Universidad Santa Maria Facultad de Ciencias Económicas y Sociales Escuela de Economía

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Universidad Santa Maria
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Escuela de Economía
Historia de las Doctrinas Económicas
MERCANTILISMO
INDICE
Introducción 3
El Mercantilismo 5
Autores por países 8
Criticas al Mercantilismo 13
La Nación y la Riqueza 13
La Nación : El Príncipe y el Absolutismo. 13
¿Cómo Enriquecer la Nación? 15
Un Estado Fuerte e intervensionista 17
Temas Esenciales del Mercantilismo 18
El dinero y La riqueza. 18 El dinero y Los precios. 21
El dinero y las Tasas de Interés. 24 El dinero Y la Balanza Comercial 25
La Política de la Balanza Comercial 29
Población trabajo e industria 30
Una nota de la Aritmética Política: William Petty 31
El Neo−Mercantilismo 33
Ideas Mercantilistas Con Vigencia En La Situación Económica Venezuela 34
Conclusión 35
INTRODUCCIÓN
El Mercantilismo es una doctrina de pensamiento económico que prevaleció en Europa durante los siglos
XVI, XVII y XVIII y promulgaba que el Estado debe ejercer un férreo control sobre la industria y el comercio
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para aumentar el poder de la nación al lograr que las exportaciones superen el valor de las importaciones. El
mercantilismo no era en realidad una doctrina formal y consistente, sino un conjunto de firmes creencias,
entre las que cabe destacar la idea de que era preferible exportar a terceros que importar bienes o comerciar
dentro del propio país; la convicción de que la riqueza de una nación depende sobre todo de la acumulación de
oro y plata; y el supuesto de que la intervención pública de la economía es justificada si está dirigida a lograr
los objetivos anteriores. Los planteamientos mercantilistas sobre política económica se fueron desarrollando
con la aparición de modernas naciones Estado; se había intentado suprimir las barreras internas al comercio
establecidas en la edad media, que permitían cobrar tributo a los bienes con la imposición de aranceles o
tarifas en cada ciudad o cada río que atravesaban. Se fomentó el crecimiento de las industrias porque
permitían a los gobiernos obtener ingresos mediante el cobro de impuestos que a su vez le permitían costear
los gastos militares. Asimismo la explotación de las colonias era un método considerado legítimo para obtener
metales preciosos y materias primas para sus industrias.
Todas las reflexiones económicas están orientadas hacia la acción más que hacia la construcción de un cuerpo
sistemático de ideas o de una teoría económica coherente. Los autores que estudiaremos no teorizan mucho y
explican más bien poco. Sus temas son circunstanciales y limitados. Estos autores critican, recomiendan,
aconsejan, afirman o desmienten y, por todo ello, es ilusorio buscar entre todas esas ideas una coherencia que
no tienen y que tampoco reivindican. Si quisiéramos definir los temas centrales del mercantilismo sólo
podríamos hacerlo de un modo indirecto, viendo el contenido de las principales obras y uniendo
razonamientos fragmentarios.
Las ideas mercantilistas responden a las situaciones del momento. Sin embargo, para ellos la vida económica
está siempre en el primer plano y en sus escritos se expresa la variedad de sus circunstancias, la diversidad de
sus personalidades, los conflictos de intereses, etc. El pensamiento mercantilista tiene la riqueza, la
complejidad, y las contradicciones de la propia vida económica. Una forma de empezar es preguntarnos ¿cuál
es para estos autores la finalidad de la actividad económica y, en consecuencia, de sus recomendaciones? La
respuesta simple es que el objetivo de la economía es el aumento de la riqueza de la nación. El gran tema de
reflexión es entonces por qué medios enriquecer la nación. Más allá de su diversidad, los mercantilistas
comparten entonces una cierta idea de la nación, del Estado y del poder. Pero esto nos lleva a otra pregunta:
¿de qué tipo de riqueza se trata? ¿qué tipo de cosas forman la deseada riqueza nacional? Estos dos temas, la
concepción del Estado y la definición de lo que realmente constituye la riqueza, serán el tema del primer
apartado de estos apuntes.
EL MERCANTILISMO
El período del mercantilismo abarca más o menos desde 1500 a 1750 (ver Grampp, pags.75 y ss.) y sirve para
denotar una fase de amplias transformaciones sociales que van desde la descomposición de las formas
medievales de organización social hasta la expansión y la generalización del comercio internacional y de la
economía de mercado. Políticamente, está relacionada con el absolutismo y con el ejercicio por parte de los
estados de una política de poder frente a sus vecinos y de expansión colonial en ultramar. Por esa razón el
término Mercantilista también es útil, desde Adam Smith, para denotar todo tipo de interferencia dañina,
imprudente, burocrática y, por supuesto, inútil en la vida económica.
El mismo término ha servido para aglutinar a todo un conjunto de autores preclásicos que escribieron durante
el período y que, aunque desde Adam Smith les llamamos mercantilistas, no siempre fueron partidarios del
intervencionismo, muchas veces se opusieron a él, y fueron en muchos sentidos precursores, sino claramente
partidarios, del liberalismo económico que luego el propio Smith convertiría en una auténtica doctrina
económica y política.
Si hemos de ser rigurosos, los autores mercantilistas no forman una escuela de pensamiento, y tampoco son
responsables, como veremos más adelante, de las políticas aplicadas por los gobiernos de su tiempo. Si algo
tuvieron en común los autores mercantilistas es que fueron personas influyentes de la sociedad; entre ellos
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encontramos ministros de su majestad, hombres de estado, consejeros de príncipes, magistrados y abogados.
Todos pertenecen a las esferas del poder político, espiritual, financiero o jurídico. En España, por ejemplo,
nos encontramos con eclesiásticos y funcionarios de casas de moneda y de contratación. En Francia se tratará
de legistas y funcionarios. En Inglaterra serán principalmente comerciantes que se ocupan del comercio
internacional. Por ello no es sorprendente que las ideas del mercantilismo nazca de discusiones sobre
problemas económicos particulares para los que se trataron de encontrar respuestas concretas, precisas, y
sobretodo prácticas.
A partir de esas ideas básicas se pueden organizar los temas restantes. Estos temas, que estudiaremos en su
orden, son, en primer lugar, un conjunto de variaciones alrededor del dinero (dinero y riqueza, dinero y
precios, dinero y tipo de interés, tipo de cambio y balanza de pagos). En segundo lugar, están un conjunto de
temas relativos a la población, el trabajo y la industria. Para terminar el capítulo, destinaremos un lugar
especial a "la aritmética política", que bajo el impulso de William Petty pretende tratar los problemas
económicos, por vez primera, "en términos de números, pesos y medidas".
Características fueron:
• Que la riqueza de una nación se basa en acumular oro y plata. Cuanto más oro y plata tenga un país, el país
más poderoso será.
• La mejor manera de conseguir oro y plata es a través del comercio exterior (con otros países).
• Para que el comercio exterior da ganancias es necesario vender mucho −exportar− y comprar poco
−importar−.
• Para comprar poco en el exterior es necesario que el país produzca todo lo que necesita para abastecer a su
población.
• Para producir lo que la población necesita se debe favorecer a las industrias y el comercio, actitud asumida
con mucha fuerza por los países como Inglaterra (una de las causas es que su religión, la protestante,
consideraba que al hombre que progrese económicamente Dios lo miraba con mejores ojos).
• De ser posible, se deben hacer más productos de los necesarios dentro del país para poder vender los que
sobren al exterior y así, al venderlos, ingresa más dinero al país. Los productos industriales tienen más
valor agregado que las materias primas por el trabajo y la tecnología empleados en producirlos.
• Para que todo lo anterior se cumpla hacía falta que la economía sea controlada por alguien con mucho
poder: el Estado controlaba todas las actividades económicas. El Monopolio (mono = solo y poleo =
vender) es el nombre que se le da a la economía y el comercio controlado por uno sólo.
• Transportar la mercadería en buques del país para no pagar a los otros países y fomentar la navegación
comercial.
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AUTORES POR PAISES
MERCANTILISMO INGLES
AUTORES
• Thomas Mun
• Thomas Moro
• Eduardo Misselden
• Josiah Child
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Thomas Mun
OBRAS:
• DISCOURSE OF TRADE FROM ENGLAND INTO THE EAST INDIES
• Critica a la corona de la actitud comercial monopolica de la compañía de las indias orientales
• ENGLAND'S TREASUR BY FOREIGH TRADE
Excelente comerciante perteneció representante de la compania delas indias orientales.
