¿Sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos?

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Professor of Civil Law and Law and Economics
From the SelectedWorks of Renzo E. Saavedra Velazco
September 7, 2012
¿Sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo
estamos locos?
Renzo E. Saavedra Velazco
Available at: http://works.bepress.com/renzo_saavedra/66/
¿Sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos?
En la presente nota se desea subrayar cómo el sector más extremo del Law and Economics
tradicional tiende a minusvalorar los descubrimiento del Behavioral Law and Economics para lo
cual se sugieren algunas explicaciones que podrían explicar este tipo de reacción, además de
ser un síntoma de “esquizofrenia económica”.
Palabras clave: Análisis económico del Derecho, Anomalías, Behavioral Law and Economics,
Sesgos.
¿SABÍAS QUE LA GENTE SIGUE DICIENDO QUE TÚ Y YO ESTAMOS LOCOS?
RENZO E. SAAVEDRA VELAZCO()
No, no se equivocan. La alusión que se efectúa es al sketch popularizado por Chespirito donde
un par de “chifladitos” (así se llamaba el segmento del programa) terminaban inmersos en las
más disparatadas situaciones pese a que, en un inicio, nada se apartaba de la “normalidad” de
la vida diaria. Era tan importante esta pregunta que, en mi opinión, el sketch se habría visto
incompleto si es que Lucas Tañeda no formulaba esa pregunta a Chaparrón Bonaparte, la cual
generaba una breve conversación en la que ambos sorprendidos por las “habladurías” de los
vecinos se limitaban a reafirmar su cordura.
Así como los protagonistas de este segmento cómico se proponían ignorar las acusaciones de
locura que hacían sus vecinos, la perspectiva más tradicional del Law and Economics (o L&E) se
empeña en ignorar o desechar a priori las observaciones que sus “vecinos” (los seguidores del
Behavioral Law and Economics o BL&E) les viene formulando desde hace años. En mi opinión
es interesante constatar, ¡y en verdad me parece fascinante!, cierto grado de “dogmatismo”
en los propulsores del L&E con respecto a las bases ideológicas de su posición, pese a que no
diré que me causa sorpresa puesto que parte sustancial de su trabajo se ve cuestionado. No
hay nada más humano, al menos en lo que al plano académico se refiere, que responder con
aprensión e incluso diría con desdén cuando una nueva posición doctrinal intenta sustituir o
acotar corrientes consolidadas.
Tengo que hacer aquí una precisión. No estoy aseverando que los académicos que conforman
el mainstream del L&E intentan maliciosamente poner trabas a aquellas ideas que se apartan
de lo que constituye su saber tradicional. En realidad, sus objeciones, como a tales estudiosos
les gusta afirmar en relación a las conductas económicamente relevantes, son sumamente
válidas “en el agregado” o, si se prefiere, cuando se suma la exteriorización de las preferencias
individuales queda relativamente claro que las observaciones sí recogen criticas solventes (a
pesar de ello, es cierto que algunos elevan cuestionamientos con el propósito de mantener el
status quo).
Habiendo llegado a este punto quiero recordar una sagaz crítica1 que tiempo atrás formuló el
profesor Alfredo Bullard con respecto a aquellos abogados que exhibían síntomas de lo que él
denominó “esquizofrenia jurídica”. Tales síntomas se resumían en la negación de la realidad (a
fin de defender “su” propia versión de la realidad) y por ende observan ilusiones de eventos o
a entidades inexistentes. Dadas estas peculiaridades, este grupo de abogados respondían de
manera adversa frente a toda aproximación funcional que los hacía descender del “cielo de los
conceptos jurídicos” y ver la realidad tal y como es.
Ahora, en este punto el planteamiento de Bullard es correcto. Lo interesante es constatar que
un sector del Law and Economics incurre exactamente en lo mismo, abraza fervientemente las
premisas sobre las que se modela el comportamiento económicamente relevante. No discutiré
aquí la necesidad de simplificar la realidad, ni tampoco que el esbozo de la economía y del L&E
sugerido por Bullard es de corte positivo, ambos asuntos son incuestionables, tal como lo he
()
1
Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Asociado del Estudio Osterling. Profesor en
la PUCP y en la Universidad ESAN. Estudios de Maestría en Derecho de Empresa con mención en Derecho
del mercado en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Diploma de Especialización en el Programa
Latinoamericano de Law and Economics auspiciado por George Mason University y por la Asociación
Latinoamericana e Ibérica de Derecho y Economía (ALACDE). Miembro de la Associazione Italiana di Diritto
Comparato y de ALACDE. Árbitro del Centro de Análisis y Resolución de Conflictos de la PUCP.
