LA TRANSMISIÓN DE UNIDADES PRODUCTIVAS.

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I FORO CONCURSAL DEL TAP
LA TRANSMISIÓN DE UNIDADES
PRODUCTIVAS.
Bilbao, 11 de diciembre de dos mil catorce.
Pedro José Malagón Ruiz, Magistrado
LA TRANSMISIÓN DE UNIDADES PRODUCTIVAS.
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- LA ENAJENACIÓN UNITARIAEl derecho concursal moderno atiende a un conjunto de intereses diversos: de los
acreedores, de los trabajadores de la empresa en concurso, de los socios, de los
proveedores, de los clientes, de los consumidores y especialmente los denominados
intereses generales de la economía (conservación del tejido empresarial, mantenimiento
del empleo, etc.).
Dentro de estas finalidades, la transmisión de la empresa en concurso o de
unidades productivas de la misma tiene como una de sus finalidades la conservación del
tejido empresarial.
La LC hace referencia a la transmisión de la empresa, bien en su conjunto o bien
a unidades de negocio o unidades productivas (art. 100.2, 146bis, 148.1, 149.1, 191 ter.
2).
Momentos de la transmisión unitaria y notas características.
En la normativa concursal vigente la transmisión puede ser:
- En fase común, por vía del art. 43.2.
- Vía convenio, es decir, mediante la aprobación de los llamados convenios de
continuación en los cuales la finalidad es la continuidad del ejercicio de la actividad
profesional o empresarial del concursado, bien sea por el propio concursado o por un
tercero (convenio de asunción).
- Vía liquidación, es decir, cuando la transmisión de la empresa o de la unidad
productiva se efectúa en la fase de liquidación del concurso.
La reforma introducida por el RDL 1172014, de 5 de septiembre, viene a
unificar el régimen de venta de unidad productiva tanto si se da en fase común, por la
vía del art. 43, como en liquidación; para ello se viene a añadir un nuevo párrafo al
apartado 3º del art. 43 en el que se viene a establecer que “En el caso de transmisión de
unidades productivas de bienes o servicios pertenecientes al concursado se estará a lo
dispuesto por el art. 146 bis”.
Por lo que respecta al convenio, uno de los contenidos admisibles de
propuesta, como se recoge en el art 100.2.parrafo 3º L.C. es “proposiciones
enajenación, bien del conjunto de bienes y derechos del concursado afectos a
actividad empresarial o profesional o de determinadas unidades productivas a favor
una persona natural o jurídica determinada” y respecto de estas transmisiones
especifica tras la reforma que “se regirán por lo dispuesto en el art. 146 bis”.
la
de
su
de
se
También es de destacar en esa reforma, como una modificación que intenta
favorecer la venta por unidades productivas y en cualquier momento del concurso que,
dentro del contenido del informe provisional (art. 75), se incluye la necesaria valoración
de la empresa, tanto en conjunto como de las unidades productivas que la integran, y
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que esa valoración ha de hacerse desde dos perspectivas: continuidad de operaciones y
liquidación; lo que no se establece es el método o criterios para realizar tales
valoraciones, que entrañan gran dificultad al depender de variables numerosas y de
difícil apreciación objetiva.
Las notas características de esta transmisión serán las siguientes:
- Se puede transmitir la empresa contemplada como conjunto de bienes y
derechos del concursado afectos a su actividad empresarial o profesional.
En este supuesto la delimitación del perímetro es clara ya que incluiría la
totalidad del conjunto que existiera antes de la declaración del concurso.
- También se pueden transmitir unidades productivas, noción aparentemente
imprecisa, pero que se puede identificar como un conjunto de medios organizados con
el fin de llevar a cabo una actividad económica. Es decir, la transmisión no tiene porque
ser global, de la empresa concursada en su conjunto, sino que el objeto de la transmisión
pueden ser determinadas partes de la misma, pero siempre que esas partes constituyan
unidades productivas.
- El concepto concursal de unidad productiva puede delimitarse de forma amplia
y flexible, pero siempre sobre la base de la existencia en los elementos patrimoniales
que se transmitan de un mínimo de cohesión y de independencia respecto al resto del
patrimonio empresarial.
- Se puede distinguir lo que es transmisión de empresa o de unidades
productivas, de lo que es una venta en globo o transmisión unitaria, sin más; en el
primer caso, habría medios humanos, es decir, trabajadores de la empresa concursada
que aseguran que lo transmitido es apto para la continuidad de la actividad económica,
sin otra exigencia contractual; en el caso contrario estaríamos ante venta en globo o
conjunta de determinados activos, que pueden llegar a ser todos los que componen la
masa activa, pero que no sería por si sola apta para la actividad productiva al exigir la
contratación de empleados.
Prioridad “siempre que sea factible”.
En la liquidación, la Ley establece una serie de previsiones que se dirigen a
fomentar la transmisión unitaria de las empresas en crisis. Ello se da tanto en el art.
148.1, como primera opción del plan de liquidación, como en las normas supletorias del
art. 149, que han de seguirse cuando no se presente ningún plan de liquidación o no
haya sido aprobado ningún plan a pesar de haber sido presentado.
En todo caso, en la LC, como recuerda su exposición de motivos, la finalidad
principal no es el saneamiento de las empresas, sino la satisfacción de los intereses de
los acreedores a través, en la medida de lo posible, de una solución conservativa que es
la que la Ley potencia.
Son dos finalidades o funciones concurrentes del sistema concursal: la función
satisfactiva de los créditos y la función de conservación de la empresa en crisis. Pero en
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el bien entendido de que la continuidad de la organización empresarial está subordinada
y es instrumental a la satisfacción de los intereses preferentes de los acreedores.
Se apostará por la conservación de la empresa en la medida que sea la forma más
eficiente a los intereses de los acreedores. Se puede considerar que se procura la
conservación de la empresa cuando se entienda que es más cuantioso el valor de
empresa como organización productiva que la suma de sus activos de forma aislada.
En términos generales, la LC, en el art. 148, que contiene el régimen general o
principal, opta por una amplia libertad de configuración del contenido del plan de
liquidación.
Se establece en el art. 148.1 LC que “siempre que sea factible” se realice una
enajenación unitaria del conjunto de los establecimientos, explotaciones y cualesquiera
otras unidades productivas de bienes y servicios del concursado o de algunos de ellos.
De este modo, la enajenación de la empresa es uno de los posibles contenidos
del período de liquidación concursal. Esta expresión de que “siempre que sea factible”
es un criterio de apreciación, pero que no significa sino que debe referirse a la mejor
oferta de adquisición en términos de racionalidad económica. Hay que tener en cuenta la
mejor rentabilidad para la masa de acreedores. No hay una obligación legal de ponderar
la continuidad posible de la empresa y de las relaciones laborales, por más que sea de
interés público.
Es bastante posible que concurran los intereses del concurso y de los
trabajadores en orden a considerar que la mejor oferta para la satisfacción de los
acreedores sea la que garantice la continuidad de la empresa, pero no tiene por que ser
así; en todo caso, existiendo trabajadores, que son evidentes interesados en la decisión,
debe articularse un tramite de información y posibles alegaciones antes de decidir cual
es la mejor oferta. Ya de por sí, la oferta que asume los puestos de trabajo supone un
evidente ahorro para la masa por el importe de las indemnizaciones por la extinción de
contratos, lo que supone un punto a su favor en orden a su atractivo económico.
Incentivos; modulación judicial de la sucesión de empresa.