♦ Critica a la corona de la actitud comercial monopolica de la compañía de las indias orientales
♦ Enfoca el Comercio Exterior es un medio que va a facilitar el enriquecimiento de los estados
(Balanza Comercial )
♦ Balanza Comercial => Capital => como Stock de Bienes
♦ Señala que un empleo eficiente del capital traería como consecuencia una balanza comercial
positiva y esta es favorable para los países
♦ Señala una política de precios para el comercio exterior (Si el país tiene un monopolio o un
cuasi monopolio debe elevar los precios y si el pais no tiene monopolio tiene que bajar los
precios para competir).
♦ El dinero, el estado esta de acuerdo con que todos los estados tengan un tesoro fuerte pero que
no perdiera de vista que en una circunstancia de excepción en un periodo dado no se supla un
bien necesario (Aparato productivo eficiente para emergencias ).
♦ Es importante acumular riquezas no debiera ser mayor al resultado de la balanza comercial
que las exportaciones sean mayor que las importaciones , Equilibrio de la balanza comercial
(positiva)
♦ Hace diferenciación entre Balanza Comercial Particular y Balanza Comercial General.
BCp Balanza Comercial Particular = de país a país
BCg Balanza Comercial General = del país con el resto del mundo
Acumulación de oro y plata amonedado
♦ No esta de acuerdo con atesorar del país y ponían a circular la moneda de los otros países en
las actividades comerciales la moneda de otros países en las actividades comerciales por las
represalias
♦ No esta de acuerdo con las Repatriación de utilidades o beneficios del comercio exterior.
tenían que invertirse en el país y obligar a las compañías extranjeras a invertir en el país con
sus beneficios puede haber regalías.
Thomas Moro
OBRA:
♦ UTOPÍA IDEAL ESPECIAL ESCRITO EN LATIN Y TRADUCIDO AL ESPAÑOL
♦ Critica al sistema social e injusticia social
♦ Critica al capitalismo naciente
♦ Estaba n contra del lujo y del ocio
Josiah Child
◊ New Discourse of Trade
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Nuevo tratado del comercio
♦ Gran preocupación por la balanza comercial
♦ No se debe estar tan seguro, se debe tener cuidado en relación a los resultados que presente
una balanza comercial debido a las manipulaciones de la información o datos (maquillaje)
Existen empresas no gubernamentales que se dedique a esto.
♦ Recomienda en función de la balanza comercial positiva los países deberán aplicar las
siguientes políticas :
◊ Incrementar y mejorar el facto trabajo
◊ Incrementar el capital comercial
♦ El comercio debe hacerse cómodo y libre
♦ Atraer el consumo de nuestros productos por parte de otras naciones
Obligaciones del Estado
⋅ Debe ser responsable de regular las tasas de interes
⋅ El estado debe favorecer promover la agricultura
⋅ Favorecer a los trabajadores
⋅ Favorecer a los terratenientes
⋅ Se debe favorecer proteger e impulsarlo que tenga mercado sin importar la
calidad
⋅ Favorecer las colonizaciones ( mercado seguro con consecuencia)
MERCANTILISMO FRANCÉS
◊ Jean Bodiño ( 1530−1596 )
◊ Barthelemy de Lafemas XVIII
◊ Maximilien de Bethune ( 1560−1641 )
◊ Antoine Moncretien (1576−1621)
◊ Jean Baptiste Colbert (1619−1683)
Jean Bodiño
Obras:
♦ La Republica 6 libros
◊ El alza de los precios se debe al incremento de la moneda
◊ Predominio de los Monopolios
◊ Las consecuencias de los desastres y devastaciones
◊ Los gastos de los Príncipes y los Reyes
Recomendaba:
◊ Combatir el lujo
◊ Combatir los monopolios
◊ Para liberar el comercio basta con liberar las prohibiciones
◊ Aumentar los aranceles de exportación para aquellas cosas que eran imprescindibles
para otros paises
♦ La teoria cuantitativa del dinero
◊ Con tasas moderadas facilitar la entrada de materias primas al pais
◊ Con aranceles altos obstaculizar la salida de materia prima
◊ Incrementar los aranceles de importación de mercancía (manufacturas)
◊ La población debía ser grande porque en ello va a depender la riqueza de un país.
Maximilien de Bethune Duque de Sully
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Nombrado por el Rey Enrique IV
Hizo reformas en el sistema fiscal Francés representa el mercantilismo agrario . decía que la
agricultura y el pastoreo eran los mameyes de Francia
Estaba de acuerdo con que el estado aplicara una serie de controles a la actividad económica
Antoine de Montchretien
◊ Diagnostico los problemas de Francia para afrontarlos
◊ El mundo económico estaba movido por
⋅ El interés personal
⋅ División del trabajo
⋅ Intercambio
◊ Reconoce que un país sin industrias es un país sin riquezas
◊ Monedas y precios los precios deben ser establecidos por el estado
◊ El estado debe reglamentar la economía tomando en cuenta la iniciativa privada
(concepto de capitalismo)
◊ El estado debe promover las colonizaciones
◊ El estado debe prohibir la salida del país de oro y plata
◊ El comercio de un país debe sustentarse en el comercio internacional
◊ Impedir la salida de materias primas y la entrada de manufacturas
Jean Baptite Colbert (1619−1683)
Ministro de Luis XIV
◊ Incrementar el ingreso nacional se conoce como (Colbertismo−Mercantilismo
Francés)
◊ Creo las industrias reales (del estado) con el fin de que lo que se genera estrictos
controles de calidad bajos costos
◊ Fundo compañías comerciales
◊ Implanto una política Aduanera para favorecer la exportación de la mercadería
francesa y obstaculizar la importación de manufacturas
◊ Aplico políticas a favor de la industria y con el sacrificio a la actividad agrícola
⋅ Prohibición de exportación de cereales y trigos
⋅ Se instalaban una serie de aduana internas para obstaculizar la circulación de
los productos agrícolas dentro del país
◊ Se reglamento la actividad agrícola
◊ El sector agrícola estaba en crisis se produce sobre oferta de mano de obra rural
El Mercantilismo no fue aplicado en España
Ya que no hubo una política orientada hacia la producción de bienes. Para abastecerse y
abastecer a América hacía falta una cantidad muy grande de productos que ese país no podía
producir. Debido a esto tuvo que comprar productos manufacturados a Inglaterra, Francia,
Holanda, principados de Italia, etc. con parte del oro y la plata que le llegaba de América; el
resultado fue que España se empobreció desde el siglo XVII por gastar casi todos sus metales
preciosos que fueron a otros países que sí se enriquecieron. Es así que España entra en
decadencia en el siglo XVII y es Francia el país más poderoso de esa época, la potencia
mundial.
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CRITICAS AL MERCANTILISMO
La Nación y la Riqueza.
El espíritu del mercantilismo se opone claramente a las ideas medievales. Esto se traduce en
que desde el siglo XVI la política será una cuestión separada de la religión, la economía un
tema distinto de la justicia, y los negocios de la moral. Pero si la economía política se deshizo
de la tutela de los valores trascendentes fue sólo para integrarse mejor en el marco político de
la nación y del estado.
La nación: el príncipe y el absolutismo.
A comienzos del siglo XVI aparece la obra de Nicolas Maquiavelo (1469−1527) y con ella
surge una nueva teoría del estado considerado como un poder superior conducido por el
príncipe. Según Maquiavelo, los Estados nacen de la violencia y con frecuencia deben
mantenerse gracias a ella. Por esa razón resulta que las reglas de la eficacia política, por
supuestos en nombre de los intereses superiores del Estado, contradicen las enseñanzas de la
moral y de la iglesia. Con mucha frecuencia, El príncipe se verá "obligado, para mantener su
Estado, a obrar en contra de la caridad, en contra la humanidad, y en contra de la religión" (El
Príncipe, p.125). "Siendo como son", los hombres utilizarán su libertad para actuar en contra
de los intereses del Estado y esto nos conducirá al caos social y, finalmente, a la disolución de
la Nación. El papel de el Príncipe consiste entonces en obtener, establecer y garantizar la
prosperidad de la ciudad. Para ello, debe conquistar, conservar y aumentar su poder. Estos
últimos son los objetivos de la política .Por encima de las metas y fines de cada persona se
debe anteponer "la razón de estado". Siempre que sean adecuados a los fines para los que
están destinados, "los medios se considerarán honorables y adecuados. El vulgo no juzga más
que lo que ve y lo que le ocurre; y en este mundo no hay más que lo vulgar; el número
pequeño no cuenta cuando hay en que apoyarse en el gran número" (p.126). Así, Maquiavelo,
el padre de la razón de estado nos aporta la primera pieza del absolutismo.
