AMPARO DIRECTO EN REVISIÓN 1335/2016 QUEJOSO

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AMPARO DIRECTO EN REVISIÓN 1335/2016
QUEJOSO: ***********.
En atención a lo dispuesto por el artículo 73, segundo párrafo, de la
Ley de Amparo, así como la jurisprudencia 53/2014 de rubro:
“PROYECTOS DE RESOLUCIÓN DE LA SUPREMA CORTE DE
JUSTICIA DE LA NACIÓN Y DE LOS TRIBUNALES COLEGIADOS
DE CIRCUITO. SÓLO DEBEN PUBLICARSE AQUELLOS EN LOS
QUE SE ANALICE LA CONSTITUCIONALIDAD O LA
CONVENCIONALIDAD DE UNA NORMA GENERAL, O BIEN, SE
REALICE LA INTERPRETACIÓN DIRECTA DE UN PRECEPTO
CONSTITUCIONAL O DE UN TRATADO INTERNACIONAL EN
MATERIA DE DERECHOS HUMANOS”.
A continuación se hace público el fragmento del proyecto de sentencia
en el cual se realiza el estudio de constitucionalidad respectivo
41. Primera cuestión: ¿Realmente el artículo 235 del Código Federal
de Procedimientos Penales vulnera el derecho humano a la
igualdad procesal al eximir a los peritos oficiales de ratificar sus
dictámenes y obligar a los de las demás partes del juicio a
hacerlo?
42. A juicio de esta Primera Sala la respuesta a la interrogante que nos
ocupa debe ser en sentido afirmativo; pues si bien —como ya fue
señalado— el ahora recurrente en sus agravios no combatió
expresamente las consideraciones del Tribunal Colegiado respecto a
la constitucionalidad del artículo 235 del Código Federal de
Procedimientos Penales, aunque sí lo combatió en su demanda de
amparo, por lo que esta Primera Sala, como ya se indicó, en suplencia
de la queja deficiente prevista en el artículo 79, fracción III, inciso a),
de la Ley de Amparo, analizará dichas cuestiones.
43. El Tribunal Colegiado equivocadamente al dar contestación al
respectivo concepto de violación consideró que la tesis aislada 1ª
LXIV/2015 (10ª.), cuyo rubro es: “DICTÁMENES PERICIALES. EL
ARTÍCULO 235 DEL CÓDIGO FEDERAL DE PROCEDIMIENTOS
PENALES,
AL
EXIMIR
A
LOS
PERITOS
OFICIALES
DE
RATIFICARLOS VULNERA EL DERECHO FUNDAMENTAL DE
IGUALDAD PROCESAL”, no era aplicable al caso porque su
observancia no era obligatoria por ser un criterio aislado y porque no
era posible su aplicación retroactiva.
44. Esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
considera que si bien para los Tribunales Judiciales del País un criterio
aislado de este Alto Tribunal no les es obligatoria su aplicación a un
caso concreto y por tanto pueden o no aplicarlo para hacer suyas las
consideraciones que ahí se sostengan, lo cierto es que ello no puede
justificarse bajo un argumento de aplicación retroactiva del mismo,
toda vez que la aplicación retroactiva en perjuicio de persona alguna
es exclusivo de la jurisprudencia, en términos del artículo 217 de la
Ley de Amparo.
45. En ese sentido, se determina que el artículo 235 del Código Federal
de Procedimientos Penales es violatorio del principio de igualdad
procesal, en términos de la interpretación que de este último ha
sustentado esta Sala en relación con la ratificación de dictámenes
periciales por parte de peritos oficiales, como a continuación se
expone:
46. El artículo 20, apartado A, fracción V, de la Constitución Federal, antes
de la reforma de dos mil ocho, a la letra dice:
“Artículo 20. En todo proceso de orden penal, el inculpado, la víctima o
el ofendido, tendrán las siguientes garantías:
A. Del inculpado:
[…]
V. Se le recibirán los testigos y demás pruebas que ofrezca,
concediéndosele el tiempo que la ley estime necesario al efecto y
auxiliándosele para obtener la comparecencia de las personas cuyo
testimonio solicite, siempre que se encuentren en el lugar del proceso.
[…]”.
47. En relación al principio de igualdad procesal, esta Primera Sala ha
señalado que en el proceso penal el equilibrio de los sujetos
procesales es de suma importancia, pues deben concedérseles
iguales condiciones de manera que ninguno quede en estado de
indefensión; y si bien es cierto que este principio no está previsto
expresamente
Procedimientos
en
algún
Penales,
precepto
también
del
lo
es,
Código
que
Federal
se
de
consigna
implícitamente en su artículo 206, en cuanto prevé que todo aquello
que se ofrezca como prueba, debe admitirse, siempre y cuando sea
conducente y no sea contrario a derecho, a juicio del juez o del
tribunal.
48. Lo anterior se relaciona con el citado artículo 20, apartado A, fracción
V1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su
texto anterior a la reforma publicada en el Diario Oficial de la
Federación el dieciocho de junio de dos mil ocho, lo que significa que
los medios probatorios ofrecidos por ambas partes procesales deben
valorarse con el mismo estándar o idénticas exigencias de juicio para
generar convicción.
49. Así, cuando la información que brinda un medio probatorio es
imprecisa, parcial o genera duda porque adolece de claridad y da lugar
a que el juzgador le reste valor, no es válido que tal estándar sólo
aplique para una de las partes, pues el mérito o valor de convicción del
medio probatorio está sujeto a la libre apreciación del juez, pero es
inadmisible que los medios de prueba de la misma índole –ofrecidos
por ambas partes– tengan un estándar de valoración distinto, según se
trate del actor o del demandado, del órgano ministerial o del acusado,
pues ello atentaría contra los derechos de justicia imparcial, de
equidad procesal y de correcta fundamentación y motivación.
