negativamente y cesa la estimulación aversiva producida por la incertidumbre
ambiental. De este modo, determinada la conducta antisocial del niño, es capaz de reducir la
inconsistencia de las respuestas de la madre, logrando mayor predictibilidad y reforzando
negativamente esa conducta, y por tanto, habrá mayor probabilidad de que se repita dicha
conducta en ambientes impredecibles para él.
Hipótesis de obediencia materna.
Esta hipótesis recibe un apoyo empírico. Si la madre cede a requerimientos negativos del hijo, se
reduce mucho la aversividad de la conducta infantil y la conducta de obediencia de la madre se
reforzará negativamente. Estudiando los comportamientos maternos de obediencia e
indiscriminación de un modo conjunto se observa que: están relacionados temporalmente, es decir,
que pueden trabajar en tándem. Tras un episodio de desobediencia, se sucede otro de
indiscriminación, y si la madre fracasa en hacer cumplir sus instrucciones y cede ante las conductas
aversivas, se continúa el proceso con una actuación indiscriminada de la madre, lo que aumenta el
nivel de aversividad de la conducta del niño, la cual se muestra útil para reducir su incertidumbre
ambiental.
2. DELINCUENCIA Y ESCUELA.
El otro gran agente de socialización, junto a la familia, es la escuela, en ella se aprenden normas y
conductas socialmente aceptables.
1) Los niños que asisten regularmente a clase y se esfuerzan en la escuela para obtener buen
rendimiento, tienden a aislarse de conductas y compañías ilegales.
2) Niños de familias problemáticas, están peor equipados para el desempeño escolar., si ello
resulta un factor frustrante para el niño, puede inducirles a la despreocupación escolar e
implicarse en actividades delictivas como forma alternativa para demostrar su triunfo en otros
campos de la vida.
Uno de los mejores preventivos de la reincidencia es el éxito escolar, asociándose la delincuencia a
la experiencia escolar negativa. La mayoría de los delincuentes son fracasados escolares, a la vez
que alumnos que vivencian más negativamente su paso por la escuela, siendo también más
probable que cometan destrozos en la escuela o que agredan a compañeros o profesores.
La escuela a través de programas de educación infantil, cambios en la organización escolar o
mediante enseñanza de habilidades sociales y competencias en los escolares, puede ejercer un gran
papel en la prevención de la delincuencia.
2.1. La escuela en el aprendizaje de la conducta delictiva.
2.1.1. Motivación, conducta y logro escolar.
Según el estudio de Loeber-Stouthamer sobre predictores de la delincuencia:
1) Los malos resultados escolares son predictores en cierto grado de la futura delincuencia.
2) La mayoría de los delincuentes crónicos se podrán reconocer por problemas conductuales y
otras deficiencias en la edad escolar (impacientes, irresponsables, conducta perturbadora y
dañina hacia los demás).
Concluyendo: tienen más probabilidades de delinquir los niños y jóvenes, menos capacitados y con peor
conducta en la escuela que tienen buen rendimiento y ajuste escolar.
2.1.2. Ambiente escolar:
El ambiente escolar puede contribuí a una conducta antisocial ya que diferencian por su organización,
localización, proporción maestro-alumno, métodos de enseñanza, actitud del profesorado…
Rutter en su estudio sobre los efectos escuela-delincuencia, media la estructura escolar, la organización
y el funcionamiento y como factores relacionales de la delincuencia; altas medidas de castigo como
medida disciplinaria, malas condiciones de trabajo, poca atención de los niños por parte de los
profesores…No queda claro si estos factores son causa o consecuencia de una conducta antisocial fuera
de la escuela pero si es cierto que pueden influir y contribuir a incrementar el riesgo de conducta
antisocial.
