"G.M.A. P.S.A. homicidio calificado".

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Córdoba, veinticinco de junio de dos mil doce.
VISTOS: Los presentes autos caratulados "G., M. A. p.s.a. homicidio calificado"
(expte. "G-09/2012") remitidos por el Juzgado de Control Ocho, a fin de resolver el
recurso de apelación interpuesto por el Dr. Álvaro Ganame (fs. 849/850), en su
carácter de defensor del imputado M. A. G., en contra del a. nº 22 dictado por dicho
tribunal con fecha 05/03/12 en cuanto dispone: ".No hacer lugar a la oposición
planteada por el Dr. Álvaro Ganame (.) y, en consecuencia, elevar a juicio la
presente causa en contra del imputado M. A. G.".
DE LOS QUE RESULTA: Que los señores vocales de esta Cámara de Acusación,
reunidos con el objeto de dictar resolución en estos autos, disponen que emitirán
sus votos en el siguiente orden: 1º) Carlos Alberto Salazar; 2º) Francisco Horacio
Gilardoni; 3º) Gabriel Pérez Barberá.
Y CONSIDERANDO: A) Que, conforme al orden que antecede, el vocal Carlos
Alberto Salazar dijo: I) Se desprende del escrito de apelación (fs. 849/850)
presentado por el ab. Álvaro Ganame que su agravio gira en torno a la inexistencia
de probabilidad para sustentar la imputabilidad de su defendido.
II) Concedido que fuera el citado recurso (fs. 851), recibidas las actuaciones por
este tribunal y habiéndose impreso el debido trámite de ley mediante decreto de fs.
857, el letrado presenta informe escrito sobre los fundamentos de su pretensión,
dando cumplimiento a lo normado por el art. 465 del código de rito, pasando los
autos a estudio del tribunal.
Así, el recurrente, en prieta síntesis, destaca la insuficiencia de los fundamentos del
a quo para avalar sus conclusiones acerca de la imputabilidad del incoado G. En
efecto, sobre la base de varias pericias psiquiátrico-psicológicas practicadas al
imputado, divergentes entre sí, la defensa cuestiona la selección arbitraria, por
infundada, de aquella que dictamina solitariamente que G. al momento del hecho
comprendía la criminalidad del acto y que pudo dirigir sus acciones en ese
sentido.III) En su resolución el Juez de Control Nº 8 se pronuncia por la
imputabilidad de G. Luego de examinar todas las pericias psiquiátricas y
psicológicas tanto oficiales como de parte, practicadas en la persona del nombrado,
con resultados divergentes en cuanto a aquel extremo, estima que el traído a
proceso tiene capacidad para comportarse con arreglo a las exigencias del derecho
penal (imputabilidad) al momento del hecho. Para ello valora las conclusiones de la
pericia psicológica obrante a fs. 586/591 y ratificadas luego en la pericia
psiquiátrico-psicológica de fs. 550/554 y que la pericia psicológica de fs. 350/358,
en su opinión, no contradice. Selecciona tales dictámenes por encontrarse, a su
juicio, debidamente fundamentados y concordar con los restantes elementos de
prueba obrantes en la causa, a los que se remite en honor a la brevedad, como así
también por su cercanía en el tiempo con el hecho endilgado. A su vez, el
magistrado destaca que los profesionales del hospital neuropsiquiátrico,
intervinientes en el dictamen pericial de fs. 550/554, no fueron los mismos que con
anterioridad habían tratado al imputado, quedando resguardada así su
imparcialidad.
V) Tras una atenta lectura de los presentes obrados, concluyo que debe hacerse
lugar al recurso interpuesto por la defensa técnica y en consecuencia, considero
que debe revocarse el requerimiento de citación a juicio y cerrarse el presente
proceso de manera definitiva e irrevocable a favor del traído a proceso mediante el
dictado de sobreseimiento total en virtud del art. 350 inc. 3º del CPP, esto es, por
inimputabilidad de M. A. G. -sin alias ni apodo, DNI 23.736.080, de nacionalidad
argentina, de estado civil viudo, de ocupación empleado de fábrica metalúrgica, de
36 años de edad, nacido en la ciudad de Córdoba el día 17/01/1974, domiciliado en
calle Manzana 21 Lote 4 de Barrio Villa Boedo de esta ciudad, con instrucción, hijo
de Pedro Domingo G. y de Rosa del Valle Almada, Prio. Nº 620.143 Secc.AG- por
el hecho fijado por la instrucción de la siguiente manera: Con fecha doce de mayo
de dos mil diez, en horario que no se ha podido establecer con exactitud pero
ocurrido entre las 15:00 y la 17:20 horas, y en circunstancias en que Sandra Mabel
Quispe se encontraba en su domicilio particular sito en calle Alejo Bruix Nº 5461 de
Barrio Colonia Lola de esta ciudad de Córdoba, se habría hecho presente en el
lugar su marido -de quien se encontraba separada de hecho- el imputado M. A. G.
y por cuestiones del momento y aparentemente en el marco de una discusión con
la mujer, se habría abalanzado encima de la misma con el fin de provocarle la
muerte y la habría apuñalado en el tórax, más precisamente en la parrilla costal
izquierda, lesión que posteriormente le produjo la muerte, según da cuenta la
Autopsia Nº 659/10 incorporada en autos.
Por tal motivo, estimo procedente la imposición de una medida de seguridad,
ordenando su internación, mientras duren las causas que lo motivaron, en el
Sanatorio Morra de esta provincia, quedando a disposición del órgano jurisdiccional
correspondiente, debiendo informar mensualmente el estado y evolución del
paciente.
A los efectos de examinar la motivación que sustenta la conclusión acerca de la
imputabilidad, es menester primero recordar en qué consiste ésta, para así
identificar cuáles son los extremos dirimentes sobre los cuales corresponde
expedirse en forma fundada.
La imputabilidad personal, en términos generales, puede decirse que está referida
a la idoneidad del autor por sus condiciones o aptitudes psíquicas normales, por lo
que si el sujeto actúa bajo el influjo de una anormalidad psíquica, faltará su
responsabilidad penal y con ello una de las condiciones de la culpabilidad.
Ahora bien, el artículo 34 inc.1º del Código Penal prevé en su primer párrafo
distintos supuestos de inimputabilidad, razón por la cual me detendré únicamente
en la alteración morbosa de las facultades, es decir de las potencias del sujeto
referidas a sus posibilidades psíquicas de percepción, captación, juicio, ideación,
decisión, etc. y más específicamente en su incidencia en la capacidad de
comprensión de la criminalidad del acto, que es el punto que en definitiva fue
sometido a controversia en el caso de marras.
Sobre la temática existe consenso en doctrina en que el sistema de nuestro código
penal, en la norma recién citada, determina la imputabilidad con base en una
fórmula mixta, esto es, biológico-psicológica (o psicológico-psiquiátrico-jurídica, o
psiquiátrico-psicológico-valorativa). La imputabilidad, o mejor dicho la
inimputabilidad se conforma, entonces, por dos segmentos: una base biológica,
dada por la enfermedad o insuficiencia mental o el estado de inconsciencia, o como
dijéramos supra una anormalidad psíquica, y un efecto psicológico, consistente en
la exclusión de la comprensión de la criminalidad del hecho o dirección de la
actuación conforme a dicho entendimiento. De tal manera, "la presencia de
cualquiera de los tres estados biológicos descriptos [insuficiencia de las facultades,
alteración morbosa de las mismas, estado de inconsciencia], no importa ya el
estado de inimputabilidad, pues, reiteramos, de acuerdo con el art. 34 aquélla tiene
una composición mixta: requiere un estado biológico con determinado efecto
psicológico" (Núñez, Ricardo C., Las disposiciones generales del Código Penal, ed.
Lerner, Córdoba, 1988, p. 116/117; DE LA RÚA, Jorge, Código Penal Argentino
Parte General, 2º ed., Depalma, Bs. As., 1997, p. 456; AGOSTINETTI, Marcelo en
Derecho Penal Parte General, Libro de estudio, dir. Carlos Lascano (h), ed.
Advocatus, 1º ed. Córdoba, 2005, p. 483; CABELLO, Vicente, Psiquiatría forense
en el derecho penal, ed. Hammurabi, Bs As., 1984, T. 1, p.119, entre otros).
Con relación al sustrato biológico y más concretamente en lo que aquí nos interesa,
con la expresión alteraciones morbosas de las facultades mentales se hace
referencia a las enfermedades o anormalidades mentales que trastornan las
facultades del sujeto y comprende todo tipo de perturbación, de base patológica o
no, de la vida mental. Actualmente existe la tendencia a otorgarle un sentido amplio
comprensivo de toda alteración mental definida psiquiátricamente como estado de
enfermedad mental, aun cuando no se estableciere una clara delimitación entre un
proceso causal morboso y un correlativo efecto de trastorno (DE LA RÚA, ob. cit. p.
459; cfr. FRÍAS CABALLERO, Jorge, Imputabilidad penal: capacidad personal de
reprochabilidad ético-social, Ediar, Bs. As., 1981, p. 268 y ss.). Ello nos habla
entonces de un presupuesto psiquiátrico y por lo tanto nos remite a conceptos
técnico-médicos. Por su parte, el denominado efecto psicológico se integra por dos
requisitos, la comprensión de la criminalidad del suceso (intelecto) y la dirección de
las acciones (voluntad), interesándonos, como dijimos supra, el primero de los
mencionados, pues es lo que está en discusión. Además, sentado que no existe
intelección del sentido antijurídico de la acción que se realiza queda descartada la
posibilidad de dirigir la conducta de conformidad con ello, pero no sucede lo mismo
a la inversa, puesto que puede concurrir la suficiente capacidad de entendimiento y
hallarse ausente el autocontrol según dicho entendimiento. Falta lo primero cuando
el sujeto del injusto se halla en una situación mental en que no puede percatarse
suficientemente de que el hecho que realiza se halla prohibido por el derecho. Sólo
tiene sentido prohibir un hecho antijurídico a quien puede conocer su antijuridicidad
(MIR PUIG, Santiago, Derecho Penal, Parte General, 7º ed., ed. BdeF, ArgentinaMontevideo, 2005, p. 557 y ss.).
