El Imperialismo Romano

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El Imperialismo Romano
Sinopsis Histórico-Militar
Lección 21-II
Historia Antigua Universal
1
La Primera Guerra Púnica (264 – 241 a. C.)
I. CAUSAS DE LA GUERRA
II. PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS (264-255 a. C.)
260 – 255 a. C.: EL REARME DE LOS DOS EJÉRCITOS
Esta fase intermedia de la guerra se caracteriza por el intento de desgaste al que Roma
somete Cartago y por la tentativa –por su parte– de rearme de esta última. Los
escenarios fueron, por tanto, dos:
1. Sicilia, Córcega y Cerdeña, pues L. Cornelio Escipión se dedica a hostigar las
posesiones de Cartago en dichas áreas, apropiándose de Córcega en el 259 a. C.
2. África, donde Cartago trataba de recomponer su ejército. Ambos bandos –el de Roma
liderado por C. Atilio Régulo– se enfrentaron en el cabo Bon (256 a. C.: victoria de
Roma) y en Camarina (255 a. C.: victoria cartaginesa).
264 – 260 a. C.: DE LA DECLARACIÓN DE GUERRA A MYLAE
• 263-260 a. C. En el 263 a. C., Hierón de Siracusa firma una alianza de paz
con Roma. Para consolidar su presencia en la isla, Roma asedia Akragás
(Agrigento) en el 262-261 a. C. Estos episodios demuestran claramente el afán de
Roma por mostrar sus hostilidades frente a Cartago. El enfrentamiento final se
produce en el 260 a. C., frente a las costas itálicas, en Mylae, en la que el cónsul
Duilio obtiene la primera victoria sobre Cartago.
• 263 a. C. El consul M. Valerio Máximo llega a Sicilia dispuesto a un
enfrentamiento armado con griegos y cartagineses, apoyado además por algunas
ciudades griegas de Italia como Tarento. Asienta en Mesina sus tropas y se
dirige a Siracusa, causa última del conflicto.
• 264-263 a. C. Los cartagineses y los griegos –antes enemigos por el control de
Sicilia– unen sus fuerzas y asedian Messana, sede, como se ha dicho, de la
armada romana.
• 264 a. C. El consul Apio Claudio llega a Regio –junto a Mesina– al frente de la
Armada Romana. Al llegar a Messana (Mesina) expulsa a las guarniciones
cartaginesas e instala una unidad militar propia.
Para el estudio de las causas de la I Guerra Púnica –en realidad, un inevitable
enfrentamiento entre dos potencias que, eliminados los Etruscos, aspiraban ambas a
controlar el comercio del Mediterráneo Occidental– los propios historiadores antiguos
barajaron ya diversas razones. Pueden sintetizarse en:
a) Tratado entre Roma y Cartago en el 306 a. C. Por este tratado ambas potencias se unían
contra los griegos de la Magna Grecia y contra el Epiro, en Grecia, en la costa Adriática.
Algunos autores interpretaban que en aras de este Tratado, Cartago acabó poniendo
obstáculos a los comerciantes romano-itálicos. Por él, además, Cartago se había adueñado
de la Sicilia occidental frente a la oriental que era todavía controlada por los griegos.
b) El auténtico casus belli, sin embargo, fue el episodio de Hierón II de Siracusa, que en el
275-274 a. C. usurpó la ciudad a los mamertinos (de origen osco-sabelio, por tanto itálico).
Éstos pidieron ayuda a Roma y a Cartago. Cuando Roma –por decisión de los comitia
centuriata– desembarcó en Sicilia (264 a. C.), la reacción cartaginesa y griega fue plantar
cara a la flota romana.
Lección 21-II
Historia Antigua Universal
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La Primera Guerra Púnica (y II)
III. DEL 255 AL 242 a. C.
IV. EL TRATADO ENTRE ROMA Y CARTAGO
Las cláusulas del Tratado de Paz del 242 a. C.
