Palabras de Miguel Espeche

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Licenciado Miguel Espeche, que es coordinador general del programa de Salud
Mental
Escuchamos ahora al licenciado Miguel Espeche, que es coordinador
general del programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano,
papá de Lautaro.
Licenciado Espeche: Bien, disculpen la demora, estuve escuchando
atrás la siempre clarísima exposición del doctor Bianchi y muy
nervioso, siempre me pongo nervioso cuando vengo aquí, pero cada vez
más. A medida que pasan las reuniones que comparto con ustedes,
cuando me voy acercando a este lugar me empiezan a temblar las manos
y esto no ocurrió la primera vez que vine. Creo que con el tiempo, me
estoy dando cuenta de las enormes resonancias de lo que refleja a lo
largo de la vida, a lo largo del tiempo, la pérdida de un hijo. En un
comienzo más cercano a la fecha, van a hacer cuatro años que murió mi
hijo, estaba muy involucrado del asunto en el impacto, o sea en el
momento en que mi hermano me dijo "Lautaro se murió" en la escalera
del hospital y lo que esto significa para mí y lo que yo podía
expresar de esto a quienes habían tenido experiencias similares de
alguna manera. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, como bien
dice el doctor Bianchi, la hecatombe que significa la pérdida de un
hijo, cobra distintas dimensiones en las distintas dimensiones de
nuestra vida, sea en la pareja como acaban de mencionar, sean en
nuestra vida laboral, nuestra vida social y en el profundo
significado que tiene la vida para nosotros, o sea se ponen en tela
de juicio cosas que son del orden existencial, cosas que quizás jamás
habíamos imaginado que íbamos a abordar con el impacto del dolor
encima, o sea para qué estamos aquí, para qué respiramos día a día,
qué sentido tiene esto, en quién nos vamos a sostener si esto tan
trágico ocurre en esta vida, a veces tan disfrazada de alegría, pero
que en el fondo hay algo terrible que puede sucedernos y que sigue
sucediendo a diario en las distintas familias en que lamentablemente
algún hijo fallece. Entonces les decía que quizás, con el tiempo se
hacen más claras algunas emociones que antes, al comienzo estaban
diluídas si se quiere, o estaban confundidas con el stress, con el
trauma, con el impacto, con ese relámpago espantoso que es la noticia
que es que nuestro hijo está muerto, la circunstancias quizás de
haber acompañado su agonía o no, o la sorpresa cuando se trata de
accidentes. Por eso me animo de hablar de sentimientos negativos, o
sea a proponerme las distintas alternativas, me pareció que era
interesante ya no de los sentimientos legitimados por el horror de la
muerte, por el dolor que es en sí mismo, obviamente, el sentimiento
primordial en toda esta experiencia. Cómo hacer al comienzo, dónde
sostenerse, cómo continuar, sino dar algunas pinceladas, este es un
tema tan abarcativo que lo que más podemos hacer es dar algunas
pinceladas, en términos posiblemente de igualdad entre todos
nosotros. Porque somos todos papás ¿no? Dar algunas pinceladas de
esos sentimientos que perduran y que nos intoxican, que tienen un
origen visible en la pérdida de nuestros hijos y que ya pasado cierto
tiempo, quizás, se hacen más transparentes como nocivos, en términos
psicopatológicos, o sea el TCM4, todos los códigos psiquiátricos y
demás, pueden hablar de duelos patológicos. Es decir, aquel duelo
normal que entre otras cosas se entiende de igual forma, de igual
forma a lo largo de muchos años nos permite pensar que hay alguna
patología. Y si no queremos entrar en este territorio de lo
patológico, lo sano, lo enfermo, llamémoslo sencillamente, negativos.
En términos de intoxicación, por ejemplo el sentimiento de bronca que
pueda dar la injusticia de la pérdida de un hijo, lo que creemos
nosotros que es una injusticia, según el parámetro nuestro, nosotros
en el libro de quejas de la vida, dirigido hacia Dios, nos quejamos
que haya decidido llevar a nuestros hijos antes que a nosotros.