Efectuadas estas consideraciones generales, corresponde analizar la prueba
incorporada en autos a fin de verificar la existencia de: 1) una enfermedad mental
de G.y, en su caso, 2) si su intensidad fue tal que le impidió, en el momento del
hecho, comprender la ilicitud de su obrar y dirigir sus acciones.
Es claro que con relación a tales extremos la prueba madre en el proceso será la
pericial, puesto que mediante ella se procura obtener especiales conocimientos
científicos, aún cuando sean poseídos por el propio juzgador. En cuanto a la
posibilidad de los magistrados de alzarse contra los dictámenes periciales y los
límites que puede tener esta atribución, resultan a mi juicio, infranqueables, para lo
cual se debe tener en cuenta lo siguiente: a) el juez no se encuentra en principio
obligado a seguir ciegamente las conclusiones del perito; b) el juez no es perito
peritorum; c) el juez puede excepcionalmente apartarse, bajo ciertas condiciones,
de las conclusiones del técnico; y d) la naturaleza de esas razones excepcionales
que justifican tal apartamiento.
En cuanto a lo primero, es cierto que, y así lo han remarcado ambos órganos de la
instrucción (fiscal y juez), el perito no es el juez de los hechos y por ello su opinión
no vincula a la autoridad judicial. Si surgieran serios motivos para descalificar el
dictamen, se podrá prescindir de él e inclusive concluir de modo contrario, una vez
agotadas las instancias enderezadas a aclararlo, completarlo y aún renovarlo. Pero
el juez no puede sustituir al perito.
La naturaleza de lo que debe ser examinado condiciona aquella facultad de
apartamiento del juzgador respecto de la opinión de los técnicos. Su simple
convencimiento no puede formarse cuando se trata de puntos científico-técnicos.
Es que si ha convocado a un perito por tratarse de aspectos que requieren
especiales conocimientos científicos de los que carece, no puede -luego de
producido el dictamen- desoír su opinión, por discrepancias científicas con sus
conclusiones, pues ello supondría que no sólo logró tales conocimientos sino que
además los obtuvo de modo superlativo, para descalificar los del perito.Aún cuando
el juez tenga conocimientos técnicos, artísticos o científicos, ellos no influyen para
evitar que se realice la pericia ni para descalificarla, pues tanto en uno como en
otro caso se tratará de conocimientos privados indemostrables e incontrolables por
las partes. Incluso para el supuesto en que la pericia exhiba conclusiones
dubitativas, insuficientes o contradictorias, no es el juez sino los expertos quienes
deben decidir sobre la cuestión técnica (CPP, art. 241). Es que apartarse de las
conclusiones periciales, sin así proceder, configura una hipótesis de arbitrariedad
en la selección o valoración probatoria. La prueba pericial se encuentra permitida
entonces también para la ponderación de los dictámenes periciales discrepantes, lo
que se justifica porque representa un auxilio técnico para la selección entre las
posiciones expertas inconciliables. Por cierto que, aun agotados estos extremos, la
posibilidad del rechazo judicial de las conclusiones expresadas en el dictamen debe
ser utilizada con toda cautela y criterio restrictivo, cuidando siempre de no invadir
competencias técnicas extra-jurídicas. Además, la pericial no es un medio
destinado exclusivamente al juez para suplir su deficiencia, sino a todos los sujetos
procesales y a la sociedad toda, para que desde el interior y exterior del proceso,
unos y otros, respectivamente, ejerzan el contralor de las pruebas, de las
decisiones judiciales y del porqué de sus fundamentos (Jauchen, Eduardo M.,
Tratado de la prueba en material penal, Rubinzal Culzoni editores, Santa Fé, 2006,
p. 380).
Bajo estas pautas, entonces, es que corresponde ahora ingresar al análisis del
caso concreto sometido a consideración de este tribunal.
Adelanto que, al contrario de lo resuelto por los órganos que han intervenido en el
presente proceso, entiendo que G.padeció, en el momento de darle muerte a su
cónyuge, y como lo dictaminaron casi todos los profesionales intervinientes en el
área de psiquiatría designados oficialmente con adhesión de algunos peritos de
parte, una alteración morbosa de sus facultades calificada uniformemente por los
especialistas, tanto del equipo de psiquiatría forense del poder judicial como del
Sanatorio Morra, como un delirio de celos o celotipia, agregando los últimos la
presencia de rasgos psicóticos, esquizoides y paranoides, que le imposibilitaron en
el momento del hecho la adecuada comprensión del carácter disvalioso de su
accionar.
Para un examen ordenado corresponde hacer referencia a la cronología de los
distintos exámenes y pericias realizadas en el presente proceso, tanto en uno como
en otro sentido, y así arribar a una mejor intelección de lo que aquí se pretende
exponer.
1) Primer examen psiquiátrico realizado con fecha 02/06/10, dispuesto en razón de
las manifestaciones del imputado con relación a ideas suicidas: Su abogado
defensor, al momento de tomar la declaración (fs. 85), hizo referencia a que su
defendido no se encontraba en condiciones psíquicas para el acto. Fue examinado
por los psiquiatras forenses Ávalos y Cornaglia, quienes concluyeron que se
encontraba en situación de riesgo y debía ser internado. El juez de control
interviniente ordena, como consecuencia del resultado del examen, su internación
provisional (ver fs. 172), siendo trasladado al Centro Psico Asistencial (CPA) ese
mismo día, en donde permaneció internado hasta el 15/06/10, fecha en que fue
trasladado al establecimiento penitenciario -Bower-.
2) Primera pericia psiquiátrica oficial (fs. 296/298) de fecha 13/08/10, realizada por
los mismos psiquiatras forenses, los Dres. Ávalos y Cornaglia: Allí se concluyó que
G. es inimputable, pues conforme su criterio padeció un trastorno depresivo mayor
con síntomas psicóticos (delirio celotípico) que le impidió comprender y dirigir sus
acciones. Dictaminaron asimismo que era peligroso para sí y para terceros y por
ello solicitaron su internación en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial. Adhiere el
perito de control por la defensa, Dr.Raúl Quiroga. La parte querellante particular
presenta su informe a través del perito de control en disidencia con las
conclusiones precedentes (fs. 300/301). Como resultado del dictamen oficial, G. es
nuevamente internado el 25/08/10 en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial y el
31/08/10 es trasladado al CPA.
3) Declaración del psiquiatra forense Dr. Ávalos (fs. 313/314): allí refiere que ".el
imputado presentaba un trastorno depresivo mayor, con síntomas psicóticos, es
decir, un trastorno grave del estado de ánimo, con el agregado de alteración del
sentido de la realidad. Que se trata de una alteración morbosa de sus facultades (.)
en este caso hay una enfermedad mental que altera el contenido del pensamiento
(ideas delirantes) y una profunda alteración del estado de ánimo, confirmada esta
también en sus diversas actitudes o ideación suicidas (.) En este caso, cuando hay
delirio, hay una premeditación, pero ésta es mórbida de (sic) su origen, viciada, es
decir que no es que no sepa o no conozca, sino que esta premeditación no
proviene del propio yo, sino del proceso morboso que lo invade, que es lo que
anima su actuar. La conciencia está clara y también la premeditación, pero es
bizarra. Que esta patología que le impide comprender y dirigir sus acciones, que en
este caso la acción va unida a la comprensión.". Seguidamente el facultativo, previa
referencia a su especialización en materia de simulación, afirma que no hubo
simulación por parte del paciente, ".si bien se puede simular algún episodio
concreto (por ejemplo, idea de suicidio) no se puede simular todo el tiempo.Nadie
puede hacer una documentación de tanta locura (.) El eje del diagnóstico finca en el
estado de ánimo profundo y en la alteración del pensamiento en cuanto a las ideas
delirantes (.) La convicción del engaño es otro de sus delirios.". Refirió también que
en el caso en cuestión ".no hay patología de la 'impulsión', con respecto del hecho
delictivo, el problema no es de descontrol, hay un impulso dirigido, pero ese
impulso ya es patológico desde el comienzo.". Por otra parte, frente a preguntas de
la parte querellante, expresó que las amenazas proferidas por el imputado a la
víctima y su temor por su seguridad ".es una consecuencia lógica de la patología
del imputado, que era coherente de acuerdo con sus ideas delirantes (.) Que la
permanencia en el lugar del hecho, luego de ocurrido, puede tomarse también
como un síntoma de su patología. Que se representa su propia muerte y se queda
como a la espera de un castigo, todo propio de su patología, lo que no es
compatible con una simulación de su parte, sino con un delirio.". Finaliza su
declaración expresando que en su opinión la patología de G. es grave y requiere de
un tratamiento prolongado y con controles, seguimiento y rehabilitación social, y no
tan solo de control de la crisis del sujeto.
4) Primera pericia psicológica oficial (fs. 350/358) llevada a cabo por el licenciado
Gustavo Marconi con fecha 13/09/10: se refirieron allí indicadores compatibles con
una personalidad de rasgos límite de la personalidad, tipo borderline, mostrando
inestabilidad emocional, gran impulsividad agresiva frente a cambios inevitables de
sus planes, baja tolerancia a la frustración, lo que lo lleva a actuar auto o
heteroagresivamente. Su personalidad reviste características emocionales
inmaduras y lábiles, oral dependiente, con marcados componentes autodestructivos
indirectos devenidos de la imposibilidad de un manejo adecuado de la pulsión de
muerte. Se observó en G. claras dificultades para la adecuación a las exigencias de
la realidad bajo momentos psicoestresantes.Asimismo se sostuvo que bajo la
presión de particulares circunstancias podría verse invadido por lo emocional,
inclinándolo hacia la acción, dada su rigidez y escasa plasticidad yoica que le
limitaría la capacidad reflexiva autocrítica y anticipatorio llevándolo a descargar
conductas irracionales e imiprevisibles. Se agregó que su estructuración yoica
implica defi ciente control de impulsos y afectos, con descarga conductual
disvaliosa. Por su parte, la licenciada Licitra, perito por la parte querellante, firmó el
dictamen oficial en parcial adhesión pero luego presentó su informe aparte en
disidencia parcial y ampliatorio (fs. 375/382), centrando su opinión en la advertencia
de un actuar manipulatorio de G. a través de la ideación suicida y disimulador y que
la actuación anterior, durante y después del hecho, evidencian racionalidad (por ser
secuenciados, programados), por lo que no son conductas automáticas.