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Por su parte Jean Bodin (1530−1596), en Los Seis Libros de la República (1576), tratará de
construir su teoría del estado sobre el concepto de soberanía. Para Bodin (o Bodino), la
soberanía es la esencia de La República, el principio mismo del Estado. Para que exista la
soberanía deben existir, a un mismo tiempo, un marco jurídico (la ley) y una autoridad (el
orden). Tal soberanía, indivisible, absoluta y perpetua es una prerrogativa exclusiva del
monarca y se impone al pueblo por intermedio del gobierno. Sin embargo, Bodin era un
absolutista matizado que no dejó de advertir sobre los peligros de una soberanía sin límite;
estos límites deben estár, según Bodin, en la ley divina y en la ley natural. Sin embargo estas
ideas nos puede hacer caer rápidamente en contradicciones; así, por ejemplo, si según la ley
divina, la voluntad del monarca no refleja la voluntad de Dios, nadie podrá, por hipótesis,
erigirse en juez del soberano. Los límites a la soberanía propuestos por Bodin son, en muchos
casos, más retóricos que efectivos y el poder del soberano es absoluto. Sin embargo, como
veremos más adelante, la ley natural sí que puede suponer un límite efectivo a lo que puede y
no puede conseguir el monarca en el ejercicio de sus poderes soberanos.
Más tarde, Thomas Hobbes (1588−1679), en el Leviathan (1651), en el que estudia con
detalle la guerra civil inglesa que llevó a la ejecución de Carlos I, concluye que las grandes
desgracias de la sociedad ocurren cuando las personas no saben a quién obedecer; cuando
la soberanía desaparece. Cuando esto ocurre, la sociedad puede regresar al "estado de
naturaleza"; es decir, a esa situación en la que cada quien puede hacer todo lo que considere
útil para su supervivencia o su felicidad, en la que es permanente la amenaza para la vida y
para los bienes de cada quien, y donde la vida de los hombres es "solitaria, miserable, sucia,
animal y breve". Afortunadamente, en este como en muchos otros casos, el mal trae consigo
parte del remedio. El "miedo constante a la muerte" lleva a todos al convencimiento de que,
para salir del "estado de naturaleza", es necesario que cada quien convenga en ceder sus
derechos a una autoridad superior, a la que será confiada la soberanía, que promulgará las
leyes necesarias para conseguir la paz civil y que garantizará su observancia por medio del
uso de la fuerza. La obediencia voluntaria al soberano asegura entonces la supervivencia y la
prosperidad de la ciudad. Cada uno de los miembros de la sociedad se reconoce en su
representante, y este, una especie de Dios mortal, consigue y representa la unidad de la
nación.
En resumen, según el cuerpo doctrinal del absolutismo, el príncipe, garante del orden civil y
de la unidad nacional, es la autoridad absoluta y la condición necesaria para la prosperidad de
la nación. La vida económica se desarrolla entonces bajo su dirección, su control y su
protección. Estas ideas políticas del siglo XVI y XVII harán parte del ambiente intelectual del
mercantilismo. Los mercantilistas, en consecuencia, escriben para definir, expresar y defender
los intereses de la nación y utilizarán toda su capacidad de persuasión para dirigirse a aquel
que los encarna: el príncipe. La nación y el príncipe son las referencias esenciales, los
pretextos para pensar y escribir, y la justificación última de sus consejos y recomendaciones.
¿Cómo enriquecer la nación?
Algunas veces se ha dicho que el mercantilismo está basado en una falacia de composición: si
algo es bueno para una persona (por ejemplo un mercader), también es bueno para la sociedad
en su conjunto (es decir, para la nación). La Nación, como el comerciante, se enriquece
cuando hace beneficios; es decir, cuando vende más y más caro de lo que compra. Además,
estas ganancias del intercambio con otras naciones se suman unas a otras y pueden
acumularse en stock monetarios de metales preciosos. El enriquecimiento se concibe entonces
como una acumulación de la riqueza por excelencia: los metales preciosos. Los mercantilistas
no entienden la riqueza como bienestar o como mejora en los niveles de vida de los subditos,
más bien de lo que se trata es de construir e incrementar un patrimonio. De ahí que los dos
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temas principales del mercantilismo sean precisamente el dinero y balanza comercial.
Tampoco el mercantilismo reconoce ventajas mutuas y compartidas entre las naciones que
participen del comercio internacional. Más que socios comerciales que buscan acuerdos
mutuamente favorables el mundo del comercio se conforma entre naciones rivales. El
comercio entre mercaderes y, por analogía, entre naciones, se percibe necesariamente como
un juego de suma cero, nadie puede ganar a menos que otro pierda. Los mercantilistas no
ignoran que un país sólo puede conseguir un excedente en el comercio internacional a costa
de los déficit de otros. El objetivo de enriquecer la nación es entonces conflictivo; para que
unos prosperen otros deberán empobrecerse; la riqueza propia se obtiene en detrimento de la
fortuna de los vecinos. Por esos motivos, no es sorprendente que, junto con la diplomacia y
con la guerra, las políticas económicas de la época se integren dentro de una estrategia
general de poder. Aunque para nosotros resulte chocante, tampoco sorprende la agresividad
nacionalista y a menudo xenófoba de los mercantilistas. A. de Rojas, un mercantilista español
dirá, por ejemplo, que la riqueza: "se debe buscar adquirirla por todos los medios sin
excepción, incluso por la fuerza de las armas: he aquí una máxima invariable y susceptible de
demostración". También se puede citar la fórmula del más ilustre mercantilista francés,
Antoine de Montchrestien (1576−1621): "Todo lo extranjero corrompe".
Pero no debe perderse de vista que las ideas del mercantilismo sirvieron de caldo de cultivo al
liberalismo que luego alcanzo su auge en la economía clásica. A la agresividad y el conflicto
con el extranjero se opone la solidaridad y la cooperación al interior del país. Al contrario de
lo que ocurre entre las naciones, para muchos mercantilistas, excluyendo excepciones
notables que veremos más adelante, dentro del mismo país el interés privado y el interés
colectivo no están en conflicto. El enriquecimiento de un individuo no constituye un
obstáculo al enriquecimiento de otros. Todo lo contrario, la prosperidad individual se puede
extender sin limitación dentro de las fronteras nacionales. Los métodos del éxito se pueden
copiar, y a través de la copia se generalizan. Así, encontramos en los mercantilistas una
concepción elemental de la solidaridad económica.
Si la fuente de la riqueza se adquiere a través del comercio, ¿qué papel juega entonces la
producción interna? ¿los bienes producidos son o no parte de la riqueza?. Sobre este tema,
los mercantilistas tendrán ideas encontradas. Para Montchrestien en casa de los trabajadores
industria y prosperidad son sinónimos. Sin embargo, muchos mercantilistas sólo tuvieron en
cuenta la producción interior como una forma de orientar los intercambios internacionales.
Para éstos últimos, producir es, en primer lugar, producir para exportar más e importar menos.
La producción podrá ser una fuente de riqueza, pero sólo una fuente indirecta a través de su
influencia sobre la balanza de pagos.
Un estado fuerte e intervencionista
Para los mercantilistas los estados que prosperan son los estados poderosos. La fuerza es la
mejor garantía de éxito de los intereses individuales, el comercio exterior sólo prospera
cuando la armada del príncipe protege al mercader, y cuando, eventualmente, la expansión
colonial y la guerra abren nuevos mercados. Del mismo modo, el comercio interno sólo se
desarrolla cuando impera la paz civil y está protegida la propiedad privada.