Los incentivos a los que se refiere la L.C. son en relación a la posibilidad de que
el adquirente no se subrogue en la posición del transmitente frente a los trabajadores y
seguridad social (art. 149.2). En relación a la posición del adquirente frente a los
trabajadores, la norma, tras la reforma introducida por el RDL 11/14 dispone con
carácter general, que en aquellos casos en los que se transmita de forma unitaria una
empresa y ésta mantenga su identidad se entenderá que ha habido sucesión de empresa a
efectos laborales y de seguridad social (art. 44 ET) y el adquirente responderá
solidariamente junto con el transmitente de las deudas anteriores a la transmisión que no
hubieren sido satisfechas. Sin embargo, la norma establece la posibilidad de que el Juez
pueda acordar que el adquirente no se subrogue en el pago de los salarios e
indemnizaciones pendientes de pago antes de la transmisión y que sean asumidas por el
FOGASA.
Se deben distinguir dos supuestos, según se transmita una empresa en
funcionamiento (con personal) o no en funcionamiento (sin personal).
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— En el segundo caso, consideramos que existen dudas de que se puede aplicar
de forma automática la sucesión de empresa; puede sostenerse que no estaríamos ante
una transmisión de una empresa “que mantiene su identidad”, ante un conjunto de
medios organizados a fin de llevar a cabo una actividad económica, sino que falta un
elemento esencial para ello, los trabajadores. En este caso, estaríamos ante una
transmisión unitaria de activos, caracterizados por su aptitud para servir, en su caso,
para desarrollar una actividad económica con la contratación de trabajadores, pero no
estaremos, propiamente, ante una transmisión que pueda provocar sucesión de empresa
en los términos del art. 149.2 L.C.
En la primera parte del artículo 149.2 se indica que debe entenderse que existe
sucesión de empresa si se mantiene la identidad, es decir, la unidad productiva
autónoma, que está compuesta por todos o la mayoría de los contratos de trabajo, el
inmovilizado material, los bienes de producción, maquinaria, marcas, clientes, etc. Y
desde luego, eso será difícil de apreciar cuando se extingan antes de la transmisión
todos los contratos de trabajo de la concursada, sin perjuicio de que esa identidad
también pueda verse perjudicada cuando solo se adjudiquen algunos medios de
producción. El precepto reconoce el mantenimiento de la unidad esencial de los
negocios jurídicos laborales –a efectos de antigüedad, de alta en la Seguridad Social- si
se mantienen los perfiles básicos de la entidad económica.
En este sentido no puede perderse de vista que el artículo 146 bis 4 de la Ley
Concursal (introducido por el apartado 3 del número dos del artículo único del R.D.-ley
11/2014, de 5 de septiembre, de medidas urgentes en materia concursal) establece que la
transmisión no llevará aparejada obligación de pago de los créditos no satisfechos por
el concursado antes de la transmisión, ya sean concursales o contra la masa, salvo que
el adquirente la hubiera asumido expresamente o existiese disposición legal en
contrario y sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 149.2. La reforma de la Ley
Concursal en este punto pretende el mantenimiento de la actividad laboral y de la
empresa, excluyendo la asunción de deudas anteriores ex lege salvo declaración en
contrario. Por eso, la Exposición de Motivos de la reforma de septiembre de 2014
declara que “se adoptan una serie de medidas para flexibilizar la transmisión del
negocio del concursado o de alguna de sus ramas de actividad, ya que en la actualidad
existen algunas trabas, que, bien durante la tramitación del proceso concursal, bien
cuando la liquidación del concursado sea inevitable, están dificultando su venta. Desde
esta perspectiva, las modificaciones que se introducen en esta materia tienen en última
instancia la misma finalidad que las relativas al convenio concursal: facilitar en la
mayor medida posible la continuación de la actividad empresarial, lo cual ha de
redundar no sólo en beneficio de la propia empresa, sino también de sus empleados y
acreedores y de la economía en general”. Este es el sentido básico de la continuación
de la actividad.
La reciente reforma avanza en esta línea, y por tanto, salvo supuestos especiales
de cumplimiento de todos los requisitos de la sucesión conforme a la doctrina
jurisprudencial creada para salvaguardar los derechos de los trabajadores (cfr. la
Sentencia del Tribunal Supremo de 14 de marzo de 1997, con el giro de doctrina que
contiene y todas las posteriores en este sentido), no puede admitirse una interpretación
plana y automática que, incluso, puede perjudicar los derechos de los trabajadores, que
han podido constituir una sociedad laboral para seguir con la actividad, abocando a la
misma a la asfixia financiera, si tiene que responder de deudas laborales o de seguridad
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social; aparte de que puede hacer perder el interés a cualquiera que quiera hacerse de
forma conjunta con los activos para llevar a cabo una actividad económica igual o
similar, lo que, evidentemente, perjudica las posibilidades de los trabajadores que han
extinguido su relación laboral de volver a ser contratados.
La figura de la sucesión de empresa en el derecho laboral nace en el marco de
una doctrina unificada tuitiva y basada en la idea de evitar una conducta fraudulenta, si
bien, al ser norma imperativa se aplica también a los casos en que no hay fraude para
conseguir la ultraprotección de los trabajadores, pero en situación de insolvencia puede
ser perjudicial al interés del mantenimiento del empleo. Por eso el artículo 5 Directiva
23/2001/CE del Consejo, de 12 de marzo de 2001, sobre la aproximación de las
legislaciones de los estados miembros relativas al mantenimiento de los derechos de los
trabajadores en caso de traspasos de empresas, de centros de actividad o de partes de
empresas o de centros de actividad, establece que salvo disposición en contrario por
parte de los Estados miembros, los artículos 3 y 4 [que establecen básicamente que los
derechos y obligaciones que resulten para el cedente de un contrato de trabajo o de una
relación laboral existente en la fecha del traspaso, serán transferidos al cesionario como
consecuencia de tal traspaso y que no pueden constituir despido] no serán aplicables a
los traspasos de empresas, centros de actividad, o partes de empresas o centros de
actividad, cuando el cedente sea objeto de un procedimiento de quiebra o de un
procedimiento de insolvencia análogo abierto con vistas a la liquidación de los bienes
del cedente y éstos estén bajo la supervisión de una autoridad pública competente (que
podrá ser un interventor de empresas autorizado por una autoridad pública
competente).
La doctrina unificada del Tribunal Supremo, en los casos en que hay extinción
de los contratos de trabajo y no hay permanencia mimética de todos los elementos
inmuebles y de producción, ha excluido la aplicación de la sucesión de empresa del
artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores. Por ejemplo, la Sentencia del Tribunal
Supremo de 26 de febrero de 2013 (y todas las de esa fecha, sobre el mismo asunto)
concluye: “El razonamiento de estas sentencias puede resumirse en los siguientes
puntos: 1º) de acuerdo con la legislación comunitaria, seguida por la actual redacción
del art. 44 ET (Ley 12/2001), el elemento característico de la sucesión de empresa es la
transmisión " de una persona a otra " de " la titularidad de una empresa o centro de
trabajo ", entendiendo por tal " una unidad de producción susceptible de continuar una
actividad económica preexistente " ( STS/IV 23 de noviembre de 2004 , citada); 2º) en
el supuesto particular de la venta judicial, el art. 55.11 ET (redacción anterior a la Ley
3/2012) precisa que la venta judicial de bienes productivos exige, para ser considerada
sucesión de empresa a efectos jurídico-laborales, la transmisión de un conjunto
organizado de elementos materiales que sean suficientes " por sí mismos " para " seguir
" con la " explotación empresarial " ( STS/IV 23-noviembre-2004, citada); y 3º) en el
caso enjuiciado no cabe hablar en rigor de " continuidad " y de disponibilidad de la
explotación empresarial puesto que dicha explotación estaba interrumpida en el
momento de la toma de posesión”.
