ABONOS VERDES

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NLIMERO 24-44 H
1tiI^1.DRID
DICIEMBRE i94
ABONOS VERDES
Por RICARDO TELLEZ MOLINA
[ngeniero Agrónomo
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La ^esbercoladura y el abonado en verde son ^dos formas ^d^e suministrar a las tierras 1a materia orgánica
que necesitan para oonserv^ar o aumie.ntar su fertilidad.
El estiércol ^contiene, además, una proporr,ión aproximad,a del 0,5 por 100 de nitrógeno de su peso fresco, por lo que su valor a.umenta gr{and^emenrtie ^cuando escas^ean los abonos minerales nitrogen^a,dos.
Si la planta cult'ivada para enterrrar en v^ende es una
leguminosas (veza, haba ^ca,ba.llar, trébo^l, ^etc.), la tierra también se enriquece en nitrógeno. La veza. por
ejemplo, tiene 0,6 por 100 de nitrógeno.
Así: pues, por los dos ^co,nceptos-materia orgán'ica
y nitrógeno--el abonado en verde ^equivale a la estercoladuna.
Sin embargo, com^o escmbía ^el Ing^eniero Agrónomo
Sr. Cascón, en 1915: "... acansejar al ^agricultor que
aultive plantas para enterrar ^en vende, pudiendo aprovecharl,as para ,alimenta^ción del hombre o d^e los e,nimales, es exigirle un sa^crifi^cio ral que difícilm^ente se
r^igna". En realLda;d, cuando la necesi^d^ad ^de alimentas o forrajes s^^a agu^d^amente senti^d^a, el agmicultor
pneferiría pagar el est'iércal a cualqui^er precio, en luga.r de enterrar una. coseaha prometedora. Pero, si 1a
tierra está esquilmad^a y^esca,sea el estiércol, d^eberá
^ensayar el abono verde, en la, oerteza de que obten^drá
r.esulíados positivos.
En un cultivo ^ordenado se pweden mantener las tierras en las mejores condiciones de fertili^da^d introduciend^o en l,a rotación norma.l d^e la explotación una
leguminosa para enterrar en verde.
R. T.
ABONOS VERDES
Abonar en ^;erde un terreno es fertilizarlo enterrando
las hojas y tallus frescos de una planta herbácea que se ha
cultivaclo en el mismo luga° con ese objeto. En un sentido
más amplio se incluiría también corno abonado en vercle la
práctica consisten^te en enterrar cosechas, o restos de cosechas, criadas en distinto terreno del quc se pretende mejorar.
Corrientemente, sin embargo, sólo se admite la primera interpretación.
El abonado en verde puede ser "total", cuanclo se entierra toda la cosecha producida en el campo, y puede ser "parcial", cuando sólo se entierra una parte de la misma, aproi•echando el resto para otros fines. Por ejemplo, enterrar el
rastrojo cle un alfalfar después de haberle dado uno o más
"a^rtes", es un abonado en verde "parcial".
Conveniencia y limita^iones del ^bono verde.
El abonado en verde de las tierras cultivadas tiene como
objeto primordial proveerlas de la materia oi•gánica que precisan para mantener su fertilidad. En este aspecto, el abono
verde tiene una importancia similar a la estercolaclura.
CONVENIENCIAS.
Es de sobra conocido el beneficioso influjo del estiércol
en las tierras de labor. La materia orgánica, en efecto, modifica ventajosamente las cttalidades físicas y químicas de las
tierras. Afloja las tierras fuerte^, da compacidad a las demasiado sueltas, aumenta el poder retentivo para el agua, favorece la vida microbiana del suelo, etc.
Todos estos fines se consiguen igualmente con el abono
verde, y aclemás se movilizan las reservas minerales del suelo, situanclo en su superficie elementos que yacían en las capas profundas, exploradas por las raíces con sus ramificacio-
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nes. También se facilitan la aireación y la circulación del
agua.
_1sí como con el estercolado se agregan a las tierras su^tancias químicas que la tierra no poseía y que aumentan su
fertilidad, con el abono verde no se aumenta el contenido del
suelo en sales minerales pero éstas pasan ahora a formar
parte de la materia argánica vegetal. Sólo hay adición de
nuevas sustancias químicas al terreno cuando la planta cultiva^ia para enterrar en verde fué una leguminosa, y, por eso,
éstas serán las preferidas. Conocida es la importantec función
de las leguminosas en la fijación del nitrógeno atmosférico,
formando albuminoides y otras sttstancias nitrogenadas.
