tica Kantiana Aplicada

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Ética Kantiana Aplicada
Introducción.
El desarrollo científico y tecnológico contemporáneo, así como sus proyecciones a
mediano y largo plazo, nos invitan a la reflexión filosófica. Las consecuencias de
las acciones del hombre sobre el mundo, incluyendo a la especie humana misma,
podrían
llegar
presenciando
a
un
convertirse
en
una
cambio
la
relación
en
novela
del
de
ciencia-ficción.
hombre
con
la
Estamos
naturaleza.
Históricamente ésta ha sido estable y las acciones humanas sobre ella sólo eran
capaces de producir cambios menores en su entorno inmediato.
contrario,
el
recuperarse.
hombre
la
interviene
profundamente
sin
que
esta
Hoy, por el
alcance
a
La biotecnología, por ejemplo, se introduce en los sistemas
biológicos, pudiendo llegar a producir cambios irreversibles que amenazan la vida
de la especie humana
tal como la conocemos.
Dentro de esta perspectiva, es
natural que se haya reactivado la reflexión ética respecto del actuar y obrar
humanos. Tan importantes pueden ser las consecuencias del despliegue científicotécnico que, con la intención de normarlos, se han desarrollado líneas de
pensamiento específicas que pretenden abordar estos problemas de acuerdo con
los tiempos. Han surgido así las llamadas éticas aplicadas, y dentro de ellas, la
bioética a tomado gran importancia. Dar respuesta a preguntas como ¿es correcto
hacer todo lo que es técnicamente posible? constituye uno de los desafíos que debe
enfrentar la ética contemporánea.
Nuestro problema puede formularse en los siguientes términos.
Los
planteamientos éticos actuales requieren sin duda de una elaboración dentro del
nuevo contexto histórico en que nos encontramos; sin embargo, la reflexión
humana respecto del buen actuar y obrar tiene ya parte de este camino recorrido,
el cual no debe ser desechado; por el contrario, éste puede servirnos de
fundamento para abordar los problemas éticos actuales.
La humanidad necesita regular su poderío científico-técnico dentro de un
mundo globalizado, por lo que requiere normas de validez universal. Dentro de este
contexto intentaremos analizar el pensamiento kantiano y desde esta perspectiva
aportar a la fundamentación de una ética sólida que nos permita enfrentar estos
nuevos desafíos. En este sentido nos preguntamos: ¿Pueden la ciencia
y los
científicos y técnicos que la operan, hacer abstracción del “conocimiento moral y
ético” dentro de su que hacer? ¿Puede la sociedad desentenderse de los principios
éticos que deben regular este ámbito? ¿Es suficiente con tener la formación de un
perito en un tema para manipular la naturaleza sin mayor conciencia del principio
moral? El imperativo categórico kantiano, al anticipar la posibilidad de leyes
morales y, por lo tanto, de acciones morales posibles, nos puede permitir analizar
mejor situaciones y acciones a las que el hombre hoy en día se ve enfrentado.
Las consecuencias del desarrollo científico-técnico pareciera que se escapan
a la capacidad del hombre de controlarlas una vez iniciado su despliegue. En este
sentido nos preguntamos si no existe una desproporción en el desarrollo de las
facultades de la razón humana. ¿Es posible que la facultad de conocer se halla
desarrollado en exceso, sin que la facultad de desear superior pueda, por así
decirlo, seguirle el paso? ¿Se ha convertido el conocimiento teórico especulativo en
una especie de tumor que invade el resto del campo racional?
El presente trabajo es una primera aproximación al pensamiento ético de
Immanuel Kant y a su actualización en el campo de las éticas aplicadas. Su
desarrollo consistirá en una breve introducción a la moral kantiana, para luego
pasar a presentar los elementos de la conciencia moral y la posibilidad del
imperativo categórico como juicio sintético a priori. A continuación se exponen
algunas consideraciones del estado actual de la biotecnología y los desafíos éticos
a que nos enfrenta. Por último intentaremos mostrar cómo el pensamiento
kantiano podría tener vigencia en el desarrollo de una ética aplicada a la ciencia.