50. Cabe destacar que el principio de igualdad procesal se encuentra
establecido, entre otros, de forma expresa en el artículo 20, apartado
A, fracción V, de la Constitución Federal, a partir de la citada reforma
constitucional, para efectos del sistema procesal acusatorio. El anterior
criterio de igualdad procesal se sustentó en la tesis de jurisprudencia
“Artículo 20. En todo proceso de orden penal, el inculpado, la víctima o el ofendido, tendrán las siguientes
garantías:
A. Del inculpado:
[…]
V. Se le recibirán los testigos y demás pruebas que ofrezca, concediéndosele el tiempo que la ley estime
necesario al efecto y auxiliándosele para obtener la comparecencia de las personas cuyo testimonio solicite,
siempre que se encuentren en el lugar del proceso.
[…]”.
1
1a./J. 141/2011 (9a.), emitida por esta Primera Sala con el rubro:
“PRINCIPIO
DE IGUALDAD
EN EL
PROCESO PENAL.
SU
ALCANCE”.2
51. Ahora bien, el artículo impugnado establece:
Artículo 235. Los peritos emitirán su dictamen por escrito y lo
ratificarán en diligencia especial. Los peritos oficiales no necesitarán
ratificar sus dictámenes, sino cuando el funcionario que practique las
diligencias lo estime necesario. En esta diligencia el juez y las partes
podrán formular preguntas a los peritos.
52. De esta manera, esta Primera Sala estima que el artículo impugnado
trasgrede el principio de igualdad procesal al eximir a los peritos
oficiales de ratificar los dictámenes que emitan.
53. Al respecto, debe atenderse a las consideraciones sustentadas por
esta Primera Sala al resolver la CT-2/2004-PS, en la que se determinó
que los dictámenes periciales tengan validez deben ser ratificados por
quienes los emitan, incluso por los peritos oficiales, ello bajo el
análisis de la legislación procesal penal del Estado de Tlaxcala.
Criterio que se atiende sin importar que el artículo impugnado sea
materia federal ya que establece un criterio relacionado con el que nos
ocupa.
54. En la ejecutoria de la contradicción de tesis citada, esta Primera Sala
consideró que la intervención de peritos tiene lugar, siempre que en un
procedimiento judicial se presenten ciertas cuestiones importantes,
cuya solución -para poder producir convencimiento en el ánimo del
2
Tesis jurisprudencial 1a./J. 141/2011 (9a.), Décima Época, Registro: 160513, Instancia: Primera Sala,
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Libro III, Diciembre de 2011, Tomo 3, Materia(s):
Constitucional, Página: 2103.
juez-, requiere el examen de hombres provistos de aptitud y de
conocimientos facultativos especiales. Así, la intervención de estos es
necesaria cuando se trata de investigar la existencia de ciertos
hechos, cuya averiguación exige conocimientos técnicos especiales.
55. El Diccionario Jurídico Mexicano refiere que “recibe el nombre de
peritaje el examen de personas hechos u objetos, realizado por un
experto en alguna ciencia, técnica o arte, con el objeto de ilustrar al
juez o magistrado que conoce de una causa civil, criminal, mercantil o
de trabajo, sobre cuestiones que por su naturaleza requieran de
conocimientos especializados que sean del dominio cultural de tales
expertos cuya opinión resulte necesaria en la resolución de una
controversia jurídica. Medio de prueba mediante el cual una persona
competente atraída al proceso, lleva a cabo una investigación respecto
de alguna materia o asunto que forme parte de un juicio a efecto de
que el Tribunal tenga conocimiento del mismo se encuentre en
posibilidad de resolver sobre los propósitos perseguidos por las partes
en conflicto, cuando carezca de elementos propios para hacer una
justa evaluación de los hechos”.3
56. Derivado de lo anterior, se sostiene que el peritaje es una actividad
humana de carácter procesal, desarrollada en virtud de encargo
judicial,
por
personas
distintas
de
las
partes
del
proceso,
especialmente calificadas por su experiencia o conocimientos
técnicos, artísticos o científicos, y mediante la cual se suministran al
Juez o a la autoridad ministerial argumentos o razones para la
3
Diccionario Jurídico Mexicano, Instituto de Investigaciones Jurídicas, de la Universidad Nacional Autónoma
de México, Editorial Porrúa. p. 2384
formación de su convencimiento respecto de ciertos hechos también
especiales cuya percepción o cuyo entendimiento escapa a las
aptitudes del común de la gente y requieren esa capacidad particular
para su adecuada percepción y la correcta verificación de sus
relaciones con otros hechos, de sus causas y de sus efectos o,
simplemente, para su apreciación e interpretación.
57. Así, el perito a través de su conocimiento especializado en una
ciencia, técnica o arte, ilustra a la autoridad sobre la percepción de
hechos o para complementar el conocimiento de aquellos que el
Juzgador ignora, para integrar su capacidad y deducción, cuando la
aplicación de las reglas de la experiencia exigen cierta aptitud o
preparación técnica que la autoridad judicial no tiene.
58. Luego, la peritación cumple con una doble función. Por una parte,
verifica hechos que requieren conocimientos técnicos, artísticos o
científicos que escapan a la cultura común del Juez y de la gente, sus
causas y sus efectos y, por otra, suministra reglas técnicas o
científicas de la experiencia especializada de los peritos, para formar
la convicción del Juez sobre tales hechos e ilustrarlo con el fin de que
los entienda y aprecie correctamente.
59. Ello es así, porque el Juez es un perito en Derecho, sin embargo, no
necesariamente cuenta con conocimientos sobre otras ciencias o
actividades que requieran estudios especializados o larga experiencia.
De esta manera, la prueba pericial resulta imperativa cuando surgen
cuestiones que por su naturaleza eminentemente especial, requieren
un diagnóstico sobre un aspecto concreto que el órgano jurisdiccional
está impedido para conocer por no tener los conocimientos especiales
en determinada ciencia o arte. Así bajo el auxilio que le proporciona el
perito a través de su dictamen, el juez se encuentra en posibilidades
de pronunciarse respecto de una cuestión debatida.