Ponemos el libro de quejas y Dios dice: "y, hermano, y vos mucho no
entendés mucho del Universo. Hay algunas cuestiones ligadas al manejo
del Universo que vos no estás en condiciones de comprender "y
nosotros, ante esto nos rebelamos, nos rebelamos muchas veces con una
gran bronca que puede tener distintas manifestaciones, o sea la
bronca puede derivar, la bronca, yo en lo personal, a mí, lo que me
pasa es que me dá bronca que mi hijo se haya muerto. Vamos a ser
sinceros. A mí más que el dolor o con el dolor lo que me da es
BRONCA, o sea cada vez que veo un chiquito de 13 años, medio gordito
y con cara de luna llena, me viene este dolor y mando la
puteada, "¡la puta madre!" y digo, disculpen, y digo, "cómo puede
ser". Yo no lo veo esto como negativo en el sentido que no habito
esta bronca todo el día y no he organizado mi vida en función de esta
bronca, y aparte, la puteada la mando, es decir, exorcizo esta bronca
con lo que corresponde, ¿no es cierto? La puteada, esto yo lo hablé
alguna vez, pedí disculpas, ahora ya no pido disculpas por putear, la
puteada es una buena forma de desintoxicar y si hay alguna oreja que
nos escuche y más o menos capte la cosa, mejor. Prefiero eso a
ponernos pálidos, a que nos salgan ojeras o que nos salgan úlceras, a
que la piel se nos brote toda, a que nos quedemos tirados en una
cama, porque ustedes saben que un gran componente de la depresión,
ésa, la depresión clínica que dicen los manuales, es la hostilidad,
es la bronca, es la revolución que produce la rabia, transformada en
violencia. ¿No es cierto? Porque la bronca así dicha, no es
violencia, es bronca. Ahora si perduramos en este sentido, en este
circuito y no le damos cauce, y ahora después les voy a hablar un
poquito cómo se le dá cauce, aparte de esto de expresarla, si
perduramos en este sentimiento, y este sentimiento y este sentimiento
se llama el resentimiento. O sea, lo que ocurre es que nos resentimos
por la instancia que nos toca vivir. En ocasiones podemos mirar al
vecino de al lado y decir ¿por qué no le habrá pasado a él? Miramos
la vida con un tamiz hostil, como amargo, que no tiene por qué ser
consecuencia de nuestra pérdida. No es matemático que al perder un
hijo que uno tenga que transformarse en un amargo, sí en una persona
profundamente triste y conocedora de las profundidades del dolor,
cosa que nos hace mejores personas que los otros, pero nos pone en
condiciones quizás, eventualmente, inclusive, de ayudar alguna vez,
como lo prueban los grupos de autoayuda mutua y de autoayuda. Como lo
prueban ustedes cotidianamente cuando van a sus grupos Renacer y ven
a quien está en igual condición que ustedes hace un tiempo y de
pronto, no saben cómo ven que ese dolor ahora es un gesto generoso y
encuentra un sentido. Quizás sea minúsculo en relación al dolor
habido, un sentido para tamaña tragedia y hay consuelo en ese tipo de
devenir del sentir. Si esto se trunca nos quedamos solos, nos
resentimos, nos cocinamos en un caldo malsano, es muy probable, lo
que estamos aquí tengamos más tendencia a la apertura. Ustedes se
tomaron un colectivo, un taxi, a pata, en auto y se vinieron al
centro, al teatro San Martín, a escuchar a otros, esto habla de una
apertura, de una apertura al prójimo y al no resentirse, o sea la
redundancia al sentimiento al punto de intoxicarnos. El sentimiento
en sí mismo no es negativo, de hecho hay un punto en el cual ni
siquiera no somos responsables de lo que sentimos, es un acontecer,
desde el punto de nuestra responsabilidad comienza en el qué hacer
con este sentimiento. Y yo soy un fervoroso, fervoroso propiciador
del encuentro entre prójimos para exorcizar, para diluir, para
consolar, para dar cauce a lo que sentimos. Yo nombro algunas de las
emociones, pero son muchas. Las emociones llegan y habitan en esta
tragedia. El agua que no se cura, se estanca, no es culpa del agua,
no es culpa del agua. Ustedes saben que cuando uno, en la montaña
echa a rodar o qué se yo cómo se dice, fluír, el agua a través de la
piedra en estos riachos de montaña de Córdoba, del sur, ustedes saben
que después de cierta cantidad de metros, esa agua está purificada, o
sea, ustedes pueden tirar elementos tóxicos o claro, radiactivos no
les aconsejo, pero elementos de un nivel de toxicidad, mugre,
estiércol, lo que sea, 50 metros más abajo, el agua está pura. La
posibilidad de circular la emoción, sea como sea, sea a través de la
palabra, sea del gesto, sea a través de la puteada, sea a través del
moverse hacia otros, es una posibilidad de purificar el sentimiento y
llegar a su raíz, y esa raíz es el dolor, y el dolor nunca se va a
ir, pero sí podemos convivir con él de una manera digna, de una
manera sabia, de una manera generosa. Esto es una alternativa que en
lo que a mí respecta, le da sentido a la muerte de un hijo. La
posibilidad de no temerle al dolor porque el dolor no es malo, el
dolor es signo de amor, o sea, no tenemos dolor si no hubo amor. No
podemos sentir dolor por la pérdida de alguien a quien no conocemos,
a quien no amamos aunque sea mínimamente, al hijo al que hemos
conocido en profundidad, tiene un dolor concomitante a las
profundidades de ese vínculo y no es patología eso, de ninguna manera
es patología. Con el tiempo podemos llamar patología a los efectos
secundarios de ese dolor, pero no al dolor de sí mismo, y uno de los
elementos que hace que el dolor se pueda transformar en tóxico es el
miedo al dolor, temer al dolor nos acobarda y nos deja solos, y creo
que cuando estamos solos es un círculo vicioso, cuando estamos solos
es más factible que tengamos miedo. Por eso insisto en la posibilidad
de estar acompañados, de la forma que uno encuentre. Yo no quiero dar
recetas de cómo uno debe estar acompañado. A veces estamos, miren,
somos muchas personas. Yo a mi hija le dije, seguramente vas a
encontrar asiento, vos quedate tranquila. Mi hija tiene 11 años, está
allá, estaba cansada porque caminamos unas cuadras apurados porque
llegaba tarde y le dije: "Quedate tranquila, Lucía, llegamos y te
sentás". Por ahí está, parada o no sé si a lo mejor se sentó en algún
lugar del piso y todos estos montones de personas que somos aquí,
somos cada uno nosotros participantes de una singularidad. En común
tenemos el dolor, el dolor que nos convoca y a la vez tenemos todas
las historias habidas y por haber. Uno de los temores míos al
expresarme aquí, desde este lugar, es cómo puedo abordar yo tamaña
cantidad de historias tan diferentes. La otra vez que vine hablé algo
sobre el suicidio que no recuerdo que era. Salí y me apretaron unos
que decían ¿Cómo podés decir eso sobre el suicidio?. Habían
interpretado, a mi gusto, cualquier cosa. Pero se dan cuenta es una
responsabilidad abordar tanta cantidad de situaciones, pero el eje en
común, los que sí podemos hablar es cerca del dolor, y de lo que por
miedo a veces hacemos con el dolor y con la bronca. La bronca a veces
encubre al dolor, la bronca a veces nos torna resentidos, cuando no
la expresamos y cuando no la legitimamos en algún momento. Y nunca me
cansaré de hablar de la red, de la posibilidad de estar con el
prójimo, en la posibilidad de decir aunque sea a alguien que esté
cerca, el desafío que nos impone esta situación de encontrar gente de
ley con quien estar, de hecho hay una purificación en nuestros
vínculos a partir de la muerte de nuestro hijo. Nuestros amigos de
ley quedan, los que no son de ley se van. Las parejas que son
constituidas perduran, sean unidas en matrimonio, sea como personas
que tienen un recuerdo de haber estado juntos con alguna dignidad, o
se destruyen. Todo se pone a prueba, y las verdades afloran.