Para realizar la presente investigación nos apoyamos básicamente en los
siguientes textos: “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” (FMC);
“Crítica de la Razón Práctica” (CRPr.) y “Critica de la razón Pura” (CRP) de
Immanuel Kant; Así como en “Técnica, medicina y ética” (TME) de Hans Jonas y en
"Racionalidad Crítica" (RC) de José Luis Villacañas.
a) Introducción a la moral de Kant
El proyecto filosófico de Immanuel Kant consiste en rescatar al hombre
salvando a la metafísica. Salvar la metafísica para él significa darle fundamentos
sólidos, para lo cual nosotros los hombres debemos llegar a tener conciencia de los
principios de ella. De este modo, así como en el conocimiento teórico especulativo
llegó a la apercepción trascendental como principio supremo, lo que permite al
sujeto tener claridad de sus capacidades y limitaciones, en la moral la conciencia
del principio, que es la apercepción práctica, permitirá establecer hasta donde la
razón puede operar en sentido práctico moral y cuáles son sus límites.
En el prólogo de la FMC Kant define a la ética, o teoría de las costumbres,
como “la ciencia de las leyes de la libertad” 1 y la divide en dos partes: una parte
racional o metafísica de las costumbres y una parte material o antropología
práctica. Es en la parte racional de la teoría de las costumbres donde Kant buscará
los fundamentos universales de la ética y la llamará moral.
La metafísica de las costumbres, al estar compuesta por una parte empírica
y otra racional, no puede desarrollarse en forma independiente de otras ciencias
como la antropología, la sociología o la psicología. Es por esta razón que Kant
plantea la necesidad de desarrollar aquella parte pura de la teoría de las
costumbres que sí pueda fundamentarse en forma autónoma. De este modo, si bien
no es posible desarrollar una ética independiente de otras ciencias que tienen
carácter empírico, Kant nos propone una moral autónoma cuyo origen se asienta en
la parte racional del hombre y que en consecuencia pueda ser pura a priori,
universal y necesaria.
El paso hacia la moral Kant lo realiza desde la teoría especulativa; es un
paso desde la crítica de la razón pura a la crítica de la razón práctica. La teoría
especulativa hace posible el paso desde las ideas trascendentales; ella aporta una
base lógica en la posibilidad de pensar las ideas y que éstas superen el principio de
no contradicción. En otras palabras, Kant desde la teoría especulativa le da una
base lógica y no-ética a la moral.
La
libertad
trascendental
es
definida
por
Kant
en
la
“Dialéctica
Trascendental”, específicamente al nivel de la tercera antinomia de la razón pura, y
dice así: “una absoluta espontaneidad causal que inicie por sí misma una serie de
fenómenos que se desarrollen según leyes de la naturaleza, esto es una libertad
trascendental” 2 .
La idea de libertad trascendental nos lleva al ámbito de lo noumenal. Esta
no es cognoscible a modo teórico especulativo; sin embargo ella encuentra su
realización en la moral
El campo de la moral es el de la facultad de desear; aquí no se trata, como
en la teoría especulativa, de una relación de concordancia entre representación y
objeto, sino que de una relación de causalidad. En el despliegue de la facultad de
desear el sujeto, a través de sus representaciones, se torna causa de la realidad de
objetos. Esta capacidad del sujeto de ser iniciador de una serie causal pone en
evidencia la libertad de éste y constituye su más alto poder como ser racional. La
libertad es el punto mas alto del la moral kantiana.
b) Presentación del imperativo categórico desde la FMC (capítulo N°1).
En la FMC
Kant presenta el imperativo categórico como juicio sintético a
priori práctico moral. Como es propio de su método, partirá de la cuestión de
hecho; en este sentido existen acciones morales y en consecuencia habría juicios
morales de valor. Kant tomará el hecho, lo analizará, extraerá el elemento formal
de éste y finalmente se elevará al principio. La conciencia del principio permite al
sujeto tener claridad de sus capacidades y de sus limitaciones; es así como en
moral la conciencia del principio permite establecer hasta dónde la razón puede
operar prácticamente en forma moral y cuáles son sus límites.
En el primer capítulo de la FMC se presentan los elementos de la conciencia
moral, partiendo de lo que encuentra en el hombre común. El primer elemento que
expone es el de buena voluntad. Kant introduce su exposición afirmando que no es
posible pensar nada, en el mundo, ni fuera de él, que pueda ser considerado como
bueno sin restricción, a no ser la buena voluntad. Algunos rasgos de carácter y
cualidades pueden ser deseables e incluso favorecer el trabajo a esa buena
voluntad, pero no pueden considerarse como buenas sin restricción.
