Chile: ¿Revolución en libertad? - Artículo PDF

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peronismo.
Algunos oficiales de la Marina denunciaron ante sus superiores, que el general Rauch estaba
conspirando y había intentado seducirlos con las formas y metas de la conspiración. Esta
denuncia de oficiales de la Marina apareció como la única novedad en el frente militar. El resto
parecía estar tranquilo.
CHILE; ¿REVOLUCIÓN EN LIBERTAD?
La revolución
cubana se hizo
con sabor a
azúcar y gusto a
ron; en Chile la
haremos con
sabor a
empanada y
gusto a vino
tinto.
Del otro lado de la cordillera, nuestros hermanos chilenos se aprestaban a concurrir a las urnas.
Por primera vez en América Latina, cabía la posibilidad de que el marxismo arribase al poder a
través de la vía electoral. Los ojos del mundo miraban con interés e inquietud (según quién
miraba) cómo se desarrollaban los acontecimientos. Los resultados en el pequeño pueblo de
Curicó, donde la derecha venía ganando sin problemas, fueron un motivo para las
especulaciones. El Frente Democrático, integrado por conservadores, liberales y radicales, fue
vencido por primera vez en el pueblo, por el frente de izquierdas. AI conocer los resultados,
Salvador Allende, candidato del FRAP, gritó exultante: "en Curicó, la historia de Chile la
empezaron a escribir quienes no saben escribir". Eduardo Frei por su parte, candidato de la DC,
no se cansaba de repetir, "nosotros vamos a hacer una revolución en libertad, la mía es la mejor
izquierda". Tanto Allende como Frei, gozaban de gran prestigio personal y político, eran los
líderes indiscutidos de sus partidos. Ambos eran senadores y profesionales provenientes de la
clase media. En un reportaje reproducido por "Primera Plana" (23-6-64) Allende sostuvo:
"estamos usando los moldes burgueses para tomar el poder y hacer un gobierno popular. No
vamos a usar el paredón. Será una revolución en profundidad. Castro me dijo: 'no creo que
ustedes sean capaces de hacer lo que nosotros hicimos'; yo le aseguré que sí. Debo decir que si yo
hubiese nacido en Cuba me habría unido a Fidel sin dudar un solo momento. Allí el instrumento
hubiera sido el fusil. Pero aquí es distinto. La revolución cubana se hizo con sabor a azúcar y gusto
a ron; en Chile la haremos con sabor a empanada y gusto a vino tinto. Jamás he renegado de mi
lealtad a la revolución cubana y mi adhesión al primer territorio libre de América". En el mismo
reportaje también opinaron figuras de la DC. Todos los chilenos coincidían en opinar y afirmar
que si ganaba Allende, Frei seria su mayor sostenedor. "Con nuestro triunfo se le termina al PC
una salida histórica. ¿Qué pueden pensar Allende y sus amigos de un gobierno que en seis años
les destruye todas sus banderas al hacer una verdadera revolución?"... y agregó R. Fuentealba,
presidente de la DC:... "los líderes del FRAP están embarcados en una maniobra antipatriótica y
contraria al interés de Chile; impedir la unidad de los trabajadores que necesitará el próximo
gobierno de Eduardo Frei para realizar los cambios de estructuras en democracia y libertad. ¿Es
que quieren hacer de Chile una nueva Venezuela, empleando la violencia sistematizada contra el
gobierno? Con un afán egoísta podemos decirle que sigan con tales métodos porque los trabajadores dirán que votarán por Allende porque tienen miedo, pero se inclinarán hacia nuestro
movimiento".
El miedo estaba ya presente en todos los chilenos. Miedo a la violencia que ya practicaban los
grupos ultras del allendismo. Miedo a las represalias que ya insinuaba la derecha, una derecha
que en muy pocos años había perdido toda posibilidad electoral y se resistía a ello. La pérdida de
votos les cerraba el camino hacia el gobierno por la vía democrática; esa vía que no se cansan de
exaltar. Algo era seguro. Chile había cambiado. Tanto Frei como Allende habían prometido una
revolución, término que por supuesto no era utilizado por conservadores, liberales o radicales. La
revolución de Frei, "en libertad", la de Allende, "marxista". Chile iniciaba una nueva, inédita
etapa. Nadie podía afirmar en esos momentos cómo continuaría. Nosotros que estamos
haciendo un "racconto" adelantamos algunos capítulos más, aunque no cerramos la historia.
Primero ganó Frei. Allende venció seis años después. La derecha no lo aceptó. Volvieron en los
fusiles y en los tanques de Pinochet. En septiembre de 1973, Chile, como después la Argentina
comenzó a vivir una larga y trágica noche.
