EL DEBATE POR LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS

Anuncio
EDITORIAL
El debate por la legalización de las drogas
The debate over drug legalization
Francisco de Asís Babín Vich
Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas
Enviar correspondencia a:
Francisco de Asís Babín Vich
Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas
Plaza de España, 17. 6ª Planta. 28008 Madrid
Resumen
Abstract
El debate sobre la legalización de las drogas surge con frecuencia en los
medios de comunicación, pensando en una solución al tema del narcotráfico
y otros problemas relacionados con su consumo. En España, el consumo
privado e incluso la producción de pequeñas cantidades de determinadas
plantas, cuyos principios activos tienen la consideración de drogas ilegales,
siempre que sea claramente para el propio autoconsumo, no constituye una
práctica penalizada por ninguna ley. Además al adicto se le considera un
enfermo. No es así siempre en los países que han propugnado este debate,
donde incluso existen en ocasiones leyes que persiguen al consumidor.
La población de nuestro país, a través de su opinión expresada en las
encuestas, prefiere incrementar las medidas preventivas, fomentar el
tratamiento libremente asumido por las personas adictas y endurecer la
represión del tráfico de drogas.
Por todo ello creemos que cuando se hable de “legalización” se debe ser
escrupuloso con la semántica; no es lo mismo legalizar que despenalizar, no
es lo mismo despenalizar el consumo que el tráfico y tampoco es lo mismo
despenalizar el consumo privado que el público. Despenalizar el consumo
privado es un hecho en nuestro país. Más allá de esto, defendemos la estricta
necesidad de analizar, desde una perspectiva científica, los hipotéticos
beneficios a los que daría lugar la legalización. Desde luego, desde la
perspectiva de la salud pública, es difícil encontrarlos. Creemos que la lógica
que se ha seguido con el tabaco, incrementando las restricciones para su
consumo, es la línea a seguir con cualquier sustancia adictiva.
The debate over drug legalization appears frequently in the media as a
potential solution to issues such as drug trafficking and other problems
related to drug use. In Spain, private consumption or even the production of
small quantities of certain plants, whose active ingredients are considered
illegal drugs, if clearly for own consumption are not practices criminalized
by any law. In addition, a drug addict is considered a person who is ill.
Although it has not always been like that even in the countries that have
called for this debate, where at times the law prosecutes consumers.
The population of our country, according to the views expressed in the
opinion polls, prefer to increase preventive measures, foster the treatment
freely assumed by drug addicts and make stricter the repression on drug
trafficking.
Therefore, when speaking of “legalization” we should be scrupulous with
the semantics; legalize and decriminalize are not the same, it is not the
same decriminalize consumption than decriminalize trafficking, neither
is the same decriminalize private consumption than public consumption.
Decriminalize private consumption is a fact in our country. Beyond this,
we advocate for the strict need to analyze from a scientific perspective the
hypothetical benefits that would result from drug legalization. Certainly,
from the public health perspective, they are hard to find. We believe that
the same logic applied to tobacco, increasing the restrictions on its use, is
the path to follow with any addictive substance.
Palabras clave: España, legalización, drogas ilegales, tabaco
Key Words: Spain, drug legalization, illegal drugs, tobacco.
ADICCIONES, 2013 · VOL. 25 NÚM. 1 · PÁGS. 7-9
7
D
esde hace unos años, son cada vez más frecuentes las
intervenciones de líderes políticos y expresidentes de
diversos países, que junto con los grupos procannábicos
abogan por la generalización de un debate a favor de la “legalización de las drogas”. La última Cumbre de las Américas ha
establecido así mismo, la idoneidad de abrir un debate sobre
la situación de la lucha contra el narcotráfico y la búsqueda
de alternativas a la política actual de control de la oferta y
de la demanda de dichas sustancias. Lógicamente los medios
de comunicación se han hecho eco de esta iniciativa que será
dirigida por la Comisión Interamericana Contra el Abuso de
Drogas (CICAD) una de las divisiones de la Organización de
Estados Americanos (OEA).
de la droga convirtiéndolo en un mercado libre, posición que
defiende una minoría de nuestros conciudadanos.
Algunos de los argumentos utilizados por quienes propugnan un mercado libre (ya sea del cannabis o de todas las
drogas), se estructuran ante hipotéticos beneficios como
el incremento de la recaudación estatal vía impuestos, una
supuesta oportunidad de acabar con los mercados ilegales, o el
beneficio terapéutico que algunas de estas sustancias podrían
aportar.
