Acumulación mundial centralizada - Red Internacional de Migración

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Acumulación mundial centralizada
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Como respuesta a la crisis del capitalismo de los años setenta del siglo pasado se despliega una estrategia global de acumulación centralizada que
configura nuevas modalidades de generación y apropiación de riqueza. Los
grandes monopolios y oligopolios acceden a fuentes de ganancia extraordinaria, al tiempo en que la arquitectura de poder transnacional congrega los
intereses del capitalismo euroestadounidense representados por sus instancias políticas, diplomáticas y militares.
La acumulación mundial centralizada conjuga todas las partes del planeta en un sistema mundial capitalista, cuya característica más notable es el
desarrollo desigual, que más allá del supuesto atraso de unos países frente
a otros, representa una exigencia de la propia acumulación de capital. El
desarrollo desigual se entiende como la articulación de un sistema de
acumulación mundial y un sistema de poder que producen la diferenciación
entre países centrales o desarrollados y países periféricos o subdesarrollados. El desarrollo desigual comporta un proceso histórico de polarización
económica, social y política entre regiones, países y clases derivada de la dinámica de acumulación capitalista centralizada, la división del trabajo, la
estructura de poder y la lucha de clases en distintos ámbitos espaciales y
niveles jerárquicos. Entonces se expanden las desigualdades sociales expresada por la concentración de capital, poder y riqueza en manos de una
pequeña élite capitalista confrontada a un abundante proceso de despojo,
explotación y pobreza que constriñe paulatinamente las condiciones de vida
y trabajo de la mayoría de la población.
Las grandes empresas transnacionales, que también tienen la capacidad
de articular capital de diversas regiones del mundo, se valen de los meca-
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nismos del intercambio desigual para afianzar su poder. Ante la caída tendencial de la tasa de ganancia y las crisis recurrentes del capitalismo, la
respuesta ha sido expandir las fronteras del capital. En otro tiempo se trataba de conquistar territorios, pero ahora el propio capital respalda los
procesos de descolonización. El capital financiero aflora como predominante y la extracción del sobreproducto se conduce por medios financieros, por
ejemplo vía pago del servicio de la deuda, tasa de intereses, paraísos fiscales,
etcétera, o por medios jurídicos, como las reglas de la omc, los programas
de ajuste estructural y el establecimiento de “zonas de libre comercio”,
como el tlcan. Como nunca, incluso en los años aciagos de la colonización,
las metrópolis del norte extrajeron tanta riqueza de sus periferias del sur.
Entre los principales características de la acumulación mundial centralizada se encuentran las siguientes:
1) Cadenas globales de capital. Para afianzar la expansión mundial del capital
se configuran cadenas globales de producción, finanzas, comercio e inversión. El resguardo territorial de ese despliegue son los bloques económicos regionales, como la Unión Europea o el tlcan. Esta estrategia
articula una acumulación basada en el predominio de los monopolios y
oligopolios transnacionales. Las economías periféricas son obligadas a
reinsertarse a la economía mundial mediante el previo desmantelamiento de los modelos de desarrollo nacional. No obstante, esta pauta ha
sido sobrestimada por los globalistas que se detienen en describir los
flujos de mercancías, capitales, inversiones, información y personas
como el fundamento de la llamada globalización. Por una parte, está el
enfoque financista, que pone el acento en el comando del capital financiero, su volatilidad y juegos especulativos y las crisis recurrentes; por
otra parte, quienes se centran en la conformación de cadenas globales
de capital que desplaza fases del proceso productivo a escala planetaria;
pero también están quienes se refieren a la globalización como el ascen-
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so del comercio internacional y la caída de las barreras arancelarias
mediante el establecimiento de zonas o acuerdos de “libre comercio”.
2) Sistema de poder transnacional. El nuevo imperialismo es articulado por un
agente colectivo del capital —el imperialismo colectivo— que aglutina
al gran capital conformado por monopolios y oligopolios transnacionales, los gobiernos de los países centrales euroestadounidenses y asiáticos, las organizaciones financieras internacionales y las organizaciones
reguladoras del comercio internacional, los grandes medios de comunicación de masas y los académicos del mainstream. La arquitectura de
poder transnacional articula los intereses del capital, el gobierno y sus
instituciones, que se respalda en un gobierno supranacional conformado por la junta de gobiernos centrales de la tríada integrada por Estados
Unidos, Unión Europea y Japón. A pesar de que se ha cuestionado su
hegemonía, Estados Unidos constituye la superpotencia del mundo.
Éste ha fungido como el país hegemón: controla las operaciones de la
mayoría de las empresas transnacionales, domina las instituciones financieras internacionales, ejerce un dominio monetario mediante la imposición del dólar como divisa internacional y tiene bases militares en 121
países del mundo. Además rechaza el grueso de tratados internacionales
(como el protocolo de Kioto sobre el clima, el Tribunal Penal Internacional, las minas antipersonales, el trabajo de los niños, la prohibición
de armas químicas y biológicas, el derecho de los migrantes, etcétera).