Más clara es la Sentencia del Tribunal Supremo de 25 de septiembre de 2008:
“superando anterior criterio jurisprudencial que sostenía la existencia de sucesión de
empresa cuando la explotación se transmite -vía subasta judicial- a la SAL previamente
constituida por los trabajadores despedidos, que aportan sus subsidios de desempleo
(así, las SSTS de 16/11/92 -rcud 2642/91-; 15/02/93 -rcud 1093/92-; 20/03/93 -rcud
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1326/92-; 17/05/93 -rcud 1412/92-; 16/07/93 -rcud 1122/92-; 23/11/93 -rcud 501/93-; y
22/12/93 -rcud 1206/93 ), la vigente doctrina de la Sala mantiene que el art. 44 ET
exige que se transmita como tal una empresa o una unidad productiva en
funcionamiento o susceptible de estarlo, y este supuesto no se produce cuando ya no
existe una organización empresarial que reúna esas condiciones y cuando los contratos
de trabajo se han extinguido. Además, la actuación de los trabajadores que,
recurriendo a formas asociativas y través de la utilización de relaciones comerciales y
de determinados elementos patrimoniales de la anterior empresa, que han obtenido de
forma indirecta en el proceso de liquidación de ésta, tratan de lograr un empleo
mediante el lanzamiento de un nuevo proyecto empresarial no es sólo una acción lícita,
sino que merece la protección del ordenamiento laboral [art. 228.3 LGSS; RD
1044/1985,l de 19/Junio], y en estos casos -en los que se trata más de una
«reconstrucción» que de una «transmisión» de la empresa - no se está en el supuesto del
art. 44 ET , que es una norma con una finalidad de conservación del empleo y no puede
convertirse en una fórmula rígida que impide la aplicación de soluciones para la
creación de nuevos empleos que sustituyan los perdidos como consecuencia de la crisis
de la anterior empresa , como por lo demás permite el art. 4 bis de la Directiva CE
77/187 CE [en la redacción de la Directiva CE 98/50 ] (SSTS 15/04/99 -rcud 734/98-,
dictada en Sala General; 11/04/01 -rcud 1245/00-; 25/06/01 -rcud 1247/00-; 11/07/01 rcud 2124/00-; y 25/02/02 -rcud 4293/00)”.
Aplicando esta doctrina se puede concluir que no existe un mantenimiento de la
actividad empresarial cuando los contratos de trabajo se extinguieron en su totalidad. En
caso de extinción parcial, habrá que determinar en cada caso el mantenimiento o no de
la identidad de la empresa en función de si se transmite todo o parte (y que parte) de lo
que son los medios de producción y elementos necesarios para la continuidad de la
actividad productiva.
Lo anterior se ve reforzado por el propio articulo 149.2 que, en su parte final
dispone que “Igualmente, para asegurar la viabilidad futura de la actividad y el
mantenimiento del empleo, el cesionario y los representantes de los trabajadores podrán
suscribir acuerdos para la modificación de las condiciones.”; lógicamente, estos
acuerdos solo se pueden dar en empresas con trabajadores, lo que nos lleva a
reafirmarnos en que cuando la L.C. habla de “entidad económica que mantiene su
identidad” se está refiriendo a la empresa o unidad productiva con actividad, con
trabajadores; solo respecto de ella podrá predicarse que existe sucesión de empresa a
efectos laborales en los términos que establece la regla supletoria; dicho de otra forma,
no en todas las ventas del todo de la empresa o de transmisiones conjuntas se aplica el
art. 149.2, sino solo cuando como consecuencia de la enajenación “la entidad
económica mantenga su identidad…..”
- En el caso de que se transmita una empresa propiamente dicha, es decir, en
funcionamiento, con masa laboral, la venta de la Unidad Productiva determina la
asunción de una parte de la plantilla laboral por el adquirente. Hay que tener en cuenta
que en este caso se establecen ciertas garantías ius laborales, en consonancia con la
Directiva 2001/23/CE de 12 de marzo “sobre la aproximación de las legislaciones de los
EM relativas al mantenimiento de los derechos de los trabajadores en caso de traspaso
de empresas, de centros de actividad o de partes de empresas o centros de actividad; la
Directiva parte de la existencia de sucesión de empresa en los supuestos de
transmisiones de empresa o unidades productivas, si bien establece en su art. 5 una
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excepción “Salvo disposición en contrario por parte de los Estados miembros, los
artículos 3 y 4 no serán aplicables a los traspasos de empresas, centros de actividad, o
partes de empresas o centros de actividad, cuando el cedente sea objeto de un
procedimiento de quiebra o de un procedimiento de insolvencia análogo abierto con
vistas a la liquidación de los bienes del cedente y éstos estén bajo la supervisión de una
autoridad pública competente”.
En el derecho patrio, el art. 57bis del ET establece que “En caso de concurso, a
los supuestos de modificación, suspensión y extinción colectivas de los contratos de
trabajo y de sucesión de empresa, se aplicarán las especialidades previstas en la Ley
Concursal.”.
La cuestión sería la siguiente:
La inclusión de la norma del art. 149.2 en una regla supletoria del plan de
liquidación ¿hace que sea plenamente aplicable la excepción del art. 5 de la Directiva?
¿esta supletoriedad hace que el art. 149.2 no se puede considerar disposición en
contrario?.
Es decir, el art. 149 de la Ley Concursal limitaría los efectos de la sucesión de
empresa a los supuestos en los que se tengan de enajenar de conformidad con las
normas supletorias al plan de liquidación, no con arreglo a lo que el propio plan de
liquidación disponga, que puede excluir de forma expresa la sucesión de empresa.
No obstante, esta opinión ya debe descartarse con el nuevo art. 146bis, que en
sus apartados 3 y 4 establece lo siguiente:
3. Lo dispuesto en los dos apartados anteriores no será aplicable a aquellas
licencias, autorizaciones o contratos en los que el adquirente haya manifestado
expresamente su intención de no subrogarse. Ello sin perjuicio, a los efectos laborales,
de la aplicación de lo dispuesto en el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores en los
supuestos de sucesión de empresa.
4. La transmisión no llevará aparejada obligación de pago de los créditos no
satisfechos por el concursado antes de la transmisión, ya sean concursales o contra la
masa, salvo que el adquirente la hubiera asumido expresamente o existiese disposición
legal en contrario y sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 149.2.
Este nuevo articulo tiene el titulo “especialidades de la transmisión de unidades
productivas” y está dentro de la sección segunda ( “de los efectos de la liquidación”) del
capitulo 2º del Titulo V de la L.C.
Ello nos lleva indefectiblemente a la conclusión que el art. 149.2 deja de ser una
simple regla supletoria del plan de liquidación, sino que es un efecto de la liquidación
en aquellos casos en que se de una sucesión de empresa
Si se entiende en este sentido, es decir que, no obstante su inclusión en regla
supletoria, el art. 149.2 es aplicable a toda transmisión de empresa o unidad productiva
en funcionamiento: ¿la sucesión es a efectos laborales estrictos?, si es así, deben de
considerarse no transferibles al adquirente derechos u obligaciones como los derivados
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de las cuotas de la seguridad social.
En este sentido el art. 149.2 decía que "cuando, como consecuencia de la
enajenación a que se refiere la regla 1ª del apartado anterior, una entidad económica
mantenga su identidad, entendida como un conjunto de medios organizados a fin de
llevar a cabo una actividad económica esencial o accesoria, se considerará, a los efectos
laborales, que existe sucesión de empresa". Como podemos comprobar no se
mencionaba en absoluto la sucesión de empresa a los efecto de las deudas de la
Seguridad Social, sino que, en esos casos, solo se habla de sucesión de empresas a
efectos laborales, es decir, respecto de los contratos de trabajo en vigor.