5) Segunda pericia psiquiátrico-psicológica oficial (fs. 548/550) presentada con
fecha 25/04/11 y practicada por un cuerpo médico integrado por profesionales del
Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, las psiquiatras Cardoso y Alabart, y la
psicóloga, licenciada Belfiglio: Las tres facultativas dictaminaron en conjunto que G.
pudo comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones. Consideraron que
no presentó ninguna patología mental que le impidiera su conocimiento. En su
opinión, el diagnóstico correspondiente es el de trastorno de personalidad
emocionalmente inestable, rasgos de personalidad borderline, pero sin actividad
delirante ni alucinatoria. El perito de parte -por la defensa del imputado- presentó
informe pericial en disidencia parcial ampliatorio (fs. 553/554), ofreciendo
argumentos similares a los de los peritos oficiales intervinientes en primer término.
6) Declaración de la Dra. Cardoso con fecha 19/05/11 (fs. 561/562): Expresó que al
momento de entrevistar a G. estaban en conocimiento de la medicación que estaba
tomando, que eran varios medicamentos: un antipsicótico, un ansiolítico, y cree
también un estabilizador del ánimo. Que la medicación tiene efecto para quien la
necesita, pero que a su entender G.no es un paciente psicótico, sino un paciente
con trastorno límite de personalidad y que puede haber auto o heteroagresividad.
Que no notaron síntomas psicóticos ni depresivos. Que preguntado a G. sobre la
existencia de desconfianza o celos de su esposa, éste lo negó. Con relación al
trastorno depresivo, consideraron que no hubo síntomas de culpa, tristeza
profunda, o de ruina.
7) Segunda pericia psicológica oficial presentada con fecha 22/06/11 y realizada
por la licenciada Graciela Moreno (fs. 586/591): En ella dictaminó que G. no
presenta personalidad borderline. Para la licenciada no hay síntomas psicóticos, sí
sintomatología depresiva, pero reactiva a su estado de encierro y la grave
imputación que debe enfrentar. Su conclusión final fue que el periciado pudo
comprender y dirigir sus acciones. Adhirió al dictamen oficial el perito de control por
la parte querellante, la licenciada Scaiola de Picco. En disidencia, presentó su
informe la perito de control por la defensa de G., la licenciada Boerr (fs. 682/685).
Sintéticamente expuso que, en su opinión, sí existen ideas delirantes en G., que no
hay simulación pues su nivel intelectual no es suficiente para accionar como lo hizo
y que lógicamente no existen al momento del examen actual síntomas psicóticos,
toda vez que hace ocho meses recibe tratamiento psiquiátrico con medicación que
aplacan los síntomas, pero ello no excluye su existencia al momento del hecho.
8) Tercera y última pericia psiquiátrico-psicológica llevada a cabo en noviembre de
2011 por un cuerpo médico integrado por facultativos del Sanatorio Morra (fs.
728/754), entre los que se cuentan cuatro médicos psiquiatras (Dres. Carlos Morra,
Graciela Lucatelli, Félix Olmedo y Federico Silvestrini) y dos psicólogos (licenciados
Esteban Agüero y Pablo Duje): Los especialistas en conjunto y unánimemente
concluyeron que G.padece y padecía al momento del hecho, delirio de celos o
celotipia, que constituye una alteración morbosa de sus facultades, por lo tanto no
pudo comprender la criminalidad del acto ni dirigir sus acciones en aquella
oportunidad. Además dictaminaron los facultativos que G. requiere la aplicación de
medida de seguridad con estricta observación y seguimiento del proceso
terapéutico y recomiendan la intervención de peritos oficiales del poder judicial en
todo acto que implique cambio de la situación terapéutica. En el mismo cuerpo del
dictamen, a modo de introducción, hicieron referencia a la modalidad en que se
llevó a cabo el examen. Posteriormente dieron explicaciones sobre cada patología
consultada por la instrucción, correspondientes a las sugeridas por algunos
especialistas que examinaron a G. y las razones por las cuales consideraron no
aplicables al caso concreto, para finalmente brindar la opinión técnica que
estimaron correcta. El único informe en disidencia fue presentado por la perito de
parte licenciada Scaiola de Pico (fs. 766/778), insistiendo que G. padece un
trastorno de personalidad en estructura limítrofe superior al modo neurótico, que
mantiene juicio de realidad con leve disminución. Si bien hay debilitamiento de la
fortaleza yoica, sostiene capacidad de conductas autoconservativas, fallas en la
barrera de la represión, componentes obsesivo-depresivos, sensibilidad paranoide,
pero no delirio celotípico.
9) Declaración de la Dra. Angela Graciela Lucatelli (fs. 779/783): allí explica todo el
procedimiento llevado a cabo con sus colegas y las psicólogas intervinientes y las
razones de las conclusiones a las que arribaron, a cuyas expresiones haré
oportuna referencia, en honor a la brevedad, al igual que al contenido de la pericia
mencionada en el apartado 8).
De los sucesivos dictámenes periciales psiquiátricos-psicológicos,
precedentemente expuestos, las declaraciones de los facultativos intervinientes, y
su contraste con el restante material probatorio incorporado a la causa, me
convencen de que G., al momento del suceso, padecía una enfermedad mental que
le impidió comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones.Es decir, como
primer dato para aproximarnos a la decisión aquí sustentada, vemos que los
médicos psiquiatras oficiales q ue intervinieron en un primer momento en el
examen de G. (menos de 3 meses después de cometido el hecho, sin perjuicio de
lo que se dirá del examen practicado apenas pasados 20 días del suceso por los
mismos psiquiatras forenses) y los especialistas del Morra, coinciden
unánimemente en que el nombrado padecía y padece de delirio de celos o celotipia
(destacando los últimos la presencia de rasgos paranoides, esquizoides y
psicóticos), brindando vastísimos fundamentos de ello, y acordando los ocho
profesionales que la patología es grave y por tal motivo recomiendan especial
tratamiento terapéutico para G.
En primer lugar, daré las razones por las cuales me inclino a otorgar valor a unas
conclusiones por encima de las otras y luego examinaré los elementos probatorios,
adelantando que avalan aquellas consideraciones, pues nos hablan de un sujeto
cuyo accionar estuvo todo el tiempo signado por una concepción absurda y
contraria de la realidad, el engaño o infidelidad de su ex pareja, atribuyéndole a
todo un significado según esa idea que perturbó en un grado tal su juicio que lo
arrastraron a la conducta homicida. La tarea de determinar la imputabilidad de un
sujeto o su ausencia no resulta sencilla, toda vez que la naturaleza misma de la
temática en estudio lo dificulta, y a ello se le suma la cantidad y diversidad de
opiniones de los especialistas que intervinieron, todo ello sin mencionar las
consecuencias que tal decisión acarrea para la situación procesal del encartado.
Ello así, puesto que nuestro sistema penal no confiere efecto legal a la denominada
imputabilidad disminuida, esto es, a aquélla condición en la que hay una
perturbación o minoración, mas no una desaparición de las facultades requeridas
por la ley (Terragni, Marco Antonio, Culpabilidad penal y responsabilidad civil, ed.
Hammurabi, Bs.As., 1981, p.140; cfr., Tozzini, Carlos, en Baigún, David -Zaffaroni,
Eugenio -Directores-, Código Penal y normas complementarias - Análisis
doctrinario y jurisprudencial, Hammurabi, Bs.As., 1927, T.1, p. 506, entre muchos
otros), por lo que la decisión oscila entre imputabilidad o inimputabilidad. A su vez,
sobre el tópico en discusión es claro que, la representante del ministerio público ha
agotado la investigación penal preparatoria. Sin embargo, en miras de ello
considero que ha provocado una innecesaria prolongación de la pesquisa, sobre
todo si se tiene en cuenta que, frente a conclusiones contradictorias de los
especialistas en torno a la imputabilidad del traído a proceso, dispuso se practique
una tercera evaluación psiquiátrico-psicológica por una junta médica, que en el
caso fue integrada por especialistas del Sanatorio Morra y, no obstante lo
dictaminado unánimemente por éstos últimos técnicos, que a mi juicio tiene un
valor superlativo por las razones que veremos a continuación, la instructora se
apartó resolviendo en sentido inverso al señalado.
Ello explicitado y volviendo al análisis del caso en estudio, paso a dar las razones
por las cuales G. debe ser declarado inimiputable y sometido a un estricto
tratamiento psiquiátrico-psicológico en una institución adecuada por padecer de un
cuadro grave de su patología.
En efecto, las operaciones periciales que coincidentemente dictaminaron la
inimputabilidad de G. son: la practicada por los psiquiatras forenses Ávalos y
Cornaglia y por los profesionales del Morra, éstos últimos llamados a dirimir la
disidencia de opiniones en el tema. El valor de la opinión de los facultativos
mencionados en primer término se relaciona con el momento en que se practicaron
sus exámenes. Fueron los primeros que observaron y examinaron a G. apenas
transcurridos unos días del hecho (fecha del hecho: 12/05/10 y fecha del examen:
02/06/10) y luego vuelven a hacerlo poco después de dos meses (13/08/10). En la
primera oportunidad mencionada (fs.88), los psiquiatras intervinieron para verificar
si G., al momento actual del examen, podía permanecer o no en el establecimiento
carcelario (fs. 86), a lo que aquellos respondieron que se encontraba en situación
de riesgo y debía ser internado. Es cierto que no hicieron referencia alguna a la
imputabilidad del periciado, pero no fue ese el motivo por el cual fueron llamados a
practicar el examen. La instrucción no les solicitó que se expidan en ese sentido,
siendo esa la razón de la ausencia de una opinión técnica sobre el asunto,
reclamada ahora por el a quo. No obstante ello, tiene valor ese primer examen por
cuanto ya detectaron la presencia de rasgos de psicosis y de psicopatología,
siendo su conducta anormal e incontrolable. Tales consideraciones médicas fueron
ratificadas por las conclusiones de los mismos psiquiatras forenses al examinar a
G. en la segunda oportunidad en que fueron convocados para dictaminar sobre su
salud mental, pero esta vez al momento del hecho. De la evaluación practicada
surgió que G. había padecido, al momento del hecho, un trastorno depresivo mayor
con síntomas psicóticos (delirio celotípico) que le impidió comprender y dirigir sus
acciones. A este dictamen debe agregarse la declaración explicativa del examen
llevado a cabo por parte del Dr. Ávalos, cuyas partes más importantes fueron
transcriptas supra y a las que me remito. Lo dicho sobre el factor tiempo en esta
evaluación nos lleva a desechar uno de los argumentos invocados por el
magistrado para inclinarse por el dictamen de los profesionales del Hospital
Neuropsiquiátrico. En efecto, al considerar preponderante la opinión de estos
últimos por la proximidad entre el examen y el hecho cometido, el a quo soslaya por
completo la primera pericia practicada por Ávalos y Cornaglia. Coincido en que los
primeros momentos del examen de un sujeto son claves, pues se entiende que su
sintomatología puede verse más nítidamente reflejada y que no se halla
contaminado con el proceso, propiciando así una mayor fidelidad en el
diagnóstico.Pero entiendo que esa característica la reúne la primera pericia
practicada y no la escogida por el juez de control. En razón de todo ello,
corresponde aquí disentir con las razones argüidas por el a quo para inclinarse por
la pericia practicada por los profesionales del Neuropsiquiátrico.