Tras la victoria de Lutecio Catulo, Roma y Cartago –representado por Amílcar Barca– firman un
Tratado de Paz cuyas cláusulas iniciales, de hecho, fueron consideradas por el Senado de Roma como
benévolas. En cualquier caso, ese carácter leve de las sanciones y algunos de los episodios posteriores al
tratado del 242 a. C. explican como a Roma, en realidad, le interesaba mantener el poderío del estado
cartaginés, no en vano, debía recibir de él una notable indemnización de guerra.
LAS CLÁUSULAS DEL TRATADO
Transmitidas por Polibio III 27, 2-6 –el gran ideólogo del bellum iustum romano y, por tanto, el historiador
del Imperialismo– pueden sintetizarse en:
1. Indemnización de guerra a Cartago. Inicialmente de 2.200 talentos, pasó después a
elevarse en 1.000 talentos dada la exigencia del senado (3.200 talentos). El pago se hacía
anualmente, de unos 200 talentos anuales.
2. Compromiso de Cartago de abandonar no sólo Sicilia sino también las islas entre
Italia y Sicilia –en las que se habían librado las últimas batallas de la Guerra–. Aunque
inicialmente parecía que la claúsula se refería a las islas Egatas (Lípari) parece que, más
tarde –hacia el 238 a. C. y como consecuencia de la revuelta de los mercenarios del
ejército cartaginés– Roma –de mano del cónsul Sempronio Graco– extendió la acepción
del tratado también a Córcega y a Cerdeña.
3. Roma organizó la administración de las ciudades conquistadas, unas quedaron
como foederatae (“aliadas”), otras eran sometidas a la autoridad romana aunque quedaban
como soberanas y, por último, las antiguas ciudades cartaginesas quedaban como
stipendiariae, obligadas a pagar un tributo regular a Roma.
Como se ha viso, las campañas del 260 al 255 a. C. habían repartido los fracasos de forma
equitativa para cartagineses y para romanos. En definitiva, habían supuesto un notable
desgaste para ambos. Por ello, en el 255 a. C., Roma abandonó África y ambos bandos se
emplearon en una serie de disputas y escaramuzas diversas por el control de las costas
sicilianas y africanas:
• 254 a. C. Fruto de esas escaramuzas y de la acción de L. Cornelio Escipión y del consul
A. Atilio Cayatino, la mayor parte de la costa norte de Sicilia y parte de la sur caen en
manos de Roma.
• 253-251 a. C. Cartagineses y romanos se disputan el control de Lilibeum (Marsala) y
Drepanon (Trapani), con episodios continuos de razzias y de piratería. Destacan ya generales
como C. Sempronio Bleso, C. Aurelio Cota o L. Cecilio Metelo.
• 251 a. C. Roma vence a Cartago en la batalla de Panormo. Asdrúbal es capturado y
asesinado.
• 241 a. C. Victoria definitiva de Roma en las islas Egatas (batalla naval en Lípari, obra de
Lutecio Catulo) tras algunos fiascos en batallas terrestres (Drépano) contra Amílcar Barca.
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CAUSAS DE LA GUERRA
La Segunda Guerra Púnica (218 – 201 a. C.)
Aunque a nadie se oculta que la guerra, en realidad, resultaba inevitable en tanto que
Cartago y Roma tenían sus políticas militares orientadas en idéntica dirección: convertirse
en potencias hegemónicas en el Mediterráneo Occidental, es cierto que pueden
analizarse algunas causas o pretextos y que la historiografía ha buscado también depurar
responsabilidades.
1. La causa última (según Polibio III 30, 1-2) era la humillación cartaginesa del 242 a. C.
2. El casus belli, efectivamente, fue el episodio de Sagunto, ciudad aliada de Roma
(aunque la alianza era ciertamente irregular en tanto que Sagunto estaba al sur del Ebro,
área de dominio cartaginés) que fue atacada por Cartago (219 a. C.). Hay quien considera
que la referencia de Polibio al “Ebro” en el Tratado está corrupta y que, en realidad, éste
era el Júcar, de ahí que Cartago hubiera violado el mismo hacía tiempo cuando, además,
desde el 220 a. C. todos los territorios del Sur de la Península Ibérica eran suyos.