2.1.3. La violencia en el contexto escolar:
Se conoce como “fenómeno bullying” a la conducta agresiva manifestada en el contexto escolar,
intencionada y perjudicial, cuyos protagonistas son jóvenes escolares. Son episodios persistentes
(semanas, meses o años) y relacionados con el deseo de intimidación, dominio y con el abuso de poder
de los agresores. Como rasgo especifico es que un alumno o grupo trata tiránicamente a un compañero
al que hostiga, oprime y atemoriza repetidamente y atormenta, convirtiéndolo en victima habitual.
Frente a este problema se están creando programas escolares para que no se entorpezca la actividad
diaria escolar. Ser agresor o victima puede tener implicaciones duraderas en la vida. Niños con conducta
agresiva o antisocial entran los denominados “matones” o “ bullies” pues perciben muchos actos
neutros como provocaciones. Que requieren una respuesta agresiva. Lo peor no es la motivación que
sientan una motivación por una suspicacia interna que les lleva a ver a sus compañeros como enemigos,
sino que al ser miembros del grupo de alto riesgo se hallan en clara situación para fracasar en la
sociedad.
Otro grupo necesitado de ayuda es el de los niños que resultan dejados de lado o abandonados por sus
compañeros, suelen ser víctimas de los niños agresores, fracasan en los estudios y presentan problemas
psicológicos pudiendo llegar al suicidio o provocan respuesta muy violentas.
El bullying es un fenómeno social en su naturaleza, se produce en grupos relativamente permanentes (el
escolar), donde la victima tiene pocas posibilidades de evitar a su agresor y el agresor obtiene gran
apoyo del grupo.
Puede mantener varias formas:
1) Físico: ataque físico, robo o daño de pertenencias.
2) Verbal: imposición de motes, insultos, contestaciones con tono desafiantes y amenazador.
3) Indirecto: propagación de rumores peyorativos, potenciación de la exclusión social…
En esta relación de intimidación con un alumno o grupo de ellos en el aula se genera una trama de
relaciones grupales que refuerzan su capacidad agresiva principalmente a través del miedo. Los demás
miembros del grupo se inhiben ante esta situación y solo alguno critica la situación. Esto es debido a que
las situaciones agresivas encuentras apoyo del grupo a la vez que las genera también la mantiene.
Los efectos de la victimización son duraderos y provocan altos niveles de ansiedad, es una experiencia
traumática con daños físicos y emocionales. La alta tensión nerviosa puede provocar dolor de estomago,
cabeza, ataques de ansiedad y lo peor es que como trastornos sociales puede producir rabietas, timidez,
fobias hacia la escuela, traduciéndose en absentismo y el aprendizaje en general. Dada la situación de la
que no saben salir sienten amenaza hacia sus vidas generándose tal miedo que extrapolan fuera del
colegio. El nivel de interacción con el resto de la clase en menor y produce una situación de aislamiento
y rechazo social.
Algunas víctimas aprenden de los bullies al ver que consiguen lo que quieren, incrementa su agresividad
hacia otros más débiles. Las victimas agresivas suelen haber sido socializados en ambientes familiares
caracterizados por el abuso, haciéndoles muy irritables y sintiéndose provocados con más rapidez que
otros niños
2.2. Algunos modelos explicativos:
* Teoría de la tensión o frustración (strain theory): contempla a la escuela como una institución de clase
media donde los chicos de clase baja tienen menos oportunidades de competir con éxito. Como no
disponen de una de las grandes vías de acceso legítimo a las metas culturalmente establecidas, esos
jóvenes cometerán delitos para compensar su frustración y elevar su autoestima.
* Teoría del etiquetado: la etiqueta impuesto a los niño difíciles hace que el sistema escolar les trate
hostilmente, sin importar ( a partir del etiquetado) la realidad objetiva de sus acciones, contribuyendo a
que asuman su etiqueta y como consecuencia se impliquen en mayor medida en actividades antisociales
o delictivas.
2.2.1. Teorías del desarrollo social de Hawkins y Weis:
Recoge la contribución de la variable escolar sobre la promoción o inhibición de las carreras delictivas.
