Teorías sobre los efectos de la violencia en los medios

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Universidad Surcolombiana
Programa de Comunicación Social y Periodismo
Seminario de Teoría de la Comunicación II
Prof.: Carlos Arturo Monje Álvarez
Teorías sobre los efectos de la violencia en los medios
De Fleur, Melvin y Ball-Rokeach, Sandra. Teorías de la Comunicación de Masas. Paidós. México.
1987.
Klapper, Joseph. Los efectos Sociales de la Comunicación de masas. En Introducción al Estudio de la
Comunicación. Com. Ed. Serie Iberoamericana. México. 1986. Pp 165-172.
Las perspectivas consideradas en el capítulo 8, sobre cómo las personas se enfrentan selectivamente
al contenido de los medios, fijan el escenario para un examen de las teorías de las ciencias sociales
sobre los efectos causados por los mensajes de los medios. A pesar de que el problema de los
efectos a dominado en las consideraciones sobre el papel de los medios en nuestra sociedad, los
estudiosos de las ciencias sociales no han formulado teorías generales al respecto. En lugar de ello,
las teorías sobre los efectos se han desarrollado a partir de ciertas específicas preocupaciones
públicas, como la actitud de la gente hacia los candidatos presidenciales, sus sentimientos respecto al
“enemigo”, su voluntad de comprar bonos de guerra, o su disposición a consumir alimentos poco
convencionales.
Centramos nuestra atención ahora sobre las teorías específicas respecto a lo que ha sido
probablemente la cuestión central sobre los efectos de las últimas décadas: el impacto que la
descripción de la violencia en los medios ha causado sobre la conducta del público. Resumiremos los
supuestos centrales de cinco teorías específicas que han generado casi toda la investigación sobre
los efectos de la violencia en los medios. Estas son las teorías llamadas de la catarsis, los indicios
agresivos, el aprendizaje por la observación, el refuerzo y el cultivo. Ilustraremos asimismo cómo cada
teoría ha surgido de una o más de las teorías previamente consideradas sobre el encuentro entre
personas y medios.
Antecedentes del problema
Los intentos por comprender e identificar cómo son afectados los públicos, particularmente por la
programación televisiva de temas violentos, se identificó durante la década de 1960, y comienzos de
la de 1970, por un sentido de urgencia sobre las causas de la violencia en el mundo real. La década
de 1960 será probablemente recordada por los historiadores como una década de violencia: una
época de motines urbanos, cifras crecientes en el crimen violento, protestas colectivas sobre diversos
asuntos como la guerra de Vietnam, el racismo institucionalizado o la polución. También fue la década
en que se produjeron los asesinatos de figuras políticas importantes, como Martin Luther King, Jonh
Kennedy y Robert Kennedy. Muchos preocupados observadores de esta escuela social, también
políticamente poderosos, no pudieron resistir la formulación de lo que pareció ser un vínculo lógico,
entre los incesantes retratos de violencia en los medios, por un lado, y las tasas crecientes en el
mundo real, por el otro.
Existen buenos motivos para que la televisión, más que ningún otro medio de masas, provoque la
preocupación pública. La historia revela que las protestas públicas contra los efectos judiciales
atribuidos a su contenido violento se concentran en el medio de masas más reciente. En la década de
1960 ese medio era la televisión, y los integrantes juveniles de la primera generación de la televisión
eran los participantes más visibles de la violencia en la época. La televisión exige muy poco en
comparación con la lectura u otras habilidades. Eso la hace singularmente accesible a personas de
toda edad y educación. Por otra parte, la violencia es un aspecto muy extendido en la programación
de la televisión. En estudios sobre escenas típicas de contenido televisivo, Gerbner y sus
colaboradores han establecido que la violencia ocupaba el 70% de la programación en horarios
preferenciales y el 92% de la programación infantil en los fines de semana.