No obstante, está en discusión si Estados Unidos está perdiendo la hegemonía mundial, ante el surgimiento de otras potencias capitalistas,
como China. En respaldo a esa estrategia se configura una arquitectura
de poder transnacional que militariza las relaciones internacionales,
controla los mecanismos político-diplomáticos, impone políticas de
ajuste estructural en la periferia y concentra los medios masivos de comunicación que colonizan la subjetividad de la población. Algunas instancias representativas son el Grupo de los 8 (G-8), el Foro Económico
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Mundial, la ocde y la otan, pero también las instituciones financieras
internacionales (bm, fmi).
3) Estado neoliberal. El Estado es acusado de ineficiente, corrupto y un obstáculo para el desarrollo. La responsabilidad social del Estado, que
pretende cubrir el salario social, redistribuir el ingreso y preservar los
bienes comunes y bienes de la nación, es señalada como populismo,
como una política que contraviene al mercado, el agente del desarrollo.
Ahora el Estado debe mercantilizar recursos públicos y comunitarios, y
privatizar los servicios públicos. El capital necesita el respaldo del Estado a fin de asegurar la propiedad y las ganancias, y generar condiciones adecuadas para la acumulación, como exención de impuestos, infraestructura, formación de fuerza de trabajo, etcétera. En épocas de
crisis, para afrontar problemas como la sobreproducción y el subconsumo, amén del traspaso de fondos públicos a manos privadas mediante programas de “rescate”, estos dispositivos se refuerzan mediante el
dirigismo político, que recurre a la militarización y golpe de Estado. Los
organismos financieros internacionales, como bm y fmi juegan un papel
importante para respaldar el proyecto neoliberal.
4) Política de ajuste estructural. Con base en el Consenso de Washington, el
Foro Económico Mundial y las prescripciones del bm, el fmi y la omc, se
impone un paquete de medidas macroeconómicas, privatización, liberalización comercial y desregulación, entre otras que benefician a las
grandes corporaciones. Estas políticas neoliberales conciben al mercado
como el agente del desarrollo.
5) Flexibilización laboral. El ataque sistemático en contra de las condiciones
generales de vida y trabajo tiene el objetivo de incrementar la transferencia de valor del trabajo al capital y de vulnerar políticamente a los
sectores laborales organizados. El régimen de trabajo barato e inseguridad laboral se imponen. En tanto que el desempleo estructural genera
una sobreoferta mundial de trabajo flexible, barato y desorganizado que
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es aprovechado por el capital, incluso en condiciones de superexplotación, tanto en los lugares de origen, en las periferias, como en los centros industriales, a través de la migración laboral forzada.
6) Subsunción del trabajo científico-tecnológico. La innovación tecnológica y la
aplicación del conocimiento científico para esos fines opera como un
requisito de la acumulación de capital y como una contratendencia de
la disminución de la tasa de ganancia. Los ahorros en el uso del capital constante intensifican, por otra parte, el uso de la parte variable del
capital. Algunos autores consideran que la revolución tecnológica actual constituye un cambio histórico o una nueva era, cuando en realidad
se trata de un proceso de restructuración del capitalismo mundial, luego del agotamiento del largo ciclo expansivo de la economía mundial
desde el periodo de la posguerra y ante la irrupción de la crisis sistémica, que genera un cambio en el patrón de acumulación de los países
desarrollados y subdesarrollados y se acompaña de una política apropiada,
como es el caso del neoliberalismo. Algo similar ocurre con la nanotecnología, cuyo advenimiento anticipa para muchos analistas una nueva
revolución tecnológica y un cambio significativo de la sociedad contemporánea. En muchos de estos análisis se le atribuye un cariz neutral a los
avances científicos y tecnológicos, desprovistos de todo contenido político, y se omiten los fundamentos persistentes de la sociedad capitalista:
explotación, acumulación, despojo y desigualdad. Otra cosa significa
dilucidar los usos sociales de los avances tecnológicos con miras al desarrollo popular. La generación de nuevas tecnologías de la información
y la comunicación, aunado a los procesos de innovación en biotecnología, microelectrónica, nuevos materiales y nanotecnología. La peculiaridad de este proceso es que por primera vez avanza para alcanzar la
subsunción real del trabajo científico-tecnológico. Diversos mecanismos contribuyen a ese propósito, como el sistema de patentes, que
afianza la renta tecnológica; la maquila tecnológica, que controla el tra-
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bajo científico en la periferia; la inmigración que permite la apropiación
de fuerza de trabajo altamente calificada. La innovación tecnológica
permite generar nuevas fuentes de ganancia extraordinaria para las
grandes corporaciones, refuerza el proceso de concentración de capital,
profundiza la dependencia tecnológica de la periferia y acentúa la tendencia al desempleo estructural.
