El naufragio del “Sirius”

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El naufragio del “Sirius”
El Sirius, (o Sirio) un moderno trasatlántico de su época. La leyenda
inolvidable de una tragedia real.
El Sirius fue construido en 1883 en Glasgow (Escocia), en los astilleros de
Robert Napier e hijos. Con 129 metros de eslora, 14 de manga, y 8 de puntal,
este barco de dos chimeneas y tres mástiles, tenía el casco blanco en su
origen, aunque posteriormente sería pintado de negro.
En su día fue el orgullo de la marina mercante italiana por sus prestaciones,
ya que era capaz de desplazar sus 4.141 toneladas y alcanzar los 18 nudos
con su motor de vapor de expansión de 5.323 caballos. El Sirius realizó su
viaje inicial el 15 de junio de 1883.
La ruta del Sirius era casi siempre la misma: Génova, de donde partió por
última vez el 2 de agosto de aquel fatídico año, Barcelona, Cádiz, Islas
Canarias, Cabo Verde, Río de Janeiro, Santos y finalmente Buenos Aires. Este
último viaje estaba previsto que se realizase en 15 días pero, durante el
mismo, el barco realizó más paradas, haciendo escala en otros puertos en los
que recogía inmigrantes ilegales. Se sabe que atracó en el puerto de Alcira
(provincia de Valencia), donde los inmigrantes que recogió pagarían unas 100
pesetas por embarcar. Posteriormente, tenía previsto atracar en Águilas, el
lunes siguiente a la tragedia, para continuar hacia el estrecho haciendo escala
en Almería, Málaga y Cádiz, antes de cruzar el atlántico rumbo a Brasil.
La capacidad oficial del buque era de 1.300 pasajeros . A éstos tendríamos que
añadir un número indefinido, pero sin duda muy elevado, de inmigrantes
ilegales hacinados en sus bodegas. La tripulación estaba compuesta por 127
miembros.
El capitán José Piccone
José Piccone, nació en 1838 y tenía 68 años de edad en el momento de la
tragedia. Contaba con 46 años de navegación a sus espaldas y era el capitán
decano de la Compañía Italiana de Navegación. Ésta iba a ser su última
singladura al mando del Sirius. Era un hombre de pocas palabras, apreciado
por sus marineros por sus condiciones, aunque no por su personalidad.
Más tarde se demostraría que actuó de forma negligente y punible, al no
advertir el peligro en el rumbo que seguía la nave y posteriormente mantener
una pésima actitud, junto al resto de su tripulación, tras el choque. No
controló el pánico ni organizó la evacuación. Fue de los primeros en
abandonar el barco, abatido y sin reaccionar ante la magnitud de la tragedia.
Aunque tras el naufragio estuvo detenido en Cartagena, finalmente las
autoridades en la versión oficial volcaron toda la responsabilidad sobre el resto
de la tripulación.
Se desconoce si fue sancionado o condenado por los hechos tras su regreso a
Italia
La tragedia
Procedente de Génova, donde habían embarcado 620 pasajeros, había
realizado escala en Barcelona donde embarcaron 75 personas más, para
descender por el litoral mediterráneo español hacia Alcira, donde embarcó un
número indeterminado de pasajeros. El lunes 4 de agosto de 1906, el Sirius
navegaba con una mar completamente en calma a tres millas del Cabo de
Palos (Murcia).
La cubierta se encontraba abarrotada de pasajeros de 3ª clase que trataban de
descansar bajo las grandes lonas que la tripulación había habilitado para
protegerse del abrasador sol veraniego, mientras los pasajeros de 1ª y 2ª lo
hacían en sus lujosos camarotes. El barco navegaba a toda máquina hacia el
puerto de Águilas, en una trayectoria inusualmente cercana a la costa,
tratando de ganar tiempo ante las numerosas paradas, debido a la gran
competencia que existía entre los buques de la época por cubrir las rutas en el
menor tiempo posible
A las 16.00 horas del 4 de agosto de 1906, el Capitán José Piccone se
encontraba descansando fuera del puente, estando el tercer oficial al mando.