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Algunas comisiones gubernamentales solicitaron a los científicos sociales que organizaran un trabajo
teórico y empírico, para saber qué conclusiones provisionales cabía deducir de los efectos provocados
por la violencia televisiva. Otros estudiosos iniciaban a su vez las investigaciones que pudieran aportar
nueva información sobre la relación entre los medios y la violencia del mundo real. Los productos
finales de estos esfuerzos fueron presentados en amplios informes de las dos comisiones que se
ocuparon de tema. Esos informes son los conocidos como “Violence and the Media Task Force Report
of the National Commision on the Causes and Prevention of Violence” y el “Surgeon General’s (NIMH)
Report on Television and Social Behavior”.
Elementos básicos de las teorías sobre violencia
Nuestro actual objetivo es resumir brevemente las teorías más destacadas entre las relativas a la
investigación sobre la influencia que ejerce la violencia en los medios de comunicación. Procuraremos
mostrar cómo estas teorías han surgido de otras perspectivas más generales sobre la forma en que
las personas se enfrentan a los medios de comunicación y los utilizan. En menor grado, resumiremos
lo que los datos lo que los datos de investigación puedan decirnos sobre la validez de las teorías: la
catarsis, la de los indicios agresivos, la del aprendizaje por los datos de observación, la del refuerzo y
la del cultivo.
Teoría de la catarsis
El punto central de la teoría de la catarsis reside en que los seres humanos, en el curso normal de su
vida cotidiana, generan frustraciones que posteriormente les llevan a incurrir en la agresión. La
catarsis es el alivio de estas frustraciones, mediante una participación por “intermediario” en la
agresión ajena. Las tendencias agresivas quedan así eficazmente controladas por mecanismos
psicológicos y sociales que llevan a esa experiencia por “intermediario”. Seymour Feshbach ha
propuesto de manera destacada ese enfoque catártico. Para el teórico de este efecto, el acto de
presenciar contenidos violentos en televisión aporta al público experiencias agresivas indirectas. Estas
sirven como vehículo inofensivo para aliviar sus sentimientos de hostilidad o de frustración. Por
ejemplo, los espectadores que ven a actores de la televisión desempeñando los papeles de
“superespía” o de “detective privado”, participan subjetivamente de la agresión que comete el
personaje televisivo. Eso disminuye su propia necesidad de incurrir abiertamente en actos agresivos.
La predicción básica que formula la teoría de la catarsis es, por tanto, que la visión de un contenido
violento disminuye la probabilidad de una conducta violenta en los espectadores de televisión.
Feshbach y Singer sostienen que la violencia televisiva puede producir una fusión de catarsis que
sería más importante para los espectadores de clases bajas que los de clases medias. Razonan que
la educación familiar o la socialización, impartidas a los niños de clase media, les equipan con la
suficiente capacidad para controlar sus impulsos agresivos. En contraste con ello, la educación
familiar impartida a los niños de clases bajas no produce mecanismos bien desarrollados para el
control interno, con lo cual les hace más dependientes del control externo que aporta la violencia
catártica de la televisión.
Otras muchas diferencias entre la teoría catártica y otras teorías específicas sobre los efectos de la
violencia televisiva se deben a su diferente vinculación con los presupuestos de formulaciones más
generales, que hemos denominado teorías sobre la comunicación de masas, basadas en las
diferencias individuales, en las categorías sociales y en las relaciones sociales. En le capítulo 9
afirmamos que la teoría basada en las diferencias individuales es más antigua de las tres. Su
proposición central es que las diferencias en la movilización, el aprendizaje, la personalidad, las
actitudes y otros terrenos afines, proceden de las diferencias en el contenido que las personas
seleccionan en los medios de comunicación (visión selectiva). Las diferencias en la percepción de los
mensajes de los medios (percepción selectiva) conducen a su vez a otras diferencias, relativas a
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cómo la personas interpretan los estímulos de los medios de comunicación y a cómo reaccionan ante
estos estímulos. La teoría basada en las relaciones sociales, por otro lado, se basa en el supuesto de
que aquellas personas que comparten unas ciertas características sociales semejantes (por ejemplo:
edad, sexo, raza) también tienden a compartir similares actitudes, normas y valores, que a su vez les
llevan a reaccionar de maneras aproximadamente semejantes a los mensajes de los medios. El punto
central de la teoría, basada en las relaciones sociales, es el papel desempeñado por las relaciones de
grupo al influir en las reacciones de las personas ante los mensajes de los medios. A las redes de
influencia interpersonal, en forma de líderes de opinión, se les atribuye actuar como conductores e
intérpretes de los mensajes que sus partidarios reciben de los medios de comunicación (el proceso de
flujo en dos etapas para la comunicación de masas).