Entre el 242 a. C. (firma del Tratado Roma-Cartago) y el 218 a. C. (desembarco de Escipión en Ampurias)
hay una serie de episodios que demuestran claramente como ambas potencias se vigilaban mutuamente y
que ponen a las claras como Cartago –y esa será una de las causas básicas de la II Guerra Púnica– se
preparaba para su desquite de la humillación de la I Guerra.
I. EL PERIODO DE ENTREGUERRAS
LA GUERRA DE ILIRIA (229 – 219 a. C.)
Este conflicto tuvo que ver con las activas e irrefrenables campañas de piratería comercial iliria por los
puertos y costas del Adriático, actividad que, además, era protegida por los reyes de Macedonia (a la
sazón Filipo V) que entendían que dicho conflicto suponía una dulce amenaza para los deseos comerciales
expansionistas de Cartago y de Roma. Roma actuó contra la reina Teuta de Iliria (a la que declaró la
guerra en el 229 a. C. y que sometió a vasallaje más tarde) y contra Macedonia por su protección de la
referida actividad de piratería (unida previamente a la liga de ciudades Etolias, en la que Roma había sido
admitida en el 228 ó 226 a. C.). La principal consecuencia del conflicto fue no sólo el final de la piratería
mediterránea sino, sobre todo, la entrada de Roma en Grecia, de la que ya nunca saldría.
LA ANEXIÓN DE LA GALLIA CISALPINA (225 – 222 a. C.)
Las proverbiales invasiones de Galos continuaron en el siglo III a. C. y se agudizaron en el 232 a. C. con la
anexión por Roma de algunos territorios del área de los Ínsubros. Un ejército de galos –sobre todo de
Boyos– derrotó a los romanos junto a Clusium y la represión romana no se hizo esperar en Mediolanum y
Acerrae (223-222 a. C.). La victoria romana se reforzó con la fundación de diversas coloniae Latinae en la
frontera de la Transpadana.
LOS BÁRQUIDAS EN HISPANIA (237 – 219 a. C.)
Amparándose en su necesidad de compensar la pérdida de Córcega y Cerdeña y en su afán de obtener
recursos con los que pagar la deuda impuesta por Roma en el 242 a. C. y aunque ello violaba el original
Tratado entre Roma y Cartago (348 a. C.), Amílcar Barca y Aníbal se dirigieron a la Península Ibérica
sometiendo (237-229 y 229-221 a. C.) a los pueblos del Guadalquivir controlando las minas de Castulo.
Ante la imposibilidad de frenar la expansión cartaginesa y quizás alertados por los de Massalia, Roma
firma con Cartago (226 a. C.) el denominado Tratado del Ebro (que fija en dicho río los límites de
influencia de ambas potencias) y con Sagunto (221 a. C.) una especie de liga de carácter sacral.
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III. DE IBERIA, AD PORTAS: DESARROLLO DE LA GUERRA
V. TRATADO DE PAZ
La Segunda Guerra Púnica (y II)
P. Cornelio Escipión, “El Africano” fue el encargado de, tras la victoria de Zama, redactar las cláusulas de un
Tratado de Paz de Cartago con Roma. Éstas estaban constituidas por los siguientes puntos:
a) Indemnización militar a Cartago: ésta debía entregar sus elefantes, quedarse sólo con diez
trirremes, renunciar al reclutamiento de mercenarios y pagar una indemnización de 1.000 talentos.
b) Cartago, por otra parte, debía abandonar los territorios númidas –que fueron entregados al rey
Masinisa, que se alió con Roma en la fase final de la guerra–, renunciar a sus pretensiones sobre la
Península Ibérica, supeditar cualquier acción bélica en África a la autorización de Roma y, por
supuesto, renunciar a cualquiera que pudiera plantearse fuera de África.
Para Roma, las consecuencias del Tratado fueron muy ventajosas: eliminó la amenaza cartaginesa; amplió sus
territorios a toda la costa Mediterránea y a la Península Ibérica; comenzó el proceso de provincialización;
aumentó el tesoro del Estado por el botín de las nuevas conquistas (Livio XXXI 20, 7); y se fue configurando
la oposición entre el Mediterráneo Occidental y el Oriental.
