américa latina y el caribe no logrará su pleno desarrollo mientras

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AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE NO LOGRARÁ SU PLENO DESARROLLO MIENTRAS PERSISTAN LAS DE
América Latina y El Caribe no logrará su pleno desarrollo mientras persistan las desigualdades
de género
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AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE NO LOGRARÁ SU PLENO DESARROLLO MIENTRAS PERSISTAN LAS DE
Foto: Carmen de la Cruz, PNUD.
Carmen de la Cruz, responsable del Área de Género del Centro Regional del PNUD en
América Latina y El Caribe, explica como la organización ha reafirmado su compromiso
con la igualdad de género y lo ha convertido en una de sus áreas centrales de trabajo.
Carmen de la Cruz, who is in charge of the Gender Practice Area of the UNDP's Regional
Center for Latin America and the Caribbean, explains in this interview how the organization has
reaffirmed its commitment to gender equality and has made it one of its central areas of work.
Redacción | Ciudad de Panamá | 22 de febrero 2014
La región de América Latina y el Caribe ostenta el triste título de ser la más desigual del
mundo, según ingreso. Aunque las múltiples dimensiones de la desigualdad afectan de
manera diferenciada a las personas, la que enfrentan las mujeres respecto a los hombres
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aparece como una de las más persistentes y complejas. Carmen de la Cruz, responsable del
Área de Género del Centro Regional de PNUD para America Latina y el Caribe, comparte en
esta entrevista cómo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo contribuye a
transformar estas desigualdades de género en la región.
Si tuviera que destacar algunos avances en materia de igualdad de género en la región,
¿cuáles serían?
Nuestra región se destaca por grandes avances en materia de igualdad de género en los
ámbitos políticos, sociales y económicos, pero también por qué no decirlo, por sus
contradicciones. Los promedios regionales siempre esconden grandes diferencias entre
países, pero también progresos en algunas áreas acompañados de retrocesos en otras dentro
de los mismos países. Les voy a poner un ejemplo en el ámbito político.
La región cuenta con el mayor promedio de mujeres parlamentarias del mundo, alrededor del
22%, es decir uno de cada cinco escaños parlamentarios está ocupado por una mujer. En el
2000 ese dato era del 13%, así que es indudable el aumento. La buena noticia es que 8 países
de la región superan el 30% de presencia en las cámaras bajas. Algunos de ellos hicieron estos
saltos de manera progresiva desde hace años (Costa Rica, Argentina, Bolivia), otros nos han
demostrado que es posible hacerlo si la voluntad política acelera estos procesos (México, El
Salvador, Nicaragua, entre otros), pero también tenemos casos que nos muestran que siempre
es posible el retroceso (Perú, Suriname) y países con niveles muy bajos de participación que
no superan el 10% de representantes mujeres (Haití, Belice, Brasil, Panamá). Si se analizan los
ámbitos locales que es donde se presupone es más fácil para las mujeres participar en política,
nos llevaremos la amarga sorpresa de que no es así. Es más, las mujeres siguen siendo muy
pocas (algo más del 10%) al frente de los gobiernos locales. Esto nos indica que aunque puede
haber problemas compartidos y estrategias comunes, tenemos que ver en cada contexto
particular cómo afrontar los obstáculos concretos de la participación política de las mujeres.
Esta es un área en el que el PNUD lleva tiempo trabajando y va a seguir apoyando para
contribuir a acelerar los resultados: las democracias necesitan de más mujeres en la toma de
decisiones ahora, no dentro de 30,40 o 50 años.
¿Y en el ámbito económico cuál sería el mayor desafío?
Las mujeres se han insertado en el mercado laboral más recientemente y enfrentando muchas
desventajas y eso se traduce en importantes desigualdades laborales pero también
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económicas y sociales. Mayor precariedad, más tiempos flexibles por la necesidad de
compaginar con responsabilidades familiares, menor salario por igual trabajo, el famoso techo
de cristal que no les permite ascender tan rápidamente a los puestos de decisión, peores
prestaciones sociales, etc.