A su, vez la buena voluntad no es buena por lo que ella efectúe o realice o
por su aptitud para realizar determinado fin. La buena voluntad es buena sólo por
el querer, es decir en sí misma. Recordaremos que el querer es el acto propio de la
voluntad. Para Kant la buena voluntad es mucho más valiosa que todo aquello que
pueda lograrse o pudiéramos realizar en favor de algunas o muchas inclinaciones.
A continuación Kant plantea el sentido finalista de la razón con relación a la
buena voluntad, y dice que la razón no está destinada para realizar la felicidad del
hombre, sino que para un fin mucho más digno, ante el cual deberán inclinarse los
fines particulares del hombre; en efecto, el filosofo señala que: “la razón nos ha
sido conferida como facultad práctica, es decir, como una facultad que tiene influjo
sobre la voluntad; resulta entonces que el destino verdadero de la razón tiene que
ser el de producir una voluntad buena, no en tal o cual sentido, como medio, sino
buena en si misma, cosa para lo cual la razón es absolutamente necesaria”. 3 En
otras palabras resulta que para Kant el destino de la razón es el de producir una
buena voluntad; en consecuencia una voluntad determinada autónomamente por la
razón en forma pura y a priori, sería la que se denomina voluntad moral. Este
carácter de autonomía, pureza y a prioridad le confiere el rasgo de universalidad a
la voluntad buena o moral.
Como segundo elemento de la conciencia moral, Kant, presenta el concepto
de deber que contiene el de buena voluntad y lo plantea de la siguiente forma:
Para desarrollar el concepto de buena voluntad, estimada por sí misma y sin ningún
propósito exterior a ella, tal como se encuentra en el sano entendimiento natural,
que no necesita ser enseñado; sino mas bien ilustrado, para desarrollar este
concepto que se halla en la cúspide de toda estimación que tenemos de nuestras
acciones y que es condición de todas las demás, vamos a analizar el concepto de
deber, que contiene el de una voluntad buena, aunque con ciertas restricciones... 4 .
Destacaremos de este fragmento que para Kant la buena voluntad se
encuentra naturalmente en el sano entendimiento humano, lo que podríamos
considerar como la cuestión de hecho. La buena voluntad puede estar presente en
el hombre común, sólo que esto no ocurre de suyo. De ahí que sea importante
salvaguardar el principio moral dándole acceso y duración, para lo cual es preciso
aclararla, explicarla o ilustrarla. Por último la buena voluntad se haya en la cúspide
de la estimación que tenemos de nuestras acciones y es condición de posibilidad de
toda acción moral.
Kant hace tres proposiciones respecto del deber, a las cuales nos
referiremos brevemente a continuación.
La primera proposición es una proposición implícita, y dice que para que
una acción pueda tener valor moral tiene que ocurrir por deber y no sólo conforme
al deber. Una acción conforme a deber, no necesariamente ocurre “por deber”, ya
que ésta podría estar determinada por nuestras inclinaciones. En este sentido da
varios ejemplos, como el del comerciante quien vende al justo precio por deber y
no por conveniencia, el del filántropo al hacer el bien por deber y no por amor al
prójimo y el de la conservación de la vida por deber.
La segunda proposición dice que:
Una acción hecha por deber no tiene su valor moral en el propósito que por medio
de ella se quiere alcanzar, sino en la máxima por la cual ha sido resuelta; no
depende pues de la realidad del objeto de la acción, sino meramente del principio
del querer según el cual ha sucedido la acción, prescindiendo de todos los objetos
de la facultad de desear” 5 . A continuación especifica que: “el valor moral de una
acción residirá entonces en el principio de la voluntad, prescindiendo de los fines
que puedan realizarse por medio de la acción 6 .
La voluntad es buena entonces no por sus efectos, sino por el querer y el valor
moral está en las máximas que se tornan racionales.
Con relación al querer Kant describe dos principios; uno subjetivo, que son
las máximas, y otro objetivo, que es la ley práctica. Citaremos dos definiciones
textuales; la primera desde la FMC dice:
Máxima es el principio subjetivo del querer, el principio objetivo (esto es el que
servirá de principio práctico, aún subjetivamente a todos los seres racionales si la
razón tuviera pleno dominio sobre la facultad de desear) es la ley práctica 7 .