60. El dictamen pericial es, en suma, un auxiliar eficaz para el juzgador o
autoridad que lo solicita, que no puede alcanzar todos los campos del
conocimiento técnico o científico y quien debe resolver conflictos que
presenten
aspectos
complejos
que
exigen
una
preparación
especializada, de la cual carece.
61. Por tanto, para que un dictamen pericial pueda ser estimado por el
juzgador debe ser auténticamente ilustrativo, pues lo que en éste se
indique, ha de ser accesible o entendible para el órgano jurisdiccional
del conocimiento de manera que eficazmente constituya un auxilio
para dicho órgano; además debe cumplir con los requisitos que la ley
le imponga, como es la ratificación ante el juzgador de su opinión, ya
que de no cumplirse éste, sería una prueba imperfecta por carecer de
un requisito que la ley le impuso.
62. Ahora bien, en el caso que nos ocupa, es importante considerar el
contenido de los artículos 220, 222, 223 y 227 del Código Federal de
Procedimientos Penales, en los que se establecen los casos en los
que intervienen los peritos, mismos que a la letra dicen:
Artículo 220. Siempre que para el examen de personas, hechos u
objetos, se requieran conocimientos especiales se procederá con
intervención de peritos.
Artículo 222. Con independencia de las diligencias de pericia
desahogadas en la averiguación previa, la defensa y el Ministerio
Público tendrán derecho a nombrar hasta dos peritos en el proceso,
para dictaminar sobre cada punto que amerite intervención pericial. El
tribunal hará saber a los peritos su nombramiento y les ministrará todos
los datos que fueren necesarios para que emitan su opinión.
Artículo 223. Los peritos deberán tener título oficial en la ciencia o arte
a que se refiere el punto sobre el cual deba dictaminarse, si la profesión
o artes están legalmente reglamentadas; en caso contrario, se
nombrarán peritos prácticos. Cuando el inculpado pertenezca a un
grupo étnico indígena, podrán ser peritos prácticos, personas que
pertenezcan a dicho grupo étnico indígena.
Artículo 227. Los peritos que acepten el cargo, con excepción de los
oficiales titulares, tiene obligación de protestar su fiel desempeño ante
el funcionario que practique las diligencias.
En casos urgentes la protesta la rendirán al producir o ratificar su
dictamen.
63. De lo anterior se advierte que: a) siempre que se requieran
conocimientos especiales para el examen de personas, hechos u
objetos,
se
procederá
con
intervención
de
peritos;
b)
independientemente de las diligencias de pericia desahogadas en la
averiguación previa, la defensa y el Ministerio Público tendrán derecho
a nombrar hasta dos peritos en el proceso, para dictaminar sobre cada
punto que amerite intervención pericial; c) los peritos deberán tener
título oficial en la ciencia o arte sobre el
punto del cual deba
dictaminarse, si la profesión o artes están legalmente reglamentadas;
en caso contrario, se nombrarán peritos prácticos; d) los peritos que
acepten el cargo, con excepción de los oficiales titulares, tienen
obligación de protestar su fiel desempeño ante el funcionario que
practique las diligencias.
64. En ese orden de ideas, esta Primera Sala de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación considera, que el artículo 235 del Código Federal
de Procedimientos Penales impugnado, sí es violatorio del derecho a
la igualdad procesal, al eximir a los peritos oficiales de ratificar el
contenido de sus dictámenes y obligando a los de las demás partes
del juicio a hacerlo, pues siguiendo la misma línea de razonamiento de
la CT-2/2004-PS, si la prueba pericial se forma o se constituye fuera
del alcance o de la intervención directa del juzgador, resulta
indispensable que quien la elabore,
la confirme personal y
expresamente, a fin de hacer indubitable su valor.
65. La ratificación de los dictámenes periciales hace digna de crédito la
prueba y susceptible de ser analizada y valorada, pues cabe admitir
que el juicio pericial puede ser emitido por una persona distinta a la
designada o que puede ser sustituido o alterado sin que tenga
conocimiento el perito nombrado; también es admisible la modificación
parcial o total en el momento de ser ratificada.
66. Además, si la finalidad de las formalidades es dotar de certeza y
seguridad jurídica a las actuaciones judiciales, es una exigencia válida
para cualquier perito que avale su dictamen, sin que se advierta una
razonabilidad lógico-jurídica que permita establecer como innecesaria
la ratificación del dictamen del perito oficial, pues esta excepción
origina un desequilibrio procesal, ya que las partes no se encuentran
en igualdad de condiciones procesales, en cuanto a la exigencia de
ratificación de los peritajes exhibidos por el inculpado.
67. En consecuencia, la opinión pericial que no sea ratificada es una
prueba imperfecta, ya que para otorgarle certeza y seguridad jurídica
al acto contenido en el mismo, es indispensable que sea ratificada por
el perito que la formuló, pues sin la ratificación no es dable otorgar
valor alguno a los dictámenes emitidos, tanto por los peritos oficiales
como por el propuesto por las partes.