Entonces, en terminos de lo que es la negatividad del asunto, creo
que lo peor que podemos hacer es temerle al dolor, quedarnos solos,
perder la confianza en que en el hecho mágico de que cuando estamos
con otros, somos más que dos, cuando estamos con mil, somos un millón
porque pasan muchas cosas, algunas de ells mágicas, en el solo hecho
de estar acompañados. No es una ecuación aritmética la cuestión de
estar con otros. Acá somos mucho más que el número de los que estamos
aquí, está entre nosotros un espíritu y no me pongo místico, raro,
les digo, un espíritu de solidaridad, de bien común y de recrear la
confianza en la vida porque le encontramos un sentido a la muerte, y
ahí no hay ningún miedo. Cuando le encontramos un sentido a la muerte
ya no hay más miedo, es un laburo, hay que vivir toda la vida para
ir encontrándole un sentido a la muerte que es también una forma de
encontrarle un sentido a la vida y animarnos a vivir. La muerte es un
desafío para nuestra vida, no es un convocatoria hacia nuestra
muerte, es un desafío para que vivamos.
El Doctor decía recién, no hay ningún hijo que no le desea la
felicidad a sus padres al momento de la partida, y tenemos que honrar
ese deseo de todos l os hijos, todos los hijos, de ver felices sus
padres. Y creo que este es el desafío, la maravilla de la vida a
pesar de la tragedia de saber que hay amor y que desde ese amor, el
amor de nuestro hijo a nosotros, nos obliga, si quieren llamarlo así,
a enaltecer, a dignificar y a honrar, a lo que nos queda por vivir. Y
una linda forma de honrar la vida es estar juntos y encontrar valores
que nos convoquen y que nos nutran en la confianza. Sentimientos
negativos son, depende, cuando uno los hace circular se transforman
en otra cosa, y se transforman y no quedan siempre iguales. Una vez
que los echamos a rodar vuelven de otra manera hacia nosotros.
Bueno, espero no haberme pasado mucho con el tiempo, les agradezco
mucho, hasta luego.
Aplausos
"Desde el amor nos dan sus palabras como una luz y una esperanza para
transitar
este camino. Primeramente va a hacer uso de la palabra el doctor Carlos
Bianchi,
psiquiatra, autor de dos libros sobre la pareja, partició varios años en
los
grupos Renacer, es el papá de Martín".
Dr. Bianchi: Hola, buenas noches, como comentaba la compañera, es cierto,
he
publicado dos libros sobre la relación de pareja. No puntualmente sobre el
duelo,
si bien hay un apartado, un pequeño capítulo sobre la pérdida de hijos, los
libros tratan de la relación de pareja como una fatalidad, en este caso
para los
compañeros de grupos Renacer voy a hacer una pequeña semblanza de lo que
sería,
me parece, el desarrollo y la evolución de una pareja normal, digamos de
padres,
cuando es dramáticamente conmovida por la pérdida de un hijo.
Desde luego, ustedes saben que los duelos son absolutamente singulares, yo
quería transmitirles, tal vez, eso sirva para chequear cada uno lo suyo,
cómo
sería un desarrollo normal, luego de la dramática pérdida de un hijo en la
pareja. Es comprensible que cada uno de los padres en un principio esté
sumergido
en su propio dolor y que la relación de pareja no esté en ese momento en el
primer lugar de sus preocupaciones. Todos sabemos que estamos, en un
principio,
con un gran desconcierto, y casi solos frente a todo lo que nos rodea, es
decir,
que en un principio la pareja, cada uno asume su propio dolor, pero es
indudable, ustedes lo saben, que el peor de los duelos es el duelo
solitario. Así
lo entienden los familiares, lo entienden los amigos que se acercan en un
principio a brindar su afecto y su consideración a cada uno de los padres,
pero
como sabemos que ese acompañamiento es temporario, ya que la vida debe
continuar,
debe continuar para todos y con el tiempo esta solidaridad de los amigos y
de los
familiares va, diría yo, inexorablemente, languideciendo y decreciendo, es
entonces y ahí sí sin la menor duda, donde el compañero, el testigo
necesario es
para cada uno de los padres dolientes, su propia pareja.
Estamos hablando de una pareja bien constituida, reunida por el afecto en
el
momento de la tragedia, la pérdida del hijo. ¿Cómo evoluciona esto? Bueno,
los
padres sabrán estar juntos frente al silencio respetuoso, también frente a
la
reminiscencia de los momentos compartidos entre ellos, también con quien
hoy no
está físicamente.