Cuando examinamos el impacto relativo de estas perspectivas sobre la orientación y los presupuestos
de la teoría de la catarsis, advertimos que aquél está enraizado en la teoría basada en las diferencias
individuales. Entre éstas, las esenciales para la teoría de la catarsis son los niveles de frustración
acumulada y de hostilidad que los individuos experimentan entes de quedar expuestos a los
programas violentos de la televisión. El efecto catártico de la violencia televisiva deberá ser mayor
para aquellos individuos que posean una mayor necesidad de catarsis, es decir, quienes hayan
forjado una frustración y una hostilidad considerables.
Cuando Feshbach y Singer incorporaron la idea de que las personas de clases sociales inferiores
pueden tener mayores necesidades de catarsis que las de clases medias, basaron su modificación de
la teoría de la catarsis en una importante “categoría social”. La proposición de que los efectos de
programación violenta en televisión serían similares para los integrantes de una misma clase social,
pero diferentes de una clase social a la otra, desplaza a la teoría de la catarsis más allá de una
preocupación por las diferencias individuales. Se convierte en un caso especial de la teoría basada en
las categorías sociales. Así, ambas teorías se hacen evidentes en esta formulación específica.
Teoría de los efectos del estímulo (o de los indicios agresivos)
Leonard Berkowitz ha sido el principal articulador del enfoque basado en los efectos del estímulo
(también mencionado como enfoque de los indicios agresivos), en cuanto se refiere a los efectos de
las descripciones de violencia presentadas en los medios de comunicación. Su supuesto principal es
que la exposición a los estímulos agresivos habrá de incrementar la susceptibilidad de una persona
para la excitación fisiológica y emocional, lo que a su vez habrá de aumentar la probabilidad de una
conducta agresiva. Se sostiene, por ejemplo, que la visión de un violento match de boxeo estimula
una excitación emocional, conducente a una conducta agresiva por parte de los espectadores de
televisión. Se arguye que los choques violentos, las armas o las amenazas no sólo estimulan
fisiológica y emocionalmente a los integrantes del público, sino que les inducen a reacciones
agresivas. Tannenbaum sugiere que los medios de comunicación audiovisual son provocadores
especialmente potentes de una excitación fisiológica, que aumenta los niveles de intensidad
emocional en los espectadores y, por tanto, la probabilidad de intensas reacciones de conducta. La
excitación tiende a convertirse en conducta agresiva intensa cuando a las personas se les requiere
que ejecuten actos que involucran agresión o cuando equivocan la causa de su excitación,
atribuyéndola a algún objetivo del mundo real y no a una presentación de estímulo en los medios de
comunicación.
La relación de estímulo-respuesta (o S-R, por stimulus-response) en la teoría de los efectos de
estímulo no es ni simple ni incondicional. Un estímulo agresivo (por ejemplo, un programa violento en
la televisión) no provoca siempre una reacción agresiva, ni es probable tampoco que provoque un
mismo grado de agresividad en todos los integrantes del público. Un factor al que se atribuye el
incremento de la probabilidad de una reacción agresiva y el grado de agresividad en las respuestas,
es la frustración existente en el momento en el que se presencia un programa violento en la televisión.
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Se sostiene también que la forma en que la violencia sea descrita en los programas afectará la
probabilidad de que los espectadores se conduzcan agresivamente. En este sentido, lo más
importante es que la violencia de los personajes en los medios aparezca o no como justificada.