La segunda definición la presentaremos desde la CRPr.:
Principios prácticos son proposiciones que encierran una determinación universal
de la voluntad, a cuya determinación se subordinan diversas reglas prácticas. Son
subjetivas o máximas cuando la condición es considerada por el sujeto como
valedera sólo para su voluntad; son, en cambio, objetivos o leyes prácticas cuando
la condición es conocida como objetiva, es decir valedera para la voluntad de todo
ser racional 8 .
La voluntad en el hombre puede estar solicitada por estos dos principios; la
acción moral se produce a través de las máximas por eso residirá en ellas el valor.
Sin embargo, para que las máximas tengan valor moral, la determinación de la
voluntad deberá estar dada por el principio objetivo (la ley moral).
La tercera proposición es una definición del deber y una consecuencia de las
dos proposiciones anteriores y dice así: “El deber es la necesidad de una acción por
respeto a la ley” 9 . En esta proposición se presenta el tercer elemento de la
conciencia moral, el cual es el respeto, Kant lo define de la siguiente forma:
Aunque el respeto es efectivamente un sentimiento, no es un sentimiento recibido
del exterior por medio de un influjo, sino espontáneamente autogenerado a través
de un concepto de razón, y por lo tanto, específicamente distinto de todos los
sentimiento de la primera clase, que pudieran reducirse a inclinación o miedo...”;
[luego dice:] “…la determinación inmediata de la voluntad por la ley y la conciencia
de la misma se llama respeto, de manera que éste es considerado efecto de la ley
sobre el sujeto y no causa 10 .
El deber es el principio de la buena voluntad. En este sentido la razón hace
un acto práctico y se pone como principio del deber. El deber es un concepto
racional puro que tiene que conectarse con los sentimientos, con la parte material
del hombre representada por las máximas.
Kant presenta entonces el respeto
como tercer término que permite la unión entre el deber y las máximas. La
conciencia de la subordinación de la voluntad a la ley moral provoca un sentimiento
puro, el respeto, que es afín con ambos elementos. Se trata de la sensibilización al
deber, el respeto nos permite sentir la ley de nuestra propia autoría.
Con relación a esta tercera proposición, Kant plantea que objeto de respeto,
y en consecuencia un mandato, solamente puede serlo aquello que se relaciona con
mi voluntad solo como fundamento y nunca como efecto, aquello que no está al
servicio de mi inclinación, sino que la domina o al menos la descarta por completo
en el computo de la elección, esto es la ley misma. Una acción realizada por deber,
es decir moral, tiene que excluir completamente el influjo de las inclinaciones, y
con este todo objeto de la voluntad. La voluntad entonces sólo puede determinarse,
objetivamente por la ley y subjetivamente por el puro respeto a esa ley práctica; en
consecuencia las máximas deben obedecer a la ley, incluso con el perjuicio de
todas nuestras inclinaciones.
De este modo, Kant, depurando a la voluntad de todo contenido empírico,
nos entronca con la ley moral. El se pregunta: ”¿Cuál puede ser esa ley cuya
representación, aun sin referirnos al efecto que se espera de ella,
tiene que
determinar la voluntad para que esta pueda llamarse, sin ninguna restricción,
absolutamente buena?” 11 . De este modo se presenta la legalidad en general y lo
plantea de la siguiente forma: “Yo no debo obrar nunca mas que de modo que
pueda querer que mi máxima se convierta en ley universal” 12 .
A este nivel de su exposición Kant cierra el círculo; él partió diciendo que lo
único posible de pensar como bueno sin restricción es la buena voluntad.
Analizando los elementos de la conciencia moral, desde el hombre común, muestra
cómo es posible la buena voluntad. La posibilidad para que la voluntad sea buena
es que ella se determine según la ley moral. Para el hombre dual en el mundo, esto
tiene que ocurrir como deber por respeto a la ley. En otras palabras, cuando la
voluntad está determinada en forma pura por algo que no le es ajeno, que no viene
de las inclinaciones, es decir por la razón. El respeto, como sentimiento puro nos
permite sentir la ley en nosotros y la acción moral será por deber en respeto a la
ley.
