Iglesia Parroquial de Santo Domingo (Torres)

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Iglesia Parroquial de Santo Domingo (Torres)
La iglesia parroquial de Santo Domingo, ubicada en un extremo del casco urbano, se
alza sobre una fuerte arquitectura conformada por ocho arcos que sirven de
contrarresto a su cimentación por el lado orientado a un amplio valle, que domina
airosamente. Exteriormente, con su fábrica totalmente encalada, nos proyecta una
imagen de templo eminentemente popular, ajeno a las fórmulas de la arquitectura
culta. El interior, sin embargo, presenta elementos suficientes para considerar su
arquitectura dentro de los siglos XVI y XVII, aunque ciertamente muy intervenida por
diversas causas y circunstancias durante los siglos XVIII y XIX. A Mª. J. Sánchez
Lozano debemos algunos datos sobre su proceso constructivo.
Pequeña debía ser la primitiva iglesia para que el Concejo tomase el acuerdo de
ensancharla y alargarla, como consta en el Acta de Cabildo de 11 de noviembre de
1545: “Atenta la neçesidad que ay de que la iglesia y templo se ensanche y agrande
ca visto que la gente que concurre a los dibinos ofiçios a la dicha iglesia no cogen
dentro della (...)”. Estas obras no debieron solucionar los problemas, y ya para el año
1564 el Concejo determinó construir un nuevo templo con arreglo a las trazas de
Andrés de Vandelvira, maestro mayor de la fábrica de la Catedral de Jaén y director
asimismo de las fábricas parroquiales de la Diócesis. El acuerdo aparece reflejado en
el Acta de Cabildo de 6 de enero de 1564: “Que se edifique y faga de nuevo otra
yglesia que sea más ancha y en mejor sitio porque la que de presente ay es muy
angosta y en parte trabajosa (...) se edificará la nueva iglesia donde mejor paresçiere
que se deba hacer que sea más sana (...) y la trazará Andres de Vandelvira, maestro
de obras de este obispado (...)”.
Ni exterior ni interiormente se conservan estructuras a simple vista que nos recuerden
a la arquitectura vandelviriana, en gran parte por las citadas radicales intervenciones
practicadas en el templo, que siguió conservando su primigenio emplazamiento. Un
análisis más detallado de su fábrica y una inspección de zonas ocultas nos aportan
ciertos elementos arquitectónicos que pueden avalar la partición de Vandelvira en las
obras, caso los restos de entablamentos corridos conservados entre la cubierta o
tejado y las actuales bóvedas. Cabe pensar que debido a su singular disposición,
expuesta a los temporales y vientos, aquella iglesia sufriera un serio revés en su
original arquitectura, la cual, tras fuertes restauraciones o modificaciones, quedó
encubierta o integrada en la que actualmente contemplamos.
En cualquier caso, ciertas obras se llevaron a término en el templo en el año 1587:
escalera de la torre, enlucido general, reparos en el tejado. A fines del siglo XVII,
según el profesor Galera Andreu, el maestro Francisco Landeras hizo una modesta
espadaña, que no es la conservada actualmente, pues ésta es fruto de las obras del
siglo XIX. En 1837, según el informe de Juan Tuñón, maestro de obras públicas de
Baeza, era necesario reforzar la sillería del lado de poniente, arreglar la esquina del
lado de mediodía y hacer todo el tejado. Años después, concretamente el 26 de enero
de 1860, Antonio López, maestro de obras de la Catedral de Baeza, realizó otro
informe, en el que se precisan diversos desperfectos en paredes, soleras de la nave
del coro, tirantas de la armadura del tejado, tejado de la sacristia; por lo que se refiere
al campanario, dice: “El campanario es de precisa necesidad hacerlo de nuebo desde
su planta (...) por la construccion de dicho campanario que tendra seis varas y media
de ancho y nuebe y cuarta de alto (...) su costo es de once mil doscientos ochenta
reales”.
Se insertan también las condiciones: que el grueso de los muros del campanario será
de vara y media cuarta en cuadro, y su fábrica de ladrillo y mezcla. Hacia 1866, el
arquitecto José María Cuenca, precisa que el edificio se encontraba en muy mal
estado, aunque ya se habían realizado algunas obras. En 1876 hay constancia de
nuevos pagos por obras (entre ellas el encalado general del templo, los honorarios por
la dirección al arquitecto Vicente Serrano Salaberri, etc.), que ascendían a 26.000
reales.
Todas estas obras, más las necesarias y continuas de mantenimiento general, han
determinado su configuración actual: una iglesia de salón con tres naves, con bóvedas
vaídas la central y medio cañón las laterales. Mención especial merecen los arcosolios
del siglo XVII que flanquean el presbiterio, con sencillos altares clasicistas coronados
con los blasones de los Sánchez Barrionuevo.
OTRAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS NO ARQUITECTÓNICAS
En las capillas laterales del crucero se conservan pintados al temple sobre yeso los
escudos de los Sánchez Barrionuevo (S. XVII). Son interesantes las pinturas de la
procesión de disciplinantes del Cristo de la Veracruz. La pieza más valiosa es su pila
bautismal mudéjar, fabricada en cerámica vidriada en verde con un inscripción gótica
entre molduras sogueadas, que guarda una estrecha relación con la de la iglesia de
Bartolomé de Jaén. Es interesante la pila bautismal (1750), decorada con una
serpiente enroscada.
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