Cuando así ocurre (es decir, cuando la violencia del personaje tiene una base de venganza o de
defensa propia) aumenta la probabilidad de las respuestas agresivas. Esto se debe a que los
espectadores pueden adoptar esas justificaciones en su propia conducta agresiva. Otro factor que,
según Berkowitz y sus colaboradores, puede afectar la naturaleza de la respuestas ante la violencia
televisiva es el grado en que la descripción por televisión sea similar a las circunstancias enojosas con
que debe enfrentarse el espectador en la vida real. La similitud puede quedar establecida por datos
tan simples como que un personaje de ficción tenga el mismo nombre o la misma ocupación que la
persona que provoca la ira del espectador.
Un factor al que se atribuye la disminución en la probabilidad de respuesta agresiva en la inhibición de
tendencias agresivas. Por ejemplo, una descripción en televisión de un violento choque entre
personas puede suscitar una sensación de culpa en los espectadores, al dirigir la atención de éstos al
dolor y el sufrimiento que sufre la víctima de un ataque violento. Esto inhibe presumiblemente su
agresividad al sensibilizarles ante el dolor y sufrimiento que sus reacciones agresivas pueden causar a
otros.
La teoría de los efectos del estímulo tiene sus orígenes teóricos primarios en la teoría de las
diferencias individuales y, en última instancia, en el paradigma cognitivo. Las diferencias individuales
entre distintos niveles de frustración o de excitación, en el momento en el que se presencie el
programa, habrían de efectuar la probabilidad de una agresión posterior. El proceso de percepción
selectiva, que es esencial en la teoría de las diferencias individuales, puede también explicar en parte
la variabilidad de las respuestas de los espectadores. Cuando la cámara enfoca las dolorosas
consecuencias de la agresión, por ejemplo, consigue el efecto de guiar las percepciones de los
espectadores, para subrayar selectivamente el dolor y el sufrimiento de la víctima. Como ya se hiciera
notar, este énfasis parece inhibir en su mayor parte, aunque no totalmente, la agresión de los
espectadores. Una diferencia individual que podría afectar el grado de inhibición de diferentes
espectadores, es la cantidad de su experiencia previa, sea personal o en los medios, ante las
consecuencias del dolor y de crueldad que provoca la violencia. Quienes hayan tenido mucha
experiencia previa no habrán de reaccionar, probablemente, con el mismo grado de excitación
emocional y de inhibición con que lo harían quienes han tenido escasa experiencia previa.
Teoría del aprendizaje por observación
Esta teoría tal y como fuera desarrollada inicialmente por Bandura y Walters, se apoya en el supuesto
de que las personas pueden aprender una conducta agresiva al observar la agresión que surge en
descripciones hechas por los medios de comunicación y, bajo ciertas condiciones, modelar su
conducta sobre los personajes agresivos de esos medios. La violencia por televisión, o por otras
formas de los medios, aumenta la probabilidad de agresión en le público, no sólo al aportar
oportunidades de que sus integrantes aprendan sobre la agresión sino también al presentar a
personajes violentos que funcionan como modelos de conducta para los espectadores. Los procesos
fundamentales de aprendizaje, con los que los niños llegan a aprender todas las formas de una nueva
conducta, operarían cuando ellos están sentados frente a un receptor de televisión contemplando
programas violentos. Así como pueden adquirir nuevas formas de conducta al observar las actividades
d sus hermanos y hermanas, pueden aprender también nuevas formas de conducta agresiva al
observar a personajes violentos en los medios de comunicación.
Los teóricos del aprendizaje por observación no sostienen que los espectadores habrán de cumplir
automáticamente los actos agresivos que han aprendido. Igual que buena parte de la conducta
aprendida en las aulas escolares, los actos violentos aprendidos no son puestos en práctica a menos
que se suscite una situación que convoque la ejecución de tal conducta. La probabilidad aumenta con
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factores como la expectativa de ser recompensados por tal conducta, como la similitud entre la
situación presentada por televisión y la situación social enfrentada por los espectadores tras ese
programa, o como la anticipación de un apoyo social procedente de otro espectador que elogie las
actitudes violentas de los personajes de la televisión.