Tras el sitio de Sagunto –que tuvo lugar durante ocho meses en el año 219 a. C.– Roma se vió obligada a
intervenir en la Península Ibérica (218 a. C.) y Aníbal a apostar por el enfrentamiento directo con
Roma en Italia dado que el Mediterráneo Occidental –con Córcega, Sicilia y Cerdeña en manos romanas–
era controlado por Roma. En el desarrollo de la Guerra pueden distinguirse las siguientes fases, marcadas
por los enfrentamientos en diversos escenarios:
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IBERIA (219 – 218 a. C. y episodios posteriores hasta el 206 a. C.)
• 220 a. C. Siguiendo la vía de la Plata, Aníbal domina ya el área lusitana, vaccea
y, por supuesto, turdetana. Las quejas de los Turboletas –vecinos de los Edetanos
de Sagunto– le sirven como pretexto para atacar dicha ciudad.
• 219 a. C. Asedio de Sagunto. Roma tarda en intervenir al estar ocupada en el
entorno Adriático y en el Norte de Italia.
• 218 a. C. Desembarco en Ampurias de P. Cornelio Escipión y más tarde de su
hijo Cneo. Sus campañas en Hispania durarán varios años siendo derrotados en
Cástulo (219 a. C.), ocupando luego Carthago Noua (209 a. C.) y venciendo en
Ilipa (206 a. C.)
ITALIA [AD PORTAS] (218 – 204 a. C.)
Con un ejército que colocaba la infantería –céltica e íbera– en el centro, Aníbal se
fue abriendo paso hacia Roma en la propia Italia, venciéndola en Tesino (otoño
del 218 a. C.), Trebia (invierno de 218 a. C.), Trasimeno (verano del 217 a. C.) y
Cannas (verano del 216 a. C.) batalla en la que la caballería romana fue literalmente
envuelta por la cartaginesa, muriendo hasta 50.000 romanos. Tras Cannas, Aníbal
rehusó entrar en Roma, hibernó en Campania y ocupó Tarento y otras ciudades
campanas (215-210 a. C.) mientras Asdrúbal era muerto en la Italia Central.
ÁFRICA (204 – 202 a. C.)
Ante la retirada de Aníbal a África, fue enviado Escipión –en adelante llamado
Africano– para derrotar finalmente a Cartago, lo que sucedió en el 202 a. C. en
Zama. Fruto de dicha batalla se firmó un nuevo tratado entre Roma y Cartago.
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Roma e Italia
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La I y II Guerra Púnicas
Geografía-Cronología de las Guerras
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La II Guerra Púnica
Recorrido de las campañas de Aníbal
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Roma y el Mediterráneo
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Las Guerras Macedónicas (215 – 168 a. C.)
Como consecuencia del conflicto con los piratas ilirios, primero, y de la propia II Guerra Púnica –aunque con
poca influencia en el desarrollo del conflicto–, Roma había entrado en contacto con una Grecia dividida en
diversas Ligas ciudadanas y cuyo control era disputado por los Lágidas de Egipto (Ptolomeo III Evergetes,
Ptolomeo IV Filopator y Ptolomeo V Epifanes) y los Antigónidas de Macedonia (Filipo V). Por el control
hegemónico de Grecia, Roma libró tres guerras:
I GUERRA MACEDÓNICA (215 – 205 a. C.)
Filipo V, rey de Macedonia, no había condenado –es más, apoyaba– la actividad de los piratas
ilirios que actuaban por el Mediterráneo e incluso, aprovechando la invasión de Italia por
Aníbal, pactó con éste para apoderarse de algunos territorios griegos. Roma, tras algunos
conflictos de sus aliados de la Liga Etolia contra Macedonia (esp. en el 220 a. C. con el intento
de Demetrio de Faros de apoderarse del puerto mesenio de Pilos), y una vez liberada ya de la
amenaza de Aníbal, en el 208 a. C., firmó con Macedonia la Paz de Fénice pues, en ese
momento, carecía de intereses sobre Grecia y sobre Macedonia aunque en un Mediterráneo
convulso, cualquier acontecimiento podía, a la larga, afectar a Italia. De hecho, el propio
conflicto entre la Liga Etolia, la Liga Aquea, los Lágidas y los Antigónidas acabaría por
beneficiar a Roma.