68. En virtud de lo expuesto, la excepción que prevé el precepto
impugnado viola en perjuicio del ahora recurrente, el principio de
igualdad procesal. Así, esta Primera Sala reitera el criterio establecido
en la tesis aislada 1a. LXIV/2015 (10a.), que dice:
DICTÁMENES PERICIALES. EL ARTÍCULO 235 DEL CÓDIGO
FEDERAL DE PROCEDIMIENTOS PENALES, AL EXIMIR A LOS
PERITOS OFICIALES DE RATIFICARLOS, VULNERA EL DERECHO
FUNDAMENTAL DE IGUALDAD PROCESAL. El precepto citado, al
eximir a los peritos oficiales de ratificar sus dictámenes y obligar a los
de las demás partes del juicio a hacerlo, vulnera el derecho
fundamental de igualdad procesal, toda vez que si la prueba pericial se
constituye fuera del alcance o de la intervención directa del juzgador, es
indispensable que quien la elabora la confirme personal y
expresamente, a fin de hacer indubitable su valor; ello, en concordancia
con el criterio establecido por esta Primera Sala de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación al resolver la contradicción de tesis 2/2004-PS,
de la que derivó la tesis jurisprudencial 1a./J. 7/2005 (1). En efecto, la
ratificación de los dictámenes periciales hace digna de crédito la prueba
y, consecuentemente, susceptible de analizarla y valorarla, pues existe
la posibilidad de que el juicio pericial se emita por una persona distinta
de la designada o que pueda sustituirse o alterarse sin que tenga
conocimiento el perito nombrado. Además, si la finalidad de las
formalidades es dotar de certeza y seguridad jurídica a las actuaciones
judiciales, es una exigencia válida para cualquier perito que ratifique su
dictamen, sin que se advierta una razonabilidad lógico-jurídica que lleve
a establecer de "innecesaria" dicha ratificación por parte del perito
oficial, pues de aceptarse esta excepción se originaría un desequilibrio
procesal, ya que las partes no se encontrarían en igualdad de
condiciones procesales, en cuanto a la exigencia de ratificación de los
peritajes exhibidos por el inculpado; de ahí que la opinión pericial que
no sea ratificada constituye una prueba imperfecta, en virtud de que
para otorgar certeza y seguridad jurídica al acto contenido en el
dictamen, es indispensable que lo ratifique el perito oficial que lo
formuló.4
69. Asimismo, se considera que la designación de los peritos oficiales por
el Ministerio Público no es condición suficiente para exentarlos de la
ratificación respectiva, pues dicha designación por sí misma no
supone necesariamente que el dictamen presentado no haya sido
modificado o simplemente emitido por alguien distinto al que fue
nombrado
por
indefectiblemente
la
representación
ameritan
la
social.
ratificación
Aspectos
todos
correspondiente
que
para
investirlos de certeza jurídica y evitar un desequilibrio procesal entre el
resto de las partes del juicio penal, a cuyos peritos sí les es exigible la
ratificación del dictamen que hubieren emitido.
70. Esta Primera Sala no soslaya la existencia de la tesis 1a. XV/2015
(10a.), emitida por esta Sala, bajo el rubro: “PROTESTA DE
PERITOS. EL ARTÍCULO 296 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS
PENALES DEL ESTADO DE MICHOACÁN NO CONTRAVIENE LOS
ARTÍCULOS 1o., 14, 16, 17 Y 20 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA
DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS”.5
4
Consultable en la Décima Época del Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, libro 15, febrero de
2015, Tomo II, pág. 1390. Precedente: Amparo directo en revisión 1687/2014. 5 de noviembre de 2014.
Mayoría de cuatro votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Jorge
Mario Pardo Rebolledo y Olga Sánchez Cordero de García Villegas. Disidente: Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena,
quien formuló voto particular. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Rosalba Rodríguez Mireles.
5
El contenido del citado criterio dice:
“El precepto legal citado, al prever que los peritos, al aceptar el cargo, tienen obligación de
protestar su fiel desempeño, excepto los oficiales, no contraviene los artículos 1o., 14, 16, 17 y
20 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pues el hecho de que se les
exima de protestar el cargo, no impide tener certeza de que rendirán su dictamen con estricto
apego a la verdad y con imparcialidad o que cuenten con los conocimientos necesarios para
emitirlo. En efecto, las obligaciones que la ley les impone, -esto es, manifestar sus
conocimientos sobre el aspecto que versará el dictamen pericial y que rendirán con estricto
apego a la verdad y con imparcialidad, incurriendo en responsabilidad en caso contrario- las
adquieren desde que asumen la función pública de perito a cargo del Estado. Así, si la
exigencia de la ley de que un perito proteste su cargo, atiende a la necesidad de demostrar que
71. Sin embargo, dicho criterio aislado no es aplicable al presente caso,
porque ahí se analizó el supuesto en que se exime a los peritos
oficiales de la obligación de protestar el cargo, mas no el relativo a la
ratificación de sus dictámenes, reparándose en el hecho de que
resulta natural que un perito oficial se encuentre exento de protestar
su cargo en cada ocasión que actúe en auxilio de un juzgador, pues ya
acreditó poseer dichos conocimientos ante la autoridad que le ha
designado en el cargo que ocupa. Circunstancia totalmente distinta a
la que se analiza en el presente caso, pues la ratificación de los
dictámenes rendidos por los peritos, aun oficiales, se torna en un
requisito necesario para dotar de certeza jurídica a dicha probanza.
72. De igual forma, esta Primera Sala ha considerado que la no
ratificación del dictamen ofrecido por el perito oficial, constituye un
vicio formal susceptible de ser subsanado mediante la ratificación
correspondiente, pues la formalidad en cuestión no trasciende de
manera sustantiva al contenido de la prueba pericial ofrecida en el
proceso penal, esto es, a la metodología y conclusión del dictamen,
sino que exclusivamente está vinculado a la imposibilidad de conferirle
valor probatorio, hasta en tanto, el mismo no sea ratificado por el
posee los conocimientos especiales en el arte, técnica o industria materia de su designación y
su responsabilidad al asumirlo, resulta natural que un perito oficial se encuentre exento de
protestar su cargo en cada ocasión que actúe en auxilio de un juzgador, toda vez que ya
acreditó poseer dichos conocimientos ante la autoridad que le ha designado en el cargo que
ocupa”.
Consultable en la Décima Época del Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, libro 14, Tomo I, enero
de 2015, registro: 2008315.
Precedente: Amparo directo en revisión 2020/2014. 8 de octubre de 2014. Cinco votos de los Ministros Arturo
Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, quien reservó su derecho para formular voto concurrente,
Jorge Mario Pardo Rebolledo, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena.
Ponente: Jorge Mario Pardo Rebolledo. Secretaria: Nínive Ileana Penagos Robles.
perito oficial que lo haya rendido, de ahí de la importancia de su
ratificación frente al juez durante la instrucción.
