logicismo en el derecho contractual

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LOGICISMO EN EL DERECHO CONTRACTUAL
Las reformas que hubieron de hacerse al antiguo Código Civil del
84 para transformarlo en el Código Civil vigente, están inspiradas en
un concepto logicista de la ciencia jurídica del tipo del "derecho puro"
de Hans Kelsen; lo cual hasta cierto punto era natural; ya que en la
época en que se efectuaron tales reformas, el logicismo constituía la
ten.dencia filosófica más novedosa y la que por consiguiente estaba d e
turno", al menos dentro del círculo de nuestra intelectualidad más
avanzada y tomando en cuenta el hecho de que las "teorías" de origen
europeo afectan nuestra cultura 50 ó 60 años después de surgidas y
cuando muchas veces están ya desplazadas o superadas por otras nuevas.
En ese concepto Kelseniano del derecho existen también mezclados
algunos resabios de las doctrinas socialistas y de la escuela histórica
del derecho; todo lo cual se hizo necesario en un movimiento reformista con finalidades a substituir los principios individualistas del ldberalismo, por otros más en consonancia con los intereses preferentes
de la colectividad; sin desconocer tampoco que en el cruce de estas
nuevas concepciones subsisten, para las disposiciones no modificadas
del Código Civil, las viejas doctrinas jusnaturalistas, psicologistas y
analíticas del liberalismo jurídico inspiradoras del Código de Napoleón.
El defecto capital de todas las concepciones logi&stas está en la
despreocupación absoluta del contenido concreto de la norma jurídica,
para tomar en cuenta sólo su idea o aspecto formal que unido a la mera
fuerza coercitiva impuesta por la autoridad, integra la esencia misma
de dicha norma; y así es como paradójicamente se ha dicho que en la
escuela jurídica de Kelsen la justicia nada tiene que ver con el derecho;
por ser tanto aquélla como la Etica en general cuestiones de orden
extra-jurídico; corriéndose con ello grave peligro de perder para siempre el principio de la justificación del derecho.
N o es de admirar por consiguiente, que tales concepciones logicistas entren desde luego en confkcto con la realidad: ya que como
teoría pura se mantienen en los dominios de lo general y de lo abstracto, despreciando el aspecto histórico-concreto, creador y rico de
contenido empírico y cuyas raíces se ahondan en la vida misma y cuyos
múltiples problemas prácticos en manera alguna son derivables o determinable~lógicamente. Las teorías jurídicas que se dejan deslumbrar
por esta ilusión de una idea formal, al ser apkcadas resultan estériles,
vacías de sentido y en abierta contradicción con los hechos; y esto por
mucho que se adelanten a sus propias hipótesis; ya que si no puede ni
siquiera hablarse de un predominio de la teoría científica sobre la ex44
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periencia práctica en general y muy especialmente e n las ciencias filosófico-in.ductivas. menos aún podrá prevalecer el aspecto logicista d e
la norma ética sobre su contenido real; pues las obligaciones nunca
son meras fórmulas estructurales, sino mu por el contrario, son vínculos, lazos o relaciones pletóricas de signi icación concreta.
En materia de contratos es donde con más intensidad tenía que
percibirse la influencia de una concepción logicista del derecho; allí
las estipulaciones contractuales se asemejan y equiparan a otras tantas
normas jurídicas iguales a las dictadas por el legislador; debiendo separarse cuidadosamente el aspecto declarativo del ejecutivo; pues así
como con las leyes es primero el precepto y después su aplicación,
así también. en toda norma, aún de origen contractual, surge primero
el efecto obligatorio y en seguida su cumplimiento: mas como en aquel
está la forma y en éste último el contenido, la preferencia del sistema
jurídico tiende a agotarse en el aspecto abstracto, reglamentando únicamente la citada forma del contrato; sin preocuparse para nada del
aspecto concreto.
N o cabe duda que una buena legislación civil, colocada en el centro mismo de la realidad, procura delimitar los diversos intereses en
pugna o en simpie concurrencia de la manera más absoluta, completa,
expedita y definitiva, de acuerdo siempre con el hecho efectivo, material y concreto que genera las obligaciones; reglamentando no sólo
su forma sino también su deb,ido cumplimiento.