Por su parte, el tercer dictamen de la junta médica conformada con especialistas
del Sanatorio Morra coincide tanto en la patología (delirio celotípico) como en la
conclusión de inimputabilidad sustentados por los psiquiatras forenses del poder
judicial. Este examen tiene, a mi juicio, marcada relevancia por cuanto no es un
dato menor que hayan intervenido seis profesionales, cuatro psiquiatras y dos
psicólogos, y que su conclusión fuera unánime sobre todos los puntos sometidos a
su consideración. Entre las notas que distinguen este dictamen, además del
apuntado y por encima del que se practicara precedentemente (por profesionales
del Hospital Neuropsiquiátrico, al que se hará alusión seguidamente), se destaca el
acceso a todos los elementos probatorios incorporados a la causa, muchos de los
cuáles no fueron considerados por los anteriores especialistas que intervinieron,
toda vez que fueron agregados con posterioridad, lo que brindó un panorama más
completo acerca de lo que debían resolver. Incluso así lo destacó la psiquiatra Dra.
Lucatelli (integrante del equipo técnico del Morra), quien explicó que las
conclusiones del equipo fueron basadas principalmente en la prueba reunida en el
expediente y más concretamente en los testimonios de familiares y allegados
(cuyos fragmentos fueron transcriptos en el cuerpo del dictamen), y
secundariamente en la entrevista con el imputado, la que no por ello resultó
irrelevante, sino, por el contrario, les permitió confirmar su opinión sobre el caso. Es
decir, fue el material probatorio y no tanto lo que surgiera de aquella entrevista
personal lo que les proporcionó el fundamento del diagnóstico.Vale decir que en
ese material probatorio estaban contenidas las opiniones técnicas disidentes
vertidas a lo largo de la investigación, tanto oficial como de parte, con lo cual entre
sus manos tenían una visión acabada sobre lo que debían examinar, que no fue,
reitero, la que tuvieron sus colegas anteriores, lo que se tradujo efectivamente en la
confección del dictamen, pues ello se advierte rápidamente de su lectura. Esa
coexistencia de opiniones técnicas divergentes permite suponer que los últimos
profesionales intervinientes tuvieron un mejor panorama a la hora de dictaminar
sobre el cuadro de G.
Ahora bien, luego de describir y explicar cuáles son los signos y síntomas de cada
una de las patologías que le fueron diagnosticadas a G. durante la investigación, el
dictamen detalla las conductas anteriores, concomitantes y posteriores llevadas a
cabo por aquel, lo que llevó a los facultativos a inclinarse por un diagnóstico (Delirio
celotípico) y a descartar otros (trastorno depresivo mayor o personalidad
borderline). El cuerpo del dictamen empieza con una breve introducción sobre la
modalidad de la evaluación. Sobre ello explica que ".se trabajó sobre todo el
contenido, con lectura individual y por separado. Se efectuaron dos reuniones con
los Peritos de Parte, Lic. Boerr, Psicóloga, Dr. Horacio Nitardi Médico Especialista
en Psiquiatría; Lic. Amalia Picco, Psicóloga, Dr. Raúl Quiroga, Médico Especialista
en Psiquiatría, con el objeto de escuchar los fundamentos de sus posiciones
científicas que dieron sustento a los Informes Periciales oportunamente elaborados.
En dichos ámbitos se dieron importantes espacios de discusión que enriquecieron
las conclusiones que más adelante se explicitarán. Entre una y otra reunión medió
la lectura del expediente por parte de los Peritos Oficiales. Se realizaron dos
reuniones más, exclusivas de los Peritos Oficiales, donde se profundizaron las
presunciones diagnósticas.Se realizó una entrevista al Imputado el día 14 de
noviembre en la sede del Cuerpo Médico Forense sito en el Edificio de Tribunales
II, desde las 09.30 horas hasta las 11.30 horas y posterior discusión científico
técnica de los Peritos Oficiales. En la primera parte de la actividad estuvieron
presentes los Peritos Oficiales y de Control Lic. Agüero, Lic. Boerr, Lic. Duje, Dr.
Morra, Dra. Lucatelli, Lic. Picco, Dr. Silvestrini. En la segunda parte de la actividad
estuvieron presentes sólo los Peritos Oficiales." (fs. 728). Seguidamente se hace
mención del diagnóstico de G. al momento del hecho: delirio celotípico o delirio de
celos sobre una personalidad con rasgos paranoides, obsesivos y esquizoides. En
el punto 3 expone y explica exhaustivamente las características de cada cuadro
clínico consultado: trastorno depresivo con síntomas psicóticos y personalidad
borderline. Luego hace lo propio con la patología que estiman padece y padeció G.:
delirio celotípico. En el punto 4 sobre la base de lo desarrollado en el punto
precedente exponen cuáles conductas anteriores o concomitantes llevadas a cabo
por Gonzalez los llevaron a inclinarse por un diagnóstico y cuáles a descartarlo.
Sobre tales puntos, me remito a su contenido en honor a la brevedad, mas
transcribiré lo relacionado al trastorno de personalidad borderline que los
facultativos del Morra descartaron, por ser una patología sugerida en la pericia
psiquiátrica del Neuropsiquiátrico y por una de las pericias psicológicas oficiales.
Así, sobre ello dijeron "Las personas con trastorno limite de la personalidad
parecen hallarse casi siempre en estados de crisis. Los cambios de humor son
frecuentes. Estos pacientes pueden discutir en un momento determinado,
mostrarse deprimidos acto seguido y quejarse poco después de su falta de
sentimientos. En ocasiones sufren episodios psicóticos de corta duración (llamados
micropsicóticos) más que rupturas psicóticas completas, y los síntomas psicóticos
en estos pacientes están casi siempre circunscriptos y son efímeros dudosos.Su
conducta es muy imprevisible, y rara vez los lapsos están a la altura de sus
capacidades. La naturaleza dolorosa de sus vidas queda reflejada en las repetidas
conductas autodestructivas. Pueden cortarse las venas y llevar a cabo actos de
automutilación para llamar la atención de los demás, para expresar ira o para
liberarse de los afectos que los desbordan. Como se sienten a la vez personas
dependientes y hostiles, estos pacientes mantienen relaciones conflictivas con los
demás. Pueden mostrarse dependientes de las personas que están cerca de ellos y
expresar una enorme ira hacía sus amigos íntimos cuando se sienten
decepcionados por ellos. Los pacientes con trastorno límite de la personalidad no
toleran la soledad y prefieren la búsqueda frenética de compañía, aunque ésta sea
insatisfactoria, a tener que soportarse a sí mismos. Para aliviar la soledad, aunque
sólo sea por un breve periodo de tiempo, pueden aceptar a un extraño por amigo, o
comportarse de manera promiscua, se quejan de sentimientos crónicos de vacío y
aburrimiento y carecen de un sentido constante de identidad (difusión de identidad),
cuando están bajo presión se quejan de lo deprimido que se sienten casi siempre a
pesar de la naturaleza tormentosa de sus otros afectos." Como se lee, es una
personalidad que se estructura de esta manera descripta, o sea que es un modo de
ser desde la adolescencia. Ello implica que no puede sostener actividades
laborales en el tiempo, que tiene reacciones explosivas con frecuencia, que sus
niveles de tolerancia son muy bajos, todo ello en todas sus relaciones lo que hace
que tampoco pueda sostener relaciones en el tiempo. Como tampoco puede
establecer vínculos afectivos profundos. En general, registran internaciones
psiquiátricas por descompensaciones o transgresiones a la norma o la ley por esos
desbordes impulsivos, como así también el consumo de sustancias en el marco de
estas conductas impulsivas.No son estas características las que presenta el
examinado en la documental analizada, salvo el consumo de alcohol desde los 12
años hasta hace 3 años atrás, pero presentado aislado el síntoma, no puede definir
el cuadro psicopa tológico. Pudo sostener los vínculos en su pareja hasta el año
2009, mantuvo un trabajo durante varios años, sostenía relaciones con la familia de
su esposa. Mantenía una actitud de escasa vida social, reservado, pero no por ello
inestable" (el resaltado pertenece al original). En cuanto a las características
fundamentales de la patología diagnosticada a G. expresa el dictamen que
"Centralmente lo que está afectado es el Pensamiento en su contenido, por ello
son: Infundados, Sostenidos firmemente (convicción), Resistentes al cambio
(irrefutables), Preocupantes o relajantes, Perturbadores o placenteros, Interfieren
con el funcionamiento social, Involucra una referencia personal. Y este
pensamiento que constituye una construcción ideativa interpretativa paralógica, va
tiñendo toda la conducta comprometiendo progresivamente más funciones
psíquicas. No es que el sujeto no comprenda, sino que la comprensión está
alterada porque parte de una construcción ideativa patológica". Seguidamente
refiere las conductas de G. que concretamente reflejan esas características
señaladas. Así dice "Según el expediente (foja 10-testimonial de Sergio Alejandro
Miranda - 12/05/2010) las conductas de celos (delirantes) empezaron a mediados
del 2009, la amenazaba verbalmente, por mensajes de texto, de que allí donde la
encontrará la iba a matar, intento varias veces suicidarse debido a la separación, se
lo veía mal anímicamente por la separación, se lo excluyo del hogar por los mismos
motivos. Luego llama por teléfono al cometer el hecho para informar esto, cuando
se acercan a ayudarlo impide el ingreso y amenaza nuevamente quitarse la vida.