La teoría del aprendizaje por observación es un caso especial de la teoría de las diferencias
individuales, pero también incluye ciertos aspectos de las teorías sobre categorías sociales y
relaciones sociales. Por ejemplo, una forma de realización social, considerada por aquellos teóricos,
es el grado en que los espectadores enfrenten situaciones sociales reales que sean similares a las
presentadas en los programas de televisión. Encontrar situaciones similares de interacción incrementa
la probabilidad de que se ejecute una conducta agresiva, aprendida con la observación de personajes
violentos en los medios. Aquellos espectadores frecuentemente involucrados en conflictos
interpersonales, por ejemplo, verán probablemente más similitud entre los relatos de la televisión y las
situaciones de su propia vida que lo verían quien rara vez tienen que enfrentarse a conflictos.
La influencia de la teoría de categorías sociales sobre la teoría del aprendizaje por observación puede
ser ilustrada al examinar las interpretaciones dadas al hecho de que, aunque las chicas aprendan
tanta conducta agresiva como los varones al observar a personajes violentos en la televisión, en
realidad ejecutan menor cantidad de actos de agresión aprendida. En lugar de decir que estas chicas,
como individuos, muestran una conducta menos agresiva que los varones, se considera a los sujetos
como representativos de categorías sociales: hombres y mujeres. La explicación que se da a la menor
conducta agresiva real de las chicas es que el papel femenino, y las normas subculturales contra una
conducta femenina agresiva, operan para reducir la probabilidad de que ellas desplieguen los actos
agresivos que han aprendido.
Teoría del refuerzo
El presupuesto central de esta teoría específica sobre los efectos de las imágenes de violencia en
televisión refuerzan cualesquiera pautas establecidas de conducta violenta que los espectadores
traigan consigo ante los medios. Klapper, proponente principal de la teoría del refuerzo, sostiene que
la violencia en televisión y en otros medios no produce habitualmente ni aumentos ni disminuciones de
importancia en la probabilidad de la agresión por el público.
Los teóricos del refuerzo examinan factores como las normas y los valores culturales, los papeles
sociales, las características de la personalidad, las influencias de la familia o de sus pares, como
determinantes principales de la conducta violenta. Estos y otros factores psicológicos y sociales
determinan asimismo los efectos de las descripciones violentas en los medios. Por ejemplo, las
normas y actitudes de los espectadores deberán guiar sus percepciones de programas violentos en
televisión. Quienes se hayan desarrollado como personas bastante violentas, con normas y actitudes
que apoyen a la violencia como medio de llegar a fines personales y sociales, habrán de “percibir
selectivamente”, con un mayor probabilidad, las acciones violentas de los personajes de televisión, en
formas que apoyen (refuercen) sus normas y actitudes. Así, el efecto de la violencia televisiva
consistirá en reforzar las normas y actitudes establecidas, tanto para los espectadores violentos como
para quienes no lo son, con lo que no les hacen más inclinados a una conducta agresiva que lo que
serían si no hubieran presenciado televisión.
Una excepción importante a esta regla, de acuerdo con los teóricos del refuerzo, lo constituye una
pequeña minoría de espectadores que carecen de estabilidad personal y social. Aquelos individuos,
particularmente niños y adolescentes, que carezcan de relaciones fuertes y estables con la familia, los
amigos, los maestros, etc., pueden no haber desarrollado líneas claras de guía para su participación
en la agresión. Por otra parte, no pueden recibir un suficiente control de grupo sobre su uso de la
agresión. La programación violenta en la televisión puede llenar un vacío en las vidas de estas
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personas, hasta el punto en que lleguen a apoyarse en las creencias y los actos de los personajes
televisivos violentos, como guías para la conducta propia. En tales casos, el efecto de los programas
televisivos violentos iría más allá del refuerzo, provocando aumentos significativos en la probabilidad
de conducta agresiva para el nivel de estos espectadores.