Así, pues, la práctica del abonado en verde sólo estará
plenamente justificada criando las mencionadas plantas nitrofijadoras y, en este caso, el labrador deberá considerar con
la mayor atención los beneficios que derivan de tal mejora.
El abonado en verde suministrará, por un lado, materia orgánica sintetizada, a partir del anhídrido carbónico del aire;
por otro, sustancias nitrogenadas formadas a partir del nitr.ógeno atmosférico; y, por íiltimo, moviliza las sustancias
minerales del suelo. I:n cambio, cuando la planta cultivada no
es leguminosa, no se aporta materia nitrogenada.
Una vez enterrada la cosecha verde, stt descomposicicín
transcurre del mismo modo que cuando se "hace" el estiércol en el estercolero. Las bacterias actíran descomponiendo las
sustancias orgánicas más ^complejas y transformándolas en
e1 laatimacs o mantillo, que da fertilidad a las tierras. Tal descomposición exige un plazo de tiempo algo largo, variable
con las condiciones de temperatura y humedad, no debiendo
plantarse o sembrarse la cosec;ha siguiente hasta dos semanas después de abonar en verde, por lo menos.
En general, no debemos aconsejar el cultivo de cosechas
de verano para enterrar en verde. La razón es que con excesivo calor la materia orgánica se descompone rápidamente,
perdiéndose los principios fertilizantes. Sólo deberemos hacerlo así cuando vayan a ser aprovechados éstos por una cosecha inmediatamente después. Si a la cosecha enterrada no
sigue una planta de siembra otoñal, es preferible no enterrar
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la cosecha, dejándola en pie o segándola }^ dejándola sobre
el terreno.
I,IMITACIONES.
El labrador debe conocer las condiciones en que puede
realizar con éxito el abonado verde, y los casos en que no le
conviene tanto, o le puede perjudicar.
La escasez de estiércol es el estímulo más importante para
inducirnos a practicar el abonado en verde, sustituyendo la
materia orgánica que aquél nos suministraría por la prodttcida por las plantas leguminosas que hemos cultivado sobre
el terreno. Pero se han de tener en cttenta algttnos requisitos
técnicos y, además, la conveniencia económica y la marcha
de la explotación en general, viendo si está compensada su
alteración con el beneficio que esperamos obtener.
Las principales dificultades que se presentarán derivat^
del desequilibrio que se puede producir entre el cultivo }^ el
ganado que j^e mantiene en la e^plotación ; o, e7i ^otras palabras, de la cantidad de forrajes disponibles para su alimentación, lo que a la vez depende clel clima. En las comarcas
cálidas y áridas, tan frecuentes en España, la práctica del
abonado verde tropezará con dificultacles serias. En pleno
secano es difícil cultivar plantas de veratw, y en it.vierno, el
cultivo de plantas para enterrar en verde ocupará el lugar
cíe una cosecha, que po<lría utilizarse íntegramente para alimentar el ganado; o, por ^o menos, restará la provisión de
agua que se hac:, durante el barhecho l^^ara ser ^provechada
por la cosecha siguiente.
^
En el caso de que el cultivo esté suficientemente mecanizado para poder prescindir del forraje mencianado, y careciendo, además, del estiércol que suministraría el ganado de
labor equivalente, puede estar inclicadísituo el abonado en
verde con plantas leguminosas.
Donde sobren f.orrajes, donde la humedad del clima permita mantener el ganaclo holgaclamente, el labrador padrá
dedicar cada año una parte de su finca al cultivo de tma planta para enterrar en f resco. Bien es verdad que entonces, pro-
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bablemente, no anda escaso de estiércol; pero aquí ya es opartuno pararse a considerar en detalle la ventaja económica de
una solución u otra. En estos lugares húmedos podrá cultivarse una planta de verano, si éste es fresco, o una planta
de invierno, si la suavidad del tiempo lo permite así.
Para los cultivos arbóreos se puede aconsejar el abonado
en verde siempre qtte no se reste agua al arbolado; esto es,
cuando las precipitaciones atmosféricas sobrepasen las exigencias de la plantación fundamental de la explotación. Tanlpoco ^lebe haber incompatibilidad entre la planta herbácea y
el arbolado, incluso en lo que se refiere a labores, recolección,
etcétera.
Fuera de los obstáculos impuestos por el clima, asociación o sucesión de cultivos y organización general de la explotación, no existen otros inconvenientes para el abono verde
que las propias exigencias del vegetal que se deba çultivar.