Tenía una carta (fs.34) donde claramente da indicaciones de lo que debía hacerse
respecto a bienes o su hija y de la causa de lo que había hecho: matar por
celos.(fs.49). Habla con los padres luego de estar separado anunciando su suicidio
en caso de que ella no volviera. (fs 96-99) Refiere que se quiso ahorcar porque la
vio con un amigo y empezó a preguntarle insistentemente acerca de este hombre.
(fs 119) tiene la convicción de que ella se va a emborrachar y abrir las piernas a
cualquiera. (fs 189) Acosaba a su esposa, no la dejaba salir, tener amistades, la
controlaba, tomaba alcohol, la hostigaba y humillaba. (fs.193-194) La acusaba de
que lo engañaba, que usaba la plata para dársela a otro. (fs195) Cuando anduvo en
moto en una oportunidad recibiendo un llamado ella el pensó que era otra persona
y quiso tirarla de la moto. (fs 198-199)La llamaba constantemente por teléfono,
agrediéndola, haciendo planteamientos de celos y amenazándola de muerte. (fs.
213-215) Se sentía despojado de todo, engañado, traicionado como la quiso
recuperar y no pudo la mato. (fs. 313-314). G. premeditó su conducta pero ésta era
enferma o mórbida. Esta premeditación no proviene del propio yo, sino del proceso
morboso que lo invade, que es lo que anima su actuar. Todas estas conductas
demuestran con claridad el comienzo del proceso a mediados o principios del 2009
con la culminación con el "acto"homicida. Es decir el delirio actuado, y referido pero
no interpretado como ilógico por la gente que lo conocía, porque no sabían que era
una lógica patológica. Se hace mención a la Paranoia o Delirio Paranoico, porque
algunos autores consideran al Delirio Celotípico una forma de Delirio Paranoico" (el
resaltado y subrayado pertenecen al original). En el último punto (consignado bajo
el nº 6 por 5) frente a la concreta pregunta sobre la incidencia en la capacidad de
comprensión y dirección de las acciones de G. al momento del hecho concluyeron
que ".Esto fue explicado por el Perito Oficial: F 313-314 Declaración Testimonial del
Perito Oficial Psiquiatra, Dr.Antonio Avalos - 31/08/2010 - ".en este caso hay una
enfermedad mental que altera el contenido del pensamiento (ideas delirantes) y
una profunda alteración del estado de ánimo.cuando hay delirio, hay una
premeditación, pero ésta es mórbida de su origen, viciada, es decir que no es que
no sepa o no conozca sino que esta premeditación no proviene del propio yo, sino
del proceso morboso que lo invade, que es lo que anima su actuar. La conciencia
está clara y también la premeditación, pero es bizarra. Que esta patología le impide
comprender y dirigir sus acciones, que en este caso la acción va unida a la
comprensión." El Delirio, siempre parte de una interpretación de un hecho real o de
una convicción interna sobre una representación, a partir de ello todo es
distorsionado desde este eje que tiñe todo el pensamiento. Premedita, organiza,
actúa desde esta distorsión. Esto hizo que no pudiera comprender la criminalidad
del acto ni dirigir sus acciones. Asimismo, esta patología, hasta la actualidad, no
tiene solución terapéutica plena. Requiriendo por ello de medida de seguridad para
la concreción de un proceso terapéutico integral, teniendo siempre presente la
irreductibilidad de la ideación delirante." (subrayado y resaltado del original).
Finaliza el dictamen con las siguientes consideraciones: "Los Peritos Oficiales
actuantes en el presente acto observaron que Miguel Angel Gonzalez, comenzó
con un proceso psicopatológico de Delirio de Celos o Celotipia durante el año 2009,
desarrollo delirante que fue evolucionando insidiosamente hasta culminar en el acto
homicida. Acto homicida que fue premeditado como homicida - suicida, no
concretando este segundo aspecto. Si bien premedita y concreta esa parte de la
acción, también se tiñe de sentimientos depresivos en lo inmediato posterior a su
actuación criminal, pero como proceso adaptativo a su nueva situación vivencial.
No hay culpa, era un sino inexorable y se cumplió. Ella era la responsable de todo
lo malo que acontecía y ella era la que transgredía las normas que se habían
impuesto.No había salida más que la muerte. Más, hoy, transcurrido más de un
año, se esboza la aparición de otro responsable; lo paranoico, lo persecutorio, está
hoy depositado en otra persona. Esto último surge de la entrevista realizada.
También, en el examen físico practicado se observan signos extrapiramidales y
otros signos de compromiso orgánico cerebral, que bien pueden deberse al abuso
en el consumo de alcohol desde temprana edad, o a los efectos secundarios de la
medicación neuroléptica que está consumiendo por indicación médica. Esta
patología delirante, no le permitió comprender la criminalidad ni dirigir sus actos.
Siendo uno de los cuadros con menores posibilidades terapéuticas, se pueden
controlar los síntomas que acompañan, pero no se puede hacer desaparecer la
ideación delirante que siempre persiste y que puede variar, en la paranoia, de
objeto persecutorio. Es por ello, que estos Peritos, consideran la necesidad de
aplicación de medida de seguridad con estricto control del tratamiento, atendiendo
a lo expresado en el párrafo anterior, en relación al riesgo que presenta para sí y
para terceros. Por esto, se recomienda la intervención de los Peritos Oficiales del
Poder Judicial en todo acto que implique cambio en la situación terapéutica" (todos
los resaltados y subrayados pertenecen al original).
Por su parte, integrando el dictamen recién aludido, también resultan ilustrativas las
explicaciones brindadas luego ante la instrucción por la Dra. Lucatelli acerca de los
pasos que se cumplieron en el procedimiento de evaluación y la base en que
asentaron sus conclusiones. En torno a esto último, dijo ".tuvimos en cuenta todos
los elementos de la causa, no dejamos nada afuera.", destacando la trascendencia
de los testimonios de los familiares de la víctima, a los que la psiquiatra calificó
como espontáneos y desinteresados, y sobre la entrevista personal con el imputado
remarcó su importancia en el sentido que les permitió ratificar plenamente sus
conclusiones sin perjuicio de que el dictamen no se basó en ello centralmente. En
este sentido señaló la Dra.Lucatelli ".Lo más importante fue corroborar la
convicción delirante presente en G.", y luego dijo ".era la actitud propia de un
paciente psicótico." (fs. 781 vta.).
Sobre la patología en cuestión, la Dra. Lucatelli explicó que en el delirio de G. el
proceso comienza antes del hecho, es decir, tiene un desarrollo integrado por un
antes, un durante, y un después del suceso. G. padece un cuadro crónico, un
delirio de desarrollo, de interpretación, sistematizado, no alucinatorio y lúcido. Estos
son los que se van desarrollando a través del tiempo. Tiene inicio ".con una
personalidad de base con rasgos paranoides. Para que estos delirios de
interpretación se instalen necesitamos un sustento sobre el cual se van a instalar.
Hasta acá no hablamos de delirios, hablamos de los rasgos de personalidad de
base de este hombre. Ahora bien, este sustrato es necesario para lo que va a
suceder después. Que los rasgos de personalidad de base paranoide en G. esta en
esta actitud de un sujeto constreñido emocionalmente, con poca actividad social, de
un sujeto que aparentemente vivencia una disminución frente a su pareja y a la
familia de origen de la misma, un sujeto más vuelto hacia si mismo, hacia adentro y
acompaña todo esto e incide muy fuertemente su historia de consumo de alcohol (.)
Que hay algunos delirios donde nada hace sospechar que esten transitando por
esa percepción o interpretación errónea de la realidad. Que en el caso de G. ya
habían algunos indicadores. Que en el antes empieza esta interpretación errónea la víctima recibió la llamada telefónica-, lo que acontece es una interpretación del
hecho errada, ahí ya está instalado el desarrollo delirante lo que pasa es que nadie
se da cuenta (.) Ese delirio domina al sujeto, no tiene posibilidad de cambiar, la
convicción es tan grande, que cuando uno lo empieza a cercar confrontando con la
realidad trata de refutarlo.Que las decisiones del sujeto van a estar tomadas en
base a una percepción errada de la realidad (.) Que el durante no empieza en el
momento del acto criminal, el durante empieza cuando él empieza a planifi car,
porque el delirante planea, lo organiza y la carta que escribió G. forma parte de esa
planificación. Que ya pasó de las amenazas y los maltratos, ahora está sereno a tal
punto de que ella le permitió que llegara a la casa, porque estaba bueno, ya estaba
en la serenidad de la planificación. G. tenía exclusión del hogar y la señora le
permitió que (.) volviera al hogar a buscar a su hija (.) Son crímenes limpios, no hay
planificación para ocultarlo, son fáciles de determinar quien lo hizo y como ocurrió,
son planificados (.) Que en estos casos el asesino se entrega inmediatamente y si
no se queda en el lugar del hecho, va a la policía a entregarse (.) Que en este caso
hay una planificación minuciosa, pero es[a] planificación no implica que comprende,
es parte de la convicción delirante (.) Que con respecto al después, no hay culpa,
no hay arrepentimiento, no hay expresión afectiva, no hay nada (.) Esas
expresiones -me mandé una cagada- es porque sabe que matar esta mal, pero no
hay culpa ni mide las consecuencias, esto era lo que hay que hacer.".
Es decir que, junto a la pericia psiquiátrica de los facultativos Ávalos y Cornaglia,
quienes centraron sus conclusiones en la observación y evaluación del sujeto
periciado en los albores de la investigación y próximo al hecho homicida, el examen
de los especialistas del Morra viene a erigirse como un importante complemento de
aquellas.Ello es así, puesto que estos últimos fundaron su diagnóstico en toda la
prueba incorporada a la pesquisa (testimonios, pericias, informes médicos, etc),
que fue, como quedó plasmado en el dictamen, minuciosamente valorada, siendo
la entrevista personal con el incoado accesoria, encontrando la explicación de dicha
metodología, en términos de los propios especialistas, por el momento en que fue
practicada la pericia (más de un año y medio después del hecho) y, por ende,
debido a la contaminación que va sufriendo el sujeto en las instituciones
penitenciarias.