73. De este modo, la desigualdad procesal advertida no da lugar a
considerar que los dictámenes emitidos por peritos oficiales que no
son ratificados constituyan prueba ilícita, y que por ello deban ser
excluidos del análisis probatorio correspondiente, sino más bien
conlleva a que dichos dictámenes, en tanto prueba imperfecta carente
de una formalidad necesaria para conferirles valor probatorio
(ratificación), ameritan ser subsanados para restaurar la igualdad
procesal entre las partes del juicio, esto es, basta que se ordene la
ratificación del dictamen para que el vicio formal desaparezca y pueda
ser valorado por el juzgador.
74. En apoyo a lo anterior, por similitud de razón, se invoca la tesis
jurisprudencial 1a./J. 7/2005, la cual derivó de la contradicción de tesis
mencionada, que dice:
“DICTÁMENES PERICIALES. PARA SU VALIDEZ DEBEN SER
RATIFICADOS POR QUIENES LOS EMITEN, INCLUSO POR LOS
PERITOS
OFICIALES
(LEGISLACIÓN
DEL
ESTADO
DE
TLAXCALA). El artículo 150 del Código de Procedimientos Penales
para el Estado de Tlaxcala establece expresamente que "El perito
emitirá su dictamen por escrito y lo ratificará en diligencia especial", sin
hacer distinción respecto a si dicha disposición se dirige al oficial, al
designado por las partes o al tercero en discordia. La referida obligación
tiene por objeto establecer la autenticidad de la prueba mediante el
perfeccionamiento formal que exige la ley, pues tratándose de una
prueba constituida fuera de la intervención directa del juzgador, resulta
indispensable que quien la elabora la confirme personal y
expresamente para hacer indubitable su valor, esto es, la ratificación de
los dictámenes periciales impuesta por la ley hace que la prueba sea
digna de crédito y, consecuentemente, susceptible de ser analizada y
valorada; máxime si se toma en cuenta que el peritaje puede emitirse
por una persona distinta de la designada, o puede ser sustituido o
alterado sin conocimiento del perito nombrado, además de que también
es admisible su modificación parcial o total en el momento de
ratificarse. Es indudable que la opinión pericial no ratificada es una
prueba imperfecta porque no cumple con la condición formal que la ley
le impone para otorgarle certeza y seguridad jurídica, es decir, que
quien la suscribe es efectivamente la persona designada para ello y que
su opinión es verdadera, por lo que sin el mencionado requisito no es
dable otorgar validez probatoria a los dictámenes emitidos, incluso los
que provengan de peritos oficiales. Sin que obste a lo anterior el hecho
de que el artículo 142 del citado código exceptúe al perito oficial que
acepte el cargo de protestar su fiel desempeño ante el funcionario que
practique las diligencias, pues tal disposición únicamente lo exime de
rendir dicha protesta, pero no de ratificar su opinión”.6
75. Con base en lo expuesto, la excepción que prevé el artículo 235 del
Código Federal de Procedimientos Penales viola el principio de
igualdad procesal en perjuicio del ahora recurrente.
76. Similares consideraciones sustentó esta Primera Sala al resolver, por
mayoría de votos, el amparo directo en revisión 2789/2015, bajo la
Ponencia del Ministro José Ramón Cossío Díaz, en la sesión
celebrada el dos de septiembre de dos mil quince; los amparos
directos en revisión 4858/2015 y 5016/2015, bajo la Ponencia del
Ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, en la sesión celebrada el trece
de abril de dos mil dieciséis. 7
77. Segunda cuestión. ¿Realmente el artículo 95 del Código Federal
de Procedimientos Penales es inconstitucional porque vulnera los
principios de seguridad e igualdad jurídica?
6
Tesis de jurisprudencia 1a./J. 7/2005, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta,
Novena Época, Tomo XXI, Abril de 2005, Pág. 235.
7
Disidentes el Ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y la Ministra Norma Lucía Piña Hernández.
78. La respuesta a esta interrogante debe ser en sentido negativo. En su
demanda de amparo, la parte quejosa expuso que es inconstitucional
el artículo 95 del Código Federal de Procedimientos Penales, pues tal
precepto genera incertidumbre al permitir, sostuvo, la aplicación
arbitraria y desigual de la ley, en la medida que se emite una sentencia
condenatoria en su perjuicio. Tal concepto de violación es infundado.
Veamos las razones.
79. En primer lugar, debe indicarse que sobre el principio de seguridad
jurídica contenido en el artículo 16 Constitucional esta Primera Sala
en la Jurisprudencia 1a./J. 139/2012 (10a.)8 sostuvo que el mismo es
la base sobre la cual descansa el sistema jurídico mexicano, de
manera tal que lo que tutela es que el gobernado jamás se encuentre
en una situación de incertidumbre jurídica y, por tanto, en estado de
8
Publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Décima Época, Libro XVI, Enero de 2013,
Tomo 1, pág. 437, que dice:
SEGURIDAD JURÍDICA EN MATERIA TRIBUTARIA. EN QUÉ CONSISTE. La Primera Sala de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido que el principio de seguridad jurídica
consagrado en la Constitución General de la República, es la base sobre la cual descansa el
sistema jurídico mexicano, de manera tal que lo que tutela es que el gobernado jamás se
encuentre en una situación de incertidumbre jurídica y, por tanto, en estado de indefensión. En
ese sentido, el contenido esencial de dicho principio radica en "saber a qué atenerse" respecto
de la regulación normativa prevista en la ley y a la actuación de la autoridad. Así, en materia
tributaria debe destacarse el relevante papel que se concede a la ley (tanto en su concepción
de voluntad general, como de razón ordenadora) como instrumento garantizador de un trato
igual (objetivo) de todos ante la ley, frente a las arbitrariedades y abusos de la autoridad, lo que
equivale a afirmar, desde un punto de vista positivo, la importancia de la ley como vehículo
generador de certeza, y desde un punto de vista negativo, el papel de la ley como mecanismo
de defensa frente a las posibles arbitrariedades de los órganos del Estado. De esta forma, las
manifestaciones concretas del principio de seguridad jurídica en materia tributaria, se pueden
compendiar en la certeza en el derecho y la interdicción de la arbitrariedad o prohibición del
exceso; la primera, a su vez, en la estabilidad del ordenamiento normativo, suficiente desarrollo
y la certidumbre sobre los remedios jurídicos a disposición del contribuyente, en caso de no
cumplirse con las previsiones del ordenamiento; y, la segunda, principal, más no
exclusivamente, a través de los principios de proporcionalidad y jerarquía normativa, por lo que
la existencia de un ordenamiento tributario, partícipe de las características de todo
ordenamiento jurídico, es producto de la juridificación del fenómeno tributario y su conversión en
una realidad normada, y tal ordenamiento público constituirá un sistema de seguridad jurídica
formal o de "seguridad a través del Derecho.