Tal vez fue Montchrestien el autor que defendió con mayor convicción la omnipresencia del
Estado,y quien llevó más lejos el argumento de su necesaria autoridad. En el Traitè de
Economía Politique (1615) desarrolla este tema abundantemente. Las áreas de intervención
del Estado que menciona Montchrestien pertenecen al fondo común del mercantilismo: la ley,
el orden, la seguridad, la garantía de la propiedad, la seguridad del comercio, etc. Pero el
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autor también aporta argumentos originales: el Estado debe velar por el pleno empleo, ya que
el paro es un desperdicio de recursos y crea un déficit de riquezas que deberá ser cubierto
comprando en el extranjero. Por ello hay que obligar a las personas a trabajar y se deben crear
talleres con ese fin. Sus argumentos serían luego recuperados por William Petty, para
defender que el estado "debe poner su máxima atención en utilizar la fuerza laboral
y mantener en orden sus aptitudes" Grampp (p.79). En caso de necesidad los parados
deberían emplearse en "... construir una pirámide inútil en la llanura de Salisbury, trasladar
piedras de Stonehedge a Towerhill o hacer cosas semejantes, ya que, por lo menos, esto
mantendría sus mentes disciplinadas y obedientes y sus cuerpos aptos para realizar trabajos
provechosos cuando fuera necesario" (citado por Grampp). El estado debe jugar también un
papel en la formación de las personas a través del desarrollo de la enseñanza y como
responsable de la educación de los huérfanos. Además, el Estado debe también intervenir en
la industria protegiendo las invenciones, creando monopolios gracias a los privilegios que
conceda, etc. En materia de comercio exterior, el estado debe proteger los bienes que
produzca o pueda producir la nación, pero debe defender la libertad de comercio en lo que se
refiera a los bienes que la nación no produzca. Finalmente, el estado debe estimular la
colonización, ya que ésta permite reabsorber los excedentes de población, aumenta la
demanda de bienes y da acceso a nuevas fuentes de materias primas. Las ideas de
Montchrestien son representativas de la corriente mercantilista francesa. Pero también se
encuentran en Barthelemy de Laffemas, el consejero de Enrique IV y, en cierto modo, se
anticiparon a la política económica que luego seguiría Colbert.
Resultado del Fracaso Total
♦ Sobre estimación del dinero
♦ Concepción simplista de la Balanza Comercial
♦ Descuido de la agricultura (abandono)
♦ Preponderancia del Estado manejando la economía particular
Los Temas Esenciales del Mercantilismo
Como hemos visto el dinero es el concepto central de las reflexiones mercantilistas. Si hay
una recomendación clara de política económica esta es la de acumular la mayor cantidad de
metales preciosos mediante la consecución de saldos favorables en los intercambios
exteriores. A partir de esa premisa, se pueden deducir fácilmente las relaciones entre el dinero
y los precios, entre el dinero y la tasa de interés, y entre el dinero, el tipo de cambio y la
balanza de pagos. Además de estas relaciones también haremos mención en este apartado a
algunos temas menores sobre la población , el trabajo y la industria.
El dinero y la riqueza.
El dinero de la época mercantilista es el dinero−mercancía; es decir, está constituido por
metales preciosos marcados, en forma de lingotes o monedas marcadas con un sello que, en
principio, garantiza su peso en oro o en plata. Para ordenar la discusión sobre la relación entre
"la riqueza de una nación" y el dinero, planteemos para empezar una cuestión básica: ¿es el
dinero, para los mercantilistas, sinónimo de riqueza?. Sin lugar a dudas los primeros
mercantilistas darían a esta pregunta una respuesta afirmativa. Los mercantilistas llamados
bullionistas, principalmente españoles y portugueses de la primera mitad del siglo XVI, se
proponen como ambición exclusiva la acumulación y conservación de los metales preciosos
en el reino. A ellos les parecía que el valor intrínseco del oro y de la plata, así como su
carácter imperecedero, convertían a los metales preciosos en la esencia misma de la riqueza.
Por eso proponen, entre otras medidas, la prohibición de exportar el oro y la plata, el cobro de
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sobre tasas de cambio para las monedas extranjeras, la obligación de pagar las importaciones
de bienes en mercancías y no en metales preciosos, la obligación de repatriar las ganancias
obtenidas en el extranjero, etc. Todo un conjunto de medidas artificiales, autoritarias,
burocráticas e ineficaces.
Pero ¿por qué razón dinero es sinónimo de riqueza? La respuesta de los primeros autores
mercantilistas, es simple: el dinero es riqueza porque es poder de compra. Esto es lo que por
ejemplo concluye Davanzati: "todos los hombres desean todo el oro posible para adquirir
todas las cosas, para satisfacer todos sus deseos y necesidades, y en suma para ser felices"
(Lezione della Monete, 1588). De ahí a pensar que son los bienes, y no el dinero, los que
constituye la verdadera riqueza no hay más que un paso, que algunos darían varios años
después.
El dinero, o los metales preciosos, poseen ventajas indudables. Por ejemplo, mientras la
mayoría de los bienes son perecederos y difíciles de almacenar, los metales preciosos son
duraderos, de valor elevado y divisibles, características todas ellas que los hacen adecuados
para efectuar pagos y para la conservación de la riqueza. En todo ese razonamiento se
encuentra el reconocimiento explícito de las tres funciones clásicas del dinero: unidad de
cuenta, instrumento de cambio y reserva de valor; son precisamente la segunda y
fundamentalmente la tercera de estas funciones las que permiten aproximar hasta confundir
en lo mismo el dinero y la riqueza.
Además, los metales preciosos son absolutamente indispensable para reglar los saldos del
comercio exterior. Por ello, Tomas Mun (1571−1641), insistirá sobre la necesidad de detentar
metales preciosos para las necesidades de los intercambios internacionales. Por la misma
razón, el comercio interior debería servir para economizar encajes monetarios y, según Mun,
dentro del país el papel del dinero lo puede cumplir adecuadamente los billetes a la orden y
las letras de cambio.
Además de las razones anteriores el Príncipe debe poseer un tesoro, signo de nobleza, de
poder, esplendor y, más prosaicamente, porque el dinero es el nervio de la guerra. El Príncipe
debe conseguir las armas, preparar la flota, conducir la guerra y todos los gastos deben
cubrirse con dinero contante y sonante.
Finalmente, para muchos mercantilistas, el dinero es la vida y el alma del comercio. Esta
idea, extendida en la literatura sin una justificación teórica clara, se apoya en consideraciones
intuitivas que reflejan las preocupaciones de los mercaderes. Con frecuencia tal metáfora
sirve para identificar dinero y capital; una falacia comprensible cuando la prosperidad pasa
por el comercio. Así, abundancia monetaria significa también abundancia de capital para
prestar y tomar prestado, para la financiación de las ventas y las compras y para permitir que
los negociantes asuman mayores riesgos. Así, unos medios de pago abundantes hacen más
fácil la expansión del mercado, mejoran las oportunidades de negocio y las posibilidades de
obtener beneficios. ¿Qué otra cosa puede pedir el comerciante? Así se explica también el
miedo a una falta de liquidez que también constituye una constante del pensamiento
mercantilista.
De todas formas, como no podía ser de otro modo, pasado el período bullionista empezaron a
aparecer numerosas matizaciones. Algunos autores distinguieron muy pronto entre el valor
comercial y el valor legal del dinero. Sin duda alguna, El príncipe puede caer en la tentación
de multiplicar las monedas, los soles y los escudos, disminuyendo su contenido metálico. En
el siglo XVII, muchos mercantilistas se opusieron a estas manipulaciones y sostuvieron que el
valor comercial y el valor legal del dinero deberían coincidir (por ejemplo, en España, el
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padre Mariana en De Monetae Mutatione Disputatio, 1609). Las razones para ello son
diversas.
En primer lugar, como enunciaba la ley de Gresham (1519−1579) "la mala moneda desplaza
a la buena". Una vez que sea posible distinguir entre la mala y la buena moneda, se preferirán
las primeras para realizar los pagos y las segundas para el ahorro.
En segundo lugar, la manipulación monetaria sólo es un recurso temporal para aliviar las
finanzas públicas. En un primer momento, el Píncipe aumentará sus ingresos a corto plazo
retirando la "buena moneda" y poniendo en su lugar moneda depreciada. Pero, más temprano
que tarde, los súbditos tendrán la ocasión de devolverle la "mala moneda" (por ejemplo con el
pago de los impuestos).