¿Hay alguna evidencia de que la liberalización del mercado disminuiría el drama?, evidentemente no, pues es un
hecho incontrovertible que las drogas más consumidas son
legales (tabaco y alcohol, junto con ansiolíticos y otros fármacos). ¿Acaso alguien piensa que las mafias desaparecerán
por la legalización?, evidentemente no, porque no es la droga
su único negocio; estos cárteles están en la base de las redes
de trata de personas, en el comercio ilegal de minerales y piedras preciosas, en el de armas, etc. Además tenemos el caso
del tabaco donde su legalidad no impide que siga existiendo
un floreciente contrabando. ¿Acaso se puede sostener que
un hipotético beneficio por la tributación de un negocio legal
debiera justificar el cambio de actitud?, ciertamente no, porque supuesto que hiciéramos abstracción de la evidente falta
de ética que comporta dicha posibilidad, el gasto asociado al
aumento del consumo esperable haría mucho más gravosa esta
vía al tener que acometer el coste derivado de su tratamiento a
nivel individual y social. Y, por encima de todo, tenemos como
sociedad un deber de proteger a los adolescentes y jóvenes.
¿Puede alguien garantizar que cualquier medida de legalización, por controlada que sea, no va a aumentar las posibilidades de acceso de los menores de edad a estas sustancias?, mas
bien los datos disponibles indican lo contrario.
La prohibición mediante listas cerradas de la producción,
recolección y distribución de determinadas plantas como origen de diversas drogas, es una iniciativa respaldada por la
mayoría de los gobiernos que han suscrito las tres convenciones internacionales existentes sobre la materia; la del opio en
1912 y las dos más modernas impulsadas por la Organización
de las Naciones Unidas (ONU). En un debate como el que se
pretende, la información a la ciudadanía llegará, como siempre, a través de los medios de comunicación, siendo esencial,
para que dicha información sea fidedigna, que se estructure
sobre un lenguaje preciso, exento de generalizaciones que más
bien desinforman. Así por ejemplo, no es lo mismo legalizar
que despenalizar, no es lo mismo despenalizar el consumo que
el tráfico y tampoco es lo mismo despenalizar el consumo privado que el público.
En España, el consumo privado e incluso la producción de
pequeñas cantidades de determinadas plantas, cuyos principios
activos tienen la consideración de drogas ilegales, siempre que
sea claramente para el propio autoconsumo, no constituye una
práctica penalizada por ninguna ley. No así en la mayoría de
los países que han propugnado este debate, donde la preocupación siempre ha estado centrada en el control de la oferta
a través de la represión del tráfico de drogas, pero donde además se han mantenido y aún se mantienen, leyes y/o actitudes de persecución contra los consumidores que lógicamente
existen, en todos los países en los que las drogas se producen,
discurren o se distribuyen hacia los usuarios finales.
En cuanto al supuesto beneficio terapéutico del cannabis, tan defendido por las asociaciones cannábicas, es cierto
que algunas sustancias presentes en el cannabis pueden tener
propiedades que mejoran ciertas patologías, bien relacionadas
con la espasticidad muscular, bien relacionadas con el dolor, o
bien con la sintomatología derivada de los tratamientos oncológicos fundamentalmente. Pero es igualmente cierto, que sólo
en unos pocos casos la administración de THC se ha mostrado
más eficaz que otros tratamientos ya existentes para mejorar el estado del paciente y que para dichos casos ya existen
productos farmacéuticos que contienen el THC como principio
activo y que permiten su uso en el marco de la relación médico-paciente. En definitiva, la sociedad no ha dado la espalda
a las posibilidades terapéuticas de los cannabinoides, siendo
nuestro país uno de los avanzados en este tipo de investigación. La clave de todo esto no es si fumar cannabis es terapéutico, sino investigar la mejor forma y dosificación, en que
determinados cannabinoides son eficaces frente a determinados problemas. Ello es exactamente el protocolo que se sigue
y se debe seguir en la investigación de cualquier medicamento. Es obvio que si se hubiera probado que el balance riesgo/
efectividad fuese positivo para otras patologías o síntomas,
el medicamento se licenciaría para otras indicaciones, pues
nada interesaría más a la industria farmacéutica que conseguir
ampliar su ámbito de aplicación.
En la base de esta diferenciación está la consideración
del adicto como un enfermo en nuestro país, atendiendo a la
evidencia científica disponible, frente a la consideración de
delincuente que tiene en la mayor parte de los países del globo
terráqueo. Es por ello que apelamos a que, para mayor claridad
a la hora de fijar la posición de cada cual, cuando se hable de
“legalización” se sea escrupuloso con la semántica; pues no
es lo mismo reconocer la existencia de la enfermedad adictiva
y proceder en consecuencia, que aceptar que la producción,
recolección, distribución y venta de las drogas, pasen a constituir un mercado libre, auspiciado por gobiernos o “empresas”
autorizadas para ello.