indefensión. En ese sentido, el contenido esencial de dicho principio
radica en "saber a qué atenerse" respecto de la regulación normativa
prevista en la ley y a la actuación de la autoridad.
80. De igual forma, en la primera de las ejecutorias que dieron origen a la
referida jurisprudencia se destacó que sobre el mismo principio la
doctrina ha señalado lo siguiente:
El reconocimiento del principio de seguridad jurídica entre «los
derechos naturales e imprescriptibles del hombre» por parte de la
Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, ha tenido como
lógica consecuencia conectar desde antiguo su estudio al nacimiento
del Estado liberal de Derecho y, por añadidura, al conjunto de principios
filosóficos, políticos y económicos que con base en el movimiento
ilustrado conforman dicha concepción del Estado. Entre estos
principios, interesa destacar, desde un punto de vista jurídico, el
relevante papel que se concede a la ley (tanto en su concepción de
voluntad general, como de razón ordenadora) como instrumento
garantizador de un trato igual (objetivo) de todos ante la ley, frente a las
frecuentes arbitrariedades y abusos del antiguo régimen. Lo que
equivale a afirmar, desde un punto de vista positivo, la importancia de la
ley como vehículo generador de certeza (aspecto positivo del principio
de seguridad jurídica); y desde un punto de vista negativo, el papel de
la ley como mecanismo de defensa frente a las posibles arbitrariedades
de los órganos del Estado (aspecto negativo del principio de seguridad
jurídica).9
81. Asimismo, sobre sus alcances la Segunda Sala de esta Suprema
Corte de Justicia de la Nación en la Jurisprudencia 2a./J. 144/2006,10
9
González, Eusebio y González, Teresa, Derecho tributario, Salamanca, Plaza Universitaria, 2004, pp. 27 y
28.
10
Jurisprudencia correspondiente a la Novena Época del Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta,
tomo XXIV, octubre de 2006, pág. 351, que dice:
GARANTÍA DE SEGURIDAD JURÍDICA. SUS ALCANCES. La garantía de seguridad
jurídica prevista en el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, no debe entenderse en el sentido de que la ley ha de señalar de manera
especial y precisa un procedimiento para regular cada una de las relaciones que se
entablen entre las autoridades y los particulares, sino que debe contener los elementos
mínimos para hacer valer el derecho del gobernado y para que, sobre este aspecto, la
autoridad no incurra en arbitrariedades, lo que explica que existen trámites o relaciones
que por su simplicidad o sencillez, no requieren de que la ley pormenorice un
procedimiento detallado para ejercer el derecho correlativo. Lo anterior corrobora que es
innecesario que en todos los supuestos de la ley se deba detallar minuciosamente el
procedimiento, cuando éste se encuentra definido de manera sencilla para evidenciar la
refirió que dicho principio no debe entenderse en el sentido de que la
ley debe contener los elementos mínimos para hacer valer el derecho
del gobernado y para que, sobre este aspecto, la autoridad no incurra
en arbitrariedades, lo que explica que, en diversas materias, existen
trámites o relaciones que por su simplicidad o sencillez, no requieren
de que la ley pormenorice un procedimiento detallado para ejercer el
derecho correlativo.
82. Las anteriores posturas permiten establecer que la seguridad jurídica,
en realidad es un principio operador de la función judicial que permite
a los ciudadanos prever las reglas que les serán aplicadas, así como,
conocer aquello que el ordenamiento jurídico ordena, prohíbe o
permite sin importar de la materia que se trate de regular. De ahí que
tal principio constriñe a que todas las autoridades judiciales adopten
decisiones con apoyo en reglas o leyes preexistentes y no con
fundamento en su propia voluntad.
83. La seguridad jurídica en los términos expuestos se vincula, a su vez,
con el principio de igualdad, al prescribir que todas las personas
recibirán la misma protección y trato de las autoridades. En efecto, si
las decisiones judiciales no fueran previsibles o las reglas y soluciones
adoptadas en el pasado resultaran cambiantes e inestables, los
ciudadanos no podrían esperar que el asunto que someten a la
jurisdicción sea resuelto de la misma forma.
forma en que debe hacerse valer el derecho por el particular, así como las facultades y
obligaciones que le corresponden a la autoridad.
84. Así las cosas, la seguridad jurídica es una condición necesaria para
garantizar
el
principio
de
igualdad
tutelado
también
constitucionalmente en múltiples preceptos, entre otros, en los
artículos 1°, 2º, Apartado B, 4º. 13, 14, 17, 20, apartado A, fracción V
(antes citado) y 123 apartado A, fracción VII, todos de la Constitución
Federal.
85. Por su parte, en relación al principio de igualdad jurídica, esta
Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el
amparo directo en revisión 1464/201311 sostuvo que el derecho
humano a la igualdad jurídica ha sido tradicionalmente interpretado y
configurado en el ordenamiento jurídico mexicano a partir de dos
principios: el de igualdad ante la ley y el de igualdad en la ley.