Nos referimos a la permanencia en el terreno, épocas de
s^embra y cosecha, necesidad o no de riegos, etc.
Práctica dEl abonado en v^erde.
La práctica del abonado en verde no es otra cosa que la
realización de un cultivo herbáceo normal, del que no difiere
más que en la manera de hacer la recolección.
La preparación del terren,o consiste, pues, en labrarlo y
abonarlo, disponiéndolo para sembrar. La distribución de la
semilla puede hacerse, indiferentemente, en líneas o a valeo.
La cantidad de semilla empleada oscila ^de i 5o a Zoo kilogramos por hectárea para plantas como la veza o alverja y el
guisante forrajero, ctiando se siembran a voleo; el haba caballar precisa unos 25o a 30o kg.
Para la alfalfa se empiean de 4o a 60 lcg. por hectárea,
y una cifra análoga puede fijarse para los tréboles, aumentándola proporcionalmente si fuera escaso el poder germinativo
de la semilla empleada.
La semilla de muchas de estas leguminosas (Me^lil^otus,
etcétera), sobre todo las de grano pequeño, suelen ser "duras", es decir, de germinación difícil, a causa de la imper-
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rneabilidad de su cubierta para el agua. Convendrá 'hacer un
ensayo previo de germinación en macetas o germinadores, y
si, después de unos días, el porcentaje de semilla inactiva es
muy elevado, proceder a"escarificarla" antes de sembrar.
La escarificación consiste en raspar o quebrar ligeramente las cubiertas de las semillas para que el agua penetre con
facilidacl y se produzca fácilmente la germinación. Esto se
consigue removiendo la semilla dentro de un cilindro cuya
pared interior es lijosa o ásgera, o bien dentro de ttn barril
en el que se han puesto volúmenes iguales de semilla y^de
grava (de unos dos centímetros de diámetro), no llenando
más que una pequeña parte del tonel, a fin de que la mezcla
se mueva libremente al voltearlo y se quiebren los tegumentos. El tratamiento puede durar, aproximadamente, una hora.
El labrador debe, en cada caso, anotar los resultados y corregir para el año siguiente, según su propia experiencia.
Preparada la tierra y la semilla, la siembra se hace sin
otras precauciones especiales.
Decidido el momento de enterrar la cosecha verde, y segada o no parte de la misma, convendrá dar un pase de rulo
antes de meter los arados. De esta forma se quiebran los tallos y aplastan sobre el suelo, facilitando el paso del ganado
o e] tractor que hag^a 1a operación principal.
Cualquier instrumento o herramienta usada para las labores ordinarias del terreno sirve para enterrar la cosecha.
Uesde la pala o el azadón, pasando por el arado de vertedera, hasta el tractor con arado polisurco, sirven para cubrir
la cosec;ha tendida en el suelo. I,a elección de unos u otros
medios de trabajo no depende inás que de la superficie que
tengamos que dominar en el plazo de tiempo de que disponemos y de los medios del propio labrador.
Inmediatamente antes de pasar el arado, una vez volcados
tallos y hojas sobre el suelo, se debe añadir cal viva o yeso
crudo, a razón de un par de toneladas por hectárea. Esta práctica acelera la descomposición de la sustancia orgánica y corrige la acidez excesiva qt^e puede comunicar al suelo.
Se ha justificado antes la canveniencia de emplear una.
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planta leguminosa cuando se trate de enterrar cosechas en
verde. Otra condición cle desear es que la planta elegida sea
de rápido desarrollo y poco exigente, sobre todo en agua. Es
preterible que tenga raíz profunda y follaje abundante.
Nlediante un abonado racional con fosfórico y potasa favoreceremos la vegetación de la planta cultivada, a fin de
conseguir en poco tiempo ttn abundante desarrollo. El gasto
que supone tal abonado no representa pérdida alguna, porque
1:^ totalidad de sustancias aportadas queda en el terreno sea
en forma mineral o asimiladas por la planta.
El abonado en vercle con adición suplementaria de abono
mineral, en el momento de enterrar, se suele ^llamar "sideración" ; pero no nos parece la etimología de este vocablo la
más sugerente para lo que se quiere designar con él.
La vegetación profusa de la planta es conveniente también para eliminar o dificultar la vida de las hierbas invasoras de los cultivos.