Nuestro país ha opinado a través de las encuestas que realiza la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional Sobre
Drogas. En ellas se concluye que la población prefiere incrementar las medidas preventivas, fomentar el tratamiento
libremente asumido por las personas adictas y endurecer la
represión del tráfico de drogas, que “favorecer” el mercado
El debate por la legalización de las drogas
8
En todo caso, el uso autoadministrado del cannabis, con
finalidad terapéutica, a través de la liberalización del mercado,
estaría dentro del concepto de automedicación que siempre
hemos rechazado desde la práctica clínica y de salud pública
por los riesgos que conlleva.
En un mundo como el que nos ha tocado vivir, es imposible
que podamos sustraernos a un debate como el que acontece
alrededor de las drogas y su control. Participemos por tanto
en él, teniendo claros los objetivos y sabiendo que este debate no debe estar imbuido de cuestiones ideológicas, de “falsas
premisas” y de “grandes soluciones”. Estas grandes soluciones
directamente no existen. Quizás la hoja de ruta a tener en
cuenta es la seguida con el tabaco. A partir del conocimiento
de los problemas ligados a su consumo, la sociedad ha tomado conciencia de lo que ocurría. A partir de aquí se han ido
tomando decisiones cada vez más restrictivas, contando además con el beneplácito y la aceptación de la sociedad e incluso
de los propios fumadores. Es decir, cada vez se ponen más cortapisas al fumador y esto está funcionando. ¿Por qué iba a ser
distinto el procedimiento a seguir con otras drogas?
Tampoco existe el supuesto vacío legal que algunos aducen como motivo para desarrollar legislaciones “ad hoc” en
territorios concretos. En esa línea hay que recordar que la Ley
Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de
Asociación, establece que la inscripción en el Registro de Asociaciones, de las asociaciones reguladas en esa normativa, se
entiende realizada a los únicos efectos de publicidad. No se
puede aducir por tanto que la inscripción supone de facto el
derecho a cultivar, recolectar y distribuir cannabis como algunos pretenden, dando lugar a un supuesto “vacío legal” por la
falta de concreción de la cantidad que puede ser cultivada,
recolectada y distribuida, simplemente porque nuestro ordenamiento jurídico contempla como ilícito penal, siempre y en
cualquier cantidad, el compendio de dichas actividades.
El único enfoque posible, desde una perspectiva responsable, debe ser el de la salud comunitaria y en el caso de nuestro
país, la ejecución de la Estrategia Nacional sobre Drogas 20092016, de la que nos hemos dotado con un importante consenso
y cuya primera línea estratégica pretende promover una conciencia social sobre la importancia del problema de la droga,
basada en la evidencia disponible y alejada de otros intereses.
Tampoco se puede aducir que el cultivo, recolección y distribución de cannabis, auspiciado por los clubes esté dentro
del concepto de “autoconsumo” ni del de “consumo compartido”, avalados por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, pues
como claramente ha quedado definido, sólo se puede considerar como tal, el que cumple todas y cada una de las siguientes
condiciones: que los consumidores sean adictos; que el consumo se efectúe en lugar cerrado sin que puedan inmiscuirse
terceras personas o que haya riesgo de difusión o de visión
por los efectos perjudiciales que dicho consumo conlleva; que
la cantidad de droga sea insignificante; que la coparticipación
consumista venga referida a un pequeño núcleo de drogodependientes como acto esporádico e íntimo sin trascendencia
social; que los consumidores sean personas ciertas y determinadas, como modo de verificar todo lo anterior y que ha de
tratarse de un consumo inmediato de las sustancias adquiridas.
Todo ello explica el por qué las asociaciones inscritas, son perseguidas en cuanto comienzan su actividad de cultivo y distribución, a la que se aplicaría el código penal, al constituir un
ilícito penal perfectamente tipificado, como lo es también por
cierto cualquier actividad que haga apología del consumo de
drogas.
La solución al debate se encuentra con más credibilidad,
en la lucha contra la pobreza que lleva a poblaciones indígenas a cultivar estas plantas como modo de subsistencia. En la
cooperación internacional, no sólo para el desarrollo, sino también en la lucha contra el narcotráfico con intercambios de
información entre países más precoces y efectivos, incluyendo
el movimiento de sustancias químicas utilizadas en la elaboración de las drogas para su venta. En la consideración del adicto
como paciente antes que como delincuente.
Nuestro país, contribuye a través de su reconocida experiencia y liderazgo en estos debates. Así, en el proyecto de
Cooperación en Políticas de Drogas entre América Latina y la
Unión Europea (COPOLAD) que lideramos, se está elaborando,
con el concurso de todos los países participantes, una síntesis
de la evidencia, como resumen para la toma de decisiones aplicables en los países de América Latina, para la mejora de las
políticas de drogas.
Francisco de Asís Babín Vich
9
Descargar