II GUERRA MACEDÓNICA (200 – 196 a. C. y 198 – 188 a. C. CONTRA ANTÍOCO III)
La II Guerra Macedónica va unida al ascenso al trono de la Siria Seleúcida de Antíoco III,
obsesionado con la reconstrucción del antiguo Imperio Seleúcida y que en el 205 a. C, se
dirigió a Mesopotamia. Aprovechando los afanes expansionistas de Antíoco, Filipo V de
Macedonia empezó a hostigar en torno al 200 a. C. a muchas de las comunidades aliadas de
Roma en Grecia (Quíos, Samos, Rodas, Pérgamo…) al tiempo que Atalo I de Pérgamo (que
había ayudado a Roma en la I Guerra Macedónica) solicitaba la protección de Roma frente a
las incursiones de Antíoco. Las legiones romanas, encabezadas por T. Quinctio Flaminino
obtuvieron una victoria en Cinoscéfalos (verano del 197 a. C.) al tiempo que Flaminino se
encargó de proclamar la libertad de las comunidades griegas, que se regirían por sus
propias leyes. Desarmado Filipo V, el único enemigo que quedaba era Antíoco III que,
seguramente aconsejado por Aníbal en el 197 a. C. ocupó los Dardanelos y el Quersoneso. El
hermano de Escipión Africano –Lucio– dirigió las campañas contra Antíoco ayudado por
Eúmenes de Pérgamo, venciendo ambos a Antíoco en Magnesia (190 a. C.) y firmándose
después la paz de Apamea en el 188 a. C. por la que Antíoco renunciaba a los territorios de
Asia Menor.
III GUERRA MACEDÓNICA (171 – 168 a. C.)
A la muerte de Filipo V, su sucesor Perseo entabló buenas relaciones con la monarquía
seleúcida al casar con una hija de Seleuco IV, y empezó a establecer pactos y alianzas con las
ciudades griegas aliadas de Roma. La respuesta de Roma fue una serie de operaciones que
culminaron en la victoria de Paulo Emilio (Pidna, 168 a. C.) con la que Roma mostró su cara
más agresiva con Macedonia, que quedó dividida en cuatro partes, organizadas como una
única prouincia romana con un gobernador al frente, negando los principios que pocos años
antes, Flaminino había proclamado al defender la libertad de todas las ciudades griegas. A
partir de entonces, el enriquecimiento de Roma y los efectos del imperialismo aumentaron.
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La III Guerra Púnica (149 – 146 a. C.)
CARTHAGO
En el contexto de las consecuencias de la III Guerra Macedónica, del control del
Mediterráneo Oriental, y, sobre todo, de la supervisión del cumplimiento de las
cláusulas del Tratado de Paz del 202 a. C. que, según el rey númida Masinisa –que iba
arrebatando territorios a su vecina Cartago– se estaban incumpliendo, para comprobar la
veracidad de dichos rumores, Catón visitó Cartago en el año 153 a. C. Efectivamente,
la antigua superpotencia se había recuperado de la derrota sufrida en la II Guerra Púnica
a partir, sobre todo, de una activísima política de colonización agraria.
II. LA GUERRA NÚMIDA
Fue tal la admiración de Catón que éste manifestó su intención de que Cartago –que
parecía volver a ser poderosa– fuera destruida. La opinión del censor (hecha célebre en
la frase ceterum censeo Cartaghinem, delendam esse –Cic., Tusc. 3, 51–) fue aprobada
por la mayor parte de los posessores romanos que decidieron hacer suyo dicho lema y
reivindicar el final del antiguo enemigo, final que no tardaría mucho tiempo en
producirse.
Aprovechando su condición de aliada de Roma, el rey númida Masinisa había ido
anexionando progresivamente territorios del área de influencia cartaginesa. En el
150 a. C., un ataque definitivo de Masinisa fue respondido por Cartago con una
guerra defensiva que, lógicamente, violaba las cláusulas del Tratado de Paz del 202
a. C. por el que Cartago se comprometía a supeditar a la autorización romana cualquier
decisión bélica en África.