Precisamente por todo ello, la Ley General Tributaria en su art. 42.1.c) exonera
expresamente de responsabilidad por las deudas tributarias pendientes, al que adquiere
en un procedimiento concursal una unidad productiva. Así, el citado precepto dispone lo
siguiente: "Serán responsables solidarios de la deuda tributaria las siguientes personas o
entidades: (...) c) Las que sucedan por cualquier concepto en la titularidad o ejercicio de
explotaciones o actividades económicas, por las obligaciones tributarias contraídas del
anterior titular y derivadas de su ejercicio. La responsabilidad también se extenderá a las
obligaciones derivadas de la falta de ingreso de las retenciones e ingresos a cuenta
practicadas o que se hubieran debido practicar. Cuando resulte de aplicación lo previsto
en el apartado 2 del art. 175 de esta ley, la responsabilidad establecida en este párrafo se
limitará de acuerdo con lo dispuesto en dicho artículo. Cuando no se haya solicitado
dicho certificado, la responsabilidad alcanzará también a las sanciones impuestas o que
puedan imponerse. (...) Lo dispuesto en el primer párrafo de esta letra no será aplicable
a los adquirentes de explotaciones o actividades económicas pertenecientes a un deudor
concursado cuando la adquisición tenga lugar en un procedimiento concursal."
Esta última cuestión queda respondida con la inclusión en la última reforma de
la Seguridad Social dentro de los supuestos de sucesión de empresa previstos en el art.
149:
“2. Cuando, como consecuencia de la enajenación a que se refiere la regla 1.ª
del apartado anterior, una entidad económica mantenga su identidad, entendida como
un conjunto de medios organizados a fin de llevar a cabo una actividad económica
esencial o accesoria, se considerará, a los efectos laborales y de Seguridad Social, que
existe sucesión de empresa. En tal caso, el juez podrá acordar que el adquirente no se
subrogue en la parte de la cuantía de los salarios o indemnizaciones pendientes de
pago anteriores a la enajenación que sea asumida por el Fondo de Garantía Salarial de
conformidad con el artículo 33 del Estatuto de los Trabajadores. Igualmente, para
asegurar la viabilidad futura de la actividad y el mantenimiento del empleo, el
cesionario y los representantes de los trabajadores podrán suscribir acuerdos para la
modificación de las condiciones colectivas de trabajo.”
Lo anterior nos lleva a apreciar una indudable consecuencia perversa de la
reforma: para proteger a los trabajadores, según la nueva regulación, es más conveniente
extinguir las relaciones laborales; en caso contrario, será difícil que nadie asuma una
empresa en concurso, dado que deberá de responder de deuda laboral y de seguridad
social; a su vez, este posible beneficio que para las posibilidades de transmisión unitaria
es la extinción de relaciones laborales perjudicará al conjunto de acreedores cuyas
posibilidades de cobro se verá perjudicadas por el devengo de los créditos contra la
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masa anejos a las extinciones laborales.
Por último, puntualizar que la exención de responder de la deuda laboral que
haya pagado el FOGASA exige algunas precisiones legales:
- Exige una expresa autorización judicial.
- No distingue la Ley entre deuda contra la masa – derivada de la continuidad de
la actividad empresarial – y deuda concursal – anterior al concurso, luego el Juez puede
pronunciarse respecto de la subrogación tanto de una como de otra deuda,
- En cualquier caso debe ser oído el Fondo de Garantía Salarial, audiencia que
puede ser en el trámite de observaciones del plan de liquidación.
POSIBILIDAD DE ADQUISICIÓN POR PERSONA FÍSICA Y/O
JURÍDICA ESPECIALMENTE RELACIONADA.
El art. 146bis 4., en su segundo párrafo, establece una excepción en la no
responsabilidad del adquirente por las deudas concursales y contra la masa, además de
las que figuran en el párrafo anterior, relativas a la asunción voluntaria o a la sucesión
de empresa a efectos laborales:
La exclusión descrita en el párrafo anterior no se aplicará cuando los
adquirentes de las unidades productivas sean personas especialmente relacionadas con
el concursado.
Esto, entendido “a sensu contrario” viene a implicar que cuando resulte que el
adquirente sea alguna de las personas a las que se refiere el art. 93 L.C., deberá de
responder, conjuntamente con la concursada, de todos los créditos anteriores a la
transmisión que no hayan sido abonados en el concurso.
Es evidente que esta norma trata de evitar adquisiciones por las que el
concursado por sí o por personas relacionadas viene a hacerse de nuevo con la empresa,
pero libre de la deuda que motivo el concurso, lo cual constituye una clara actuación
fraudulenta; seguramente, habrá pocas adquisiciones a las que se aplique este precepto
en las que la relación del adquirente con la concursada sea clara; será en aquellas otras
en las que la especial relación se intente ocultar, bien sea a través de testaferros, bien sea
a través de formas societarias utilizadas con forma fraudulenta, en las que esta
derivación de responsabilidad encuentre su verdadera razón de ser..
Se trata, por tanto, de una responsabilidad solidaria entre la concursada y el
adquirente, por la especial relación entre ambos; al respecto y para mayor protección
jurídica, la nueva norma modifica el artículo 93 de la LC, añadiendo sujetos a la lista de
personas con especial relación con la persona física o jurídica concursada. Y, así, al
cónyuge, pareja de hecho, personas en convivencia, ascendientes, descendientes y
hermanos o cónyuges de todos ellos se suman, como personas relacionadas con el
concursado persona natural: a) las personas jurídicas controladas por el concursado o
por las personas citadas en los números anteriores o sus administradores de hecho o de
derecho; se presumirá que existe control cuando concurra alguna de las situaciones
previstas en el art. 42.1 del Código de Comercio (art. 93.1.4º LC); b) las personas
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jurídicas que formen parte del mismo grupo de empresas que las previstas en el número
anterior (art. 93.1.5º LC); y c) las personas jurídicas de las que las personas descritas en
los números anteriores sean administradores de hecho o de derecho (art. 93.1.6º LC).
Por su parte, se consideran personas especialmente relacionadas con el concursado
persona jurídica, los socios y, cuando éstos sean personas naturales, las personas
especialmente relacionadas con ellos, los administradores, de derecho o de hecho, los
liquidadores del concursado persona jurídica y los apoderados con poderes generales de
la empresa, así como quienes lo hubieren sido dentro de los dos años anteriores a la
declaración de concurso y las sociedades que formen parte del mismo grupo que la
sociedad declarada en concurso y sus socios comunes, en los términos establecidos por
el art. 93.2 LC.
TRANSMISIÓN DE RELACIONES NEGOCIALES
La realización global implicará también, de ordinario, no solo transmisión de
activos, sino también de posiciones negociales en relación con bienes y derechos que no
sean de titularidad de la concursada, como por ejemplo, contratos de arrendamiento de
local, leasing, etc., en cuyo caso, se plantea la cuestión de si es posible o no una
transmisión forzosa de la posición negocial; es decir, si el tercero contratante con el
concursado está o no obligado a consentir la sucesión contractual por parte del
adquirente; a priori, parece que la regla general en el derecho privado es que las
situaciones de novación subjetiva por cambio en la posición del contratante obligado
requerirá la conformidad de la contraparte, por aplicación del art. 1.205 del C. Civil; sin
embargo, existen razones también para sostener la posición contraria; existían ya reglas
específicas en la L.C. que avalaban esa posición; así el art. 155.3, según el cual el Juez
podrá autorizar la enajenación de los bienes y derechos afectos “con subsistencia de
gravamen y con subrogación del adquirente en la obligación del deudor”; el tenor literal
del precepto parece que admite que esta novación en la posición del arrendatario se haga
de forma imperativa, no obstante la posición contraria del arrendador financiero, en
contra de la regla general de la novación, mediante la cual la sustitución de un nuevo
deudor en lugar del primitivo, no puede hacerse sin el consentimiento del acreedor (art.