Por último, si el tipo de cambio no se ajusta al contenido metálico, los comerciantes
extranjeros rechazarán las monedas depreciadas como medio de pago. Si, como consecuencia
de lo anterior, el tipo de cambio se deprecia, de ello resultará un aumento de los precios de los
bienes importados y, eventualmente, una salida de oro del país.
En resumen, si el dinero constituye la riqueza, sólo se puede tratar del "buen dinero". Tal vez
debido a la fuerza de los argumentos en que se apoya, la "Ley de Gresham" es uno de los
pocos principio económicos que ha logrado inspirar una metáfora del romancero
popular:"gitana que tu serás, como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la
queda".
El Dinero y los Precios:
La historia económica de la Europa del siglo XVI está marcada, al mismo tiempo, por la
entrada de grandes cantidades de oro y plata provenientes de el Nuevo Mundo, y por el
aumento sostenido de los precios. A Jean Bodin le corresponde el mérito de haber
relacionado por primera vez ambos fenómenos y, más concretamente, de haber identificado el
primero como la causa del segundo. En los albores del siglo XVI, por razones obvias, los
aumentos de precios se produce primero en España y con el tiempo se harán notar en Francia
donde la inflación se acelera hacia 1550 y se dura hasta 1690. Todo esto coincide con otro
hecho importante: en Europa circulan muchas monedas de dudoso valor. Esto servirá para
complicar el diagnóstico sobre la verdaderas causas de la inflación; problema en el que se
centrará una de las primeras controversias económicas.
En 1563 la Chambre de Comptes de París, movida por el deseo de averiguar las causas del
aumento sostenido de los precios, encarga a uno de sus miembros, M. de Malestroit, la
elaboración de un informe que será publicado con el título de Les Paradoxes sur le faict des
Monnoyes (1563). ¿Cuáles son las paradojas de Malestroit? En primer lugar, la inflación que
a todos parece algo tan evidente es, para el autor del informe, algo completamente ilusorio.
Según Malestroit, la pérdida de poder adquisitivo del dinero en circulación es completamente
imputable a la disminución del contenido metálico de la unidad de cuenta. Este autor se
empeña en demostrar que, aunque los precios nominales aumenten, la relación de intercambio
entre cada uno de los bienes y el oro y la plata, ha permanecido estable. De modo que la
"carestía" sería una ilusión: efectivamente quien compra da más escudos, soles o libras a
cambio de los mismos bienes, pero no da más oro o plata. Malestroit concluye entonces que,
para evitar esta inflación de unidades de cuenta, lo único que hace falta es aplicar la ortodoxia
monetaria de la época manteniendo constante el contenido metálico de las monedas.
Malestroit subraya, con su segunda paradoja, que aferrarse a los valores nominales sin tener
en cuenta el contenido metálico de las monedas es arriesgarse a sufrir pérdidas de capital; él
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piensa, con razón, que el rey que percibe sus ingresos en monedas depreciadas no recibe por
lo tanto la misma cantidad de oro y de plata que sus predecesores.
Jean Bodin contestará a tales ideas en su Response aux Paradoxes de M. de Malestroit
(1568). Su crítica es, en primer lugar, empírica y, a continuación, teórica. Según las cifras de
Bodin, El aumento de los precios de los bienes esenciales (el trigo, la tierra, las viñas, las
frutas, etc) es muy superior a la depreciación de las monedas. La inflación no es entonces
solamente "nominal" (en unidades de cuenta), sino también real (de los precios en términos de
oro y plata). Una vez demostrado que la inflación no es una ilusión, Bodin pasa a discutir sus
causas. Para él, la causa principal es la abundancia de oro y de plata. El mayor crecimiento de
la oferta de metales preciosos en relación con la oferta de los demás bienes, disminuye los
precios relativos del oro y la plata con respecto a los demás bienes, o, en otros términos,
aumenta los precios de los bienes en términos de oro y plata. El nivel general de precios (el
inverso del valor del dinero), se relaciona entonces directamente con la cantidad de oro y
plata existente en el mercado.
¿Podemos considerar que esta explicación descansa sobre lo que más tarde se denominará la
teoría cuantitativa del dinero? En un cierto sentido sí, ya que el nivel de precios se relaciona
con la cantidad de dinero y en esta idea hay una teoría monetaria de la inflación. Sin embargo,
también hay que subrayar que otras ideas esenciales de la teoría cuantitativa están ausentes en
el pensamiento de Bodin. Este es el caso, en primer lugar, de la secuencia oferta excedente de
dinero, demanda excedente de bienes, inflación y, en segundo lugar, de la proporcionalidad
supuesta entre el nivel de precios y la cantidad de dinero. El razonamiento de Bodin, en
definitiva, no es más que un resultado, avanzado para su época, de la aplicación de un modelo
oferta−demanda a una mercancía particular: el dinero.
A continuación, Bodin analiza las causas del aumento de la cantidad de dinero. El origen está
en la balanza comercial; el comercio exterior de Francia con España es fuertemente
superavitario y ello se traduce en la importación neta de oro y plata. Además están las
transferencias de los numerosos franceses que encontraron fortuna en España y la entrada de
capitales de los numerosos banqueros extranjeros que se instalaron en la Francia de la época.
Aunque lo esencial del análisis de Bodin se encuentra en el mecanismo monetario, el autor
añade otras causas del aumento de los precios, entre las que se cuentan: el despilfarro que
resulta de la moda que crea demandas artificiales y cambiantes, el desarrollo de las
exportaciones que reduce la oferta interior, los monopolios y las alianzas que frenan la
competencia y, finalmente, los príncipes cuyos gastos son excesivos.
Las consecuencias prácticas de todo el análisis de Bodin son, sin embargo, un tanto
deprimentes. Para el autor, en primer lugar, resulta muy difícil luchar contra las causas
secundarias de la inflación. En cuanto a la causa principal, el exceso de dinero, el autor no
hace más que dejar constancia en su razonamiento las contradicciones del pensamiento
mercantilista. Acaso el oro y la plata no son la riqueza del reino; puede ser que la inflación
sólo sea el precio a pagar por la prosperidad de los negocios. De todos modos, el exceso de
dinero es claramente preferible a la escasez monetaria de los años anteriores. Carece de
sentido embarcarse en una política de deflación imposible, por otra parte, de poner en práctica
si se desea seguir comerciando con el exterior. Bodin, en consecuencia, no va más allá de
oponerse a las manipulaciones monetarias, y expone con convicción pero sin originalidad las
ventajas de una moneda cuyo contenido metálico sea estable.
El gran aporte de Bodin no es práctico sino teórico. Desde entonces, la relación positiva entre
la abundancia monetaria y los precios será parte del acervo común del mercantilismo. Esta
idea se integra en una visión general del dinero que se resume en la obra de Davanzati. El
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dinero, para este último autor, es unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Como
medio de pago y reserva de valor es, al mismo tiempo, vehículo de las transacciones y poder
de compra y, en consecuencia, constituye la esencia de la riqueza. Para que la mala moneda
no desplace a la buena, el príncipe debe resistir la tentación de depreciarla; no obstante, como
un subproducto no deseado, la abundancia de dinero hace aumentar los precios.
El Dinero y la Tasa de Interés.
Por encima de todo, para los mercantilistas la abundancia de dinero tiene una ventaja
indudable: permite la disminución del tipo de interés. Los argumentos se encuentran
expuestos con claridad en la obra de T. Culpeper (1578−1662) y particularmente su Traite
Contre L'Usure (1621). Cuando el tipo de interés es alto, los mercaderes más afortunados se
retiran, ya que para ellos es más seguro y más rentable prestar el dinero que dedicarse
directamente a los negocios. Los negociantes jóvenes y endeudados se ven conducidos a la
ruina o desmotivados, ya que lo esencial de sus beneficios sólo sirve para cubrir el servicio de
los préstamos. De la misma manera, y esto es lo más importante para Culpeper, las
inversiones agrícolas disminuyen y el valor de la tierra cae abrúptamente. Sin duda este
razonamiento, y no es el primero que mencionamos de ese tipo, tiene un cierto sabor
keynesiano. El tipo de interés es el rendimiento mínimo requerido por la inversión; si dicho
mínimo es muy alto, numerosos proyectos se convertirán en no rentables y serán
abandonados; en tanto que, por el mismo motivo, se retirarán los capitales ya comprometidos.