A
continuación
Kant
pasa
a
explicar
cómo
ciertas
máximas
pueden
convertirse en leyes morales. El hombre en el mundo, por su autoría en la ley
moral, ha de ser un legislador universal. Esta legislación se realiza sólo a través de
máximas que puedan adquirir carácter de leyes universales. Estas son las que
cumplen con el requisito que impone el imperativo categórico. Cada vez que
queramos comprobar si una acción es moral, habrá que aplicar el imperativo
categórico, y preguntarnos si podemos querer que nuestra máxima se convierta en
ley universal. El científico y técnico contemporáneo es “el hombre en el mundo” en
su “quehacer”; en este sentido, el presente trabajo intentará evidenciar la relación
entre la moral kantiana y el proceder ético a éste nivel. El ámbito de la ciencia es el
de la facultad de conocer; se trata entonces de encontrar el punto de unión entre
dos facultades de la razón humana.
c) Posibilidad del imperativo categórico.
La determinación moral de la voluntad es el núcleo del problema que nos
presenta el imperativo categórico. Kant define la libertad en el tercer capítulo de la
FMC como “una especie de causalidad de los seres vivos en cuanto son racionales,
y la libertad sería la propiedad de esta causalidad por la cual puede ser eficiente
independientemente de causas ajenas que la determinen" 13 . Esta definición de
libertad es negativa y en este sentido no permite conocer su esencia; sin embargo,
nos plantea la independencia, de la libertad, de causas ajenas a ella. La libertad de
la voluntad es su autonomía, esto es, la propiedad de la voluntad de ser ley para sí
misma.
El imperativo categórico expresa un mandato. El hombre como ser racional
se da a sí mismo su ley. Ahora bien este, no es pura razón, también es sensibilidad
y materia; la voluntad, en consecuencia, estará también solicitada por su polo
sensible. Esta condición dual requiere que la razón se imponga y, en consecuencia,
obligue con su ley.
El imperativo categórico se expresa en un juicio sintético a priori práctico
moral; su formulación general es la siguiente: “Obra sólo según aquella máxima
que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal” 14 . Se trata
de determinar a la voluntad para que esta a priori adquiera el carácter moral,
uniendo dos elementos de diferente índole.
El sujeto de este juicio es un tú implícito, que es una voluntad general a
determinar. El predicado añade al sujeto el valor el moral, que es toda la
formulación de la ley, y le ordena querer universalizar sus máximas. Se trata, como
decíamos, de unir dos elementos de naturaleza diferente; específicamente hay que
unir una forma pura de la razón (la ley moral que es formal) a una voluntad general
que es también solicitada por un elemento sensible. Siempre que Kant necesita unir
elementos de diferente naturaleza recurre a un tercer término que sea afín a
ambos. La unión sintética es posible por un tercer elemento que une las dos partes
del juicio. Este nexo es la libertad positiva. El predicado del juicio es la formulación
de la ley, el hombre como ser racional se da a sí mismo la ley, lo que constituye un
acto de libertad positiva. La razón pura práctica es causa de la ley que permite
liberarse de las inclinaciones para determinar a la voluntad.
Por otro lado, al
ponerse la ley como deber, somete a las inclinaciones ejerciéndose así libertad
negativa, libertad de las inclinaciones en la determinación de la voluntad. En
consecuencia, la razón pura práctica es causa (L+) de la ley que permite la libertad
(L-) de las inclinaciones para determinar a la voluntad. Queda establecido así que
la libertad positiva es la posibilidad del imperativo categórico en tanto juicio
sintético a priori
La deducción jurídica de la libertad Kant la hace en el tercer capítulo de la
FMC. Nosotros la dejaremos sólo planteada, dejando un análisis mas profundo de
ella para una futura investigación. Nos permitiremos citar el párrafo en donde el
filósofo plantea la posibilidad del imperativo categórico como juicio sintético a
priori por libertad:
Una voluntad absolutamente buena es aquella cuya máxima puede contenerse a sí
misma siempre como una ley universal; esta es una proposición sintética, ya que
por medio del análisis del concepto de una voluntad absolutamente buena no es
posible hallar esta propiedad en la máxima. Pero tales proposiciones sintéticas sólo
son posibles porque los dos conocimientos están enlazados, uno con el otro por su
vinculación a un tercero en el cual se encuentran mutuamente. El concepto positivo
de libertad crea ese tercer conocimiento 15 .
d) Desafíos a que nos enfrenta la técnica biológica.