La teoría del refuerzo comparte con otras teorías sobre los efectos de la agresión sus profundas
raíces en la teoría de las diferencias individuales. Por ejemplo, la teoría del refuerzo explica cómo las
personas con características diferentes entre sí pueden ser reforzadas por un mismo programa
violento de la televisión. Esto es cumple al incorporar la teoría el proceso de percepción selectiva.
Pero existen diferencias fundamentales entre la teoría del refuerzo y las otras teorías sobre los efectos
de la agresión. La mayor parte de esas diferencias refleja el papel esencial que en la teoría del
refuerzo desempeñan las teorías de las categorías sociales y de las relaciones sociales.
Aunque los teóricos de la catarsis y del aprendizaje por observación han incluido generalmente una o
dos categorías sociales en su pensamiento, aún tienden a restar entidad a las formas en que los
individuos están sujetos a una multiplicidad de categorías y grupos sociales. Los teóricos del refuerzo,
en cambio, tienden a ver individuos como representativos de categorías sociales. La raza, el sexo, el
nivel socioeconómico y la religión son ejemplos de las categorías sociales que los teóricos del
refuerzo toman habitualmente en cuenta. Aquellos individuos que pertenecen a las mismas categorías
sociales habrán de compartir similares normas, actitudes, valores, experiencias previas y muchas
otras características sociales y personales. Estas características, como ya se señaló, habrán de
operar para que los individuos reaccionen en forma en forma muy similar ante las descripciones de
violencia en los medios de comunicación.
La teoría de las relaciones sociales está en la esencia del razonamiento que sigue al teórico del
refuerzo, al sostener que en su mayor parte los espectadores no experimentaran un cambio
significativo al ser expuestos a una programación violenta en la televisión. Si las relaciones sociales
de las personas en su hogar, en su trabajo o en sus juegos con estables y efectivas, su conducta
agresiva será gobernada más por lo que espera de su papel social, y por las normas de sus amigos y
familiares, que por la conducta violenta de los personajes en los medios de comunicación. De acuerdo
con la teoría del refuerzo, la programación violenta en los medios deberá importar en una conducta
agresiva sólo cuando las relaciones sociales sean perturbadas o inestables.
La teoría del cultivo
La teoría del cultivo ha sido desarrollada principalmente por Gerbner y sus colaboradores. Su tesis
básica es que el mundo simbólico de los medios, y en particular de la televisión, modela y mantiene,
es decir, cultiva, las concepciones de los públicos sobre el mundo real (en otras palabras, sus
construcciones sobre la realidad). A la televisión, con su presencia en la enorme mayoría de los
hogares norteamericanos, se le considera como el ambiente simbólico y común en que nacen la
mayoría de los niños, y por lo tanto como la más extensa fuente de contacto con las culturas
cotidianas y simbólicas que los norteamericanos comparten o tienen en común. El mundo simbólico de
la televisión aparece, en los análisis sobre contenido, como un mundo “malo”, en el que la violencia es
un lugar común. La violencia es utilizada por una mayor parte de los personajes de la televisión,
habitualmente como forma para obtener ventaja en las luchas por el poder. Los hombres jóvenes y de
raza blanca que dominan como protagonistas el mundo de la televisión también domina a otros,
particularmente a las mujeres, a las minorías y a los ancianos, tras utilizar la violencia con éxito. De
acuerdo con la teoría del cultivo, este mundo violento de la televisión dominado por los hombres
blancos, penetra en la conciencia de los espectadores, con lo que ven al mundo real como si fuera el
mundo de la televisión.
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En contraste con otras teorías que hemos considerado, el efecto principal que concierne a los teóricos
del cultivo no es tanto la conducta violenta como las emociones (el miedo, la ansiedad y la alienación)
con que las personas adoptan los mundos simbólicos y violentos de los medios como si fueran reflejos
de la realidad. En la medida en que la gente crea que el mundo real es extremadamente violento
como el de los medios de comunicación, experimentará miedo y ansiedad en actividades tan comunes
como caminar por la calle, y este miedo creará a su vez un estado de alienación frente a los otros.