De repente, se produjo un tremendo impacto al chocar la nave a una velocidad
de 17 nudos contra la traicionera cima del Bajo de Fuera o seco de Fuera, un
pináculo submarino de 200 metros de largo en dirección ENE al WSW, que
asciende desde los 70 metros de profundidad hasta sólo tres metros bajo la
superficie. Se encuentra a 1.375 metros de distancia con rumbo 055º del faro
de las Islas Hormigas. Este peligroso bajo submarino ha supuesto un invisible
y mortal obstáculo para la navegación en la zona, prueba de ello son los
numerosos naufragios que ha ocasionado, cobrando su tributo a numerosas
naves de distintas épocas, entre otros el Nova América, el Minerva, o el Sirius,
todos ellos vapores italianos.
Un ensordecedor crujido desgarró el casco del Sirius, que quedó inclinado con
la proa elevada sobre la superficie, tambaleándose varado sobre la cima del
bajo, mientras su popa, el área donde se encontraba el pasaje de 1ª clase, iba
hundiéndose poco a poco. En poco tiempo tan sólo un tercio de la nave, el
puente, las dos chimeneas y la cubierta de proa, sobresalían del agua. Tras la
conmoción inicial, el pánico se apoderó de pasajeros y tripulación, algo
comprensible si se tiene en cuenta que a principios de siglo pocas eran las
personas que sabían nadar, y los buques de pasajeros contaban con un
reducido número de botes salvavidas, insuficientes para garantizar la
evacuación de una nave sobrecargada de pasajeros. Los gritos de socorro y de
dolor entre los angustiados pasajeros, gran parte compuesto por mujeres y
niños, inundaron aquella apacible tarde de verano.
La nave quedó escorada a estribor, lo que dificultó las tareas de arriado de los
botes salvavidas. Muchos pasajeros de la cubierta de popa quedaron
atrapados bajo el toldo que les protegía del sol, en una especie de red que les
arrastró bajo el agua.
La tripulación fue incapaz de controlar la situación en todo momento y
abandonó al pasaje a su suerte, lo que provocó escenas dantescas en lucha
por la supervivencia. Incluso algunos miembros llegaron a quitarse el
uniforme antes de abandonar la nave para pasar desapercibidos entre el
pasaje. La única ayuda vino del exterior de la nave
Algunos testimonios históricos de supervivientes, como el de Augusto Fioretti,
relatan como tuvo que luchar por un chaleco salvavidas y vio, con sus propios
ojos, como un hombre, preso del pánico, se suicidaba con un revolver tras
besar una carta.
Otros testimonios hablan de disparos a bordo y luchas por apoderarse de
cualquier objeto que flotara entre los pasajeros que no sabían nadar.
En esta época, muchos pasajeros iban armados, algo lógico si tenemos en
cuenta que se disponían a viajar al continente americano portando todas sus
pertenencias, y que en aquella época era una costumbre extendida
Entre el pasaje viajaban muchas personalidades ricas y célebres, como la
famosa cantante de zarzuelas Lola Millanes. Testigos presénciales cuentan que
pidió un revolver para suicidarse, aunque finalmente no tuvo tiempo material
y pereció ahogada, recuperándose su cadáver días más tarde arrastrado por
las fuertes corrientes en la localidad alicantina de Torrevieja. El Obispo de San
Pablo de Brasil, también falleció en el naufragio
Entre los personajes famosos que se salvaron destacan, Monseñor Marcondes,
Arzobispo de Para (Brasil); Leopoldo Politzer, Cónsul austriaco en Río de
Janeiro; T. Eberna, director de ópera; el famoso tenor Maristany; el maestro
Hermoso, director de la banda de música del Hospicio de Madrid y el famoso
médico italiano Franza
Los héroes del salvamento
El naufragio fue presenciado por varios buques mercantes, pues se trataba de
una zona muy transitada por el tráfico marítimo, como el navío francés Poitien
que negaron auxilio al Sirius por miedo a varar sus naves al aproximarse.
