Mecánica: Automóvil

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Averías de los piñones del cambio
La caja de cambios es, quizá uno de los órganos del automóvil cuyo buen funcionamiento y duración depende
en mayor medida de la forma de conducir y trato del usuario. Una caja de cambios utilizada correctamente no
debe presentar problemas antes de los 100.000 kilómetros. Sin embargo, si se maneja de forma brusca y sin
uso adecuado del embrague, es fácil que antes de los 20.000 kilómetros necesite una reparación general.
Para evitar averías en la caja de cambios es fundamental practicar una conducción suave, exenta en lo posible
de fuertes retenciones o tirónes.
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En el cambio de marcha corta a marcha larga (por ejemplo, de segunda a tercera) es fácil conseguir que los
piñones engranen con suavidad. En esta maniobra, al levantar el pie del acelerador y pisar el embrague, en
sólo unos instantes, tanto el motor como el eje primario arrastrado por el embrague bajan de régimen lo
suficiente para que se igualen las velocidades del conjunto sincronizador y de piñón de la marcha
seleccionada.
El acoplamiento entre ambos elementos se realiza entonces de forma muy suave y con un mínimo de trabajo
por parte del conjunto sincronizador.
Por el contrario, cuando se cambia de velocidad larga a velocidad corta, aunque la maniobra se haga
rápidamente, el sincronizador se ve obligado a efectuar un duro trabajo al existir una diferencia importante
entre los regímenes de revoluciones correspondientes al carrete sincronizador y al piñón de la marcha a
engranar. El sincronizador trabaja entonces al límite, y los dispositivos de acoplamiento −ya sean de anillo y
como o bien de tipo elástico− sufren un desgaste más rápido. Por este motivo, para el cambio de marcha larga
a corta es recomendable practicar el doble embrague maniobra consistente, en pocas palabras, en: soltar el
acelerador, apretar el pedal del embrague, poner punto muerto, soltar el embrague y dar un pequeño acelerón,
apretar de nuevo el embrague, meter la velocidad corta, soltar el embrague y acelerar. De este modo se
consigue aumentar las revoluciones del piñón de la marcha a engranar, igualándolas a las del carrete
sincronizador, lo que permite aligerar el trabajo de los dispositivos de acoplamiento. Con un poco de práctica
se puede sustituir esa maniobra por un pequeño acelerón dado justo en el momento de apretar el embrague y
efectuar el cambio. Esta solución es más rápida y sencilla que la anterior, y, una vez conseguida cierta
habilidad, el resultado es prácticamente el mismo.
Averías del cambio:_
• Marchas duras o no entran correctamente: como primera medida, comprobar el ajuste del mando del
embrague. Si hubiera demasiado holgura, no se podría obtener un desembrago completo ni siquiera pisar a
fondo el pedal. En cambio , entonces, no quedaría enteramente libre de tensiones y las marchas entrarían
con dificultad o rascando o rascando fuertemente en el caso de la marcha atrás, por no ir esta velocidad
sincronizada.
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Aspecto que presenta una caja de cambios. Una serie de piñones arriba
y otra abajo es la que permite conseguir la velocidad de giro adecuado
Este problema puede traer serias consecuencias para el cambio, pues los sincronizadores, al trabajar a medio
embrague, son sometidos a unos esfuerzos excesivos que +aceleran su desgaste, lo que puede hacer necesaria
una reparación del cambio a corto plazo.
Esta misma anomalía de dureza en la selección de las marchas puede estar originada por defectuoso relaje de
las articulaciones de mando a distancia, o bien mal funcionamiento de las barras portadoras de las horquillas o
de los propios conjuntos sincronizadores.
2−Velocidades rascan: aparte del posible desajuste del mando de desembrague ya citado, el problema de que
rasquen las marchas en el momento de introducirlas se debe, principalmente, a desgastes en los conjuntos
sincronizadores. A medida que el anillo sincronizador y el cono del piñón sobre el que se acopla van sufriendo
desgastes, el anillo penetra más y más sobre el cono del piñón, disminuyendo el efecto frenante de este
acoplamiento hasta hacerse prácticamente nulo cuando el anillo llega a hacer tope con los dientes de anclaje
del carrete sincronizador. A partir de este momento, la sincronización deja de depender del acoplamiento del
anillo y el cono y pasa a hacerse bruscamente entre el estriado del carrete sincronizador y los dientes de
anclaje del piñón. En la mayoría de los casos, si la avería se encuentra a tiempo bastará con sustituir los
anillos sincronizadores. Si, por el contrario, se demora demasiado la reparación, al final será necesario
cambiar además los piñones e incluso los propios sincronizadores completos.
3−Ruidos: generalmente, los ruidos tienen su origen en dos motivos principales: rodamientos picados o
desgastados y roturas, y, asimismo, desgastes en los dientes de los piñones. Con frecuencia, el problema se
inicia con el fallo de los rodamientos ya sean de bolas o de agujas. Esto, posteriormente, da origen a que los
ejes adquieran holguras excesivas, lo que a su vez es causa de que los piñones engranen defectuosamente y su
dentado sufra roturas o desgastes anormales en corto plazo. Otros motivos de ruidos pueden ser tambien
desgastes generales en los conjuntos sincronizadores o rotura de algún elemento, horquillas de mando de los
sincronizadores torcidas o flojas, etc.
4−Autodesengrane: que en un momento dado se salga sola una marcha es un problema que puede ser incluso
peligroso para la propia seguridad si el fallo ocurre en un momento −un adelentameinto, por ejemplo− en que
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está tequiriendo del motor su máximo empuje. Esta clase de averías −poco corrientes− suelen derse por
defectos en los conjuntos, sincrinizadores (desgaste, muelles, retenedores vencidos o falta de ellos) o por
desgastes de la muescas de enclavamiento de las barras de mando de las horquillas.
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