La pareja se afianza a partir de esa gran ausencia. La pareja irá creando
aún
sin proponérselo ciertos códigos cómplices que le indicarán cuándo hablar
y
también cuándo callar frente a terceros en distintas circunstancias. A
veces
solamente el cruce de una mirada entre ambos padres será suficiente para
entenderse en cada circunstancia a la que es sometida la pareja en el
diario
vivir. Lentamente se irán generando pequeños y nuevos proyectos en la
pareja y se
irá permitiendo, la pareja acceder otra vez a la vida y a ciertas alegrías
que en
un principio eran impensadas. A partir de la experiencia y esta complicidad
del
dolor compartido el vínculo se afianza, y cada uno será para el otro sin
duda, el
mejor interlocutor, en el camino que aún les toca recorrer, compartiendo el
tiempo y los sentimientos, respetando también la individualidad del duelo
de cada
uno de ellos. Como les decía, esto es sólo una semblanza de la probable
evolución
de que una pareja, que en el momento de una pérdida se encontraban unidos y
felices, digamos que esto es lo que uno quisiera que suceda después de lo
trágico, pero claro, no ocurre lo mismo cuando la pérdida de un hijo es el
detonante que pone en evidencia el malestar o la infelicidad preexistente
entre
los padres. Es aquí donde se cumplen las estadísticas que hemos leído, que
conocemos con las cuales personalmente, no estoy de acuerdo y que dicen que
hay
un aumento de la separación entre padres que perdieron hijos entre 5 a 1
con
respecto a parejas que no han perdido hijos. No estoy de acuerdo porque
estas
estadísticas se darían, creo yo, o serían visibles sólo en estos casos
cuando la
pérdida del hijo es el detonante de una pareja que ya funciona mal y que no
se ha
confiado hasta ahí la separación por distintas razones, por distintos
miedos en
general.
Bueno, qué ocurre luego de la pérdida de un hijo en estos casos. Las
recriminaciones, el hacer de algún modo culpable al cónyuge por lo
sucedido, el
resentimiento, el discutir y competir entre ellos por el amor o por la
desatención que tuvieron hacia el hijo, es moneda corriente. Luego, si en
muchos
casos sobreviene la separación, tal vez necesaria y el profundo dolor de
tener
que afrontar un duelo solitario. Sería entonces la semblanza de una pareja
que
funciona bien y la semblanza, la mínima semblanza, de una pareja con
problemas,
con conflictos antes de la pérdida de un hijo.
Claro que no sólo estas parejas últimas deben afrontar un duelo solitario,
también las parejas que están separadas, previas a la muerte de un hijo, en
cierto modo, afrontan un duelo solitario, aunque hoy, los casos son
singulares.
Hay parejas de separados que se han acercado luego de la muerte de un hijo,
pero
es otro caso del duelo solitario. También es solitario el duelo en quien
está
viudo, no tiene pareja y luego pierde un hijo. ¿Qué hacer cuando decimos
que el
peor de los duelos es el solitario? Buscar compañías. ¿Cuáles son las
opciones?
Una de las opciones es esta que estamos compartiendo, es decir, los grupos
de
autoayuda, una opción diaria donde se encuentra rápidamente un lenguaje
común con
otras personas y en donde, en cierto modo, uno pierde el protagonismo. Uno
no
está en una reunión donde uno dice "yo perdí un hijo". Aquí todos hemos
perdido
hijos. Entonces pierde el protagonismo. Entonces el grupo de autoayuda,
creo yo,
que es un excelente lugar donde evitar el duelo solitario. Un grupo de
autoayuda
donde se trabaja, donde se reflexiona, donde uno al principio recibe y
luego está
en condiciones de poder dar, donde pasa una etapa de su duelo. También yo y
mis
compañeros saben que yo aclaro que un grupo de autoayuda no es un lugar
para
quedarse a vivir. Es un lugar de tránsito. Luego, uno debe volver
lógicamente, a
insertarse en la sociedad, ¿no es cierto? Ya poder salir y estar y tomar un
café
con aquellos que no perdieron hijos, es decir, que hay que volver a salir,
pero
el grupo de autoayuda, ayuda muchísimo.
Otra opción es la terapia, para algunos, los grupos terapéuticos también
son una
muy buena opción, o la terapia individual en aquellas personas que a lo
mejor ya
estaban dentro de un proceso terapéutico.
También la religión suele ser para muchos la compañía necesaria para evitar
ese
duelo solitario. Las amistades y nuevos intentos de pareja para quienes no
la
tienen en ese momento. Después de esta semblanza, yo quisiera decirles lo
que me
parece a mí que no ayuda en la pareja frente a la pérdida de un hijo, lo
que no
ayuda, lo que no sirve en la pareja.
No ayuda no respetar los tiempos ni la singularidad del duelo de su
cónyuge. A
ver si podemos pensar estas definiciones que me parece que no son poca
cosa, no
respetar ni los tiempos ni la singularidad del cónyuge.
Cuestionar lo que cada uno hizo o dejó de hacer.
Atribuirle al otro responsabilidad o culpa de lo sucedido.
Ensañarse en su dolor y desatender su pareja.
Privarse y privar al otro, a su cónyuge de ciertas gratificaciones que
pudieran compartirse en función de un falso sentimiento de fidelidad a
quien no
está, donde uno pareciera que se compromete a no ser, a no tener nunca más
una
alegría, a no poder disfrutar de nada porque esto sería ser infiel a quien
no
está. Esto no es así, ustedes lo saben, ningún hijo se ha ido
recomendándole al
padre que no sea feliz, o que no busque su vida.
Asumir un rol de víctima como si su dolor fuera más grande y más
importante
que el de su pareja (todo esto es lo negativo que estamos hablando).
Obligar al otro a participar de ceremonias, recordatorios, visitas al
cementerio, cuando su pareja no sienta la necesidad de hacerlo.
Censurar en el otro la risa, la broma, la participación en eventos
sociales,
acusándolo de olvido o desamor.
Todas éstas son algunas de las actitudes y conductas inconvenientes dentro
de la
pareja, seguramente hay muchas otras que ustedes me darán letra, ustedes me
podrán decir, "en mi caso pasó tal cosa", pero todo esto es conveniente
evitarlo.