Otros como el vapor italiano Umbría y el español Mª Luisa optaron por enviar
botes para recoger a los náufragos.
Vicente Buigués, alicantino de 46 años de edad y patrón del paquebote de dos
palos Joven Miguel, que regresaba con varios tripulantes de faenar en aguas
de Denia (Valencia) al puerto de Palos, viró hacia el Sirius al observar la
tragedia. Al llegar junto a los restos, la situación era caótica, cadáveres
flotando entre infinidad de restos y cientos de personas luchando por subir a
su pequeña embarcación. Al acercarse rompió el botalón de proa de su barco
contra el casco del Sirio y amarró su nave al costado de babor del buque,
improvisando una especie de puente con cuerdas entre ambas embarcaciones.
Ante el pánico reinante, y siendo consciente de que su nave corría peligro de
ser hundida por el precipitado abordaje, tuvo que disparar contra los que
trataban de avanzar pisando las cabezas y cuerpos de otros, para poder
dominar la situación. Ordenó que subieran a su barco primero las mujeres y
niños y luego el resto. Consiguió salvar alrededor de 400 personas, regresando
hacia el puerto de Cartagena donde fueron atendidos y alojados en el Teatro
Circo de esta ciudad
Posteriormente Vicente Buigues, fue condecorado por los gobiernos español e
italiano, recibió una recompensa y su barco fue arreglado de los numerosos
desperfectos ocurridos durante el rescate. El mismísimo Rey Alfonso XIII le
recibió en audiencia en el Palacio Real, de donde surgió una amistad personal
que perduraría en el tiempo.
Otras embarcaciones participantes fueron: el laud de pesca Vicente Lacamba,
patroneado por Agustín Antolino, que consiguió rescatar 132 pasajeros; la
barca de pesca El Cristo, primera en comenzar el rescate pues se encontraba
faenando en las proximidades, patroneada por el viejo marino José Salas
Martínez (Tío Potro), que salvó 65 personas y que poseía la Cruz del Mérito
Naval por el rescate en 1864 de la tripulación del vapor sueco Song en aguas
de Torrevieja; el láud Joven Vicente del pescador Bautista Buigués, que salvó
13 personas; el láud Pepe y hermanos de Manuel Ruda que salvó a 8
náufragos y la barca Virgen de los Angeles de Pedro Llorca que salvó a 3
personas. También colaboraron en el rescate las embarcaciones, Francisca de
José Ruso, y el láud San Pedro de Ramón Parodis. Además el farero de las
Islas Hormigas D. José Acosta y su ayudante, prestaron auxilio a más de 100
personas que fueron desembarcadas en el islote. Todos ellos fueron
recompensados por el gobierno español con cantidades entre 30 y 240 pesetas
En el municipio de Cabo de Palos, se volcaron en auxilio de las víctimas,
ofreciendo alojamiento y comida en sus casas. Las tiendas proporcionaban
víveres sin cobrar.
Tras las crónicas de la prensa de la época, incluso surgieron desde todas
partes del país personas que se ofrecían para adoptar a los niños huérfanos a
causa del naufragio. Los matadores de toros Antonio Bienvenida, Lagartijo y
Machaquito ofrecieron el sueldo de la corrida celebrada al día siguiente 5 de
agosto en Cartagena en beneficio de las víctimas, 1.000 pesetas, 175 y 150
pesetas respectivamente. La empresa de la plaza contribuyó con 300 pesetas.