Otro país hermano, Uruguay, estaba agotando ya su sistema colegiado. El viejo sistema de
Blancos y Colorados estaba debilitado, sin fuerzas, sin propuestas ante el escepticismo del
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pueblo.
Por primera vez en decenas de años los uruguayos comenzaron a escuchar la temida frase "golpe
de Estado". Las tensiones sociales crecían. Nadie parecía tener respuesta. La violencia se
preparaba para dar la suya... Los desencuentros marcaban la historia. Desencuentros dados en
las ideas, en las formas de vida. Pocos se mostraban dispuestos a discutir o negociar. La agresión
era el signo predominante. Las injusticias se agigantaban, porque el que tenía poder tanto
económico como político, no aceptaba compartirlo. Había poco para compartir. Quien no lo tenía
y era consciente de esa situación reclamaba su parte. Esta concepción o visión de las cosas,
desembocó siempre en enfrentamientos, más tarde o más temprano. Los hechos que suceden a
nuestro alrededor comienzan a presionar sobre distintos actos de la comunidad. Algunos
observaban el episodio cubano y se preguntaban, ¿no será aplicable aquí? ¿Por qué no
probamos? ... Otros sobre el mismo episodio piensan; ¿cómo evitar que eso suceda aquí? Nuevas
ideas (o presiones) se suman a las ya propias de la comunidad que uno integra. No es fácil
discernir qué cosas son válidas para los argentinos del modelo cubano o somocista (¿o sí?) por
usar puntos extremos. Además no hay unanimidad.
En nuestro país (y también en Latinoamérica) fueron marcándose con mayor nitidez las clases
"político-sociales".
NUESTRA SOCIEDAD SE RADICALIZA
Comenzamos a utilizar con mayor frecuencia términos como ultraizquerda, ultraderecha,
centroizquierda, izquierda-izquierda, etc. Estos valores no se mencionaban hasta mucho
después de la primera experiencia del peronismo.
Antes del peronismo el país era conservador-radical, y pequeños grupos socialistas. Después, la
incorporación del peronismo polarizó las cosas, peronismo-radicalismo, algo de socialismo,
comunismo y conservadurismo. De pronto empezaron las diferencias: "el ala izquierda del
radicalismo", los "grupos ultras del peronismo", "el peronismo es centro izquierda", etc.
Nuestros sectores sociales no están estratificados como en Europa. La movilidad política en el
viejo continente es poca. Veamos por ejemplo Gran Bretaña, desde hace muchos decenios,
conservadores y laboristas se alternan en el poder. Además, si bien reconocemos que hay
diferencias entre ambos partidos no son tan grandes como las que se plantean en nuestra
América Latina. Lo mismo podemos decir de la social democracia y democracia cristiana en
Alemania, e incluso las particulares formas que asume el comunismo en esta región, que ha
renunciado a la "dictadura del proletariado”. Los "desajustes sociales" en estos países, son
infinitamente menores que en Latinoamérica. Las diferencias se plantean en reformar algunas cosas y ajustar otras; por ello los grupos ultras o contestatarios como gustan llamarse no logran
adherencia importante en números. Apenas si son seguidos por reducidos grupos, altamente
fanatizados. Europa casi no tiene analfabetos (nos referimos a los países con alto grado de
desarrollo), su cobertura asistencial es buena, la gran mayoría de sus habitantes tienen acceso a
un nivel de educación y alimentación también aceptable. En nuestra región nada de ésto se da.
Gran tasa de analfabetismo, de mortalidad infantil, etc.
Europa necesita ajustar. Nosotros necesitamos crear; en algunos países se necesita empezar
desde cero. Tenemos imperiosa necesidad de cambiar las estructuras vigentes. La rutina con
ajustes puede valer para Europa. Para nosotros no. Aceptar la rutina es negar el futuro.
Latinoamérica necesita crecer a pasos agigantados. Este crecer (o desarrollarse) engendra
temores, porque para desarrollarse hay que producir cambios, y profundos. Nos dividimos entre
quienes reclamamos enérgicamente el cambio y los que proponen conservar las cosas tal cual.
Así no es posible el diálogo. Un conservador y un laborista en Gran Bretaña están infinitamente
más cerca en sus posiciones que un conservador y un peronista. En Italia se habla como si tal cosa
sobre el "compromiso histórico", y en innumerables gabinetes, fueron integrados socialistas y
cristianos. ¿Podríamos imaginarnos en nuestro país un gabinete integrado por Hardoy y Cueto
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