III. AFRICA ROMANA
I. DELENDA EST
La III Guerra Púnica fue, en realidad, el pretexto de Roma para acabar con Cartago pues se resolvió en apenas
tres años. En su desarrollo pueden individualizarse varias fases y varios acontecimientos:
La destrucción de Cartago y el final de la III Guerra Púnica tuvo las siguientes consecuencias:
En el 149 a. C., el Senado romano autorizó la guerra contra Cartago, desembarcando
en Utica el consul Manio Manlio al que luego –para ejecutar las órdenes senatoriales del
delenda est Carthago– se uniría el propio P. Cornelio Escipión. Pese al deseo de paz de
Cartago –concretado en envío de rehenes y entrega de armas–, Roma asedió Cartago
durante tres años hasta que en el 146 a. C, superada la muralla de la ciudad, la arrasó,
esparciendo sal sobre sus ruinas en señal de esterilidad, castigo y maldición.
1. La ciudad fue destruida y declarada sacrílega su reconstrucción.
2. El territorium de Cartago fue repartido como parte del ager publicus romano.
3. La diosa cartaginesa Tanit fue adaptada a la religión romana con el nombre de Dea Caelestis en
gratitud de Roma por su no-intervención o no-protección de Cartago.
4. El territorio de Cartago fue convertido en la prouincia romana de Africa, quedando algunas de
las ciudades como tributarias y otras como estados-clientes pero aliados de Roma (caso de Utica) por
el apoyo que habían prestado a Roma y a Masinisa.
5. Roma preparaba así el reparto posterior del reino númida de Masinisa entre sus hijos.
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La Conquista de Hispania (218 – 133 a. C.)
I. INICIOS
II. LA CONQUISTA HASTA LAS GUERRAS CELTIBÉRICAS
La Península, escenario del imperium romano
LAS CAMPAÑAS DE M. PORCIO CATÓN (195 – 155 a. C.)
• 179 a. C. - 155 a. C. Periodo de relativa calma. Durante él tenemos noticia de una
embajada de hispanos a Roma (Livio XLIII, 2) para quejarse por las vejaciones a
que eran sometidos por los soldados romanos; y de la pronta elección como patronus
de los M. Porcio Catón, P. Cornelio Escipión o L. Emilio Paulo por los pueblos
indígenas, que ven en ellos la posibilidad de integrarse en sus clientelas y participar
ya en las primeras societates publicanorum de explotación de los beneficios de la
conquista. El hito característico de esta época es la fundación por L. Canuleyo,
praetor de la Vlterior, de la colonia Carteia (San Roque, Cádiz), completada con
colonos itálicos.
• 180 a. C. -179 a. C. De la mano de Tiberio Sempronio Graco, Roma inicia la
deditio de diferentes comunidades en las que concede lote de tierras a sus habitantes,
comprendiendo que ésa era una de las causas endémicas de las revueltas continuas de
los hispanos. Así, por ejemplo, se fundan Gracchuris (Alfaro) –tras la victoria sobre
los celtíberos en el Mons Chaunus (“Moncayo”)– o Iliturgi (Mengíbar).
• 193 a. C. -189 a. C. Con Catón, Cayo Flaminio y Lucio Emilio Paulo se conquista
el territorio de los Vettones y de los Carpetanos con el objetivo de controlar los
puntos esenciales de vadeo del Tajo y pacificando después el área del río Baetis.
• 195 a. C. -193 a. C. Catón desarrolla activas campañas contra los pueblos del
nordeste peninsular, dirigiéndose después hacia la Meseta y el Tajo.
• 195 a. C. Roma envía a Hispania –sin retirar las legiones que estaban al mando de
los praetores– al consul Catón. Lo hace con la intención de que se adueñara de casi
cuatrocientas póleis (Plutarco, Cato 10) y, sobre todo, de infudir miedo al
imperialismo y al poder romanos entre los indígenas de la Península.
Inicialmente, en el 218 a. C., el desembarco de Roma en la Península –en concreto
en Ampurias– sólo obedecía a un intento romano por garantizar el control del
enemigo cartaginés, una vez que éste había violado el ya referido Tratado del Ebro.