Al comienzo de esta HoJa dijimos que el abonado en
verde podía ser parcial o total, segím se enterrase nada más
que una parte o tocla la cosecha. Cuando interese, pues, aprovechar un corte o parte de él ^como forraje, no hay obstáculo
alguno en hacerlo así y enterrar el resto, pero téngase en cuenta que el efecto del abonado en verde es tanto mayor cuanto
niás forraje se haya enterrado.
Puecle darse el caso de que el desarrollo de las plantas
haya sido eYCesivo y constituya un obstáculo para las operaciones siguientes. Entonces debe segarse el campo parcialmente antes de seguir adelante, o pasar una grada de discos
que deshaga el follaje.
Epoca de enterrar el forraje.
Para enterrar la cosecha conviene aguardar el momento
en que la planta alcance su málimo desarrollo, que coincide
con la acumulación de principios nutritivos en mayor cantidad. En principio, tal momento coincide con la floración. Así,
pues, el mejor momento para enterrar en verde coincide con
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la fioración, pero sin aguardar a que se haya producido la
maduración de ningún fruto, pues en otro caso infestaríamos el campo de semillas que no pretendemos cultivar.
Otros factores pueden obligarnos a variar el momento de
realizar la mejora, sobre toda la preparacibn del terreno para
la eosecha siguiente. No se olvide que la descomposición de
los restos vegetales requiere un plazo de -tiempo algo largo,
entre dos y seis semanas, cuando se cuenta con circunstancias favorables.
Pl,a,nta^s adecuadas para enterrar ^en v^erde.
Las plantas más adecuadas para estos fines son las siguientes :
VEZA ^T^ZCZ,a SCbt2^7l^CL^.
Muy rústica, prospera en todo terreno, híunedo o no. Sus
pocas exigencias permiten se adapte a condiciones extremas,
que otra planta no soportaría.
Puede sembrarse en otoño para enterrar en p^-imavera,
o bien, en lugares más frescos, sembrar en julio-agosto para
enterrar al final del otoño.
En secano, la veza puede dar una masa verde de 8-io toneladas por hectárea; en regadío, dicha cifra se eleva a 25-30
toneladas.
En la ,provincia de Alava, ^el Ingeniero ^igrónomo Sr. Díaz
de I^Zendívil aplicó este abono a una tierra de escasísima fertilidad y en la que se había abandonado el cultivo, obteniendo zz ó iq. simientes por una ^de trigo en .la siembra hecha
después de enterrada la veza o alverja.
HABn c^^^aLt.Ax (l^'ici^u f^ab^ nT,i-rtoa•).
Planta que teme al frío y se adapta a terren^os arcillosos
compactos. Se siembra, como es de sobra conocido, en otoño
y florece en primavera, momento en que se entierra una vez
ha detenido el crecimiento. También ptiede ser sembrada en
febrero, a la salida del invierno, en lugares fríos, para ^enterrar en otoño.
- IO -
Una mezcla de ;haba y veza dará buen resultado sembrada en otoño en clima suave, o sembrada en verano en climas
fríos.
ALFALFA (MBCl^ZC^aCJO SLLt^7l^a L.^.
La alfalfa, cultivada como ordinariamente se hace cuando se destina a forraje, puede ser enterrada al^cabo de cierto
número de cortes. Esto permite mantener las alternativas
usuales en la explotación y no acarrea más consecuencias que.
el desaprovechar algún corte y aplazar algo la siembra de la
casecha siguiente.
Para los cultivos arbóreos también puede usarse la alfalfa; únicamente debe tenerse presente que, en las plantaciones
jóvenes, el forraje puede restar agua a los árboles que todavía
no tienen raíces muy profundas.
Puede sembrarse al fin del invierno y comienzo de la primavera, para enterrar en otoño.
PiLTRAMUZ
(Lupinu^s a,lbus).
Planta productiva y poco exigente. Resiste climas muy
diversos. Teme la cal, al contrario que las demás leguminosas. Admite la siembra en otoño, para enterrar en primavera. Niuy aconsejable.
Don José Cascón, el que fué ilustre Director de la Granja
Agrícola Experimental de Palencia, recomendaba de preferencia para abonos verdes, plantas distintas ^de las cultivadas
habitualmente como forrajeras, o que sean rechazadas por el
ganado, ^com las cuales el agricultor siente menor reparo en
enterrar. Entre ellas, logró excelentes resultados con el altramuz de flor amarilla (Lupinus lu^tetus) y^el de flor azul (Lu^rinus his^a^zi,cus), que vegetan espontáneamente en muchos
terrenos de nuestro país, excepto en las provincias del Norte
y Este. Su cultivo es fácil y económico, siendo e1 primero muy
empleado en Italia y Francia para enterrar en verde. La cantidad de semilla necesaria oscila entre i 5o y aoo kilogramos
por hectárea, repartidos con sembradora y esparciendo las
rejas a a5 centímetros, a fin d^e pader dar labor entre líneas.