En un reciente desarrollo de la teoría del cultivo, Gerbner y sus colaboradores han incorporado los
conceptos de “corriente principal” y de “resonancia”. La corriente principal alude a una suerte de
homogeneización dentro de los grupos, cuyos espectadores superficiales, debido a otras influencias,
poseen percepciones divergentes del mundo, pero cuyos espectadores más adictos son influidos por
la contemplación de la televisión, llegando a sostener una visión más común y compartida (una
“corriente principal”) del mundo real. La resonancia se refiere a un efecto de prominencia, por el cual
quienes viven en circunstancias desacostumbradamente violentas resuenan ante el mundo aún más
violento de la televisión, con lo cual su concepción violenta del mundo real aparece amplificada o
intensificada por la contemplación de la televisión.
Aunque quienes la propugnan nunca han fijado explícitamente los orígenes de la teoría del cultivo, se
puede seguir su rastro hasta el paradigma del interaccionismo simbólico y hasta los procesos de la
comunicación por los que se obtienen construcciones compartidas sobre la realidad. La teoría del
cultivo incorpora asimismo aspectos de las teorías de las diferencias individuales y de las relativas a
las categorías sociales. Las dos principales diferencias individuales de interés, para los teóricos del
cultivo, son las existentes entre los individuos, por su grado de contemplación de la televisión, y las
diferencias de experiencia, que afectan a la percepción individual del mundo real y del mundo
simbólico de los medios. Las diferencias de la categoría social (sexo, raza, clase social, lugar de
residencia y otros factores sociales) entran también en ese cuadro, porque quienes comparten
similares características de categoría social habrán de compartir probablemente similares
experiencias y concepciones del mundo real, y es así probable que sean similarmente afectados por el
mundo de los medios.
Sumario
Este breve resumen sugiere que la psicología ha tenido mayor impacto que la sociología en la forma
en que han sido conceptualizadas y estudiadas las teorías específicas sobre los efectos en el público
de la televisión. El predominio del paradigma cognitivo queda probado por la influencia
comparativamente importante de la teoría de las diferencias individuales. Como se señaló en el
capítulo 8, los conceptos y los supuestos de la teoría de las diferencias individuales (es decir, las
variaciones en necesidades, en intereses o en sentimientos que afectan a la percepción) reflejan el
tradicional énfasis psicológico en el individuo. La visión sociológica tradicional, según la cual los
individuos están atados a una compleja red de categorías, de asociaciones y de interacción simbólica,
que desempeñan un papel al determinar los efectos de los programas violentos de la televisión,
aparece contenida en la perspectiva de las categorías sociales y de las relaciones sociales. La teoría
del refuerzo es la que probablemente se acerca más a la derivación de una mezcla bastante pareja de
la tradicional teoría psicológica general y de la teoría sociológica. La teoría del cultivo se apoya
claramente en un interaccionismo y en la perspectiva de las categorías sociales.
Interferencias para la actitud a adoptar
Cada una de las cinco teorías específicas sobre los efectos que produce la violencia en los medios
permite deducir la actitud a adoptar, sea sobre cuánta violencia debe ser presentada en los medios o
sobre cómo debe ser presentada. La teoría de la catarsis supone implicaciones interesantes. Si esa
teoría es correcta, las redes de televisión podrían argumentar que, al incluir descripciones de violencia
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en sus emisiones, están haciendo un servicio público, Lógicamente, según esa opción, deben
resistirse esas medidas adoptadas para reducir la suma de programaciones violentas, puesto que eso
limitaría las oportunidades para la catarsis. La limitación a su vez, aumentaría la probabilidad de la
agresión por parte del público.