Identifica familia, escuela y grupo de pares como unidades más importantes del desarrollo humano y
cuánto mayor sea el grado de compromiso del niño con ellas, mayores serán las probabilidades de
prevención sobre la aparición de la delincuencia juvenil. Sobre la escuela, esta teoría define tres
condiciones generales necesarias que forman y refuerzan el vínculo social niño-agencia de socialización.
1) Cuando los jóvenes experimentan las oportunidades para implicarse en la vida de la escuela; 2) tienen
las habilidades sociales, cognitivas e interacciones sociales; 3) son reforzados consistentemente por su
desempeño correcto, entonces desarrollarán una relación positiva u fructífera con el medio escolar
dificultando su participación en actos delictivos.
Combinando esta teoría con la del control social de Hirschi y de los supuestos del aprendizaje social, se
consigue una explicación más relevante para el díselo de programas de prevención en las escuelas.
3. DELINCUENCIA Y GRUPOS DE PARES:
Los niños, tras el único contexto familiar antes de ser escolarizados, empiezan en la escuela, se
relacionan con otros niños y adultos.
Otra variable que explica la delincuencia (especialmente la juvenil) son los amigos. Muchos delitos se
cometen en grupo y el grupo de iguales juega un papel fundamental en conductas antisociales en los
jóvenes. No hay consenso entre investigadores sobre la influencia de la variable en la tendencia de los
delincuentes a unirse entre ellos. Unos apoyan que facilita o anticipa el delito la asociación de pares;
otros, que es el grupo de pares antisociales el que ejerce sobre la conducta del sujeto el empuje hacia la
delincuencia.
Se adquieren conductas antisociales ya que el grupo de pares desviados constituye un entrenamiento
directo que contribuye, desarrolla y mantiene la conducta antisocial y delictiva, y es producida porque
los compañeros la recompensan, influyen y tienen un código de conducta que asumen todos los
miembros y al que están adheridos.
Los niños con conductas agresivas son rechazados por los demás y acaban relacionándose solo con otros
niños “marginados” (agresivos u otros motivos que les hacen diferentes). Por otra parte, la relación
conducta antisocial-redes sociales formadas dentro del grupo de iguales hacen que los jóvenes
antisociales se acaben relacionando entre sí produciéndose el denominado “entrenamiento en
desviación”. También niños agresivos se relacionan con otros que no lo son, en concreto, con otros
niños más manejables y así mantienen una relación de poder por que estos niños en principio
manejables –no agresivos- acaban realizando actividades semejantes a las de sus compañeros
antisociales.
MODELADO: Jóvenes con problemas sociales pueden usar grupos antisociales como modelo a imitar:
copian e imitan a otros jóvenes que son líderes para ellos, para que se dé dicha imitación se debe dar
una predisposición a actuar similarmente; en otros casos el modelo ejerce un poder sobre el niño que
observa; este niño a través del modelo de observación de actuación de los demás hace que adquiera
habilidades cognitivas y nuevos patrones de conducta.
Bandura propone cinco efectos distintos de este aprendizaje (el de observación):
1) Aprendizaje: de nuevos modelos de conducta; criterios de evaluación, competencias cognitivas y
reglas generativas de nuevas conductas.
2) Fortalecimiento o disminución de las inhibiciones sobre la conducta previamente adquirida.
3) Facilitación de respuesta: los actos de los demás pueden servir de inductores sociales de
conductas previamente aprendidas por el observador pero no practicadas, no por la inhibición
sino por la falta de inductores suficientes.
4) Incrementos de la estimulación ambiental: la conducta de los modelos además de inductora de
comportamientos similares, a la vez dirige la atención del observador hacia objetos o entornos
preferidos por estos. Ejemplo: utilización de apaleamiento del muñeco con el mazo; se amplía la
actividad.
5) Activación emocional: los modelos al expresar respuestas emocionales provocan la activación
emocional del observador (la ira, por ejemplo) actuando de forma separada o conjunta. Se
subraya que aprender por observación activa procesos de atención, retención, producción y
motivación.