1205 Cc). Sin embargo, la dicción de la norma parece indicar ser suficiente la
autorización judicial para la enajenación con subsistencia de gravamen y subrogación
del adquirente, condicionando la misma tan solo a la audiencia de los interesados
(previa solicitud de la administración concursal). El juez no estaría vinculado por lo que
digan los interesados. El acreedor, aunque puede expresar su oposición a esta venta, en
las condiciones que plantea la norma, no parece que pudiera obligar al juez a modificar
su decisión, impidiéndole autorizar la misma. Extrapolando esta norma a cualquier otra
posición contractual se podría sostener una transmisión forzosa de la posición
contractual mediante autorización judicial.
Esta postura se refuerza con el art. 191ter, dedicado a las especialidades del
procedimiento abreviado en caso de solicitud de concurso con presentación de plan de
liquidación, cuyo apartado 2º, párrafo 3º señala que “En el auto por el que se apruebe el
plan de liquidación el juez podrá acordar la resolución de los contratos pendientes de
cumplimiento por ambas partes, con excepción de aquellos que se vinculen a una oferta
efectiva de compra de la unidad productiva o de parte de ella.”, lo que, a “sensu
contrario” podría también interpretarse como continuidad forzosa de aquellos contratos
que se vinculen a la oferta de compra de la unidad productiva, es decir, aquellos que el
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adquirente ponga como condición “sine quanum” para la compra. En esta cuestión es de
resaltar el Auto que autoriza la venta de la unidad productiva del grupo textil “blanco”
de 20/12/13; en dicha resolución, el Juez analiza la esencialidad de la sucesión en las
posiciones contractuales para el éxito de la transmisión productiva y a la pregunta de
cuál es el soporte legal para acordar la cesión de contrato sin requerir consentimiento, el
Juez parte de que estamos ante una cesión forzosa, no voluntaria de la posición
contractual, derivada de lo forzoso de la liquidación concursal, de la prioridad que da la
L.C a la venta de la unidad productiva, incompatible con la terminación de las
relaciones contractuales y, como soporte normativo, el art. 191 ter L.C. que, si admite la
resolución de contratos por decisión judicial, implica que los contratos se transmiten si
no se resuelven.
Dice la indica resolución lo siguiente:
“……No se está ante una cesión voluntaria de la relación contractual, sino
forzosa. Y lo es un triple reforzado sentido.
(vi).- El primero es que se enmarca dentro de un acto liquidatorio de la masa
concursal, un acto debido conforme a Derecho, ya que la AC está obligada legalmente a
la liquidación del activo concursal, y por lo tanto ha de proceder ese órgano concursal,
ni siquiera el deudor contratante, a dicha enajenación. Si la cesión se vincula a la
enajenación, ha de afirmarse que se está ante un acto indefectible, de ejecución
imperativa.
(vii).- El segundo de los sentidos de esa forzosa cesión se manifiesta en que, si el
contrato sirve instrumentalmente al desarrollo de actividad de una unidad productiva,
existen mandatos legales en la liquidación que obligan a la AC a enajenar como tal
dicha unidad productiva, arts, 148.1y 149.1.1ª LC, el cual afirma que "el conjunto de
establecimientos, explotaciones y cualesquiera otras unidades productivas se enajenarán
como un todo", es decir, se impone un deber a la AC de proceder a la liquidación del
haber concursal mediante la venta de las unidades productivas como tales que puedan
existir. De hecho, para acudir a otra solución, sólo puede hacerlo bajo autorización
expresa del Juez, "salvo que (...) el juez estime más conveniente para los intereses del
concurso su previa división". No existe libre elección en este punto para la AC, no tiene
autonomía para optar por el cese de la actividad de esa unidad productiva, con
terminación de los contratos instrumentales a ella, y vender sus elementos integrantes de
modo aislado. Además, ello podría incluso constituir un supuesto de responsabilidad
para dicha AC, por la pérdida de valor de tal activo.
(viii).- El último aspecto de ese forzamiento es que la unidad productiva sólo
puede conservarse como tal con el mantenimiento de las relaciones contractuales por las
que se instrumentaliza la actividad económica que desarrolla. Si se admitiese la
extinción de esos contratos como consecuencia de la cesión, se produciría el
estrangulamiento de la actividad económica de manera automática, con el cese de su
actividad, lo que frustraría en todo caso, siempre, cualquier posibilidad fiable de
proceder a la enajenación de una unidad productiva por la AC, y con ello se cercenaría
la vía para alcanzar la realización de los actos exigidos legalmente en los arts. 148.1y
149.1.1ª LC.
(ix).- Este es precisamente el sentido del art. 191 ter.2 LC, aún quizás siendo
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demasiada escueta sede normativa para tan poderoso efecto jurídico. Dicho precepto se
dedica, precisamente, a regular un concurso abocado a la solución liquidatoria, sin otra
posibilidad. Y en tal marco, se indica que "en el auto por el que se apruebe el plan de
liquidación el juez podrá acordar la resolución de los contratos pendientes de
cumplimiento por ambas partes, con excepción de aquellos que se vinculen a una oferta
efectiva de compra de la unidad productiva o de parte de ella". La ley por tanto parte del
mantenimiento de la vigencia de los contratos necesarios para el mantenimiento de la
unidad productiva, cuyo destino ha de ser necesariamente, se está ante un concurso con
solución exclusivamente liquidatoria, la enajenación, lo que conllevará, también como
consecuencia necesaria, la cesión de dichos contratos.
(x).- Y todo ello, lógicamente, con desvinculación de la voluntad de la parte
contractual cuyo contrato se cede, ya fuera relevante su consentimiento a tal fin, como
requisito de la validez de la cesión, por el régimen legal del tipo de contrato de que se
trate, ya por pacto expreso de las partes en el contrato. Esa posibilidad estará prevista,
legal o convencionalmente, para un supuesto de hecho diferente, la cesión voluntaria,
pero no para una cesión forzosa, por imperativo legal, de contratos vinculados
instrumentalmente a una unidad productiva. Ese supuesto es el no contemplado en
dichas normas o previsiones contractuales y el que debe regirse por los principios de
mantenimiento de la actividad empresarial, derivados de la normativa concursal. Ha de
entenderse que la finalidad impuesta en la LC no puede depender de la conservación de
dichos contratos, una vez cedidos, por la voluntad de la contraparte contractual, por esa
sola causa. De hecho, la claudicación de los principios de autonomía de la voluntad y
vinculación contractual en situación concursal es más que evidente a lo largo de la LC,
ya sea en materia de resolución no causal, del art. 61.2 pf. 2º LC, ya sea por la
potestativa exclusión de la facultad resolutoria, art. 62.3 LC, ya por otras facultades
exorbitantes, respecto de la normación clásica del Derecho de contratos, prevista en los
arts. 66 y ss. LC.”
La cuestión se resuelve con el nuevo art. 146bis.
1. En caso de transmisión de unidades productivas, se cederán al adquirente los
derechos y obligaciones derivados de contratos afectos a la continuidad de la actividad
profesional o empresarial cuya resolución no hubiera sido solicitada. El adquirente se
subrogará en la posición contractual de la concursada sin necesidad de consentimiento
de la otra parte. La cesión de contratos administrativos se producirá de conformidad
con lo dispuesto por el artículo 226 del texto refundido de la Ley de Contratos del
Sector Público, aprobado por el Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre.
2. También se cederán aquellas licencias o autorizaciones administrativas
afectas a la continuidad de la actividad empresarial o profesional e incluidas como
parte de la unidad productiva, siempre que el adquirente continuase la actividad en las
mismas instalaciones.