86. Del mismo modo, se dijo que el primer principio obliga, por un lado, a
que las normas jurídicas sean aplicadas de modo uniforme a
todas las personas que se encuentren en una misma situación y,
a su vez, a que los órganos materialmente jurisdiccionales no puedan
modificar arbitrariamente sus decisiones en casos que compartan la
misma litis, salvo cuando consideren que deben apartarse de sus
precedentes, momento en el que deberán ofrecer una fundamentación
y motivación razonable y suficiente.
87. Por lo que hace al segundo principio, se sostuvo que éste opera
frente a la autoridad materialmente legislativa y tiene como
objetivo el control del contenido de la norma jurídica a fin de
11
Fallado el 13 de noviembre de 2013 por unanimidad de Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de
Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y
Jorge Mario Pardo Rebolledo. Ponente: Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. Secretario: Miguel Antonio Núñez
Valadez.
evitar diferenciaciones legislativas sin justificación constitucional
o violatorias del principio de proporcionalidad en sentido amplio.
88. Asimismo, en el citado amparo directo en revisión también se precisó
que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no es
ajena a las desigualdades sociales, por lo que contiene diversas
protecciones jurídicas a favor de grupos sujetos a vulnerabilidad, a
través, por ejemplo, de manifestaciones específicas del principio de
igualdad, tales como la igualdad entre el varón y la mujer (artículo 4o.,
párrafo primero) y la salvaguarda de la pluriculturalidad de los pueblos
indígenas de manera equitativa (artículo 2o. apartado B).
89. La igualdad jurídica en nuestro ordenamiento constitucional protege
tanto a personas como a grupos, de ahí que se considere que el
derecho humano a la igualdad jurídica no sólo tiene una faceta o
dimensión formal o de derecho, sino también una de carácter
sustantivo o de hecho, la cual tiene como objetivo remover y/o
disminuir los obstáculos sociales, políticos, culturales, económicos o
de cualquier otra índole que impiden a ciertas personas o grupos
sociales gozar o ejercer de manera real y efectiva sus derechos
humanos en condiciones de paridad con otro conjunto de personas o
grupo social.
90. El citado amparo directo en revisión dio origen a la tesis 1a. XLI/2014
(10a.), 12 que dice:
12
Publicada en la Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Décima Época, Libro 3, Febrero de
2014, Tomo I, pág. 647.
DERECHO
HUMANO
A
LA
IGUALDAD
JURÍDICA.
RECONOCIMIENTO DE SU DIMENSIÓN SUSTANTIVA O DE HECHO
EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO MEXICANO. El derecho humano
a la igualdad jurídica ha sido tradicionalmente interpretado y
configurado en el ordenamiento jurídico mexicano a partir de dos
principios: el de igualdad ante la ley y el de igualdad en la ley (los
cuales se han identificado como igualdad en sentido formal o de
derecho). El primer principio obliga, por un lado, a que las normas
jurídicas sean aplicadas de modo uniforme a todas las personas que se
encuentren en una misma situación y, a su vez, a que los órganos
materialmente jurisdiccionales no puedan modificar arbitrariamente sus
decisiones en casos que compartan la misma litis, salvo cuando
consideren que deben apartarse de sus precedentes, momento en el
que deberán ofrecer una fundamentación y motivación razonable y
suficiente. Por lo que hace al segundo principio, éste opera frente a la
autoridad materialmente legislativa y tiene como objetivo el control del
contenido de la norma jurídica a fin de evitar diferenciaciones
legislativas sin justificación constitucional o violatorias del principio de
proporcionalidad en sentido amplio. No obstante lo anterior, debe
destacarse que la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos no es ciega a las desigualdades sociales, por lo que
contiene diversas protecciones jurídicas a favor de grupos sujetos a
vulnerabilidad, a través, por ejemplo, de manifestaciones específicas
del principio de igualdad, tales como la igualdad entre el varón y la
mujer (artículo 4o., párrafo primero) y la salvaguarda de la
pluriculturalidad de los pueblos indígenas de manera equitativa (artículo
2o. apartado B). Así, la igualdad jurídica en nuestro ordenamiento
constitucional protege tanto a personas como a grupos. De ahí que se
considere que el derecho humano a la igualdad jurídica no sólo tiene
una faceta o dimensión formal o de derecho, sino también una de
carácter sustantivo o de hecho, la cual tiene como objetivo remover y/o
disminuir los obstáculos sociales, políticos, culturales, económicos o de
cualquier otra índole que impiden a ciertas personas o grupos sociales
gozar o ejercer de manera real y efectiva sus derechos humanos en
condiciones de paridad con otro conjunto de personas o grupo social.
91. Pues bien, una vez que se han desarrollado los principios de
seguridad e igualdad jurídica, ahora se procederá al estudio de la
norma tildada de inconstitucional, con la finalidad de verificar si en
efecto, ésta vulnera tales principios.
92. El artículo 95 del Código Federal de Procedimientos Penales dice:
Artículo 95.- Las sentencias contendrán:
I.- El lugar en que se pronuncien;
II.- La designación del tribunal que las dicte;
III.- Los nombres y apellidos del acusado, su sobrenombre si lo tuviere,
el lugar de su nacimiento, nacionalidad, edad, estado civil, en su caso el
grupo étnico indígena al que pertenece, idioma, residencia o domicilio, y
ocupación, oficio o profesión.
IV.- Un extracto breve de los hechos exclusivamente conducentes a los
puntos resolutivos del auto o de la sentencia en su caso, evitando la
reproducción innecesaria de constancias.
V.- Las consideraciones, fundamentaciones y motivaciones legales de
la sentencia; y
VI.- La condenación o absolución que proceda, y los demás puntos
resolutivos correspondientes.
93. Al realizar el estudio correspondiente de dicha norma, se aprecia que
ésta no vulnera el principio de seguridad jurídica, pues su contenido
obliga al juzgador de primera y segunda instancia dentro del proceso
penal federal a mencionar el lugar en el que se pronuncien sus
sentencias, la designación del tribunal que las dicte, los datos del
acusado,
un
extracto
de
los
hechos,
las
consideraciones,
fundamentaciones y motivaciones legales que sustenten la condena o
absolución, así como los puntos resolutivos en donde deberá reflejarse
su determinación.