Ahora bien, no podemos soslayar que existe una pericia psiquiátrico-psicológica
practicada por un equipo de facultativos del hospital neuropsiquiátrico (fs. 548/ ),
conformado por las psiquiatras Dras. Silvia Cardoso y Miriam Alabart, junto con la
psicóloga licenciada Marina Belfiglio, quienes dictaminaron lo contrario de lo que
aquí se viene sosteniendo, esto es, que G. es imputable y, en consecuencia, pudo
comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones. Para las profesionales
intervinientes el traído a proceso presenta signos y síntomas compatibles con
rasgos de personalidad límite, también llamado personalidad borderline, la cual se
caracteriza por una tendencia impulsiva de actuar sin medir las consecuencias,
inestabilidad emocional y humor caprichoso; especialmente en circunstancias en
que la realidad lo enfrenta a cambios que no espera o que no están en sus planes,
evidenciando su escasa tolerancia a las frustraciones, lo que provoca tendencia a
un comportamiento auto o heteroagresivo, comprobándose que en esta acción no
existe actividad delirante ni alucinatoria. En definitiva, que G. no presentó una
patología mental que le impidiera su conocimiento. A esta pericia, además de la
crítica apuntada supra respecto al argumento empleado por el a quo para atribuirle
mayor crédito frente a los otras pericias, cabe formularle otra. En efecto, el juez de
control destaca en su favor que fue realizada por profesionales distintos de los que
intervinieron en la atención de G. meses antes de que ocurriera el hecho (G.había
sido internado en el nosocomio referido con motivo de un intento de suicidio en
septiembre de 2009), con lo cual pretende atribuirle imparcialidad a la opinión
especializada. Sin embargo, ese argumento cede frente a dos cuestiones. Por un
lado, esquiva que ese rasgo o característica no es atributo privativo del dictamen
mencionado, sino que también es compartido por el que fuera practicado por los
profesionales del Morra. Por otro lado, e íntimamente conectado con lo recién
expresado, es que no repara el a quo que aquellos especialistas dictaminaron en el
sentido que antes lo habían hecho. Ello así, pues no olvidemos que desde esa
institución dejaron ir en menos de 48 hs. a un paciente que al ingresar fue
considerado como "paciente de alto riesgo", con "intento de suicidio", "trastorno
depresivo crónico episodio agudo con síntomas psicóticos", causado, según los
dichos del propio paciente, por la separación con su esposa (así consta en la
historia clínica del hospital a fs. 95/99) y que poco tiempo después cometió el
suceso por el que aquí se lo somete a proceso a G., por lo que, sin desacreditar el
desempeño de las facultativas, no llama la atención el sentido de sus conclusiones
periciales.
Entonces vemos así que los criterios seleccionados por el magistrado para
inclinarse por un dictamen en desmedro de los otros son incorrectos, pues no sólo
no son propiedades exclusivas de las que queden exceptuados los otros
exámenes, sino que además resultan reflejadas con mayor nitidez en los
dictámenes que el juez de control precisamente descarta.
Es decir que, la pericia psiquiatrico-psicológica practicada por facultativos del
hospital Neuropsiquiátrico ha quedado solitaria frente a las restantes intervenciones
profesionales coincidentes en el cuadro de delirio padecido por G. A su vez, detecto
cierta deficiencia en sus fundamentos atento la ausencia de especificación del/los
dato/s a partir del/los que extrae los supuestos rasgos de personalidad límite, la
tendencia impulsiva, el comportamiento auto o heteroagresivo.Igualmente sucede
cuando descarta la actividad delirante o alucinatoria, sobre todo si su decisión iba a
ser contraria a la sustentada por los expertos psiquiatras del poder judicial. Ello es
así pues se limita a enunciar que la base de sus conclusiones fueron "las
entrevistas realizadas al imputado", el "análisis realizado sobre el expediente
judicial" y la "historia clínica del Hospital Neuropsiquiátrico". Y ello tampoco fue
aclarado después por la Dra. Cardoso en su declaración de fs. 561/562 (integrante
del equipo examinador del hospital Neuropsiquiátrico), puesto que de la lectura de
todo su relato surge que la base de sus conclusiones fueron las entrevistas con G.
y, por ende, sus dichos, mas ninguna referencia hace con relación a los testimonios
de la causa e informes de otros profesionales intervinientes que a esa altura habían
sido recabados, expresando sólo su desacuerdo con tales opiniones. Advierto así
conclusiones excesivamente vinculadas a los dichos del paciente y una omisión de
valoración en profundidad de los acontecimientos que fueron sucediéndose desde
la separación entre imputado y víctima, relevantes para explicar el fatal desenlace.
Tal forma de evaluación, válida según la instancia en que sea practicada, cae en
descrédito al advertir además contradicciones en su declaración. Veamos: ".En la
primera entrevista G. dijo expresamente que había planificado matar a su esposa y
matarse él por la situación de engaño de su esposa y porque no soportaba que la
llevara a la hija de ambos al bo[w]ling o a un bar con su madre, en moto y con
amigos. En la segunda entrevista manifestó que antes de separarse, un día que
ella iba en colectivo y él la siguió en la moto y la vio bajar en un lugar donde no
debía descender y la encontró con otro hombre que para él tenían una relación
sentimental. G.dice que su esposa lo negó siempre.". Es decir hasta aquí, son
claras las ideas fijas de engaño, lo que nos habla de un sujeto que evidentemente
padecía de celos. Sin embargo, seguidamente la psiquiatra declara ".G. cuando
relata lo sucedido no denota síntomas de esta patología [síntomas psicóticos o
delirantes] (.) G. dijo que nunca fue desconfiado o celoso de su esposa. Que
además de esto, no ha habido otras conductas previas, según lo que él refiere.". Es
clara la incongruencia apuntada, pero además tales datos refuerzan el diagnóstico
sobre la celotipia y la convicción del engaño sin sustento en un escenario real, que
al decir de los especialistas del Morra son claros rasgos paranoides y delirantes.
Con estas expresiones no puede concluirse sin mas que la facultativa del hospital
Neuropsiquiátrico se inclinó por las últimas expresiones vertidas por G. sin
proporcionar una explicación técnica plausible de tal decisión. La inconsistencia en
la que cae la médica se torna más ostensible aún al repasar las constancias de
autos, puesto que esas últimas expresiones de G., que parecen ser más una
interpretación de la médica, además de ir en contradicción con lo que él mismo
dijera en las entrevistas, según la propia Cardoso, contrastan palmariamente con
las restantes pruebas. Ello es así pues, si de algo no existen dudas, es con relación
a las ideas de G. acerca de la infidelidad de su esposa y de la ausencia de
correlato en la realidad, ya que absolutamente todos los testimonios de los
familiares y conocidos de la víctima así lo indican. Incluso la propia víctima, en su
denuncia realizada por hechos de violencia familiar (fs. 111/126), refirió sufrir por
parte de G. amenazas, constantes llamadas y mensajes de texto, persecución y
hostigamiento desde la separación. Esto último lo ratificó el licenciado Pomba (fs.
198), quien asistió a Quispe en aquella oportunidad. Lo apuntado hace suponer la
falta de rigor científico con el que la psiquiatra extrajo sus conclusiones.Por otra
parte, resulta llamativo lo que dice Cardoso en torno a la medicación de G. Así,
luego de afirmar que el paciente estaba medicado con un "antipsicótico, un
ansiolítico y, cree, un estabilizador del ánimo" y que "la medicación tiene efecto
para quien la necesita", es decir si se trata de un "paciente psicótico, la medicación
lo hace estar más coherente, si no lo es, no", se limita a decir que no lo hubiera
medicado de esa manera por considerar que no padece de la patología que se le
atribuye. O sea que, conforme lo que sostiene Cardoso, el pacien te estuvo mal
medicado durante casi un año, puesto que desde la comisión del hecho a la fecha
de la pericia en cuestión, el imputado recibió tratamiento tanto en instituciones
psiquiátricas, incluido el nosocomio del que forma parte la psiquiatra nombrada,
como en el establecimiento penitenciario. Según su opinión, entonces, se le
suministró durante casi un año medicación para un paciente psicótico, sin serlo.
Otro punto de discrepancia entre el dictamen de las especialistas del hospital
Neuropsiquiátrico y las restantes pericias oficiales es lo relacionado con la
planificación o premeditación atribuida al incoado, lo que ha sido interpretado por
las primeras para desechar la patología asignada por sus colegas precedentes y
descartar así la inimputabilidad de G. Sobre ello considero, por el contrario, que
muy bien lo han explicado los especialistas intervinientes en la primera y tercera
evaluación psiquiátrica oficial. Así, exponen que en el delirio celotípico hay
premeditación, planificación, estrategia, es decir, existe lucidez psíquica pero que
todo parte de una idea errónea, por lo tanto aquella premeditación es mórbida
porque está viciada en su origen. En definitiva, el dictamen del Hospital
Neuropsiquiátrico junto con las explicaciones de la Dra. Cardoso aparecen
desprovistos de las razones suficientes para concluir del modo en que lo hicieron.
Por otra parte, cabe hacer referencia a las pericias psicológicas oficiales
practicadas por los licenciados Marconi y Moreno, respectivamente (fs.350/358 y
586/591), las que independientemente de sus conclusiones contradictorias (una, se
refiere a una persona con personalidad tipo borderline y la otra, descarta ese
encuadramiento y la presencia de síntomas psicóticos lo que ha sido extensamente
refutado por las pericias anteriormente aludidas), ambas hacen hincapié en los
mismos rasgos de la estructura de personalidad de G., por lo que aportan datos
relevantes en ese sentido que, lejos de contradecir lo hasta aquí señalado resultan
complementarios de las conclusiones psiquiátrico-psicológicas y que enriquecen los
fundamentos del cuadro clínico del nombrado. Así, la primera de las experticias
mencionadas, la más cercana en el tiempo a la fecha del hecho, realizó un estudio
completo y pormenorizado. Así, con específica indicación de las técnicas
empleadas, advierte un sujeto con fallas: a) en la capacidad de la memoria de
fijación, b) en la capacidad para la memoria de evocación y memoria retrógrada
ligada a conocimientos de interés general, c) en el nivel de las operaciones
reversibles, encontrándose defectuada la capacidad para integrar mutuamente la
clasificación y la seriación, d) en la prueba de aprendizaje inmediato,
encontrándose defectuada la incorporación de representaciones internas bajo
control perceptivo. Todo lo cual indica la presencia de fallas en el desenvolvimiento
de algunas funciones intelectuales comprometidas con factores de inestabilidad (fs.
