"Renacer es una revolución cultural, es un hecho culturalmente revolucionario.
Renacer se origina en una decisión moral de dos personas que descubren que la vida y las cosas no necesariamente deben ser como se
las ve que son y en ese "no necesariamente deben ser como se las ve que son", pueden ser mejores.
Eso nos puso en un categoría no de un "antes y un después", sino en una categoría de "mejores o peores" y esto es un cambio radical.
Después de perder un hijo, la vida se nos ha dado vuelta como un guante de goma y nosotros nunca podemos volver a ser las mismas
personas, indefectiblemente vamos a ser personas distintas y entonces tenemos que elegir entre mejores y peores.
Esto es una categoría de pensamiento distinta, "lo mejor o lo peor" es distinto de "lo antes y lo después".
Cuando nos movemos en la categoría del "antes y el después", me pregunto ¿por qué?
Cuando nos movemos en la categoría de "lo mejor o lo peor" nos tenemos que preguntar ¿para qué?
Nosotros trabajamos de entrada con los "para qué".
En vez de trabajar con la causalidad: el ¿por qué? trabajamos con la finalidad: el "para qué", ¿qué podemos hacer con esto que nos pasó?
Nos dimos cuenta que cuando trabajamos con la finalidad, somos libres, somos libres de elegir lo que queremos ser, mientras que
trabajando con la causalidad no.
Cuando trabajamos con la causalidad somos prisioneros de las circunstancias, somos juguetes de las circunstancias, por el contrario,
cuando elegimos la finalidad somos libres, nosotros elegimos nuestro destino. Esa fue nuestra primera decisión"
Y agregó:
"Se puede ver a la partida de nuestros hijos COMO EL CAMBIO EXISTENCIAL QUE NOS ABRE LA PUERTA A LA DIMENSION
ESPIRITUAL y nos enfrenta a la disyuntiva ineludible y libérrima de elegir ser mejores personas o peores, pudiendo por el primero de
los caminos llegar a la verdad para sentirnos lúcidos y trasparentes; ver al mundo como es; llegar a la verdad de frente, donde cesan
todas las turbulencias y se logra la paz interna."
Y ¿qué encontramos en Renacer?
Encontramos un mensaje, encontramos un mensaje de amor...
Así lo dijimos en la inauguración del Grupo Renacer San José, que ahora queremos compartir con ustedes.
"Nosotros habíamos perdido a nuestro hijo y, en medio del dolor, pensábamos que ya no sabríamos como ejercer el amor hacia él y en
Renacer aprendimos que podíamos, renunciar a nuestro dolor y ejercitar el amor en homenaje a nuestro hijo.
Allí escuchamos cosas que jamás habíamos escuchado.
Lo primero que nos llamó la atención fue cuando nos dijeron que frente a lo que teníamos que vivir en adelante había dos caminos a
seguir, o nos dejábamos llevar por las emociones y nos encerrábamos en nosotros mismos, cerrábamos puertas y ventanas, no queriendo
escuchar nada, nos tiramos en la cama, no queremos ir a trabajar, llenamos nuestro corazón de resentimiento, de odio, de amargura y
todos los sentimientos negativos que inundan el alma humana, producto de las emociones o, comprendiendo que nos ha pasado algo que
ya no podemos modificar, modificamos nuestra actitud frente a la vida.
Comprender que si seguimos el camino de las emociones podemos llegar, a través del tiempo, a transformarnos en un estropajo que
anda por la vida dando lástima, abatidos como quien busca moneditas en el suelo.
En tanto que si asumimos una actitud positiva, podemos andar por la vida con la frente levantada en homenaje de amor al hijo perdido,
pues una cosa es el resentimiento, la bronca, el odio, la angustia y otra cosa, muy distinta, es el amor.
Luego escuchamos la voz de Gustavo Berti y de Alicia que fueron quienes iniciaron este movimiento de Renacer en Río Cuarto,
República Argentina, en diciembre de 1988, preguntándonos: ¿Qué es lo que une a un padre y a una madre a su hijo?
¿Es el odio? ¿es el rencor? ¿es la bronca? No, es el amor, nosotros estamos unidos a nuestros hijos por el amor.
En Renacer descubrimos que podíamos seguir amando a nuestro hijo a pesar de no tenerlo y un día oímos a Alicia diciendo: ¿acaso
necesitamos de la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos?
Desde chicos nosotros sabíamos lo que era el amor a los padres, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, a los primos, luego a la novia o
al novio, el esposo, la esposa o al compañero o a la compañera y cuando ellos nacieron nos enseñaron como madres o como padres, el
amor al hijo.
Y ahora, cuando uno de ellos parte, nos enseña otra forma de amar, nos enseña a amar sin condición alguna, nos enseña a amarlo sin
necesidad de su presencia física, ese es su reclamo.
¿Y qué actitud asumimos nosotros frente a ese su reclamo?
¿Qué es aquello que nuestros hijos que ya no están físicamente con nosotros, esperan de nosotros?