Existe en la actualidad una estrecha interrelación entre la técnica y la
ciencia, hasta el punto en que es muy difícil poner el límite entre una y otra. Todo
progreso científico trae aparejado una rápida aplicación práctica. El tiempo que
media entre la generación de nuevo conocimiento y su aplicación da poco espacio
a la reflexión. De este modo, la ciencia pura que sólo busca el conocimiento y, por
lo tanto, valorativamente neutra pareciera estar desapareciendo. En este sentido
hablaremos de un estado científico-técnico contemporáneo.
La biotecnología nos merece una especial atención debido a los efectos que
de su acción se pueden generar. En este sentido el filósofo Hans Jonas nos hace ver
algunos
de
los
cambios
Históricamente la técnica
entre
este
tipo
de
tecnología
y
la
convencional.
ha manejado materias inanimadas, con las cuales se
creaban auxiliares no animados para el uso humano; la división estaba clara “ el
hombre era el sujeto y la naturaleza el objeto de dominio técnico, lo cuál excluía
que el ser humano se convirtiera en objeto directo de su aplicación” 16 . En este
sentido se ha producido un cambio, tal que el hombre puede ser objeto directo de
su propia arquitectura y con ello de su constitución heredada. Esto no se limita, sin
embargo, a las personas y a las cuestiones metatécnicas. La tecnología orgánica es
en sí distinta de la mecánica.
En el caso de la materia muerta o inanimada, el fabricante es el único que
actúa frente a un material pasivo; con relación a los organismos vivos en cambio
éste se ve enfrentado a otra actividad. El material del sistema biológico es también
activo. En lo que se refiere a la técnica a los organismos vivos, la técnica biológica
“colabora” con la actividad propia del material activo que funciona según su propia
naturaleza. La acción del sujeto, del ingeniero biológico por ejemplo, inserta un
nuevo determinante al sistema biológico, pero al mismo tiempo lo suministra. La
naturaleza puede aceptar o rechazar la intervención, y si la acepta lo hará a su
manera, ella mantiene su “autonomía”. Diremos, pues, que el acto técnico tiene la
forma de una “intervención”, no de construcción.
El carácter de intervención juega un rol fundamental en la predecibilidad de
la acción científico-técnica. El ingeniero biológico tiene que asumir “a ciegas” una
abundante complejidad de variables existentes en su material de estudio, que
están
ocultos,
y
que
tienen
una
dinámica
propia.
El
número
de
factores
desconocidos por el investigador en este plan es gigantesco, en gran parte porque
éste no es su plan.
La libertad trascendental definida por Kant nos pone exactamente en este
punto; si bien tenemos una espontaneidad, una voluntad que nos permite ser
causa, esta se inserta en un mundo fenoménico, que se rige por leyes que nosotros
no ponemos. Es así como nos vemos enfrentados a modificar variables que
determinaran efectos que ya no podemos controlar. Se hace evidente aquí la
necesidad de que una espontaneidad que nos lleva a buscar conocer la naturaleza
deba ordenarse por la razón. Que esta cierta libertad presente en el conocimiento
teórico especulativo
se transforme en una libertad, en el sentido kantiano,
propiamente tal. Se plantea así la necesidad de una moral reguladora de la ciencia.
Los efectos de las acciones humanas en este nivel, exigen plantear al investigador
una responsabilidad moral en su actuar.
e) Discusión.
Según el planteamiento filosófico kantiano, la razón en el hombre busca el
incondicionado, busca la causa primera. Desde la facultad de conocer esto no es
posible ya que estamos limitados a la ley de causalidad natural (ley de causa y
efecto) con que trabaja el entendimiento, el que a su vez está limitado a conocer
según los esquemas que le entrega la imaginación. De este modo, la única forma de
representarse el incondicionado es a través de la razón especulativa, quién sí
puede darnos la posibilidad lógica de la totalidad, pero sólo como posibilidad de
pensarla, ya que ella no es capaz de intuir y está limitada a hacer inferencias
lógicas mediatas según los conceptos del entendimiento. Haciendo síntesis de
categorías la razón llega a principios formales para la ciencia. Las formas puras de
la razón que nos permiten pensar la totalidad son las ideas trascendentales; a
pesar que no son cognoscibles a modo teórico especulativo, representan para la
ciencia una meta a seguir, son como una especie de motor que nos lleva a seguir
conociendo.