3. Lo dispuesto en los dos apartados anteriores no será aplicable a aquellas
licencias, autorizaciones o contratos en los que el adquirente haya manifestado
expresamente su intención de no subrogarse. Ello sin perjuicio, a los efectos laborales,
de la aplicación de lo dispuesto en el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores en los
supuestos de sucesión de empresa.
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4. La transmisión no llevará aparejada obligación de pago de los créditos no
satisfechos por el concursado antes de la transmisión, ya sean concursales o contra la
masa, salvo que el adquirente la hubiera asumido expresamente o existiese disposición
legal en contrario y sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 149.2.
La exclusión descrita en el párrafo anterior no se aplicará cuando los
adquirentes de las unidades productivas sean personas especialmente relacionadas con
el concursado.
La determinación de que contratos o licencias sean o no necesarios para la
continuidad se concretará por el adquirente en la oferta, sin necesidad de que se
predetermine en el plan de liquidación.
Puede plantear dudas la dicción literal de la expresión “cuya resolución no
hubiere sido solicitada” que se contiene en el apartado 1; la principal es la relativa a la
legitimación: ¿a quién pretende atribuir el legislador la legitimación para excluir un
determinado contrato del efecto “ipso iure” de la subrogación del adquiriente en la
posición de la concursada inherente a la transmisión de una unidad productiva que
estable dicho artículo 146 bis?: si el adquiriente manifestando su opción expresa por no
subrogarse en dicho contrato o si la otra parte del contrato instando la resolución del
mismo previamente al dictado de la resolución judicial que adjudique la unidad
productiva en cuestión. En mi opinión, atendiendo al espíritu de la norma, esa
legitimación debe, necesariamente, recaer, única y exclusivamente, en el adquiriente,
toda vez que bastaría con instar la resolución por la otra parte del contrato en cuestión
una vez iniciado el proceso de venta de una unidad productiva para entender que no
cabría en ese caso la subrogación del adquiriente de la unidad productiva, al “haberse
solicitado ya la resolución”, poniendo en peligro la viabilidad de estos procesos.
Entendemos que este no es el espíritu de la norma que se infiere de la exposición de
motivos del RDL 11/2014, apartado IV, cuando dice “Se trata, como se ha expuesto
previamente, de garantizar en lo posible la continuación de la actividad empresarial,
facilitando, fundamentalmente, la venta del conjunto de los establecimientos y
explotaciones del concursado o de cualesquiera otras unidades productivas.”
Si lo que se pretende es garantizar la continuación de la actividad empresarial,
facilitando los procesos de venta, la legitimación para excluir un contrato de un proceso
de venta de una unidad productiva entendemos debe recaer, reiteramos, exclusivamente,
en el oferente/adquiriente. La expresión utilizada por el legislador es, entendemos,
desafortunada al parecer otorgar a la otra parte del contrato la facultad de instar la
resolución en el momento en que conozca de la existencia de un proceso de venta de
una unidad productiva a la que su contrato pudiera estar afecto impidiendo dicha
subrogación y dejando a su arbitrio en definitiva el proceso.
Esta interpretación que se postula más acorde con la voluntad del legislador de
eliminar los distintos obstáculos que puedan surgir en la transmisión de las unidades
productivas, lo que se espera se convierta en un incentivo para la adquisición de
empresas o ramas de negocio de las sociedades en concurso, facilitando así su viabilidad
y continuidad que es, en definitiva, el principal objetivo del procedimiento concursal.
Además, es la que se concilia con los subsiguientes apartados del articulo; así el
apartado 3º (….el adquirente haya manifestado expresamente su intención de no
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subrogarse) o el apartado 4º, último párrafo (La determinación de que contratos o
licencias sean o no necesarios para la continuidad se concretará por el adquirente…).
Lo que no llega a aclarar la norma es la circunstancia del control de que el
adquirente cumpla con las condiciones personales y económicas que se pueden exigir
para una determinada autorización o licencia administrativa; no parece que ello deba de
ser controlado desde el procedimiento; es el interesado el que debe de cerciorarse que
cumple con esas condiciones, habida cuenta que la subrogación es automática, salvo
indicación en contra del adquirente; deberá ser después de la adquisición, ya cuando la
unidad productiva haya salido del concurso, de conformidad con la normativa
administrativa, cuando pueda darse resolverse la baja en la autorización por perdida
sobrevenida de las condiciones exigidas
LA TRANSMISIÓN CON ACTIVOS AFECTOS A PRIVILEGIO
ESPECIAL.
Antes de la reforma del RDL de 5-9-14, la posición mayoritaria entendía que las
reglas contenidas en el art. 155 sobre la forma de realización de los bienes afectos al
pago de los créditos especialmente privilegiados (hipoteca, prenda, arrendamiento
financiero) no son necesariamente aplicables al plan de liquidación. Por lo tanto, en el
plan y, concretamente, en la transmisión de empresa o unidad productiva, se podían
contener previsiones diferentes en cuanto a la transmisión de esos activos.
A favor de esta última posición podría mantenerse que se trata de una inclusión
en el plan de liquidación. Como hemos mencionado antes, el plan de liquidación es el
medio esencial que determina las pautas a seguir para la realización de los bienes, de
manera que las reglas de enajenación que se establezcan deberán seguirse
obligatoriamente. En apoyo de esta opción, el art 148 de la ley establece el contenido
del plan de liquidación, contenido que debe ser vinculante y por ello estaríamos ante
una norma preferente respecto al art 155.3 y 4. de la ley, por lo que si el acreedor
privilegiado no ha hecho uso de la facultad antes de la redacción del plan no podrá
invocar la aplicación de este precepto.
El Auto de 10-5-2012 de la Audiencia Provincial de Alicante indica en tal
sentido que: "El artículo 148 prevé la aprobación judicial del plan atendiendo las
observaciones o propuestas de modificación que puede o no acoger al igual que la de
acordar la aplicación de las reglas legales supletorias del artículo 149 entre las que se
prevé -art 149-1-3ª- que la realización de los bienes y derechos afectos a créditos con
privilegio especial se haga conforme a la previsión contenida en el artículo 155-4, de
modo tal que resulta evidente que desde la perspectiva del plan de liquidación, la regla
para la realización de bienes para el pago de créditos con privilegio especial, constituye
una regla supletoria legal.
En consecuencia, y como señala el Auto impugnado, hay sin duda una evidente
preferencia legal del plan de liquidación frente a los criterios que la Ley califica de
supletorios con lo que ello supone de superación de los criterios contenidos en las reglas
supletorias."
Refuerza tal postura el hecho de que el art. 148 LC recoge literalmente que "la
AC presentará al Juez un plan para la realización de los bienes y derechos integrados en
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la masa activa....", sin diferenciar o distinguir entre estos por su afección o no a algún
tipo de garantía real, siendo evidente en consecuencia que el Plan de Liquidación deberá
también comprender el modo de liquidar tales bienes afectos.