En México, el contrato de mutuo, por ejemplo, empíricamente hablando, es por lo general un contrato real, alejarse de esta verdad tan
simple y tan sencilla, equivale a introducir complicaciones artificiales
e innecesarias y a veces hasta perjudiciales; en efecto, el contrato que al
configurarse queda consumado y ejecutado, trae tranquilidad a las partes y evita con.flictos posteriores, aunque estos últimos no sean más
que de simple interpretación; y así es como de hecho muchos contratos
de mutuo siguen verificándose a la manera antigua, para no alejarse de
la realidad y na desconocer o mistificar el hecho concreto mismo que
se acaba de configurar.
Sin embargo, no sólo inconvenientes trae consigo un concepto loicista del derecho, pues éste último tien.e tamhién sus cualidades y
Easta sus ventajas; ya que, desapareciendo el elemento material del
contrato, se abren horizontes ilimitados en la libertad de su estructuración; y todo el derecho contractual se vuelve más fluído, dúctil y
flexible, porque en la constitución del convenio se opera sólo sobre
conceptos y no se tiene que vencer la resistencia y la inmutabilidad del
hecho concreto; y así es como irónicamente se ha dicho que en el sistema Kelseniano se pueden crear toda clase de maravillas"; en efecto,
hay contratos de compra-venta con reserva de dominio, contratos de
compra-venta que se convierten en arrendamientos, mandatos onerosos
e irrevocables, depósitos sin la entrega inmediata de la cosa, mutuo
consensual, garantía prendaria "sin soltar prenda", derecho del tanto
con acción de nulidad, sin retracto y demás novedades por el estilo.
Por otra parte un alto índice en la educación cívica del pueblo y
r
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el hábito de la buena fe en los convenios, unido a una eficiente e
ilustrada administración de justicia, contribuirían también a suavizar los
defectos del sistema jurídico logicista, prefirién.dolo al casuísmo rígido
y cerrado de otros sistemas.
El impacto de estas doctrinas en relación a las funciones notariales,
obliga también a estas últimas a colocarse a la altura de la nueva legislación y a que se vayan modificando, en consecuencia, las viejas fórmulas consagradas, creando, de ser necesario, otras en substitución de las
antiguas; pero tomando siempre muy en. cuenta que el notario tiene
funciones de fe pública, no solamente para certificar la configuración
de un contrato, sino también para dar fe de su cumplimiento.
Por lo demás, si la ley sanciona los contratos para que se cumplan, claro es que, cuanto más pronto queden ejecutados, será mejor;
de donde surge la conveniencia de que, al configurarse el convenio, se
haga constar también su cumplimiento, cuando naturalmente sea posible, ipso-facto y ex-contrato.
La fórmula que acaso convendría adoptar, por ejemplo, en el mutuo, sería la de hacer constar que el mutuante se obliga a dar en concepto de mutuo al mutuatario, quien acepta y en cumplimiento de tal
obligación recibe, en este mismo acto, tal o cual cantidad en. especie,
etc., etc., abarcando así no únicamente el aspecto declarativo del convenio, sino también su aspecto ejecutivo.
Lo mismo podría decirse, tal vez, de la compra-venta, cuya actual
definición en el Código Civil, no contiene todos sus elementos natu,rales, como son los declarativos y traslativos, que, en. la práctica, caSi
siempre se dan juntos, pudiendo adoptarse, verbi-gracia, la fórmula
de que: Marcos se obliga a trasladar el dominio, dando en venta real
a Cayo, la finca materia del contrato, quien a su vez la compra y
adquiere para sí, obligándose a pagar el precio: en cumplimiento de
cuyas obligaciones, éste último se da por recibido de dicha finca, entregando al vendedor, en este mismo acto, la cantidad de tan,to más cuanto, en concepto del precio estipulado, etc., etc.
Tanto en uno como en otro de estos dos casos, parecería también
oportuno que mediante cláusula especial, las partes tuvieran por ejecutadas y cumplidas a su entera satisfacción las obligaciones cierivadas del convenio, haciendo las renuncias que se estimaren procedentes.
De todas maneras e independientemente de tales sugestiones, no
debe perderse de vista que toda reforma jurídica trae consigo nuvos
y múltiples problemas que no pueden ser aplicados ni interpretados de
manera expedita por faIta de precedentes y que, por ende, tales reformas deben quedar sujetas a la crítica jurídica para irlas desbrozan.do
y armonizando a la luz de los nuevos principios, sobre todo cuando
éstos se enfrenten, como sucede en las funciones notariales, con el
enemigo más terrible que tiene toda teoría, como es el hecho práctico
y concreto.
Gómez Palacio, Dgo., a 30 de agosto de 1961
LIC. GENARO MIJARES
Not. Púb. No. 10
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