Abandonar los negocios se hace más interesante que dedicarse a ellos; como la inversión es
cada vez menos rentable, se corre el riesgo de que los créditos terminen financiando en mayor
proporción los gastos de consumo.
Una baja tasa baja de interés es considerada entonces algo favorable al comercio. Pero esa es
sólo una condición necesaria y no suficiente para la prosperidad de los intercambios. Thomas
Mun, se encargará de señalar con justicia, que un tipo bajo de interés puede no ser más que el
reflejo de un comercio deprimido y en consecuencia de una baja demanda de capitales. Con
esta excepción, los mercantilistas piensan que una baja tasa de interés es el resultado de la
abundancia monetaria. Muchos años más tarde se descubrirá que todo el argumento para
defender esta conclusión está basado en la incapacidad de distinguir entre el concepto de
dinero, el de capital y el de fondos prestables. A riesgo de simplificar, podemos decir que,
para los mercantilistas, esos tres conceptos distintos se funden en una y la misma cosa: la
riqueza (influencias teológicas aparte). Si la nación posee mucho oro y plata ( es decir,
dinero), la inversión será abundante (acumulación de capital), y el crédito barato (fondos
prestables).
Pero, ¿qué debe hacer el gobierno si se encuentra con una situación de escasez monetaria? Si
eso ocurriera la ley debe suplir al mercado. Culpeper, por ejemplo, pide que se limite
severamente el tipo de interés autorizado con el fin de poder competir con los holandeses que
se benefician de tasas más bajas que los ingleses. La exigencia de un respaldo legal es, con
una frecuencia comprensible, la única respuesta de los comerciantes en el conflicto que les
enfrenta al poder financiero. Ambos intereses, los del banquero y el mercader, son claramente
contrapuestos y los mercantilistas se preocuparán por distinguir con claridad entre la tasa de
interés (legítima) y la usura (abusiva); una distinción artificial que sólo es un síntoma de las
limitaciones del análisis.
El Dinero y la Balanza Comercial.
En el siglo XVI, el pillaje de los tesoros y la explotación de las minas del llamado Nuevo
Mundo, constituye para Europa la fuente esencial de metales preciosos. España y Portugal,
15
como puertos destacados de entrada, fueron también la cuna de los primeros autores
bullionistas quienes se empeñaron en defender que el oro y la plata deberían permanecer
dentro de las fronteras del reino. Por eso fueron también los países más intervencionistas.
Para los países que no contaron con la suerte de tener un acceso directo a las fuentes de
metales preciosos, la única forma de conseguirlos estaba en los excedentes de la balanza
comercial. Como afirma Montchrestien: "necesitamos del oro y la plata y no teniéndola de
nuestro cuño, debemos conseguirla de los extranjeros"(Traité...). En suma, como el oro
entraba en España y Portugal, era necesario que los déficit comerciales lo hicieran salir.
En un primer momento, el saldo favorable de los intercambios comerciales se consiguió
mediante una política de prohibiciones, restricciones y controles. Prohibiciones de exportar
metales preciosos, obligación de cada mercader de exportar primero para importar después,
tentativas de establecer controles burocráticos y restricciones administrativas adicionales
(gracias, por ejemplo, a la Office of Royal Exchange en Inglaterra), etc.
Sin embargo, en el siglo XVI, la explosión de los intercambios internacionales debilitará
progresivamente la eficacia de tales disposiciones. La emergencia de un mundo financiero
especializado, la generalización de las letras de cambio, los privilegios acordados a las
grandes compañías (entre ellos el de exportar oro) y, de un modo general, la imposibilidad
material de controlar unos flujos comerciales siempre crecientes, son todos procesos que
terminarán por arruinar el poder de la administración. Así se impone la idea de que, si el
comercio es deficitario, el oro saldrá inevitablemente del reino .
En consecuencia, ¿cómo evitar la salida de oro?; ¿qué hacer si el desarrollo del comercio
agrava y convierte el problema en algo crucial?. Alrededor de estas cuestiones generales se
enfrentarán G. Malynes, Edward Misselden (1603−54) y Thomas. Mun en una de las
controversias más fructíferas de la historia del mercantilismo.
Con la crisis comercial de los años 1620, aparece en Inglaterra una generación de autores
bullionistas de la que Gerald Malynes es el representante más importante. Malynes buscó la
razón del déficit comercial en los mecanismos de cambio (de acuerdo con la tradición
bullionista). Su razonamiento es, a grandes rasgos, el siguiente. En un sistema de dinero
mercancía, la paridad viene dada por el contenido metálico respectivo de las distintas
monedas y el tipo de cambio debe ajustarse a allo (es, por supuesto, una cuestión de equidad,
lo otro sería un fraude). La paridad de las monedas asegura el equilibrio en los flujos de
dinero, ya que una vez alcanzado el tipo de cambio adecuado, según nuestro autor, no se
producirá ningún movimiento de dinero, ya que no existirá la posibilidad de obtener ganancia
alguna del intercambio de monedas o mediante la exportación o importación de especies.
Ahora bien, las monedas inglesas se encuentran subvaloradas: su precio se sitúa por debajo de
la paridad y, precisamente por eso, se pueden obtener ganancias exportándolas; eso
precisamente explicaría la salida de oro. La salida de oro, por su parte, hace bajar los precios
en Inglaterra y los aumenta en el extranjero, con lo que se degradan aun más los términos de
intercambio británicos. La gran hipótesis implícita de Malynes es que las funciones de
demanda, tanto doméstica como extranjera, son inelásticas a los precios. Por eso puede decir
que el resultado será un déficit en el valor de los intercambios de las mercancías que, además,
constituye la contrapartida contable de la salida de dinero. Por todo eso, Malynes concluye,
"el abuso del tipo de cambio", es decir la sobrevaloración de la moneda inglesa, es la causa
del déficit comercial.
Por supuesto, Malynes no es tan ingenuo como para desconocer que si hay déficit en los
intercambios será inevitable la salida de dinero. Su explicación es la siguiente: "el déficit
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comercial crea una demanda excedente de créditos sobre el exterior para reglarlo, esto hace
aumentar el precio de las letras de cambio sobre el exterior y en consecuencia bajar el tipo de
cambio. Puede ocurrir que éste baje hasta el punto en que resulte menos costoso reglar el
déficit directamente en oro, con lo que se alcanza el punto de salida del oro". En este
mecanismo los intermediarios financieros, que venden créditos sobre el exterior, tienen
interés en venderlos caros. Acelerando entonces la depreciación y la salida de metales
preciosos. Pero, aunque el segundo mecanismo refuerza al primero, no es la causa del déficit.
Esta se encuentra, como hemos dicho, en el "abuso del cambio" y Malynes lo resaltará con
vehemencia: "así, vemos claramente que el desequilibrio de los bienes se debe al abuso del
cambio que gobierna las monedas, que son a su vez las que gobiernan los bienes" (El Centro
del Círculo del Comercio, 1623, cap.3).
Las conclusiones políticas de Malynes se deducen directamente: hay que retornar a un estricto
control de cambios, la Office of Royal Exchange debería supervisar todos los intercambios y
prohibir las transacciones que no respeten la paridad. Los intereses de los mercaderes y
comerciantes deben supeditarse al interés general.
Contra este análisis reaccionarán E. Misselden y T. Mun. Básicamente, estos dos últimos
autores invierten el razonamiento de Malynes para rebatirlo; es decir sostienen que son los
movimientos comerciales los que causan las variaciones del tipo de cambio y de los flujos
monetarios.
Misselden, en Free Trade or, The Meanes To Make Trade Florish. Wherein, The Causes of
the Decay of Trade in this Kingdome, are discovered (1622) y el Círculo del Comercio (1623)
es el primer autor en emplear sistemáticamente la expresión "balanza comercial", aunque para
él esta se limite a los intercambios con solamente un país. En su esquema sólo hay balanzas
particulares y no hay lugar para una balanza global. Por otra parte, en Misselden, el criterio
voluntarista y "ético" de Malynes (hay que búscar y el mantener un tipo de cambio justo),
cede su lugar a un punto de vista "mecánico": el de la balanza. En este marco de análisis, la
secuencia de mecanismos es precisamente la contraria de Malynes. Cuando, por ejemplo, los
intercambios con otra nación son excedentes, los créditos sobre el exterior son superiores a
las deudas de los extranjeros y el tipo de cambio se aprecia, hasta el punto en que se hace
rentable para el otro país reglar sus deudas en oro. En consecuencia, el tipo de cambio
fluctuará alrededor de la paridad, entre los puntos de entrada y de salida de oro, según que los
intercambios sean excedentarios o deficitarios. El problema político no es entonces el de
mantener artificialmente la paridad con el fin de impedir las salidas de oro, sino el de situarse
en las condiciones que permitan conseguir un excedente comercial.