La suma de tener amigos con deficientes vinculaciones familiares y escolares como efecto predictivo,
hace que aumentes las probabilidades de delinquir, ya que los amigos ejercen como modelos (dan
recompensas sociales –alabanza-) y un sentido de identificación con el grupo, etc. que harán que el
joven actúe del mismo modo.
Por todo lo anterior los programas que reduzcan los efectos de tener amigos antisociales o que
incremente las actividades antisociales, reducirán de forma importante la conducta delictiva.
3.1. Derivaciones para la prevención:
Ante la cuestión ¿por qué prevenir la delincuencia? Se aducen varias razones:
1) A las variables, procesos e interpretaciones que acompañan el concepto de conducta antisocial,
suponen actos contra las normas sociales y los derechos de los demás.
2) El comportamiento del delincuente juvenil causa reprobación y le sitúa en conflicto con la
sociedad.
3) Crecen a ritmo alarmante los delitos y la violencia juvenil
4) Porque además de ser un precursor de la delincuencia adulta este comportamiento se asocia a
conductas problemáticas que convierten al delincuente en un sujeto con dificultades sociales y
personales.
Además de las razones anteriores los problemas conductuales funcionan muy bien en edades tempranas
y si sus padres son instruidos en habilidades de crianza; de lo contrario en la adolescencia desarrollará
patrones crónicos de conducta antisocial y su tratamiento resultara más difícil.
PREVENCION PRIMARIA: evitar la aparición de nuevos casos de conducta delictiva.
PREVENCION SECUNDARIA: evitar que las conductas delictivas se consoliden o se conviertan en patrones
estables en la vida, cuando las conductas delictivas existen anteriormente.
Para que una intervención sea eficaz en niño con alto riesgo se deberá partir de un exhaustivo
conocimiento de los factores de riesgo y protectores según el caso concreto sobre el que se enfoque, se
disminuirán la exposición a factores de riesgo o se incrementaran, retendrán o reforzaran las
condiciones personales o ambientales que le protegen de los eventos estresantes, o bien, en caso
necesario se actuara en amabas direcciones.
La efectividad de los programas preventivos y de tratamiento deben contemplar todos los aspectos de la
vida del sujeto que afecten con relevancia especial a su desarrollo e integración social, no hay duda que
ente los más importantes están la familia y la escuela.
CAPÍTULO 5
1. TEORÍAS PSICOLÓGICAS INTEGRADORAS:
La persona, su ambiente y su conducta interaccionan en un proceso de influencia recíproca, por ello
debemos tener en cuenta los factores situacionales (ambientales y sociales) si queremos predecir las
conductas.
Actualmente se tiende a explicar las distintas teorías a través de un único modelo para explicar la
delincuencia y sus interacciones con distintos factores (cognitivos, motivacionales, emocionales y de
personalidad).
Siegel propone tres grupos de teorías integradoras:
*Teorías multifactoriales: diversas perspectivas que consideran la influencia sobre la conducta delictiva
de diferentes factores sociales, personales o económicos procedentes de la teoría de la desorganización,
rasgos, aprendizaje.
*Teorías de los “rasgos latentes”: algunas personas poseen algunas características individuales (menor
inteligencia, mayor impulsividad) que las sitúan frente a un mayor riesgo de comportamiento delictivo.
Aunque algunas características o predisposiciones no varíen, un joven se hallará más expuesto, por
razón del estilo de vida juvenil, a ciertas oportunidades delictivas, por ello los jóvenes delinquen más
que los adultos. El origen de estas teorías son las predisposiciones agresivas, de las diferencias
individuales y de la elección racional o de la oportunidad.
*Teorías de las etapas vitales: no existe una propensión individual estable para la conducta delictiva sino
que el comportamiento evoluciona a lo largo del proceso de desarrollo de los sujetos. Estas teorías
consideran que sobre la variabilidad observada en la conducta delictiva influyen diversos tipos de
factores estructurales: nivel económico, estatus social, proceso de socialización, estilo de vida, factores
biológicos y psicológicos… Resumiendo, del mismo modo que las personas cambian y maduran también
cambian los factores que influyen sobre su comportamiento. (Infancia: relaciones familiares;
adolescencia: amigos y escuela; adulto: relaciones laborales y de pareja).