Durante la noche del 4 de agosto, los restos del barco fueron saqueados por
tripulantes, rescatadores y piratas. Los restos permanecieron varados hasta el
día 21 de agosto,17 días tras la colisión, lo que demuestra que si la tripulación
hubiese organizado el rescate y los pasajeros no hubiesen sido presa del
pánico, se hubiese podido evitar una gran pérdida de vidas
Los supervivientes que desearon continuar viaje hacia América, embarcaron el
13 de agosto desde el puerto de Cartagena, en el buque Rávena de la misma
compañía, rumbo a Brasil. Parte del pasaje prefirió regresar a Génova
embarcados en el Orione.
Los pasajeros catalanes que habían embarcado en el Sirius durante su escala
en Barcelona, regresaron a bordo del vapor Diana
La noticia del hundimiento daría la vuelta al mundo, dándose a conocer la
existencia de este pequeño pueblecito de pescadores, en toda la prensa
nacional e internacional
El número de víctimas
Jamás se sabrá con exactitud. Las cifras varían considerablemente según las
fuentes.
Según la aseguradora Lloyd´s a bordo viajaban 892 personas y fallecieron 292
Los datos oficiales de la Alcaldía de Cartagena hablan de 580 supervivientes y
242 muertos. Otras cifras hablan de 920 pasajeros a bordo, además de la
tripulación, en el momento de la tragedia. Evidentemente las cifras no
cuadran. Las cifras oficiales no contabilizaban a los numerosos pasajeros
inmigrantes ilegales que viajaban a bordo. Muchos de los pasajeros que
salvaron su dinero y pertenencias regresaron a Italia sin aparecer en las listas.
Fuentes extraoficiales cifran el número total de víctimas entre 440 y 500
personas, la mayor tragedia marítima del litoral español, tras el hundimiento
durante la Guerra Civil española del buque de transporte de tropas Castillo de
Olite en la bahía de Cartagena, donde perecieron entre 1.300 y 1.500 soldados
del frente nacional.
Causas del desastre según el testimonio del capitán Piccone:
Ignorancia de la situación de los bajos en las cartas, lo que claramente era
mentira, porque el capitán Piccone había realizado el mismo recorrido en más
de 20 ocasiones sorteándolos.
Desviación de la ruta del buque por fuertes corrientes marinas, otra mentira.
Alteración de la brújula del buque como consecuencia de las minas de hierro
del litoral español, otra excusa
Otras causas que se barajaron:
Impericia del 3er oficial.
Temeridad del Capitán Piccone para ahorrar 7 millas náuticas.
Sabotaje, debido al robo de todo el contenido de la caja fuerte.
Competencia por cubrir en el menor tiempo la ruta prevista.
Recogida de inmigrantes, para lo que efectuaban una derrota (trayectoria) más
cercana a la costa.
Causas meteorológicas, descartadas porque eran excelentes ese día
Verdadera causa: ERROR HUMANO, temeridad y abandono del pasaje, por
parte de los tripulantes al mando de la nave
Hoy en día, los restos del Sirius se encuentran diseminados alrededor del Bajo
de Fuera, zona declarada reserva integral desde 1995, donde sólo se permiten
algunos tipos de pesca artesanal.
Gran parte de los restos del buque, como las calderas y diversas planchas del
casco, se encuentran diseminados por la cara oeste del bajo, a lo largo de una
pendiente suave. La popa se encuentra a 47 metros de profundidad. La proa
se encuentra en la cara este, pared vertical de mar abierto, a 70 metros de
profundidad, junto a los restos de otras naves. Hasta 1995 se podían visitar
libremente los restos, tras la declaración de la zona como Reserva Integral de
las Islas Hormigas, sólo es posible bucear con titulaciones y obteniendo una
serie limitada de permisos en la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno
Regional de Murcia, organismo que regula la reserva y tramita los permisos.
Hoy día el Sirius está perfectamente integrado en el paisaje submarino,
totalmente colonizado por miles de ejemplares de gorgonia mediterránea
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