- II -
"Como son seniillas duras-añade Cascón-, es conveniente tenerlas en remojo `^einticuatro o cuarenta y ocho horas y sen^brarlas en otoño, cuanclo la tierr;^, conserve 1a humeclad y temperatura convenientes. La. siembra puecle hacersc
en la rastrojera cíe trigo, ^o de centeno, ,después de darle una
labor aprc.^vechanclo las primeras lluvias de otoño si no ha
llovido clurante el verano, y en este caso, claro ^es, hay que
sacrificar la cosecha de leguminosas que sucede a la cereal
en la alternativa de tres hojas. Puede taml^^ién hacerse ,en la
hoja o campo que se ^h^z de barbechar, con una labor previa
en el otoño, antes de la siembra y retrasa^ulo la de alzar u
barbechar hasta tanto que hayan de enterra.rse, pero dándole
la m:lyor profundidad posible, pttesto qtte h^a d^e ser la íinica
de 1>rel>aración para ]a futura cosecha, aparte de los gradeos
o labores superficiales complementarias."
TRI?BOL F_NCARNADO ^T?"l- ^ O'12-161^1Z 1F1^CClY9lQ-f^2d,111^.
Recluiere terrenos sueltos, híimedos, y clima suave. Es
hlanta de vida corta, sembrándose en verano o comienzo de
c^toño (octubre), para ser enterrada en la primavera sigtiiente, o al comienzo de la prini^avera para enterrar en otoño.
T.as producciones de los tréboles son m.uy grandes y lle,-an a las i?o toneladas cle forraje verde por hectárea, sieml^re que se disponga de humedad suficiente para su cultivo.
TxT^:xol, oroxoso (_ll^^lilot^rs adL^z.).
Siémbrase a fin de invierno o en primavera, para enterrarla eu otoño.
I?atos experimuentaLes.
Crcenlos utx^rtun^ ^ éii^-ulgar aduí 1os resultados que han
^,lranza^elo en la Est;i^ri^^ cle 1\^lelhoraniento de Plantas de E^lvas
(P^^^rtu^al), despué^ ^l^ unus años cle ensay^s sistenl<iticos con
di^^exsas plantas par^a enterrar en verde (i)..
(i1. G^^ncalve^ l^i^l_ae^, lugenierci _1^rúnumo: ":A, G"icaas a os La^lbyrat^s
na ^^ráctca ^ia si^era^;ao". N^,^islu ^l;ro^ií,utu^^, año A\^ 11I, t 1L Lith^a, ^na;.
Las pradttcciones de forraje fueron:
líilogramos
por
hectárea.
hicia fava (haba) ...................................................
24•2^8
Lathyrus cicera ( galganal •• .......................................
33•za2
Vicia narbone^ssis (veza de Narbona) ........................
z3•36a
Lathyrus elymenuna ................................................
zI.6^5
V1cia m.ncrocar^a ( veza gruesa) ..............................
2o-88a
^7:cia ervilia (yero) ................................................
T^icia sativa (veza común) .......................................
4•032
24•49^
También se tuvieron en cuenta las fechas de floración, es
decir, el momento favorable para enterrar, y, en este aspecto
resultó más favorable el haba, que floreció ocho-diez días antes que la L-'icia n.arboyaezí•.sis y mes y medio antes que Lutlzyrus ciceya.
El autor del referido ensayo de campo aconseja el uso de
la veza de Narbona siempre que el abono verde preceda a
una cosecha que se haya de sembrar al fin de la primavera,
y el Lat^hyyics cicera cuando haya tiempo por delante hasta la
cosecha siguiente. La floración de esta íiltima planta se produce en la primera decena de mayo.
ADVERTENCIA
Por la imposibilidad de ampliar la tirada de las HOJAS DIVULGAI)ORAS, queda en suspenso la admisión de nuevas peticiones de envío de las mismas, hasta que se resuelvan las dificultades que a ello se oponen actualmente.
GRAFiCAS UGUIIPA. MELEIPDEZ VALDES, ^•-MADYIH.
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