¿Por qué quería darles algunos datos también con respecto a una pareja
especial
que ha perdido un hijo y que creo que es frecuente en este momento? Que es
la
pérdida de un hijo conformada por uno de los dos padres no biológicos. Es
decir,
el papá o la mamá biológica y su nueva pareja. Ustedes comprenden que esto
hay
que verlo, analizarlo de una manera absolutamente singular, porque hay
muchos
datos y detalles que cuentan aquí. Si había convivencia, y si no había
convivencia. Si se convivía con ese hijo o no. Cómo era la relación del
padre no
biológico con ese chico o si no se convivía, en fin, pero lo que he querido
yo es
señalar también, es lo bueno y lo malo, digamos. ¿Qué le pasa al padre o a
la
madre biológica en el buen sentido, con su pareja, que no es el padre o la
madre
biológica?
Sentirse contenido, comprendido y apoyado por su pareja a lo largo del
proceso
del duelo.
Reconocer el cariño que su pareja tenía por su hijo
Valorar la actitud de respeto y de cuidado del él o de ella por su dolor.
Sentir finalmente que su pareja, que no es el padre o la madre biológica,
es
el mejor interlocutor para su nostalgia, sus recuerdos y sus momentos de
tristeza.
Sentir que la relación de pareja se afianza a partir del dolor
compartido,
esto es lo bueno que le sucede al papá o mamá biológica en su nueva pareja.
¿Qué le pasa a quien no es el padre o la madre biológica? También es en el
buen
sentido que estamos hablando.
Sentirse solitario con todo lo sucedido, compartir el duelo con
autenticidad
basado en el amor con su pareja y por el sincero cariño que sentía por
quien hoy
no está.
Permitirse su propio duelo sin imitar y no concensurar su dolor con las
expectativas del otro.
Asumir con responsabilidad la función de contener, apoyar y entender al
otro,
y aceptar con amor los cambios transitorios y comprensibles que puedan
darse en
su pareja.
Sentir que el trágico suceso que puso a prueba la relación, terminó por
afianzarla.
Esto es lo bueno, vamos a lo que no es bueno que siente el papá o la mamá
biológica.
Sentirse incomprendido, ya que su pareja no ha perdido un hijo.
Minimizar o desvalorizar el dolor de su pareja,
Pretender que el duelo del otro se acomode a sus expectativas.
Sentir que su dolor le da derecho a manejarse dentro de la relación de
modo
absolutamente individual, a veces caprichosa, marcando los tiempos para
todo y
que esto debe ser aceptado por su pareja de manera incondicional.
Sentir enojo o rabia, ya que él o ella no sabe lo que significa el haber
perdido un hijo y hacerle notar esa diferencia en algunos momentos, más
aún, si
la convivencia entre la pareja, padre o madre no biológico y el hijo era
una
relación competitiva y distante.
Sentir celos, en el caso de que su pareja tenga hijos biológicos del
matrimonio anterior que no hayan muerto.
Sentirse a través de la idealización en la pareja con el hijo muerto,
sobretodo si se trata de una hija, si hablamos del padre y de un hijo si
hablamos de la madre.
Sentir por todo lo anterior alejamiento de su pareja actual que se
manifiesta
entre otras cosas, por un marcado desinterés sexual.
¿Qué le pasa a quien no es el papá o la mamá no biológica? Estamos hablando
de
lo que no quisiéramos que pase.
Sentirse abandonado y no tenido en cuenta y que la relación de pareja ha
pasado a un segundo plano.
Estar inhibido a opinar, a actuar o proponer por temor a molestar a su
pareja,
o a ser malinterpretado en sus actitudes. En el caso de participar con su
pareja
en algún grupo de autoayuda o proceso terapéutico en función del duelo,
sentir
que no se le otorga o no le corresponda el mismo derecho a manifestarse
libremente.
Sentir que su cariño por quien ha muerto no es valorado en su putabilidad
Sentirse afuera del proceso de duelo de su pareja.
Sentir que las etapas felices, alegres y apasionadas de la relación son
irrecuperables.
Sentirse obligado a permanecer en la pareja sólo por solidaridad frente
al
dolor.
Sentir celos del acercamiento que pueda darse a partir del dolor
compartido
entre su propia pareja y el otro padre biológico, ya hace tiempo separados
y por
lo anterior, sentir temor a la pérdida de la pareja.
Hemos hecho una pequeña recorrida con respecto a varios casos distintos. La
pareja, no es cierto, bien habida, la pareja con problemas, la pareja no
conformada por los padres biológicos y sobretodo esta pequeña reseña de lo
que no
ayuda, que me parece importante tenerlo en cuenta. Ya en toda pareja que ha
perdido un hijo, estas actitudes que no ayudan.
Desde luego que hay para mucho más, pero creo que nos corre un poco el
tiempo,
me gustaría decirles lo que yo entiendo que es una pareja bien conformada:
Yo diría que para conformar la buena pareja es necesario querer al otro,
desear
al otro, respetar al otro, respetando las reglas del juego que en su
momento se
hayan pactado y tener cierto orgullo de que ese otro sea su pareja, este es
un
buen comienzo. Qué otra definición para pareja, yo creo que una pareja
comparte
una manera de pensar con respecto a las cosas esenciales, también comparte
determinados códigos éticos y cierto sentido estético. Se desean y
participan de
una vida sexual que fueron plasmando a través del tiempo. Se respetan,
existe
entre ellos una complicidad que se manifiesta en un entendimiento a veces
sin
palabras. Esto es la pareja, sino la pareja no existe, así, sin anestesia,
no
existe si no se dan estas condiciones. ¿Se los reitero? Compartir una
manera de
pensar con respecto a las cosas esenciales, compartir determinados códigos
éticos
y cierto sentido estético, desearse y participar de una vida sexual que
fueron
plasmando a través del tiempo, respetarse y que exista entre ellos una
complicidad que se manifieste por un entendimiento a veces sin palabras.