2. LA TEORÍA INTEGRADORA DE FARRINGTON:
Distingue entre el desarrollo e los individuos de una serie de tendencias y la concreta ocurrencia de los
delitos.
2.1. El grado de la tendencia antisocial:
Basa la carrera delictiva juvenil en cuatro etapas: motivación, métodos o dirección, creencias
internalizadas o inhibición y toma de decisiones.
a) Etapa de motivación: Los motivos principales que llevan a la delincuencia son motivacionales a corto
plazo y a largo plazo obtener bienes materiales, excitación o deseos de estimulación y conseguir
prestigio entre el grupo de pares.
b) Métodos o dirección: Los motivos de concretarán en tendencias antisociales (hábitos) cuando se
eligen métodos ilegales para satisfacerlos (jóvenes de familias pobres). Poca motivación de metas a
largo plazo por parte de la familia, por fracaso escolar, deficiente formación profesional…
c) Creencias internalizadas o inhibición: Las tendencias antisociales son facilitadas o inhibidas por las
creencias que son el producto de la historia de aprendizaje de cada sujeto. Las tendencias pueden
retraerse si se han internalizado creencias y actitudes pro-sociales a través de castigos y refuerzos; y
pueden ser inhibidas por el desarrollo de sentimientos empáticos a través de relaciones cálidas con los
padres.
d) Toma de decisiones: Si una persona comete o no un delito en una situación dada se explica cuando
depende de las oportunidades y de las probabilidades, costes y beneficios percibidos (factores
situacionales inmediatos) asociadas a las diferentes alternativas de acción.
2.2. La decisión de cometer un delito:
La ocurrencia o no de delitos tiene lugar en la interacción del individuo con la situación concreta.
Cuando se hallen presentes las tendencias antisociales mencionadas, el delito ocurrirá dependiendo de
las oportunidades que se presenten y la valoración de los costes y beneficios anticipados del delito. Poco
probable es que un individuo impulsivo considere las consecuencias de sus actos.
Las personas tienden a tomar decisiones racionales, sin embargo algunos sujetos son menos propensos
a considerar las posibles consecuencias de sus acciones, como por ejemplo: tienden más a delinquir
niños con pocos recursos económicos, menores con poca inteligencia y alto índice de fracaso escolar, los
niños impulsivos, niños con padres en conflicto o lo que viven con amigos o familiares antisociales.
2.3. Inicio, persistencia y desistimiento de la delincuencia:
-Prioritariamente el inicio de la conducta delictiva viene por la mayor influencia de los amigos sobre el
joven. Mayor motivación para la obtención de dinero, aumento de la consideración dentro del grupo y
mayores niveles de estimulación. Se imitan los métodos ilegales para conseguir los anteriores objetivos.
-La persistencia depende esencialmente de la estabilidad que presente la tendencia antisocial, como
resultado de un prolongado proceso de aprendizaje.
-El desistimiento o abandono se produce en la medida que el joven mejore sus habilidades para la
satisfacción de sus objetivos y deseos pro medios legales y aumenten sus vínculos afectivos con parejas
no antisociales (final de la adolescencia/primeras etapas de la edad adulta).
3. EL MODELO INTEGRADOR DE ANDREWS Y BONTA:
Explica la conducta delictiva partiendo de unas perspectivas de reforzamiento personal, interpersonal y
comunitario. Parten de la psicología de la acción, es decir, la importancia de los determinantes de la
acción en situaciones particulares centradas principalmente en los principios del condicionamiento
clásico y operante (recompensas, costes y antecedentes) y en los del aprendizaje social y cognitivo
(control cognitivo de la conducta y significación de las creencias, actitudes y relaciones sociales).