355). También señala el dictamen que G., bajo la presión de particulares
circunstancias podría verse invadido por lo emocional inclinándolo hacia la acción,
dada su rigidez y escasa plasticidad yoica que le limitaría la capacidad reflexiva
autocrítica y anticipatoria, llevándolo a descargar conductas irracionales e
imprevisibles, personalidad con marcados componentes autodestructivos indirectos
devenidos de la imposibilidad de un manejo adecuado de la pulsión de
muerte.Seguidamente, marca el dictamen, que a pesar de tener el índice de
realidad dentro de los parámetros esperables, se infiere que en determinados
momentos psicoestresantes aparece la presencia de conflictos internos (baja
tolerancia a la frustración, precario equilibrio psicoemotivo y su frágil autoestima)
que dificultan considerar por momentos algunos problemas prácticos de la vida
diaria. Todo ello, sumado a los tratamientos psiquiátricos ambulatorios y de
internación en el CPA, su baja adherencia a los tratamientos y los antecedentes de
ideación persistentes de suicidio, muestra claras dificultades en su adecuación a
las exigencias de la realidad bajo momentos psicoestresantes. Por su parte, la
segunda pericia psicológica practicada por la licenciada Moreno con relación a la
estructura de la personalidad sostiene que la lectura que hace el periciado de la
realidad se ubica dentro de los límites normales, no obstante no resultar sostenida
por emergencia de componentes confabulatorios de tonalidad neurótica que
interfieren a nivel del pensamiento y lo llevan a distorsionar lo primariamente
percibido de manera correcta. Continúa diciendo que la estructura de personalidad
está actualmente debilitada, con marcada labilidad, signos de cierta inmadurez y
dependencia afectiva, inseguridad, búsqueda de aprobación, componentes
depresivos reactivos a su situación con relación al suceso investigado. Actualmente
los mecanismos defensivos se infieren empobrecidos, implementando
fundamentalmente recursos esquizoides y depresivos y en menor grado obsesivos;
conductualmente se traducen mediante reacciones que implican un distanciamiento
afectivo de todo aquello que pueda generar elevados montos de angustia. En otras
ocasiones puede intentar llamar la atención sobre si mismo y/o perseverar en un
mismo tipo de idea o pensamiento. Asimismo, observa la licenciada dificultades en
el control de la conducta racional e impulsiva, pudiendo desbordar en reacciones
impulsivo-agresivas de tipo verbal y físicas. Por otra parte, se hace referencia a
características conflictivas y ambivalentes que, al parecer, habrían derivado en
situaciones de violencia de género física y psicológica en la etapa previa al hecho.
Por último, refiere en G.una desvalorización y disminución de la autoestima con
relación a su pareja y la presencia de impulsos agresivos, verbales y físicos, que se
desbordan especialmente por la angustia derivada de sus sentimientos de
inferioridad, disminución, desvalorización e ideas celotípicas que van en detrimento
de su masculinidad.
Es decir que, como se advierte de las apreciaciones periciales recién reseñadas,
vemos que destacan rasgos de la personalidad de G. (recursos esquizoides y
depresivos y en menor grado obsesivos, persistencia en una misma idea o
pensamiento) compatibles con la patología que los expertos en psiquiatría (en
conjunto con los psicólogos) estimaron que padeció el nombrado al momento del
hecho, lo que le impidió comprender su criminalidad y dirigir sus acciones conforme
con ello.
Entonces, descartadas las contradicciones de estos dictámenes psicológicos con
las conclusiones psiquiátricas que revelan la inimputabilidad de G., podemos
apuntar que aquellas nos muestran una estructura de personalidad deteriorada,
empobrecida y profundamente frágil, marcada en su mayor medida por la historia
de vida del incoado (veáse al respecto el informe social a fs. 359/363), que da el
sustento o la base para la posterior instalación o surgimiento del proceso patológico
que invadió a G.
Ahora bien, resulta así que el proceso morboso que irrumpió en G. se trató de un
delirio celotípico o delirio de celos sobre una personalidad de base con rasgos
paranoides, esquizoides y psicóticos. En definitiva, el sustrato biológico requerido
como parte de la fórmula legal del art. 34 inc. 1º del CP al que hicimos alusión al
inicio del presente considerando ha quedado suficientemente demostrado. Tanto es
así que la propia instructora lo reconoce en su requerimiento de citación a juicio al
sostener que ".la nueva pericia psiquiátrica-psicológica efectuada en la persona de
G. arrojó claridad en cuanto a la patología que padece el traído a proceso, 'delirio
celotípico' (.) [cuya] base biológica nos la aportan con suma suficiencia los peritos
intervinientes." (fs.790).
Entonces, siendo que sobre este punto no existe controversia, debemos ingresar al
examen del componente valorativo-jurídico que contiene la fórmula legal aludida,
esto es, si la patología padecida por G. tuvo una incidencia tal que provocó la
anulación de la comprensión y la dirección de sus acciones al momento de darle
muerte a Quispe.
En esta tarea de apreciar el denominado efecto psicológico (comprensión y
dirección), la última pericia psiquiátrico-piscológica oficial nos brinda un aporte
fundamental en torno a desentrañarlo, toda vez que efectuó un análisis y valoración
minuciosos de la totalidad de la prueba (testimonios, informes médicos, carta,
historia clínica, etc.), incluso con transcripciones textuales de fragmentos de ella
como correlato fáctico a cada una de las consideraciones o apreciaciones técnicas
realizadas. Ya dijimos en párrafos anteriores que este dictamen ha centrado
esencialmente sus conclusiones en el material probatorio relativo a las
circunstancias previas, concomitantes y posteriores al suceso, y de manera
secundaria en el examen de la persona del incoado. Es decir, que las específicas
condiciones psíquicas en las que se encontraba G. al momento del hecho y su
incidencia en su capacidad de comprensión y volición del acto fueron aportadas por
el cuerpo de peritos del Morra.
Por tales razones, y para no incurrir en repeticiones, lo que diremos a continuación
es una contribución complementaria y en refuerzo de aquellas consideraciones.
Conviene aquí realizar un breve repaso de las características o elementos de la
patología padecida por G., esto es, el delirio celotípico, para lo cual acudiremos a la
obra de Vicente Cabello sobre psiquiatría forense en el derecho penal y
advertiremos la llamativa coincidencia de lo que describe el autor con los datos
fácticos, todo lo cual me llevan a sostener que G. debe ser declarado inimputable.
El autor citado considera el delirio celotípico, en primer lugar, como una
enfermedad mental o psicopatologico, clasificándola como una subespecie crónica
dentro de las psicosis paranoicas, de carácter endógena y funcional.Endógena,
porque sus causas provienen del sujeto y, funcional, porque no tiene represe
ntación orgánica, es decir, no deriva de una lesión cerebral. De allí que el E.E.G. y
T.A.C. practicados a G. (fs. 563/564 y 569/571), que arrojaron resultados normales,
no sean datos a ser valorados en el contexto de la patología aquí sustentada. En el
capítulo específico de los delirios, sostiene el autor que la idea delirante es una
concepción absurda y contraria a la realidad cuyo carácter extraño es ignorado por
el enfermo, quien es incapaz de rectificarla (ob. cit. T. 2, p. 442). Para el delirante
no existe la casualidad, ya que todo tiene un significado según una codificación
propia; la susceptibilidad y la desconfianza son las madres nutricias del delirante,
nos dice este autor. En el delirio, el juicio está derogado y plegado servilmente al
afecto. El delirio de celos se caracteriza por la preformación en la mente de la
convicción de la infidelidad, por lo que cualquier coincidencia, los menores gestos
del sospechoso, el más leve indicio, se transforma en evidencia y justifican el fatal
desenlace. En pleno desarrollo, el delirante trata a toda costa de obtener las
pruebas que confirmen los hechos (ob. cit. T. 2, p. 465). Opina Cabello que los
delirantes se caracterizan por tener perfecta lucidez mental. Sus portadores se nos
presentan como hombres que, a expensas de las sutiles tramas del razonamiento,
sostienen ideas que parecen verdaderas.
Todas esas notas son visualizadas con claridad en nuestro caso. Es claro que G.
padeció al momento del hecho de un cuadro de psicosis delirante por celos. Así,
vemos la presencia de un proceso que tuvo su gestación a partir de la separación
con su mujer, agravado posteriormente por la denuncia de ésta y prohibición de
acercamiento dispuesta, que culminara con el acto homicida.Cabello nos enseña
que, en los delirios, el proceso puede aparecer bruscamente, de improviso, bajo el
estallido violento de una crisis o, y esto es lo que nos interesa, en ocasiones de una
gestación insidiosa, solapada, de progresión lenta pero segura (etapa preparatoria,
de rumiación psicológica en los delirantes). Y esto último es lo que vemos que, y
así también lo entendieron los especialistas que lo han examinado (ver fs. 752),
sucedió en el caso de G. Aquella separación fue el puntapié o un detonador del
proceso que luego se desencadenó. Para el traído a proceso, la víctima "andaba
con otros hombres". Empezó a formar en su cabeza esa idea errónea o falsa sobre
la infidelidad de Quispe, idea que se va instalar en su pensamiento y que no va ser
removida nunca más, sosteniéndola en todo momento como una convicción
incontrastable, irrefutable y que va a alterar el resto de su contenido. Es decir, se
instaló en G. la falsa idea de la infidelidad, ya que tanto la propia Quispe en vida,
como todos los familiares testimoniados, descartaron la existencia de una relación
amorosa de aquella. A partir de allí, todas las conductas de Quispe se mostraron
funcionales a esa idea. Por su parte, los rasgos paranoides se advierten en la
persecución, la creencia que todo lo que su mujer hacía estaba basado en el
engaño, permaneciendo inflexible a toda crítica e intentos de persuasión.