Nos encontramos en un escenario de corrección de estas desigualdades, pero también de
fuertes resistencias a los cambios por parte de algunos sectores que quieren mantener una división sexual del trabajo entre hombres y mujeres propia de otros siglos: los hombres a
trabajar fuera y las mujeres a trabajar en las casas o como apoyo en determinadas
condiciones. Esto además de irreal, es insostenible en términos de desarrollo para ningún país
de la región. Los hogares necesitan tanto del aporte económico como del aporte en cuidados y
trabajo doméstico para cubrir sus necesidades y que tanto hombres como mujeres, el Estado
como el mercado, aporten a una conciliación entre ambas esferas y que sean corresponsables
socialmente . Hay que valorar e incorporar en nuestros cálculos económicos la carga total del
trabajo remunerado y no-remunerado, que mayoritariamente hacen las mujeres, para que las
sociedades se mantengan, desarrollen y alcancen un mayor bienestar. Eso pasa por
reorganizar la economía, pero también la sociedad con una nueva organización del cuidado.
Mientras esta responsabilidad se deje sólo en manos de las mujeres nunca podrán participar en
igualdad de condiciones en el mundo laboral, político, social. Esta es otra de nuestras
prioridades de trabajo regionales para los próximos años.
¿Y qué hace el PNUD para que haya una mayor igualdad entre hombres y mujeres en
América Latina y el Caribe?
Para nosotros, es imposible alcanzar un pleno desarrollo humano sostenible si las mujeres y
las niñas no pueden contribuir en igualdad de condiciones que los hombres a sus sociedades y
beneficiarse por igual de las mismas. El PNUD está comprometido con el empoderamiento de
las mujeres y la igualdad de género desde hace años, pero de manera mucho más concreta
desde que se aprobó su estrategia de género en 2008. Desde entonces, hemos apoyado
reformas políticas y legales en muchos de los países de la región para eliminar la
discriminación de género y garantizar la igualdad de género cumpliendo con los compromisos
internacionales y regionales en la materia y hemos respaldado iniciativas regionales y
nacionales para promover los derechos políticos, económicos, sociales y culturales de las
mujeres. Nuestra organización ha tenido un rol relevante en promover que el enfoque de
género sea un aspecto central y transversal en las políticas públicas como un medio para
garantizar la igualdad entre la ciudadanía y la efectividad de esas políticas; nos hemos sumado
junto con otras agencias de las Naciones Unidas y nuestros socios de país a frenar, por
ejemplo, la violencia contra las mujeres, entre otras muchas cosas.
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Pero en el futuro este compromiso va a ser todavía más evidente. Nuestra organización ha
aprobado su nuevo Plan Estratégico donde la igualdad de género es una de los 7 resultados
prioritarios de trabajo. También ha sido aprobada recientemente la nueva estrategia de género
2014-2017 que nos orienta cómo acelerar dichos resultados en las diferentes áreas
organizacionales. En América Latina y el Caribe, hemos definido además que uno de los 3
resultados de nuestro programa regional sea el de igualdad de género. Eso significa que el
PNUD a nivel global, pero especialmente en nuestra región, ha renovado su compromiso y va a volcar esfuerzo, trabajo y recursos para acelerar los progresos en igualdad de género hasta
el 2017.
¿En qué va a consistir ese compromiso para los próximos años?
El PNUD quiere contribuir a un desarrollo económico más inclusivo, fortaleciendo la
participación económica de las mujeres y, en asociación con los actores centrales (estado,
empresas, sindicatos), eliminando esos obstáculos que antes mencionaba persisten para la
inserción igualitaria de las mujeres al mundo del trabajo y a mejores condiciones económicas y
productivas, por ejemplo. Seguiremos trabajando por tener democracias más representativas
donde todas las voces puedan ser escuchadas y donde las mujeres puedan liderar también la
toma de decisiones sobre el futuro que queremos, abriendo espacios políticos para jóvenes,
afrodescendientes e indígenas. Trabajaremos para cambiar esas normas, estereotipos y
perjuicios que discriminan a ciertas personas y grupos y que les impiden disfrutar de los
mismos derechos. Queremos también poner un foco muy especial en los hombres, en la
necesidad de repensar su rol no sólo como parte del problema sino también de la solución.
Todo esto se concretará en iniciativas nacionales y regionales que apoyaremos en América
Latina y el Caribe en los próximos años y para lo que necesitamos el apoyo de socios y
donantes, para hacer la diferencia y acelerar esos progresos en materia de igualdad. Ojalá
dentro de 4-5 años podamos enumerar de manera satisfactoria un gran número de avances en
la vida de las mujeres y los hombres de nuestros países.
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