Esto
sería un definición de la pareja.
Cuando Graciela Canteros, la gente de Renacer, me invita a participar de
alguna
charla, yo que soy un hijo de Renacer, siempre estoy y siempre vengo, y me
salgo
un poco de lo mío actual, que es la pareja en general para tratar el tema
de la
pareja y el duelo, que es un tema, creo yo, mucho más denso y mucho más
difícil
que hablar de la pareja en general. ¿Por qué digo esto? Porque yo creo que
frente
a la pérdida de un ser querido aparece el sufrimiento real y el sufrimiento
perecedero con respecto a la pareja en muchos casos, yo creo que el
sufrimiento
es neurótico, corresponde a la neurosis de cada uno, más allá de ser
transitorio,
esta es la diferencia. De todos modos, como yo sé que de tanto en tanto me
llaman, sigo escribiendo con respecto a la pareja y el duelo. ¿Y, por qué
sigo
escribiendo? Porque yo creo que escribir es terapéutico, escribir hace
bien,
sobretodo cuando uno no escribe para publicar, escribe para uno. Cuando uno
deja
correr la mano, llevada por un sentimiento y escribe y después puede leer
lo que
escribió, y yo creo que escribir es terapéutico porque es una manera de
encontrarse con uno mismo sin ninguna duda.
Bueno, yo creo que estamos bien con el tiempo, gracias por la atención.
Aplausos
¿Cómo puedo saber si una persona en duelo necesita ayuda profesional?
Hay varias situaciones:
a.. Cuando el doliente pide ayuda expresa para su proceso.
b.. Cuando el profesional valora que la ayuda es necesaria.
c.. Cuando existan varios predictores de riesgo asociados.
d.. Cuando detectamos pistas que nos orientan hacia un posible duelo
complicado.
Predictores de riesgo de mala evolución del duelo
El duelo siempre va asociado a una serie de circunstancias, que actúan como
predictores de riesgo, como son: causa y entorno de la muerte, personalidad
y recursos psicoemocionales del doliente, ambiente sociofamiliar y el tipo
de relación con el fallecido. Estas circunstancias pueden ser consideradas
como normales, en el sentido de que no añaden por sí mismas dificultades a
las ya propias del duelo, o por el contrario pueden complicarlo
enormemente.
Podemos considerar predictores de malos resultados o de dificultades en la
elaboración del duelo, los siguientes4,15,25-29:
a.. muertes repentinas o inesperadas; circunstancias traumáticas de la
muerte (suicidio, asesinato)
b.. pérdidas múltiples; pérdidas inciertas (no aparece el cadáver).
c.. muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
d.. doliente en edades tempranas o tardías de la vida.
e.. muerte tras una larga enfermedad terminal.
f.. doliente demasiado dependiente; relación ambivalente con el
fallecido.
g.. historia previa de duelos difíciles; depresiones u otras
enfermedades mentales.
h.. tener problemas económicos; escasos recursos personales como
trabajo, aficiones.
i.. poco apoyo sociofamiliar real o sentido; alejamiento del sistema
tradicional socio-religioso de apoyo (emigrantes).
Duelo Complicado
Para saber si nos hallamos ante un duelo con una evolución dificultosa, nos
pueden servir de ayuda los criterios de Duelo Complicado de Prigerson &
Jacobs (2001)23:
Criterios Revisados de Duelo Complicado
Criterio A
1.. Haberse producido la muerte de alguien significativo para esa
persona
2.. Estrés por la separación del ser querido que conlleva la muerte.
Presentar, por lo menos cada día o en grado acusado, 3 de los 4 síntomas
siguientes:
1.. Pensamientos intrusos - que entran en la mente sin control acerca del fallecido.
2.. Añoranza - recordar con pena su ausencia- del fallecido.
3.. Búsqueda - aún a sabiendas que está muerto- del fallecido.
4.. Soledad como resultado del fallecimiento.
Criterio B
Estrés por el trauma psíquico que supone la muerte. Presentar como
consecuencia del fallecimiento, por lo menos cada día o en grado acusado, 4
de los 8 síntomas siguientes:
1.. Falta de metas y/o sentimientos de inutilidad con respecto al
futuro.
2.. Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia y/o ausencia de
respuesta emocional.
3.. Dificultades en aceptar la muerte (p. ej.: no terminar de
creérselo,...)
4.. Sentir la vida vacía y/o sin sentido.
5.. Sentir que se ha muerto una parte de sí mismo.
6.. Tener hecho pedazos el modo de ver y entender el mundo (p. ej.:
perder la sensación de seguridad, la confianza, el control,...)
7.. Asumir síntomas y/o conductas perjudiciales del fallecido o
relacionadas con él.
8.. Excesiva irritabilidad, amargura y/o enfado en relación a la muerte.
Criterio C
La duración del trastorno (los síntomas arriba indicados) es de al menos 6
meses.
Criterio D
El trastorno causa un importante deterioro de la vida social, laboral u
otras actividades significativas de la persona en duelo.
4.. Técnicas de intervención Son técnicas que se pueden utilizar
ocasionalmente en situaciones especiales.
Comunicación telefónica. El teléfono será fundamental en el apoyo y
seguimiento puntual, por ejemplo el profesional quiere hacer un seguimiento
telefónico ante una fecha significativa que se avecina o en el caso del
doliente que necesita aclarar una duda,...
Escribir. En determinadas personas, el escribir alivia y aclara u ordena
sus ideas y emociones. El material generado se puede utilizar luego en las
entrevistas, como un estímulo más para la comunicación. Se puede sugerir
escribir acerca de "las cosas que le dirías y no le has dicho", o "tener un
diario escrito con tus conversaciones con él.
