Carta a mi hijo - MC José Antonio Perea Uvalle

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Carta a mi hijo.
José Antonio Perea Uvalle.
Querido hij(a)o:
Te agradezco mucho tus felicitaciones y todos los detalles que has tenido para mí, en este día
del padre, deseo decirte que me siento muy contento y feliz por las muestras de afecto y cariño, y que
las guardaré celosamente en lo más profundo de mi corazón.
Quiero aprovechar esta oportunidad que Dios me ha dado y este medio para expresarte, lo
que en ocasiones en persona me es difícil decir:
Mi mayor alegría y mi razón de vivir eres tú, hijo mío; recuerdo el día en que Dios me dio esa
dicha de ser tu papá y esa gran responsabilidad que acepté con mucho gusto. Yo, afuera del hospital,
aguardando ansioso de que nacieras, un tanto impaciente, esperando a la enfermera que saliera y
poder escuchar de su boca, “ya nació”, y así sucedió; en ese momento gritaba de alegría por dentro,
mi mayor deseo era verte por primera vez, caminé por el pasillo hasta llegar a donde estabas junto a
tu madre, te abracé contra mi pecho, agradecí a Dios y me sentí el papá más feliz del mundo.
Después llegaste a la casa, ya estaba preparada tú camita, tenias que descansar de ese largo
viaje que te toco hacer, estrenaste tu nueva ropita y te dispusiste a dormir.
Así, fueron pasando los
días, tu carita, tus manitas, tus pequeños pies, cambiaban poco a poco, estabas creciendo; cuando
dormías me acercaba a tu cuna para observarte, pude ver como tu estomago se inflaba y se
desinflaba, producto de tu respiración normal, en ocasiones hacías gestos o te reías, quizás, estabas
soñando con los ángeles del cielo.
Comenzaste a caminar, fui testigo de tus primeros pasos, tuve la oportunidad de tomarte de la
mano y guiarte para que no te cayeras o te golpearas, pasaba el tiempo y cada vez te veías con mayor
seguridad, hasta que un día lo hiciste sin ayuda, comenzaste a explorar todo lo que estaba a tu
alcance, a tirar o jalar cosas y así fue pasando el tiempo; un día estabas incomodo y llorabas a cada
rato, como que sentías molestias y sí, era tu primer diente que se asomaba en tu encía rosada,
estabas creciendo cada día más, pasaron algunos meses y escuche un día que dijiste “pa…pa”, era la
primera vez que me pronunciabas, yo lleno de alegría decía: me dijo papá, me dijo papá.
Seguiste
creciendo, comenzaste hacer travesuras y pequeñas cosas que me hacían reír; tiempo después
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José Antonio Perea Uvalle.
entraste al kinder, a tu primera escuela, lloraste los primeros días, pero después te acostumbraste,
ahora ya has crecido y te he visto desarrollarte desde que naciste hasta el día de hoy.
Hijo mío, mi mayor anhelo es verte crecer en todos los aspectos, verte triunfar en la vida y
conducirte con rectitud; quizás como padre no sea el mejor para ti, porque te regaño y te llamo la
atención cuando haces algo mal, y tú me podrás decir: es que el papá de mi amigo no lo regaña y lo
deja ir a todas partes, le compra lo que quiere y lo trata cómo si fuera su amigo; sin embargo, yo te
digo: “prefiero ser tu padre que tu amigo”, por una sencilla razón, amigos tienes y vas a tener muchos
en la vida, que te podrán aconsejar bien o mal, no lo sé, pero padre solamente vas a tener uno, por
eso no puedo ser tu amigo y además, tengo que cumplir el encargo que Dios me dio, “formarte como
persona de bien”.
Lo que debes saber es que te amo con todo mi corazón y que siempre estaré allí para cuando
tú me necesites, para apoyarte con tus errores, con tus desafíos, con tus sueños, con tus metas y
triunfos, jamás haré nada que te pueda causar algún daño, siempre te estaré observando y te
reprenderé cuando sea necesario, aún, cuando ya seas grande y te valgas por ti mismo, esa es mi
labor hasta el final de mis días. Sé, que podemos tener puntos de vista diferentes y tal vez, no estés
de acuerdo conmigo en algunas cosas, entiendo también que crecimos en épocas diferentes y con
distintas formas de pensar, pero los valores humanos y la esencia de una persona siguen y seguirán
siendo los mismos. Me ha tocado ser testigo de cómo padres e hijos se alejan e incluso ni se hablan
por simples malos entendidos, espero y esto no nos suceda y de ser así, siempre estarán mis brazos
abiertos para consolarte y compartir contigo tus tristezas y alegrías.
El destino es incierto, sé que en un futuro cercano tendrás que hacer el tuyo, caminar por
senderos desconocidos y aprender de la experiencia de la vida, sólo te pido una cosa, actúa siempre
de la mejor manera y ayuda a quien lo necesite; otra cosa, jamás pierdas de vista a tus hermanos,
quiérelos cómo yo te quiero, apóyalos, cuando lo necesiten y perdónalos si algún día existiera alguna
discordia entre ustedes.
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José Antonio Perea Uvalle.
Ya no quiero aburrirte con mis cosas, le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de
escribir estas palabras, y a ti, hijo mío, por leerlas; muchas de estas palabras no te las había dicho; se
que en un futuro te iras a formar tu propia familia y la distancia a lo mejor nos separará, de ser así,
siempre estaré pensando en ti, orando para que te vaya bien, y como siempre, con mi corazón abierto
para ti.
Sé, que algún día tendré que partir de este mundo, sin duda alguna, me iré tranquilo,
sabiendo que te dí lo mejor de mi, me iré orgulloso de haber sido tu padre y que tú, hayas sido mi
hijo, desde donde quiera que esté, siempre tendrás todo mi amor y cariño por toda la eternidad.
Tu padre.
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