El “yo pienso” es el principio formal del conocimiento teórico, y como tal
pertenece al ámbito de la razón. La posibilidad de conocer está en esta capacidad
de pensar, que es actividad del sujeto; en el despliegue de esta capacidad hay una
espontaneidad que implica una cierta libertad del sujeto trascendental. Por otro
lado, hay desde la razón también una especie de mandato que, buscando la causa
final, nos lleva siempre a querer conocer más. El conocimiento deja en evidencia
una obligatoriedad en cuanto a sus antecedentes y condiciones de posibilidad.
Villacañas lo interpreta afirmando: “la noción de verdad como búsqueda de la
universalización exige un tipo de conducta regida por el imperativo categórico, que
es así su ley suprema” 17 . En este sentido vemos que bajo el conocimiento teórico
especulativo
hay
praxis
por
libertad
y
hay
deber,
en
consecuencia
nos
encontraríamos ante la presencia de lo moral. Esto nos permitiría afirmar que a la
base de la ciencia, hay moral
La libertad es una de las ideas trascendentales de la razón especulativa; ella
no puede ser conocida, ya que representa objetos totalitarios, no meramente
fenómenos. La imposibilidad de determinación teórica no significa, sin embargo,
negación de su existencia. Es así como la libertad encontrará su realización en la
moral; Kant la define como la absoluta espontaneidad causal que inicia por sí
misma una serie de fenómenos que se desarrollan según leyes de la naturaleza.
Esta definición nos permite evidenciar el punto clave por el cual se debe llamar a la
responsabilidad de nuestro actuar en el tema que nos aboca (ciencia y tecnología).
El hombre tiene voluntad y tiene razón, gracias a ellas es capaz de iniciar una serie
causal que se desarrollará a continuación según causalidad natural, lo cual significa
que se traspasa nuestra capacidad de control sobre lo que ocurre a continuación.
Nosotros no conocemos, en gran medida, lo que ocurrirá una vez que demos inicio
al despliegue de causalidades. Al nivel de la técnica biológica esto resulta de gran
importancia.
Históricamente la ciencia se ha dedicado a la búsqueda de la verdad, y en
ese sentido se ha desempeñado con gran “libertad”, sin que se solicite de ella
mayor responsabilidad. Sin embargo, en la actualidad, por el grado de intervención
en la naturaleza y el riesgo que involucran sus acciones, la ciencia y la técnica que
se le asocia ya no pueden considerarse avalóricas. En este sentido existen graves
conflictos éticos que atañen a la naturaleza misma del hombre. La biotecnología,
gracias a sus avanzados conocimientos biológicos permite a éste manipular la vida
y convertirse él mismo en el objeto de su técnica; es así como la manipulación
genética podría llevar por ejemplo a la “fabricación” de hombres, produciéndose
una situación de inferioridad de condiciones del fabricado frente a “su” fabricante.
Pero no solo la acción directa sobre el hombre implica riesgos, la intervención
biotecnológica a distintos niveles de la naturaleza puede desencadenar procesos
insospechables. El ingeniero biológico interviene en un proceso que desconoce en
gran medida y que puede significar un desastre para la vida del hombre mismo.
Pensemos, por ejemplo, que la manipulación microbiana nos puede enfrentar a
enfermedades infecciosas
sumamente virulentas que podrían devastar a la
humanidad. Sin ir mas lejos el mismo uso de antibióticos cada vez más potentes,
lleva aparejado la promoción de cepas bacterianas cada vez más resistentes, lo
cual es un hecho de la vida diaria.
Por otro lado la ciencia y la tecnología han adquirido gran prestigio y se han
transformado en una especie de ideal a seguir y en vez de ser un medio al servicio
del hombre, se transforman en fin.
En nuestra investigación, hemos querido partir con el análisis que hace Kant
desde el hombre común en “la cuestión de hecho” ya que en ciencia nos
encontramos justamente en ese momento de la reflexión y el mismo método podría
ser aplicado a este sistema. El científico
investiga pensando en una terapia, en
mejorar la calidad de vida del hombre o simplemente por curiosidad científica.
Habrían en él, tal vez, acciones morales, pero que ejecuta sin mayor conciencia. El
recorrido que hace Kant en el primer capítulo de la FMC sería aplicable al
investigador cuyas acciones deberían plantearse dentro de un contexto de buena
voluntad. Se requiere en ese sentido ilustrar al científico en la conciencia de su
poder. Se trataría de conjugar esa “cierta libertad” que hay a nivel del
conocimiento teórico con una libertad en sentido propio.