Dibujar. El dibujo, del mismo modo que la escritura, es un medio de
expresión que puede conectar con nuestras profundidades y permitirá en
determinadas personas sacar emociones o sentimientos, que luego también se
pueden comentar en la consulta.
Libros de autoayuda (biblioterapia). Se puede recomendar, en un momento
dado y dependiendo del contexto, la lectura de un libro de autoayuda:
a.. Brothers, Joyce. Vivir sin él. Cómo superar el trauma de la
viudedad. Barcelona:
Grijalbo; 1992
b.. Pangrazzi, Arnaldo. La pérdida de un ser querido. Madrid:
Ediciones Paulinas; 1993
c.. Ginsburg, Genevieve Davids. No estás sola cuando él se va,
consejos de viuda a viuda. Barcelona: Martínez Roca; 1999
d.. Kübler-Ross, Elisabeth. La muerte: un amanecer. Barcelona:
Luciérnaga; 1991
Elaborar un álbum de fotos o atesorar una caja con recuerdos. Un álbum
de fotografías... o un cajón de recuerdos: un trozo de cabello..., una
joya, una moneda,... una entrada de fútbol de aquella tarde..., cosas que
no le sirven a nadie para nada, pero tan personales... un auténtico
relicario. Se puede hablar de verdaderas máquinas del tiempo programables,
en la que tocas esta o esa tecla - los objetos de transferencia - y te
transporta a...
Vídeos. Visualizar vídeos del fallecido añade la dimensión del
movimiento y el sonido a la foto, todo parece más real, y sirve como las
fotos o los recuerdos para lo mismo, para redimensionar la nueva relación
con el marido muerto, autonegociar cómo se le va a recordar,... Se pueden
utilizar en las prescripciones e instruir 15-20 minutos diarios de vídeo
cada día, en un tiempo privado, exclusivamente suyo y del muerto, o de
quién lo quiera compartir.
Animales. En el duelo, los animales domésticos, a veces juegan un papel
fundamental, enganchan a la vida, permiten expresar cariño, hablar de cosas
que probablemente no hablarías con nadie, recuerdan al fallecido y permiten
ponerte triste, incluso desahogar la rabia... "les damos cuatro gritos y
poco después.... tan amigos", al acariciarles se tiene el calor del
contacto físico, y con el paseo (p. ej. si es un perro) la socialización
obligada,... En último caso siempre supone un tema de conversación al que
recurrir cuando se quieren eludir otras cuestiones.
Internet. En Internet cada vez hay más recursos para las personas en
duelo31. Desde los "chats" de autoayuda en duelo hasta los cibercementerios
en los que se pueden erigir verdaderos "monumentos" funerarios
conmemorativos, pasando por psicólogos y asesores de duelo que desarrollan
sus sesiones terapéuticas directamente "on line", páginas de grupos de
autoayuda nacionales o internacionales (CRUSE,...) que se anuncian en la
red,...
Reestructuración cognitiva. La reestructuración cognitiva en el duelo es
muy útil. Ayudando al doliente a identificar los inevitables pensamientos
automáticos disparadores de sentimientos negativos asociados a la pérdida,
del tipo "no podré conseguirlo,... me pondré a llorar y arruinaré el
bautizo,... ya no sirvo para nada, qué pinto yo en este mundo, nada tiene
sentido,...", y enseñándoles a pararlos mediante detención de pensamientos
e inocular ideas positivas, como: "seguro que puedo,... me contendré,...
ahora puedo ayudar a mi hija, ella me necesita,... puedo hacerlo,... puedo
vivir", haremos que se sientan francamente mejor y desde luego más capaces.
Es una técnica muy rica por su sencillez e inmediatez.
Fantasías y visualizaciones dirigidas. Las fantasías y visualizaciones
dirigidas, suponen imaginar una situación que se desea alcanzar, con rasgos
positivos. El ejercicio se puede hacer durante unos minutos y si se hace
con los ojos cerrados, mejoran los detalles y el nivel de concreción de la
situación deseable, lo que redunda en mejores resultados. Generalmente se
tratará de trabajar con las dificultades que presenta el doliente.
Metáforas. La metáfora es una analogía que identifica de forma
imaginativa un elemento con otro, adscribiendo al primero cualidades del
segundo. El hecho de plantear en una sola imagen (metáfora simple) o en una
narración completa (en semi-cuento) que contenga la esencia del proceso de
la persona, aporta imágenes que permitirán: elaborar emociones, transmitir
mensajes (la narración contiene una especie de "moraleja" que el oyente
interpreta situando lo que escucha en su propio marco de referencia) y
crear imágenes que acompañan y "aconsejan" de forma simple, sintética y más
allá de lo racional.
Ayuda de su doctor.
Ocasionalmente, las noches de insomnio pueden prolongarse en el tiempo
constituyendo un problema grave. Su médico de cabecera entonces podrá
prescribirle algún fármaco hipnótico durante algunos días.
Si la depresión persiste hasta el punto de afectar el apetito, el nivel de
energía, y el sueño, podrán ser necesarios los fármacos antidepresivos, que
como usted sabe no crean dependencia. Si la depresión todavía no mejora su
médico de cabecera le remitirá a la consulta de su psiquiatra de zona.
Las personas con dificultades en la resolución de su duelo pueden obtener
ayuda de su médico de cabecera o de las diferentes ONG u organizaciones
religiosas existentes. Para algunos será suficiente el encontrarse y hablar
con personas que han pasado por la misma experiencia que ellos. Otros
precisarán acudir a un consejero o psicoterapeuta, bien en grupo o de forma
individual, durante cierto tiempo.