¿Lástima? ¿odio? ¿rencor? ¿bronca? o ¿esperan de nosotros amor?
Esa es la gran pregunta que debemos respondernos para cambiar de actitud.
¿Queremos seguir el camino que nos dictan las emociones o queremos cambiar de actitud frente a la vida?
Dice Gustavo Berti que el mensaje de Renacer, existe en la humanidad para que aquellos padres que hemos perdido hijos, no muramos
tras nuestros hijos y, al morir en vida, los transformemos en nuestros verdugos; en su lugar, Renacer propone que hagamos de nuestros
hijos nuestros maestros.
¿Hacer de nuestros hijos nuestros maestros?... al principio, suena como una cosa extraña, pero si elegimos transitar este camino con
Renacer y vamos a las reuniones, nos empezamos a dar cuenta de muchas cosas que estaban ocultas a nuestro entendimiento, dándole
razón a lo dicho por Blas Pascale: "¿El corazón tiene razones que la razón no comprende."
Empezamos a darnos cuenta que ya no le tenemos miedo a la muerte; empezamos a darnos cuenta que las cosas materiales tienen menos
valor que el que le dábamos hasta ese momento; que aquel andar desesperados tras una y otra cosa no tiene sentido.
Cuando estamos en familia y tenemos a todos nuestros hijos, pese a algunos problemas por el estudio en la escuela o el liceo, pese a
alguna inconducta, pese a las dificultades para llegar a fin de mes, las cosas siempre se iban arreglando y nuestra "chacrita" funcionaba
bien, pero no veíamos que en la casa del vecino había dolor, hasta que el dolor nos llega a nosotros y nos empezamos a dar cuenta, a
través del mensaje de Renacer, que alrededor nuestro también hay mucho dolor y entonces nos hacemos más comprensivos del dolor de
los demás.
El mensaje de Renacer es eso: sentir el dolor de los demás como propio.
También nos sentimos más tolerantes con las cosas que nos pasan... si ya nos pasó lo más grande que podía pasarnos... ¿qué importancia
pueden tener los pequeños inconvenientes de la vida que antes tanto nos preocupaban?
Así, tras el camino que muestra el mensaje de Renacer, nos dimos cuenta que nuestro hijo nos está enseñando muchas cosas; y si nuestro
hijo, luego de su partida, nos ha hecho ver la vida de una manera distinta ¿por qué no llamarlo maestro? ¿por qué no tomarlo como guía?
Cuando nos damos cuenta que no tenemos necesidad de la presencia de nuestro hijo para amarlo, lo descubrimos en nuestro corazón
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como dice Adela una mamá de Treinta y Tres cuando afirma: "Ahora mi Nacho es mío sólo, nadie lo puede tocar, nadie lo puede dañar,
pues lo tengo en mi corazón", pues, como dice El Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos... no se ve bien, sino con el corazón".
Entonces, la partida de un hijo genera en nosotros "un despertar espiritual" y sentimos la presencia de nuestros hijos a pesar de que no
sabemos donde están, pues están en otra dimensión a la que no podemos llegar con nuestros sentidos, no los podemos tocar, no los
podemos ver, pero sentimos que ellos están y eso es un despertar a la espiritualidad.
Cuando a través del mensaje de Renacer se toma el camino de renunciar al propio dolor para ayudar a otro que sufre, sucede lo que dice
Víctor Frankl cuando afirma que quien renunciando a su propio dolor tiende una mano a otro ser que sufre, trasciende como ser humano.
Un día, en Mercedes, Gustavo Berti nos hizo esta pregunta: "¿Somos nosotros que hemos perdido hijos, las mismas personas antes que
luego de su partida?" Y todos contestamos que no, que no nos sentíamos las mismas personas.
Entonces él nos dijo: si no somos las mismas personas, sólo quedan dos alternativas, o somos peores personas o somos mejores
personas... ¿ustedes que eligen?
¿Queremos estar llenos de dolor? ¿queremos estar llenos de angustia? ¿queremos estar llenos odio? ¿queremos tirarnos en una cama y
dejar de trabajar?
Si es eso lo que queremos, eso es ser peor persona, pero si queremos ser mejores personas tenemos que levantar la cabeza, tenemos que
empezar a conjugar el verbo amar y a ver en el semejante también amor y hacerlo en homenaje a nuestros hijos.
Es así que, a través del mensaje de Renacer, nuestra vida es en homenaje a nuestros hijos.
Hace poco un padre dijo: "cuando tuve el accidente con mi hijo, mientras estaba esperando en el sanatorio dije: yo doy mi vida por mi
hijo, pero no me fue concedido" y agregó: "Entonces, yo ya di mi vida por él, ya no me pertenece, yo ahora debo vivirla en homenaje a
Gonzalo y desde que me levanto hasta que me acuesto, pensando en él, trato de ser mejor persona".
Ese es el homenaje que le hacemos a nuestros hijos, pues ¿qué padre no daría su vida por la de su hijo?