Una segunda opción sostenía que el art 155.4 de la ley es una norma especial y
por lo tanto de aplicación preferente al régimen general que instaura el art 148 de la ley,
por lo que necesariamente el plan de liquidación debe seguir el procedimiento previsto
en el art 155.4 de la ley. Se trataría de una norma de mantenimiento del valor de la
garantía que evita que el aquella garantía libremente constituida por el deudor y su
acreedor sobre el crédito de este último, pueda verse privada de parte de su efectividad
por razón del concurso del deudor. Se basa en que es una constante de la LC la
necesidad de que la declaración de concurso no afecte a estabilidad del mercado
hipotecario; en que, por ello, se mantiene a favor del acreedor la posibilidad de
ejecución separada de la garantía, solo limitada temporalmente en los supuestos del art
56; ejecución separada sujeta a las reglas procesales de naturaleza extraconcursal que le
son propias y que no se verá afectado por la apertura de la fase de liquidación, sino que,
en caso de tratarse de ejecución de hipoteca sobre bienes afectos, lo que determina es la
acumulación a la fase de liquidación, coexistiendo una realización individual sobre el
bien hipotecado, con una realización colectiva sobre el resto de los bienes y derecho del
deudor y manteniéndose ante el juzgado donde se hubiera iniciado de no tratarse de
bienes afectos ( AAP Madrid Sección de 16 de marzo de 2012 ); si por el contrario el
acreedor no ejercita su derecho de ejecución el privilegio será objeto de realización
dentro de la liquidación y con lo obtenido por el bien se hará pago el deudor con
exclusión del resto de acreedores y hasta la satisfacción de su crédito; también se basa
esta postura en que, incluso en este caso en que el acreedor garantizado no hace uso de
ese derecho de ejecución separada, vela la LC porque la situación concursal del deudor
no afecte al valor de la garantía constituido y se puedan producir situaciones de
enajenación del activo por un valor inferior al contemplado al momento de constituir la
garantía o sin las condiciones de publicidad y concurrencia necesarias y a esa finalidad
obedece el art 155.4.
Se indica que el hecho de que el art 155.4 sólo aparezca contemplado en cuanto
a su aplicación dentro de las reglas supletorias del art 149, no significa que tenga ese
carácter; que, antes al contrario puede observarse como el artículo contempla una regla
específica relativa a la enajenación de activos afectos al privilegio especial
independientemente del momento del concurso en que se produzca. Esa regla específica
se extiende tanto a los efectos que sobre la garantía suponga la enajenación como a la
forma y procedimiento en que se lleve a cabo. Así se contempla la enajenación como
elemento integrante en el convenio, a través de la dación en pago, sin que se contemple
esa posibilidad dentro de las normas relativas al contenido del convenio de acreedores y
del mismo modo la norma contempla de forma imperativa como se habrá de proceder a
la enajenación de esos bienes y derechos, cuando la misma se lleve a efecto fuera de
convenio. El hecho de que el art 155 se contemple expresamente dentro de las reglas
supletorias es precisamente para permitir que a falta de previsión específica en el plan
de liquidación los bienes y derechos afectos al privilegio especial puedan ser enajenados
directamente pues de lo contrario sólo se aplicaría la subasta prevenida en la LEC a
cuyas reglas se remite a su vez el art 149 de la LC.
Una tercera opción es la ecléctica que determinaría la aplicación del art 155.4
cuando el acreedor lo pidiese. Nos encontramos ante una norma especial que establece
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una forma determinada de realización de los bienes afectos a créditos con privilegio
especial, regulándose también su aplicación en la liquidación, pero siempre que el
acreedor privilegiado quiera hacer uso de esa facultad; es decir, es posible que se
estipule en el plan de liquidación un sistema concreto de realización de bienes afectos a
créditos con privilegio especial, y dicho mecanismo será aplicable, conforme al art 148
de la ley, salvo que el acreedor privilegiado en el trámite de alegaciones opte por la
aplicación del art 155.4 de la LC. Una vez que ha hecho uso de esa facultad el acreedor,
el plan de liquidación deberá contener la realización del bien conforme a las pautas
previstas en el mencionado precepto, aunque es posible que el acreedor pueda, antes de
la realización del bien, renunciar a su aplicación. Es cierto que el precepto permite,
fuera del convenio, y por tanto en liquidación, la realización del bien mediante el
sistema de venta directa, pero supeditado a que el precio ofertado sea superior al
mínimo pactado(debe entenderse que es el que sirve de tipo para la subasta en la
ejecución hipotecaria), con pago al contado; sin embargo es posible que el acreedor
acepte un precio inferior según lo previsto en el párrafo segundo del art 155.4 de la ley,
incluso aunque sea inferior al valor de mercado, pero siempre que conste el
consentimiento del acreedor. De esta manera, cabrá incluir en el plan de liquidación la
posibilidad de venta directa del bien durante un plazo determinado, con la necesaria
comunicación al acreedor de las ofertas recibidas si no cumplen el precio de tipo de
subasta, por si lo acepta, y en caso de aceptarlo se procederá a dar cumplimiento a lo
previsto en el art 154.4 párrafo 3º de la LC.
La última reforma introduce en el art. 149., regla 3ª lo siguiente:
“Para los bienes y derechos afectos a créditos con privilegio especial se
aplicará lo dispuesto en el artículo 155.4, salvo que estuviesen incluidos en los
establecimientos, explotaciones y cualesquiera otras unidades productivas de bienes o
de servicios pertenecientes al deudor que se enajenen en conjunto, en cuyo caso se
estará a las siguientes reglas:
a) Si se transmitiesen sin subsistencia de la garantía, corresponderá a los
acreedores privilegiados la parte proporcional del precio obtenido equivalente al valor
que el bien o derecho sobre el que se ha constituido la garantía suponga respecto a
valor global de la empresa o unidad productiva transmitida.
Si el precio a percibir no alcanzase el valor de la garantía, calculado conforme
a lo dispuesto en el artículo 94 será necesario que manifiesten su conformidad a la
transmisión los acreedores con privilegio especial que tengan derecho de ejecución
separada, que representen al menos el 75 por ciento del pasivo de esta naturaleza
afectado por la transmisión y que pertenezcan a la misma clase, según determinación
del artículo 94.2. En tal caso, la parte del valor de la garantía que no quedase
satisfecha tendrá la calificación crediticia que le corresponda según su naturaleza.
Si el precio a percibir fuese igual o superior al valor de la garantía, no será
preciso el consentimiento de los acreedores privilegiados afectados.
b) Si se transmitiesen con subsistencia de la garantía, subrogándose el
adquirente en la obligación del deudor, no será necesario el consentimiento del
acreedor privilegiado, quedando excluido el crédito de la masa pasiva. El juez velará
por que el adquirente tenga la solvencia económica y medios necesarios para asumir la
obligación que se transmite.”
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Cabe también plantearse si, en todo caso, si no estamos ante venta conjunta,
sigue prevaleciendo lo que se establezca en el plan de liquidación, dado que seguimos
estando ante una regla supletoria; en todo caso, lo anterior no es una opinión unánime,
ni mucho menos, y lo más aconsejable sería, en el caso de establecer en el plan de
liquidación ventas directas aisladas de bienes sujetos a p. especial, establecer precios
mínimos que sean asumibles por los acreedores privilegiados o, en su caso, contar con
la conformidad con estos en caso de ventas a precio inferior.
En el artículo transcrito, en primer lugar, se trata de determinar que parte del
precio unitario de la unidad productiva va dirigida al pago de los créditos con p. especial
y se establecen distintas reglas en función de que la transmisión sea sin subsistencia del
gravamen o no.
En el primer caso se establece una regla simple de proporcionalidad, de modo
que la parte del precio de la unidad productiva que se aplique al pago de los créditos con
p. especial será equivalente al valor que los bienes afectos tengan en el conjunto
transmitido que forma la unidad.
Después, habrá que tener en cuenta el valor de la garantía determinado en el
modo establecido en el también nuevo art. 94.2 L.C. para determinar si hará falta o no el
consentimiento de los acreedores con p. especial para la transmisión de los activos
afectos; solo en el caso de que la parte del precio que se reciba no cubra el valor de la
garantía, la transmisión se sujetará a la aprobación del 75% de los acreedores con p.
especial que tengan derecho a la ejecución separada y que pertenezcan a la misma clase.