Una crítica que aparece en BULLARD G., Alfredo, Esquizofrenia jurídica: El impacto del análisis económico del
derecho en el Perú, en Themis, núm. 44, 2002, pp. 17-35.
expuesto en otra oportunidad2. Sin embargo, me parece curioso atestiguar como una asunción
positiva –cuyo propósito es la predicción de conductas y no la descripción de la realidad– se ha
convertido –por obra de la consolidación de la economía– en una proposición normativa. Los
economistas tienden cada vez más no a asumir, sino a dar por sentado, candorosamente, que
las conductas y decisiones de los agentes económicos que se materializan en los hechos son (o
“deber ser”) consistentes con sus construcciones (¿no era que esto sucedía al revés?) y si ello
no se produce (¡debe ser por una razón inexplicable que no merece mayor atención, ya que no
incrementa el poder predictivo de la teoría!). La conclusión, para los economistas, es simple: el
conjunto de investigaciones detectan anomalías y no auténticos cuestionamientos a “la” teoría
(la pregunta de si la teoría es perfectible no se plantea como alternativa). ¿A qué les suena lo
apenas descrito? ¡Una manifestación de esquizofrenia, ni más ni menos! Pero eso sí, esta es de
carácter económica.
La cuestión que deseo exponer no es tanto los defectos en el comportamiento de quienes se
adhieren a posturas extremas del mainstream económico (y, por lógica extensión, del L&E),
sino más bien evidenciar cómo al cerrarnos en nuestro marco de referencia ocasionamos algo
peor que un dialogo entre sordos: creamos un contexto favorable para que se manifieste una
tendencia a menospreciar los méritos de la posición contraria. En mi opinión, los aportes del
mainstream del L&E son indiscutibles. Empero, ello no justifica la tendencia a minusvalorar la
idea de potenciar su poder predictivo mejorando sus asunciones, sobre todo si tal esfuerzo se
despliega no a través de elucubraciones abstractas carentes de todo sustento empírico, sino
justamente dispensando atención a la realidad, inhibiendo así los casos de “esquizofrenia” (sea
jurídica, sea económica).
Intuyo que esta observación puede causar sobresalto, pero no debería hacerlo. Cuando a fines
de 1980 e inicios de 1990, el L&E irrumpió con inusitada fuerza en el sistema jurídico peruano,
el sustento que ofrecía era esencialmente lógico (se centró en los incentivos) y no se ofrecían
estudios empíricos que lo avalaran (más que en contados y muy relevantes casos). A pesar de
ello, el L&E se asentó y hoy no es visto como una rara avis. Con esa lógica, ¿por qué no darle la
oportunidad a una corriente que ofrece investigaciones empíricas que avalan sus aserciones?
Tal vez el rechazo se genera por una errada interpretación de lo que resulta ser el BL&E (así
como sus bases ideológicas) o, lo que también me parece probable, la ineludible consecuencia
anexa a la estrategia de difusión elegida por sus promotores, quienes se centran demasiado en
subrayar la existencia de interminables sesgos y heurísticas.
En términos jurídicos, el rechazo podría generarse –y esto todavía no ha sido siquiera sugerido
en nuestro medio debido a la “novedad” del BL&E– en la enorme importancia del contexto (lo
cual se erigiría en un obstáculo para formular reglas con afán de generalidad) y la posibilidad
de sugerir políticas contradictorias acogiendo ciertos sesgos y heurísticas (aquí habría que dar
razones para estas elecciones y porque importa descartar a otros sesgos y heurísticas pues, de
lo contrario, podríamos estar manifestando nosotros mismos determinados sesgos). No niego
que las críticas intentan iluminar varios de los defectos del BL&E que no han sido abordados
por sus propulsores, es por esta razón que en los próximos posts me dedicaré a esbozar sus
bases para superar algunos prejuicios recurrentes y además para brindar algunas respuestas a
varios cuestionamientos. Un aspecto que no deseo pasar por alto es que la pregunta que sirve
de título para el presente post puede interpretarse en otro sentido, ¿no será que quienes
promovemos el BLE somos en realidad los locos? Debo confesar que lo idea me asaltó en más
de una ocasión, sin embargo no brindaré una respuesta… prefiero dejarlos a ustedes en la más
plena libertad de llegar a sus propias conclusiones.
2
La alusión es a SAAVEDRA V ELAZCO, Renzo E., Deconstruyendo al homo economicus: Una revisión conductual a
un paradigma del Law and Economics, en Ius et veritas, año XXI, núm. 42, 2011, pp. 54-85.
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