94. En este sentido, dicho precepto lejos de producir inseguridad jurídica o
evitar que se dicte una sentencia de fondo como lo afirma el quejoso,
establece los requisitos formales que deben contener todas las
sentencias, pues determina qué información es mínimamente
necesaria para que todas las sentencias sean claras y precisas,
permitiendo que se efectivice el principio de seguridad jurídica, con lo
cual permite a las parte del proceso conocer las razones y
fundamentos legales de la actuación de la autoridad judicial federal.
95. De esta manera, es claro que dicho precepto de ninguna manera
ocasiona la aplicación arbitraria como aduce el quejoso en sus
conceptos de violación; por el contrario, marca los requisitos formales
que todas las sentencias deben de contener, evitando que el juzgador
actúe arbitraria y discrecionalmente.
96. Lo anterior, porque exige a los jueces y magistrados del proceso penal
federal que razonen sus fallos y los emitan resolviendo todas las
cuestiones planteadas, lo que impide que dejen de resolver sobre lo
que les ha sido propuesto, o bien, que se conduzcan con arbitrariedad,
al constreñirlos a exponer los fundamentos y motivos por los cuales
resolvieron en determinado sentido, brindando a los justiciables la
posibilidad de combatir las sentencias de dicha autoridades a través
del recurso correspondiente.
97. De hecho, las exigencias establecidas en el artículo 95 del Código
Federal de Procedimientos Penales son acordes a la interpretación
que esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
sostuvo en la Jurisprudencia 1ª./J. 139/2005,13 que dice:
FUNDAMENTACIÓN Y MOTIVACIÓN DE LAS RESOLUCIONES
JURISDICCIONALES, DEBEN ANALIZARSE A LA LUZ DE LOS
13
Publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, Tomo XXII, Diciembre de
2005, pág. 162.
ARTÍCULOS 14 Y 16 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS
ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, RESPECTIVAMENTE. Entre las
diversas garantías contenidas en el segundo párrafo del artículo 14 de
la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sustento de
la garantía de audiencia, está la relativa al respeto de las formalidades
esenciales del procedimiento, también conocida como de debido
proceso legal, la cual se refiere al cumplimiento de las condiciones
fundamentales que deben satisfacerse en el procedimiento
jurisdiccional que concluye con el dictado de una resolución que dirime
las cuestiones debatidas. Esta garantía obliga al juzgador a decidir las
controversias sometidas a su conocimiento, considerando todos y cada
uno de los argumentos aducidos en la demanda, en su contestación,
así como las demás pretensiones deducidas oportunamente en el
pleito, de tal forma que se condene o absuelva al demandado,
resolviendo sobre todos los puntos litigiosos materia del debate. Sin
embargo, esta determinación del juzgador no debe desvincularse de lo
dispuesto por el primer párrafo del artículo 16 constitucional, que
impone a las autoridades la obligación de fundar y motivar debidamente
los actos que emitan, esto es, que se expresen las razones de derecho
y los motivos de hecho considerados para su dictado, los cuales
deberán ser reales, ciertos e investidos de la fuerza legal suficiente para
provocar el acto de autoridad. Ahora bien, como a las garantías
individuales previstas en la Carta Magna les son aplicables las
consideraciones sobre la supremacía constitucional en términos de su
artículo 133, es indudable que las resoluciones que emitan deben
cumplir con las garantías de debido proceso legal y de legalidad
contenidas en los artículos 14 y 16 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos. Así, la fundamentación y motivación de una
resolución jurisdiccional se encuentra en el análisis exhaustivo de los
puntos que integran la litis, es decir, en el estudio de las acciones y
excepciones del debate, apoyándose en el o los preceptos jurídicos que
permiten expedirla y que establezcan la hipótesis que genere su
emisión, así como en la exposición concreta de las circunstancias
especiales, razones particulares o causas inmediatas tomadas en
consideración para la emisión del acto, siendo necesario, además, que
exista adecuación entre los motivos aducidos y las normas aplicables al
caso.
98. De igual modo, el estudio de la citada norma también permite
establecer que ésta tampoco vulnera el principio de igualdad
jurídica, porque la misma está redactada de forma general, es decir,
no contiene un mensaje que se repute como discriminatorio contra un
grupo en específico, por lo que no puede sostener que ésta deriva o
produce la aplicación desigual de la ley y menos en perjuicio de la
parte imputada dentro del proceso penal, pues la igualdad implica, por
un lado, a que las normas jurídicas sean aplicadas de modo uniforme
a todas las personas que se encuentren en una misma situación; y por
el otro,
la eliminación de distinciones o exclusiones arbitrarias
prohibidas por la Constitución.14
99. De ahí que tampoco pueda establecerse que tal norma permite la
aplicación desigual entre las partes del proceso penal federal y menos
aún que produzca que los órganos jurisdiccionales emitan sentencias
arbitrarias como lo sostiene en sus conceptos de violación el quejoso,
de ahí que estos deban estimarse infundados.
14
Resulta aplica en la parte relativa la tesis aislada 1ª. CCCLXXXIV/2014, de esta Primera Sala, publicada en
la Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Décima Época, Tomo I, Noviembre de 2014, pág. 720, del
rubro: “IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN. NOTAS RELEVANTES QUE EL OPERADOR DE LA NORMA
DEBE CONSIDERAR AL EXAMINAR LA CONSTITUCIONALIDAD DE UNA MEDIDA A LA LUZ DE
DICHOS PRINCIPIOS, FRENTE A LAS LLAMADAS "CATEGORÍAS SOSPECHOSAS", A FIN DE NO
PROVOCAR UN TRATO DIFERENCIADO O UNA DISCRIMINACIÓN INSTITUCIONAL”.
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