Por su parte, Thomas Mun, en su obra póstuma, England's Treasure by Forraign Trade,
retoma, generaliza y precisa los argumentos anteriores. Mun distingue cuidadosamente entre
el balance global y los balances particulares. Los balances particulares con tal o cual país eran
en la época objeto de una atención política particular, ya que el equilibrio o el excedente se
buscaba y definía para cada socio. Mun, al contrario, insistirá en que lo que realmente importa
es el balance global y que no es reprochable que el comercio con tal o cual país sea
deficitario, siempre que conduzca a excedentes globales; por ejemplo, esto ocurrire cuando se
importan materias primas que después de transformadas se reexportan como productos
terminados o, incluso, cuando se importa barato para exportar los mismos bienes a mayor
precio.
Las conclusiones de Mun se expresan en la forma de una auténtica ley económica: existe una
relación causal entre la balanza global y los flujos de metales preciosos: "no entrará ni saldrá
un tesoro mayor que el del saldo de la balanza comercial". Mun concluye lógicamente que la
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parte del stock mundial de metales preciosos en manos de cada país depende de la situación
de su balanza comercial y no tanto de que el país tenga minas o colonias. Es difícil no
mencionar el ejemplo de España, deficitaria e incapaz de conservar su oro, y Mun no dejará
de analizar el caso.
Pero, si el excedente comercial aumenta la cantidad de dinero y, como sabemos desde J.
Bodin, esto conduce a la inflación, ¿no puede ocurrir entonces que esto termine por invertir el
signo de la balanza comercial?. Consciente del peligro, Mun propone políticas muy matizadas
de acompañamiento (diríamos hoy) para controlar los precios. Allí donde Inglaterra se
encuentre en posición de monopolio, se deben seguir una política de precios relativamente
elevados; por el contrario, en los otros sectores los precios deben ser el resultado de la
competencia. En todo caso, los precios no deben, en ningún caso, desincentivar la compra y
deben ser suficientemente bajos para evitar que aparezcan competidores. Pero, ¿qué hacer
entonces para evitar las consecuencias nefastas de la cantidad de dinero sobre los precios?
Según Mun, la solución es sencilla: invertirlo en la industria; el superavit comercial permitirá
obtener un excedente que, si se utiliza con juicio, llevará al reino a un círculo virtuoso de
enriquecimiento general.
Las ideas de Misselden y Mun son características de la versión "comercialista" del
mercantilismo inglés. Misselden trabajaba para la compañía Merchant Adventure y Mun era
miembro de la East Asian Company. No sorprende, entonces, que los dos autores esperen el
excedente comercial de la libertad de comercio de las grandes compañías. Esto es, de la
libertad para exportar el oro siempre que permita desarrollar los negocios; para importar si
eso permite exportar más; para comprar caro en el extranjero si eso permite vender aun más
caro a otro país. Esta visión del comercio, dinámica y no sólamente contable, es la que
corresponde a la actitud de los comerciantes poderosos con mentalidad de conquistadores.
La política de la balanza comercial.
A menudo se asocia mercantilismo con proteccionismo. Sin embargo, en esta afirmación
puede ser objeto de muchos matices. Como observa Keynes, (en su apéndice Sobre el
Mercantilismo de la Teoría General, y después de haber subrayado las ventajas de un
excedente comercial): "No se puede decir que se obtiene el máximo excedente de la balanza
comercial mediante el máximo de restricciones a las importaciones. Los primeros
mercantilistas insistieron vivamente sobre este punto y a menudo combatieron las
restricciones comerciales ya que a la larga tales restricciones se habrían convertido en un
obstáculo para una balanza comercial favorable". Los grandes comercialistas ingleses, como
acabamos de ver, eran mucho más favorables a la libertad de comercio, eso sí, acompañada de
una política aduanera moderada.
En la época, nada de lo anterior impide la existencia de una verdadera política comercial. En
primer lugar, el Estado debe, a través de una potente flota, garantizar la seguridad de los
barcos mercantes. En segundo término, hay un largo catálogo de medidas que ayudarán a
maximizar el excedente comercial. Por ejemplo, evitar exportar las materias primas (hay que
transformarlas y exportar productos finales); o bienes de subsistencia (no hay que depender
del extranjero para alimentarse); desestimular las importaciones de bienes de lujo (se parecen
demasiado a los metales preciosos, pero carecen de utilidad); reservar el transporte
internacional a los nacionales (es un elemento "invisible" de la balanza comercial y no hay
que dar facilidades a la competencia); incitar a los comerciantes extranjeros instalados en el
territorio a consagrar sus ganancias a la compra de productos nacionales (por razones obvias);
al contrario, incitar a los comerciantes nacionales en el extranjero a repatriar sus ganancias;
exportar los bienes con mayor contenido de mano de obra (para favorecer el empleo) y,
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eventualmente, obligar a trabajar a los pobres e indigentes, preferiblemente para la
exportación.
El que esto sea o no proteccionismo es algo relativo. En los países dominados
comercialmente, estos consejos toman la forma de un auténtico proteccionismo, con
restricciones cuantitativas a los intercambios, derechos de aduana prohibitivos, subvenciones
a las exportaciones. El poder de la nación está en juego en la conformación de un tesoro.
Además, se hace valer la necesidad de proteger a las industrias nacientes, o a los sectores
claves. También se debe proteger el empleo. En definitiva, el liberalismo comercial, como
casi todo, una prerrogativa de quienes pueden permitírselo.
Población, Trabajo e Industria
Si para los mercantilistas el dinero es la riqueza, la abundancia de brazos es una forma muy
cercana al dinero. Un tesoro y una población importante se presentan a menudo como los dos
pilares del poderío nacional. Para Montchrestien, los hombres son incluso el elemento
esencial: "de estas grandes riquezas, dice, la más grande es la incomparable abundancia de
hombres". Pero los mercantilistas también ofrecen matizaciones y precisiones al respecto. En
primer lugar, la población no debe sobrepasar la oferta de bienes de subsistencia, como
menciona por ejemplo Botero (en Las causas de la grandeza y la magnificencia de la ciudad,
1588). Una población numerosa crea, sin duda, condiciones económicas favorables en el
mercado de trabajo debido a su influencia sobre los salarios. Pero también es necesario que tal
población encuentre un empleo; en caso contrario se convierte en una carga y en un peligro.
Son numerosos los mercantilistas que consideran el paro, no sólo como una pérdida de
producción potencial, sino como la fuente de hábitos de ociosidad de relajamiento y
finalmente de la decadencia de la nación. Para muchos hay que obligar a las personas a
trabajar.
El intervencionismo aparece ahora en el mercado de trabajo. Es necesario emplear a la
población, pero hay que hacerlo racionalmente. En ese campo, el estado debe "disponer con
juicio que cada uno vaya al oficio adecuado" (Montchrestien). De ahí la idea de desarrollar la
enseñanza, controlar el aprendizaje, reglamentar la organización de los talleres. Para muchos
mercantilistas existe sin duda un óptimo de población. Si la población es insuficiente, hay que
atraer obreros del extranjero; en caso contrario, hay que estimular la emigración hacia las
colonias, lo que además tiene la ventaja de eliminar "mentes calientes" y de crear demanda en
el exterior.
En general los mercantilistas no se interesaron demasiado por desarrollar la producción
interior. En este caso fue también Montchrestien quien subrayó la importancia de la iniciativa
individual, de la búsqueda de beneficios y de la división del trabajo como motores de la
economía. También fue él el primero en insistir sobre el papel esencial del progreso técnico.
El progreso técnico alivia la carga del trabajo, disminuye los costes hace bajar los precios y,
en definitiva, aumenta la productividad. La agricultura es para él, sin duda alguna, la base de
la prosperidad, pero el sector privilegiado del progreso técnico es el industrial. En la industria
y el comercio los beneficios son mayores que en la agricultura. Finalmente, el progreso
técnico influye sobre la organización del mercado; el empresario que innova goza de un
monopolio lo que aumenta sus ganancias. Esta situación será modificada por los nuevos
productores atraídos por las ganancias excepcionales o por nuevas invenciones. Por primera
vez se establece una relación entre innovaciones, beneficios y progreso.