Entendemos que en el caso de que la transmisión se realice en la liquidación y no haya
ejecuciones separadas de acreedores con p. especial (art. 57.3 L.C.), no será necesario el
consentimiento de los mismos para la transmisión de los activos aun cuando sea por un
precio proporcional inferior al valor de la garantía, lo cual lleva a la consecuencia de
que la aplicabilidad de este articulo será, sobre todo en los supuestos del art. 43.2.
En el caso de transmisión con subsistencia de la garantía no será necesario el
consentimiento de los acreedores privilegiados, que quedaran excluidos de la masa
pasiva, debiéndose entender con el adquirente para el cobro de sus créditos.
La norma añade la obligación de que por parte del Juez se vele por que el
adquirente tenga la solvencia económica y los medios necesarios para asumir la
obligación que se transmite, lo que no se indica es como se investiga por el Juez esa
solvencia ni que elementos debe de tener en cuenta para valorar la misma y si, en
ejercicio de esa obligación puede impedir la venta de la unidad productiva, lo que sí es
claro es que, estando ante una venta de una activo en el que el crédito que se subroga es
frente a un deudor en concurso, parece claro que, por pura lógica, lo normal es que el
nuevo deudor sea más solvente que el antiguo, por lo que, si partimos de este criterio de
apreciación, poco perjuicio puede invocar la entidad financiera de una indebida
apreciación de la solvencia del adquirente.
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REGLAS SUPLETORIAS PARA LA TRANSMISIÓN DE LAS
UNIDADES PRODUCTIVAS; EN ESPECIAL, LA PARTICIPACIÓN DE
EMPRESAS ESPECIALIZADAS
En el art. 149 LC se contienen las reglas aplicables en el caso de no aprobarse el
plan de liquidación y, en su caso, en lo que no estuviese previsto en el aprobado; varias
de estas reglas están referidas a la venta unitaria.
En la regla 1º se sigue estableciendo la prioridad de la venta como un todo frente
a las ventas aisladas de activos, salvo que se estime mas conveniente éstas por el Juez,
con el previo informe de la administración concursal.
Se sigue estableciendo como forma preferente de enajenación la subasta en
segundo párrafo de esta regla, si bien ahora se da la opción de sustituirla por la venta
directa por decisión judicial cuando la administración concursal informe que es la forma
mas idónea para salvaguardar los intereses del concurso; no cabe duda que esta
modificación no es sino resultado de la numerosa jurisprudencia menor que en las
aprobaciones de los planes de liquidación amparaba la venta directa como método
preferente de enajenación frente a las reticencias de acreedores, como la hacienda
pública o la TGSS.
Además, también se establece que el Juez podrá acordar la venta por entidad
especializada.
- Participación de empresa especializada en el proceso de venta.
Parece que, respecto de los medios para llevar a cabo la liquidación, no existe
obstáculo para que la administración concursal contrate asesores especializados bajo la
figura de auxiliares delegados (art. 32 LC) que les ayuden a la búsqueda de un posible
comprador y en las negociaciones de venta o en cualquier otro aspecto relacionado
(subastas privadas, etc.).
Respecto a esto, la reforma, en el art. 149 L.C., frente al anterior sistema de
obligada subasta y (en caso de resultar infructuosa) posterior venta directa, autoriza a
optar en primer lugar por este segundo cauce de venta o por la venta a través de entidad
especializada si esos cauces resultan útiles para el concurso, previo informe del
administrador en ese sentido, si bien se introduce una norma que afecta al derecho de
retribución de la administración concursal, de modo que en aquellos casos en los que el
administrador concursal se valga de empresas especializadas, la retribución de estas se
descontará de la retribución del administrador concursal, con lo que se aplica el mismo
mecanismo que el previsto para los auxiliares delegados:
“La enajenación del conjunto o, en su caso, de cada unidad productiva se hará
mediante subasta. No obstante, el juez podrá acordar la realización a través de
enajenación directa o a través de persona o entidad especializada cuando la subasta
quedare desierta o cuando, a la vista del informe de la administración concursal,
considere que es la forma más idónea para salvaguardar los intereses del concurso. La
transmisión mediante entidad especializada se realizará con cargo a las retribuciones de
la administración concursal.”
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Hasta ahora era frecuente este recurso a empresas especializadas que se incluía
en el propio plan de liquidación, tanto para la venta directa como para subastas “on
line”; a falta de mención específica, se consideraba que tampoco era un gasto directo
para la masa del concurso, al esgrimirse que tales empresas no cobraban de la
concursada, sino del adquirente final, en función de un determinado porcentaje; esto se
podría considerar que suponía una disminución indirecta del precio, del que se
descontaría lo que hubiese de abonar a la empresa especializada.
Ahora parece que con la nueva regulación ello no es posible; la índole del
precepto, por afectar a una materia sensible, como es la retribución del administrador
concursal y por tener una evidente relación con la figura del auxiliar delegado, parece
que debe de ser de obligado cumplimiento, aun cuando sistemáticamente aparezca como
una regla supletoria del plan de liquidación.
En todas estas decisiones del Juez del Juez, si existen trabajadores, será
necesaria la previa audiencia, por plazo que quince días, de sus representantes y deberán
seguirse los trámites del art. 64 para la adopción de las medidas de índole colectivo que
sean necesarias para llevar a cabo la transmisión de la empresa o unidad productiva.
Se sigue estableciendo que contra estas resoluciones del Juez no cabe recurso
alguno; consideramos que esto no será aplicable a las resoluciones que se dicten en el
marco del plan de liquidación aprobado, a las que se aplicará el régimen de recursos del
art. 197 L.C.
En la regla 4º se vienen a establecer unas reglas relativas a las ofertas en la
subasta y venta directa introducidas por el RDL 11/14:
4ª En caso de enajenación del conjunto de la empresa o de determinadas
unidades productivas de la misma mediante subasta se fijará un plazo para la
presentación de ofertas de compra de la empresa, que deberán incluir una partida
relativa a los gastos realizados por la empresa declarada en concurso para la
conservación en funcionamiento de la actividad hasta la adjudicación definitiva, así
como la siguiente información:
a) Identificación del oferente, información sobre su solvencia económica y sobre
los medios humanos y técnicos a su disposición.
b) Designación precisa de los bienes, derechos, contratos y licencias o
autorizaciones incluidos en la oferta.
c) Precio ofrecido, modalidades de pago y garantías aportadas. En caso de que se
transmitiesen bienes o derechos afectos a créditos con privilegio especial, deberá
distinguirse en la oferta entre el precio que se ofrecería con subsistencia o sin
subsistencia de las garantías.
d) Incidencia de la oferta sobre los trabajadores.
Si la transmisión se realizase mediante enajenación directa, el adquirente deberá
incluir en su oferta el contenido descrito en esta regla 4ª.
De estas reglas lo que más llama la atención es, sin duda, que las ofertas tengan
que incluir una partida relativa a los gastos realizados para la conservación en
funcionamiento de la actividad hasta la adjudicación definitiva; en definitiva, parece que
la oferta deberá de hacerse cargo del pago de los créditos contra la masa relacionados
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con el mantenimiento de la actividad de la concursada; será problemático determinar si
determinados gastos son o no subsumibles aquí ( cuotas de la s. social, honorarios de la
ad. concursal).
Por lo demás, no cabe duda que estas exigencias de las ofertas son lógicas y
deberán ser asumidas sin más por todos los planes de liquidación.
Por último, la regla 5ª, también nueva, admite la posibilidad de que el Juez
decida adjudicar a favor de una oferta que no sea la mejor económicamente, siempre
que su precio no difiera en más del 10%, si considera que es la que garantiza mejor la
continuidad de la empresa y de los puestos de trabajo o la mejor satisfacción de los
acreedores, lo cual debe de entenderse en función del menor costo para la masa derivada
del ahorro por la no extinción de relaciones laborales.
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