En el 197 a. C., sin embargo, el Senado envió a Roma a C. Sempronio Tuditano y a
Helvio, los dos primeros praetores. Ello implicaba:
1. Configuración de dos provincias, la Citerior –con sede en Tarraco– y la Vlterior –con sede en
Cartagho Noua, una vez conquistada a los cartagineses– con su correspondiente guarnición militar.
2. Instalación del aparato administrativo romano-provincial en Hispania: praetores, consilium
representante del Senado, equipo clientelar de praefecti y colaboradores, y quaestor para la gestión
económica.
3. Territorialización, por tanto –aunque con límites variables– del concepto romano inicial de prouincia.
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La Conquista de Hispania (y II)
Las Guerras que roma libra en el siglo II a. C. –en realidad, la guerra en Hispania y los últimos episodios de la
conquista de Macedonia– son enfrentamientos que, ciertamente, interesan a Roma en tanto que le permiten
tener “entretenida” a mano de obra campesina que se había empobreciendo con la masiva y progresiva llegada
de esclavos como botín de guerra. En ese sentido hay que entender la declaración de guerra a Celtiberia –a
través de Segeda– en el 153 a. C.
III. CELTÍBEROS, LUSITANOS, NUMANCIA
GUERRAS LUSITANAS (156 – 136 a. C.)
Quizás en cumplimiento de una posible costumbre sagrada (Apiano, Iber. 56-60) que
les llevaba a plantar cara al enemigo a través del envío al frente –pero fuera de su
propio territorio– de grupos de jóvenes armados, los lusitanos –cuyo territorio
matriz estaba comprendido entre los ríos Tajo y Duero– se adentraron en el valle del
Guadalquivir plantando cara a los generales romanos Cayo Sulpicio Galba y Lucio
Virginio Lúculo. A la primera sublevación (153 a. C.) que fue violentamente
reprimida por Roma, le siguió la liderada por uno de los supervivientes de aquélla,
Viriato, que mantuvo (en torno al 146 y hasta su muerte en el 139 a. C.) diversos
enfrentamientos con Roma en torno al Guadalquivir. Asesinado Viriato por sus
propios emisarios, la guerra culminó –sin apenas resistencia– en el 138 a. C. cuando
el gobernador de la Vlterior, M. Iunio Bruto, penetró en territorio lusitano sin
encontrar resistencia.
GUERRAS CELTIBÉRICAS (153 – 133 a. C.)
Lección 21-II
Como antes se ha dicho, estas guerras fueron enfrentamientos que, en realidad,
convenían a Roma. Tal vez por eso, y adelantando el nombramiento de los nuevos
consules, en el 153 a. C. fue enviado a Hispania Q. Fulvio Nobilior encargado de
hacer la guerra a los celtíberos una de cuyas tribus –la de los titos– había fortificado
las murallas de la ciudad de Segeda (Poyo de Mara, Teruel). Hacia el 151 a. C., y
tras algunas primeras derrotas, Roma se hizo con el control de todo el territorio
vacceo (ciudades de Cauca, Intercatia y Pallantia), orientando ya todos sus esfuerzos
hacia Numancia. Los consules –Q. Fulvio Nobilior, M. Claudio Marcelo u Hostilio
Mancino– se fueron sucediendo en el difícil y fracasado asedio a la ciudad hasta que
fue enviado a Numancia el vencedor de Cartago, P. Cornelio Escipión, que la
arrasó en el 133 a. C., episodio con el que concluyen las Guerras Celtibéricas y la
primera fase de la conquista de Hispania que, como puede verse, dejó fuera a los
astures, cántabros y galaicos, que serían dominados sólo en época de Augusto fecha
en la que se completó la pacificación de la Península Ibérica.
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La Conquista de Hispania
Geografía-Cronología de la Guerra
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La Conquista de Hispania
La Celtiberia Nuclear
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La Conquista de Hispania
Las Guerras Celtibéricas y Lusitanas
Lección 21-II
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Lección 21-II
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HISTORIA DE ROMA: SINOPSIS HISTÓRICA – Fuente: Web Historia Antigua – Universidad de Zaragoza
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