En la cultura a la que pertenecemos, homenajear al hijo que partió es ir al cementerio, llevarle flores, tener sus fotos, hacerle misas y
todo eso está bien, el mensaje de Renacer va más allá, consiste en vivir, permanentemente, en homenaje a nuestros hijos todos los
instantes de nuestra vida.
No es que vayamos a vivir en homenaje a nuestros hijos mientras estamos en Renacer, sino que el homenaje a nuestros hijos es
permanente: eliminando el odio, sacándonos la bronca, eliminando las culpas, teniendo ganas de trabajar, ejercitando el amor, en una
palabra, vivir como nuestros hijos quisieran que viviéramos.
Íntimamente deberíamos hacernos la pregunta ¿cómo quisieran ellos que nosotros viviéramos?
Cuántas veces los hijos le dicen a su mamá: mamá quisiera verte siempre linda. Estoy seguro que muchas madres a quienes sus hijos,
antes de partir, les dieron una seña de cómo quisieran verlas, hoy cuando el hijo ha partido se dejan de peinar, se dejan de arreglar,
hacen como María una madre de Renacer Artigas que nos decía: "pasé 10 años andando por las calles dando lástima, toda despeinada,
desaseada, mal vestida, en ruinas, entré en Renacer y hoy me paran por la calle y me preguntan ¿qué pasó que te veo tan bien y
arreglada? Y yo les contesto fue el mensaje de Renacer" y agregó "Ustedes me ven hoy bien arreglada, pero pasé 10 años en que mi
esposo era un viudo con una señora "viva", entre comillas; ahora recompusimos el hogar y recompusimos nuestra vida, gracias a que
ahora vivimos como hubiera querido el hijo que partió."
¿Acaso alguien tiene la duda de que nuestros hijos quisieran que nosotros viviéramos una vida digna?
Una vida digna por aquellos seres queridos que nos rodean, el esposo o la esposa, una vida digna para los otros hijos que están con
nosotros, o ¿acaso ellos no están sufriendo tanto o más que nosotros? ellos perdieron a su hermano, a su compañero de juegos, a su
compañero de picardías, a veces a su mascota otras veces a su modelo y ellos lo sienten profundamente y cuando nosotros elegimos el
camino de las emociones, elegimos el camino del odio, el camino de la angustia, de la bronca, de la culpa, del desgano, de la inacción,
ellos ven que sus padres también se están yendo de la vida, que ya no son aquellos padres que eran antes.
Entonces el mensaje de Renacer nos dice que debemos vivir una vida digna para esos hijos que están con nosotros y no se trata como
sucede muchas veces, que vienen los amigos al velatorio y le dicen al hijo mayor "Ahora tú eres el responsable de mamá y de papá" ¡no,
somos nosotros los padres y madres los responsables de nuestros hijos! Nosotros debemos vivir la vida dignamente para que ellos
puedan superar esa tremenda dificultad que han tenido en sus vidas tan tempranamente.
También tenemos que vivir una vida digna para los amigos, esos amigos que vienen y luego no saben que decirnos, pues nos encuentran
amargados, nos encuentran tristes, no saben de qué hablar con nosotros y entonces para no hacernos sufrir, se retiran... somos nosotros
los que tenemos que llamarlos y demostrarles que podemos llevar una vida digna en homenaje a ese hijo que partió y ni que hablar para
la sociedad, porque la sociedad no puede perder a un padre o a una madre que ha perdido un hijo, la sociedad necesita de nosotros y el
mensaje de Renacer lo que hace es devolver a la sociedad padres con dignidad para enfrentar la vida.
Por este camino que empiezan ustedes hoy a transitar, nos empezamos a dar cuenta de una cantidad de cosas nuevas, pero no existen
varitas mágicas todo depende de nuestro esfuerzo, todo depende de nuestra determinación, todo depende de nuestra responsabilidad y de
la asistencia asidua a las reuniones periódicas del grupo.
A las reuniones de Renacer vamos a dar, todos estamos en condiciones de dar. En Renacer no hablamos del pasado, ya lo hemos
hablado hasta el cansancio con el vecino, con la tía, con el amigo, con el que viene y nos dice ¿cómo fue? ¿qué pasó?; en Renacer
hablamos del futuro, hablamos de qué hacemos para vivir la vida luego de la partida de nuestros hijos.
Así es el mensaje de Renacer, qué hacer de nuestras vidas después de la partida de un hijo.
En una primera etapa siempre preguntamos ¿por qué? ¿por qué a mí? ¿por qué a mi hijo? ¿por qué no hice esto o aquello? y muchas
otras preguntas, sin embargo, hasta hoy, nadie ha tenido una respuesta a tantos por qué, pues es la vida la que nos pregunta ¿qué vas a
hacer tú mamá o papá con tu vida, que la tendrás que vivir hasta el día de tu propia muerte con esa ausencia física del hijo que ya no
está?
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