7) Militarización. El orden jurídico internacional, las relaciones diplomáticas entre países soberanos y las instancias de negociación multilaterales
se subordinan a los intereses del capitalismo euroestadounidense que se
imponen por la vía armada. En tanto que Estados Unidos pierde hegemonía, afianza su poderío militar para asegurar abastos de recursos
naturales estratégicos, como el petróleo, y para garantizar el control
geopolítico de diversas regiones del planeta. La invasión militar a Irak y
Afganistán constituyen un ejemplo del despliegue imperialista en países
periféricos. En algunos casos existe una intervención de facto, como en
Colombia, con el pretexto del combate a grupos subversivos. Mientras
tanto, el sistema de Naciones Unidas y el orden jurídico internacional
pierden relevancia como mecanismos de deliberación internacional para
solventar los conflictos internacionales y abrir avenidas para el desarrollo de las naciones. La hegemonía política, económica y cultural de las
grandes potencias capitalistas del orbe, comandadas por Estados Unidos, tienen un sustrato militar evidente que sigue la pauta del nuevo
imperialismo. Estados Unidos ha impuesto, por ejemplo, su estrategia
de “guerra preventiva” con el doble propósito de emprender guerras de
conquista en territorios ricos en recursos naturales, como el petróleo
en el caso de Irak, al tiempo en que alerta a posibles regímenes políticos
disidentes de los riesgos que afrontan al contravenir los grandes intereses estadounidenses. En este renglón no hay legalidad ni diplomacia
internacional que valga.
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8) Hegemonía cultural. La producción de ideas, valores y mercancías culturales en los países centrales se ha convertido en un instrumento de disuasión, seducción y consenso para amplios sectores de la población de
las regiones subdesarrolladas. Es el caso de los patrones de consumo,
el cine de Hollywood, la literatura, la música, la democracia liberal, el
pensamiento posmoderno y las pautas conductuales introyectadas en la
juventud inerte y maleable.
9) Apropiación de valor y recursos del mundo subdesarrollado. Los países desarrollados basan, en alguna mediada, sus patrones de reproducción del capital en la extracción de valor y recursos naturales y humanos de los
países subdesarrollados. Esta relación asimétrica de dominación produce un conspicuo patrón de acumulación/desacumulación.
Un rasgo sintomático de la expansión del capital global son las asimetrías entre regiones y países centrales, desarrollados o imperialistas y países
y regiones periféricos, subdesarrollados o dependientes. Entre ambos polos
se tensan relaciones de dominación y explotación. El despliegue de las operaciones productivas, financieras y comerciales descansa en el control de las
grandes corporaciones del capital transnacional que tienen su sede operativa en los países centrales. En ese entramado, los capitales explotan fuerza
de trabajo barata diseminada en el mundo periférico, recursos naturales
estratégicos como petróleo, gas y agua, y materias primas como minerales, asimismo se apropian de recursos estratégicos, infraestructura, recursos
públicos, etcétera. La expansión capitalista está soportada por la injerencia
político-militar de los Estados centrales y la influencia política e ideológica
de los principales organismos internacionales como el fmi, el bm y la omc,
que se encargan de proclamar el proyecto de globalización, la ideología de
libre mercado y la imposición de las políticas de ajuste estructural de corte
neoliberal.
Cuando las economías periféricas son intervenidas y sus modelos o estrategias de desarrollo nacional, como la industrialización por sustitución
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de importaciones, son desmantelados, se ofrecen todas las garantías para
permitir la entrada de la llamada inversión extranjera directa. En esta avalancha participan distintas entidades del capital como los grandes bancos
privados internacionales, los fondos de inversión y de pensiones, las empresas multinacionales, entre otras denominaciones. Los países periféricos se
ven obligados a reorientar su dinámica de acumulación y orientarla hacia el
exterior, sin importar el costo económico, político, social, poblacional y
ambiental que esto significa. Como resultado, estos países vulneran su base
nacional para el crecimiento, acumulación y desarrollo, y en cambio realizan importantes transferencias de recursos económicos, ambientales y humanos hacia los países centrales, mediante mecanismo como el pago de
deuda externa, regalías, patentes y franquicias; remisión de ganancias de sucursales hacia sus matrices centrales; beneficios derivados del comercio
intrafirma; transferencia de recursos públicos y sociales para el funcionamiento de transnacionales; provisión de fuerza de trabajo barata; cesión de
recursos y sectores clave como la banca y empresas energéticas para garantizar la extracción de ganancia extraordinaria en beneficio del gran capital.
Tanto por el hecho de que se transfieren recursos y valor generado en la
periferia hacia el centro, como por el hecho de que se explota de manera
extenuante a la fuerza laboral con baja remuneración, en estos países se
vulnera el fondo social de acumulación y se genera una dinámica de subconsumo que pone en predicamento tanto las posibilidades de crecimiento
económico y valorización de capital, como la existencia de la vida humana.
Todo lo cual degenera en problemas socioeconómicos de diversa índole,
mientras que se fortifica la dinámica económica en el centro del sistema
capitalista mundial.
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