Sin duda los temas bioéticos contemporáneos son de manejo difícil y
requieren de la intervención de otros ámbitos de la ética, así como de la filosofía
política, del derecho y de otras tantas más; sin embargo, el estudio del
pensamiento kantiano puede ser una buena primera aproximación al problema. El
imperativo categórico, al mandar universalizar las máximas, facilita la elaboración
de normas de validez universal y a su vez le permite al individuo “testear”
valorativamente su actuar.
La tercera formulación del imperativo categórico es un principio de
humanidad, y manda considerar a la naturaleza humana como un fin en sí, no sólo
como un medio. Este principio es absolutamente vigente con relación a la
capacidad actual del hombre de manipular su propia humanidad. El proyecto
kantiano considera la realización del hombre pleno, lo cual involucra a este en su
pasado, presente y futuro. Desde este punto de vista su ética no sería sólo
inmediatista: hay un sentido de responsabilidad hacia las generaciones futuras, de
hecho se supone que estamos siendo el sustento de ellas. El
hombre
como
fin
en
sí
y
el
de
persona
humana
planteamiento del
llevan
implícito
el
de
responsabilidad y sería aplicable a las circunstancias actuales y futuras. A modo de
ejemplo plantearemos el siguiente problema: al intervenir el hombre en su propia
humanidad existe siempre un riesgo de fallas y errores, ¿qué se hará con aquellos
que no superen “el control de calidad”, son ellos también humanos? Pensamos que
sí. El imperativo categórico que manda tratar a la humanidad como fin en sí y no
sólo como un medio para investigar un tema, crear una técnica o para el propio
prestigio del investigador, nos protege frente a esta situación.
Desde el punto de vista metafísico pensamos que la libertad puede ser el
tema clave que permita establecer el puente hacia una ciencia moral o por lo
menos más cuidadosa. Probablemente la voluntad que actualmente está moviendo
parte de la ciencia no esté siendo determinada por la razón moral, y que el libre
arbitrio esté, por así decirlo, “haciendo de las suyas”, invadiendo este campo. Se
requiere en este sentido que la razón ponga orden a la libertad presente en la
ciencia y que a este nivel se realice libertad en sentido propio desde el punto de
vista kantiano.
f)
Conclusiones.
- Kant nos propone una moral autónoma, fundamentada racionalmente; es en ella
donde estarían los principios universales de la teoría de las Costumbres .
- El paso hacia la moral Kant lo hace desde la teoría especulativa, a través de las
ideas trascendentales, dándole una base lógica a la moral.
- En el capítulo N°1 de la FMC se presentan los elementos de la conciencia moral,
desde lo que se encuentra en el hombre común. Estos elementos son: buena
voluntad, deber, respeto y ley moral.
- La determinación racional de la voluntad es el problema central de la moral
kantiana y su consecuencia, la buena voluntad, es un fin en sí misma.
- La representación general de la ley moral es el imperativo categórico, que manda
universalizar las máximas.
- Para el hombre, como ciudadano de dos mundos, su actuar moral es obligado; la
ley moral es una ley del deber.
- El respeto es un sentimiento puro que nos permite sentir la ley en nosotros.
- El imperativo categórico como juicio sintético a priori es posible por libertad
(libertad positiva).
- Desde el punto de vista moral kantiano, el hombre se representa la ley como
imperativo categórico, es capaz de sentirla por medio del respeto y la acción moral
ocurre por deber, en respeto a la ley moral, momento en donde se realiza el
noumeno libertad.
- Los alcances de la acción de la biotecnología nos presentan nuevos desafíos
éticos. La ciencia y la técnica contemporáneas no podrían considerarse como
valóricamente neutras.
- Se requieren normas de validez universal que regulen el ámbito científico-técnico.
- La proposición moral de Kant nos ofrece herramientas que pueden contribuir en la
elaboración de fundamentos éticos de validez universal.
- El presente trabajo es sólo una introducción a la actualización de la filosofía
kantiana en el campo de la bioética; siguientes etapas de esta investigación
podrían estar orientadas al análisis de la segunda y tercera formulación del
imperativo categórico y a su aplicación dentro de este ámbito.
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