Al final del período mercantilista, se relacionan los tres conceptos, población, empleo e
industria con el concepto de balanza de la industria. Nicolás Barbon (1640−1698) en su
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Discurso Sobre el Comercio (1690), subraya que la compra de bienes extranjeros significa la
compra de mano de obra extranjera (y a la inversa). Una buena política comercial debe
entonces ser tal que el total de salarios ingleses pagados por los extranjeros (a través de las
exportaciones), sea superior que el de los salarios extranjeros pagados por los ingleses (a
través de las importaciones). Como se puede ver, la idea consiste en hacer financiar al
extranjero el empleo y las subsistencias nacionales. El propio Barbon propone evaluar las
exportaciones por la cantidad de trabajo incorporado en su producción y juzgar la política de
importaciones de materias primas en función del empleo que ellas permiten.
Una nota al margen sobre la aritmética política, que tanto tiempo llevamos practicando:
Con William Petty (1623−1687) y su obra principal: La Aritmética Política (1690), aparece
una nueva y ambiciosa metodología: la de formular los problemas económicos en términos de
relaciones cuantitativas. Esta ambición va más lejos que la simple presentación de ejemplos y
cifras con el objetivo de ilustrar o probarun razonamiento plausible. Petty quiere excluir "los
argumentos puramente racionales" o "los argumentos que dependen de las ideas, opiniones, o
deseos". Pretende: "considerar exclusivamente las causas que tienen bases visibles en la
naturaleza". Charles Davenant (1656−1714) define, por ejemplo, la aritmética política como
"el arte de razonar con la ayuda de cifras sobre las cosas relativas al gobierno".
Puestos a reclamar paternidades, William Petty, podría ser el padre de las estadísticas
demográficas, del cálculo actuarial y hasta de la contabilidad del crecimiento económico. Las
numerosas obras de Petty tienen, sin embargo, un hilo conductor: el análisis de los problemas
del crecimiento económico. Veamos algunos ejemplos de aplicación de la aritmética política
a la economía.
Para él, la producción depende de dos factores fundamentales: el trabajo (relacionado con la
población) y la tierra. Estos dos factores se estudian desde el ángulo cuantitativo. Petty toma
los boletines de mortalidad (causas, variaciones regionales, estacionarias, anuales, etc) y
construye con ellas las primeras tablas de supervivencia por edades. Del mismo modo,
establece las estadísticas de natalidad (distribución por sexo, por regiones, variaciones
anuales, etc). El conjunto de estos resultados le permite elaborar una pirámide de edades. De
la población total, pasa a la población activa por estimación de los inactivos (niños de menos
de 7 años ¡!, ancianos), luego descompone la población activa por sectores (por ejemplo, en
Irlanda, trabajo de la tierra, guarda de ganado, pescador, etc.). Finalmente, distingue la
población activa empleada de los parados (que estima en un cuarto de la población activa en
Irlanda). Además, la población activa no se puede considerar como algo homogéneo: la
productividad de los individuos varía según los sectores económicos. Petty piensa que las
diferencias de productividad se pueden medir por las diferencias saláriales (el cree que un
marinero vale por tres agricultores).
El segundo factor de producción es la tierra. Conocemos la superficie y podemos evaluar las
diferencias de fertilidad y calcular con facilidad la renta media. ¿Podemos también estimar su
valor?. En principio, como sabemos ahora, se trata de un problema de actualización: el valor
de un terreno es la suma actualizada de las rentas netas futuras sobre una duración infinita.
Petty desconocía este método y se pregunta en cambio cuantos años de ingreso representa el
valor normal de la tierra. Ciertamente no infinito, aunque la tierra sea perpetua un individuo
sólo se preocupa de una posteridad que no va más allá de dos generaciones. Entonces el
número de años de renta a sumar es el del tiempo que tres personas en línea continua viven
conjuntamente, es decir 21 años. El valor de la tierra en Inglaterra es igual a 21 veces la renta
neta media (144 millones de libras).
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¿Se puede estimar el capital humano del mismo modo que se estima la tierra? Petty piensa
que sí y, audazmente, presenta el siguiente cálculo (que resumimos). Por estimaciones anexas
Petty evalúa el conjunto tierra−capital fijo en 250 millones de libras, dando unos ingresos de
15 millones (rentas más beneficios), es decir una rentabilidad del 6%. Los ingresos del trabajo
se evalúan en 25 millones de libras. Asumiendo que la rentabilidad del capital humano debe
ser igual a la del capital físico. Petty concluye que el capital humano vale 25/0,06 es decir 417
millones de libras. Siendo la población activa empleada de 3 millones de individuos resulta
que cada trabajador activo "vale" 139 libras.
Estas evaluaciones permiten a Petty establecer ciertas reglas en materia de fiscalidad. El
impuesto debe ser neutro, en consecuencia proporcional al ingreso. Siendo el ingreso total
igual a 40 millones de libras, distribuidos en 15 millones para el capital y 25 para el trabajo, el
impuesto debe pesar 3/8 sobre los ingresos de capital y 5/8 sobre los del trabajo. En cuanto a
su volumen, Petty piensa después de analizar los gastos fiscales que este debe ser el 2,5 % del
ingreso nacional.
EL NEO−MERCANTILISMO
El sistema de librecambio, que prevaleció durante el siglo XIX, empezó a perder fuerza a
principio del siglo XX, al replantearse los elementos filosóficos del mercantilismo que
originaron el Neo−Mercantilismo. Se volvieron a imponer fuertes aranceles a la importación,
por razones políticas y estratégicas y se fomentó la autarquía económica como sistema
contrapuesto a la interdependencia comercial de los países. Esta tendencia volvió a cambiar
de signo más tarde, pero fue asociada con el nacionalismo y la competencia estratégica que
provocaron, entre otras causas, la I Guerra Mundial, demostrando de esta forma que el
mercantilismo tenía una fuerte base política.
IDEAS MERCANTILISTAS CON VIGENCIA EN LA SITUACIÓN ECONOMICA
DE VENEZUELA
♦ Política Fiscal proteccionista, aranceles de aduana son altos para las mercancías para
proteger la producción nacional.
♦ El gobierno mantiene una política comercial monopolica en las industria petrolera y
petroquímica de refinación
♦ Balanza comercial particular positiva con los países vecinos
♦ El estado va a favorecer la industria en pequeñas y medianas empresas
CONCLUSIÓN
El mercantilismo tuvo gran éxito al estimular el crecimiento de la industria, pero también
provocó fuertes reacciones en contra de sus postulados. La utilización de las colonias como
proveedoras de recursos y su exclusión de los circuitos comerciales dieron lugar, entre otras
razones, a acontecimientos como la guerra de la independencia estadounidense, porque los
colonos pretendían obtener con libertad su propio bienestar económico. Al mismo tiempo, las
industrias europeas que se habían desarrollado con el sistema mercantilista crecieron lo
suficiente como para poder funcionar sin la protección del Estado. Poco a poco se fue
desarrollando la doctrina del librecambio. Los economistas afirmaban que la reglamentación
gubernamental sólo se podía justificar si estaba encaminada a asegurar el libre mercado, ya
que la riqueza nacional era la suma de todas las riquezas individuales y el bienestar de todos
se podía alcanzar con más facilidad si los individuos podían buscar su propio beneficio sin
limitaciones. Este nuevo planteamiento se reflejaba sobre todo en el libro "La riqueza de las
naciones" (1776) del economista escocés Adam Smith.
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El primer requerimiento para un acuerdo de libre comercio es la eliminación de todas las
tarifas, cuotas, y convenciones comerciales bilaterales o multilaterales que inhiban la libre
operación de los mercados internacionales. Cada nación debe tener la libertad de vender sus
bienes en la otra, y cada nación debe estar abierta a los productos de la otra.
Desgraciadamente, el afán de proteccionismo está muy arraigado entre las naciones. Esta
reminiscencia de un mercantilismo anacrónico reaparece cuando una nación obtiene una
ganancia o ventaja en los precios en un producto o línea de productos particular.
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