Por contraste, el teórico de los efectos de estímulo entiende la violencia televisiva como una fuente de
indicios agresivos que probablemente aumenten la conducta agresiva. En lo relativo a la actitud para
adoptar, este segundo teórico se inclina a recomendar un extremo cuidado con la forma en que la
violencia se presenta en los medios de masas. Si esta teoría es correcta, los escritores, los
productores y los directores deberían trazar cuidadosamente sus descripciones de la violencia,
incorporando a sus guiones aquellos factores que tiendan a reducir la probabilidad de las respuestas
agresivas. Este plan de programas, teóricamente reduciría las tendencias violentas entre los
espectadores susceptibles a ellas.
El teórico del aprendizaje por observación recomienda actitudes similares. Las descripciones de la
violencia en los medios —sostiene- deberían basarse en una informada comprensión de los principios
del aprendizaje, con los cual, aun cuando los públicos aprendan actos violentos, pueden no llegar a
ejecutarlos realmente. Los personajes violentos, por ejemplo, no deberían ser recompensados por
serlo.
La principal implicación, como actitud a seguir, que surge de la teoría del refuerzo, es que cabe
pronosticar el fracaso de los intentos para reducir la violencia del mundo real mediante su reducción
en las descripciones de los medios. Estos teóricos se preocupan de la actitud inferida ante los
procesos de aprendizaje que tienen lugar en las familias o en grupos de personas semejantes;
consideran que cuanto ocurre en los medios es mucho menos importante para la violencia del mundo
real.
La teoría del cultivo sugiere que quienes decidan actitudes deben reconocer la transmisión singular de
un papel simbólico de los medios, lo cual requiere su seria consideración sobre los mensajes globales
que envían, relativos al predominio y la utilidad de la violencia. La consideración seria se justifica —
según el teórico del cultivo- porque las personas habrán de incorporar el mundo el mundo violento de
los medios a sus construcciones compartidas sobre la realidad, lo cual puede llevar a un miedo difuso
y a la alienación. La clara implicación política consiste en un cambio fundamental en el contenido del
entretenimiento aportado por los medios, a fin de reducir el predominio de la violencia.
El sostenido y considerable nivel de la violencia en la televisión y en otras presentaciones de los
medios es probablemente una consecuencia bastante simple de la lucratividad que supone tal
programación. No hace falta suponer que sea un deliberado producto de que el personal de los
medios elija como correcta una teoría sobre los efectos. Sin embargo, y en vista de la gran
preocupación pública por la violencia en los medios, parece apropiado concluir este capítulo con la
visión general de los que la literatura de investigación pueda o no pueda decirnos sobre la validez de
estas teorías específicas. Las consecuencias de las actitudes a adoptar, después de todo, sólo serán
tan útiles como las teorías en que se basen.
Sumario de investigación
En su mayor parte, la investigación sobre las hipótesis (relativas a la catarsis, a los efectos de
estímulo y al aprendizaje por observación) se ha centrado en los efectos “a corto plazo” de una
programación violenta en la televisión. Esta investigación supone habitualmente utilizar a sujetos, que
deberán contemplar programas de televisión, desde un plazo de algunos minutos a otro de varias
horas, y eso es seguido por las observaciones sobre la conducta inmediata de estos sujetos o, a lo
sumo, tras algunas horas. Casi todos los estudios realizados para probar las hipótesis de la catarsis,
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de los efectos de estímulo y del aprendizaje por observación, han sido ejecutados en laboratorios de
investigación y sobre ideas experimentales. Estas, en sus formas simples, suponen comparar dos
grupos de sujetos que sean similares en todo sentido menos en uno: el tipo de programas que ven. Un
grupo ve programas no-violentos y se le denomina grupo de “control”. El otro ve programas violentos y
se le llama grupo “experimental”. Puesto que la única diferencia entre ambos es presumiblemente la
de los programas que ven, se atribuye a esa diferencia la que se pueda producir en sus conductas
posteriores. El tipo de programa —violento o no-violento- se denomina variable “independiente”.
15-Mar-2002 http://mailweb.udlap.mx/~jpriante/efectos.html
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