El duelo vuelve patas arriba nuestro mundo y es una de las experiencias más
dolorosas que los seres humanos tenemos que superar. Puede ser extraño,
terrible o sobrecogedor. A pesar de ello, es parte de la vida que hemos de
afrontar y generalmente no requiere de atención médica. Para aquellos que
lo precisen, la ayuda está disponible, no sólo por parte de sus médicos de
cabecera, sino también de las diferentes organizaciones no gubernamentales
y religiosas existentes
El Duelo es un Proceso
Como madre, o padre, realmente nunca se olvidará de la pérdida de su
bebé. Pero aprenderá a vivir sin su presencia física y terminará por
integrar la pérdida a su experiencia de vida. No se puede negar que la
muerte de su bebé ha cambiado su vida. Sus "reglas" y maneras de
interactuar con el mundo serán diferentes de ahora en adelante. Pero ese
cambio sirve como testamento permanente de la existencia de su bebé.
Lo importante para los padres que sufren la pérdida de un bebé es
darse cuenta de que pueden sobreponerse a su dolor y que lograrán sanar la
herida. Entender que el dolor es un proceso puede ayudar a evitar el
sentimiento de impotencia y a brindar cierta dosis de consuelo, esperanza y
paz.
Si bien el luto es una experiencia muy personal, también es un
proceso que se divide en varias etapas. No todos experimentan estas etapas
de la misma manera. A veces pueden superponerse. Se puede pasar de una a
otra, volver atrás o pasar por alto algunas. No hay una manera correcta o
incorrecta de vivir el duelo.
Las etapas de duelo pueden describirse de diferentes maneras.
Básicamente, se dividen así:
Negación e incredulidad. Cuando una pérdida es tan abrumadora puede
ser necesario, al principio, tomarse un tiempo para dividirla en pedazos
más asimilables. La negación da tiempo a los padres para recomponerse, por
decirlo de alguna manera, hasta que están listos para aceptar la pérdida en
sus vidas.
Dolor. Para que la herida cicatrice, antes tiene que doler. Es
posible que experimenten este dolor como una depresión, desarrollando una
enfermedad física, como resfriados y gripe; olvidándose de las cosas y
teniendo dificultades para concentrarse; sintiéndose enojados con ustedes
mismos, con la pareja o con Dios; o sintiendo culpabilidad. Los
sentimientos de culpa por las cosas que ocurrieron durante el embarazo
pueden ser una manera de intentar encontrar una razón para justificar lo
que ocurrió. Es importante recordarse a uno mismo que estos sentimientos
son una parte natural del proceso de duelo.
Aceptación y adaptación. A medida que aceptan la muerte de su bebé y
reconocen que les ha cambiado de manera irreversible, el dolor se aliviará.
Incorporarán el recuerdo del bebé en un lugar importante de su vida y su
corazón y estarán listos para seguir adelante con su vida hacia un futuro
diferente y un nuevo sueño.
El duelo es un proceso doloroso. Es posible que se sientan
bombardeados por emociones contradictorias y que a veces se sientan
abrumados por ellas. Permitirse experimentar el dolor es parte del proceso
de curación. Si no prestan atención a sus sentimientos, el dolor aumentará.
Los Hombres y las Mujeres Lidian Diferente
Esto obedece a diferentes razones. Las diferencias de
personalidad y la manera en que fueron criados, además de la intensidad del
vínculo que tenían con el bebé, son los factores principales.
Por lo general, las mujeres son más expresivas y más
emocionales respecto de su pérdida y es más probable que busquen el apoyo
de los demás. Como la sociedad espera que los hombres sean fuertes y que no
muestren sus emociones, la mayoría de las veces éstos llevan su duelo en
forma más solitaria e intelectual. Los hombres también suelen inclinarse
más por buscar información y resolver problemas y, por lo tanto, es posible
que elijan no participar en los grupos de apoyo, que están más orientados
hacia la conversación y los sentimientos. Mientras que las mujeres quizá
lloren y evoquen sus recuerdos del bebé, los hombres quizá expresen su
dolor sumergiéndose de lleno en su trabajo. Pero tenga en cuenta que la
elaboración del duelo es una experiencia muy personal y que también puede
ocurrir lo contrario.
Estas diferencias pueden interpretarse erróneamente. Si usted
es mujer y su pareja no parece tan disgustado como usted, es posible que
crea que no le importa la pérdida del bebé y que se sienta abandonada por
él. Si usted es hombre, por otro lado, puede sentir que su mujer nunca se
sobrepondrá al dolor. Es importante recordar que la manera en que una
persona actúa no siempre refleja lo que siente en su interior realmente.
También existen diferencias porque el vínculo que los padres
experimentan con el bebé es de distinta intensidad. El vínculo entre una
mujer embarazada y el bebé que crece en su interior es único. Por lo
general, se vuelve más intenso a medida que avanza el embarazo. Para el
padre, el bebé puede parecer menos "real". Aunque puede comenzar a formar
un vínculo con él durante el embarazo a medida que va percibiendo las
señales físicas del bebé, por ejemplo al ver una ecografía o al sentir las
pataditas del bebé en la barriga, el apego real del padre a veces no se
desarrolla hasta que el bebé ha nacido. Por esta razón, los hombres pueden
parecer menos afectados cuando se produce la pérdida del bebé en una
primera etapa del embarazo.
Estas diferencias pueden causar conflicto en una relación
mientras luchan juntos y por separado para aceptar la pérdida. Pero hay
algunas cosas que pueden hacer para que la relación sobreviva:
a.. Sean comprensivos con los sentimientos y necesidades de
su pareja
b.. Mantengan una comunicación abierta y compartan sus
pensamientos y emociones
c.. Acepten sus diferencias y reconozcan el dolor del otro
d.. Asegúrenle a su pareja el compromiso con su relación
e.. Hablen sobre el bebé y busquen maneras de recordarlo
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