Ahora bien, repasadas las características de la patología de G., debemos ahora
verificar si en los hechos afectó la comprensión y dirección de su acción. Y la
respuesta la encontramos nuevamente en la obra de Vicente Cabello, quien analiza
un caso de idénticas características al sub examen y nos explica por qué el
delirante no comprende lo que hace y por lo tanto no puede dirigir su conducta en
función de ello.Sobre este punto, el autor citado dice ".He aquí una cuestión
fundamental si el delirante lúcido tiene conciencia de su crimen, ¿Por qué se le
declara inimputable de acuerdo a la norma legal prescripta en el art. 34, inc. 1º del
Cód. Penal? El análisis del problema requiere tener en cuenta las tres modalidades
de la conciencia: (.) 3- Conciencia valorativa. Recién aparece cuando el
conocimiento intelectualmente elaborado, y por consiguiente frío, neutro,
indiferente, se impregna de sentimientos, de afectos o emociones. La vivencia de
valor es todo conocimiento noético (intelectual), que lleva una carga pática,
afectiva, de inclinación o rechazo. El comprender tiene su núcleo genético en la
capacidad del yo de incorporar los valores jurídicos y amor en relación subjetiva
con los mismos. El delirante celotípico, sabe que mata a su mujer, cómo la mata y
por qué la mata, y es en este punto en donde reside el defecto básico de
comprensión en su doble aspecto: a) En el razonamiento erróneo que lo lleva a
creer en la infidelidad de su mujer, por cuyo motivo la mata. b) Al ser incapaz de
apreciar, aunque sabe que es ilícito el disvalor de su acción. ¿Cuál es la falla
valorativa por la cual "no comprendió" la criminalidad del acto? El defecto de
valoración criminológico debe buscarse en una alteración de la personalidad, en el
quebrantamiento de la relación yo-mundo, al colocar la ley que el delirante creó
para su propio uso por arriba de la ley impuesta por los hombres (.) la única manera
de resolver el conflicto es hacer justicia por su propia mano. Al final, el enfermo
aceptará su responsabilidad penal; pero en su fuero interno rechazará la
responsabilidad subjetiva, moral del acto delictivo. Por eso en estos casos es típica
la falta de arrepentimiento.En definitiva, el delirante paranoico mentalmente lúcido
es inimputable a pesar de saber que el delito cometido es ilícito, porque no es
capaz de valorar adecuadamente el ordenamiento jurídico-penal al cual debe
ajustar su conducta.". Y ya ingresando al tema específico de la comprensión,
Cabello realiza un análisis riguroso al respecto que cabe traer a colación, pues su
pertinencia es absoluta y nos dará la respuesta final al interrogante planteado.
Sostiene que ".la aprehensión de la realidad se efectúa mediante tres jerarquías
gnoseológicas que (.) suelen confundirse: conocer, entender y comprender.".
Conocer, dice el autor, es percibir mediante los sentidos un objeto como distinto de
los demás, "sé que esto es una mesa", "aquello un libro", etc. Entender, asciende
en la escala mental al plano intelectual, plegándose a los dictados del razonamiento
formal, "se entienden los idiomas", "las ecuaciones matemáticas", etc. El
comprender, alcanza el régimen de los intereses, estimaciones, a los cuales se
ajusta toda conducta humana, y esta función, la más jerarquizada desde el punto
de vista valorativo, emana de la esfera afectiva, incluye la región de donde surge la
moral, el amor, el amor a la libertad, a la verdad, a la belleza, a la justicia (ob. cit.
p.475). Ahora bien, el autor citado nos dice que comprender es valorar, en
psiquiatría penal, la capacidad de comprender la criminalidad que el acto lleva
consigo, en última y radical instancia, la aptitud de aprehender el valor de las cosas
y las acciones. Y el ejemplo que brinda es de aplicación directa a nuestro caso.
Señala que ".Ningún ejemplo es más ilustrativo respecto de las tres instancias
gnósicas, que el del psicótico paranoico que, siguiendo las directivas de su sistema
delirante, comete un homicidio. El delirante celotípico sabe que mató a su mujer,
conoce la materialidad del hecho, el arma empleada, el modus operandi, el móvil
determinante; cumplió las cuatro etapas del accionar humano: a) Recepción de
motivos. b) deliberación. C) decisión. D) ejecución.Ese delirante entiende que su
acción es contraria a la ley, tiene noción de la ilicitud jurídica de su conducta,
acepta las consecuencias penales sin que el arrepentimiento perturbe su ánimo, ni
que el remordimiento lo conmueva. ¿Y entonces por qué lo declaramos
inimputable? Porque no comprendió la criminalidad del acto. La misma sencillez de
la respuesta contiene la entraña del "ser delirante", sustancialmente anclada allí
donde se altera la captación de las esencias y valores, la noción de sí mismo, de su
ser con los demás, con la sociedad y su ordenamiento jurídico. ¿Cuál es el
mecanismo de esta transmutación de valores? El punto de partida psicogenético
del homicidio paranoico es la ruptura de la integración espiritural consigo mismo y
con el resto de sus semejantes, de los cuales se desvincula, en su manera de
pensar, sentir y actuar (.) El delirante elabora su propio código y se rige por sus
normas, al margen de las instituciones creadas por los demás hombres (.) el
homicidio en estos casos es para el delirante un acto necesario y justo, un deber
ineludible, el mandato de una conciencia que ha perdido la capacidad de apreciar
los valores jurídicos vigentes, de no poderlos comprender y por lo tanto acatar; a
pesar de entenderlo, sí, pero como una noción teórica, intelectiva, que no ha
penetrado en la región donde se discriminan los valores, que como se sabe está
situada en el mismo núcleo de la personalidad (.) El homicida paranoico entiende la
antijuridicidad del delito, pero no la comprende porque dicha norma no forma parte
de su equipo psicológico individual." (ob. cit. p. 478). A esta última afirmación
podemos agregar lo que dijeron tanto los peritos psiquiatras del poder judicial como
los peritos del Morra en idéntico sentido, que podemos resumir en la idea siguiente:
la construcción ideativa interpretativa paralógica del delirante va tiñendo toda la
conducta, comprometiendo progresivamente más funciones psíquicas.No es que el
sujeto no comprenda, sino que la comprensión está alterada porque parte de una
construcción ideativa patológica, hay premeditación, hay plena lucidez, pero desde
una convicción delirante. Es decir, G. tenía subyugada su voluntad a esa convicción
y ello lo impulsó al crimen de Quispe.
Todo lo expresado fundamenta la conclusión adelantada, esto es, que corresponde
revocar el auto apelado, se declare la inimputabilidad de M. A. G. por el hecho que
se le endilga, calificado legalmente como homicidio calificado por el vínculo (arts.
80 inc. 1º del CP), y se dicte el sobreseimiento total del encartado de acuerdo a las
previsiones del art. 350 inc. 3º, segundo supuesto del C.P.P. Asimismo como
consecuencia de lo dictaminado en último término por el equipo médico del
sanatorio Morra este tribunal estima procedente imponer a M. A. G. una medida de
seguridad, ordenando su inmediata internación, hasta tanto cesen las causas que
lo motivan, en el Sanatorio Morra, quedando a disposición del órgano jurisdiccional
correspondiente, debiendo informar mensualmente el estado y evolución del
paciente y cualquier cambio en su estado terapéutico deberá ser previamente
consultado con peritos del poder judicial. Sin costas (CPP, arts. 550 y 551 ). Así
voto.
B) El vocal Francisco Horacio Gilardoni dijo: Que comparte lo sostenido por el
señor vocal preopinante, adhiriendo en consecuencia a él y pronunciándose en el
mismo sentido.
C) El vocal Gabriel Pérez Barberá dijo: adhiero a la relación de causa efectuada por
el vocal del primer voto, no obstante disiento con los fundamentos que expusiera y
en consecuencia con la solución arribada, correspondiendo que los presentes
actuados sean elevados a juicio en contra de M. A. G. por el hecho atribuido
calificado como homicidio calificado por el vínculo (CP art. 80 inc. 1º; CPP art.358).
En efecto, comparto la decisión como así también los fundamentos esgrimidos en
sustento de ella por el juez de control en todos sus términos, por ser el fruto
razonado del plexo probatorio incorporado en autos, razón por la cual los comparto
en su integridad y me remito a ellos en homenaje a la brevedad, y que doy aquí por
reproducidos, método éste que resulta idóneo para sustentar las decisiones
jurisdiccionales, conforme lo ha sostenido tanto la CSJN ("Méndez, Nancy,
22/02/05; Fallos, 291:188; 296:363;308:2352;319:308), cuanto nuestro máximo
tribunal provincial (T.S.J., Sala Penal, "G.", S. 90, 16/10/02, entre otros). Ello así
pues los argumentos defensivos en torno a la imputabilidad de G. han sido
considerados y recibido respuesta concreta por parte de la jurisdicción al mismo
tiempo que se advierte la ausencia de nuevos fundamentos que demuestren el
manifiesto error en la valoración de la prueba por parte del tribunal inferior. Antes
bien, el letrado argüye su propio punto de vista acerca del extremo discutido pero
lejos se encuentra de poner en crisis la argumentación del inferior, la cual, por lo
demás, como dije, resulta correcta. Así voto.
Como consecuencia de la votación que antecede el tribunal por mayoría
RESUELVE: I) Sobreseer totalmente la presente causa a favor de M. A. G., ya
filiado, por el hecho calificado legalmente en la figura penal de homicidio calificado
por el vínculo (CP, art. 80 inc. 1º), de acuerdo a lo prescripto por el art. 350 inc. 3º
segundo supuesto y cdtes., del CPP. II) Imponer a M. A. G. una medida de
seguridad, ordenando su inmediata internación, hasta tanto cesen las causas que
lo motivan, en el Sanatorio Morra, quedando a disposición del órgano jurisdiccional
correspondiente, debiendo informar mensualmente el estado y evolución del
paciente y cualquier cambio en su estado terapéutico deberá ser previamente
consultado con peritos del poder judicial. Todo ello sin costas (CPP, arts. 550 y
551). Protocolícese, notifíquese y bajen.
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