Resumiendo: las fuentes principales en la variación de los juicios sobre la idoneidad o no de una acción
en una situación dada son: 1) características del medio inmediato; 2) actitudes, valores, creencias y
racionalizaciones sobre la conducta social y antisocial; 3)apoyo para la conducta delictiva; 4) una historia
previa de comportamiento antisocial; 5) habilidades de solución de problemas y autogobierno; 6)otras
características relativamente estables de personalidad que potencias el comportamiento antisocial.
- Actitudes y relaciones antisociales son factores de riesgo especialmente importantes.
- Las actitudes, valores y creencias (pro o anti-criminales) determinarán la dirección que tomará el
control personal y representan la fuente de racionalización y auto-exculpaciones disponibles de la
persona en cualquier situación.
- Las asociaciones antisociales (incluyendo padres, amigos y otros) influyen en la naturaleza criminal
modelando la situación de la acción y gobernando las reglas por las que las recompensas y castigos son
señalados y distribuidos.
- La historia previa de la conducta antisocial incremente los pensamientos de auto-eficacia del sujeto
haciéndole capaz de sentirse exitoso de realizar un acto.
- La influencia estructural (cultura, economía y política) moldean al sujeto y la acción inmediata
estableciendo contingencias fundamentales que tendrán efecto en las situaciones particulares.
No todos los adolescentes cometen actos delictivos porque no estás sujetos por débiles lazos a grupos
de referencia o se caracterizan por la impulsividad o agresividad. Las probabilidades de conducta ilegal
se incrementarán con el número y variedad de factores predisponentes.
Este modelo intenta explicar las diferencias individuales en la conducta criminal atendiendo a las
influencias o refuerzos del más amplio contexto cultural y social, del comunitario y familiar más
próximo, de las relaciones interpersonales (biológicas, cognitivas, educativas…). Considera factores que
activamente alientan o desalientan la actividad criminal e incorpora elementos tanto motivacionales
como de control.
4. EL MODELO DE WALTERS DEL ESTILO DE VIDA CRIMINAL:
Este modelo explica el proceso de convertirse en un delincuente violento a través de un sistema de
creencias asociado a elecciones que justifican, apoyan y racionalizan las acciones criminales. Las cuatro
características conductuales están interrelacionadas entre sí y conceden la idea de que el crimen es un
estilo de vida.
Walter se basa en 4 aspectos: CONDICIONES, ELECCION, COGNICION Y CONDUCTA.
El hombre nace con determinadas características biológicas y en una determinada situación ambiental
especifica. Algunas características y condiciones correlacionan la conducta delictiva y la criminalidad
adulta. Las condiciones o variables quedarían recogidas en dos grandes grupos: las variables personales
(herencia, inteligencia, temperamento, edad) y las variables situacionales (clase social, drogas, violencia
en medios de comunicación…).
*Las condiciones: influyen en el desarrollo del estilo de vida criminal a través de los principales dominios
de la experiencia humana: físico (estímulos, locus de control), social (apego, empatía, vínculos sociales),
psicológico (autoimagen, autoestima, expectativas personales, imagen corporal).
*Elecciones: el crimen en una función de las elecciones que tomamos ante las tareas tempranas y
tardías que ocurren en los dominios físico, social y psicológico
*Toma de decisiones-cognición: el motivo principal en el desarrollo de decisiones y patrones de vida del
estilo de vida criminal es el miedo, pero como miedo subjetivo (a la responsabilidad, al compromiso, al
apego y al fracaso en el mundo convencional), encuentra refugio en el mundo delictivo. Cuando el
individuo evita aprender desde la sociedad convencional este miedo aumenta con cada acto criminal
que comete.
Además del miedo hay otros factores motivacionales secundarios (rabia, relación de poder, control,
pereza, placer, excitación…) que sin estar operando con el motivo principal se correlacionan con él
(factores de riesgo/protectores, variables mitigadoras/ facilitadoras). El análisis coste-beneficios
implícito en la toma de decisiones es un proceso influenciado por la madurez cognitiva, la información
recibida y la historia de refuerzos.
Los criminales toman decisiones violentas porque su sistema cognitivo desarrolla respuestas a sus
condiciones y elecciones filtrando así la realidad y perpetuando los PATRONES CONDUCTUALES de
irresponsabilidad, auto indulgencia, intrusión interpersonal y violación de las normas sociales. Cuánto
más consolidados los patrones comportamiento, más probabilidades de violencia criminal. Cada uno de
ellos se relaciona con diferentes COGNICIONES) 8 patrones cognitivos).
- Violación o indiferencia a las reglas sociales: auto exculpación y cortocircuito.
- Intrusión interpersonal: permisividad y orientación de poder.
- Irresponsabilidad generalizada: indolencia cognitiva y la inconsistencia.
Todos estos patrones antisociales básicos del estilo de vida del delincuente violento son distintos pero
están interrelacionados entre sí.
PREGUNTAS PARA EL EXAMEN: LOS NIÑOS RESISTENTES SON…
A)…………………
B)………………….
C) FALSOS POSITIVOS
REFUERZO NEGATIVO
Este tipo de condicionamiento operante se incluye en el marco de los modelos de refuerzo y se da
cuando la conducta tiene como consecuencia la desaparición de un estímulo aversivo. Como en el caso
del refuerzo positivo, en el sujeto se produce un incremento de la probabilidad de que una conducta se
realice.
El refuerzo negativo puede ser: de evitación, cuando la conducta impide la presencia de un estímulo
aversivo, o de escape, cuando la conducta elimina la presencia de un estímulo aversivo.
REFUERZO POSITIVO O PREMIO
Este tipo de condicionamiento operante se incluye en el marco de los modelos de refuerzo y se da
cuando el refuerzo es un estímulo que aumenta la probabilidad de la emisión de la conducta que
provoca la aparición del refuerzo. Un ejemplo típico es el caso de una rata que pulsa una palanca y
consigue comida.
CASTIGO
Término conductista. O castigo positivo. Este tipo de condicionamiento operante se da cuando en
un sujeto se produce una disminución de la probabilidad de emisión de una conducta, porque cada vez
que la conducta se emite aparece un estímulo aversivo. En sentido amplio, se opone a refuerzo. Frente a
los "refuerzos" que dan conductas, el castigo consigue eliminarlas. Skinner, uno de los más importantes
psicólogos preocupados por el estudio del condicionamiento operante, no lo consideró un buen método
para modelar la conducta, prefiriendo el uso de refuerzos.
CASTIGO NEGATIVO
Ver "omisión".
OMISIÓN
O castigo negativo. Se trata de un tipo de aprendizaje que se incluye en el modelo general
propuesto por los conductistas, principalmente Skinner, llamado "condicionamiento operante". En este
tipo de castigo la probabilidad de emisión de una conducta disminuye como consecuencia de que el
estímulo que habitualmente seguía a dicha conducta deja de hacerlo al ser emitida ésta. El efecto
descansa, precisamente, en la retirada de un estímulo positivo. En términos mentalistas podríamos decir
que la "omisión" ocurre cuando un sujeto deja de recibir el estímulo agradable que estaba asociado a la
conducta que acaba perdiéndose, como cuando dejamos de saludar al vecino en el ascensor tras ocurrir
que éste repetidamente no corresponde a nuestro saludo.
TRASTORNO DISOCIAL (TD)
El trastorno disocial es una conducta repetitiva y persistente en la que los derechos básicos de los demás
y las normas y reglas básicas de la sociedad se infringen.
TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD Y DEL COMPORTAMIENTO ADULTO
Incluye trastornos graves del carácter constitutivo y de las tendencias comportamentales del individuo,
que normalmente afectan a varios aspectos de la personalidad y que casi siempre se acompañan de
alteraciones personales y sociales considerables. Los trastornos de la personalidad tienden a
presentarse en la infancia y adolescencia y a persistir durante la edad adulta. Por ello es probable que
un diagnóstico de trastorno de personalidad sea adecuado antes de los 16 ó 17 años.
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